En las relaciones que mantenemos con los demás en nuestra casa o en nuestro lugar de trabajo y en nuestra manera de expresarnos, de mirar y de pensar, siempre nos regimos por uno de los dos principios innatos en el ser humano y que se ponen de manifiesto, a menudo, de una manera inconsciente: el análisis o la síntesis.
Todas las personas tienen una facilidad natural bien sea para analizar, bien sea para sintetizar.
Vamos a continuación a definir ambos conceptos.
Analizar es partir de un todo para encontrar las diferentes partes que lo conforman. Así pues, analizar un texto significa comentar la procedencia situándolo en su contexto, determinar el tema, estructurarlo y explicar su contenido. En definitiva, consiste en establecer de manera general qué dice el autor y cómo lo dice.
Sintetizar, en cambio, es dar nueva forma a un texto conservando de él lo esencial.
Los dos ejercicios de síntesis más importantes son el resumen y el esquema; procedimientos ambos de gran ayuda a la hora de comprender y memorizar textos o apuntes.
Así pues, el análisis es un trabajo de ampliación, mientras que la síntesis lo es de reducción. por eso nos inclinaremos por la síntesis como método práctico de memorización y estudio.
Un resumen es la redacción ordenada de las ideas esenciales de un texto. Un esquema, por otro lado, es la enumeración ordenada de las ideas esenciales de un texto.
La diferencia salta a la vista. La redacción es lo que distingue a un ejercicio de otro, o lo que es lo mismo, la disposición de las ideas en el escrito que elaboremos a partir del texto. Por lo tanto, si tuviéramos que realizar un resumen y un esquema sobre un mismo texto, empezaríamos por desarrollar el esquema y una vez elaborado, con esas mismas ideas, redactaríamos el resumen.
Un resumen tiene que respetar tres reglas. En primer lugar, la brevedad, lo cual es lógico si tenemos en cuenta que estamos realizando una síntesis. Sin embargo muchos estudiantes no saben qué amplitud debe tener un resumen. Por lo general, debe ocupar de una tercera a una cuarta parte de la extensión global del texto. Si el texto que se debe resumir tiene unas treinta líneas, nuestro resumen girará alrededor de las diez.
En segundo, hay que entrar directamente en el tema. Preámbulos del tipo «el presente texto alude como idea principal…», «el texto gira en torno a una idea como es…», «el autor del texto nos transmite una idea central que se encuentra…», no dicen demasiado y son en realidad una mera forma retórica vacía de todo contenido informativo. No olvidemos que estamos realizando un ejercicio de síntesis y por lo tanto, todo lo que carezca de importancia debe eliminarse porque es superfluo. Por lo tanto, deberemos abordar directamente la idea central y prescindir por completo de todo aquello que juzguemos secundario.
El tercer y último requisito consiste en utilizar un lenguaje personal. No debemos copiar de manera textual las frases que el texto nos proporciona. Es necesario quedarse con las ideas y expresarlas de manera personalizada.
Podemos utilizar dos sistemas que nos ayudarán en este cometido:
— El uso de sinónimos.
— El empleo de cambios sintácticos leves.
Es decir, alterar ligeramente el orden natural en el interior de la frase o idea, siempre que no se modifique o dificulte su significado.
Para ilustrar lo que acabamos de escribir, supongamos la siguiente frase:
El 1 de septiembre de 1939, los alemanes entran en Polonia por la frontera de Danzig. Es el inicio de la segunda guerra mundial.
Seleccionemos la información esencial:
El 1 de septiembre de 1939, los alemanes entran en Polonia, por la frontera de Danzig. Es el inicio de la segunda guerra mundial.
Procedamos a expresar esa idea con nuestro lenguaje:

Como vemos, las posibilidades de redactar la idea con nuestro lenguaje, utilizando distintas combinaciones, son abundantes:
• En 1939, los nazis atacan Polonia, empezando la segunda guerra mundial.
• En 1939, el ejército alemán ocupa Polonia; es el comienzo de la segunda guerra mundial.
• En 1939, las tropas del III Reich invaden Polonia, iniciándose la segunda guerra mundial.
Y así hasta una decena de combinaciones (tantas como sinónimos encontrados). Sin embargo habremos observado que la frase, a pesar de los cambios, sigue guardando un gran parecido con la idea original. Hay que ser creativos y aún podemos mejorar el resultado final si aplicamos el segundo procedimiento antes apuntado.
Como podemos ver, el sentido de la frase apenas queda modificado con los cambios realizados y el producto definitivo tiene una frescura que las frases anteriores no tenían. El texto, de esta manera, es mucho más legible y las ideas, por lo tanto, pueden asimilarse con una facilidad mayor.
Una vez vistas las tres características básicas para elaborar un buen resumen, es necesario destacar dos puntos que siempre hay que tener presentes. Por una parte, hay que recordar que el resumen es un ejercicio de redacción y que esta es la clave del ejercicio. Por tanto no nos dedicaremos a unir las distintas frases con puntos, sino que refundiremos y usaremos nexos de unión con el objetivo de crear un texto claro, bien redactado y de fácil lectura. Evitaremos caer en la tentación de utilizar el estilo telegráfico si el resumen resulta extenso. En ese caso realizaremos una lectura del trabajo intentando eliminar lo que se considere menos trascendental.
