CAPÍTULO II

Nacimiento, sacrificio y resurrección del dios maya del maíz

El legado olmeca acerca de la creación del cosmos, el origen de la civilización y el simbolismo del dios del maíz fue una herencia perdurable. En los siglos siguientes las metáforas de la fertilidad y del origen de la civilización giraron alrededor de la figura del dios del maíz y se enriquecieron con las aportaciones de otros pueblos y tradiciones culturales. En la cultura de Izapa (150 a.C.-250 d.C.), las estelas que narran la creación del cosmos reproducen la imagen del dios del maíz viajando en canoa (Fig. 1), un episodio que se repetirá más tarde en las vasijas mayas de la época Clásica. Los estudiosos de la iconografía encontraron también representaciones del dios del maíz grabadas en un estilo olmeca tardío donde se ve al dios navegando en canoa (Fig. 2).1

Las espectaculares pinturas murales que William Saturno descubrió en el año 2001 en San Bartolo, en el Petén guatemalteco, mostraron la continuidad de la raíz olmeca en la cultura maya, y la difusión en esta región de mitos ancestrales sobre la creación del cosmos y el simbolismo del dios del maíz. Las bellas pinturas de San Bartolo, fechadas cien años antes de la era actual, relatan tres episodios que repetirán todos los mitos de creación mesoamericanos: la fundación del cosmos, el nacimiento de la planta o del dios del maíz y el principio de los reinos. El hallazgo de San Bartolo reveló que hace dos mil años las ideas mayas acerca del origen del cosmos, la realeza y el carácter divino de los gobernantes estaban bien desarrolladas y se expresaban virtuosamente por medio de la pintura mural y los ritos.2

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FIGURA 1. Dos representaciones del dios del maíz en estelas procedentes de Izapa, según Karl Taube. A) En la figura de la izquierda el dios aparece como Árbol Cósmico y surge de la boca de una suerte de cocodrilo o monstruo de la tierra. B) En la figura de la derecha el dios asume la misma posición, parado en una canoa. Dibujo basado en Taube 1996: figs. 21a y b.

En escenas magnificadas por la calidad de las pinturas y los temas ahí representados, los murales de San Bartolo muestran la presencia de cuatro dioses al lado de cuatro árboles (situados, como sabemos por los mitos de creación posteriores, en los cuatro rumbos cósmicos), participando con el dios del maíz, que representa el centro, en los ritos primordiales de la creación del mundo. Como en el mito teotihuacano de la creación del Quinto Sol, en San Bartolo los dioses propician el nacimiento del cosmos con el sacrificio de su propia sangre, que derraman de su pene y fertiliza la tierra (Fig. 3). En otra pared los artistas mayas pintaron la ceremonia de celebración del dios del maíz y la coronación del ajaw que hace dos mil años regía los destinos de ese reino asentado en la selva (Fig. 4). En estas pinturas el ser antropomórfico que representa el numen del maíz muestra los clásicos rasgos del dios olmeca del maíz. Así, por primera vez, estas pinturas dieron a conocer la presencia física de un ajaw del Preclásico portando sus títulos reales y recibiendo el máximo emblema del poder, la diadema real (Fig. 5).3 En estas pinturas el mito maya de la creación se presenta como el acontecimiento inaugural del cosmos, el acto que ordena las relaciones entre sus diferentes partes, define los vínculos de los seres humanos con los dioses y la naturaleza y establece los fundamentos de la vida civilizada.

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FIGURA 2. Representaciones olmecas del dios del maíz viajando en canoa, según Karl Taube. A) Cabezas del dios del maíz en una fina pieza de jade en forma de canoa. B) Dios olmeca del maíz sentado en una canoa. Dibujos basados en Scott 1978. Véase también Taube 1996: 69, fig. 22.

Los zapotecos de Oaxaca, cuyo desarrollo transcurre entre 500 a.C. y 750 d.C., también recibieron la influencia olmeca en sus representaciones iniciales del dios del maíz (Fig. 6). Más tarde, inspirados en esa tradición, crearon al famoso Pitao Cozobi, el dios zapoteco del maíz cuya imagen se multiplicó en las urnas funerarias de esa región (Fig. 7). En estas urnas el dios lleva una máscara que cubre parte de su nariz y boca. Su tocado está formado por el llamado glifo C, la boca del tigre, en el que sobresalen unas mazorcas de maíz.4 Esta imagen del dios era una figura popular en la cerámica zapoteca.5

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FIGURA 3. El prodigioso mural de San Bartolo muestra cuatro personajes (identificados con Junajpú, uno de los Gemelos Divinos), haciendo el sacrificio de derramar sangre de su pene ante cuatro Árboles Cósmicos, que en los mitos mayas de creación aparecen plantados en las cuatro direcciones del cosmos. En cada uno de estos árboles se ve a una deidad en forma de ave posada en la copa, llamada Wucub’ Kaqix. Dibujos de Heather Hurst. Foto tomada de López Bruni (ed.) 2006.

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FIGURA 4. Esta bella pintura narra una escena central en la mitología maya: la celebración del dios del maíz (tercera figura de izquierda a derecha), que aquí aparece rodeado por un cortejo de mujeres y servidores que le rinden homenaje. Como se advierte, el rostro del dios maya tiene rasgos olmecas. A la izquierda se ve la representación simbólica de una montaña de cuya parte inferior emerge el cuerpo de una serpiente emplumada que es la base que sostiene las ocho figuras aquí representadas. Dibujos de Heather Hurst. Foto tomada de López Bruni (ed.) 2006.

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FIGURA 5. Además de los cuatro árboles situados en las esquinas del cosmos, los mayas figuraban un quinto árbol en el centro. En las imágenes siguientes se ve un fragmento de ese quinto árbol. A) Sigue un andamio de madera cubierto con una piel de jaguar, donde aparece el dios maya del maíz que va a ser coronado. B) En la siguiente escena el dios del maíz se corona a sí mismo. En la escena que sigue el dios del maíz emerge de las aguas. En otra escena el dios del maíz baila y toca un caparazón de tortuga, rodeado por dos deidades. C) En la última escena un personaje vestido con traje suntuoso sube una escalera llevando en sus manos la diadema real de los antiguos reyes mayas, que ofrece al ajaw sentado en la plataforma real. Es decir, la escena de la fundación del cosmos culmina con la coronación del ajaw maya. Dibujos de Heather Hurst. Véase la interpretación de William Saturno en López Bruni (ed.) 2006: 47-65.

El descubrimiento del dios del maíz en la antigua cultura olmeca y su vigorosa presencia entre los mayas desde fines del Preclásico y comienzos del Clásico, confirmó la presunción original de Michael Coe, quien propuso que las vasijas y monumentos mayas de la época Clásica (200-900 d.C.) narraban episodios semejantes a los del Popol Vuh,6 el gran libro de los k’iche’ del siglo XVI dedicado a relatar los orígenes del cosmos y la fundación del reino k’iche’. Coe mostró que los Jóvenes Héroes que aparecían en la cerámica clásica eran un antecedente de Junajpú y Xbalanqué, los famosos gemelos del Popol Vuh. Numerosos estudios posteriores ratificaron esta afirmación. A partir de esos descubrimientos conocemos una doble y maravillosa historia del nacimiento, sacrificio, muerte y resurrección del dios del maíz, el personaje más celebrado en la mitología maya. Una de estas historias está pintada y narrada en la cerámica, los monumentos y la escritura jeroglífica de la época Clásica. La otra la relata el Popol Vuh, la obra cumbre de la literatura maya, que en el estilo de la epopeya narra la creación del cosmos, el surgimiento de la superficie terrestre, la aparición del Sol, los seres humanos y el maíz, y concluye con la fundación del reino k’iche’.7 La lectura de ambas ilumina el mito de creación del mundo más completo que conocemos de la antigüedad mesoamericana.

