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Desde el principio, por supuesto, yo sabía que la lógica de mi argumento no lograría penetrar lo suficiente para producir un cambio. Eso rara vez sucede […]. Solo cuando uno lo siente en los huesos se da cuenta. Solo entonces puede actuar y cambiar. […] es extraordinariamente difícil, aterrador inclusive, convencerse de que uno, y solo uno, construye el modelo de su propia vida […]. Solo cuando la terapia pone en juego emociones profundas se convierte en una fuerza poderosa del cambio.
—Irvin Yalom, Verdugo del amor1
En el campo de la terapia de pareja está teniendo lugar una revolución2. Como advertí en la última edición de este libro, muchos tipos diferentes de puntos de vista y de estudios de investigación formales están convergiendo y creando el impulso necesario que conduce a esta revolución. La investigación reciente que describe la angustia y la satisfacción en las relaciones de pareja es coherente con la investigación que describe el impacto de las relaciones negativas y positivas en la salud y en el funcionamiento de las personas, así como con la investigación sobre las intervenciones clínicas que obtienen buenos resultados. Toda esta investigación está relacionada también con los cientos de estudios sobre la naturaleza de los vínculos del amor adulto. Al final, muchos y muy diferentes tipos y niveles de pensamiento y de investigación apuntan en la misma dirección y forman una imagen cohesionada. Nuestra comprensión de la importancia que tienen las relaciones íntimas y de cómo pueden ocasionar angustia, nuestra capacidad de especificar intervenciones efectivas y de esbozar el proceso de cambio, así como nuestra capacidad de explicar los procesos que definen el amor adulto, han llegado ahora a un punto crítico en el que verdaderamente podemos hablar de la terapia de pareja como un arte y una ciencia, basándonos en la descripción, la predicción y la explicación. La TFE ha surgido de esta revolución y ha contribuido a ella, y, como modelo, continúa evolucionando y creciendo.
El terapeuta de pareja principiante ya no tiene que aceptar la idea de que, citando a la cantautora Lynn Miles, «el amor es un viento cálido; no puedes sostenerlo en tu mano», y de que el proceso de reparación de las relaciones de amor es, por consiguiente, un asunto nebuloso y caprichoso. Ahora existen patrones empíricamente validados de angustia en las relaciones de pareja y hojas de ruta del apego adulto para ayudar a que el terapeuta viaje con una pareja angustiada hacia una relación más estable y satisfactoria. Este libro ofrece la hoja de ruta clínica de la TFE en un formato puesto al día con respecto a la edición de 2004 y revisado a la luz del reciente libro, Attachment in Practice: Emotionally Focused Therapy With Individuals, Couples and Families3.
Los objetivos de esta nueva edición son los siguientes:
1. Ofrecer al terapeuta de pareja una conceptualización elegante, clara y bien documentada del amor adulto y de los procesos de vinculación.
2. Esbozar los principios de la TFE y las etapas y los pasos en la reparación y la recuperación de la relación.
3. Describir la secuencia de una macrointervención clave (el tango de la TFE), las microintervenciones más específicas, y los eventos de cambio cruciales en la TFE que se centran en la mayor capacidad de respuesta emocional en la pareja.
4. Explicar con detalle cómo la TFE puede aplicarse a diferentes tipos de personas, de parejas y a las familias.
5. Ofrecer una hoja de ruta para resolver los obstáculos y los puntos muertos habituales en el proceso de la reparación de las relaciones –por ejemplo, esbozando la intervención del perdón de las ofensas–.
En el siglo XXI, los terapeutas pueden mostrarse más claros sobre la naturaleza de la angustia en las relaciones de pareja: se trata, esencialmente, de verse inundado por emociones negativas y de sentirse atrapado en interacciones estrechas y restrictivas4. En la literatura sobre la terapia de pareja puede encontrar el lector tecnologías claramente especificadas para obtener un cambio. Estas tecnologías aparecen en forma de intervenciones validadas empíricamente5. Puede leer la vasta y cada vez mayor literatura que existe ahora sobre la naturaleza del amor adulto6 –un fenómeno que se había descuidado mucho hasta hace bien poco en el campo de la terapia de pareja7–. Además, pueden consultarse las novedades aparecidas sobre aspectos importantes de la terapia de pareja, como el papel de la emoción en el proceso de cambio e intervenciones clave para los eventos de cambio8.
La terapia de pareja como disciplina parece estar alcanzando la mayoría de edad9. Su aplicación también está aumentando; actualmente, y cada vez más, se emplea para abordar la sintomatología «individual», como la depresión, los trastornos de ansiedad y las enfermedades crónicas10. Esto cobra sentido a la luz de la investigación que conecta la calidad de las relaciones íntimas y del apoyo social con la salud física y psicológica individual, a través de mecanismos tales como el funcionamiento efectivo del sistema inmunitario y la mejora del estrés de la vida y del trauma11. Una fuerte relación de amor también potencia el crecimiento individual y la realización personal, y está asociada a un sentido del yo positivo y coherente12.
De hecho, cada vez existen más evidencias de que el «consuelo cariñoso» que ofrecen las relaciones íntimas nos protege de los trastornos físicos y emocionales, y mejora la resiliencia13. Esta investigación ofrece conclusiones muy generales –por ejemplo, que el aislamiento es más peligroso para los seres humanos que el fumar14– y, al mismo tiempo, conclusiones muy específicas –por ejemplo, que el hecho de confiar en los demás tiene un efecto positivo en el sistema cardiovascular y evita efectos adversos específicos propios del envejecimiento15, y que el apoyo social tiende a optimizar los hábitos de salud16–. Esta investigación también está empezando a centrarse en la neurobiología de las relaciones estrechas y a identificar mecanismos específicos, como los niveles de la así denominada hormona de los abrazos, la oxitocina17, que parece protegernos de la enfermedad. En general, cada vez se reconoce más ampliamente que la soledad y la falta de apoyo social son factores de riesgo para los problemas de salud, mientras que, por el contrario, la conexión segura con un ser querido sienta las bases de la salud física, algo que repercute en algunos factores fisiológicos –como la presión sanguínea y la regulación de la secreción de cortisol–, en algunos factores emocionales –como la reactividad al estrés– y en algunos factores conductuales –como las prácticas saludables–. No debe sorprendernos, por consiguiente, que la falta de conexión emocional con los demás se considere ahora como un riesgo para la salud pública18 y que se estén desarrollando y probando intervenciones centradas en los compañeros de vida como un recurso para el tratamiento de enfermedades tales como las cardiopatías19.
La terapia de pareja se reconoce cada vez más como una importante intervención de salud mental, tal vez debido al reconocimiento del impacto negativo del divorcio en las parejas, en las familias20 y en las comunidades, o quizá porque, en las sociedades norteamericanas, parecen estar disminuyendo rápidamente las otras fuentes que hacen surgir la comunidad21. La pérdida de «capital social» se ha vinculado al aumento de los niveles de depresión y ansiedad en estas sociedades22. Muchos de nosotros no tenemos más remedio que depender de nuestras parejas para obtener apoyo y conexión. De hecho, parece que muchos de nosotros vivimos funcionalmente en una comunidad de dos. En este contexto, la calidad de la relación cercana se vuelve cada vez más importante en la vida de las personas.
