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Las causas de conflicto

En el programa

Los conflictos de la vida cotidiana nos afectan a todos, tanto en el trabajo como en casa e incluso en la vida en sociedad. La mayoría de las veces, se acusa al otro de mala fe: «Es inadmisible», «No quería escuchar nada»… En estos casos, a menudo se emplean frases que empiezan por: «Yo, en su lugar, nunca habría…» Esto muestra hasta qué punto estamos acostumbrados a juzgar el comportamiento de los demás a partir de nuestro punto de vista, de nuestras costumbres y de nuestra propia actitud. Podemos aceptar algunas diferencias siempre que no nos molesten realmente, pero, en cuanto tenemos la sensación de ser atacados, pensamos que tenemos el monopolio de la buena fe, de la buena educación y de la Verdad, ¡con V mayúscula!

Es bastante gracioso constatar que «el otro», ese adversario que tanto nos irrita, al que tenemos ganas de llamarle de todo, piensa exactamente lo mismo que nosotros: cada uno tiene la certeza de estar en lo cierto.

Por lo tanto, intentemos comprender* las caras ocultas de la comunicación basándonos en las principales fuentes de conflicto:

Pero, antes de esto, es conveniente determinar lo que es una opinión, una definición mucho menos sencilla de lo que parece.

¿Qué es una opinión?

¿Hecho u opinión?

Hay que diferenciar una opinión de un hecho.

Muy a menudo, nuestras afirmaciones no son más que opiniones. Lo admitimos con bastante facilidad para temas relativamente neutros, pero podemos encerrarnos completamente en nosotros mismos cuando esta opinión se convierte en una creencia, una certeza. En estos casos existe el gran peligro de hacer oídos sordos a cualquier otro punto de vista, de considerar como enemigo a quien piensa diferente y, sobre todo, de querer convencerlo. ¡O, en el caso extremo, «vencerlo»! Por supuesto, soy una mujer de convicción, es decir que tengo ideas y valores que intento promover y compartir, pero también tengo profundamente anclado en mí el respeto por la libertad de pensamiento del otro; siempre intento comprender lo que apega al otro a su propio punto de vista. ¿Qué gusano ve en la manzana que le ofrezco con benevolencia? ¿Hay alguno que yo no he visto? ¿Por qué él ve uno?

Ejercicio 1

En estos ejemplos de frases de la vida de todos los días, familiar, profesional o social, ¿ves una opinión o un hecho?

Si digo:

¿Es una opinión?

¿Es un hecho?

1

¡Esto está desordenado, no se puede vivir así!

2

Hace buen tiempo hoy.

3

Es necesario que los niños triunfen en la escuela.

4

Este hombre es muy inteligente.

5

Ella siempre está de mal humor.

6

Hemos pasado unas vacaciones formidables.

7

Es la mejor panadería de la ciudad.

Te propongo que reflexiones sobre estos ejemplos.

Ejemplo 1: Es una opinión. No tenemos la misma visión sobre el orden. Algunos tienen necesidad* de que todo esté rigurosamente en su lugar, otros se encuentran más cómodos en medio de una atmósfera más «informal». A algunos les parece que en cualquier caso hay unos límites, por ejemplo, en una habitación de adolescente… ¡Pero no! Los adolescentes pueden vivir muy bien en medio de su habitación patas arriba. Para no afirmar lo que solo es una opinión, podría decir: «No puedo vivir en un lugar donde cada cosa no está en su sitio».

Ejemplo 2: Si el sol brilla, es una afirmación comprensible en su sentido más común. Pero esto no tiene por qué gustar a todo el mundo. Algunos pueden detestar el calor, preferir la lluvia o el viento… Algunos (los aficionados al esquí, por ejemplo) podrían decir: «¡Hace frío y nieva! ¡Hace buen tiempo!»

Ejemplo 3: Es una opinión, ¡fuente de muchos conflictos entre adultos y niños! ¡Incluso puedo llegar a decir que es una fuente de mucha violencia infligida a los niños2! Primera fuente de divergencia de opiniones: el niño pequeño tiene una visión a corto plazo y no establece ninguna relación entre su trabajo actual y su futuro. Segunda fuente: ¿qué concepto de éxito tenemos para la vida? ¿Qué sería ser feliz? ¿Estar bien situado? ¿Cuidar las cabras en la montaña y hacer queso? ¿Ganar un máximo de dinero? ¿Tener una vida simple y tranquila? Siempre se puede afirmar: «Pienso que es necesario que los niños triunfen en la escuela». De esta manera, damos una opinión, pero sin enunciarla como un hecho establecido.