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FIGURA 6. Vaso zapoteca con la representación del dios del maíz, en el que se advierten claras influencias olmecas. Dibujo basado en Scott 1978.

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FIGURA 7. Cabeza de Pitao Cozobi, el dios zapoteco del maíz, en una urna funeraria procedente de Zaachila. En su tocado destacan dos mazorcas de maíz. Dibujo basado en Eubanks 1999: 111, fig. 88.

Comencemos con la historia narrada en las vasijas, los monumentos y los textos jeroglíficos de la época Clásica. El espectacular avance en el desciframiento de la escritura maya8 sacó a la luz la existencia de varios textos que se refieren a la mítica creación del cosmos en el año 3114 a.C. (4 Ajaw 8 Kumk’u), cuando se cumplió un ciclo de 13 baktunes y los dioses creadores emprendieron la tarea de construir los fundamentos cósmicos de la nueva era del mundo.9 El tablero del Templo de la Cruz de Palenque (Fig. 8), la Estela 1 de Cobá o las inscripciones recientemente descubiertas en los templos XIX y XX de Palenque (Fig. 9), entre otros monumentos, registran este acontecimiento inaugural, conmemorado por todos los pueblos del área maya. Según las últimas indagaciones un dios creador que nace en el año 3121 a.C. y que está asociado con el dios del maíz, procreó tres dioses (Dios Primero, Dios Segundo y Dios Tercero), la famosa Triada de Palenque. Este dios creador fue entronizado rey el año 3309 a.C., de modo que por su remota y divina ascendencia, por su acción creadora y su vinculación estrecha con el dios del maíz, se convirtió en el dios creador por excelencia, en el modelo de la realeza palencana.10 Como lo ha mostrado David Stuart, los gobernantes de Palenque mandaron inscribir argumentos teológicos que declaraban que los dioses de la Triada de Palenque habían hecho su hogar en ese sitio, de modo que así podían afirmar que la dinastía palencana descendía directamente del dios creador del cosmos.11

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FIGURA 8. El Árbol Cósmico llamado Waka Chan en el tablero del Templo de la Cruz de Palenque. En la parte inferior se ve la cabeza del monstruo de la tierra. La parte del medio representa la superficie de la Tierra, simbolizada por floraciones de la planta del maíz. La región celeste está representada por Itzamnaaj en forma de pájaro, quien es el dios supremo del panteón maya. Dibujo basado en Freidel, Schele y Parker 1993: fig. 2.8b.

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FIGURA 9. Banca sur del Templo XIX de Palenque, en Stuart 2005: Fotografía de Jorge Pérez de Lara.

Formado el cosmos y sus divisiones en los cuatro rumbos cardinales, los dioses procedieron a crear la Tierra, el Sol, los seres humanos y los alimentos terrestres. En esta parte las vasijas y tiestos mayas presentan en imágenes la historia del dios del maíz que, como en el Popol Vuh, es el creador de la planta del maíz y de los seres humanos. Apoyados en la iconografía de la época Clásica, Michael Quenon y Geneviève Le Fort dividieron esa saga en cuatro episodios: descenso del dios del maíz al inframundo, investidura, viaje en canoa y resurrección.12 A estos episodios he agregado otros temas y explicaciones en las páginas que siguen.13

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FIGURA 10. Personajes de Xibalbá, el inframundo maya, en una escena de decapitación. Dibujo basado en Robicsek y Hales 1981: 23.

Descenso de Jun Junajpú a la región de Xibalbá. Las vasijas mayas contienen imágenes expresivas del descenso del dios del maíz a Xibalbá (que interpreto como la primera semilla de maíz sembrada en la superficie terrestre, siguiendo a Karl Taube14), un tema principal en el relato del Popol Vuh. Las imágenes de la época Clásica pintadas entre los siglos VI y IX no tienen la riqueza de datos que nutren al Popol Vuh, pero registran los momentos decisivos de ese viaje. Por ejemplo, una escena muestra al dios del maíz enfrentándose a los temibles personajes del inframundo. Otra retrata a los habitantes de Xibalbá ejecutando un acto de decapitación (Fig. 10). Diversas escenas muestran que el dios, la semilla del maíz, no fue bien recibido en su descenso al inframundo. Quizá este rechazo obedezca al hecho de que no hizo las ofrendas debidas a los señores de esta región. Lo cierto es que varios platos pintados muestran la cabeza cercenada del dios del maíz, un episodio que siglos más tarde el Popol Vuh relató bajo la forma del sacrificio y decapitación de Jun Junajpú, cuya cabeza desmembrada fue colgada por los señores de Xibalbá en un árbol que crecía al lado de la cancha del Juego de Pelota, el lugar del sacrificio (Fig. 11).15

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FIGURA 11. Imágenes de cabezas desmembradas del dios del maíz en platos mayas. Dibujos basados en Taube 1985: 176, fig. 5.

Búsqueda de Jun Junajpú por los Gemelos Divinos. En el Popol Vuh los Gemelos Divinos son Junajpú y Xbalanqué, los hijos de Jun Junajpú, la primera semilla, quienes descienden a Xibalbá en busca de su progenitor, enfrentan a los temibles señores de esa región y luego de una serie de peripecias rescatan los restos de Jun Junajpú, les rinden homenaje y finalmente se convierten en el Sol y la Luna.16 Los vasos pintados de la época Clásica también narran el descenso de Junajpú y Xbalanqué al inframundo y relatan, con el colorido y la fuerza de las imágenes, las ingeniosas estrategias que imaginaron para rescatar al Primer Padre. Recogen incluso escenas no contadas en el libro sagrado de los k’iche’. Según estos relatos y los estudios recientes, la genealogía de los héroes del Popol Vuh y de las vasijas pintadas sería la que aparece en la página siguiente.

