CAPÍTULO 2

 

Cuestiones de peso antes de la gestación

 

 

 

PROBABLEMENTE YA IMAGINA que habrá cambios de peso cuando esté embarazada (y tal vez esté deseosa de ver aumentar la cifra en la báscula, sobre todo si se ha pasado toda su vida adulta intentando tener controlada dicha cifra). Pero tal vez no imagine que si ajusta ahora su peso es posible que le resulte más fácil concebir, y llevar un embarazo más sano y cómodo. Así es: conseguir un peso lo más cercano posible al “ideal” debería ocupar un lugar prioritario en su lista de deberes previos a la concepción (y es algo que debería intentar conseguir antes de ponerse a buscar un bebé). Tanto si tiene poco (o mucho) peso que perder, como si tiene un poco (o mucho) que aumentar, equilibrar su peso corporal antes del embarazo puede ayudarla a acelerar el proceso de concepción y embarazo.

¿No está segura de cuál debería ser su peso, o de cómo conseguirlo de forma que no afecte a su fertilidad? Hable con su médico y pídale consejo, y siga leyendo para saber cómo dar con la cifra deseada y deseable para la concepción.

 

 

Peso y fertilidad

 

Compruebe si tiene sobrepeso, está por debajo de su peso ideal o está en su peso justo para hacer un bebé. Existe una estrecha relación entre el peso y la fertilidad, pero también es cierto que la relación es complicada y se trata de algo más que de cifras. La adecuación del peso de la futura madre es importante, y su corrección, si es necesaria, es uno de los pasos más importantes para preparar el cuerpo para su cometido reproductor.

Grasa corporal y hormonas

“El médico me ha dicho que existe una relación entre el peso y las hormonas. ¿Qué quiere decir con ello?”

 

Los estrógenos –las hormonas de la reproducción responsables de la maduración de los óvulos, de formar el revestimiento uterino y de producir moco cervical claro– se producen sobre todo en los ovarios. ¿Sabía que más del 30 por ciento del estrógeno corporal lo producen las células adiposas? Las mismas células que creía usted que no servían para nada (además de afearle las nalgas y los muslos) están estrechamente relacionadas con su fertilidad. Y si esta relación es buena o no, depende de las cifras. Si dispone del número adecuado de células grasas (no es necesario contarlas, basta con calcular el índice de masa corporal, o IMC), entonces es probable que fabrique usted la cantidad adecuada de estrógenos. Si tiene más cantidad de la habitual de células adiposas (porque su IMC es elevado), estas células elaborarán más estrógenos de los necesarios. Si tiene muchas menos células grasas de las necesarias (porque su IMC es muy bajo), su cuerpo estará falto de estrógenos. Como es necesario mantener un delicado equilibrio hormonal –que incluye un suministro perfecto de estrógenos– para que el ciclo reproductivo funcione como es debido, demasiados estrógenos o demasiado pocos (a causa de un exceso o un déficit de células adiposas) pueden afectar a la fertilidad de la mujer. De hecho, se cree que más del 10 por ciento de todos los problemas de fertilidad derivan de cuestiones de peso.

¿Tiene demasiadas células adiposas o demasiado pocas? Equilibre la producción hormonal equilibrando su peso corporal. Si tiene que aumentar de peso o si tiene que perder peso, véase "Alcanzar el peso ideal"

IMC

“¿Cómo se calcula el peso idealpara concebir?”

 

Los cuerpos, por si no lo había notado, pueden ser de diferentes formas y aspectos. Altos y delgados; bajitos y redondeados; carnosos; corpulentos de arriba; corpulentos de abajo; nada corpulentos; corpulentos de arriba abajo. Y cuando se trata de definir el tamaño “ideal” de un cuerpo destinado a la concepción, la respuesta depende en gran medida de su forma y aspecto.

Por este motivo, la mayoría de médicos no confían únicamente en la cifra de la báscula para determinar si el peso de la mujer es ya el ideal –o casi– para concebir o si hay que aumentarlo o reducirlo antes. Siguen utilizando la báscula (no crea que se va a librar de ella), pero utilizan el peso que registra para aplicar una fórmula y calcular el denominado índice de masa corporal, o IMC, que describe la relación entre peso y estatura y proporciona un mejor indicador del contenido de grasa corporal que la báscula sola. Recuerde que la grasa corporal es la clave de la fertilidad: demasiado poca puede significar demasiado pocos estrógenos, mientras que demasiada puede significar demasiados estrógenos. Ambos casos pueden conllevar problemas de fertilidad.

La fórmula para calcular el IMC es: peso (en kilos) dividido entre altura (en metros) al cuadrado. Por ejemplo, el cálculo en el caso de una mujer que pese 65 kilos y mida 1,65 m será: 65 dividido entre 2,72 (1,65 al cuadrado), igual a 23,89.