Ejemplo 4: ¿De qué inteligencia hablamos? Este hombre puede ser capaz de razonamientos muy elaborados y de hacer síntesis geniales, pero ser incapaz de inteligencia emocional, de inteligencia del corazón… Así que, ¿podemos afirmar que es «inteligente»? Y esta afirmación también es una opinión.

Ejemplo 5: Los hechos observables son, por ejemplo, que esta mujer no sonríe nunca, o habla fuerte, o a menudo tiene los ojos llenos de lágrimas, o se aísla y no bromea con nadie, o suspira si se le pide una explicación… Esto no significa que no tenga un intenso deseo* de relaciones de calidad.

Ejemplo 6: ¿Estamos seguros, al hacer esta afirmación, de que el otro o los otros también han pasado unas vacaciones formidables? Uno se había marchado con el deseo de gandulear en la playa, de broncearse, de leer, de pasear por las calles, o bien de jugar partidas de petanca y beber un aperitivo con los amigos; otro quería visitar monumentos y escalar lugares importantes; el tercero deseaba hacer fotos originales y conocer a la gente del país…

Ejemplo 7: ¡En cualquier caso, es la que prefiero!

¡Imagina las dificultades de comunicación que tiene una mujer casada con un hombre inteligente, tiene frío cuando él tiene calor, es madre de un adolescente, trabaja con una colega poco sonriente y ha decidido marcharse de vacaciones con unos amigos que quieren que pruebe un pan que a ella no le gusta!

Marcos de referencias

Tener una opinión es, por supuesto, perfectamente legítimo. Los puntos de vista sólidos, los valores y los gustos afianzados estructuran una personalidad, como la columna vertebral mental del individuo. Nuestro marco de referencias nos da un esquema de lectura de lo que nos rodea y de los acontecimientos que surgen. Por lo tanto, no es cuestión de poner en duda la pertinencia de disponer de un marco de referencias. Comunicarse de manera no violenta no supone renunciar a las propias opiniones, muy al contrario. Veremos que la comunicación no violenta permite defender un punto de vista con intensidad y fuerza. Intensidad y fuerza…, ¡pero sin violencia!

Así pues, intentemos comprender cómo se construye este marco de referencias tan importante y, sin embargo, fuente de muchas tensiones entre personas de buena voluntad. ¡El lactante no nace con un marco de referencias! Sus experiencias y sus encuentros son los que lo modelarán. Poco a poco, se dibujará una personalidad, a partir de diferentes elementos.

Lo que creemos «verdadero»

En el crisol de nuestra familia, y después en el de la escuela, nos han inculcado unos principios a propósito de la religión, las profesiones, las prioridades que debemos tener, la comida, la mirada a hombres y mujeres, la sexualidad, la política, lo que es correcto o vergonzoso, lo que está bien o mal, etc3. Tanto si más adelante nos mantenemos fieles a ellos como si nos alejamos, no elegimos las primeras influencias de nuestro marco de vida y siempre quedará alguna cosa, tanto en positivo como en negativo. Es como un acento: no se nace con él, sino que se «adquiere» al aprender a hablar, al oír hablar, y siempre nos quedará una pizca de acento, aunque nos moleste… Esto es lo que fabrica los apriorismos*, los prejuicios: en nuestra cabeza, es un asunto previsible, ya juzgado.

Lo que se puede descodificar

Según los centros de interés que se nos han propuesto, según el vocabulario que se ha empleado con nosotros, según las explicaciones que se nos han dado o no, según la reflexión a la que nos han invitado o no, según nuestras aptitudes naturales y nuestros gustos, según las asignaturas que hemos estudiado y la manera en que nos las han enseñado, se han desarrollado nuestros centros de interés y nuestras competencias. ¿Existe la «cabeza para las mates»? Esta no es la pregunta, y se necesitarían varias obras para debatir sobre la parte innata y la adquirida. En cualquier caso, si «se nos dan las mates», tendremos más oportunidades de tener un pensamiento lógico, de construir a partir del razonamiento y las pruebas. Si somos «artistas», seremos más capaces de tener un pensamiento imaginativo, creativo. Si nos sentimos orientados hacia el campo de la mecánica, el funcionamiento de un motor nos resultará evidente. Si hemos estudiado ebanistería, el olor y el tacto de la madera se habrán convertido en una referencia. Esto nos permite comprender por qué una palabra o un concepto pueden, de entrada, provocar representaciones* tan diferentes en unos y otros.