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Como se aprecia en esta genealogía, los dioses fundadores crearon la primera pareja de gemelos, Jun Junajpú y Wucub Junajpú. El primero casó con Xbaquiyalo, Señora Hueso, y ambos procrearon a Jun B’atz y Jun Chouen. A la muerte de la Señora Hueso Jun Junajpú casó con una mujer de Xibalbá, Xkik, la Señora Sangre, con quien procreó a Jun Ajaw y Yax Balam, el Junajpú y el Xbalanqué del Popol Vuh.17

En las vasijas de la época Clásica, el Junajpú y el Xbalanqué del Popol Vuh aparecen personalizados, bajo la figura de dos jóvenes, cada uno con características propias. Junajpú se llama Jun Ajaw y Xbalanqué, Yax Balam. El primero se distingue por las pintas negras impresas en su cara y en su cuerpo. Yax Balam se reconoce por los pedazos de piel de jaguar que tiene adheridos en su rostro, brazos y piernas (Fig. 12). Otras escenas muestran a los Gemelos visitando a Itzamaat, el patrón del mundo celeste (Fig. 13). Siguen luego otros episodios que narran la tremenda batalla con los señores de Xibalbá en la cancha del Juego de Pelota (Fig. 14). Varias imágenes relatan la lucha con el gran pájaro Wucub’ Kaqix (Siete Guacamayo), que en el Popol Vuh18 es un personaje que usurpa el papel de los dioses y se hace pasar por el Sol y la Luna (Fig. 15). Como sabemos, estos episodios son narrados con detalle en el Popol Vuh, pero en las vasijas los personajes y sus aventuras tienen una presencia plástica que los vuelve inolvidables, además de que los glifos que los acompañan revelan significados ignorados antes.

Reencarnación y transfiguración del dios del maíz. El tercer episodio del viaje a la región húmeda no está consignado en el Popol Vuh. Se trata del momento crucial en que el dios del maíz, o mejor dicho, la semilla, germina en el inframundo y se transforma en el embrión que más tarde se convertirá en planta del maíz. Este episodio en la vida del dios corresponde en biología agrícola a la germinación de la semilla del maíz, un portento que ocurre en el interior de la tierra húmeda y que por esa circunstancia nosotros no percibimos ni podemos registrar. Sin embargo, los agricultores mayas de la época Clásica, quienes conocían como nadie las peculiaridades y cada una de las fases de ese proceso, se esforzaron en pintarlo para señalar su importancia.

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FIGURA 12. Representaciones de los Gemelos Divinos. A) Jun Ajaw, el hermano mayor vestido con el atuendo de cazador (izquierda) y de jugador de pelota (derecha). Dibujos basados en Coe 1989: figs. 9 y 15. B) En esta escena se ve a la izquierda a Jun Ajaw, que en el Popol Vuh tiene el nombre de Junajpú. Se reconoce por las pintas negras de su cuerpo. A la derecha Yax Balam, que en el Popol Vuh se llama Xbalanqué, se distingue por los pedazos de piel de jaguar adheridos a su cuerpo. Dibujos basados en Hellmuth 1987: figs. 426 y 427.

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FIGURA 13. Jun Ajaw y Yax Balam (izquierda) saludan al señor del Inframundo, Itzamnaaj (derecha), en un vaso maya de la época Clásica. Dibujo basado en Schatten uit de Nieuwe Wereld 1992: 243.

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FIGURA 14. Escena en el inframundo, previa al juego de pelota, entre Jun Ajaw y Yax Balam y los señores de Xibalbá. En el centro, frente a una pirámide escalonada que se levanta a un lado de la cancha, dos personajes se saludan con la pelota del juego en la mano. A la izquierda se ve a los Gemelos Divinos, y a la derecha un árbol donde reposa la gran ave Wucub’ Kaqix. Dibujo basado en Coe 1982: 33.

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FIGURA 15. Pintura del llamado Plato de Blom, que presenta otra escena de la contienda entre los Gemelos Divinos y Wucub’ Kaqix. Con sus cerbatanas, los Gemelos apuntan a la figura de Wucub’ Kaqix. Dibujo basado en Hellmuth 1987: contraportada.

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FIGURA 16. A) En esta escena el dios del maíz renace en el inframundo, saliendo de la boca de un saurio. Dibujo basado en Freidel, Schele y Parker 1993: fig. 2.27. B) El dios del maíz brota de la boca de un pez. Dibujo basado en Quenon y Le Fort 1997.

Unas imágenes que a primera vista parecen ininteligibles escenifican el momento de la reencarnación del dios surgiendo de las fauces de una figura zoomorfa, que probablemente simboliza las fuerzas germinales de la tierra (Fig. 16). Siguen otras escenas, no menos espectaculares, en las que el joven dios del maíz, J’un Ixiim, encuentra unas hermosas mujeres desnudas, quienes dialogan con él y parecen dispuestas a cuidarlo (Fig. 17). Luego esas mujeres tentadoras proceden a vestirlo (Fig. 18), una ceremonia varias veces representada, en la que el dios recibe unos pendientes para las orejas, un collar, brazaletes para las muñecas, ajorcas para los tobillos y un cinturón del que cuelga una concha marina, todo hecho de finas piedras de jade.19 La parte más vistosa de este traje es un faldellín tejido en forma de diamante con cuentas y pequeños cilindros de jade. Es decir, el vestido de J’un Ixiim, el joven dios del maíz, es la fertilidad misma, simbolizada por las brillantes piedras de jade, que representan las hojas verdes de la planta y las fuerzas germinales del agua. Se trata de una escena que transcurre en el medio húmedo del inframundo, y como advierten Michel Quenon y Geneviève Le Fort, el faldellín de redes de jade es una imitación exacta del diseño de diamante impreso en el carapacho de la tortuga (véanse adelante las Figs. 23 y 24), que a su vez es el símbolo de la tierra fértil entre los mayas.20

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FIGURA 17. Extraordinario vaso maya desplegado que muestra en el centro a uno de los Gemelos Divinos, Yax Balam, cargando un recipiente que contiene los adornos y símbolos del vestido del dios del maíz. A la izquierda, el dios del maíz parece ejecutar el autosacrificio de la sangre. Dibujo basado en Kerr 1989-1997: I, 178.

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FIGURA 18. Vaso policromo maya desplegado que ilustra una escena de la vestidura del dios del maíz en el inframundo por dos mujeres desnudas. Dibujo basado en Coe 1985: fig. 382.

Si se pone atención a la escena en que el dios del maíz recibe sus atavíos, y se le compara con una muy semejante representada en el Códice de Viena, en la cual 9 Viento, el héroe cultural mixteco, recibe los vestidos y símbolos que lo caracterizarán,21 advertimos que se trata de escenas equivalentes a la ceremonia de entronización de los gobernantes. A semejanza de los dioses, los gobernantes reciben sus atavíos y los símbolos del poder en una ceremonia que precede al momento crucial de la entronización.

Resurrección del dios del maíz. El cuarto y último episodio narra el encuentro del dios del maíz con las semillas nutricias y su renacimiento en la superficie terrestre. Comienza con el viaje en canoa del dios en un medio acuoso, acompañado por unos remeros fantásticos: uno está representado como jaguar y lleva en la mano una coa; otro sostiene en sus brazos un instrumento musical de percusión —la concha de una tortuga—; y un tercero personifica a Chahk, el dios maya de la lluvia. Se trata de los llamados dioses remeros (the Paddler Gods).22 La coa o palo sembrador, el instrumento musical y la presencia de Chahk, el dios del relámpago y la lluvia, parecen componer un preludio del acto de la siembra. En otra escena pintada en un vaso (Fig. 19), el joven dios del maíz aparece en el extremo izquierdo. Lleva en su brazo derecho una bolsa con granos de maíz y surge radiante de una hendidura de la tierra, representada por un carapacho de tortuga.

