
Alta sensibilidad. ¿Qué es realmente? ¿Soy una persona altamente sensible? ¿Qué significa tener una alta sensibilidad? ¿Cómo puedo gestionarlo? ¿Existe un diagnóstico de «alta sensibilidad»? ¿Cómo influye la alta sensibilidad en mi vida? ¿En mi entorno hay personas más sensibles que otras? Preguntas y más preguntas cuyas respuestas son muy importantes. Porque solo cuando sepas que existe el fenómeno de la alta sensibilidad, podrás descubrir qué grado de sensibilidad tienes tú y las personas que te rodean. Este es el primer paso hacia una vida en que la sensibilidad sea una fortaleza, bien en el trato con uno mismo, bien para conseguir una buena convivencia con la pareja, la familia y la sociedad.
Aunque la investigación sobre el tema de la alta sensibilidad es todavía muy reciente, una cosa está clara: el fenómeno de la alta percepción nos concierne a todos. Porque si aspiramos a valorarnos y apreciarnos los unos a otros, debemos conocer nuestras sensibilidades, sean estas del grado que sean.
¿Acaso no somos todos sensibles a nuestro modo?
Si consultamos el diccionario, veremos que el término «sensibilidad» hace referencia a la delicadeza de una persona. Entonces se plantea de inmediato la pregunta: ¿podemos permitirnos ser «delicados»... en una sociedad donde la disciplina y el rendimiento aseguran la supervivencia y el bajo rendimiento se equipara al fracaso y el descenso social? La respuesta parece clara: la sensibilidad no tiene cabida en este mundo. ¿O sí? Tratemos el tema con menos dramatismo y más confianza, y veámoslo desde otro punto de vista: al hablar de «sensibilidad», los médicos se refieren a la receptividad que el organismo y determinadas partes del sistema nervioso ofrecen frente a los estímulos sensoriales y el dolor. Wikipedia señala que en psicología y en la psicología de la percepción se entiende por «sensibilidad» el llamado quinto sentido, es decir, el que permite sentir a través de la piel. Así pues, la sensibilidad se trata de una capacidad que nos ha asegurado la supervivencia a lo largo de los tiempos. Sin ella la especie humana habría desaparecido hace tiempo.
Por eso es importante conservar la(s) sensibilidad(es) y tomarse un tiempo para indagar en ella(s) con regularidad.
¿Qué me hace daño? ¿Dónde me duele? ¿Por qué estoy irritado? Porque, si somos sinceros, todos somos sensibles en mayor o menor medida y algunos incluso altamente sensibles.
Si tú, igual que yo, perteneces a este grupo de personas altamente sensibles o muy sensibles, entonces no te queda otra que prestar atención a todas tus percepciones. Pues cuanto menos escuchemos a nuestra parte sensible, más fuerte gritará. Todos conocemos las señales más típicas: el estrés permanente, el cansancio, el agotamiento, los trastornos del sueño, las enfermedades mentales y los síndromes de burn-out se pasean desde hace años no solo por los medios de comunicación, sino también entre nuestros conocidos. ¿O eres de los que ya sabes qué se siente cuando el cuerpo y la mente se niegan a seguir funcionando? Los estudios de las aseguradoras médicas revelan año tras año que cada vez hay más personas que se sienten incapaces de enfrentarse a las exigencias de la economía y la sociedad. Y esto no afecta únicamente a las personas altamente sensibles, sino también a las que tienen una sensibilidad de grado medio. Ha llegado el momento de que prestemos atención a nuestro lado sensible y pensemos en nuestra salud.
EL FENÓMENO DE LA ALTA SENSIBILIDAD
Las definiciones vistas hasta ahora se las debemos a la psicoterapeuta y profesora universitaria Elaine Aron, pionera en la investigación de la alta sensibilidad. Ella descubrió que las personas altamente sensibles nacen con un sistema nervioso que les permite percibir y procesar los estímulos, tanto externos como internos, de forma más intensa que los demás. Se trata de un rasgo hereditario y variable que tiene entre el 15 y el 20 % de la población. En su distribución no existe diferencia entre sexos. Hay igual proporción de personas altamente sensibles entre hombres y mujeres.
De momento, no existe una definición neurocientífica clara. Dado que la alta sensibilidad no es una enfermedad, sino un rasgo de la personalidad, ni el médico ni el psicólogo harán un «diagnóstico» de alta sensibilidad. Por otra parte, Aron no fue la primera en tratar el tema de la alta sensibilidad. El científico ruso Iván Pávlov ya había realizado mucho tiempo antes experimentos con estímulos acústicos. Quería probar cuándo llegaban los voluntarios al límite del dolor. También fue él quien constató que, a diferencia de la distribución habitual de los fenómenos psicológicos, entre el 15 y el 20 % de los voluntarios llegaban al límite del dolor antes que el resto de las personas sometidas al test.
Alta sensibilidad: concepto y definición
Ni científicos ni autores se han puesto de acuerdo en la elección del término. Alta sensibilidad, hipersensibilidad, persona altamente sensitiva, exceso de sensibilidad..., todos estos términos aparecen en parte como sinónimos, pero en parte también con un carácter diferenciador. La expresión «alta sensibilidad» es la más extendida y tiene una entrada en Wikipedia. En los medios de comunicación se utiliza con frecuencia el término «hipersensibilidad», que sin duda llama más la atención. La expresión «persona altamente sensitiva» se utiliza para este fenómeno porque la psicóloga americana Elaine Aron, la madre de la actual investigación sobre la alta sensibilidad, acuñó las expresiones inglesas «sensory-processing sensitivity» y «highly sensitive person». La traducción de «sensitivity» no es unívoca, sino que se puede hablar tanto de personas altamente «sensibles» o como de personas altamente «sensitivas». Hay también autores y coaches que hablan de alta sensibilidad cuando se refieren a una «alta aptitud» de los sentidos y de «highly sensitive person» cuando describen todas las percepciones extrasensoriales, incluida la que en círculos espirituales se denomina clarividencia.
Aunque el concepto «alta sensibilidad» puede provocar rechazo a algunas personas —sobre todo entre los hombres—, he decidido utilizar esta expresión por dos motivos muy sencillos. En primer lugar, porque es el término más empleado, también por la enciclopedia online Wikipedia y las asociaciones de personas altamente sensibles; y, en segundo lugar, porque sencillamente me he acostumbrado a él. Pero, para mí, la elección de los términos es menos relevante que ofrecer una visión práctica del fenómeno. De modo que, de ahora en adelante, emplearé las abreviaturas «PAS» y «AS», que hacen referencia a las «personas/personalidades altamente sensibles» y a la «alta sensibilidad».
¿Qué grado de sensibilidad tengo?
Desde que en 2008 fijé mi atención en este fenómeno, se ha avanzado mucho. El fenómeno de la alta sensibilidad es cada vez más conocido... y eso es positivo. Pero todavía mucha gente me mira con curiosidad y con un signo de interrogación dibujado en la mirada cuando les digo: «Soy embajadora de la alta sensibilidad». Generalmente me preguntan: «¿Alta sensibilidad? ¿Qué es eso exactamente?». A menudo son precisamente las personas altamente sensibles las que preguntan con curiosidad porque se sienten mágicamente atraídas por esta expresión y llevan tiempo buscando respuestas. Pero cada vez más personas que no son altamente sensibles se interesan por el tema. Una buena señal, ya que no basta con que solo las PAS estén informadas. El fenómeno tiene también una gran importancia para responsables de recursos humanos, empresarios, directivos, psicólogos, médicos, homeópatas, profesores, educadores, pedagogos o entrenadores. Es un fenómeno que tiene que ver con la valoración, la orientación, la selección de personal y la salud..., temas cuya relevancia en la economía y en la sociedad aumenta día a día.