Nuestra experiencia emocional

¡Estas huellas son las menos evidentes de desenmascarar pero, con mucho, las más activas! Las emociones son naturales, puras. Surgen en nosotros antes que la reflexión. En este sentido, son «sagradas» y siempre deberían respetarse. En la infancia hemos manifestado con mucha rapidez la alegría, la tristeza, el miedo o la cólera. ¿Cómo las ha acogido nuestro entorno? ¿Las ha comprendido o las ha reprimido, ridiculizado o ignorado? Hay que comprender que una emoción pisoteada produce una profunda desestabilización interna y hunde la confianza en uno mismo.

Si estoy furiosa contra un servicio administrativo porque no consigo lo que considero que es mi derecho, explico mi descontento y mi irritación, y la única cosa que puede calmarme es que se comprendan las razones de mi justa furia. Aunque el empleado al que me dirijo no pueda realmente darme satisfacción, al menos espero que me manifieste su comprensión, que se muestre apenado. Si me responde sin escucharme, tratándome como a un niño, esto puede multiplicar mi irritación y hacerme salir de mis casillas. Pero, como adulto, soy (¡en general!) capaz de analizar la situación de manera justa y de no explotar ni agredir a mi interlocutor.

¿Qué ocurre con un niño pequeño? Cuando está furioso contra un adulto, lo manifiesta de una manera «sin matices», y esto es normal, a su edad. Además, cuando experimenta otra emoción, es esta emoción. Ahora bien, no es raro que los adultos juzguen al niño, lo regañen o lo castiguen porque la manifestación de su emoción los molesta. El niño pequeño no puede rebelarse, y tampoco tiene la facultad de comprender lógicamente que aquí está en juego el límite del adulto. Si los padres tienen esta actitud, sobre todo la madre, el niño se pondrá a dudar de sí mismo: «Mamá forzosamente tiene razón cuando me dice que no debería sentir lo que siento; sin embargo, lo siento y, por lo tanto, ¡es que soy anormal!» No existe un peor destructor de la confianza en uno mismo que este fenómeno4.

Por otra parte, todos los placeres y sinsabores, todas las ocasiones de miedo, las injusticias y las traiciones, todos los abandonos vividos, todas las penas pasadas participan intensamente en la construcción de un marco de referencias: «¡Atención, pensar así o hacer esto puede resultar muy doloroso!», nos dice una vocecita no identificada pero omnipresente…

Ejemplo concreto

A la luz de lo que precede, vamos a estudiar un ejemplo imaginando una conversación entre nosotros.

Ejercicio 2

Yo: «Voy a decirte una cosa verdadera e importante para mí: me horroriza el perfume Opium de Yves Saint Laurent, me horroriza el perfume Ysatis de Givenchy y me horroriza un tercer perfume (cuyo nombre no recuerdo)».

Marca la respuesta más cercana a lo que dirías:

¡Pero si Opium huele bien!

Ysatis es mi perfume, así que no quisiera molestarte.

¡Me importa un pimiento!

¿No te gustan los perfumes de marca?

¿Eres alérgica?

¡Sin duda, exageras al decir que te horroriza!

¿De verdad no te acuerdas del nombre del tercero?

Tus gustos me importan poco, ¡no he comprado este libro para saber si te gustan los perfumes!

Pocas personas son capaces de interesarse espontáneamente por el mensaje del otro sin verse invadidas por sus propios marcos de referencias. Veamos la posible fuente de una dificultad de comunicación5.

Analicemos. Cuando digo que me horrorizan estos perfumes, el mensaje (el significante) tiene un sentido para mí (el significado), por ejemplo:

Un mensaje codificado

Vemos claramente que un marco de referencias personal puede codificar un mensaje recibido. ¡Mucho más allá del sentido común, lo más importante del mensaje es el sentido para uno mismo! ¿Qué puede haber pasado para que «tú» me respondas así? Tu propio marco de referencias ha filtrado las informaciones recibidas.