Por otra parte, el alumno nunca debe tomar partido ni intervenir personalmente en el resumen, por lo que no es muy conveniente utilizar la primera persona a la hora de resumir un texto. Veamos el siguiente ejemplo:
Nosotros los americanos, estamos convencidos de que la crisis económica mundial ha llegado a un punto culminante. Conforme entremos en el siglo xxi, se producirá una reactivación en todos los sectores.
Una frase como la que acabamos de leer, debería resumirse así, empleando la tercera persona:
Los americanos creen que la recesión económica ha tocado techo y que la llegada del nuevo siglo revitalizará la situación.
Tampoco es muy recomendable modificar el orden de las ideas que aparecen en el texto, ya que al alterarlo puede perderse una parte de su sentido. Respetémoslo pues, pensando que el autor lo ha querido así.
El resumen: procedimiento y aplicación
El primer paso consistirá en establecer el argumento global del texto leído. Para ello podemos preguntarnos ¿de qué trata el texto? La respuesta a esa pregunta será con certeza la idea central. Por otra parte, este ejercicio resulta interesante en el caso de que se deba poner título al resumen o simplemente como idea de cabecera del esquema.
A continuación, hay que fijarse en la estructura del texto, es decir en su organización. Bien sea atendiendo a los párrafos o estableciendo nosotros los apartados que creamos convenientes.
Dentro de cada uno de esos apartados —o párrafos— seleccionaremos las ideas esenciales allí expresadas y procederemos a traducirlas a nuestro lenguaje.
Finalmente estableceremos la unión entre frases, utilizando conectores, nexos y puntuación. Para acabar dando coherencia y puliendo el producto final. De este modo el resumen ya estará listo.
Veamos ahora un ejemplo. Retomemos el texto de Aristóteles y sigamos el proceso que acabamos de explicar. Bastará una lectura rápida para darse cuenta de que el tema principal del texto es el concepto de Estado aristotélico. El fragmento en cuestión consta de cuatro apartados, por lo que deberemos leer cada uno de ellos con especial atención, subrayando todo aquello que sea preciso. Un posible resumen podría ser el siguiente:
La base de cualquier Estado es la asociación de individuos con una finalidad positiva.1 El hombre es sociable por naturaleza2 y para constituir una sociedad, se basa en el don de la palabra3 y en su instinto natural que le llevan a la agrupación social y política.4
(La numeración sirve para identificar las distintas ideas subrayadas en el texto de Aristóteles utilizado en el primer capítulo.)
Este tipo de resumen lo llamaremos resumen lineal, porque utiliza el subrayado lineal como sistema de elección de ideas.
Clases de resumen
Partiendo del esquema realizado sobre el texto de la página *, podríamos confeccionar otro resumen utilizando un proceso de composición ligeramente diferente. Obsérvese que a la hora de estructurar el texto, en el margen izquierdo hemos realizado un subrayado organizativo o estructural. Podemos aprovecharlo como base de un nuevo resumen que llamaremos resumen estructural. El resultado sería el siguiente:
Un Estado es la asociación de individuos con una intención provechosa.a El hecho de ser el hombre un ser sociable por naturalezab le hace utilizar la palabrac y el instinto para buscar la solución política.d
(Las letras sirven para identificar cada uno de los apartados del texto de Aristóteles utilizado en el primer capítulo.)
Como se puede observar, la diferencia que existe entre los dos resúmenes que hemos visto es mínima. Lo que cambia en realidad es el sistema de trabajo. Cada uno de nosotros utilizará aquel con el que se sienta más cómodo y más seguro, ya que por el camino del resumen lineal o por el del resumen estructural, siempre se llegará al mismo punto.
Finalmente, un tercer tipo de resumen es el llamado resumen por eliminación. Se trata de una actividad muy amena y recomendable incluso cuando no se tenga que resumir un texto, sino como simple ejercicio de selección de ideas, lo que lo hace muy aconsejable para todo tipo de alumnos que tenga dificultades iniciales a la hora de discernir las ideas esenciales de las secundarias.
El ejercicio en sí consiste en ir señalando o tachando todas aquellas unidades lingüísticas (palabras, fragmentos de frases o frases), cuya desaparición no altere la comprensión central del texto, es decir, sin mermar ni un ápice su sentido.
Al principio es aconsejable hacerlo en varias etapas.
Después de haber leído con atención el texto, procederemos a realizar el primer «barrido» de unidades poco significativas. En este momento cabe hacer una lectura informativa, en la que la atención se centre en los datos significativos. Al terminar, realizaremos un segundo barrido, leyendo tan sólo aquello que no se haya tachado. Cuando creamos que el texto ha sido reducido a una tercera parte, será el momento de detenerse. El resultado final será un texto limpio de impurezas y listo para ser resumido.
Veamos a continuación un ejemplo:
La corrección en el lenguaje, el empleo de la palabra exacta para expresar una idea, una situación o un hecho, se ha perdido. Ya sabemos que el idioma es algo vivo que bajo ningún concepto debe anquilosarse. A nuevos tiempos y nuevos conceptos corresponden nuevas palabras.