El público en general también es cada vez más consciente del valor de las consultas y del asesoramiento profesional para ayudar a reparar las relaciones familiares y de pareja angustiadas. El amor adulto empieza a ser considerado como un proceso que puede ser comprendido, influenciado y reparado. Una unión matrimonial se considera como algo intencional23, y no como algo que está en manos de un capricho romántico, del azar o del destino. A medida que aumenta el número de terapeutas que incluyen el tratamiento de parejas en su práctica clínica, al tiempo que reconocen que esta modalidad es particularmente desafiante, consideran que cada vez se manifiesta más urgente la necesidad de una formación rigurosa en modelos probados de terapia de pareja, especialmente modelos que se basen en nuestra nueva comprensión científica del amor adulto. Este libro forma parte, por consiguiente, del movimiento hacia un conjunto de intervenciones más perfiladas, científicas e impactantes y hacia una formación profesional cada vez más rigurosa en el campo de la terapia de pareja, un campo en continuo crecimiento.
La Terapia Focalizada en las Emociones (TFE) apareció a principios de la década de 198024 como una respuesta a la falta de instrumentos para intervenir en las relaciones de pareja claramente perfilados y validados –en modo particular, instrumentos más humanísticos y menos conductuales–. Recibió el nombre de TFE para recalcar la importancia crucial de la emoción y de la comunicación emocional en la organización de los patrones de interacción y de las experiencias clave definitorias en las relaciones estrechas. También se centraba en la emoción como un poderoso y necesario agente de cambio, y no como una mera parte del problema de la angustia en las relaciones de pareja. En aquel momento, este enfoque centrado en la necesidad de abordar la emoción y el poder de la misma para posibilitar un cambio en la terapia matrimonial no formaba parte de la literatura consolidada sobre la terapia de pareja. De hecho, el campo de la terapia de pareja se consideraba entonces, e incluso ahora, casi como un ámbito afectofóbico. La emoción se ha visto a menudo como una complicación secundaria que surge en el desarrollo del comportamiento y/o de la cognición, como una fuerza disruptiva peligrosa en la terapia, o simplemente como un agente de cambio ineficaz. De alguna manera, los terapeutas de pareja siempre han tenido claro que los cambios en la emoción eran una parte esencial de la reparación de la relación, pero daban por supuesto que esos cambios surgían a través de medios cognitivos y conductuales.
Sin embargo, el papel activo que desempeña la emoción en la angustia en las relaciones de pareja y en la terapia de pareja ha alcanzado una mayor aceptación en los últimos años25. El estudio de la emoción ha seguido avanzando26. El papel clave de la regulación emocional y del compromiso en la felicidad y la angustia en las relaciones de pareja27, así como la naturaleza emocional de los apegos humanos28, se conocen hoy con más detalle. Además de la TFE, hay también otros enfoques que han comenzado a poner énfasis en la emoción29, aunque muchos otros siguen sin abordar esta cuestión en modo alguno. En general, se puede decir que, en la última década, la necesidad de abordar la emoción en el proceso de la reparación de la relación se ha ido aclarando, y en nuestros días resulta más fácil acceder a las intervenciones y a los métodos específicos para tratarla de una manera efectiva.
La TFE surgió, como modelo de intervención, a partir de la observación sistemática de parejas en la terapia y del proceso mediante el que conseguían reparar su relaciones. Los modelos recientes que se aplican en el tratamiento de la angustia en las relaciones de pareja, como el modelo de Gottman, también se basan en la observación y la codificación de interacciones específicas entre personas que mantienen una relación íntima, y lo mismo podemos decir de los modelos de las relaciones adultas estrechas, como la teoría del apego. Por consiguiente, quizás no resulte sorprendente que exista consonancia entre la TFE como modelo de intervención, los modelos de angustia descriptivos investigados, y teorías relacionales como el apego. Las parejas angustiadas enseñaron a esta autora y al equipo de investigación original el modo de describir el proceso de cambio esbozado en la TFE y las intervenciones que promovían este proceso de cambio. El primer manual de la TFE surgió como parte de un primer estudio de resultados (la tesis doctoral de esta autora), y en él se comparaba los resultados de la TFE en parejas no tratadas y en parejas que completaron una intervención sobre comunicación conductual y sobre formación de habilidades30. Los resultados obtenidos con la TFE en este primer estudio fueron tan impresionantes que desencadenaron otras tres décadas de investigación sobre la TFE.
En este momento hay 21 estudios de investigadores norteamericanos que muestran los resultados positivos de la TFE por lo que respecta a su poder para reducir la angustia en las relaciones de pareja y para determinar la satisfacción en la relación31. Los estudios de resultados también sugieren que la TFE puede ser efectiva a la hora de reducir síntomas de estrés traumáticos y de la depresión cuando estos problemas surgen al mismo tiempo que la angustia en las relaciones de pareja. Los estudios más rigurosos se han integrado en cuatro metaanálisis. Cabe señalar que en el último gran estudio de resultados32 se encontraron unos resultados que demostraron que las intervenciones de la Terapia de Pareja Focalizada en las Emociones aumentan la seguridad de apego, reducen la ansiedad producida por este y la evitación del mismo en las mediciones de autoevaluación y en la codificación de comportamientos de interacción centrados en el apego. Un estudio del escáner cerebral de la IRMf descubrió que la respuesta de los cerebros de las mujeres a la amenaza cambiaba al sostener la mano de su pareja después de mantener conversaciones sobre los vínculos en la TFE33. La importancia de mover a las parejas a que experimenten una sensación sentida de apego seguro resulta clara cuando consideramos la miríada de variables positivas de salud mental asociadas a una orientación de apego seguro34. Por ejemplo, las personas que cuentan con un apego más seguro muestran poseer un sentido del yo más positivo, articulado, coherente y empático con respecto a los demás, y también más asertivo y resiliente al estrés. Una buena terapia de pareja guía a las personas que la integran hacia interacciones de unión que fomentan el crecimiento personal y la sanación.
Los datos del seguimiento de este estudio del apego cambiante, y otros dos estudios, también descubrieron que los efectos de la TFE se mantienen estables dos o tres años después de haber concluido la terapia, y algunos estudios incluso han demostrado que la satisfacción continúa aumentando. Dado que las recaídas son una cuestión clave en el campo de la terapia de pareja, estos resultados son muy alentadores y, así lo creemos, son fruto del efecto de las conversaciones sobre los vínculos realizadas en la TFE y del hecho de que estos momentos centrales positivos de conexión emocional sean experiencias correctivas extremadamente significativas en la vida de los clientes. Estos momentos originan un cambio que se mantiene en la mente y se consideran un recurso –una piedra de toque que habla del deseo inherente de estar conectado de manera segura a un compañero de vida y de los efectos transformadores de este tipo de relación–.