Una vez calculado el IMC (o si no desea realizar el cálculo, o si olvidó sus habilidades matemáticas al acabar la secundaria, consulte la tabla de la página siguiente), podrá determinar a qué categoría pertenece usted.

 

¿Cuál es su IMC?

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• ¿Su IMC es menor de 18,5? Se considera que su peso es insuficiente y debería aumentarlo antes de intentar concebir.

• ¿Su IMC está entre 18,5 y 24? Se considera que su peso es normal, e ideal para concebir.

• ¿Su IMC está entre 25 y 29? Se considera que tiene sobrepeso, y lo ideal sería que perdiera algunos kilos antes de intentar concebir.

• ¿Su IMC es de 30 o superior? Se considera que es obesa, y es hora de proponerse en serio perder peso antes de ponerse a buscar un bebé.

 

Recuerde que su IMC no siempre refleja toda la realidad en cuanto a peso y grasa corporal se refiere. Por ejemplo, si se entrena con regularidad (especialmente si se dedica a entrenar con pesas), es posible que su peso sea mayor a causa de su musculatura (los músculos pesan más que la grasa). Pero siempre que acumule una cantidad de grasa adecuada (aunque su musculatura la arrastre al límite inferior de la tabla), es probable que su organismo produzca la cantidad de estrógenos suficientes para mantener su ciclo regular y su fertilidad elevada. Por otro lado, si se encuentra en esta zona de la tabla a causa de los michelines de su abdomen y muslos (y no gracias al trabajo de sus abdominales y cuádriceps), es posible que su organismo produzca demasiados estrógenos, lo cual puede afectar a su fertilidad.

¿Está delgada? Lo mismo puede ocurrir en su caso hacia el otro lado de la tabla. Puede estar muy delgada (incluso con peso insuficiente según las medidas de IMC estándares), pero acumular grasa; es decir, que gran parte de su peso esté formado por grasa, no por masa muscular. Lo más probable es que sus michelines (por menudos que sean, en comparación con una mujer de mayor peso) sean suficientes para generar los estrógenos que su organismo necesita para mantener su ciclo reproductivo en plena forma. ¿Delgada y atlética, con mucho músculo pero poca grasa? Incluso aunque pese lo mismo que una persona delgada y con michelines, es posible que produzca usted muchos menos estrógenos, cosa que podría alterar sus ciclos y afectar a su fertilidad.

 

¿Qué tipo de fruta es usted?

 

Fíjese en si tiene usted forma de manzana o de pera. Estos dos tipos de cuerpo no sólo dictan qué bañador sienta mejor, sino que además pueden reflejar la fertilidad de la mujer. Las investigaciones indican que las mujeres con sobrepeso y forma de manzana –proporción elevada entre cintura y cadera– tienen más problemas (en general) para quedar en estado, mientras que a las mujeres con sobrepeso y forma de pera –proporción menor entre cintura y cadera– les suele resultar más fácil (en general) concebir. Al parecer, el lugar donde se acumule el exceso de grasa corporal puede ser tan importante –si no más– como la cantidad de grasa adicional que se posee.

Sobrepeso

“Tengo sobrepeso. ¿Afectará a mi fertilidad?”

 

El peso extra puede efectivamente afectar a la fertilidad, y hace falta menos del que se piensa. Las mujeres obesas (con un IMC superior a 30) tienen menos probabilidades de quedar en estado en comparación con una mujer de peso medio. Pero incluso un sobrepeso moderado (con un IMC de 25 a 29) puede entorpecer –o incluso sabotear– los esfuerzos para concebir. Los kilos adicionales (en forma de grasa adicional) provocan la producción excesiva de estrógenos. Y aunque disponer de hormonas femeninas en abundancia puede sonar como algo positivo cuando se pretende hacer un bebé (al fin y al cabo, ¿no se trata de la función femenina más fundamental?), en realidad ocurre lo contrario. Demasiados estrógenos pueden impedir la ovulación regular, o incluso impedir la ovulación del todo (del 30 al 40 por ciento de las mujeres obesas presentan ciclos menstruales irregulares), algo que reduce las posibilidades de quedar en estado.

 

El peso de la fertilidad masculina

 

El exceso de peso no sólo afecta a la fertilidad de la mujer, también puede perjudicar la del hombre. Los hombres con sobrepeso suelen presentar más problemas de fertilidad que los hombres con un peso adecuado. Una diferencia de 10 kilos puede incrementar las posibilidades de infertilidad del hombre, según los estudios, en alrededor de un 10 por ciento. Esto se debe a que el exceso de grasa convierte la testosterona, hormona masculina, en estrógenos, la hormona femenina, posiblemente reduciendo la producción de esperma y disminuyendo la calidad del mismo. También puede tener un efecto negativo en la libido (cuanta más grasa corporal, más elevado será el nivel de una sustancia natural que captura la testosterona, dejando menos para estimular el deseo), y se sobreentiende que la libido es algo necesario cuando se está IC. Es más, los hombres obesos presentan más posibilidades de disfunción eréctil (se forman pequeños depósitos de grasa que taponan los vasos sanguíneos de las diminutas arterias del pene), un problema que no querrá traer a la cama cuando se trate de hacer un bebé.