¿Cómo llegué yo al tema de la alta sensibilidad? Como ya he mencionado antes, cayó en mis manos el libro de Georg Parlow, Zart besaitet. Cuando empecé a leerlo, me quedé fascinada. Porque estaba claro que alguien había escrito sobre mí y me estaba abriendo los ojos. El libro me dio las respuestas que llevaba tiempo buscando: fue un punto de inflexión en mi vida. Por fin, existía una explicación a mi «forma de ser diferente». Y aún más importante, pude decir: «¡No estoy sola! ¡Hay más personas que son como yo!». Esta idea fue muy positiva para mí. Porque un 15 o 20 % de personas altamente sensibles es una minoría muy grande, y su realidad puede cambiar drásticamente en un minuto cuando se pone sobre la mesa el tema de la alta sensibilidad. Las personas con una sensibilidad «normal», por el contrario, no suelen sentirse aludidas.
Michael Jack, presidente de la Asociación para la Información y la Investigación de la Alta Sensibilidad, llama al momento de esta constatación «efecto cadena montañosa». Uno no solo se quita un gran peso de encima, sino que también se pone en movimiento toda una cordillera. La niebla se disipa, y de pronto se abren caminos donde antes solo se veía maleza salvaje. La siguiente cima resplandece bajo una nueva luz, y tras ella van surgiendo nuevas cadenas montañosas. Aquí y allá cae un alud sobre el valle. Produce un gran estruendo y cambia todo el paisaje. Alivio, reorganización, curiosidad...
Es el momento también en que los que acaban de descubrir que son altamente sensibles se suben a su tabla de surf digital y navegan en busca del test apropiado. El deseo de encajar en una categoría es grande. Quien tiene la sensación de ser diferente desde su infancia lleva una añoranza dentro de sí: el anhelo de superar las contradicciones con el mundo y consigo mismo. Las distintas categorías nos muestran el camino a través de la jungla informativa del día a día y nos ayudan a orientarnos en la vida. La alta sensibilidad es una de esas categorías. Una categoría que puede aclarar (y explicar) muchas cosas. Se trata de la pertenencia a un grupo y la sensación de no estar solo siendo diferente. No importa que los test en el ámbito de la alta sensibilidad no hayan obtenido (todavía) el reconocimiento científico.
Test
¿Quieres saber si eres altamente sensible? Entonces haz la siguiente prueba. El test «¿Qué grado de sensibilidad tengo?» está basado en los conocimientos y experiencias que he recopilado a lo largo del tiempo.
Toma nota en un caderno de la cantidad de las siguientes afirmaciones con las que te sientas identificado..
—Oigo, veo, huelo y/o percibo los sabores con intensidad, y a veces mis impresiones sensoriales me superan.
—Prefiero trabajar por mi cuenta y en silencio.
—Para mí es importante encontrar mi vocación y vivirla.
—Pienso las cosas interconectándolas, buscando una solución integral.
—Incluso cuando asisto con ganas a una fiesta o un gran evento, enseguida me molesta el exceso de estímulos sensoriales y de gente.
—De niño tenía una fantasía desbordada y todavía hoy tengo acceso a un mundo que no es alcanzable para el resto de la gente.
—Del mismo modo que puedo disfrutar con intensidad de las cosas bellas y delicadas de la vida, me agobian los ruidos estridentes, las luces brillantes, los olores fuertes, la ropa ajustada y las multitudes.
—Cuando hay un exceso de estímulos sensoriales, prefiero retirarme a un lugar tranquilo donde poder estar solo.
—Para mí es muy importante sentirme valorado y trabajar en un entorno que se adapte a mis valores.
—Tengo pocos amigos, pero muy buenos, y me gustan las conversaciones profundas.
—A menudo me quedo sin fuerzas cuando los demás están en plena forma.
—Reacciono de forma intensa a los medicamentos, la cafeína, la teína, la nicotina y/o el alcohol.
—Tiendo a tener reacciones alérgicas.
—Percibo cómo están las demás personas y a menudo se desdibujan los límites entre mis propias sensaciones y las de los demás.
—Necesito un tiempo para procesar las experiencias intensas. A veces vuelvo de pronto a una situación después de mucho tiempo para «re-asimilarla».
—Trabajar en una gran oficina dividida en cubículos me resulta horrible y ni me lo planteo.
—Evito las noticias negativas y las películas con escenas de violencia, muerte o agresividad.
—Solo me siento completamente a gusto en mi trabajo si le encuentro un sentido y puedo emplear mis capacidades.
—En mi vida juegan un papel muy importante la justicia, la fe, la sensatez, los valores y la ética y/o la espiritualidad.
—Reacciono al estrés, la mala alimentación, la falta de ejercicio físico y un entorno estresante antes que otras personas.
—Los continuos estímulos de los medios de comunicación y el aluvión de información y e-mails no me sientan bien.
—Otros valoran mi consideración diferenciada y/o mi percepción sutil.
—Para mí es muy importante el equilibrio entre proximidad y distancia en mis relaciones más estrechas.
—Entre mis puntos fuertes están la empatía, la intuición y la creatividad.
—A veces noto que alguien dice algo diferente a lo que piensa y siente, cosa que suele confirmarse en el posterior transcurso de la relación/situación.
—Asumo rápidamente la responsabilidad y debo hacer un esfuerzo por asumir solo las tareas o cuestiones que mis recursos pueden afrontar.
—Cuando las personas no actúan en consonancia con mis valores o expectativas, debo esforzarme para no juzgarlas.
—Ya desde mi niñez, considero a muchas personas insensibles y/o desconsideradas.
—En situaciones críticas imprevistas mantengo la capacidad de actuar y estoy en condiciones de asumir el mando rápidamente.
—A veces sé de antemano lo que ocurre y/o percibo de lejos las cosas malas que les ocurren a las personas de mi entorno.
Valoración
Todas las afirmaciones hacen referencia a aspectos de la alta sensibilidad. Cuantas más cruces hayas puesto, más datos señalan que perteneces al 15-20 % de personas altamente sensibles que perciben cualitativa y cuantitativamente más estímulos e informaciones, y los procesan de forma más intensa que el resto de personas.
Cada uno de los puntos concierne a un ámbito sensible de tu vida que influye sobre ti. Incluso si has marcado un solo punto, eso puede significar que eres altamente sensible en ese aspecto. Préstale atención. Fíjate en él. ¿Hasta dónde llega tu alta sensibilidad? ¿Qué puedes hacer para controlar mejor ese punto sensible? Reflexiona acerca de hasta qué punto tu percepción te resulta positiva o negativa en este ámbito.
Algo importante: independientemente de lo sensible que seas y en qué ámbitos, no tiene ningún sentido actuar como si no lo fueras. De hacerlo, estarías rechazando una parte de ti mismo, cosa que solo hará aumentar la intensidad de los estímulos y aumentar tu nivel de estrés. Por lo tanto, es mejor analizar ese ámbito para mantenerte sano y productivo y sentirte bien contigo mismo.
La Asociación para la Información y la Investigación de la Alta Sensibilidad recomienda observarse a sí mismo durante un tiempo cuando un test indica una alta sensibilidad. ¿Qué efecto tiene en mí la idea de ser altamente sensible? ¿Se ha producido con el test un «efecto eureka»? ¿Encuentro en el concepto de alta sensibilidad explicaciones para aspectos singulares de mi vida? ¿Quiero saber algo más sobre la alta sensibilidad? ¿Me ayudan el test y los conocimientos sobre la alta sensibilidad a entenderme y aceptarme mejor a mí mismo? ¿Mi vida empieza a moverse en sentido positivo? ¿Tengo mejor olfato para saber dónde están mis puntos fuertes y débiles? ¿Percibo mejor cuándo me superan las situaciones y necesito una pausa?