En cuanto a la pregunta de cómo se produce exactamente el cambio, existen también nueve estudios sobre el tema35 en los que se demuestra que, tal como prevé la teoría de la TFE, ciertos factores tales como el caso de los clientes que avanzan hacia emociones más profundas, y como el de los terapeutas que configuran interacciones más abiertas, empáticas y receptivas que crean vínculos más seguros, pronostican constantemente la reparación de la relación al final de la terapia y en las sesiones de seguimiento. Hasta la fecha, tres estudios recientes hablan a favor de la efectividad del popular programa de educación sobre las relaciones: Hold Me Tight®: Conversations for Connection [Abrázame fuerte: Conversaciones para conectar], basado en la TFE, y, además de estos, el superventas Abrázame fuerte: siete conversaciones para un amor duradero36. Existen también datos experimentales positivos sobre la adaptación de este programa para parejas en las que una persona es un paciente cardiaco37 y entre los dos deben actuar como un equipo para afrontar este problema de salud de manera efectiva. Si bien el programa «Abrázame fuerte» está dirigido a parejas que presentan una menor angustia, existen evidencias de que también resulta de ayuda a las parejas más angustiadas.
En el conjunto general de los estudios de resultados, tres examinan también el impacto positivo de la TFE en la mejora de la intimidad y dos examinan la satisfacción sexual38, y existe un pequeño estudio que demuestra la efectividad de la Terapia Familiar Focalizada en las Emociones39 en familias que tienen problemas con la bulimia (véase www.iceeft.com) para obtener una panorámica completa de los estudios). En general, estos estudios son rigurosos y presentan controles de adherencia para asegurarse de que los terapeutas siguen, de hecho, el protocolo de la TFE. Existen también dos estudios que examinan el impacto de la formación básica –el curso introductorio de la TFE [externship]– sobre el sentido de competencia y de confianza del terapeuta, y sobre sus vidas personales40.
Todos estos estudios confieren a la TFE el estatus de patrón oro en términos de validación empírica en el campo de la terapia de pareja. Con respecto a los estándares establecidos para esta validación por el reciente comité de la American Psychological Association41, la TFE es el único enfoque de la terapia de pareja que cumple los criterios requeridos y que, por tanto, reúne las condiciones para ser incluido en la más alta categoría creada por este comité. En general, en el campo de la terapia de pareja hay una escasez de datos de resultados en casi todos los modelos de intervención. De hecho, los modelos conductuales, la Terapia Conductual Tradicional de Pareja y la Terapia Conductual Integral de Pareja42, son los otros únicos modelos que han publicado datos sobre el resultado de las intervenciones de pareja.
Para el profesional clínico practicante, los hechos más significativos con respecto a la investigación sobre la TFE parecen ser:
• El metaanálisis original43 descubrió que la TFE demuestra que produce unos efectos muy saludables y alentadores. Las parejas incluidas en este análisis mostraron un 70-73% de tasa de recuperación respecto a la angustia en las relaciones de pareja en 10-12 sesiones de TFE (aunque con supervisión clínica proporcionada por los terapeutas), y una tasa del 90% de mejora significativa. Esta cifra contrasta con el 35% de tasa de recuperación en el caso de las parejas que recibieron intervenciones conductuales tradicionales44. El profesional clínico formado en el marco de la TFE, respaldado por el conocimiento de que esta ha sido probada una y otra vez y ha resultado ser efectiva, sabedor de que los resultados suelen mantenerse estables con el paso del tiempo, y de que las intervenciones específicas y la configuración de los eventos de cambio clave, tal como se establece en el modelo, conducen previsiblemente a resultados positivos, puede estar seguro de su éxito con la mayoría de parejas y confiar en el modelo como una brújula, y guiar con un sentido de certeza y convicción. Esta confianza también resulta tranquilizadora para los clientes y ayuda en la creación de una alianza positiva.
• En general, la TFE no parece tener problemas con las recaídas tras la terminación del tratamiento. Este hecho ha sido un problema importante en las intervenciones conductuales tradicionales45. En la población que probablemente presente un mayor riesgo de recaída incluida en un estudio de la TFE, es decir, la compuesta por padres de niños con enfermedades crónicas, los resultados se mantuvieron estables después de dos años46. Esto permite, pues, a los terapeutas de pareja, tranquilizar a los clientes o a las instituciones que les remiten a estos clientes y asegurarles que los resultados son significativos en su misma naturaleza y no son solo un breve alivio de los síntomas de la angustia, y que pueden poner fin a la ansiedad excesiva de los clientes.
• Existe una evidencia clara de que la alianza con el terapeuta es importante para predecir el resultado de la TFE, y la confianza de una mujer en que su pareja le ayudará resulta también muy predictiva. El nivel de angustia inicial, que suele ser el indicador de resultados más importante en psicoterapia, no resultó ser muy significativo a la hora de predecir los niveles de satisfacción de las parejas cuatro meses después de finalizar la terapia. El compromiso activo en las tareas de la terapia parece estar más ligado a los resultados que el nivel de angustia inicial. La TFE también parece ser efectiva con las parejas tradicionales y con los hombres que tienen problemas de repliegue y dificultades para expresar sus emociones47. Estos resultados ponen el énfasis el hecho de que el enfoque del modelo se centra sobre todo en la formación y el mantenimiento de una conexión segura con los clientes durante toda la terapia, y le recuerdan al terapeuta que lo verdaderamente importante es el nivel de compromiso del cliente momento a momento, no las intervenciones per se. El terapeuta involucra a cada cliente en el punto en que se encuentra en ese momento, en lugar de centrarse en dónde debería estar, y le guía hacia delante, paso a paso, de modo que participe plenamente en el proceso. Esta investigación también le asegura al terapeuta que, con los métodos de la TFE, no es difícil ayudar a que los clientes conecten con sus emociones y las «recopilen» y comiencen a usar el poder de la emoción para «mover», literalmente, a las personas hacia nuevos modos de verse a uno mismo y a los demás y a un nuevo baile interpersonal.
• Existe una investigación considerable sobre el proceso de cambio en la TFE. La cuestión de cómo se produce el cambio reviste especial importancia para el profesional, especialmente porque los estudios han dejado claro que las variables clave presentadas en un modelo de terapia pueden no ser los agentes activos que crean el cambio. En un famoso estudio conductual sobre métodos para aliviar la depresión, la confrontación de las creencias disfuncionales de los clientes no estaba asociada, en contra de la teoría, al cambio. De hecho, esta confrontación se asociaba más bien a una disfunción continua. Sin embargo, la profundización en la emoción durante la sesión predijo el cambio positivo. Los eventos de cambio clave que dan lugar a resultados positivos han sido estudiados en la TFE, y se han señalado intervenciones clave48. Se han identificado y probado nuevas tareas y procesos, como la resolución de las heridas de apego mediante un procedimiento de perdón y reconciliación49. El terapeuta de la TFE sabe específicamente lo que es necesario y suficiente para crear el cambio en la regulación emocional –modelos de apego y respuestas de interacción que contribuyen a lograr mejoras significativas y duraderas en la satisfacción de la relación–.
