DE SIBERIA A LAS QUINCE LETRAS
Un personaje más bien cuadrado, regordete, de traje de tres piezas y Stetson, decía en junio de 1910 a un grupo de señoritas progresistas y por tanto antirreeleccionistas:
…pisotean el pacto constitucional encarcelando a los escritores independientes, confiscando imprentas, amordazando a los escritores públicos y consignando al servicio de las armas a ciudadanos que forman en los clubes políticos. ¿Y para qué seguir? Es muy posible que esto suceda en Rusia; pero en Rusia no hay constitución que ampare a sus habitantes, por eso digo que estamos peor que allá. No faltará quien nos hable de las horrorosas prisiones de Siberia, olvidando que nosotros tenemos el Valle Nacional, San Juan de Ulúa y Tres Marías que, como horrorosas, no las envidiarían los carceleros del autócrata de todas las Rusias.
Este personaje que describía la negra situación por la que pasaba la República Mexicana era José Abraham Pablo Ladislao González Casavantes. Era también el portavoz, el hombre fuerte del maderismo en Chihuahua. Y el maderismo era ese eufórico movimiento de clases medias un tanto tímidas y un algo ilustradas que pretendía sacar del poder a Porfirio Díaz, el casi eterno dictador.
Abraham González era el fundador y presidente del Club Antirreeleccionista Benito Juárez de Chihuahua, creado en julio de 1909. Era el hombre de Francisco Madero. Y Madero era ese hacendado hijo de hacendados, espiritista, educado por los jesuitas, estudiante de agricultura en escuelas estadounidenses y de negocios en escuela de París, de 37 años, que se había propuesto romper la espina dorsal de la dictadura con un lema muy simple: “sufragio efectivo, no reelección”, que traducido al lenguaje cotidiano significaba “no fraude electoral y que Díaz se vaya de una buena vez”. Un lema que convocó a buena parte de la disidencia social y política que no había sido captada previamente por el magonismo, que desde el inicio del siglo había enfrentado a la dictadura militarmente. Una disidencia más suave, marcada por la combinación de elogios al dictador y reclamaciones a su vocación de eternidad, a su lastre para la “modernidad”, a los abusos de los “suyos”, como se lee bien en el bestseller que Madero escribió en 1908: La sucesión presidencial de 1910.
Madero llegó a Chihuahua en enero de 1910 en campaña electoral. Existe una versión, sin duda falsa, de que Madero y Pancho Villa se conocieron en esa ocasión. Abraham le habría presentado a Villa en el hotel Palacio. Si es así, nadie más los vio, ni siquiera el que lo cuenta. Hubiera resultado muy peligroso para Madero asociarse en público en plena campaña electoral con un notorio bandido.
Los acontecimientos se suceden con rapidez: en abril la convención que promueve la fórmula Madero-Vázquez Gómez por el Partido Antirreeleccionista. En junio las elecciones, Madero encarcelado acusado de subversivo, mecanismos que dan la victoria nuevamente a Porfirio Díaz con la ayuda de un potente fraude. En Chihuahua gana Díaz por 351 votos a 35 (dentro de un sistema indirecto de electores), a Madero no le cuentan votos, hay irregularidades sin fin.
Madero sale de la cárcel, se exilia y lanza el Plan de San Luis desde San Antonio, Texas (fechado el 5 de octubre, último día de Madero en San Luis, pero promulgado más tarde): “He designado el domingo 20 de noviembre entrante para que, de las 18 horas (hasta la hora dada) en todas las poblaciones de la república se levanten en armas”. La oposición blanda se endurece. Las dictaduras sólo se derrocan a tiros. La red electoral se transmuta. Abraham González, que recibirá un nombramiento de coronel que le manda Madero desde Estados Unidos, llevaba un buen tiempo tras el fraude electoral, buscando hombres dispuestos a alzarse en armas y había elegido para jefe militar de la rebelión en Chihuahua a Manuel Salido. Comienza a buscar cuadros militares. ¿En qué momento y cómo pone los ojos en Pancho Villa? No es sencilla decisión la de asociar un bandido a un movimiento político sujeto al bombardeo de la prensa que la dictadura puede lanzarle para fomentar su desprestigio.