Otra referencia a la alta sensibilidad son los numerosos adjetivos que aparecen en la literatura sobre el tema: delicado, tierno, comprensivo, intuitivo, susceptible, sutil, caluroso, efusivo, blando, impresionable, empático... Si te encuentras reflejado en esta nube de adjetivos, también puede ser una indicación de una alta sensibilidad.
TEST ONLINE Y PÁGINAS DE INTERNET DONDE OBTENER INFORMACIÓN
El test de esta página de internet de ayuda a las personas altamente sensibles fue, junto al libro de Georg Parlow, mi primer paso hacia el mundo de la alta sensibilidad. El test es detallado y exige respuestas precisas.
La Asociación para la Información y la Investigación de la Alta Sensibilidad, dirigida por Michael Jack, ofrece una buena y detallada visión de la «escena de la alta sensibilidad» en Alemania.
En este caso se trata de una página en inglés de la investigadora Elaine Aron. En ella se encuentran también diversos test relacionados con el tema.
Asociación de Personas Altamente Sensibles de España. En esta página web se encuentra información sobre este fenómeno, así como un test, en español.
Las mujeres son sensibles... y los hombres también
La alta sensibilidad no es, como ya se ha dicho, un fenómeno específico de un género. Es cierto que la sensibilidad, la emotividad y la empatía son cualidades que en nuestra sociedad se atribuyen más a las mujeres. Por eso a las mujeres puede resultarles más fácil enfrentarse a la alta sensibilidad y aproximarse a ella con actitud positiva.
Pero ¿hombres altamente sensibles? ¿Cómo puede ser eso? Aunque en estos momentos la imagen del hombre está cambiando mucho y cada vez son más los hombres que asumen nuevos roles, en los puestos decisivos de nuestra sociedad sigue habiendo muchos hombres que asocian el «ser hombre» con trabajo duro, poder, capacidad de imponerse, rendimiento, éxito financiero y objetividad.
¿Qué? ¿No es tu caso? ¡Blandengue! ¿Y encima tienes familia? ¡Qué irresponsable! Pero no nos engañemos. Tú sabes muy bien lo que rindes a diario y, por supuesto, ni eres un fracasado ni actúas de forma irresponsable. La «vieja» imagen del hombre de las últimas décadas no tiene absolutamente nada que ver con lo que tú sientes y percibes. Tú tienes otros valores... ¡y está bien así!
A todos los hombres (altamente sensibles) de ahí fuera: aceptad vuestra forma de percibir, de sentir, vuestra masculinidad sensible, diferente. La economía busca nuevas soluciones, y no solo para los modelos de jornada laboral y trabajo presencial o a distancia. Cada vez hay planteamientos más flexibles. Los retos empresariales de nuestro tiempo exigen personas con ideas poco convencionales. Es un buen momento para introducir nuevos valores en este mundo y poner fin, antes de que sea demasiado tarde, a la locura del método «más-alto-más-deprisa-mejor-más-barato» y a la idea equivocada de que un crecimiento continuado es la solución a los problemas de la humanidad. Un nuevo comienzo. Para todos. También para las mujeres.
También las mujeres tienen que dejar atrás de una vez por todas esa actitud, supuestamente masculina, de «no existe el dolor». Al fin y al cabo, las mujeres (sobre todo las altamente sensibles) no quieren machos que lo sepan todo mejor que ellas y no las tomen en serio en sus proyectos, sus ideas y su visión sobre lo que el mundo necesita en ese momento. Las mujeres están dispuestas a asumir más responsabilidad y buscan desarrollar su carrera profesional. Pero, cuando llegan los niños, necesitamos ayuda. Puede ser la pareja quien arrime más el hombro o pueden ser los abuelos, también los amigos y vecinos pueden echarnos una mano; en cualquier caso, está claro que sin ayuda resulta enormemente agotador. Quien tiene niños altamente sensibles sabe muy bien que puede resultar sumamente difícil encontrar una ayuda externa adecuada. Y la mayoría de padres de niños con alta sensibilidad son muy conscientes de lo importante que resultan, además de la atención habitual, la compañía familiar, la seguridad, la tranquilidad y la proximidad física. Si no queda más remedio, los niños aguantan diez horas con alguien que les cuide. Sí, se puede compaginar la carrera con los hijos. Aunque siempre sobrevuela la pregunta de hasta qué punto eso es bueno... A muchas mujeres les resulta mucho más difícil de lo que quieren reconocer compaginar hijos y carrera (o digamos sencillamente: trabajo). Muchas mujeres altamente sensibles se plantean: ¿después de seis meses, tengo que pasar de un día para otro de la lactancia a la jornada completa en una enorme oficina dividida en cubículos y dejar al niño, que probablemente también tenga una alta sensibilidad, en una guardería? ¿Y hacerlo como si no planteara ningún problema? Las mujeres con una alta sensibilidad con hijos altamente sensibles que siguen este modelo con éxito, de forma duradera y, ante todo, de un modo sano desde el punto de vista físico y mental, son probablemente una rara excepción. Exista alta sensibilidad o no, al final siempre se necesitan soluciones individuales. Cada familia es diferente y cada etapa de la vida también. Busquemos soluciones flexibles y tomémonos la libertad de pensar y adaptar nuestras decisiones a cada situación, independientemente de que los vecinos nos miren mal o la familia crea que sabe mucho mejor que nosotros lo que nos conviene.
Hombres y mujeres están redefiniendo sus roles. Y esto supone una gran oportunidad, sobre todo para los hombres con alta sensibilidad. Todos con los que yo he hablado conviven desde su infancia con el desajuste entre las expectativas que la familia y la sociedad tienen de ellos y su temperamento sensible. Cada uno ha encontrado su propia forma de enfrentarse al forcejeo masculino por el poder y sentirse más o menos a gusto. Una lucha... diaria. Una lucha que, paradójicamente, les ha dado una gran fuerza interna a esos tipos «blanditos». Una fuerza que ahora puede desarrollarse sin presiones en el trabajo, la cama y las relaciones.
Rasgos característicos de las personas altamente sensibles
¿Qué significa exactamente ser altamente sensible? ¿Qué características definen a las personas con alta sensibilidad? Dado que se trata de un campo de investigación relativamente reciente, de momento existen pocas definiciones psicológicas claras. Y todavía existe cierta imprecisión —desde el punto de vista científico— acerca de qué cualidades y comportamientos pertenecen a la alta sensibilidad y cuáles no. Así, está claro que la empatía no es propia solo de las personas altamente sensibles, pero se encuentra muy marcada en este grupo de personas.
Brigitte Küster, escritora y directora del Instituto para la Alta Sensibilidad de Suiza, menciona tres criterios de diferenciación claros que son inherentes a todas las PAS:
• zona de confort reducida
• rápida sobreexcitación y/o sobreestimulación sensorial
• larga resonancia de los estímulos y las informaciones
Para que las personas altamente sensibles se sientan a gusto, tienen que darse más condiciones que en el caso de las personas no altamente sensibles. Si existen pocos estímulos, nos acecha el aburrimiento; y cuando nos sumergimos en la vida normal, tenemos la amenaza de sufrir un exceso de estímulos sensoriales.
Ser fuerte en la vida a pesar de la sensibilidad: eso es lo que desean muchas personas altamente sensibles y, a pesar de todo, sienten su intensa percepción como una carga. Cuanto mejor sepan las PAS cómo funcionan, mejor podrán entenderse a sí mismas y a los demás. Y la frustración relacionada con la percepción puede transformarse cada vez más en una vida llena de entusiasmo.