Un vaso extraordinario, conservado en el Museo Popol Vuh de Guatemala, compendia el viaje del dios del maíz por el inframundo en tres escenas (Fig. 20). Se trata de una pintura notable porque en lugar de presentar una escena en un mismo plano, como era la tradición, tiene grabadas tres, que describen en forma narrativa los episodios cruciales del nacimiento del dios del maíz. En la parte inferior derecha se representa la encarnación del dios en el inframundo (la semilla germinada), que emerge de una boca con rasgos zoomorfos. En el lado izquierdo está pintada la ceremonia en la que dos hermosas mujeres desnudas proceden a vestirlo. Por último, en la parte superior derecha se le ve regresar del medio marino llevando en su regazo una bolsa con granos de maíz y acompañado por dos remeros de apariencia sobrenatural.

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FIGURA 19. Imagen desplegada de un vaso de la época Clásica donde el dios del maíz (izquierda) emerge del interior de la tierra con la bolsa que contiene las semillas preciosas de maíz. Como se puede observar, brota de una hendidura en la tierra, representada por el caparazón de una tortuga, y le preceden unos personajes que viajan en canoa. Dibujo basado en Robicsek y Hales 1981: fig. 59.

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FIGURA 20. Vaso funerario maya que muestra tres episodios del viaje de la semilla del maíz, representada por el dios del maíz en el inframundo. En la parte inferior el dios del maíz aparece recostado, como si acabara de nacer. Sigue luego la escena del lado izquierdo, en la cual dos mujeres desnudas lo ayudan a vestirse. En la parte superior derecha se ve el dios en medio de dos remeros, llevando en su regazo la bolsa de los granos de maíz que ha rescatado de la Montaña de los Mantenimientos. Dibujo basado en Freidel, Schele y Parker 1993: fig. 2.27.

La escena final, la apoteosis del dios renaciendo del interior de la tierra, es una de las más representadas en esculturas y en los vasos y platos policromos (Figs. 21 y 22). Varias pinturas describen la resurrección de J’un Ixiim, la planta del maíz, pero la imagen consagrada lo presenta surgiendo de una hendidura en el caparazón de una tortuga, vestido con su magnífico traje de jade y acompañado por Jun Ajaw y Yax Balam, los hijos ejemplares que sin desmayar trabajaron en su resurrección (Figs. 23 y 24). Una bella escultura del Templo 22 de Copán (Fig. 25), nos brinda una imagen espléndida del dios joven del maíz surgiendo de las profundidades de la tierra.23 Según mi interpretación, esta imagen simboliza la aparición de la planta del maíz en la superficie de la tierra.

Si se unen las imágenes que acabamos de repasar, vemos que las escenas que relatan el nacimiento, el sacrificio y la resurrección del dios del maíz son una copia fiel de las fases cruciales del cultivo del cereal: siembra, germinación del grano en el interior de la tierra y brote generoso de las hojas verdes de la planta en la superficie del campo de cultivo.24 Así, al trasladar el proceso agrícola a las imágenes plásticas, el ciclo biológico de la planta se transformó en las alucinantes escenas protagonizadas por el dios del maíz. Es decir, la manipulación de los gobernantes transformó el ciclo agrícola ejecutado por los campesinos en las maravillosas acciones protagonizadas por el dios del maíz.25

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FIGURA 21. El dios maya del maíz, ornado de mazorcas, brota del interior de la tierra, representada por la efigie del monstruo de la tierra. Dibujo basado en Kerr 1992: 32.

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FIGURA 22. El dios del maíz surgiendo de una hendidura en el caparazón de una tortuga. Dibujo basado en Francis Robicsek y Hales 1981: 57.

Otra escena vinculada al renacimiento del dios lo pinta danzando, vestido con su personalísimo traje tejido de esferas y cilindros de jade, festejando su eclosión en la Tierra, el triunfo sobre las potencias de la muerte y la esterilidad (Fig. 26). Karl Taube observó que una característica del dios maya del maíz en la época Clásica es la representación de su cabeza en forma alargada, que simula la mazorca de la planta (Fig. 27), y su cráneo tonsurado, que asimismo busca alargar la cara y acentuar su apariencia juvenil. Taube observó que el dios tonsurado del maíz a veces se confundía con la figura de una deidad semejante con foliaciones (hojas) de maíz en la cabeza.26 En estas imágenes el joven dios del maíz encarna el ideal de belleza, regeneración y energía vital del mundo maya de la época Clásica. Es la metáfora del renacimiento de la vida como lo señala su salida del inframundo, las piedras verdes de jade que lo adornan y los bellos platos funerarios con su imagen, dedicados a acompañar a los muertos en el más allá.27

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FIGURA 23. El dios del maíz, J’un Ixiim, renace del interior de la tierra, representada en esta escena por un carapacho de tortuga. Lo reciben Yax Balam (derecha), quien derrama un cántaro de agua en la hendidura de la tierra, y Jun Ajaw (izquierda), quien festeja su resurrección. Dibujo basado en Robicsek y Hales 1981: vaso 117.

Estas imágenes y la historia que narran expresan uno de los grandes momentos en el desarrollo artístico de los pueblos mesoamericanos. Por primera vez desde la aparición de la imagen, ésta deja de ser una representación de un objeto o acontecimiento y se convierte en transmisora de un mensaje narrativo, cuenta una historia. La historia de la muerte y resurrección del dios del maíz, relatada en episodios que se suceden uno tras otro, en una secuencia que tiene un origen, un momento dramático (la muerte del dios) y un desenlace (el renacimiento jubiloso del dios del maíz, que equivale a la aparición de la planta en el mundo terrestre), es quizá uno de los primeros mitos narrado enteramente en imágenes.

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FIGURA 24. La resurrección jubilosa del dios del maíz pintada en otro vaso maya. Yax Balam, a la derecha, y Jun Ajaw, a la izquierda, le prestan ayuda para salir del interior de la tierra. Dibujo basado en Robicsek y Hales 1981: 155.

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FIGURA 25. Escultura del Templo 22 de Copán donde se representa a J’un Ixiim, el dios joven del maíz, en la época Clásica. Dibujo basado en Maudslay 1974: I, lám. 17.

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FIGURA 26. Dos personajes ataviados con el traje de bolitas y cilindros tejidos en forma de diamante (los símbolos del dios del maíz) bailan la danza que festeja su resurrección. Dibujo basado en Kerr 1989: 451.

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FIGURA 27. Representaciones del dios maya del maíz que muestran su rostro como una imitación de la mazorca, según Karl Taube. Dibujos basados en Taube 1985: 177.