Se cuenta que Villa le parecía a Abraham “importante pero peligroso”. Lo peligroso es claro, pero ¿lo importante? Villa nunca había sido hombre de grandes hazañas ni de grandes grupos. Era un gran tirador, conocía Chihuahua como nadie, era un hombre de acción arriesgado; pero eso no es suficiente. ¿Qué veía en él Abraham que otros no veían? ¿Qué indicadores tenía de que el bandido Pancho Villa aceptaría volverse el revolucionario Villa?
¿Cómo se encontraron? Sobre el tema abundan las versiones. Supuestamente se conocían previamente de la época en que Abraham era tratante de ganado y Villa cuatrero. Probablemente algún negocio habrán hecho juntos.
Según el testimonio de Rayo Sánchez Álvarez, Villa había sido presentado a Abraham por Victoriano Ávila; según otros, había sido contactado por el coronel Lomelín. En la versión de Abraham, contada por Silvestre Terrazas, él lo mandó citar; Medina cuenta que Pancho se enteró de que Abraham andaba haciendo reuniones y fue a verlo. Puente dice que Villa fue el que propició la reunión con Abraham. Siendo esa reunión el eje de esta historia, curiosamente, en las autobiografías que le escribieron, Villa pasará por encima de ella sin darle mayor importancia.
Silvestre Terrazas afirmó que Abraham González había intentado varias veces una reunión con Villa y éste se había negado. ¿Por qué cambió Villa de opinión y finalmente aceptó la reunión?
Abraham tiene al entrevistarse con Villa 46 años, unos estudios incompletos de enseñanza media en la ciudad de México y un curso comercial en Indiana, del que regresó hablando un fluido inglés. En 1887 retorna a Chihuahua y tiene multitud de oficios: cajero de banco, administrador de tranvías, negocios de minas, agente ganadero por cuenta de unos estadounidenses; no hay nada que lo haga destacar, no tiene un discurso muy radical, aunque curiosamente es partidario del voto femenino. Fabela lo describe: “Alto, robusto, un poco abultado de vientre, moreno de tez sin ser oscuro, bigote tupido y entrecano”. Puente completa: “Ojos de un café claro con pequeñas salpicaduras verdes, tiene una movilidad impresionante y una expresión que se contradice y esa parece ser la causa de su constante rodar por las órbitas ligeramente salientes”. Era soltero, “su novia era la revolución”.
Cómo se fraguó la reunión es francamente oscuro y la fecha lo será también; la única precisión la tenemos en un autor generalmente no muy confiable en esto de la exactitud, Antonio Castellanos, que dice que fue “una noche de agosto” (varias fuentes fecharán la reunión en octubre, lo que por los acontecimientos que se narran más tarde no parece cierto).
El lugar también será objeto de discrepancia. Unos dicen que fue en la casa de Villa, en el número 500 de la calle Décima; Villa dirá que se hizo en las oficinas del Club Antirreeleccionista en Chihuahua (en la casa número 259 de la calle Tercera) “a las nueve de la noche, en un cuarto donde no más había una mesa con papeles y unas cuantas sillas”.
Terrazas ofrece una descripción de esta primera reunión: “Desconfiado como el que más, Villa concurrió a la cita acompañado de uno de sus hombres de mayor confianza: el tuerto Domínguez, llegando al obscurecer, sin encontrar a don Abraham. Esperaron en el amplio zaguán, en largo asiento de cantera y adobe, cubriendo sus rostros con grandes sarapes y tocados con enormes huicholes […] Un rato después llegó el jefe del antirreeleccionismo regional y más adivinando que viendo los dos bultos de ensarapados, entró calmosamente, dirigiendo un saludo colectivo a los visitantes”. Villa completa: “El cuarto estaba a oscuras y sacamos el cuete”. No está mal esto de la desconfianza en un hombre que ha sobrevivido muchos años gracias a ella y que en esos momentos tiene varias órdenes de captura. Abraham contaría más tarde que sacó cerillos y llaves para entrar en su despacho y aquellos que lo seguían desenfundaron. Los calmó. Luego habría de proponerles que se sumaran a una revolución que aún no había sido anunciada y les leería fragmentos de el Plan de San Luis.