Los rasgos relacionados con la alta sensibilidad pueden tener, por un lado, efectos positivos, pero, por otro lado, también generan estrés.
Si nos falta la base para reflexionar sobre nuestra situación especial, suele quedarnos solo una gran frustración. Imagina que acabas de mimar a tus sentidos con un concierto de música clásica y luego te metes en el metro. Un grupo de jóvenes medio borrachos hablan a gritos y apestan a alcohol. Los auriculares del hombre que tienes a tu lado atruenan. Y una mujer cuyo vestido es de un color que te obliga a mirar a otra parte habla por teléfono con su novio tan fuerte, que te estás enterando de detalles íntimos de su relación que no querías conocer. A los cinco minutos, como mucho, se ha disipado el efecto beneficioso del concierto. Surge el estrés. Si supiéramos cuándo nos vamos a sentir saturados, tendríamos claro que en tales situaciones es mejor que vayamos en coche, aunque esto choque con nuestra conciencia medioambiental, que generalmente es importante para las personas con alta sensibilidad. Pero en este caso tiene absoluto sentido poner el foco en nuestro propio aguante y actuar de forma positiva.
Personas con los sentidos muy desarrollados
A través de los sentidos percibimos el mundo que nos rodea: vista, oído, olfato, gusto, tacto... y nuestro sexto sentido. Todos juntos pueden convertir nuestra vida en una fiesta de los sentidos gracias a la suave sensación de felicidad que hace fluir por nuestras células.
Cómo vemos
Tenemos una buena percepción de los colores, las formas, la armonía, un marcado sentido de la belleza y la estética, un buen ojo para los detalles.
Desorden, suciedad, formas y colores «equivocados» y luces demasiado brillantes nos pueden producir una sobreexcitación sensorial e impedir que nos concentremos.
Cómo oímos
Buena música, bellos sonidos, etc., son una vivencia positiva y con fuerza emocional.
A menudo las PAS tienen un buen oído, algunas incluso muy marcado, un buen sentido del ritmo, una buena musicalidad y una buena comprensión del lenguaje.
Los ruidos de fondo pueden impedir la concentración, aunque no sean fuertes. La música alta y los ruidos repetitivos provocan enseguida una sobreexcitación sensorial.
Cómo olemos y percibimos los sabores
Los olores agradables son una experiencia maravillosa.
Una buena comida es un absoluto placer y una explosión de sabores.
Olores, sabores o determinadas texturas pueden ser percibidos enseguida como algo desagradable y producir asco y rechazo.
Cómo percibimos las sensaciones táctiles y nuestro cuerpo
Los roces delicados despiertan nuestros sentidos y la percepción del cuerpo es consciente y diferenciada.
Habilidad, coordinación orientación espacial, motricidad fina e inteligencia motora están muy desarrolladas.
Dolor, calor y frío se sienten de forma más acentuada. El hambre, la sed y el cansancio alteran enseguida el bienestar.
La ropa áspera y ajustada nos provoca estrés.
Cómo percibimos «más»
Sabemos escuchar, tenemos una buena intuición y notamos de forma intuitiva lo que está bien. Las deducciones lógicas salen por sí solas.
La buena intuición y el sexto sentido nos permiten percibir cosas que quedan ocultas a los demás. Captamos las señales no verbales de forma intuitiva.
Es un proceso de aprendizaje confiar en la propia percepción intuitiva y mostrarla a los demás de forma «sensible».
Tal como muestra este cuadro, los sentidos muy acentuados pueden ponernos ante otras situaciones que nos superan o pueden provocar en nosotros el reflejo de volver corriendo a casa, meternos en la cama, escondernos debajo de la manta y apagar la luz. Así, a menudo, hay en nuestro entorno personas que nos hacen felices, pero al mismo tiempo nos estresan porque tienen rasgos o costumbres que sobrecargan nuestros delicados sentidos. Las nuevas oportunidades laborales pueden ser enriquecedoras y, a pesar de todo, por la noche nos tendremos que acostar a las nueve para que al día siguiente estemos otra vez en forma, con ilusión y fuerzas para alcanzar nuestros objetivos. O viajamos por fin al país de nuestros sueños y, durante nuestras vacaciones, las nuevas impresiones nos fascinan, pero los momentos de auténtica relajación son escasos. Al final de las vacaciones somos ricos en experiencias intensas, pero no podemos hablar de descanso. Así pues, una alta percepción sensorial puede suponer un gran disfrute, pero también puede producir profundo asco, dispersión o saturación. Si tienes percepciones sensoriales finas y diferenciadas, lo sabes bien. Hay momentos espontáneos de felicidad cuando, por ejemplo, un pájaro gorjea de forma inesperada una bonita canción en medio del ruido de la ciudad. Pero la alta percepción también puede ser la causa de que al entrar en el metro sientas asco o incluso náuseas porque un sintecho se ha refugiado en ese vagón y no puedes cuidar tu higiene corporal como te gustaría. Por mucho que se intente controlar la percepción sensorial, el desagradable y penetrante olor provocará en pocos segundos una sobreexcitación sensorial en la mayoría de las personas sensibles a los olores. Esta historia revela lo deprisa que pueden caer las PAS en situaciones de estrés.
Si te mueves habitualmente en un entorno con un exceso de estímulos sensoriales, a largo plazo puedes sufrir enfermedades relacionadas con el estrés. Identifica qué te roba fuerzas, y reduce tu estrés. Considera qué sentidos tienes realmente sensibles. ¿En qué situaciones te ves superado? ¿En qué circunstancias tiendes a adaptarte? ¿Qué impresiones sensoriales son positivas? ¿Qué experiencias te estresan? ¿Hay días en los que estás más cansado de lo normal? Y si es así, ¿qué ha ocurrido esos días? Si te conoces bien a ti mismo y sabes qué te sienta bien y qué no, tienes la posibilidad de cambiar tu vida diaria y vivir de forma más relajada.
Percepción y tratamiento de las informaciones
Unas antenas sensibles no hacen solo que las PAS tengan una percepción más intensa. También tienen que procesar más estímulos. Entre estos, se cuentan ruidos, impresiones luminosas, olores, sabores y todos los estímulos externos que actúan sobre la piel y el cuerpo: calor, frío, vibraciones, presiones, roces y corrientes de aire. A ello se suman también todos los impulsos desencadenados por los encuentros con otras personas o por el consumo de medios de comunicación. Precisamente en los tiempos de comunicación digital y redes sociales, resulta cada vez más decisivo este factor. Pues cada vez son más escasos los momentos de relajación sin estímulos visuales o de los medios de comunicación. Para muchas personas con alta sensibilidad, también son relevantes los estados de ánimo de otras personas. Aquí entra en juego la empatía, que a menudo nos obliga a investigar si se trata de nuestras propias sensaciones o estados de ánimo o los de los demás.
LA FÓRMULA DOES
Elaine Aron ha resumido los rasgos característicos de la alta sensibilidad en una fórmula abreviada.
D de «Depth of Processing», es decir, la profundidad del procesamiento de la información.
O de «Easily Overstimulated», lo que significa que las personas altamente sensibles sufren un exceso de estímulos antes o más deprisa que las personas con una sensibilidad normal.
E de «Emotionally Reactivity and High Empathy». Se trata de la reacción emocional. Los sentidos de las personas altamente sensibles reaccionan más fuerte a los estímulos positivos y aún con más intensidad a los negativos.
S de «Sensitivity to Subtile Stimuli». Las personas altamente sensibles perciben también los estímulos sutiles que permanecen ocultos para los demás.