Por ello, has podido ser «formateado» para considerar que el perfume es algo esnob, o que solo los perfumes famosos son buenos perfumes, o que no tenemos derecho a decir «me horroriza…», etc. ¿Mis palabras te han chocado, te han sorprendido? Dado que estamos más a gusto con lo que comprendemos, quizá, en un primer tiempo, has «rechazado» mi idea. ¿Tal vez ha surgido un juicio en ti? ¿Quizá has tenido la intención de no herirme con tu respuesta y te has dicho que podrías darme a entender hábilmente que este mensaje te indisponía? Hábilmente, porque eres una persona llena de buena voluntad, pacífica y amable, porque te han enseñado que no hay que atacar directamente, no hay que ser maleducado, porque tienes miedo de enfadarte o de despertar las iras contra ti… Por lo tanto, tu respuesta ha pasado por tu marco de referencias.

Todo esto se va a complicar más, porque tu respuesta pasará después por mi marco de referencias…, y me empujará a juzgar. Entonces intentaré responderte hábilmente, ¡porque soy una persona amable y llena de buena voluntad!

Vemos en qué puede convertirse la situación al cabo de cinco o seis intercambios. Cada uno, con más fuerza y convencido de su buena fe, de su sinceridad y de su buena voluntad, ¡va a acusar al otro! Entonces, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? ¿Quién es el huevo y quién, la gallina?

Sin embargo, en esta configuración, a menudo basta con explicar por qué se ha emitido el mensaje de esta manera para que cada uno comprenda el origen de la confusión y después poder bromear juntos sobre el incidente.

Creencias

Las cosas se complican todavía extraordinariamente cuando el marco de referencias se convierte en una creencia.

Una creencia es una certeza que concierne a un ámbito sujeto a varias interpretaciones o apreciaciones. La religión es uno de los ejemplos más identificables. Algunas personas están absolutamente convencidas de la existencia de Dios, mientras que otras están absolutamente convencidas de lo contrario. Algunas personas están absolutamente convencidas de que solo un Dios determinado existe, mientras que otras creen que es este otro. Al estudiar la historia antigua o moderna se constata hasta qué punto, desde hace mucho tiempo, los integrismos religiosos han sido responsables de las peores brutalidades, de las peores violencias.

¡La comunicación no violenta supone admitir que el otro tiene derecho a tener sus propias creencias! Todos tenemos apriorismos, prejuicios; identificamos con mucha facilidad los ámbitos de intransigencia de nuestro interlocutor, pero consideramos los nuestros como «normales».

Te propongo que examines las afirmaciones siguientes y analices si, para ti, se trata de marcos de referencia (cercanos o alejados de los tuyos) o de creencias (a las que te adhieres o a las que rechazas), y con qué intensidad.

Ámbito profesional

Afirmación

Marco de referencias

Creencia

Los jefes son autoritarios.

Los sindicalistas son unos holgazanes.

Un equipo de trabajo debe ser amistoso.

Nunca hay que hacer horas extras.

Las reuniones son una pérdida de tiempo.

Ámbito de la educación

Afirmación

Marco de referencias

Creencia

Hay que dar de mamar a los hijos.

Hay que dejar llorar a los bebés y, al final, acabarán por dormirse.

Hay que decir buenos días, buenas noches, gracias, por favor, etc.

Los adolescentes tienen que ordenar su habitación.

En nuestros días, los niños están peor educados.

Ámbito de las relaciones amorosas

Afirmación

Marco de referencias

Creencia

La fidelidad es absolutamente indispensable en una pareja.

Los hombres son unos egoístas.

Lo que se refiere a los niños es un asunto de la mujer.

El hombre es más racional; por lo tanto, a menudo tiene razón.

Las mujeres saben escuchar mejor.

Si quieres continuar con esta introspección, puedes preguntarte cómo se han construido tus marcos de referencias y tus creencias. ¿Qué te han dicho? ¿Quién te lo ha dicho? ¿En qué circunstancias esto se ha inscrito en ti?

Los marcos de referencias, construidos a lo largo de toda la vida a partir de la educación y las experiencias, impregnan completamente la lógica, la organización del pensamiento, el comportamiento y el discurso de cada uno…, ¡pero cada uno a su manera!

La comunicación no violenta utiliza «herramientas» que detallaremos más adelante, pero se basa ante todo en una actitud personal de apertura de la mente.