¿Qué pasa en ese cuarto? ¿Tan fuerte es la palabra de Abraham para ganarse a Villa? ¿Es lo que Villa ha estado buscando en estos últimos años y finalmente encuentra? Una razón que justifique y le dé sentido a una vida en el límite, donde la pistola y el riesgo andan de la mano. Un sentido para la acción. Villa no tiene formación política. Algunas fuentes dicen que previamente leyó el Plan de San Luis en una cueva donde estaba escondido, otras que había tenido contacto con el magonismo chihuahuense. Hasta donde sabemos ambas cosas son falsas.
Sin embargo no será la última vez que a Pancho lo deslumbre el discurso de un personaje, siempre y cuando le explique lo que previamente él tiene en la cabeza de una manera caótica y el hombre despliegue junto a su vehemencia, sinceridad.
El hecho es que, en esto que Vargas llama “algo así como la fábula de San Francisco de Asís y el lobo”, no dándole mucha credibilidad a la idea de que Villa haya adoptado una idea sólo con una conversación, más allá de que los futuros testimonios de Pancho y Abraham lo avalen, se produce un cambio radical en la historia. Villa lo dirá de manera más simple: Abraham González le pareció un hombre de “listura” y lo convenció.
Y de la noche a la mañana era un revolucionario sin revolución, un bandido jubilado, fuera de la ley pero no fuera de la justicia, un vengador de agravios. ¿Era tan difícil la transición?
Mientras esperaba la convocatoria de Abraham, Villa protagonizaría un acto que habría de significar su definitivo rompimiento con su doble vida semiclandestina en la ciudad de Chihuahua.
Claro Reza tenía 22 años. Era alto, delgado, de complexión robusta, nariz aguileña, ojos cafés, ceja y bigote negros, muy poblados, simpático, violento, amante de la charrería. Estaba casado y tenía tres hijos. Políticamente inquieto y ligado al antirreeleccionismo. Pero también tenía una vida secreta: Reza era miembro de la policía reservada. La prensa lo delataría involuntariamente más tarde: “… este agente, ex presidiario, estaba comisionado por la Jefatura Política para aprehender o denunciar a unos abigeos”.
Villa cuenta: “Claro y yo vendíamos ganado robado a Enrique Creel, quien un día se negó a pagarnos el precio convenido, entonces las autoridades me persiguieron por abigeo”. Reza va a dar a la cárcel por el robo de unos burros (o por el robo de 22 cabezas de ganado) y negocia su libertad con Juan Creel diciendo que si lo sueltan y lo meten a los rurales les entrega a Villa. “Los Creel sobornaron a mi compadre Claro para que me traicionara”. Detenido junto con Pablo López y otro, fue condenado a cuatro años y ocho meses, pero salió semanas más tarde, comprometido con el jefe de los rurales, el mayor Santos Díaz, a trajinarse a sus cómplices.
Un día en que Villa iba a entrevistarse con Abraham González, fue cercado junto con Soto y Sánchez por un grupo de 25 rurales al mando de Claro Reza. A las cuatro de la mañana, cuando los rodeados estaban decididos a abrirse camino a tiros, los rurales se retiraron. ¿Rehuyeron el tiroteo? ¿O Claro iba a entregar a Villa, pero se debatía entre dos fidelidades?
Se ha dicho, aunque no parece tener mucho sustento, que Reza estaba en el secreto del futuro alzamiento (el llamado de Madero aún no se había promulgado) y a pesar de que se había juramentado para callarse lo andaba divulgando.
Villa, en una de sus entradas a Chihuahua, se encontró a Claro Reza rodeado de algunas personas en la calle 22 esquina Zarco, a las puertas del expendio de carne número 14, enfrente de la cantina “Las Quince Letras”. (¿Y cuáles serían esas 15 letras? Porque hijodelachingada tiene 16, aunque chingatumadre o Vivachihuahua tienen 13.)