Para asegurarse de que alcanza su máximo potencial para ser padre, intente primero alcanzar su peso ideal (o lo más cercano). Como en el caso de las futuras madres que deben perder peso antes de concebir, lo más indicado es seguir una dieta sana: menos calorías y grasas, pero sin restar los nutrientes necesarios. Si va a tener que perder mucho peso, puede ser de ayuda visitar antes al médico para pedirle orientación y para establecer un objetivo realista. Hacer ejercicio, que aumenta el nivel de testosterona, también puede mejorar la función y la libido masculina (un buen motivo para el ejercicio en la cama después del ejercicio en el gimnasio).

Si su sobrepeso es significativo y no ha conseguido bajar los kilos de más con dieta y ejercicio, puede que se haya planteado la cirugía bariátrica o de banda gástrica, y tal vez se haya preguntado si puede afectar a su capacidad para concebir. Buenas noticias: hasta el momento, los estudios demuestran que una pérdida de peso significativa conseguida mediante una intervención quirúrgica puede de hecho mejorar la fertilidad de un hombre obeso, y también de una mujer obesa. Muchos de los problemas para concebir a los que se enfrenta un hombre grueso antes de la cirugía pueden haberse resuelto después de la misma. Con frecuencia, se recupera la libido y la función sexual.

Incluso si es obesa y tiene períodos regulares, no está completamente libre de problemas. Los estudios demuestran que las mujeres con sobrepeso presentan mayores dificultades para quedar embarazadas incluso con períodos regulares.

Es más, ser obesa o tener sobrepeso se relaciona con el síndrome del ovario poliquístico (SOP), otra causa común de infertilidad (véase "Síndrome del ovario poliquístico y sobrepeso"). Un exceso de peso también puede provocar el incremento de los niveles de insulina y demasiada insulina, en algunas mujeres, puede provocar una producción excesiva de testosterona en los ovarios, la hormona masculina que no favorece la fertilidad en la mujer.

Además, existe otro problema derivado del peso: no únicamente su exceso puede afectar a la fertilidad, sino que también puede suponer un problema durante la gestación, aunque la mujer no aumente mucho de peso durante el embarazo. Los kilos extra pueden aumentar el riesgo de aborto, diabetes gestacional, hipertensión inducida por el embarazo (preeclampsia), parto prolongado y parto por cesárea. Es más, los niños nacidos de madres con sobrepeso u obesas presentan un mayor riesgo de ser obesos o diabéticos durante la infancia o de adultos. Y la obesidad previa al embarazo también puede elevar el riesgo de anomalías del tubo neural y otros defectos de nacimiento, especialmente si la madre acumula el exceso de peso en la zona abdominal en lugar de en las caderas.

Por tanto, acercarse al peso recomendable para su estatura y complexión (con el objetivo de alcanzar un IMC de entre 20 y 24, si es posible) antes de concebir puede acelerar su éxito reproductivo y ayudar a llevar un embarazo más sano. Todo el peso que pierda una mujer con sobrepeso u obesa favorecerá la fertilidad, y los estudios indican que la ovulación espontánea reaparece en el 60 por ciento de las mujeres que reducen su peso corporal entre un 5 y un 10 por ciento. De modo que si conseguir su peso ideal antes de iniciar la campaña de concepción no es un objetivo realista, fíjese como meta perder el peso que pueda (véase "Perder peso" para saber cómo).

 

“Tengo un exceso de peso de alrededor de 30 kilos, y sé que debería perderlos antes de quedar en estado, pero no quiero esperar tanto. ¿Puedo prescindir de ello e intentar concebir ya?”

 

Lo ideal sería que toda mujer concibiera cuando su peso fuera el adecuado: esto le proporcionaría una buena posibilidad de concebir y de vivir un embarazo sano, tener un bebé sano y tener un parto seguro. Pero la concepción no siempre espera la llegada de las circunstancias ideales, y en ocasiones esperar para concebir no es lo ideal tampoco, especialmente si tiene más de 35 años (el calendario puede serlo todo cuando se pretende crear una familia).

Es posible que experimente más problemas para quedar en estado si tiene un sobrepeso significativo (las estadísticas apoyan esta posibilidad). Pero también es posible que no sea así. Si bien lo mejor es tener un IMC normal cuando se está IC, las mujeres con sobrepeso también quedan embarazadas, del mismo modo que las que tienen un peso insuficiente. Si sus ciclos son regulares como un reloj y parece ovular con regularidad, las posibilidades de concebir pueden ser elevadas.