Como se advierte al mirar y volver a mirar estas imágenes, el cuerpo humano se ha convertido en un transmisor de mensajes dúctil y persuasivo, imbuido de un movimiento emancipador. El cambio experimentado en la representación del cuerpo humano se aprecia cuando se comparan estas imágenes mayas con las figuras hieráticas que antes sirvieron para representar a los dioses o a los gobernantes olmecas. En contraste con ellas, el dios maya del maíz, o sus hijos, Jun Ajaw y Yax Balam, cambian de rostro y formas según el “estilo” del artista o la “escuela” a la que pertenecen los cuencos, vasos, esculturas y pinturas que los retratan.28 Ernest Gombrich considera que esta transformación ocurrió por primera vez en el arte griego de la época Clásica, cuando los escultores y pintores descubrieron el sentido de la narrativa, y desencadenaron una reacción en cadena que modificó para siempre la representación del cuerpo humano. Desde entonces, así como el poeta adquirió la libertad de contar un mito o una historia tejiendo su trama de diferentes maneras, así también el artista plástico tuvo licencia para representar a sus personajes variando la figura, la composición o el escenario donde éstos actuaban.29 Comenzó entonces una dialéctica incesante entre el modelo y la representación que de él discurría el artista, que al descansar en la imaginación y la voluntad creativa de éste, puso las bases para una renovación incesante de las formas de representar la naturaleza, las cosas o las figuras humanas.30

La saga

La saga que narra el nacimiento, la muerte y resurrección de J’un Ixin o Ixiim, el dios del maíz en la época Clásica, se complementa y enriquece con el encuentro de un relato semejante narrado muchos siglos más tarde en el libro sagrado de los k’iche’, el Popol Vuh. En esta obra escrita en k’iche’ alfabético y fechada en 1553-1554, no encontramos las fascinantes imágenes de la época Clásica, pero sí una narración teatralizada del viaje de la primera semilla, Jun Junajpú, al interior del inframundo.31 Cuenta este libro que Jun Junajpú, que en mi interpretación representa la semilla personificada del maíz, descendió a Xibalbá, el inframundo maya, gobernado por los señores Uno Muerte y Siete Muerte. Estos vieron en Jun Junajpú un intruso en sus dominios y por eso en lugar de recibirlo deciden combatirlo, lo decapitan y cuelgan su cabeza en un árbol seco que reverdeció milagrosamente y se llenó de frutos (calabazas) que se confundieron con la cabeza decapitada de Jun Junajpú. La curiosidad de una doncella de Xibalbá, Mujer Sangre (Xkik), la llevó a visitar el árbol milagroso colmado de frutos y al acercarse a la calavera de Jun Junajpú ésta le lanzó un chisguete de saliva en su mano y en el acto la doncella quedó embarazada. Esta fecundación inusitada provocó el enojo de los señores de Xibalbá, de tal manera que Señora Sangre, amenazada de muerte, tuvo que escapar de esa región y subir a la superficie terrestre, donde encontró refugio. Ahí dio a luz a los gemelos, Junajpú y Xbalanqué, que en la época Clásica son llamados Jun Ajaw y Yax Balam.32 En contraste con las anteriores parejas de gemelos, quienes descendían de padres semejantes o estaban vinculados con un ámbito específico del cosmos (el cielo o el inframundo), Junajpú y Xbalanqué participan de una naturaleza híbrida. Son hijos de Mujer Sangre, una mujer de Xibalbá, y de Jun Junajpú, un ser de la región terrestre. Es decir, Junajpú y Xbalanqué provienen de la unión entre las fuerzas fecundantes de la región terrestre y de las germinales del inframundo: su gestación se produce en el inframundo y su nacimiento ocurre en la superficie terrestre.33

Por participar de esta naturaleza mezclada, la actuación de Junajpú y Xbalanqué es distinta a la de los anteriores protagonistas del Popol Vuh (Jun Junajpú y Wucub Junajpú —Uno y Siete Junajpú—, Jun B’atz y Jun Chouen —Uno Mono y Uno Artesano, respectivamente). En vez de combatir las fuerzas creativas del cielo, como lo hacen los señores de Xibalbá, o de luchar contra las fuerzas germinales del inframundo, Junajpú y Xbalanqué se afanan en integrar ambas regiones en un orden nuevo. En el Popol Vuh los Gemelos Divinos se imponen a los tres personajes que pretendían arrogarse los poderes de los dioses celestes (Siete Guacamayo, Zipacná y Cabracán) y mediante estratagemas ingeniosas derrotan a los seres del inframundo. Así, en lugar de librar las batallas infructuosas de sus antecesores, Junajpú y Xbalanqué terminan con las contradicciones que enfrentaban a las potencias de la región celeste con las del inframundo y se esfuerzan por hacer del cosmos un orden armonioso. Su triunfo convierte la superficie terrestre en un centro cósmico, en un mediador entre el inframundo y el cielo, que en lugar de combatir entre sí, quedan unidos en una relación recíproca que dota de estabilidad al cosmos.34

Este momento exultante es equivalente a la creación primordial del cosmos que narran los textos jeroglíficos de la época Clásica. El clímax de la narración del Popol Vuh señala la victoria de Junajpú y Xbalanqué sobre los señores del inframundo. Al consumarse este acto, los Gemelos Divinos ascienden al cielo transformados en el Sol y la Luna, los astros luminosos. Así, al convertirse la Tierra en la región fértil del cosmos pasa a ser el lugar privilegiado para el desarrollo de los seres humanos. Una vez descrito este acontecimiento, la cuarta parte del Popol Vuh se dedica a relatar el descubrimiento del maíz y la creación de los seres mortales.

EL REGALO DE LOS DIOSES A LOS SERES HUMANOS

En contraste con los escasos testimonios que informan cómo fue descubierto el maíz, el Popol Vuh narra que el maíz estaba escondido en Paxil, la Montaña Partida, y que ese lugar oculto fue revelado a los dioses por cuatro animales: el gato del monte, el coyote, una cotorra y el cuervo.35 La montaña sagrada, llamada en los textos la Montaña de los Mantenimientos, estaba colmada de zapotes, anonas, jocotes, nances, miel y toda suerte de frutas y plantas comestibles. Dice el Popol Vuh que los dioses extrajeron de ahí el maíz amarillo y el maíz blanco y se lo dieron a la diosa Xmuqane, quien molió los granos nueve veces. Luego los dioses tomaron esa masa preciosa y con ella forjaron el cuerpo de los primeros seres humanos: Balam Quitzé, Balam Acab, Mahucutah e Iqui Balam, los cabezas del linaje de los k’iche’, los fundadores del pueblo k’iche’.

Pero quizá lo que más asombra en el relato del Popol Vuh escrito en el siglo XVI es que repite el relato del dios del maíz estampado en las vasijas mayas de la época Clásica (250-900 d.C.). Así, siguiendo el modelo de las cosmogonías de la época Clásica, en el Popol Vuh las destructivas contiendas cíclicas entre las potencias del inframundo y las de la región celeste terminaron cuando surgió la superficie terrestre y se conformó la triada que dotó de armonía al cosmos: el inframundo, la superficie terrestre y la región celeste. La formación de este basamento tripartita suscitó el nacimiento de la planta del maíz (el alimento fundamental), la aparición de los seres humanos y del Sol, el comienzo del tiempo y la instauración de la vida civilizada (la fundación del reino).

LOS FUNDAMENTOS AGRÍCOLAS DE LA COSMOVISIÓN MAYA

Una de las aportaciones más notables de los estudios publicados en la segunda mitad del siglo XX fue iluminar la concepción maya del cosmos, las distintas franjas que lo dividían y sus relaciones con los seres humanos. Los mayas, al igual que otros pueblos, se esforzaron por poner orden en su medio natural y regular las fuerzas que amenazaban con romper su equilibrio o destruirlo. Como dice Karen Bassie-Sweet, una cosmovisión equivale a fundar un lugar estable dónde desarrollar la vida de los seres humanos.36 Para alcanzar esta meta los mayas imaginaron un cosmos ordenado y lo hicieron descansar en los frutos agrícolas.

