CÓMO USAR ESTE LIBRO

Escribí este libro teniendo en mente al usuario final, es decir: a ti. Lo que he aprendido no solo de mis experiencias vitales sino también de hacer de coach a otros jefes y directivos es que, por más comprensivo que sea el entorno, los jefes a menudo se sienten solos. Les avergüenza no hacer un buen trabajo, están seguros de que los demás lo hacen mejor y temen o son incapaces de pedir ayuda. Claro está que no existe el jefe perfecto. Lo que me impulsa a compartir las ideas y los métodos que recogen estas páginas es mi voluntad de ayudar a otras personas a evitar cometer los errores que yo cometí. Por eso cuento tantas anécdotas personales.

La primera parte está pensada para infundirte paz mental. A todo el mundo le resulta duro ser un buen jefe, por más éxito que parezca tener de puertas afuera. Descubrirás que las historias que se relatan aquí corroboran en parte tus propias vivencias. Y espero que también te contagies del optimismo que da el saber que: 1) no estás solo y 2) adoptar un planteamiento mejor puede no ser tan difícil como parece. Tu humanidad es un activo para tu eficiencia, no un pasivo.

La segunda parte es el manual práctico: una exposición paso a paso para forjar relaciones basadas en la franqueza radical con tus subalternos directos y entender cómo esta estrategia puede ayudarte a desempeñar tu responsabilidad clave como jefe, a saber: guiar a tu equipo para conseguir resultados.

A medida que avances en la lectura, es posible que puntualmente te sientas abrumado por la cantidad de cosas que te sugiero que hagas como gerente. Respira hondo. Mi objetivo es ahorrarte tiempo, no abarrotarte la agenda de reuniones. Lógicamente, para ser un gran jefe deberás pasar tiempo con tus subalternos directos, pero no tienes por qué estar con ellos todo el día. Poniendo en práctica todas y cada una de las ideas, herramientas y técnicas de este libro, el tiempo que dedicarás a dirigir tu equipo rondará las diez horas semanales, y esas diez horas deberían ahorrarte muchos quebraderos de cabeza y perder tiempo en el futuro. También te sugiero que reserves unas quince horas a la semana para pensar y operar de manera independiente en tu área de especialización. Eso deja otras quince horas en una semana laboral de cuarenta. Con suerte, podrás utilizarlas para ti, aunque, si eres como yo, tendrás que emplear la mayoría de ellas para lidiar con imprevistos.

Y aunque este libro fue escrito teniéndote sobre todo a ti, el jefe, en mente, también quiero expresar mi reconocimiento a tu jefe y al personal de recursos humanos (RR. HH.) y de formación y desarrollo (F+D) que te apoya. Durante mi etapa al frente de un equipo de setecientas personas en Google, vi a varios gerentes incurriendo en los mismos errores una y otra vez. Pese a la predictibilidad, la oportunidad de llevar a cabo una intervención fructífera parecía escurrírseme entre los dedos, para mi desaliento. Algunos días tenía la sensación de estar viendo en cámara lenta el descarrilamiento de un tren que ya había presenciado decenas de veces con anterioridad. Es la peor clase de déjà vu. E identifiqué esa misma sensación en las expresiones de la gente de RR. HH. y F+D que me asesoró mientras escribía este libro. Espero que Franqueza radical te ayude a evitar la reiteración infinita de errores predecibles.

Franqueza radical también tiene una relevancia directa para las personas que afrontan problemas de diversidad y liderazgo. Las diferencias de género, raza y cultura dificultan el establecimiento de relaciones basadas en la franqueza radical. Hablarle con franqueza radical a quienes son como nosotros puede dar miedo. Pero aún da más miedo hacerlo con gente con un aspecto distinto, que habla un idioma distinto o que practica una religión distinta. En esos casos, es más probable que nos comportemos con una «empatía desastrosa», una «agresividad desconsiderada» o una «hipocresía manipuladora». Aprender a superar esa incomodidad y a ayudar a otros a hacerlo, recurriendo a la humanidad que todos compartimos, puede suponer una diferencia colosal.