Dejemos a los sociólogos la tarea de aclarar los motivos por los que cuando desde las altas esferas se intentaba castellanizar todo lo castellanizable —y mucho que no lo era— introduciendo en el léxico palabras y grafismos escasamente ortodoxos como barra por bar, jeriñac por coñac, güisqui por whisky, sin olvidar la locutora de radio que en un rapto de entusiasmo patriótico bautizó como «Francisco Segundo» a Françoise Sagan, el ciudadano medio empezó a pasar el weekend en la playa o en el campo, cambió su comedor por el living-room, estacionó el seiscientos en el parking, escuchó al speaker de la radio o la recién nacida televisión y fue a ver los estrenos de los últimos films, los apasionantes westerns.
Es correcto, y de ninguna manera criticable, el uso de palabras o giros extranjeros cuando no existan en nuestro idioma las expresiones equivalentes, o cuando el largo y continuado uso de barbarismos ya los haya consagrado y dado carta de naturaleza. Todos hablamos del suéter, del jersey, del chófer o del claxon, y ni al más remilgado de los puristas se le ocurriría llamarle al fútbol balompié. Pero resulta pedante y de mal gusto la utilización de denominaciones foráneas para referirmos a hechos, cosas o personas, que tienen sinónimo en castellano. Especialmente, si cabe la sospecha de que la persona a quien nos dirigimos no lo va a entender.
Esta extranjerización por una parte, y por otra el constante uso de palabras en un sentido completo y totalmente desvinculado del suyo original, va a lograr que cada vez resulte más difícil entendernos.
Primer barrido
La corrección en el lenguaje, el empleo de la palabra exacta para expresar una idea, una situación o un hecho, se ha perdido. Ya sabemos que el idioma es algo vivo que bajo ningún concepto debe anquilosarse. A nuevos tiempos y nuevos conceptos corresponden nuevas palabras.
Dejemos a los sociólogos la tarea de aclarar los motivos por los que cuando desde las altas esferas se intentaba castellanizar todo lo castellanizable —y mucho que no lo era— introduciendo en el léxico palabras y grafismos escasamente ortodoxos como barra por bar, jeriñac por coñac, güisqui por whisky, sin olvidar la locutora de radio que en un rapto de entusiasmo patriótico bautizó como «Francisco Segundo» a Françoise Sagan, el ciudadano medio empezó a pasar el weekend en la playa o en el campo, cambió su comedor por el living-room, estacionó el seiscientos en el parking, escuchó al speaker de la radio o la recién nacida televisión y fue a ver los estrenos de los últimos films, los apasionantes westerns.
Es correcto, y de ninguna manera criticable, el uso de palabras o giros extranjeros cuando no existan en nuestro idioma las expresiones equivalentes, o cuando el largo y continuado uso de barbarismos ya los haya consagrado y dado carta de naturaleza. Todos hablamos del suéter, del jersey, del chófer o del claxon, y ni al más remilgado de los puristas se le ocurriría llamarle al fútbol balompié. Pero resulta pedante y de mal gusto la utilización de denominaciones foráneas para referirnos a hechos, cosas o personas, que tienen sinónimo en castellano. Especialmente, si cabe la sospecha de que la persona a quien nos dirigimos no lo va a entender.
Esta extranjerización por una parte, y por otra el constante uso de palabras en un sentido completo y totalmente desvinculado del suyo original, va a lograr que cada vez resulte más difícil entendernos.
Segundo barrido
La corrección en el lenguaje, el empleo de la palabra exacta para expresar una idea, se ha perdido. Sabemos que el idioma es algo vivo que bajo ningún concepto debe anquilosarse. A nuevos tiempos corresponden nuevas palabras.
Dejemos a los sociólogos aclarar los motivos por los que cuando desde las altas esferas se intentaba castellanizar todo lo castellanizable introduciendo en el léxico palabras y grafismos escasamente ortodoxos.
Es correcto, y de ninguna manera criticable, el uso de palabras o giros extranjeros cuando no existan en nuestro idioma las expresiones equivalentes, o cuando el continuado uso de barbarismos ya los haya consagrado y dado carta de naturaleza. Pero resulta pedante y de mal gusto la utilización de denominaciones foráneas para referirmos a hechos, cosas o personas, que tienen sinónimo en castellano. Especialmente, si cabe la sospecha de que la persona a quien nos dirigimos no lo va a entender.
Esta extranjerización por una parte, y por otra el constante uso de palabras en un sentido completo y totalmente desvinculado del suyo original, va a lograr que cada vez resulte más difícil entendernos.
Tercer barrido
Dejemos a los sociólogos aclarar los motivos por los que cuando desde las altas esferas se intentaba castellanizar todo lo castellanizable introduciendo en el léxico palabras y grafismos escasamente ortodoxos.
Es correcto, el uso de palabras extranjeras cuando no existan en el idioma las expresiones equivalentes. Pero resulta de mal gusto la utilización de denominaciones foráneas para referirmos a palabras que tienen sinónimo en castellano.
Esta extranjerización y el constante uso de palabras en un sentido completo y desvinculado del suyo, va a lograr que cada vez resulte más difícil entendernos.
El texto resultante nos da tres ideas importantes:
— La corrección en el lenguaje, se ha perdido. Sabemos que el idioma es algo vivo. A nuevos tiempos corresponden nuevas palabras.