En general, la investigación sobre la naturaleza de la angustia en las relaciones de pareja50 y el apego adulto51 valida también vigorosamente el enfoque del proceso de la TFE y los objetivos de la intervención. La clave para que una terapia tenga éxito, según Bertalanffy, experto en teoría general de sistemas52, es que el terapeuta se centre en las variables clave que definen y organizan un sistema vivo. En el caso de la TFE, el terapeuta sabe centrarse constantemente en la emoción, en la música de un baile entre personas cercanas, en los patrones de desconexión, y en la creación gradual de una conexión más segura dentro de la pareja. Resulta difícil perder el rumbo como terapeuta en la TFE, incluso en el drama intenso de una relación angustiada, un drama en constante cambio.
Existen, pues, respuestas claras y fundamentadas a las cuatro cuestiones clave para cualquier intervención, a saber: ¿Funciona de manera consistente y a lo largo del tiempo? ¿Cómo funciona exactamente (esto es, ¿qué tiene que suceder en las sesiones de la terapia para que se produzca el cambio?)? ¿Qué tiene que hacer exactamente el terapeuta para crear el cambio? Y, ¿tiene resultados prácticos la terapia? ¿puede generalizarse su uso a diferentes terapeutas (es decir, ¿puede aprenderse? ¿está disponible el entrenamiento y resulta efectivo?) y a diferentes tipos de clientes con diversos síntomas y comorbilidades?
Al mismo tiempo que se llevaba a cabo una nueva investigación sobre los efectos de las intervenciones de la TFE, la conceptualización teórica de las relaciones de amor adulto subyacentes en la TFE también se expandía y cobraba cada vez más fundamento en la investigación. La TFE siempre se centró en la relación entre las dos partes de la pareja desde el punto de vista de un vínculo emocional, más que como un acuerdo que debe renegociarse, como en la terapia conductual tradicional de pareja. Se centró siempre en el compromiso emocional y en dar forma a las experiencias emocionales correctivas en lugar de enseñar secuencias de desarrollo de habilidades o crear puntos de vista. Sin embargo, la importancia de la teoría del apego53 en las relaciones de amor adulto se ha vuelto cada vez más evidente, y se ha enlazado con el continuo diseño de las intervenciones de la TFE y de los procesos de cambio54. Los psicólogos sociales han seguido contribuyendo al estudio del amor adulto, y la teoría del apego es ahora, claramente, la perspectiva más prometedora por lo que respecta a las relaciones de amor adulto55. En general, la teoría del apego se reconoce ahora como «una de las líneas de investigación más amplias, profundas y creativas en la psicología del siglo XX»56. El amor romántico se entiende ahora como un antiguo código de supervivencia diseñado para mantener cerca y a nuestra disposición a aquellas personas con las que contamos, en lugar de una mezcla embriagadora de sexo y sentimientos que nadie puede entender, y mucho menos dar forma. La teoría del apego adulto ha crecido exponencialmente y se ha convertido en una parte cada vez más vital de la TFE, ofreciendo al terapeuta un mapa del terreno de las relaciones de amor adulto. Este mapa aclara la naturaleza de las relaciones de amor, lo que va mal en esas relaciones, y lo que se necesita para reparar y mejorar los vínculos en la pareja. La TFE es el único enfoque de la terapia familiar y de pareja que se basa en una teoría clara del desarrollo de los vínculos de la relación, una teoría confirmada por miles de estudios sobre la naturaleza del apego que se centran en los vínculos de bebés y madres, y también por cientos de estudios más recientes sobre el apego romántico adulto.
El propósito de este libro consiste en enseñar a los profesionales clínicos el modo de implementar la TFE de una manera lo más sistemática posible, dada la unicidad de cada pareja y de cada relación y la complejidad del proceso terapéutico.
Los puntos fuertes de la TFE pueden resumirse de la siguiente manera:
• Sus presunciones, estrategias e intervenciones se especifican y se diseñan de manera clara. Esta terapia es breve, ya que por lo general se implementa en 8-20 sesiones; es replicable; y se ha usado para entrenar con éxito a numerosos terapeutas de pareja. Muchos de los enfoques que se ocupan de la formación infantil y familiar son modelos en los que el principal defensor del mismo supuestamente puede hacer «magia», pero la mayoría de los terapeutas no pueden reproducir esa magia. El enfoque de la TFE encaja en la definición de un modelo científico, ofrece una descripción centrada y relevante de un fenómeno –el de la angustia de la relación y los vínculos saludables–, ofrece una predicción de cómo afectan las variables clave y se definen unas a otras para configurarse activamente, y proporciona una explicación, un marco coherente que esboza el desarrollo lógico de los fenómenos que se describen. Al mismo tiempo, es un modelo práctico y realista que trata de manera eficaz durante la sesión terapéutica los conflictos, la distancia, los bloqueos y las heridas entre las dos partes de una relación.
• Existe un respaldo empírico que demuestra su eficacia en poblaciones generales y específicas –por ejemplo, a padres de niños que padecen enfermedades crónicas57–, y está asociada a grandes efectos con el tratamiento58. También ha dado lugar a investigaciones sobre el proceso de cambio y sobre el diseño de eventos de cambio clave asociados al éxito del tratamiento, lo que permite que los terapeutas adapten el tratamiento a los clientes particulares y mantengan su enfoque en los objetivos del tratamiento. El objetivo principal sigue siendo siempre la creación gradual de la accesibilidad emocional, la capacidad de respuesta y el compromiso que caracteriza a los vínculos seguros que alimentan a las parejas durante toda la vida.
• El proceso del viaje de la pareja a través de la terapia se esboza de manera clara en tres etapas y nueve pasos, todo ello acompañado por la descripción de una secuencia de intervención repetida –el tango de la TFE– que resulta importante para todas las etapas y todos los pasos.
• Por lo que respecta a las intervenciones, este enfoque se fundamenta en una base teórica clara. Esta base consiste en una teoría del cambio, que surge a partir de una síntesis de la terapia experiencial humanista y de la teoría general de sistemas. Esta síntesis integra un enfoque en el yo, un enfoque en el sistema relacional y un conjunto de intervenciones claro que priorizan el trabajo con las realidades emocionales de los clientes. Las intervenciones experienciales cuentan con una base de investigación sustancial y cada vez mayor59.
• Todos los puntos fuertes anteriores tienen que ver con las intervenciones, pero estas intervenciones se implementan dentro del marco de la teoría y de la ciencia del apego. Así las cosas, el punto más fuerte de la TFE es, de hecho, que este modelo se basa en la consideración de los seres humanos como mamíferos dotados de vínculos sociales que requieren relaciones estrechas con personas de confianza para sobrevivir y prosperar60. Nuestros sistemas nerviosos están configurados por el largo período de vulnerabilidad que constituye la infancia humana y durante el cual buscamos un refugio seguro en los otros, así como por la necesidad de que esas personas nos acompañen de la cuna a la tumba. El amor romántico pasa a ser considerado así como un proceso de apego61, y con ello el terapeuta de pareja puede disponer como recurso de las extensas investigaciones psicológicas sociales y de desarrollo de las dos últimas décadas para aclarar los temores y los anhelos humanos y para dar sentido a variables clave como el impacto de comportamientos relacionales específicos, tanto los comportamientos negativos –la crítica o el bloqueo– como los comportamientos positivos –la confianza y la capacidad de respuesta empática–. El campo de la pareja y la familia ha sufrido de forma clara la ausencia de una comprensión teórica clara y con base científica de las relaciones íntimas. Sin ese mapa resulta muy complicado estar bien encaminado por lo que respecta a las intervenciones, e incluso saber qué cambios son necesarios y suficientes. El apego lo abordaremos de manera específica en un capítulo posterior.