 

Plan de acción

 

Si tiene sobrepeso, intente adelgazar hasta que su IMC se sitúe entre 20 y 24. Si no puede bajar tanto –o si no puede hacerlo a tiempo para cumplir su calendario previsto para concebir–, incluso una pérdida de peso de entre el 5 y el 10 por ciento (entre 4 y 8 kilos para una mujer que pese 80 kilos) puede regular su ciclo y lograr el embarazo antes.

 

Dos con sobrepeso, dos con problemas para concebir

 

La pareja que come demasiado, al parecer, puede tener más problemas para concebir un bebé. La fertilidad puede verse afectada cuando uno de los futuros padres tiene sobrepeso, pero las complicaciones se multiplican cuando ambos acumulan un peso excesivo. De hecho, la concepción puede tardar tres veces más en llegar que para una pareja con un peso normal. Para asegurarse de que usted y su pareja alcanzan su objetivo familiar, intenten alcanzar antes sus objetivos de pérdida de peso. Al fin y al cabo, siempre resulta más fácil perder peso cuando no se hace solo (y el otro no está hartándose a patatas fritas mientras una mordisquea verduras crudas, o cuando uno se echa en el sofá mientras la otra intenta motivarse para salir a correr por la mañana). Comer bien y hacer ejercicio juntos mejorará sus probabilidades de alcanzar sus objetivos.

Evidentemente, mejorar la fertilidad no es la única razón para recomendar que se alcance el peso ideal. Tener sobrepeso al inicio del embarazo supone una serie de riesgos potenciales que pueden afectar al embarazo y a la salud del futuro bebé (véase la respuesta anterior). Aumentar el mínimo de peso durante el embarazo, bajo la supervisión del médico, puede ayudar a reducir los riesgos significativamente, o eliminarlos, igual que hacer ejercicio (de nuevo, con la orientación del médico) y comer bien. Y no espere (si decide tirar adelante sus planes de concepción) para realizar los cambios en su estilo de vida; comer mejor y hacer ejercicio ahora puede, además de mejorar su fertilidad, preparar su cuerpo para el embarazo. Quién sabe, a lo mejor puede incluso perder algo de peso mientras espera quedar embarazada.

Pero antes de tomar una decisión sobre el momento de ponerse a intentar concebir, hable con su médico y coméntele sus planes para que le aconseje modos de optimizar su éxito con la concepción y el embarazo, aunque no vaya a esperar alcanzar su peso ideal.

Síndrome del ovario poliquístico y sobrepeso

“Tengo SOP. ¿Es el motivo de mi sobrepeso y de mis dificultades para perder peso?”

 

Ciertamente, podría tener algo que ver, o todo. El síndrome del ovario poliquístico, o SOP, es una enfermedad relacionada con los períodos irregulares, falta de ovulación, niveles elevados de hormonas masculinas y, con frecuencia, obesidad o aumento de peso persistente y en ocasiones inexplicable. Las mujeres con SOP pueden enfrentarse a una batalla perdida al intentar perder peso, aunque sigan una dieta estricta. De hecho, los estudios indican que estas mujeres tienden a ganar más peso que las que no presentan SOP, aunque coman los mismos alimentos y la misma cantidad de calorías. Es injusto, pero al menos explica su situación.

Pero ¿cuál es la conexión biológica entre el SOP y el aumento de peso (y los problemas para perderlo)? En primer lugar, las mujeres con SOP suelen presentar resistencia a la insulina. Normalmente, la insulina transporta la glucosa (el azúcar) de la sangre y ayuda a convertirla en energía, pero con la resistencia a la insulina, el organismo es incapaz de utilizar ésta adecuadamente. Al interpretar que no hay suficiente insulina en la sangre para conseguir energía, el organismo reacciona produciendo más cantidad de ella para llevar a cabo su misión. No obstante, el exceso de insulina hace que la glucosa quede almacenada en forma de grasa en lugar de convertirse en energía. Los niveles extremadamente elevados de insulina también afectan a una enzima que se encarga de metabolizar la grasa acumulada, lo cual dificulta y frustra los intentos de perder peso.

En segundo lugar, algunas mujeres con SOP presentan hipotiroidismo (no producen suficiente cantidad de hormona tiroidea). Esta disfunción provoca una tasa metabólica más baja (la tasa que indica el ritmo al que se queman calorías), y dificulta más aún la pérdida de peso.