— Es correcto el uso de palabras extranjeras cuando no existan en el idioma expresiones equivalentes. Pero resulta de mal gusto utilizarlas para referirnos a palabras que existen en castellano.
— Esta extranjerización y el uso de palabras desvinculado del suyo, va a lograr que cada vez resulte más difícil entendernos.
Con ellas podemos elaborar un resumen:
La corrección lingüística se ha perdido. De todos es sabido que un idioma tiene vida y que por lo tanto se transforma; es por ello que la adopción de préstamos lingüísticos resulta aceptable cuando no se encuentren en el idioma expresiones equivalentes. Ahora bien, deben desecharse tales préstamos cuando sólo actúen como sinónimos. En caso contrario, resultará cada vez más complicada la comunicación entre los ciudadanos de una misma comunidad lingüística.
El esquema es el otro procedimiento de síntesis que hay que tener en cuenta a la hora de prepararse para el estudio, en el repaso, la asimilación de los temas o incluso, por qué no, para la toma de apuntes.
Así pues, dentro del abanico de técnicas que simplifican y favorecen la labor de estudio, los esquemas ocupan un lugar privilegiado.
Vinculado con la lectura y la memorización de un texto, el esquema es una consecuencia directa del subrayado, permitiendo expresar de forma sintética la organización general de un texto. Podríamos afirmar que un esquema es a un texto lo que un mapa a una zona geográfica: su representación visual y condensada.
La claridad en la estructura visual es precisamente su mayor virtud. La transparencia óptica de cualquier esquema nos permite distinguir a simple vista las ideas esenciales, el orden que siguen en el texto, su clasificación atendiendo a temas afines y el distinto grado de importancia.
El resultado de todo ello es un ejercicio que permitirá profundizar más en los contenidos y lo que es más importante, fijarlos de manera mucho más eficaz en nuestra mente, sin distraernos en detalles que nos puedan apartar del verdadero núcleo argumental.
La finalidad y la utilidad de un buen esquema
En este apartado vamos a intentar aclarar para qué sirve un esquema y qué lugar ocupa dentro del programa de estudio. Cuando nos enfrentamos a unos apuntes que deben ser estudiados, se desencadena un proceso que atraviesa por distintas etapas:

Esta actividad requiere dedicación y esfuerzo, además de una cantidad importante de tiempo.
La elaboración de un esquema tiene como finalidad, lo que denominaremos economía intelectual o ahorro de tiempo. Además, la comprensión será más dinámica y activa, mientras que el tiempo y el esfuerzo empleados serán menores. En resumen, simplificaremos nuestro trabajo y lo haremos mucho más eficaz.
El hecho de preparar un texto para ser sintetizado (distintas lecturas, subrayados, etc.), supone una actividad de asimilación de ideas apenas perceptible cuando se está realizando. De hecho, sin darnos cuenta, ya estamos estudiando. Cuando se ha completado el esquema, la familiaridad que tenemos con las ideas contenidas en el mismo es más grande de lo que nos pensamos. No olvidemos que habremos leído varias veces el texto, lo habremos releído para seleccionar ideas, habremos copiado esas ideas subrayadas y una vez constituido el esquema, lo leeremos en su conjunto para comprobar que no hemos olvidado nada importante.
Sin embargo, ¿cuántas veces debe leerse cada uno de los puntos clave del texto?
Muchos estudiantes creen que es ahora cuando empieza el verdadero trabajo de estudio y resulta que ya está hecho en buena parte.
Eso sí, nos queda lo más importante, fijar esa información que empezamos a almacenar en la mente. Es lo que denominaremos proceso de fijación de contenidos. Leeremos el esquema una y otra vez hasta ser capaces de reconstruirlo en su totalidad bien sea oralmente o por escrito.
Está claro que la realización de un esquema requiere práctica y habilidad, ya que no se hace sólo; sin embargo los resultados que uno obtiene cuando se habitúa a trabajar con ellos son muy satisfactorios.
El esquema, a diferencia del resumen, es un ejercicio que en cierta manera, conjuga la síntesis y el análisis de contenidos.
Es la síntesis porque seleccionamos la información esencial del texto y el análisis porque buscamos la relación entre esos conceptos seleccionados. Así pues, ambos procedimientos se unen y complementan en la confección del esquema.
Las ventajas de elaborar buenos esquemas son variadas:
— De entrada es un ejercicio constante de síntesis y análisis, que entrena nuestra capacidad mental para dichas tareas.
— Nos obliga al razonamiento lógico y a la claridad de ideas. Claridad comprensiva y claridad expresiva (por escrito).
— Desarrolla la capacidad para retener contenidos y fijarlos.
— El simple hecho de organizar las ideas atendiendo a la importancia y a la relación que mantienen entre sí, potencia la lógica memorística.
— Incrementa la capacidad para discernir lo fundamental de lo accesorio.
— Permite captar de un vistazo la esencia y la estructura del tema que se debe estudiar.