Los mitos cosmogónicos que relatan el origen del mundo y su composición informan cómo se realizó esa tarea. Los estudios sobre los pueblos de Mesoamérica registran la presencia de este mito desde los años iniciales de la época Preclásica, y las indagaciones etnográficas confirmaron la continuidad de esa tradición entre los mayas actuales. Los mitos mayas y mesoamericanos cuentan que la creación de un cosmos ordenado exigió a los dioses un gran esfuerzo, pues los primeros intentos resultaron fallidos o fueron abolidos por cataclismos desastrosos. La primera parte de estos relatos registra una batalla cósmica entre las potencias celestes y las telúricas, un enfrentamiento que impide fundar un orden estable. Luego de esta batalla el mito relata la aparición de la Montaña Primordial que emerge de las aguas marítimas y funda la superficie terrestre. Los mayas llamaron a esa montaña Yax Haal Witz, Primera Montaña Verdadera.37 Según mi interpretación, la creación de la superficie terrestre es el acontecimiento decisivo de esta fase, pues la aparición de la tierra pone fin al repetido e infructuoso combate entre las fuerzas fecundadoras del cielo y las germinales del inframundo.

Una vez creado ese territorio salvo, el cosmos se ordena en un eje vertical formado por el inframundo, la Tierra y la región celeste, tres niveles comunicados por flujos recíprocos de abajo hacia arriba y viceversa. Según esta concepción, la Tierra es el centro de ese eje y hacia ella convergen las fuerzas creativas del cielo y las del inframundo, así como las que habitan los cuatro rincones del cosmos. La Tierra tiene la forma de un cuadrado, que es el diseño trazado por el Sol en su camino anual por la bóveda celeste, y es también el diseño formado por la primera milpa o campo de cultivo.38 En el centro de ese cuadrado está el núcleo que articula todas sus partes, el ombligo del cosmos. Desde tiempos remotos, los mayas convirtieron ese cuadrado en modelo de todas las construcciones humanas: la parcela de cultivo, la casa, la traza del pueblo, el templo, el patio, el altar, la mesa o los espacios rituales. Al reproducir ese cuadrado en la milpa y en los otros espacios, los mayas construyeron un territorio humanizado, distinto del mundo natural.39 Según esta cosmovisión, en los cuatro rumbos de la Tierra había cuevas que la vinculaban con el inframundo y cuatro árboles en sus esquinas, que eran los postes que sostenían la bóveda del cielo. Debajo de la tierra y del inframundo estaba el mar, la fuente primordial de la fertilidad. Esta concepción del universo maya se enriqueció en los últimos años con una nueva interpretación del inframundo, hasta entonces la región más ignorada de ese cosmos.40

Los pueblos mesoamericanos concibieron el interior de la Tierra como una boca engullidora por la que periódicamente desaparecían los seres humanos, las semillas y los astros. Se le pintaba como un sitio acuoso donde abundaban las aguas estancadas y los ríos, habitado por una población alucinante: personajes antropomorfos que cohabitaban con enanos y jorobados, o con seres mitad animales o por entero zoomorfos y monstruosos, dioses envejecidos, criaturas descarnadas (Fig. 28). Eran los seres que significaban la enfermedad, el decaimiento físico, el sacrificio humano y la muerte. Los mayas llamaron a esa región Xibalbá.41

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FIGURA 28. Vaso funerario maya que probablemente representa escenas, personajes y animales del inframundo. Dibujo basado en Kerr 1989: 446.

En la iconografía mesoamericana el inframundo es una región poblada por plantas y animales acuáticos, o por cuevas en su interior, como se ve en una pintura mural de Teotihuacán (Fig. 29). Siguiendo la tradición olmeca, los mayas representaron el inframundo en forma cuatrifoliada e identificaron ese diseño con la cancha del Juego de Pelota. Las piedras labradas que servían de marcadores en el magnífico Juego de Pelota de Copán tienen esa forma, pues indican que la partida que ahí se describe se jugó en el inframundo (Fig. 30). Otras imágenes confirman que la cancha del Juego de Pelota es una expresión simbólica del espacio geográfico del inframundo. Por ejemplo, un vaso representa al dios del maíz parado en una cancha del Juego de Pelota vista de perfil (Fig. 31), una imagen que indica que el dios está en el cogollo del inframundo, en el centro del Juego de Pelota. Este campo es la arena primordial donde tiene lugar la contienda tremenda entre las potencias de la muerte y las de la regeneración, la lucha entre las fuerzas de la luz y las de la noche, la región donde se enfrentan las fuerzas telúricas y las celestes y donde lo que ha degenerado se transforma y renace. Es la región más creativa y lúdica del cosmos.42

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FIGURA 29. Representación teotihuacana de las aguas primordiales del inframundo. En esta pintura del llamado Templo de la Agricultura se ve la línea ondulada de la superficie del inframundo ornada de lirios, conchas y animales marinos. También se aprecia en el centro el contorno de una cueva que almacena caracoles y piedras verdes, símbolos de fertilidad. Dibujo basado en Gamio 1922, vol. II.

Una de las funciones de los mitos de creación era organizar el cosmos bajo principios regulares, darle sustento al orden creado y asegurar la continuidad del ciclo cósmico y humano. En el inicio de la creación, cuando se definen las regiones del cosmos y se señalan sus atributos, la relación del inframundo con la superficie terrestre es la que más se afanan en regular los mitos y las teogonías. Ambos repiten que el inframundo es el ámbito sobrenatural donde ocurre el proceso misterioso de la transformación de la materia. Por eso en los mitos cosmogónicos el lugar donde ocurre la nueva creación es el inframundo, la matriz oscura donde habitan las fuerzas progenitoras de los astros, la vegetación y los seres humanos.

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FIGURA 30. Marcadores de la cancha del Juego de Pelota de Copán con la forma cuatrifoliada, símbolo del inframundo. Las escenas del juego de pelota que ahí se muestran indican que esa partida tuvo lugar en el inframundo. Dibujo basado en Freidel, Schele y Parker 1993: fig. 8.22.

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FIGURA 31. Dibujo de una vasija de la época Clásica donde se representa al dios del maíz en una cancha del juego de pelota ubicada en el inframundo. La cancha está pintada de perfil. Dibujo basado en Freidel, Schele y Parker 1993: fig. 42.

El inframundo es uno de los espacios más representados en el mito maya de la muerte y resurrección del dios del maíz. En el Popol Vuh es el lugar al que desciende Jun Junajpú, la primera semilla del maíz y donde pierde la partida en el juego de pelota y es decapitado por los señores de Xibalbá, Uno Muerte y Siete Muerte. Al inframundo bajan también los gemelos Junajpú y Xbalanqué, los hijos de Jun Junajpú. Y en este territorio frío, oscuro y espeluznante tienen lugar las heroicas aventuras de los Gemelos Divinos para rescatar a su padre. El posterior descubrimiento de las vasijas pintadas de la época Clásica sacó a la luz otros episodios de la estancia de Jun Ajaw y Yax Balam en el inframundo, entre ellos, su encuentro con el dios principal de esa región, también conocido como el dios L, la contraparte del dios supremo de los mayas, Itzamnaaj. Una obra maestra del arte maya nos traslada al palacio del dios del inframundo, quien aparece retratado con los rasgos de un anciano con un sombrero sobre el que se posa un ave de rapiña, quizá un búho o un animal mitológico.