Pero el fenómeno de la alta sensibilidad no está relacionado solo con una mayor cantidad de los estímulos a procesar, sino también con una mayor profundidad del procesamiento. A veces revivimos una situación después de semanas, meses o incluso años. Puede ser una información que hasta entonces no tenía ninguna relevancia, pero que resulta interesante para un proyecto actual. Establecer conexiones es una de las grandes capacidades de las PAS. Aunque a veces son vivencias o experiencias que nos abruman de forma sutil, sin que seamos realmente conscientes de ello. Así, por ejemplo, una pareja que discute o una persona triste pueden dejar una huella duradera en nuestras emociones cuando las vemos de pasada por la calle y no procesamos de forma consciente esa impresión. Ambas son situaciones que no tendrían que tener ninguna relevancia para nosotros y que, sin embargo, queremos procesar.
Hasta el momento no existe ninguna teoría neurofisiológica con reconocimiento científico que explique por qué las personas altamente sensibles perciben y procesan los estímulos de forma diferente. En un seminario sobre alta sensibilidad, tuve la oportunidad de conocer un modelo simple y gráfico de cómo funciona el «procesamiento de datos» en las PAS. El coach y asesor Reimar Lüngen está especializado en la alta sensibilidad y explica el modelo —inspirado por el libro de Christa y Dirk Lüling Lastentragen, die verkannte Gabe— de la siguiente manera.
Cada segundo llegan millones de bits a nuestros órganos sensoriales, y solo podemos procesar una mínima parte de ellos. El primer nivel del filtro es comparable al hardware. Está instalado, existe físicamente y es distinto en cada persona. Aquí reside la diferencia entre las personas con una sensibilidad normal y las PAS. El segundo nivel es el software, en el que se reproduce el mundo de vivencias y experiencias individuales y le confiere al filtro la capacidad de percepción inherente. Los bits que atraviesan estos dos filtros se distribuyen en tres sitios diferentes. Una pequeña parte de las impresiones se queda en la memoria, la mayoría se van inmediatamente al subconsciente. Y el resto aterriza en un tercer almacén, llamémosle portapapeles. Nuestro sistema procesará más tarde todo lo que acaba allí. Este portapapeles se llena más deprisa en las personas altamente sensibles. En primer lugar, porque percibimos más y, en segundo lugar, se supone, porque nuestro sistema clasifica más estímulos como relevantes.
¿Qué significa esto para las personas altamente sensibles? Muy sencillo. Permite tomar conciencia de que existe ese portapapeles. Porque cuando el portapapeles está lleno, nos quedamos sin sitio para almacenar informaciones relevantes. Y entonces, de pronto, nos sentimos saturados. Estábamos disfrutando de la fiesta y de pronto salimos huyendo a casa. La reunión iba bien y de pronto ya no somos capaces de pronunciar una frase razonable. La solución: descubrir qué se siente antes de que el portapapeles se llene y conocer las propias señales de aviso. ¿Cansado de golpe? ¿Sensación de hambre a pesar de haber comido? ¡Cuidado, es una alarma de que hay un exceso de estímulos! Tu portapapeles amenaza con desbordarse. En mi caso se produce entonces un estado de cansancio social y comunicativo. Cuando mi portapapeles me da el aviso de sobrecarga inminente, me siento cansada de golpe si no puedo evitar el contacto directo y la comunicación con otras personas. Cualquier estímulo sensorial añadido, como ruidos repetitivos, música demasiado alta u olores fuertes, me resulta insoportable. Trátate bien a ti mismo en tales situaciones y no te castigues por no rendir y concentrarte como de costumbre. En muchas situaciones es posible prevenir la sobreexcitación sensorial haciendo breves pausas en la percepción de estímulos. Si esto no es posible, a veces no nos queda otra solución que ser disciplinado. Yo he aprendido a enfrentarme a estas situaciones. Pues ya sea en el trabajo o en la familia, a veces la vida no nos deja otra elección. Si superamos a menudo nuestros límites durante largos espacios de tiempo sin hacer pausas reponedoras y encima no estamos contentos con nuestro rendimiento, antes o después nuestro cuerpo se encargará de que hagamos un descanso obligatorio por enfermedad. ¡Y quién quiere un descanso impuesto! Es mejor hacer pausas voluntarias. Pausas con las que nos ocupamos de forma activa de avanzar con sensibilidad y fuerza por la vida. Toma conciencia de cuando superas tus límites y, en las siguientes veinticuatro horas, haz una pausa extraordinaria.
Valores y actitudes
Muchas PAS tienen un fuerte sistema de valores interno. La búsqueda de sentido tiene una gran importancia para ellos. Muchas PAS son «sentidores» crónicos y portadores del virus de la búsqueda de sentido. No paran de darle vueltas a la cabeza, todo lo analizan. Quien percibe tantas cosas necesita una estructura y ordena de forma automática lo vivido en su propio sistema de valores. La siguiente lista da una visión del mundo de valores de las personas con alta sensibilidad:
• honestidad y justicia
• conciencia medioambiental, unión a la naturaleza y respeto a los demás seres vivos
• compromiso por un mundo mejor
• encontrar una vocación y vivirla
• precisión, atención, coherencia y lógica
• identificación con tareas y proyectos, lealtad
• apertura a lo nuevo
• comprensión de relaciones y contextos, así como visión de los trasfondos
• conciencia de las obligaciones y responsabilidades
• confianza y compromiso
• paz, armonía y colectividad
¿Encuentras en la lista uno o varios valores que sean importantes para ti? En ese caso es también importante que consideres tres aspectos:
• Mantén tus valores. Créate un entorno en el que puedas vivirlos y transmitirlos.
• Conciénciate de que tu escala de valores supone una alta exigencia... para ti y para la gente de tu entorno.
• Hay muchas personas en el mundo que no comparten esos valores y, en lugar de juzgarlas, hay que entenderse con ellas.
Defender ciertos valores en nuestra sociedad puede traer también consigo ciertos desafíos.
• Nadamos en un mar de posibilidades y podemos entusiasmarnos con muchas cosas. Atención: ten cuidado de no dispersarte. Pon rumbo a tu objetivo y avanza paso a paso.
• Si esperamos cada día que el mundo funcione como nosotros queremos, a menudo nos sentiremos defraudados y tratados de forma injusta. Los grandes valores son buenos. Pero quien busca la perfección, puede caer en un pozo. Atención: ¡peligro para la mente!
• A nosotros nos resulta fácil ver la verdad tras la fachada. Pero ten en cuenta que para mucha gente de nuestro entorno no es fácil gestionar la verdad. Quien dice en voz alta lo que hasta entonces estaba oculto debe saber soportar el rechazo y la crítica.
• La búsqueda de sentido hace a menudo que el camino por la vida esté lleno de subidas y bajadas. Necesitarás paciencia y perseverancia: quien defiende sus valores sin concesiones, a veces tarda algo más en encontrar su sitio en la vida.
Conducta social y emociones
En la convivencia social las personas altamente sensibles suelen ser muy apreciadas porque enseguida perciben las actitudes y estados de ánimo de su entorno, a veces incluso cambios mínimos. ¿En tu equipo están las cosas al rojo vivo? ¿Tu pareja parece agotada? ¿La voz de tu novia lo dice todo por teléfono aunque ella no mencione que hay algo que la atormenta? Merece la pena que nos ejercitemos en tratar los problemas o temas de forma sensible y constructiva. Pues de este modo podemos contribuir a la convivencia pacífica y armoniosa en el entorno del trabajo, la familia, los amigos o la pareja, o ayudar a las personas a reflexionar sobre sus problemas y resolverlos. Muchas personas altamente sensibles han visto ya desde su infancia o su juventud cómo hay gente que los busca para conversar o les confía cosas bastante íntimas. Es como si llevaran en la frente un cartel en el que pone: «Buen oyente, comprensivo, dispuesto a ayudar, con empatía y discreción...».