• La TFE también se aplica a diferentes tipos de clientes. Se usa para una amplia variedad de personas y parejas, entre ellas: parejas de diferentes culturas y clases sociales62, parejas del mismo sexo63, parejas que hacen frente a problemas sexuales64, parejas de ancianos65 y parejas que padecen enfermedades crónicas66 o depresión y trastornos de ansiedad como el trastorno por estrés postraumático67. Hay pruebas de que la TFE también reduce la depresión en las parejas68, así como la inseguridad de apego tanto en personas ansiosas como evitativas69.
• La TFE como modelo no se limita a la terapia de pareja. Como dijimos anteriormente, existe ahora un programa de educación y mejora de las relaciones grupales (Hold Me Tight®: Conversations for Connection [Abrázame fuerte: Conversaciones para conectar]) que también se ha adaptado a parejas cristianas (Created for Connection [Creados para conectar])70 y a pacientes cardiacos y sus parejas (Healing Hearts Together [Sanar corazones juntos])71. Tanto el programa original como estas dos adaptaciones pueden consultarse en la página web del ICEEFT. Este programa está ahora disponible como un programa en línea (holdmetightonline.com). La TFE se usa también con individuos (Terapia Individual Focalizada en las Emociones) y con familias (Terapia Familiar Focalizada en las Emociones), como se indica en el texto Attachment Theory in Practice: EFT With Individuals, Couples and Families72. Las habilidades que permiten trabajar con la emoción y usarla para dar forma al cambio y crear encuentros transformadores con los seres queridos, ya sea en interacciones reales o dialogando con las representaciones mentales de tales figuras, se generalizan a otros contextos y modalidades.
• De acuerdo con el marco de apego en el que se basa la TFE, los profesionales de este modelo han creado intencionalmente comunidades de la TFE de aprendizaje en las principales ciudades de Norteamérica y en todo el mundo (véase www.iceeft.com para obtener una lista). Estas comunidades, que ofrecen apoyo, supervisión y formación continua a los profesionales, ascienden a 65 en la actualidad. En esta página web se ofrecen cursos introductorios de la TFE [externship] básicos de cuatro días en la TFE, y los terapeutas reciben apoyo para mejorar sus habilidades y continuar su formación a fin de obtener la certificación oficial del ICEEFT (por sus siglas en inglés, International Center for Excellence in Emotionally Focused Therapy [Centro Internacional para la Excelencia en Terapia Focalizada en las Emociones]), así como para llegar a ser supervisores titulados en este modelo. Los cursos introductorios de la TFE [externship] los ofrecen formadores titulados en el ICEEFT a lo largo y ancho del mundo –entre los lugares más recientes se encuentran Dubái, Hungría, Sudáfrica e Irán–. La mayoría de los participantes consideran estos cursos introductorios de la TFE [externship] como una experiencia de aprendizaje y deciden continuar después con su formación. El camino hacia la obtención del certificado se establece de manera clara en la página web del ICEEFT, donde se ofrece también una gran cantidad de recursos para la formación, como DVD que muestran sesiones en vivo73.
¿Qué es la TFE?
La TFE es integradora; mira al interior de las personas y a las relaciones que se establecen entre ellas. Integra un enfoque intrapsíquico sobre la manera en que los individuos procesan su experiencia –especialmente sus respuestas emocionales nucleares orientadas al apego– con un enfoque interpersonal sobre cómo organizan las parejas sus interacciones en patrones y ciclos. Esta terapia examina el modo en que el patrón sistémico, la experiencia interna y los modelos mentales del yo y el otro se evocan y se crean entre sí.
El proceso de experimentar y el proceso de interacción constituyen piedras angulares para el terapeuta, dado que este trata de guiar a la pareja angustiada lejos de las respuestas internas y externas negativas y estructuradas de manera rígida, hacia la flexibilidad y la capacidad de respuesta sensible que constituyen las bases de un vínculo seguro entre personas cercanas. Se supone que las posiciones de interacción adoptadas por los miembros de la pareja se mantienen tanto a causa de la experiencia emocional individual de cada uno de ellos como de la forma en que se regula esta experiencia, y del modo en que se organizan las interacciones –es decir, por las realidades intrapsíquicas y los movimientos habituales de la pareja en su baile de interacción–. Estas realidades y estos movimientos son recíprocamente determinantes y se recrean constantemente entre sí. Ambos deben reprocesarse y reorganizarse para que la pareja logre un vínculo emocional positivo. La creación de este vínculo seguro es el objetivo último de la TFE.
La TFE amplía la experiencia y las interacciones. El primer objetivo de la terapia consiste en acceder y reprocesar las respuestas emocionales que subyacen en la posición de interacción a menudo estrecha y rígida de cada pareja, facilitando así un cambio en estas posiciones hacia la accesibilidad y la capacidad de respuesta, que son los componentes básicos de los vínculos seguros. El segundo objetivo de la terapia consiste en crear nuevos acontecimientos de interacción que redefinan la relación como una fuente de seguridad y confort para las dos partes de la pareja. El reprocesamiento de la experiencia interna se emplea para expandir el contexto interpersonal (como cuando alguien descubre que su mujer está desesperada y que en realidad no es maliciosa). A su vez, la estructuración de nuevos acontecimientos de interacción expande y redefine la experiencia interna de cada persona (como cuando un esposo expresa la necesidad que tiene de su esposa, y ella experimenta su propio miedo a responder, en lugar de permanecer centrada en su falta de disponibilidad).
Cuando la TFE se implementa con éxito, cada miembro de la pareja se convierte en una fuente de seguridad, de protección y de confort para el otro. Cada uno de ellos puede ayudar al otro a regular el estado de ánimo negativo y a construir un sentido del yo positivo y potente. El terapeuta de la TFE coreografía los acontecimientos de unión durante la sesión, lo que posteriormente redefine de manera poderosa la relación.
Este proceso es un viaje:
• Desde la alienación al compromiso emocional.
• Desde la defensa vigilante y la autoprotección a la apertura y la asunción de riesgos.
• Desde una impotencia pasiva frente al inexorable baile de la relación a una sensación de ser capaz de crear esa danza de manera activa.
• Desde culpabilizar de manera desesperada al otro a la sensación de cómo cada persona dificulta que la otra sea receptiva y atenta.
• Desde un enfoque en los defectos del otro al descubrimiento de los propios miedos y anhelos.
• Pero, sobre todo, desde el aislamiento a la conexión (este no es un viaje fácil para la mayoría de las parejas, incluso contando con la orientación de un terapeuta experimentado).
A medida que el terapeuta de la TFE ayuda a cada persona a expandir y reorganizar su experiencia interna, la expresión de esta experiencia implica una nueva presentación del yo, un nuevo modo de relacionarse con la pareja, lo que a su vez evoca nuevas respuestas por parte de la pareja. Dicho de otra manera, una nueva experiencia crea un tipo nuevo de diálogo, y este nuevo diálogo crea nuevos acontecimientos de interacción. Estos acontecimientos constituyen nuevos pasos e inician nuevos patrones en el baile de la pareja.