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FIGURA 32. Fotografía desplegada de la hermosa vasija llamada Vaso de Princeton. Retrata a diez personajes en el inframundo. En el lado derecho destaca el dios L, acompañado de cinco mujeres que lo atienden y sirven. En el lado izquierdo sobresalen los dos sacrificadores del prisionero sentado, que algunos autores identifican con los Gemelos Divinos disfrazados. El conejo pintor que aparece abajo del trono de Itzamnaaj es un personaje que en otras vasijas insulta y se burla del dios del inframundo. Fotografía tomada de Schele y Miller 1986: 297, plate 115a.

La escena en el palacio se presenta dividida en dos partes (Fig. 32). En el lado derecho, debajo de las gruesas cortinas que cuelgan del techo, se ve al dios sentado en su trono y rodeado por cinco hermosas mujeres. A la bella doncella que está frente a él le arregla una pulsera en su mano derecha. Atrás de ésta, otra joven gira su torso para mirar una escena pavorosa. Ahí, en el lado izquierdo, se ven dos personajes ataviados con faldellín de piel de jaguar y con máscaras fantásticas que cubren su rostro, quienes proceden a decapitar al prisionero que yace sentado y atado de las manos. En el lado derecho se advierte la curiosa figura de un conejo que pincel en mano parece inscribir este episodio en un códice. El conjunto de la escena, como lo han mostrado los numerosos estudios que la describen,43 narra la visita de los Gemelos Divinos al dominio del gobernante de Xibalbá, que otras vasijas describen como un enfrentamiento que termina con el triunfo de Jun Ajaw y Yax Balam, quienes humillan al dios, lo despojan de sus vestidos y lo matan (Fig. 33). Es decir, aun cuando incluyen otros personajes y escenas, las vasijas pintadas de la época Clásica repiten los episodios narrados en el Popol Vuh que relatan el triunfo de Junajpú y Xbalanqué sobre los regentes del inframundo.44

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FIGURA 33. Escena en el inframundo pintada en un vaso maya de la época Clásica. En el lado izquierdo el dios L yace desnudo y es golpeado por el dios del maíz. En el extremo derecho otro dios del inframundo aparece también desnudo y burlado. Dibujo basado en Michael D. Coe 1989: I, 161-184. Erik Velasquez identificó a los dos personajes tumbados en el suelo como el dios Remero Espina y el dios Remero Jaguar.

Al final de este viaje por las imágenes y textos que narran la saga maravillosa de la semilla que acaba por convertirse en la planta del maíz, se tiene la impresión de haber recorrido un tramo muy largo de la evolución humana, y tocado algo profundo de esa historia. De pronto percibimos que durante cientos de años, desde la fundación de sus primeros poblados hasta la caída de los reinos de la época Clásica, los mayas se contaron una misma historia acerca de los orígenes del cosmos y los fundamentos de la vida civilizada.

Como lo sugieren las estelas de Izapa que tienen grabadas las imágenes más antiguas que conocemos de los Gemelos Divinos, y como lo muestran los cultos olmecas al dios del maíz, el mito del nacimiento del dios seguramente empezó a relatarse desde el Preclásico, muchos años antes de la era actual.45 Lo más probable es que sus orígenes se remonten a los comienzos de la civilización, cuando los mesoamericanos descubrieron el secreto de las plantas cultivadas y fundaron su vida en la agricultura. El relato cosmogónico que los mayas clásicos grabaron en sus monumentos indica que en sus orígenes éste fue un mito agrícola, una narración centrada en el brote maravilloso de la planta del maíz del interior de la tierra.

En los mitos mayas el nacimiento del dios del maíz es el acto inaugural de la nueva era del mundo, un acto que selló un pacto entre los dioses y los pobladores de la Tierra. La resurrección del dios del maíz significó la aparición del alimento de los seres humanos, cuya carne misma, como lo dice el Popol Vuh, fue hecha de la masa de maíz. A cambio del don que le dio vida a la nueva humanidad y aseguró su reproducción a través de las sucesivas generaciones, los dioses demandaron a las criaturas terrestres que nutrieran a sus progenitores con el sacrificio de su propia sangre.

Lo que sorprende de este mito es que desde sus manifestaciones antiguas incorpora en la estructura narrativa los procesos propios del cultivo de la planta del maíz. Así, los pasajes que corresponden a la cosecha de las mazorcas se convierten, en el Popol Vuh, en la decapitación de Jun Junajpú y en los episodios que describen la fatalidad del sacrificio de una parte de la vida para asegurar la reproducción del conjunto cósmico y humano. De los frutos que cada año genera la Madre Tierra, una porción se convierte en alimento de los seres humanos y la otra vuelve al seno materno, para continuar el ciclo de consunción y recreación de la naturaleza.

Otro gran momento del ciclo agrícola, la siembra de las semillas en el interior de la Tierra, está representado en el mito por la intrusión de los cultivadores en la región del inframundo, una acción que provoca el enojo de los regentes de Xibalbá y el descenso de Jun Junajpú, la primera semilla, a las profundidades de esa región. La permanencia de las semillas en el interior de la tierra, que biológicamente corresponde al pasaje de su transformación bajo la intervención conjunta de los jugos de la tierra y del agua, adquiere en el mito la forma de una contienda entre Jun Junajpú, la primera semilla, y los señores de Xibalbá, que termina con la decapitación de Jun Junajpú y que a su vez provoca la intervención de los emisarios terrestres, Junajpú y Xbalanqué, los hijos de Jun Junajpú. Como sabemos, esa contienda se resuelve en el triunfo de los Gemelos Divinos. La victoria de los gemelos impone a los señores de Xibalbá la aceptación del ciclo anual de siembra y reproducción de las plantas en el interior de la tierra, y la devolución periódica de los frutos sembrados por los agricultores. Su triunfo señala la victoria de los cultivadores de la superficie terrestre, que de este modo acaban con la lucha cíclica entre las fuerzas celestes y las del inframundo e instauran en la Tierra la estabilidad que cada año hace renacer los frutos alimenticios. Así, en lugar de una boca insaciable, el interior de la tierra se convierte en matriz de la germinación y reproducción de la vida.