Incluso con todo esto en contra de la pérdida de peso, hay tratamientos que pueden apoyar los esfuerzos de la mujer para conseguirlo y recuperar la fertilidad. A algunas se les receta metformina, un fármaco para tratar la resistencia a la insulina que parece combatir los efectos del SOP, a menudo favoreciendo la pérdida de peso. Una dieta baja en glucemia para diabéticos –el médico (y tal vez el dietista) puede diseñarle una– y el ejercicio físico también pueden ayudar a controlar el peso y mejorar las posibilidades de concebir. Y si todavía no lo ha hecho, pida una prueba de tiroides para descartar una disfunción de este tipo. El tratamiento es sencillo (tan fácil como administrar la hormona sustitutiva) y eficaz, y puede ayudar a deshacerse de los kilos de más. Para más información sobre el SOP, véase "Síndrome del ovario poliquístico".

Diabetes y peso

“Tengo diabetes de tipo 2 y además sobrepeso. Si la diabetes está controlada, ¿tengo que preocuparme por mi peso?”

 

Felicítese por tener bajo control la diabetes: no es tarea fácil (como sabe), y en cambio es de suma importancia cuando se desea tener un bebé. Pero no debería ser su única prioridad. El sobrepeso (tanto si los kilos de más son los causantes de la diabetes como si no) sigue siendo un factor de riesgo para la fertilidad y los problemas durante la gestación. Por tanto, su próximo paso debería ser un esfuerzo para bajar de peso.

Y ese objetivo puede ser más fácil de alcanzar ahora que tiene la diabetes bajo control. Es cierto que tener diabetes con resistencia a la insulina implica una propensión al sobrepeso porque el exceso de azúcar se almacena en forma de grasa. El exceso de insulina también deja inactiva una enzima que se encarga de metabolizar la grasa, de modo que no se puede quemar la grasa almacenada y se dobla la dificultad para perder peso. Pero controlar la diabetes puede ayudar a controlar el sobrepeso, y controlar el sobrepeso puede ayudar a mantener la diabetes bajo control. Con un buen seguimiento del azúcar en sangre, una buena dieta (normalmente baja en glucemia) y ejercicio regular (30 minutos al día de ejercicio cardiovascular, tonificación muscular y estiramientos), debería bajar de peso. Sí, deberá esforzarse, dedicar tiempo y algo más que un poco de sudor y sacrificio (adiós, patatas fritas y sofá; hola, mancuernas y verduras), pero la recompensa es insuperable. No sólo conseguirá acercar el momento de la concepción, sino que si sigue con la receta después, favorecerá un embarazo sin complicaciones y un bebé sano.

 

La delgadez no ayuda a concebir

 

Si tiene sobrepeso, intente adelgazar hasta que su IMC se sitúe entre 20 y 24. Si no puede bajar tanto –o si no puede hacerlo a tiempo para cumplir su calendario previsto para concebir–, incluso una pérdida de peso de entre el 5 y el 10 por ciento (entre 4 y 8 kilos para una mujer que pese 80 kilos) puede regular su ciclo y lograr el embarazo antes.

Peso insuficiente

“Mi peso está por debajo del ideal. ¿Me costará más quedar embarazada?”

 

A menudo, las mujeres con un IMC muy bajo –habitualmente por debajo de 18,5, pero en ocasiones algo superior o algo inferior– tienden a no presentar períodos regulares (o no presentarlos) y a no ovular con regularidad (o no ovular). Los ciclos irregulares (o inexistentes) pueden, obviamente, dificultar o impedir la concepción. Esto significa que la mujer debe aumentar de peso antes de poder aumentar la familia.

Hay otros motivos para plantearse rellenar más la figura antes de rellenar el útero, además de evitar los problemas de concepción. Las mujeres delgadas que conciben presentan más riesgos de náuseas y vómitos durante los primeros meses de embarazo, y las que son extremadamente delgadas (con un IMC menor de 18) presentan más posibilidades de aborto que las de peso normal. Las gestantes muy delgadas también tienen un mayor riesgo de dar a luz un bebé prematuro o de bajo peso (aunque una buena nutrición y un correcto aumento de peso antes y durante el embarazo pueden reducir dichos riesgos).

Hable con el médico sobre si debería aumentar de peso antes de intentar concebir y cuántos kilos debería ganar. Cada persona es distinta (y algunas mujeres por naturaleza delgadísimas conciben y aguantan perfectamente el embarazo sin dificultad), pero es probable que el médico le recomiende que llegue a un IMC de al menos 18,5, aunque mejor de entre 20 y 24, el margen considerado óptimo para concebir. Este aumento de IMC no sólo incrementará sus posibilidades de concebir, sino que además le permitirá entrar en el embarazo con un peso ideal, de modo que podrá aumentar los 11 a 16 kilos habituales que se ganan en un embarazo.

 

“Siempre he sido delgada –y con unpeso bajo para mi estatura–, al menos según las tablas. Pero mi médico dice que no debo preocuparme por mi fertilidad. ¿Por qué?”