Y por eso no tiene nada de particular que nos alegremos al encontrar personas con las que enseguida establecemos una amistad verdadera y llena de confianza: a las personas altamente sensibles nos gustan las cosas profundas. Las conversaciones superficiales o los cotilleos no van con nosotros, si bien en determinados ambientes es definitivamente una ventaja poder moverse con confianza sin que te dé un ataque de superficialidad. Este es uno de los motivos por el que elegimos a nuestros amigos con mucho cuidado y preferimos un número pequeño de amistades intensas y profundas, que muchas superficiales. La calidad de nuestra amistad es muy alta: establecemos lazos profundos y percibimos nuestras relaciones como una unión en la que ambas partes podemos generar mucha fuerza y energía.
El gran número de vivencias emocionales que nacen en nosotros mismos y en nuestra convivencia social nos procuran impresiones, encuentros y sentimientos intensos. Somos capaces de alegrarnos mucho por las cosas más pequeñas, y a pesar de todo tenemos una rica vida interior. Así la convivencia emocional se convierte en un gran placer, pero precisa también un equilibrio. Las personas con alta sensibilidad pueden pasar muy bien el tiempo consigo mismas y necesitan su esfera privada. Incluso las PAS más extrovertidas requieren de momentos de retiro para reflexionar sobre lo vivido, procesarlo y clasificarlo.
Hasta aquí los aspectos positivos de la alta emocionalidad y la convivencia intensa. Porque quien es altamente sensible sabe también lo que se siente cuando...
• los sentimientos toman el control,
• las lágrimas brotan por sí solas, lo queramos nosotros o no,
• desaparece la sensación de ligereza,
• hay que suspender de pronto los planes con otras personas por un exceso de estímulos,
• todas las personas «adecuadas» se han escondido en alguna parte y uno se siente como en un planeta desconocido,
• las prisas y los conflictos te obligan a retirarte,
• un exceso de estímulos te vuelve agresivo (cosa de la que luego te arrepientes horriblemente),
• te sientes utilizado porque no has seguido tu intuición y has pensado que todas las personas tienen los mismos valores,
• las invitaciones a fiestas no suponen una alegría, sino un motivo de tensión,
• las críticas te dejan estupefacto,
• las sorpresas te confunden porque estabas preparado para otra cosa,
• las actitudes de los demás te dejan descolocado y tienes que volver a analizarlas o
• olvidas tus necesidades con el ajetreo diario y luego se dejan notar con más fuerza.
La vida es variada, intensa y, para muchas personas altamente sensibles, a menudo un gran desafío. Al mismo tiempo, experimentamos la belleza con mayor intensidad que las personas que no tienen una alta sensibilidad, y tenemos la capacidad de reflexionar. Esta es sin duda la mejor condición previa para seguir desarrollándonos y descubrir las oportunidades que quedan ocultas a los demás. El reconocimiento de la alta sensibilidad es el paso más importante. Si podemos identificar posibles rasgos y cualidades que acompañan a una alta capacidad de percepción, estamos en la mejor situación para tallar nuestro propio timón, izar las velas y guiar nuestro barco contra viento y marea rumbo a una vida donde la sensibilidad es una fortaleza.
Tipos de alta sensibilidad
Categorías como la de alta sensibilidad nos dan la oportunidad de entendernos mejor a nosotros mismos y a los demás. Si eres «diferente» ya sabes lo gratificante que resulta encontrar a una persona que ha vivido la misma experiencia que tú y es capaz de comprenderte. Yo he llegado a la conclusión de que, al conversar, las personas altamente sensibles entienden mejor las vivencias de los demás porque las conocen por su propia experiencia. Y, sin embargo, las personas altamente sensibles no son todas iguales, porque en el cajón de la alta sensibilidad hay distintos compartimentos. Echa un vistazo dentro. ¡Espero que disfrutes con los descubrimientos!
Diferencias en la alta sensibilidad
La asesora psicológica y directora del Instituto para la Alta Sensibilidad de Suiza, Brigitte Küster, distingue cuatro puntos esenciales en la alta sensibilidad:
• empatía
• cognición
• sensorialidad
• espiritualidad
Mis observaciones muestran que en las personas altamente sensibles el foco no tiene que dirigirse a uno solo de los puntos mencionados. Al contrario, en la mayoría de los casos suele darse una mezcla en la que algunos ámbitos son más marcados que otros. Uno de los mayores desafíos es, en cualquier caso, el aspecto de la espiritualidad, ya que en el pasado este tipo de percepciones eran las menos toleradas y a menudo resulta difícil encontrar la palabra correcta para expresar lo percibido, quizás también porque para algunas percepciones ni siquiera existe la palabra adecuada.
Las personas altamente sensibles empáticas muestran una gran comprensión de sí mismas y de los demás. Si se les pregunta cómo están, la respuesta puede ser larga, ya que hacen una clara diferenciación entre sensaciones y sentimientos. Quien tiene una gran capacidad de empatía sentirá también cómo están los demás, qué atmósfera hay en un sitio y de qué calidad son las relaciones entre las personas. Para este tipo de personas, el mayor desafío reside en mantener una distancia adecuada entre su propio mundo y el de los demás. Para ello hay que aprender a marcar unos límites claros.
Las personas altamente sensibles que tienen un fuerte carácter cognitivo pueden examinar los temas desde un punto de vista analítico e intelectual de un modo rápido y preciso, reconocen enseguida la falta de lógica y les resulta muy fácil captar y describir relaciones complejas. Se reservan para sí sus emociones, que no suelen ser visibles para los demás; y por el contrario, pueden sentirse confundidos ante personas que viven sus emociones de forma abierta. Cuando se dedican a un tema con intensidad, es importante para ellos probar sus observaciones y percepciones mencionando citas, listas y tablas científicas de autores reconocidos.
Las personas con una alta sensibilidad sensorial perciben los estímulos sensoriales con especial fuerza. Muchas experimentan auténticas explosiones de sensaciones. Ven los detalles más insignificantes, oyen crecer la hierba, captan los olores más tenues, perciben los sabores con intensidad, y su sentido del tacto está tan desarrollado, que hasta los roces más leves suponen un gran placer. No todas las personas con alta sensibilidad sensorial tienen igual de marcados todos los sentidos. También aquí existen diferencias.
Las personas con alta sensibilidad espiritual perciben un mundo cuyas puertas permanecen cerradas para mucha gente, también para muchas PAS. Tienen premoniciones y visiones, así como acceso a conocimientos inaccesibles para otros. Muchos se sienten atraídos por los temas esotéricos. Los que están muy arraigados en sus creencias encuentran allí una especie de patria espiritual y una realidad que les da fuerzas. Algunos se integran en la comunidad y se comprometen con entrega en sus tareas. Otros, en cambio, evitan de forma consciente los rígidos lazos de las instituciones religiosas para seguir su propio camino espiritual.
Introversión y extraversión
La idea de introversión y extraversión describe cómo interactúan las personas con su entorno. Originalmente fue C. G. Jung quien en 1921 enriqueció la psicología de la personalidad con este concepto. Las personas introvertidas dirigen su atención y su energía con más intensidad hacia su vida interior y suelen ser tranquilas, reservadas y calladas. Sin embargo, no hay que equiparar estos rasgos con la timidez. Las personas extrovertidas tienen una actitud más volcada hacia fuera y les resulta estimulante la interacción dentro de grupos sociales. Pueden ser comunicativas, decididas, activas, enérgicas, dominantes, entusiastas y aventureras. Es importante saber que la mayor parte de las personas no tienen solo rasgos extrovertidos o introvertidos, sino que lo más frecuente es que se produzca una mezcla de ambos.