Por último, en el relato mítico el brote de la planta del maíz en la superficie terrestre se transforma en el acto maravilloso de la resurrección del dios del maíz de las profundidades de la tierra, que simbólicamente expresa el triunfo de las fuerzas creativas sobre las de la muerte y el otorgamiento a los seres humanos del alimento que asegurará la continuidad de las generaciones futuras. La identificación de este acontecimiento agrícola con el origen del cosmos, el nacimiento de los seres humanos y el comienzo de la vida civilizada, expresa la importancia que estos pueblos le atribuyeron a la domesticación de la planta del maíz.46

EL DIOS DEL MAÍZ TRANSFORMADO EN ESPEJO DE GOBERNANTES

Simultáneamente al proceso de deificación del cultivo de la planta, los mayas trasladaron las virtudes germinales del maíz a sus jefes políticos. El ingenio maya vinculó el ciclo agrícola que ocupaba a la mayoría de la población con los símbolos de la sucesión del poder: así como el dios del maíz muere en la cosecha y renace en cada siembra, así también la sangre real se interpretó como la semilla preciosa que vinculaba a los reyes muertos con sus sucesores. En estas imágenes la semilla, que es el núcleo vital que permite el renacimiento cíclico de la planta del maíz, equivale a la sangre que se transmite de padres a hijos y asegura la continuidad del linaje real.47

Si aceptamos esta interpretación, la célebre lápida que cubre el sarcófago del rey Janaab’ Pakal de Palenque representa una escena de resurrección, no de muerte o caída en el inframundo, como proponen otros autores.48 En ese magnífico bajorrelieve se observa que Pakal tiene el mismo vestido de redes de jade en forma de diamante del dios joven del maíz. Es decir, esta imagen representa el momento en que Pakal renace de su tumba transformado en dios del maíz y se convierte en un ser inmortal, en protector divinizado del reino de Palenque (Fig. 34). Se trata entonces de un monumento que sacraliza el pasaje en que el rey muerto renace en el más allá transfigurado en dios. Una serie de estelas donde se representa a los reyes mayas vestidos con el faldellín de redes de jade y los ornamentos del dios joven del maíz, refuerzan esta interpretación (Fig. 35).49

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FIGURA 34. El rey Janaab’ Pakal vestido con el traje de jade del dios joven del maíz, renace del inframundo en la lápida del sarcófago del Templo de las Inscripciones de Palenque. Dibujo basado en Robertson 1985a: 99.

Cuando los gobernantes se hacían representar bajo la forma de la planta o dios del maíz, querían significar que su cuerpo mortal contenía las fuerzas regenerativas de esta planta, y que el poder real, al transmitirse ineluctablemente de un sucesor a otro, estaba dotado de las cualidades eternas de los ciclos naturales, que renacían y se repetían sin cesar un año tras otro.

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FIGURA 35. A) Estela 5 de El Zapote representa a un personaje real vestido con el traje de bolitas y cilindros del dios del maíz. Dibujo basado en Kerr 1997: 884. B) La Estela H de Copán, que representa al rey 18 Conejo en la forma del Primer Padre, el dios creador del cosmos maya, que a su vez se representa bajo la figura del dios del maíz renaciendo del inframundo. En esta estela, Waxaklajun Ub’aah K’awil (Dieciocho son las imágenes de K’awil), lleva una falda de redes de jade sobre una piel de jaguar; de la suntuosa capa de plumas que cubre sus espaldas, sobresalen figuras diminutas del dios del maíz. Dibujo basado en Maudslay 1974.

De este modo los atributos de la planta, personificados en el dios del maíz, se transformaron en símbolos de fecundidad, abundancia, renacimiento e inmortalidad. La imagen del dios renaciendo del interior de la tierra es entonces la metáfora de la creación.

Desde el tiempo de los olmecas los cultos a la fertilidad se asociaron con la resurrección del dios del maíz y con el festival que al comenzar el año agrícola celebraba esos acontecimientos. En esa ceremonia, que reunía a la mayoría de la población, el gobernante supremo, investido de sus poderes de gran chamán, capitán de los ejércitos y cabeza del reino, era el ejecutor de los ritos que revivían el momento de la creación del mundo y convocaban la protección de las fuerzas cósmicas que regulaban la vida terrestre.

Al celebrar cada año el equinoccio de primavera que anunciaba la llegada de las lluvias, o la fiesta de la cosecha y el inicio de la estación seca en el equinoccio de otoño, el gobernante se identificaba con los dioses de la fertilidad, la lluvia y el maíz, y ratificaba ante su pueblo su poder para manipular las fuerzas que regulaban la reproducción de las plantas. El soberano, no el dios del maíz, era entonces la metáfora de la fertilidad y de la recreación de la vida.50

La lápida que cubre el sarcófago de Pakal en Palenque muestra que el ciclo de la muerte y resurrección del dios del maíz se había vinculado a la sucesión del linaje real y el mantenimiento del equilibrio cósmico, las dos cargas que pesaban sobre los hombros del soberano. Así, las ceremonias que celebraban la muerte y resurrección del dios del maíz eran un conjuro contra la esterilidad, la extinción del grupo o la desaparición del rey, los peligros que amenazaban la estabilidad del reino y la sobrevivencia de la comunidad.

Más allá de las manipulaciones políticas del mito de la muerte y resurrección del dios del maíz, en la mentalidad popular el renacimiento anual de las plantas se había convertido en la metáfora de la recreación de la vida. Así lo sugiere una vasija que describe, en el lado izquierdo, la muerte trágica de un individuo y el duelo acongojado de sus parientes. A la derecha se advierte una pirámide y en la parte baja el cuerpo del difunto enterrado, pero al lado, surgiendo del suelo, vemos renacer al muerto y a sus antepasados como árboles floridos (Fig. 36).51 De este modo, el mito de la muerte y resurrección del dios del maíz, al narrar mediante el rito, la escenografía, la pintura, la arquitectura y el códice el drama de la creación del cosmos, el origen de los seres humanos y el nacimiento de la vida civilizada, adquirió las cualidades del relato identitario del pueblo maya.

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FIGURA 36. En este recipiente para quemar copal se pintó una escena extraordinaria de muerte y resurrección. En el lado izquierdo se advierte al difunto y a sus deudos, que expresan su dolor con dramatismo. A la derecha se ve la pirámide donde se enterró al difunto y unos árboles florecidos, con figura humana, que parecen brotar de la tierra donde reposa el cadáver. Foto tomada de Grube 2001: 312.

Este recorrido por los siglos de la historia maya muestra que desde los años iniciales del Preclásico los mitos, los ritos, la imaginería sagrada, el arte público y la propaganda política se unieron para hacer del dios del maíz un espejo de virtudes del pueblo maya. Era el dios generador de la existencia humana, el fundador del poblado sedentario y el benefactor de las artes y las ciencias. Tenía la condición del dios siempre joven cuyo cuerpo reverdecía cada primavera. Su reaparición estacional era símbolo de vida eterna, y por eso la muerte y el renacimiento anual de la planta del maíz se convirtieron en metáfora de la continuidad imperecedera del poder dinástico.52

Al mismo tiempo que el dios del maíz se transformó en un símbolo del poder real, resumió las virtudes del pueblo campesino maya: el cultivo de la planta del maíz era la tarea que unía a los diversos pobladores en una empresa de supervivencia colectiva. El cultivo mismo implicaba las nociones de trabajo colectivo, disciplina, planeación y colaboración comunitarias. La naturaleza colectiva del cultivo del maíz originó la división del trabajo en la célula familiar, y ordenó las actividades de la comunidad campesina alrededor del ciclo anual de producción de la planta: limpia y roturación del suelo de febrero a marzo; siembra entre abril y mayo; cuidado y riego de la planta de junio a septiembre; y cosecha y almacenamiento de octubre a noviembre. Tal fue el calendario agrícola que definió los principales trabajos y ritos de la comunidad a lo largo del año y a través de los siglos.53