 

Hay una fina división entre delgada y demasiado delgada. Y esta división puede ser diferente para mujeres diferentes. El peso ideal para usted puede quedar fuera de las tablas que indican los valores “normales”, especialmente si es un peso que ha mantenido toda su vida adulta, sin recurrir a regímenes ni realizar ejercicio excesivo, si disfruta de buena salud y si sus hábitos son saludables (incluidos los hábitos alimentarios).

Por este motivo, el peso por sí solo no lo dice todo, en particular cuando se trata de fertilidad. Puede ser delgada, pero puede tener una cantidad adecuada de grasa corporal que garantice su salud reproductora (períodos regulares, ovulación regular, etc.) aunque su peso –incluso su IMC– sea bajo. Por tanto, si al médico no le preocupa su peso en relación con su fertilidad, a usted tampoco debería preocuparle.

Trastornos alimentarios y fertilidad

“Me enfrento intermitentemente a un trastorno alimentario desde hace años, y ahora lo llevo mejor. Me estoy planteando un embarazo, pero me pregunto si haber tenido este trastorno puede afectar a mi fertilidad.”

 

Luchar contra un trastorno alimentario puede ser realmente difícil, como ya sabrá. Por tanto, en primer lugar, felicidades por el difícil logro que ha conseguido: esto hace que el pronóstico de su embarazo sea positivo. Dejar atrás su trastorno alimentario casi con seguridad la ayudará a poner un bebé en su vida futura.

Los trastornos alimentarios sin tratar son otra cosa, y no conducen con tanta seguridad a un final feliz cuando se habla de concebir. La fertilidad puede verse afectada –en ocasiones seriamente– por un trastorno alimentario, sobre todo si está activo. De hecho, una de cada cinco mujeres tratadas por infertilidad padece ya sea anorexia ya sea bulimia. No resulta sorprendente, dado que estos trastornos pueden modificar el equilibrio de hormonas necesario para concebir un bebé.

Esto es lo que ocurre: con la anorexia, la ingesta insuficiente de calorías y el exceso de ejercicio conducen a una pérdida espectacular de peso y a la desaparición de una parte significativa de la grasa corporal (habitualmente hasta niveles por debajo de los normales). Estos factores pueden combinarse y provocar una interrupción del ciclo menstrual de la mujer –falta de ovulación y falta de períodos–, lo cual puede prácticamente imposibilitar la concepción. Si la anorexia continúa durante años sin ser tratada (o con tratamiento ineficaz), el sistema reproductivo de la mujer puede quedar dañado para siempre y, en algunos casos, el período puede no volver jamás. Incluso si la mujer logra quedar en estado, los niveles extremadamente bajos de grasa corporal pueden aumentar el riesgo de aborto.

La bulimia también puede producir un efecto devastador en la fertilidad de la mujer, aunque consiga mantener un peso relativamente normal. De hecho, alrededor del 50 por ciento de las mujeres bulímicas no presentan ciclos menstruales regulares (lo cual, de nuevo, disminuye las probabilidades de concepción). Pero los problemas de infertilidad también pueden afectar a bulímicas con sangrado menstrual regular, dado que el patrón de atracones y purgas puede provocar déficit en los niveles hormonales.

Una dieta pobre en elementos nutricionales, común en anoréxicas y bulímicas, también puede conducir a un descenso de la libido, una menor calidad de los óvulos, un ambiente uterino pobre y fallo ovárico; todas, condiciones que alejan la posibilidad de un embarazo sano. El estrés psicológico (derivado de la constante ansiedad por la comida y el seguimiento del peso) es otro factor potencialmente negativo para la fertilidad.

 

Plan de acción

 

Si su IMC es inferior a 18,5 puede que deba ganar unos kilos antes de iniciar su campaña para concebir. Hable con su médico sobre su peso objetivo (puede que le aconseje alcanzar un IMC de entre 20 y 24, aunque cada persona es diferente). Aumentar un poco de peso puede favorecer sus posibilidades de concebir.

¿Las buenas noticias? Dar los pasos necesarios para controlar un trastorno alimentario –como ha hecho usted y está comprometida a seguir haciendo– puede ayudar a tomar las riendas de la propia fertilidad y hacer realidad ese bebé que desea. Hable con su médico sobre sus planes de maternidad, y sea sincera al comentarle los problemas que se ha encontrado (y con los que sigue luchando, aunque sean de poca importancia en comparación con los que se ha enfrentado en el pasado). Si necesita ponerse en tratamiento antes de empezar a plantearse la maternidad, ahora es el momento de iniciarlo: busque un programa o un terapeuta especializado en trastornos alimentarios. Puede seguir el tratamiento durante la gestación para asegurarse de que los cambios físicos normales durante el embarazo no provoquen una recaída. Ponerse en manos de un dietista también puede ayudarla a reeducar sus hábitos alimentarios y a comer bien, por usted y después, por el bebé. Los grupos de apoyo (también los encontrará en internet) pueden ser de gran ayuda para mantener una buena nutrición y para aceptar la nueva imagen que el embarazo dará temporalmente a su cuerpo.