Orígenes de los conflictos

Las diferencias de opinión

Necesidad de armonía

Numerosos experimentos demuestran que el ser humano es espontáneamente sociable, que tiene ganas de tener relaciones agradables y que está dispuesto a ayudar. Si le preguntas una dirección a alguien desconocido en la calle, no es raro que esta persona te responda muy amablemente e intente de verdad ayudarte. Incluso es posible que gracias a esta buena disposición, si no conoce la respuesta, movilice a otras personas o incluso invente detalles. Esta actitud se explica por la gratificación que aportan una sonrisa, un agradecimiento y la sensación de haber sido útil.

El niño muy pequeño sin duda es egocéntrico*, pero aprende hacia los cuatro o cinco años el interés de la socialización; de esta manera, se beneficiará de la posibilidad de jugar con otros niños. Incluso a muy corta edad, el niño se preocupa por su entorno cercano. Tiene necesidad de sonrisas y de atención, e intenta, con sus medios de personita, participar en el mantenimiento de un buen ambiente.

El ser humano prefiere de forma natural las relaciones armoniosas y tranquilas. Al empezar en un nuevo trabajo, esperamos que el ambiente sea agradable y estamos dispuestos a participar en el juego. Cuando nos casamos, estamos sinceramente decididos a vivir una historia muy bella. Hablo aquí de los inicios de la relación, antes de que las dificultades de comunicación alteren este mundo ideal.

Divergencias perturbadoras

Estas dificultades a menudo simplemente tienen relación con diferencias de representación y de opinión. Entremos en materia sobre el tema. Te propongo que pienses en «una isla». Imagínatela: ¿cómo te la representas? Escribe en el cuadro siguiente lo que quieras a propósito de esta isla surgida de tu imaginación.

Una isla

Nota: para este ejercicio, igual que para los siguientes, no dudes en anotar tus respuestas en una hoja de papel aparte si necesitas más espacio.

¿Qué te ha venido a la mente? ¿Una playa de arena blanca y unos cocoteros? ¿Córcega? ¿Un faro tomado por asalto por las olas en el canal de la Mancha? ¿El deseo de vivir la aventura de Robinson Crusoe? ¿La guerra entre ingleses y argentinos en las islas Malvinas? La lista podría ser larga… Es importante constatar que entramos en comunicación con lo que una palabra evoca en nosotros. Hasta el momento no habría demasiado material para desencadenar un conflicto, bastaría con precisar de qué «isla» estamos hablando.

Ahora, piensa en «la limpieza» y escribe a continuación lo que te viene a la mente.

La limpieza

¿Hacia qué ámbito se ha orientado espontáneamente tu pensamiento? ¿La limpieza del cuerpo? ¿La de la casa? ¿La de la ciudad? ¿La que has echado de menos durante un viaje a un país exótico? ¿La que tienes que soportar? Si has pensado en la limpieza del cuerpo, ¿cuáles son tus criterios? Podemos enumerar todas las partes del cuerpo… ¿Qué hay que lavar? ¿A qué ritmo?

¡Ya vemos que cada uno tiene su propia idea del asunto! Además, esta idea puede evolucionar en nosotros mismos según los momentos de la vida, las épocas y las circunstancias. ¡Hace una cincuentena de años, la ducha diaria estaba lejos de ser un principio básico! ¿Y quién nos dice que, si la gestión del agua del planeta no se controla, no volvamos a las dos duchas a la semana, o incluso a una sola? Algunas personas ponen mala cara, piensan en los olores «medievales», mientras que otras se ponen a reflexionar en los problemas ecológicos, ¡y otras quizá se alegran porque no les gusta nada la ducha! ¿Quién tiene razón?

Estos dos ejemplos ya ayudan a comprender la fuente de las dificultades de comunicación. Sin embargo, en este caso, cada uno tiene su isla, cada uno prefiere su forma de higiene. Se trata de un asunto personal, que solo compromete a uno mismo, aunque también es un asunto entre padres e hijos, o de los colegas que comparten la misma oficina, o de las personas que tienen el proyecto de partir juntos a una isla…

Respeto

Continuemos con nuestro pequeño juego. Deja que surja en tu mente tu concepto de la honestidad, de la amistad, del compromiso, de la pareja, de la educación, del respeto… Cada una de estas palabras comprende una representación personal que ningún diccionario del mundo puede uniformizar… ¡Y surge la gran palabra: ¡el respeto!

«¡Él no tiene ningún respeto!»; «¡Ella no respeta nada!»; «¡Él me falta al respeto!»; «¡Yo soy respetuoso!» Conocemos las variantes: «¡Yo respeto si me respetan a mí!»; «¡Si él quiere que lo respete, solo tiene que respetarme a mí!»; «¡Solo le pido que respete algunas reglas elementales!» La indignación es entonces manifiesta.