Visto de un modo superficial, resulta fácil confundir la introversión y la alta sensibilidad. Pero la «introversión» hace referencia sobre todo a la conducta social de las personas e indica una mayor necesidad de ocuparse del mundo interior. En las PAS, en cambio, el foco de atención está en la alta percepción de estímulos sensoriales y la tendencia a verse saturado. Según los estudios de Aron, aproximadamente el 70 % de las PAS son introvertidas y el 30 %, extrovertidas.
En una entrevista en el Stuttgarter Zeitung, Ulrike Hensel, que trabaja como coach de personas altamente sensibles, formuló una interesante idea sobre el tema de la introversión y la extraversión en las PAS: «Las personas altamente sensibles pueden ser extrovertidas socialmente y al mismo tiempo mirar mucho hacia su interior en su forma de pensar y sentir».
Para las PAS extrovertidas supone un desafío aprender que, a pesar de que les gusta el contacto social, de vez en cuando necesitan un tiempo de aislamiento y tranquilidad.
Me gustaría dar un consejo a las personas que no tienen alta sensibilidad: si en vuestro entorno hay alguien que muestra un buen rendimiento en presentaciones, conferencias, etc., y luego —aparentemente de golpe— necesita tranquilidad y se retira, no os sorprendáis. Es algo muy normal en las PAS.
Búsqueda de sensaciones fuertes y alta sensibilidad
La búsqueda de sensaciones, al igual que la alta sensibilidad, es algo que está en los genes. Los «high-sensation-seeker» buscan en el exterior impulsos estimulantes y, cuando se juntan la búsqueda de estímulos fuertes y la alta sensibilidad, surge una mezcla extrema. Siempre en busca de emociones y, al mismo tiempo, altamente sensible a los estímulos y cerca de la sobreestimulación sensorial. Quien tiene esta predisposición genética tiene muy poco espacio para la estimulación óptima y fluctuará siempre entre el exceso y la falta de estímulos. Las fases de alta actividad se alternan con fases de fuerte aislamiento. Los «high-sensation-seeker» altamente sensibles a menudo no se entienden a sí mismos, y también a las personas de su entorno les resulta difícil convivir con esa alternancia de contacto intenso y aislamiento total.
¿Altamente sensible = superdotado?
Demos un pequeño paseo por el mundo de la inteligencia, que, comparada con la alta sensibilidad, resulta más fácil de medir. El término «superdotación» tiene un significado definido e indica una capacidad intelectual muy por encima de la media, que según la escala habitualmente usada se sitúa en un CI de 130. Afecta aproximadamente al 2 % de la población. Las personas cuyo CI está por encima de 120 tienen a menudo altas capacidades parciales, por ejemplo, en el ámbito lingüístico, social, lógico o matemático. El concepto de la superdotación parte de la base de que existen diferencias cuantitativas entre las capacidades intelectuales de las distintas personas.
Dado que la inteligencia cognitiva de los seres humanos varía en el transcurso del tiempo, los test de CI cambian continuamente para adaptarse al desarrollo intelectual de las personas. Los valores obtenidos solo son comparables dentro de un país y de una generación.
Tanto si el CI se sitúa por debajo o por encima de la media, siempre existen unas necesidades especiales, ya que los sistemas educativos y de aprendizaje están concebidos para el conjunto de la población (al margen de que aquí se plantea la cuestión fundamental de la renovación del sistema educativo). Porque a diferencia de lo que mucha gente piensa, un CI alto no es una garantía de éxito en una sociedad orientada al rendimiento y, con demasiada frecuencia, la carrera de estas personas no es precisamente un paseo. Quien se enfrenta a la superdotación intelectual en el sentido clásico conoce muy bien los desafíos que le esperan. Para poder aprovechar la capacidad intelectual se necesita una conciencia intuitiva o desarrollada de dónde están las propias fortalezas y qué métodos de aprendizaje son los adecuados. Y lo mismo ocurre con la alta sensibilidad. Es necesario conocer los potenciales propios y saber qué estrategias nos sirven de ayuda en la vida diaria y nos hacen fuertes. Algunos lo consiguen sin hacer ningún test. Para otros es una ayuda saber más acerca de sus capacidades y talentos, sobre todo cuando su camino era antes pedregoso y el conocimiento de la propia peculiaridad lleva claridad y nuevas perspectivas a su vida.
Relación entre alta sensibilidad y superdotación
¿Qué tiene que ver la superdotación intelectual con la alta sensibilidad? Dado que a menudo ambos términos aparecen juntos —existen, por ejemplo, muchos coaches y asesores para personas altamente sensibles y superdotadas—, podría dar la impresión de que «de alguna manera» van siempre juntos. Pero no existe una relación clara entre ellas. No todo superdotado es a la vez altamente sensible, no toda persona con alta sensibilidad es superdotada.
Sin embargo, mi experiencia y la de otros expertos en alta sensibilidad dejan ver que existen muchas personas superdotadas que se clasifican a sí mismas como altamente sensibles. A menudo se observa que ya en el colegio se dan ambas circunstancias: en las tareas que abren un espacio a su creatividad y suponen un desafío para un niño superdotado y altamente sensible, su atención es alta y el niño, a través de la concentración, consigue «apagar» los estímulos del entorno. El rendimiento es bueno. Pero si las tareas son demasiado fáciles, no existe la necesidad de centrarse por completo en ellas... y de pronto se hacen mucho más presentes otros estímulos en el aula o la habitación infantil, y resulta difícil concentrarse en el trabajo. El resultado: las tareas complejas se resuelven mejor y con menos faltas que las sencillas...
Como ya se ha dicho antes, existen muchos coaches que se han especializado tanto en la superdotación intelectual como en la alta sensibilidad. Algunos de ellos, como la autora Anne Heintze, critican que el concepto de superdotación intelectual se reduzca a una inteligencia por encima de la media y, con ello, se excluya la inteligencia emocional, la aptitud extraordinaria para el deporte, el talento musical o la alta sensibilidad como alta capacidad de percepción. Sus críticas se basan, entre otros, en el concepto de inteligencia múltiple del psicólogo Howard Gardner. Barbara Sher, una autora estadounidense que también trabaja como coach, describe un nuevo tipo de personas: las scanner. Durante mis investigaciones me he encontrado algunas personas altamente sensibles que se sienten identificadas con la teoría del scanner, que no está demostrada científicamente. Scanner son, según Barbara Sher, las personas que no están satisfechas con uno o varios campos de interés, sino que tienen muchos intereses y quieren vivirlos todos. Cambios frecuentes de trabajo y gusto por todo lo nuevo, unido a dificultades para decidirse por una cosa y el deseo de abarcar distintos temas de lo más variado mejor que ser especialista en un solo tema... Estos son solo algunos de los rasgos característicos de un scanner. Para estas personas es difícil seguir una norma. En el caso de las PAS el desafío es aún mayor, ya que al percibir más informaciones también se descubren más cosas nuevas.
