Hay una cualidad que uno debe poseer para ganar, y es determinación de propósito, el conocimiento de lo que uno quiere y un deseo ardiente de lograrlo.
Napoleon Hill
Antes de que pueda determinar cuál es su «sapo» y tragárselo, tiene que decidir exactamente qué quiere lograr en cada faceta de su vida. La claridad es el concepto más importante en productividad personal. La razón número uno por la cual algunas personas consiguen hacer más trabajo más rápido es porque tienen absoluta claridad sobre sus objetivos y no se desvían de ellos.
Cuanto más claro tenga lo que quiere y lo que tiene que hacer para lograrlo, más fácil le será superar la postergación de las decisiones, tragarse ese sapo y no parar hasta completar la tarea.
Una de las razones principales de la postergación de las decisiones y la falta de motivación es la vaguedad, la confusión acerca de lo que se supone que tiene que hacer y en qué orden y por qué razón. Tiene que evitar esta situación habitual y luchar por la mayor claridad posible en todo lo que haga.
Una gran regla para el éxito:
piense sobre papel.
Sólo un tres por ciento de los adultos tiene objetivos claros escritos. Esas personas consiguen cinco o diez veces más que gente de igual o mejor educación y capacidad pero que, por la razón que sea, nunca se han dado el tiempo para escribir exactamente lo que quieren.
Hay una poderosa fórmula, que puede usar durante el resto de su vida, para establecer y lograr objetivos. Consiste en siete pasos muy sencillos. Dar cualquiera de estos pasos —si es que aún no los ha dado— permite duplicar o triplicar la productividad personal. Muchos graduados de mis programas de entrenamiento han aumentado drásticamente sus ingresos en pocos años, o incluso en pocos meses, con la utilización de este sencillo método de siete pasos.
Paso número uno: Decida exactamente qué quiere. O bien decide por sí mismo o bien siéntese con su jefe y exponga sus objetivos y metas hasta que tenga claro qué se espera de usted y en qué orden de prioridades. Es sorprendente la cantidad de personas que trabaja día tras día en tareas de poco valor porque no han tenido esta conversación decisiva con su jefe.
Regla: uno de los peores usos del tiempo es hacer muy bien algo que no había ninguna necesidad de hacer.
Dice Stephen Covey: «Antes de que empieces a trepar por la escalera del éxito, comprueba que esté bien apoyada contra el edificio correcto».
Paso número dos: Escríbalo. Piense sobre papel. Cuando escribe su objetivo lo cristaliza, le da una forma tangible. Crea algo que puede tocar y ver. Por otra parte, un objetivo o meta que no está escrito sólo es un deseo o una fantasía. No posee energía propia. Los objetivos no escritos conducen a confusión, vaguedad, direcciones equivocadas y numerosos errores.
Paso número tres: Establezca una fecha tope para su objetivo. Un objetivo o una decisión sin una fecha tope carece de urgencia. No tiene verdadero comienzo ni fin. Si no hay una fecha tope precisa acompañada de la asignación o aceptación de responsabilidad específicas para su término, fácilmente postergará las cosas y no las completará.
Paso número cuatro: Haga una lista de todo lo que puede pensar acerca de lo que va a tener que hacer para lograr el objetivo. A medida que piensa en nuevas actividades, agréguelas a su lista. Siga construyendo la lista hasta que esté completa. Una lista le proporciona un cuadro visual de la tarea mayor o meta. Le proporciona una pista. Aumenta drásticamente la posibilidad de que alcance el objetivo tal cual lo ha definido y en el tiempo previsto.
Paso número cinco: Organice la lista como un plan. Organice su lista según prioridades y conforme a una secuencia. Concédase unos minutos y decida qué necesita hacer en primer lugar y qué más tarde. Decida qué se debe hacer antes de otra cosa y qué se necesita hacer después. Mejor todavía: establezca un plan visual bajo la forma de una serie de círculos y casilleros en una hoja de papel. Le sorprenderá la facilidad con que podrá lograr su objetivo cuando lo divide en tareas parciales.
Si cuenta con un objetivo escrito y con un plan de acción organizado, será mucho más productivo y eficaz que alguien que lleva sus objetivos sólo en la mente.
Paso número seis: Actúe inmediatamente conforme al plan. Haga algo. Cualquier cosa. Un plan normal y vigorosamente ejecutado es mucho mejor que otro brillante y con el cual no se hace nada. La ejecución es todo si quiere obtener cualquier clase de éxito.
Paso número siete: Decida hacer cada día algo que le acerque a su objetivo principal. Introduzca esa actividad en su programa diario. Lea una cantidad determinada de páginas sobre un tema clave. Llame por teléfono a un número específico de clientes potenciales. Dedique un tiempo específico a hacer ejercicio físico. Aprenda cierta cantidad de palabras nuevas de una lengua extranjera. Nunca deje pasar un día sin hacerlo.
Avance sin prisas pero sin pausas. Una vez que se ponga en movimiento continúe haciéndolo. No se detenga. Su decisión y disciplina le pueden convertir en una de las personas más productivas y exitosas de su generación y mejorar su productividad.
El poder de escribir los objetivos
Los objetivos escritos con claridad tienen un efecto maravilloso en su pensamiento. Le motivan y afirman para la acción. Estimulan su creatividad, liberan su energía y le ayudan a superar la postergación de las decisiones tanto como cualquier otro factor.
Los objetivos son el combustible del crisol del logro. Mientras mayores y más claros sean sus objetivos, más entusiasmo tendrá para cumplirlos. Mientras más piense en sus objetivos, mayor será su impulso interior y su deseo de cumplirlos.
Piense en sus objetivos y revíselos cotidianamente. Cada mañana, emprenda una acción relacionada con la tarea más importante que puede realizar para conseguir el objetivo más importante en ese momento.
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