Papel del terapeuta
El terapeuta de la TFE no es un coach que enseñe habilidades de comunicación o formas más efectivas de que las parejas negocien entre sí. El terapeuta de la TFE no es un sabio creador de una visión del pasado y de cómo los patrones de la familia de origen pueden influir en la relación. El terapeuta no es un estratega que emplea la paradoja y la prescripción de problemas. No es principalmente un maestro que se centra en ayudar a que las parejas modifiquen expectativas y creencias irracionales sobre el matrimonio y las relaciones.
El terapeuta de la TFE es, más bien, un consultor de procesos que ayuda a que las parejas reprocesen su experiencia, particularmente su experiencia emocional de la relación, y un coreógrafo, que ayuda a que las parejas reestructuren el baile de su relación. En las sesiones terapéuticas, el terapeuta es un colaborador que en ocasiones debe acompañar y en otras dirigir, y no un experto que le dice a la pareja cómo debería ser su relación. El proceso terapéutico ofrece oportunidades para que los miembros de la pareja experimenten nuevos modos de estar juntos, de modo que ambos puedan tomar decisiones conscientes sobre la clase de relación que desean crear.
Un enfoque principal en el momento presente
El terapeuta de la TFE se centra en las respuestas de la pareja aquí y ahora, rastreando y expandiendo tanto las experiencias internas como los movimientos y los contramovimientos de la interacción. El cambio se produce cuando los miembros de la pareja se experimentan a sí mismos en una sesión de manera diferente e interactúan de una manera nueva. Únicamente se presta atención a los problemas de la familia de origen en la medida en que se manifiestan en las sensibilidades presentes y en el aquí y ahora de la interacción, en contraste con las relaciones objetales o los enfoques analíticos de la terapia de pareja, o los enfoques sistémicos bowenianos que se centran en técnicas tales como la construcción de genogramas. Existe también un menor uso de las intervenciones orientadas al futuro tales como la asignación de futuras tareas y deberes, que son intervenciones clave en la tradición conductual.
Objetivos del tratamiento – vínculo seguro
El objetivo de la TFE consiste en reprocesar la experiencia y reorganizar interacciones para crear un vínculo seguro entre las dos partes de la pareja, una sensación de conexión segura. Los elementos que configuran esa seguridad son la accesibilidad emocional mutua, la capacidad de respuesta y el compromiso. La atención se centra siempre en los asuntos relacionados con el apego; en la seguridad, la confianza y el contacto; y en los obstáculos a lo anterior. Por consiguiente, no se intenta enseñar a una pareja angustiada las habilidades de comunicación per se, ya que desde la perspectiva de la TFE es poco probable que las parejas usen esas habilidades cuando resulten más útiles –es decir, cuando las personas que la forman estén más angustiadas y se muestren más vulnerables–. Dado que no suele considerarse que los problemas de las parejas son el resultado de defectos de la personalidad, se hace poco hincapié en la comprensión de los conflictos intrapsíquicos inconscientes. De hecho, la comprensión se considera insuficiente para crear un cambio duradero en los patrones de interacción con carga emocional. Además, y dado que se considera primordialmente que la relación es un vínculo más que un acuerdo racional, no se intenta ayudar a la pareja a renegociar nuevos acuerdos o a resolver cuestiones pragmáticas redactando nuevos acuerdos o contratos. Una vez que una pareja ha creado un vínculo más seguro, descubrimos que sus miembros pueden usar las habilidades de negociación que tienen; los problemas se vuelven más claros y menos pesados cuando no están impregnados de conflictos de apego e inseguridades.
Un enfoque emocional
La esencia de cualquier terapia a corto plazo es el enfoque. En la TFE, se considera que la emoción es el principal actor en el drama de la angustia de la relación y en el cambio de esa angustia. La emoción es la música que coreografía el baile del apego. La emoción organiza los comportamientos de apego, nos orienta y nos motiva a responder a los demás, y comunica nuestras necesidades y nuestros anhelos a las demás personas. En la TFE, la emoción, en lugar de minimizarse, controlarse o etiquetarse, se desarrolla y se diferencia. A menudo describimos esto como el desarrollo de la realidad emocional de un cliente o como un proceso de recopilación de emociones. Las experiencias emocionales y sus expresiones son consideradas como objetivos y agentes de cambio en un grado mucho mayor que en otros modelos de terapia no experienciales. La expansión y la articulación de aspectos nuevos o marginados de la experiencia emocional constituyen aquí tareas terapéuticas primarias, y la esencia del cambio en la TFE es una nueva experiencia emocional correctiva del compromiso entre los miembros de la pareja. El elemento central del cambio en la TFE consiste en desarrollar emociones clave y usarlas para introducir nuevas respuestas en las representaciones terapéuticas.
Considerar a la gente como es
Las personas angustiadas no se consideran fundamentalmente deficientes, retrasadas en su desarrollo o carentes de habilidad. Otros autores también han sugerido que la visión general de los problemas de la relación que necesariamente refleja alguna forma de retraso significativo en el desarrollo suele ser inapropiada74. Las necesidades, los deseos y las respuestas emocionales primarias de los miembros de la pareja son considerados aquí, por lo general, como saludables y adaptativos. Lo que crea problemas es el modo en que estas necesidades y estos deseos se representan en un contexto de vulnerabilidad y de peligro percibido. Como advirtió Freud: «Nunca estamos tan indefensos contra el sufrimiento como cuando amamos»75. Lo que conduce a la disfunción es el modo en que las respuestas emocionales, como el miedo, son inhibidas, renegadas y tergiversadas. El terapeuta valida la experiencia y las respuestas de las dos partes de la pareja, en lugar de enseñarles a ser diferentes.
Se considera que las personas están atrapadas en estados emocionales absorbentes y en ciclos de interacción que se refuerzan a sí mismos, en lugar de creer que tienen algún tipo de deficiencia. Los miembros de la pareja están bloqueados en ciertos modos de procesar, organizar y regular la experiencia emocional. También se ven atrapados en maneras fijas de relacionarse entre sí. Se da por supuesto que, dada su experiencia, los individuos tienen razones coherentes y válidas para restringir el procesamiento emocional y las interacciones con su cónyuge. La tarea del terapeuta consiste en comprender la «racionalidad oculta»76 que subyace en las respuestas aparentemente destructivas o irracionales.
La TFE es un reflejo de la clase de conversación que podrían tener el terapeuta experiencial Carl Rogers77 y terapeutas de sistemas estructurales como Minuchin78 si examinasen un caso de angustia de la relación mientras toman un té. La emoción puede considerarse de naturaleza experiencial o como una variable sistémica79 en la que esta, cuando se expresa, atrae respuestas específicas de otros que luego acaban repercutiendo en el hablante. Como indicamos anteriormente, la emoción es la música del baile de la pareja y organiza interacciones clave. La TFE comparte algunas similitudes con los enfoques humanísticos tradicionales80, que se concentran en una comprensión empática de la experiencia inmediata del cliente –particularmente en sus emociones y en su marco de referencia–.