La elaboración y posterior aplicación de un esquema
Si retomamos la definición de esquema dada al principio del capítulo («representación ordenada de las ideas esenciales del texto»), deduciremos que deben tenerse en cuenta las líneas o caracteres más significativos de lo que hayamos leído. A partir de esta definición, llegaremos a la verdadera finalidad de un esquema: poner de manifiesto las ideas nucleares o principales, las ideas de apoyo o secundarias y las relaciones que mantienen unas con otras. Todo ello plasmado de manera que visualmente resulte atractivo y asimilable para nosotros.
Sin embargo, deben tomarse ciertas precauciones.
La primera se refiere a los distintos apartados del mismo: no hay que hacer excesivas subdivisiones, sino tan sólo las necesarias, intentando agrupar aquellos conceptos que sean afines. De hecho, debe tenerse siempre en cuenta que la función del esquema es la de facilitarnos la rápida captación del texto a primera vista. Después, cuantas más subdivisiones se hagan, mayor será la complejidad para asimilar la información, cosa que no nos interesa. Por otra parte el método de trabajo seguirá en principio los distintos pasos que efectuamos para realizar un resumen. Para ello empezaremos por hacer una primera lectura del texto que será una toma de contacto inicial con el tema expuesto. Por lo tanto, lo único que nos preocupará será captar el mensaje. Dejaremos los bolígrafos de lado, ya tendremos tiempo de utilizarlos más tarde.
A continuación procederemos a una segunda lectura en la que intentaremos estructurar el texto en apartados, lo cual nos ayudará por una parte a clarificar el entramado conceptual del texto, precisando mejor el sentido de lo expuesto y por otra sea cual sea la división que hagamos, condicionará la futura disposición de los distintos bloques dentro del esquema.
Cómo se estructura un texto
Como ya comentamos, un texto no es un conjunto caótico de ideas y frases, sino que el autor lo escribe siguiendo un orden determinado. Es justamente ese orden el que impone la estructura al texto. Nuestro cometido será pues descubrir ese orden. Para ello, lo primero que debemos hacer es aislar la idea principal, preguntándonos cuál es el tema y cuál es la idea global desarrollada.
En cuanto hallemos la respuesta, la anotaremos. Tan sólo nos quedará empezar y seguir esa idea central.
Hemos de tener en cuenta que en ocasiones el texto viene acompañado de un título que resume el contenido. En ese caso ya partimos con ventaja, porque no tenemos que buscar la idea central: podemos aprovechar el título, siempre y cuando este denote en buena medida el contenido.
Conociendo ya el tema central, averiguaremos de qué manera ese tema se desglosa en el texto. Es decir, seguiremos las distintas etapas en que se desarrolla el tema, las diferencias que existen entre sí y las razones por las cuales este adquiere en cada una de ellas un tratamiento algo distinto (por evolución, cronología, espacio, etc.).
Una vez hecho, procederemos a formular de manera breve la idea dominante de cada uno de los apartados, utilizando para ello el sistema del subrayado estructural que se ha visto en el primer capítulo.
A lo largo de esta segunda lectura, así como en la tercera, subrayaremos dentro de cada uno de los apartados las ideas esenciales que conformen el concepto que acabamos de extraer. El proceso de subrayado lo podemos realizar, como ya hemos visto, utilizando distintos marcadores fluorescentes. Por ejemplo, con el amarillo pueden marcarse las ideas principales, con el rosa las secundarias y con el verde las terciarias.
Una vez organizadas las distintas ideas dentro de cada uno de los apartados, las transcribiremos de manera breve con un lenguaje preciso, directo y asimilable.
Veamos el siguiente ejemplo:
La palabra Renacimiento designa el movimiento cultural y artístico que tuvo lugar en Europa durante los siglos xv y xvi. Su origen no es antagónico con la Edad Media, sino que hay que buscarlo en la continuidad de los cambios materiales y de mentalidad de la baja Edad Media.
El Renacimiento puso al hombre en el centro del universo: era una cultura nueva, antropocéntrica, que sustituyó al teocentrismo medieval. La ciencia positiva, profana y utilitaria, se aplicó al estudio del hombre y del universo. Aunque el Renacimiento fue un retorno a la Antigüedad, también representó la aparición de nuevos valores. El hombre renacentista tuvo el mundo como principal objeto de estudio: realizó grandes viajes y descubrimientos y desarrolló la geografía, la astronomía y la física.
La nueva ciencia dio prioridad a la razón y a la experimentación. Los estudios científicos se encaminaron hacia el conocimiento de la naturaleza con la intención de comprenderla y transformarla. La ciencia del Renacimiento abordó los diferentes campos del saber como un todo indivisible, tal como lo ejemplifica el caso de Leonardo Da Vinci, que fue, a la vez, investigador, matemático, ingeniero y pintor. El astrónomo Nicolás Copérnico formuló una teoría heliocéntrica, donde estableció que la tierra tenía un movimiento de rotación sobre su propio eje y otro de traslación alrededor del sol, relegando la antigua teoría aristotélica. También progresaron extraordinariamente los estudios de anatomía y medicina, que permitieron a Miguel Servet descubrir la circulación de la sangre.
Procedamos a aplicar los pasos descritos con anterioridad. La idea central del texto es el concepto del Renacimiento. A continuación, demos forma a la idea, convirtiéndola en un título: «El Renacimiento: orígenes y características».