El encuentro se produjo un día 8 de septiembre. Era un “jueves a las 10 de la mañana, cuando desembocaron por aquel lugar tres individuos desconocidos, jinetes en unas cabalgaduras de colores, colorado, negro, golondrino y tordillo, respectivamente” (curiosa crónica periodística que hace que tres jinetes vengan en cuatro caballos).
Villa se le acercó y le dijo: “Claro, baja que tengo un asunto que arreglar contigo”, y Claro le respondió “Seguro”, y bajó hacia un “canal” a donde Villa lo siguió y sin advertencia previa le descargó la pistola. Le metió dos tiros (“dos balas de calibre 44 y el casco de cobre de una bala explosiva”, diría la autopsia). Todas las heridas que Claro recibió eran mortales. Si sacó la pistola, no le dio tiempo a usarla. Uno de los compañeros de Villa desmontó, tomó a Pancho del brazo y se lo llevó.
Sin que nadie les estorbara el paso, Villa y sus dos compañeros se fueron tranquilos, retadores, a paso de caballo, hasta salir por la garita poniente. Un corrido cantaría más tarde que se detuvieron a comer un helado. Probablemente fue cierto.
Ocho gendarmes montados salieron en su persecución “y telefónicamente se dio orden a las autoridades de los pueblos cercanos para que procedieran desde luego al arreglo de una batida”. Se juntaron para perseguirlos cincuenta hombres, poco tiempo después del tiroteo. Villa había sido claramente identificado.
A pesar de hallarse perseguido y de que su nombre andaba en todas las comidillas de Chihuahua, Villa continuó entrando a la ciudad y mantuvo nuevas reuniones con Abraham, que tras el llamado del 5 de octubre había intensificado los preparativos. Ramón Puente cuenta que cierta vez que había ido a visitar a un pariente enfermo vio que en la casa de la calle Décima estaba Villa y andaba haciendo acopio de armas y monturas. No sería la única vez. Jesús Trinidad Reyes recuerda que asistió a una fiesta nocturna en la que Villa se hizo compadre del carnicero José Alcalá, y que Villa ya andaba perseguido. Lo recuerda como muy simpático, y que repartió bolo a los niños, pero que tenía a alguien vigilando afuera mientras estaba de parranda. Otros testigos cuentan que un niño como de unos diez años servía de vigía en la cercanía de la puerta. “Ahí viene el doctor”, eran las palabras claves para salir de estampida.
NOTAS
a) Fuentes: Almada: Vida, proceso y muerte de Abraham González y La revolución en el estado de Chihuahua. Puente: La dictadura. Castellanos: Francisco Villa su vida y su muerte. Terrazas: El verdadero. Calzadíaz: Hechos reales de la revolución, tomo 1 (junto con Puente en “Villa”, cuenta el supuesto encuentro de Villa con Madero en 1910). Salvador Villalobos: “Las primeras armas de la revolución”. Puente: “La verdadera historia de Pancho Villa por su médico y srio. RP”. Bonilla: Diez años. Romo: Ringside seat to a revolution. Luz Corral: Pancho Villa en la intimidad. Pere Foix da una versión del discurso de Abraham a Villa muy poco fiable.
Claro Reza. Almada: Revolución. M. Luis Guzmán: Memorias. Katz: Pancho Villa, citando al gobernador Alberto Terrazas. Puente: Francisco Villa (data el asesinato en julio de 1910). Testimonio de Soledad Armendáriz en Osorio: Pancho Villa, ese desconocido. Martín H, Barrios: “El Plan de San Luis y los levantamientos…”, Vargas: A sangre y fuego… En la versión de Calzadíaz los hechos no se produjeron frente a la cantina sino frente a una carnicería (Ceja: Cabalgando…: la carnicería estaba enfrente de la cantina). El Correo de Chihuahua 10 de septiembre de 1910, J. Trinidad Reyes: “Villa as avenger: The murder of Claro Reza”. Pascual García Orozco: La estampida del centauro. Terrazas: El verdadero. John Reed: México Insurgente.
Por cierto que el hermano de Claro, Cruz Reza, sería villista y moriría en combate en 1917.