¿Lo mejor de todo? Aproximadamente el 80 por ciento de las mujeres con trastornos alimentarios que siguen tratamiento recuperan su capacidad para concebir. Usted también puede hacerlo.

Cirugía para perder peso y concepción

“Mi médico me ha dicho que debo perder al menos 35 kilos antes de quedarme embarazada, pero la dieta no me ayuda y me gustaría ser madre pronto. ¿Debería plantearme una operación para perder peso?”

 

Cuando el sobrepeso es serio –y toda una vida de dieta y ejercicio no la han ayudado a perder los kilos que desea adelgazar–, el bypass gástrico o el anillo gástrico pueden parecer la solución a su problema. Especialmente cuando tiene en mente un embarazo y los kilos de más se interponen entre su deseo y usted. Pero la cirugía para perder peso y la concepción, ¿son compatibles?

Sí lo son, y con éxito. De hecho, estos procedimientos pueden preparar el camino hacia el embarazo para las mujeres que son demasiado gruesas para concebir. Las mujeres que se han sometido a una operación quirúrgica para perder peso suelen recuperar sus ciclos menstruales regulares a los pocos meses de la intervención, aunque estén todavía lejos de su peso ideal. La fertilidad puede también regresar antes de lo esperado. Algunas mujeres conciben unos meses después de la operación.

Pero si bien la cirugía puede darle un empujón a su fertilidad, es posible que no se le dé el visto bueno para concebir tan pronto como desearía, aunque sus ciclos sean de nuevo regulares. Algunos médicos recomiendan esperar hasta que el peso de la mujer haya sido estable durante un año; no sólo su cuerpo necesita tiempo para adaptarse (perder tantos kilos puede ser un gran cambio), sino que también lo necesita para recuperar las reservas de nutrientes que pueden haber desaparecido con la pérdida rápida de peso. Aun así, independientemente de cuándo conciban, las mujeres que quedan en estado tras una operación de cirugía gástrica pueden tener embarazos sanos y bebés sanos; de hecho, más sanos de lo que habrían sido si no hubiesen perdido peso.

Si se plantea este tipo de cirugía –o si ya se ha sometido a ella y se pregunta cómo afectará a sus planes de embarazo–, hable con su médico (si no lo ha hecho todavía) sobre el mejor momento para empezar a buscar bebé. Recuerde también que deberá vigilar para que sus necesidades nutricionales se vean cubiertas durante la fase previa a la concepción y durante el embarazo, para evitar la insuficiencia de nutrientes necesarios para el desarrollo del feto. Esto es difícil tras la cirugía gástrica porque la ingesta de alimentos se ve drásticamente reducida, pero es posible si se pone el empeño necesario, se toman los suplementos vitamínicos adecuados y se siguen los consejos del equipo médico.

 

 

Alcanzar el peso ideal

 

Bueno, una cosa es proponerse perder –o ganar– peso y otra cosa es hacerlo realidad. Hacer dieta para perder kilos nunca es fácil (y para las delgadas, comer lo suficiente para ganar peso también puede ser complicado), pero puede ser aún más difícil cuando hay que perder los kilos de manera sensata, para preparar el organismo para la concepción. ¿Necesita un plan para llegar a su objetivo de la forma más rápida y sensata posible? Siga leyendo.

Perder peso

“Tengo unos 15 kilos de sobrepeso y deseo formar una familia. ¿Cuál es el mejor modo de perder estos kilos?”

 

Perder peso, aunque la creación de una familia sea una gran motivación, es todo un reto. Eso sí, factible. La primera parada (incluso antes de detenerse en el mercado para cargar yogures, fruta y zanahorias) debería hacerla en la consulta de su médico. Juntos deben trazar un plan para adelgazar y comentar las posibles dolencias que pueden estar contribuyendo al exceso de peso, como un problema de tiroides o de resistencia a la insulina. Lo mejor es alcanzar su objetivo entre 6 y 8 semanas antes de intentar concebir para que el cuerpo se acostumbre a su nueva forma antes de empezar a cambiar de nuevo (por si no lo sabe, el embarazo le cambiará las formas).