Intentemos ahora encontrar el desarrollo por etapas de esa idea central. Nos daremos cuenta de que, en un primer momento, el autor nos sitúa el movimiento, a modo de presentación, en unas coordenadas espacio-temporales concretas, pasando a continuación a enumerar sus principales características, para acabar centrándose en el papel de la ciencia durante el Renacimiento.
Bien, pues ya tenemos el texto estructurado en tres apartados:
1. Orígenes del Renacimiento.
2. Características o principios del Renacimiento.
3. La ciencia y su papel durante el periodo.
Realizaremos un subrayado estructural sobre el texto, destacando los distintos apartados. Es importante que se trabaje sobre y con el texto. Tan sólo así obtendremos esa visión de conjunto que nos dará la perspectiva suficiente para elaborar el esquema.
Por otra parte, es fundamental que la idea que formulemos sobre cada uno de los apartados refleje de manera general el contenido y que sea breve y clara, ya que en caso contrario dificultaría el esquema así como su posterior asimilación.
Una vez realizado todo lo anterior, ha llegado el momento de escoger las ideas importantes del texto. Al principio nos ceñiremos a las esenciales, después pasaremos a las secundarias, y acabaremos con los matices que creamos complementarios.
El resultado podría ser el siguiente:
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1.Orígenes |
La palabra Renacimiento designa el movimiento cultural y artístico que tuvo lugar en Europa durante los siglos xv y xvi. Su origen no es antagónico con la Edad Media, sino que hay que buscarlo en la continuidad de los cambios materiales y de mentalidad de la baja Edad Media. |
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2. Características |
El Renacimiento puso al hombre en el centro del universo: era una cultura nueva, antropocéntrica, que sustituyó al teocentrismo medieval. La ciencia positiva, profana y utilitaria, se aplicó al estudio del hombre y del universo. Aunque el Renacimiento fue un retorno a la Antigüedad, también representó la aparición de nuevos valores. El hombre renacentista tuvo el mundo como principal objeto de estudio: realizó grandes viajes y descubrimientos y desarrolló la geografía, la astronomía y la física. |
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3. La ciencia |
La nueva ciencia dio prioridad a la razón y a la experimentación. Los estudios científicos se encaminaron hacia el conocimiento de la naturaleza con la intención de comprenderla y transformarla. La ciencia del Renacimiento abordó los diferentes campos del saber como un todo indivisible, tal como lo ejemplifica el caso de Leonardo Da Vinci, que fue, a la vez, investigador, matemático, ingeniero y pintor. El astrónomo Nicolás Copérnico formuló una teoría heliocéntrica, donde estableció que la tierra tenía un movimiento de rotación sobre su propio eje y otro de traslación alrededor del sol, relegando la antigua teoría aristotélica. También progresaron extraordinariamente los estudios de anatomía y medicina, que permitieron a Miguel Servet descubrir la circulación de la sangre. |

Ya tenemos el texto preparado para ser esquematizado; ahora sólo falta escoger el modelo de esquema que pretendemos trabajar y aplicarlo.
Podríamos utilizar el esquema de llaves, quizás el más conocido por los estudiantes en general, el de bloques, o incluso el arbóreo. En el apartado siguiente podremos ver cuáles son los diferentes tipos de esquemas existentes y cuáles son sus características.
La primera deducción que podemos extraer del ejemplo realizado, tiene que ver con el desarrollo del esquema en la hoja de papel.
Los esquemas requieren un desarrollo particular que guarda mucha relación con la disposición espacial y, por lo tanto, visual. Es mejor trabajar casi siempre con la hoja apaisada.
Por otra parte, observaremos que la estructura que realicemos del texto, condicionará nuestro esquema hasta el punto de convertirse en la columna vertebral del mismo.
A partir de aquí, la tarea se simplifica, se trata de ir llenando cada apartado con las ideas seleccionadas. Tan sólo hemos de procurar que la formulación de esas ideas sea clara y breve en la medida de lo posible, no sobrepasando nunca la línea y media de extensión, porque si no complicaríamos innecesariamente el esquema. En caso de formular una idea demasiado larga, es mejor abrir un apartado o dividirla en dos.
Por último, la relación de unas ideas con otras —la jerarquización— queda plasmada de forma clara: de izquierda a derecha; de este modo las ideas se hacen menos importantes conforme se avanza en la lectura.
Clases de esquema
En este apartado vamos a estudiar cuatro modos distintos de hacer un esquema:
— El esquema de llaves.
— El esquema arbóreo.
— El esquema de bloques temáticos.
— El esquema numérico.
A continuación, y para ilustrar la explicación de una manera eficaz, vamos a servirnos de un texto para ir presentando cada uno de ellos.