La TFE es experiencial en el sentido de que se centra en:
• El proceso de cómo las personas procesan y construyen su experiencia de manera activa en las interacciones con su entorno, en el presente.
• El poder de la empatía y la validación del terapeuta a la hora de crear el contexto más positivo para la exploración y la creación de nuevas experiencias. La seguridad proporcionada por la aceptación y la autenticidad del terapeuta permite que florezcan las tendencias autosanadoras innatas de cada cliente. La alianza terapéutica es igualitaria y colaborativa.
• La gran capacidad que los seres humanos tienen para el crecimiento y en su capacidad de adaptación positiva a las respuestas emocionales y a las necesidades. Tanto Carl Rogers como John Bowlby81, introductor de la visión del apego de la relación que se usa en la TFE, tendían a despatologizar a los clientes. Bowlby creía que todos los modos de responder al mundo pueden ser adaptativos; los problemas surgen cuando, como sugería también Rogers, esos modos se vuelven rígidos y no pueden evolucionar en respuesta a nuevos contextos. Rogers creía que los terapeutas tenían que explicar y validar la construcción inicial de la experiencia y la postura relacional del cliente.
• El modo en que las realidades interiores y exteriores se definen entre sí. Las emociones son objeto de privilegio precisamente porque orientan a las personas hacia su mundo y les dicen lo que necesitan y aquello de lo que tienen miedo.
• El modo en que las emociones se comunican a las demás personas de una manera que atrae las respuestas emocionales que son clave en la definición de la relación. Las emociones unen el yo y el sistema, el bailarín y el baile. Los terapeutas de la TFE y la teoría del apego se centran en la manera en que los procesos identitarios y los patrones de interacción forman circuitos de retroalimentación importantes82.
• La promoción y el realce de nuevas experiencias emocionales correctivas en el aquí y ahora de la sesión terapéutica. Los terapeutas experienciales ven esta experiencia como la principal fuente de cambio significativo y duradero.
La TFE es sistémica en el sentido de que se centra en:
• El poder del contexto. El comportamiento de cada miembro de la pareja se observa en el contexto del comportamiento de la otra persona y como respuesta al mismo. Se considera que, en cierto sentido, cada parte de la pareja crea las respuestas de la otra, a menudo sin ser consciente de cómo lo hace. Así pues, en una típica relación angustiada, el repliegue y la falta de respuesta atraen la crítica y las demandas excesivas, y viceversa.
• La estructura y el proceso de interacción, esto es, en cómo se organizan las interacciones y cómo se mantienen los patrones. Con ello, los grados de cercanía-distancia y de dominación-sumisión se controlan y se hacen explícitos.
• El hecho de que se considera que los rígidos ciclos de interacción negativa que generan las parejas angustiadas se mantienen por sí solos y son un factor primario en el deterioro de la relación.
• Un enfoque en la causalidad circular, más que en la causalidad lineal. Esto se presta a un enfoque en el patrón y la secuencia, y en cómo los elementos en un patrón de interacción se determinan recíprocamente, como en el siguiente ejemplo: «Yo me repliego porque tú te molestas, y tú te molestas porque yo me repliego».
La TFE sintetiza los enfoques experiencial y sistémico, combinando lo intrapersonal y lo interpersonal. El terapeuta de la TFE ayuda a que las parejas reprocesen su experiencia emocional y usa la expresión emocional para crear un cambio en sus posiciones de interacción. El terapeuta de la TFE también dirige y coreografía nuevas interacciones que evocan nuevas respuestas emocionales en la pareja. Como señalamos anteriormente, la nueva experiencia emocional afecta al modo en que la pareja baila junta, y el nuevo baile afecta al modo en que se organiza la experiencia emocional de cada miembro de la pareja. La palabra emoción proviene del término latino que significa «moverse». Las nuevas construcciones de la emoción ayudan a que la pareja se mueva hacia nuevas posiciones en el baile de su relación, posiciones que promueven el vínculo seguro.
La TFE está diseñada para implementarse en 8-20 sesiones de la terapia de pareja. Se considera que la alianza terapéutica positiva con los dos miembros de la pareja constituye un requisito previo para que el tratamiento tenga éxito. En el formato que aquí se presenta, la TFE no está diseñada para usarse con parejas claramente violentas o con parejas separadas. Tiene una mayor tasa de éxito con parejas que desean reestructurar su relación como un vínculo estrecho, pero que se han alejado a causa de ciclos de interacción negativa, a menudo de naturaleza culpa-repliegue. Esta terapia puede usarse en una gran variedad de poblaciones más allá de las parejas angustiadas a nivel relacional. Por ejemplo, se ha usado de manera rutinaria en el hospital clínico de un gran núcleo urbano, donde, por lo general, las parejas tienen múltiples problemas, entre ellos síntomas de trastorno por estrés postraumático y depresión clínica. También se ha usado de forma abreviada con parejas no clínicas que experimentaban una falta de intimidad y con parejas en las que uno de sus miembros había sufrido un agente estresante reciente, como una enfermedad que puso en riesgo su vida, lo que requirió un cambio en la relación de la pareja. La TFE se ha empleado de manera rutinaria con parejas homosexuales y con aquellas que hacen frente a enfermedades crónicas y debilitantes83. Un observador exterior que presenciara una sesión de la TFE vería al terapeuta rastreando y reflejando momentos emocionales y movimientos de interacción. El terapeuta ayuda a que la pareja cristalice y ordene su experiencia emocional, y pone en marcha procesos de interacción por medio de tareas específicas (por ejemplo: «¿Puedes decirle…?»). El terapeuta se mueve en el espacio que media entre ayudar al cliente a recopilar la experiencia emocional y a poner en práctica nuevas respuestas.
El proceso de cambio de la pareja se desarrolla en tres etapas y nueve pasos, que son los siguientes:
Etapa 1: El desescalamiento de los ciclos negativos de interacción – Estabilización de la relación
Paso 1: Crear una alianza terapéutica y determinar las cuestiones conflictivas en la lucha de apego central.
Paso 2: Identificar el ciclo de interacción negativo en el que se expresan estas cuestiones.
Paso 3: Acceder a las emociones no reconocidas que subyacen en las posiciones de interacción.
Paso 4: Reencuadrar el problema en los términos del ciclo negativo, de las emociones subyacentes y de las necesidades de apego. El ciclo se encuadra como el enemigo común y como la fuente de la carencia y de la angustia emocional de la pareja.
Etapa 2: Cambiar las posiciones de interacción
Paso 5: Favorecer la identificación con las emociones de apego, las necesidades y los aspectos del yo ignorados e integrarlos en las interacciones de la relación.
Paso 6: Favorecer la aceptación de la experiencia de cada miembro de la pareja y sus nuevas respuestas de interacción.
Paso 7: Facilitar la expresión de las necesidades y los deseos y crear un compromiso emocional, así como momentos que favorezcan la unión, a fin de redefinir el apego entre los miembros de la pareja.
Etapa 3: Consolidación e integración
Paso 8: Facilitar la aparición de nuevas soluciones a antiguos problemas de la relación.
Paso 9: Consolidar nuevas posiciones y nuevos ciclos de comportamientos de apego.