Resista la tentación de seguir una dieta milagrosa –aunque sea alta en proteínas y baja en hidratos de carbono– porque puede acabar con las reservas de su organismo de nutrientes necesarios para la concepción (al fin y al cabo, usted desea deshacerse del peso, no de los nutrientes). Aléjese de las dietas a base de líquidos, de las pastillas para adelgazar, de los suplementos y de todo lo que prometa resultados rápidos (“pierda 12 kilos en 2 semanas”). La pérdida de peso demasiado repentina puede provocar problemas de fertilidad (interrupción de la ovulación al disminuir la producción de progesterona). La pérdida rápida de peso también puede llevar a la recuperación rápida del mismo en pocos meses, y los estudios demuestran que las mujeres que siguen dietas “yo-yo” presentan una tasa de fertilidad menor que las que pierden peso de forma sensata. El mejor plan dietético es el que sigue una pauta lenta y segura. Una pérdida de peso gradual proporciona a las hormonas el tiempo necesario para adaptarse a la nueva situación.

Siga una dieta equilibrada que sea baja en calorías y grasas pero que no las elimine por completo, y que se centre en un equilibrio saludable de proteínas magras, productos lácteos desnatados, hortalizas, fruta y cereales integrales. Controle el tamaño de las porciones (llénese de ensalada y coma con discreción cuando se trate de alimentos más calóricos), y acostúmbrese a comer en pequeñas porciones pero con mayor frecuencia (una buena estrategia también durante el embarazo). Beba mucha agua y no olvide las vitaminas prenatales (para llenar cualquier vacío vitamínico que pueda dejar la dieta). Reduzca el consumo o, si le resulta más fácil, como es el caso en personas muy aficionadas a la comida basura, elimine de su dieta dulces, refrescos y alimentos basura. Si hace tiempo que no practica deporte, empiece ahora. Incluso con 30 minutos de paseo unos cuantos días a la semana se puede perder peso mientras se prepara el camino para un embarazo sano.

Algunas mujeres mantienen la motivación con un poco de camaradería. Si es su caso, visite los foros en internet por si se puede aliar con otras futuras madres que están intentando perder peso. O apúntese a alguna organización que ofrezca un plan de dieta equilibrado y mucho apoyo para no abandonar esos palitos de zanahoria.

Y si se siente desanimada por la gran tarea a la que se enfrenta, aquí tiene un dato que la animará: una pérdida de sólo entre el 5 y el 10 por ciento del peso corporal en las mujeres con sobrepeso (especialmente mujeres obesas) que no ovulaban da como resultado la ovulación espontánea en un 60 por ciento de los casos. Y ya sabe usted qué significa la ovulación.

Aumentar de peso

“Mi médico dice que debería ganar peso antes de intentar concebir. ¿Cómo empiezo?”

 

Ganar peso –como perderlo– consiste en una cuestión de calorías que entran y calorías que salen. Si suele saltarse las comidas, puede que esté impidiendo la entrada de calorías necesarias. En lugar de saltárselas, adopte el hábito de comer con regularidad. Intente sentarse a comer tres veces al día, pero complemente estas colaciones con tentempiés repletos de calorías entre horas (especialmente importante si un apetito más reducido de lo normal le impide comer mucho en cada comida). Aunque la fórmula evidente para ganar peso podría consistir en engullir comida basura, recuerde que el objetivo no es sólo aumentar de peso, sino hacerlo con alimentos que aporten los nutrientes necesarios para un bebé. Una forma de sumar calorías: añadir más alimentos ricos en grasas “buenas” a su dieta, como frutos secos y semillas, aguacates, aceite de lino, que inclinen la balanza a su favor mientras almacenan nutrientes. Céntrese en hidratos de carbono complejos (pasta integral, pan integral y legumbres). Y, ya puesta, añádales queso a todos (el calcio es un buen aliado antes de la concepción, igual que las calorías que contiene el queso). No olvide las frutas y hortalizas, aunque sean bajas en calorías, porque le proporcionarán lo necesario para tener un bebé (pero tómese alguna de sus frutas preferidas en forma de batido, con leche). Y, por supuesto, no se niegue ese helado: le aportará un suplemento de calcio repleto de calorías.

¿Y qué pasa con las calorías que se queman con la actividad física? Si es capaz de aumentar de peso sin reducir su rutina física (si es que hace ejercicio), fantástico. El ejercicio puede incluso abrirle el apetito. Pero si ingiere más calorías pero no nota diferencia cuando sube a la báscula, entonces debería revisar su nivel de actividad. Si realiza un ejercicio agotador o demasiado seguido, puede que esté quemando demasiadas calorías. Reduzca el nivel de ejercicio para que las calorías que entran se queden dentro. La poca grasa que acumule su magra cintura puede ser su pase hacia la maternidad.

Como ocurre a las futuras madres que necesitan perder peso, también es recomendable que se lo tome con calma. Aumente de peso gradualmente y dele a su organismo tiempo para adaptarse a su nuevo peso antes de intentar concebir (entre 6 y 8 semanas bastarán).