En el ámbito científico existe todavía otra interesante teoría que relaciona la alta sensibilidad con la alta capacidad intelectual. Kazimierz Dabrowski (1902-1980) consideró la alta sensibilidad como un rasgo característico de las personas superdotadas. Pero su definición de «superdotación intelectual» difiere de la reconocida teoría del CI. Este médico, psicólogo, psiquiatra y filósofo polaco atendía en su consulta a numerosos artistas, actores y niños y jóvenes con una alta capacidad intelectual. Comprobó que todos aspiraban a algo superior en sus vidas y tenían una gran riqueza emocional. En tiempos de Dabrowski la medicina consideraba a menudo que las personas que no podían reconciliarse con su yo y se aferraban a sus visiones creativas padecían un trastorno psiconeurótico. El motivo: eran víctimas de fuertes conflictos internos, autocrítica, miedos y se sentían, según su ideal, imperfectos. Dabrowski interpretó los síntomas de otra manera. Para él un conflicto interno no era algo negativo, sino una señal de evolución. Una evolución que capacita para asumir responsabilidad social. Su observación de que muchas personas reprimían o no reconocían su alta sensibilidad para no ser consideradas como «trastornadas» le llevó a la teoría de la desintegración positiva. Con ello Dabrowski les da a las personas altamente sensibles el impulso no para adaptarse, sino para seguir su propio camino con la seguridad necesaria para desarrollarse. Su consideración de los potenciales de desarrollo comprende la capacidad de la transformación interna. Para él, el crecimiento personal significa trabajar conscientemente en desarrollar el carácter y ser una persona para quien el respeto, la comprensión, la disposición a ayudar y los lazos fuertes tienen un gran valor. Una teoría que invita a reflexionar y plantea muchas preguntas:
• ¿Son realmente hiperactivos los niños que muestran un gran afán y una alta sensibilidad y, por ello, son también ruidosos y no dejan de moverse?
• ¿Por qué se considera a las personas perseverantes como obstinadas o poco realistas?
• ¿Un niño que está continuamente preguntando socava de forma automática la autoridad de sus padres, profesores u otros adultos?
• ¿Es una falta de atención o descortesía que durante una conversación o reunión social una persona se sumerja en sus imágenes interiores debido a su gran imaginación?
• ¿Responden las emociones fuertes a una «inmadurez» o falta de disciplina?
• ¿Tiene la búsqueda de espacios creativos y de mayor autonomía en la economía realmente algo que ver las «pocas ganas de trabajar»? ¿O es que sencillamente personas diferentes necesitan condiciones diferentes para poder obtener un buen rendimiento?
Sensible y sano
«Le dice la mente al cuerpo: “Ve tú delante,
a ti al menos te escucharán...”»
Imagina que las últimas semanas han sido todo un desafío y ahora notas que podrías pillar un buen resfriado. Ya lo sabes: un día en la cama o en contacto con la naturaleza te sentaría bien y te ayudaría a encontrarte mejor. Imagina que pudieras simplemente llamar a tu jefe y decirle: «Jefe, ya iré mañana por ahí, hoy me ocuparé de mí y de mi salud para estar en forma». El resultado: ni resfriado, ni visita al médico, ni baja médica o absentismo laboral. Y tampoco pérdida de productividad... Al contrario, porque esa pausa permitirá que, con la fuerza acumulada, logres en un solo día lo que «en la rutina del día a día» tardarías dos días en hacer.
¿Por qué tenemos un sistema que no confía en esta forma de trabajar? ¿Por qué tenemos un sistema que nos obliga a pasar un número determinado de horas sentados en una silla? ¿Un sistema en el que el dolor de garganta, la tos y los resfriados se programan el día anterior? ¿Por qué tiene que ser el cuerpo el que da la señal para que podamos descansar? ¿Y por qué si no podemos hacer frente al trabajo diario decimos que estamos «enfermos», cuando en realidad es una señal de nuestro cuerpo que nos avisa de que no somos nosotros, sino el tipo de vida que llevamos el que está «enfermo» y nos impide cuidarnos? Nuestro cuerpo nos avisa de que debemos abandonar por un tiempo la vida diaria que nos hace enfermar, para así poder volver a estar bien.
Sí, el tema de la salud es algo muy sensible. Aunque solo sea porque un sector muy concreto no tiene ningún interés en invertir dinero en investigar las causas, sino que prefiere combatir los síntomas. ¡Qué catástrofe económica si cada vez más personas se cuidaran y se mantuvieran realmente sanas! ¡Mejor ni pensarlo!
Pero dejemos estas consideraciones y volvamos al tema de la salud y la alta sensibilidad:
La alta sensibilidad no es un trastorno psíquico ni una enfermedad, sino un temperamento.
Con «temperamento» los psicólogos hacen referencia a la constitución particular de cada individuo, en la que intervienen factores genéticos y prenatales. Por otra parte, en la personalidad —según la teoría— influyen tanto el temperamento como el entorno y las experiencias de una persona. Las investigaciones demuestran que las personas altamente sensibles tienen un funcionamiento neuronal diferente a la mayoría de la gente.
En la bibliografía sobre el tema se describen una y otra vez algunas peculiaridades específicas de las PAS en relación con la salud o la enfermedad:
• Las personas altamente sensibles tienen un sistema de advertencia precoz muy desarrollado, enferman más deprisa ante agentes debilitantes y —actuando adecuadamente sobre la causa— se recuperan también más deprisa. Por eso, pueden considerarse sismógrafos o sensores de valores límite para otras personas.
• Son más susceptibles de sufrir enfermedades por estrés y traumas.
• Pueden reaccionar con más intensidad a los medicamentos, el alcohol, las drogas, la nicotina y la cafeína.
• Tienden a tener más alergias y fuertes reacciones.
• En situaciones cotidianas sufren antes los daños emocionales, pero a la vez tienen una mayor fuerza mental en momentos de cambio o situaciones críticas.
Estas afirmaciones dejan ver tanto desafíos como fortalezas. Consideremos las fortalezas: podemos confiar en nuestro cuerpo y en nuestra mente. Nos comunican inmediatamente si vamos por el camino equivocado y nos dan valiosos consejos sobre dónde debemos mirar. Solo hace falta el valor para hacerlo. Salir del sistema de la razón, sumergirse en la sensación, en la certeza que está anclada en nuestro interior. La clave para la salud y la curación no está en el ensalzamiento de los distintos métodos, sino en la combinación de los avances científicos, el «conocimiento» intuitivo y las actuaciones alternativas.
Resulta interesante lo que ya en 1978 Wolfgang Klages describió en relación con los pacientes sensibles. Este profesor emérito y doctor en medicina en su momento fue director de la clínica psiquiátrica de la universidad de Aquisgrán. Recoge sus experiencias en su libro La persona sensible, donde nos dice:
• Las personas sensibles siempre describen sus molestias con objetividad y no tienden a exagerar.
• La hipocondría no surge de la sensibilidad. Es parte de la depresión.
• En el caso de las personas sensibles que buscan ayuda, a menudo se trata de individuos que han sido buenos o muy buenos estudiantes y en su trabajo han alcanzado posiciones de cierta exigencia intelectual.
Y sobre el deseo de integrarse con su carácter peculiar en la sociedad y llevarse bien con su propia sensibilidad, escribe Klages: «El paciente sensible muestra en mucha mayor medida la clara tendencia a controlar su situación, percibida por él como un tormento, recurriendo a todos los medios y posibilidades racionales». Escribe también que ha conocido a muchas personas sensibles que tienen un humor especial y un punto irónico que utilizan como medio de supervivencia. Y a todos los que sospechan que la alta sensibilidad podría ser algo a lo que es difícil enfrentarse, que sus vidas no tienen sentido, les dice que no ha constatado que únicamente la disposición genética sensible sea una causa de los intentos de suicidio. Cuando se han producido, ha sido una acción en el marco de una psicosis o una depresión.
CONCLUSIÓN: Pese a las voces agoreras, las personas con alta sensibilidad están en las mejores condiciones para llevar una vida llena de fuerza y salud, siempre que asuman la responsabilidad sobre sí mismas, tengan en cuenta sus necesidades, busquen ayuda en las situaciones difíciles y tengan el valor de aplicar unos criterios propios para llevar una vida plena.