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Las etapas y los pasos de la TFE Etapa I: Desescalamiento Paso 1: Alianza terapéutica y evaluación Paso 2: Identificar el ciclo negativo / los problemas de apego Paso 3: Acceder a las emociones de apego subyacentes Paso 4: Reencuadrar el problema – ciclo, necesidades/miedos de apego Etapa II: Reestructurar el vínculo Paso 5: Acceder a las necesidades implícitas, a los miedos y a los modelos del yo Paso 6: Promover la aceptación por parte del otro – ampliar el baile Paso 7: Descubrir la estructura y responder a ella – expresar las necesidades de apego – crear interacciones de unión Etapa III: Consolidación Paso 8: Facilitar nuevas soluciones Paso 9: Consolidar nuevas posiciones, ciclos, historias de apego seguro © Dr. Sue Johnson — www.iceeft.com |
En el proceso de cambio propuesto en la TFE y descrito anteriormente se aprecian tres grandes cambios, a saber:
• Desescalamiento del ciclo negativo al final de la primera etapa de la terapia.
• Involucramiento del replegador en la etapa 2, reestructurando el vínculo de apego.
• Apaciguamiento del perseguidor al final de la etapa 2, reestructurando el vínculo de apego.
El primer cambio, el desescalamiento del ciclo, es un cambio de primer orden, en tanto que el modo en que se organizan las interacciones sigue siendo el mismo, pero los elementos del ciclo se modifican de alguna manera. Así, por ejemplo, las personas más replegadas comienzan a arriesgarse a un mayor compromiso, y las personas hostiles se vuelven menos reactivas y están menos enfadadas. La pareja puede iniciar un contacto íntimo –mantener relaciones sexuales, por ejemplo–, parece descubrir que su compromiso con la terapia resulta tranquilizador, y comienza a tener esperanzas sobre el futuro de su relación.
Los otros dos cambios mencionados anteriormente representan cambios de segundo orden, en tanto que constituyen un cambio en la estructura de la relación.
El segundo cambio se produce cuando la persona más replegada comienza a volverse más activa y a involucrarse en la relación. Esto implica un cambio en la posición de interacción, en términos de control y de accesibilidad para el contacto. La persona replegada reivindica sus necesidades y sus deseos, en lugar de evadir o evitar a su pareja, y colabora cada vez más con ella en las sesiones terapéuticas.
Un tercer cambio se produce cuando el cónyuge que antes era hostil y más activo se arriesga a expresar sus propias necesidades de apego y sus vulnerabilidades, lo que favorece las interacciones que desafían el nivel de confianza en la relación. En aras de una mayor claridad, estos acontecimientos se presentan como separados e independientes. En la práctica, por supuesto, se entretejen y se determinan de manera recíproca. A medida que el cónyuge crítico se enfada menos, la persona que está menos comprometida se arriesga a involucrarse más; a medida que esta participación aumenta, la persona crítica se da permiso para revelar sus necesidades y sus deseos de una manera más abierta. Esto facilita que aquel que está menos comprometido se muestre receptivo. Una vez que estos eventos de cambio han reorganizado las interacciones de la pareja, pueden tener lugar eventos de unión prototípicos, donde ambas personas se muestran accesibles y se interesan por la otra. Los cónyuges pueden abrirse al otro y confesar sus necesidades y sus miedos, y renovar su sentido del vínculo entre ellos.
A continuación, vamos a ilustrar estos tres cambios.
Una pareja comienza la terapia con la mujer quejándose de una falta de intimidad y de la ausencia de su pareja en la relación. Él se queja de la agresividad y la irracionalidad de ella, motivo por el cual él se repliega. Él cree que la solución pasa por hacer el amor más a menudo. Ella cree que la solución es que su pareja le hable más. El terapeuta crea una alianza terapéutica, evalúa su relación y les describe su patrón de perseguir-culpabilizar y replegarse-apaciguar, retratándolos como creadores y víctimas del ciclo. Los aspectos más destacados del proceso de cambio, si se capturasen en instantáneas, podrían ser los siguientes.
Desescalamiento del ciclo
1. Gail (mujer perseguidora): Estoy muy enfadada. Estoy tremendamente decepcionada. Nunca me había sentido tan sola. Quiero que vea que no me puede hacer esto.
2. Ben (marido replegado): Independientemente de lo que haga, recibo el mensaje de que es decepcionante. No hablo su idioma y no sé cómo aprender a hacerlo. Sé que me escapo. Me escondo. No sé que más hacer.
3. Gail: Sé que lo alejo de mí con mi insistencia, pero estoy muy asustada. (Dirigiéndose a él) No puedo encontrarte…
4. Ben: Supongo que he desarrollado el arte de esconderme. Nunca me hubiera imaginado que estarías buscándome. Creo que nos hemos quedado atrapados aquí –no sé qué hacer, así que me escondo, y tú te sientes cada vez más sola, así que subes la apuesta y te enfadas–. Los dos nos estamos haciendo daño, ¿no es así?
Estas afirmaciones incluyen una conciencia del ciclo, el reconocimiento del papel que desarrolla cada persona en el mismo, y un intento de expresar los sentimientos subyacentes, en lugar de culpabilizar y evitar. En este punto, las dos partes de la pareja suelen hacer comentarios como: «Estoy descubriendo quién eres en estas sesiones», y: «Entiendo la manera en que este baile se ha apoderado de nuestra relación y la forma en que ambos terminamos haciéndonos daño».
Involucramiento del replegador
Ben: Nunca voy a ser el alma de la fiesta. No quiero tener esa presión. Necesito algo de reconocimiento cuando asumo riesgos contigo, por el amor de Dios. Si vas a seguir con el boletín de notas, yo seguiré haciendo novillos. Y no quiero hacer el amor a todas horas. A veces quiero que me sostengan, y no quiero tener que ir con cuidado ni tener vergüenza de pedírtelo. Necesito tu ayuda en este asunto.
En este tipo de declaración, Ben pasa de la distancia autoprotectora al compromiso asertivo activo. Habla de sus necesidades de apego y de su sentido del yo en relación con su mujer. Se muestra más accesible y está más involucrado.
Apaciguamiento del perseguidor
Gail: No sé si esto va a funcionar. Tengo miedo. Comenzaré a contar contigo y luego me darás la espalda. Hace mucho tiempo que no me siento verdaderamente segura contigo.
Gail: Quiero desesperadamente que me digas que soy lo primero para ti. Tengo que saber que soy importante, que necesitas estar cerca de mí tanto como yo necesito estar cerca de ti. Necesito saber que soy valiosa para ti.
Gail revela aquí su vulnerabilidad y se pone en las manos del otro. Cuando Ben es capaz de responder de una manera comprometida y tranquila, se produce un acontecimiento de unión y curación que comienza un nuevo ciclo de cercanía y de afirmación.
El propósito de este capítulo ha sido ofrecerle al lector una idea de la TFE y ubicarla en el marco del campo de la terapia de pareja. Pasemos ahora a la filosofía que subyace en la TFE, comenzando por la perspectiva de la TFE sobre las relaciones íntimas y continuando con la filosofía del cambio terapéutico.
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