Esta falta de respeto a menudo es un sentimiento* que se experimenta, pero raramente una realidad objetiva: el otro rara vez es deliberadamente irrespetuoso. Experimenta el mismo sentimiento y realiza los mismos juicios negativos sobre nosotros. Esto es especialmente destacable durante las terapias de pareja: uno y otro tienen buena fe (puesto que, si participan los dos en la terapia, es porque buscan una solución para salvaguardar su unión), pero cada uno habla a partir de sus propias heridas y acusa a su pareja de dar muestras de negligencia comportándose de una manera que no le conviene. Cada uno, con la misma sinceridad, toma al terapeuta como testigo de lo bien fundado de su opinión y de la ligereza, las malas intenciones, la estupidez o la infamia del otro.

La sensación de falta de respeto es una reacción a lo que sentimos como una necesidad absoluta, puesta en peligro. Ahora bien, nuestras necesidades son legítimas para nosotros, pero no universales. Si tengo necesidad de comer, de orden, de caricias, de silencio, de aire fresco, de calor, de lo que sea, esto es indudablemente cierto para mí, pero no lo es para los que me rodean.

En la oficina

Si dos colegas comparten la misma oficina y una abre la ventana, no es para molestar a la otra, que es friolera, es sin duda porque ella misma tiene demasiado calor. Si la friolera, por su parte, cierra la ventana, no es con la intención de molestar a la primera, sino porque tiene frío. El conflicto puede volverse violento a partir del momento en que una acusa a la otra de malas intenciones, es decir, de falta de respeto. En efecto, esto es lo que a menudo nos resulta más insoportable y que nos encoleriza más: vivimos como una injusticia muy grande el hecho de ser acusados de haber querido hacer daño.

Los conflictos de intereses

Si duda, todos nos hemos sentido identificados con algunas de estas situaciones, algunas de las cuales a veces dan lugar a conflictos. La posición del «otro» ha podido desencadenar en uno mismo una auténtica cólera o un auténtico desprecio, porque ha podido pensar que era perfectamente egoísta, indiferente a nuestras propias preocupaciones. ¿El «otro» lo hace a propósito? La reacción espontánea a menudo está impregnada de cólera y, con frecuencia, le falta objetividad. Por eso, la comunicación que se emite en estos momentos tiene un gran riesgo de ser una «comunicación violenta».

Las luchas de influencia y de poder

En una obra sobre la no violencia, parece indispensable decir algunas palabras sobre el poder. Establezco una distinción entre poder y autoridad*.

La autoridad

La autoridad se sitúa en la relación. Una persona que tiene una cierta autoridad (y no una persona que es autoritaria) ejerce una influencia de forma natural. Es un líder, a veces es una persona carismática. La gente acude a ella por su propia voluntad. Esta influencia puede ser muy positiva, pero también negativa, por ejemplo el gurú de una secta. En este caso, el líder ejerce un poder a través de su influencia: pone a la persona bajo su dominio, lo cual es lo mismo que hablar de abuso de poder.

El poder

El poder se sitúa en el registro de la exposición. Obtiene alguna cosa concreta de una persona, tanto si esta quiere como si no y tanto si lo sabe como si no. Supone, por parte del que lo ejerce, una voluntad y una puesta en práctica. Es una capacidad de «actuar sobre» con un efecto o bien positivo, o bien negativo. El poder puede instituirse, como en el caso de la jerarquía, o puede ser de hecho: por ejemplo, los niños están bajo el poder de los adultos, tanto en casa como en la escuela.

Cuando existe la voluntad de someter al otro y de extraer un provecho personal de él (material, intelectual, de influencia o de gloria…), se produce abuso de poder. Sin embargo, la idea del poder no debe rechazarse a priori. Un médico, un progenitor, un organizador, un dirigente, un político o un educador pueden ejercer su poder de una manera totalmente constructiva, si no confunden su función con su identidad y si no se aprovechan de la situación para imponer lo que sea en nombre de una ley que ellos mismos han decretado.