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Los motivos por los que tantas personas cambian su método de alimentación son diversos y van desde los estrictamente higiénicos o médicos a los económicos, pasando por los religiosos o morales. |
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Quien se inicia en el vegetarianismo renuncia a la carne y al pescado en favor de los huevos y productos lácteos, cereales, legumbres, verdura y fruta, aprendiendo a cocinarlos de forma variada y muy agradable y desmintiendo el prejuicio de que se trata de una alimentación rica sólo en renuncias y casi punitiva para el gusto. |
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Las proteínas procedentes de los alimentos consumidos por los vegetarianos son tan nutricionalmente válidas como la carne y, en algunos casos, están contenidas en los platos seleccionados, en cantidades incluso proporcionalmente mayores. |
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El principio fundamental del vegetarianismo es esencialmente el de la no violencia: para alimentarse de carne es necesario matar, por lo que hay que abstenerse de consumir carne para no ejercer violencia contra otras criaturas vivientes. |
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La alimentación vegetariana implica un acercamiento a la naturaleza, utilizando lo que esta ofrece espontáneamente al hombre, de las verduras a las especias, de las bayas a las legumbres, de los frutos a lo que pueden ofrecernos los animales sin ser sacrificados y a lo que se cultiva sin uso de productos químicos: todo ello ayuda al hombre a no alejarse de la naturaleza y a recuperar su esencia vital. |
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Muchos personajes famosos han apoyado el vegetarianismo a lo largo de la historia: Platón, Leonardo Da Vinci, Rousseau, Tolstoi, Gandhi... |
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Existen distintas modalidades, ya que no hay un modelo único de entender la dieta vegetariana. Algunas corrientes naturistas siguen reglas dietéticas distintas. Veamos ahora algunas de ellas. |
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Los vegetarianos clásicos son conocidos como ovolactovegetarianos, porque su dieta incluye vegetales, huevos y lácteos. Se trata de una dieta equilibrada que evita los problemas de salud más comunes de la alimentación occidental. El único problema que puede presentar y que debe tenerse en cuenta, es la escasa absorción de hierro, que cuando procede de la carne se absorbe en un 20 % y si procede de los vegetales, en un 2-5 %. |
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Los vegetarianos estrictos rechazan cualquier tipo de explotación animal, rehusando incluso sus derivados naturales (huevos, leche...). También aquí la carencia de hierro es importante porque la alta cantidad de fibras vegetales impide su absorción. |
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Los crudivoristas son los que se oponen a cualquier tipo de cocción, al considerar que esta hace perder a los alimentos parte de su contenido de proteínas, azúcares, grasas, sales minerales y vitaminas. Sostienen que el calor de la cocción lleva las grasas a altas temperaturas, provocando la difícil digestión. También se priva a los vegetales del 45 % de vitaminas, además de perder las sales minerales solubles que se dispersan en el agua. Su modelo de dieta es casi perfecta, higiénica y benéfica para el organismo. Estómago e hígado trabajan menos y el contenido de fibra previene la formación de ciertas enfermedades. |
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Los macrobióticos basan sus principios en el equilibrio de fuerzas vitales, aplicando al campo alimentario su concepción de los principios yin y yang, complementarios, que representan la acidez y la alcalinidad que deben fundirse en justo porcentaje. |
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Así pues su concepto de alimentación se sustenta en la combinación de los distintos alimentos. |
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En la dieta macrobiótica la carne no se prohíbe expresamente pero es desaconsejable al no encontrar equilibrio en otros alimentos. Por otra parte los productos integrales constituyen su verdadera base alimenticia. La combinación estaría formada por un 50-60 % de cereales integrales: trigo, maíz, avena, cebada y arroz integral, el 20-30 % lo constituirían las verduras cultivadas biológicamente y el restante 10 % por alimentos complementarios y condimentos. |
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Los alimentos integrales deben consumirse de la forma más cercana posible a la original, por lo que las frutas y verduras no deben ser peladas. Ahí reside la clave de su pensamiento: seguir un estilo de vida en el que se busca una perfecta armonía entre el ser humano y su entorno. |
Si observamos atentamente el texto apreciaremos una clara estructura en dos apartados: la primera abarcaría lo indicado hasta la línea de puntos (en el texto aparece una línea de puntos como señal de atención), y en ella, el autor nos presenta los orígenes y las implicaciones éticas del vegetarianismo.
La segunda parte se inicia tras la línea de puntos y de ahí hasta el final, el autor nos habla de las implicaciones dietéticas del vegetarianismo.
La estructura que acabamos de trazar va a condicionar el perfil visual de nuestro esquema. De hecho, teniendo en cuenta la extensión del texto y el número de ideas esenciales que contiene, nos inclinamos por una estructura sencilla (dos apartados generales) con el objetivo de no complicar el ejercicio excesivamente, ya que nos entorpecería su posterior aprehensión.

El esquema de llaves
Debe su nombre al uso de las llaves o corchetes que constituyen la base de relación entre las distintas ideas.
Como todo, tiene sus pros y sus contras. Las ventajas más sobresalientes son su fácil inteligibilidad y su naturaleza visual, que permiten la localización rápida de ideas gracias a su estructura firmemente jerárquica así como la comprensión global al permitir el paso de una área de información a otra sin confusión y sin perder la perspectiva total. Sin embargo, también tiene sus inconvenientes, ya que no sirve para presentar un esquema de trabajo, sobre todo si quien debe leerlo no está informado sobre el tema, ni le sirve a todo el mundo: quien posea memoria visual tal vez preferirá organigramas en los que la ordenación de la materia en bloques conceptuales sea más asimilable. No obstante, esta herramienta de estudio da muy buenos resultados a la hora de repasar y asimilar un tema que cueste comprender.
El esquema arbóreo
Debe su nombre a la estructura visual que presenta, semejante a un árbol en el que la copa correspondería a la idea central, el tronco a las ideas principales y las raíces a las ideas complementarias o secundarias.
Las ventajas más destacables son su gran inteligibilidad, dado que permite captar a simple vista el tema, la estructura y las principales ideas, y su gran atractivo visual propiciado por la ordenación decreciente de la información en virtud de su mayor o menor relevancia. Por otro lado, el orden descendiente racionaliza la comprensión del tema facilitando la tarea y la división entre las ideas principales, las secundarias y las terciarias es incluso más clara que en el esquema de llaves. Además, permite añadir elementos o informaciones con posterioridad a su elaboración. Sin embargo, se trata de un esquema que requiere bastante práctica si no se desea caer en el caos de las flechas, por lo cual se tendrá que poner especial atención a la hora de seleccionar las ideas importantes. No obstante, se trata de una herramienta especialmente indicada para aquel tipo de alumno que aprende a través de una memoria visual. Al ser un tipo de esquema abierto se puede utilizar para elaborar cuadros de relaciones entre ideas. Su uso se puede extender a la elaboración de cuadros previos a una respuesta de examen con el objeto de ordenar mentalmente la información aprendida.

El esquema por bloques temáticos
La disposición estructural de las ideas en dos o tres grandes bloques temáticos da nombre a este tipo de esquema.

Se trata de una herramienta especialmente útil, ya que puede verse rápidamente el número de ejes temáticos que presenta el texto. La posibilidad de trabajar con cuadros rectos u ondulados, según se trate de ideas principales, secundarias o terciarias (en lugar de las líneas rectas u onduladas, se pueden utilizar distintos colores), permite visualizar y asimilar la jerarquía de ideas y las relaciones que mantienen entre sí. Las ideas están representadas de manera equilibrada, lo cual facilita la asimilación de la materia en poco tiempo. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que puede resultar excesivamente atomizado y disperso si no se utiliza un buen código que aclare las relaciones entre ideas, como las líneas rectas y onduladas o los colores. Además, puede parecer poco directo e incluso demasiado fragmentado, por lo que hay que tener cuidado para no caer en la dispersión de ideas y practicar hasta conseguir buenos resultados. No obstante es un buen método para aquellas personas que poseen una memoria visual desarrollada. Puede aplicarse a la toma de apuntes en conferencias o clases magistrales en las que no se sabe cuánto tiempo puede emplear el conferenciante en cada parte. Pueden irse cerrando bloques secundarios (los ondulados) para facilitar así la asimilación y la comprensión de los conocimientos escuchados y más tarde, al ponerlos en limpio, irlos reordenando en bloques primarios.
El esquema numérico
La denominación responde al orden numeral que siguen las distintas ideas.
1. Alimentación vegetariana: características y principios.
1.1. Renuncia al consumo de carne y pescado.
1.2. Consumo de huevos, derivados lácteos, frutas, verduras, legumbres y cereales.
1.3. Equilibrio proteínico.
1.4. Búsqueda de la armonía física y espiritual.
1.5. Acercamiento a la naturaleza.
2. Modalidades de alimentación vegetariana.
2.1. Vegetarianos clásicos (ovolactovegetarianos).
2.1.1. Leche y huevos en una dieta equilibrada.
2.1.2. Poca absorción de hierro.
2.2. Vegetarianos estrictos.
2.2.1. Rechazan los huevos y los derivados lácteos.
2.3. Crudivoristas.
2.3.1. Se oponen a la cocción.
2.3.2. Consumo de alimentos crudos.
2.3.3. Dieta equilibrada.
2.3.3.1. El hígado y el estómago trabajan menos.
2.4. Macrobióticos.
2.4.1. Equilibrio de las fuerzas vitales.
2.4.2. Desaconsejan la carne y consumen productos integrales.
2.4.3. Pretenden armonizar el ser humano con su entorno.
Sin duda es el esquema que expresa de manera más clara y precisa la relación entre las distintas ideas y su jerarquía. Además, es muy útil a la hora de preparar el índice de una monografía o trabajo o como guión para preparar el programa de estudio, ya que sirve para interesar a alguien por el tema expuesto, a la vez que nos aseguramos la lectura completa del esquema. Sin embargo, es un esquema «lento» que requiere ser leído con atención, lo cual en cierto modo dificulta la rápida localización de ideas. No obstante, su organización le hace ser utilizado más como enunciado que como esquema. Si bien hay que tener en cuenta que es más un elemento de trabajo que de estudio, por lo que puede ser empleado como material de estudio por aquel tipo de alumno que necesite la numeración de ideas como eje de aprendizaje.
Recuerde que
— Un resumen siempre respetará las tres reglas de oro:
1. Brevedad.
2. Concisión.
3. Precisión.
— Debe respetarse el orden de aparición de las ideas y evitarse el uso de la primera persona.
— El mejor resumen es aquel que utiliza un lenguaje y una presentación sencillos.
— La estructura es la clave de cualquier esquema. La partición que hagamos del texto condicionará el perfil de nuestro esquema.
— No olvidemos que un esquema es una síntesis. Apliquemos la técnica del subrayado para seleccionar ideas.
— Hay que evitar las excesivas subdivisiones que compliquen la visualización.
— La formulación de ideas debe ser clara, precisa y breve.