La comunicación no violenta no puede, por supuesto, asociarse, ni de cerca ni de lejos, a una lucha del tipo que sea contra el otro. Puede asociarse mucho mejor con la lucha por el otro…

Isabelle

Es educadora de personas jóvenes con dificultades muy grandes, la mayoría de las cuales ya han tenido problemas con la justicia. Isabelle me cuenta que un día le dijo a un hombre joven que estaba en un momento de renuncia: «Mira, K., ¡cuando te veo así, me entra la cólera! ¡No es una cólera contra ti, sino una cólera por ti!» Esto le hizo comprender que realmente tenía ganas de que él saliera adelante, que no era una educadora indiferente, sino una educadora implicada*, y que creía realmente en él. A partir de aquel momento, él confió en ella.

Para mí, esto es una ilustración muy justa de una comunicación no violenta en una situación de poder. Es una comunicación verdadera, intensa, durante la cual se apoya con firmeza una postura.

Por desgracia, por un ejemplo como este, existen muchos otros mucho menos positivos:

Cada una de estas frases podría terminar por: «… ¡y estoy muy enfadado contigo / contra vosotros porque no estáis de acuerdo!»

Ejemplos concretos

Te invito una vez más a una pequeña reflexión personal.

Ejercicio 3

¿Sobre qué personas tienes poder?:

¿Ejerces este poder de manera positiva o no? Para saberlo, puedes hacerte algunas preguntas: ¿te ocurre a veces que hablas más fuerte?, ¿que impones alguna cosa justa porque te conviene?, ¿que no tienes en cuenta al otro?, ¿que haces chantaje, eventualmente afectivo?, ¿que haces juicios precipitados?, ¿que decides solo para ir más deprisa cuando no existe realmente una urgencia?, ¿que utilizas la desvalorización?, ¿que haces callar porque estás cansado?, ¿que utilizas tu fuerza física para imponer a alguien más débil cosquillas o besos, por no hablar de bofetones, azotainas, etc.?

Mi propósito no es criticar o hacer sentir culpable ni a un jefe preocupado por la eficacia, ni a un profesor desbordado, ni a una madre cansada, y me pregunto qué clon de Buda sería capaz de responder no a todas estas preguntas. Se trata solamente, cuando se desea practicar la comunicación no violenta, de identificar cómo se inmiscuye la violencia subrepticiamente en nuestras palabras y en nuestra manera de actuar en cuanto nos encontramos en una posición de poder. Cuando se quiere modificar la relación que se tiene con los demás, es indispensable empezar por analizar honestamente cuáles son los puntos en los que se puede trabajar sobre uno mismo. También es una buena noticia: aunque no pueda modificar nada en el otro solo porque me gustaría, puedo evolucionar yo mismo y, de esta manera, conseguir las relaciones de calidad que deseo.

Ejercicio 4

Empieza por escribir el nombre de todas las personas ante las que te sientes más o menos molesto. Selecciona ejemplos de la vida personal, de la vida profesional, de la vida con los amigos o social. Clasifícalos en estas columnas según si te irritan un poco, moderadamente, mucho, enormemente…

Nombres

Un poco

Moderadamente

Mucho

Enormemente

Revisa todos estos nombres y evalúa si estás en conflicto con estas personas por razones de ideas, de interés o de poder.

Nombres

Ideas

Interés

Poder

Repite exactamente la misma tabla, pero esta vez llénala con el punto de vista de estas personas. En tu opinión, ¿qué experimentan ellas ante tu irritación (o ante tu fuerte cólera)? ¿Qué piensas que escribirían si estas personas fueran las que llenaran la tabla sobre ti?

Nombres

Sentimientos experimentados

¿Hay una parte de verdad en su valoración? En caso afirmativo, ¿cuál? ¿Por qué?

Nombres

¿Sentimiento justificado?

¿Por qué?

Lo esencial para recordar

Todos los seres humanos intentan hacerse comprender, ser escuchados, comunicarse…

Los conflictos surgen con mucha mayor frecuencia de malentendidos que de la mala voluntad de los interlocutores.

Todos los individuos tienen, con toda legitimidad*, opiniones y deseos que a veces van en contra de las opiniones, los intereses o los deseos del otro.


2. Véase mi obra Votre enfant, votre adolescent, les violences et l’école, e-book Kindle, Amazon, 2013.

3. Véase mi obra 50 exercices de psychogénéalogie.

4. He detallado el papel de las emociones en la vida cotidiana en mi primera obra, Et l’émotion se fait chair.

5. ¡De todos modos, debo precisar que este ejemplo es completamente imaginario y no corresponde a la realidad!