CAPÍTULO 1

La manipulación en las relaciones humanas

Tómate un tiempo para ti.

Mírate al espejo.

Reconoce tu rostro y el mensaje

que trasmiten tus ojos.

Esa es la realidad de tu vida.

Pregúntate: ¿quiero seguir así?

La respuesta yace en tu interior.

Ve en su búsqueda, e inicia un

período de reflexión antes

de tomar una decisión.

Toma el mando de tu vida.

¡No te arrepentirás!

Walter Dresel

Los seres humanos somos por naturaleza individuos que tendemos a agruparnos en conglomerados sociales, creciendo y desarrollándonos habitualmente en el marco de nuestro núcleo familiar.

En ese tránsito a través de las distintas etapas de la vida, el desarrollo psicomotriz y la habilidad del lenguaje son algunas de las características que nos definirán como hombres y mujeres con la destreza suficiente como para hacernos responsables de nuestra propia existencia cuando las circunstancias así nos lo exijan.

Entre las tantas artes que debemos adquirir para sortear las habituales dificultades con que nos vamos encontrando a medida que crecemos, está sin lugar a dudas la de la comunicación, que nos permite mediante el idioma expresar aquello que queremos y lo que necesitamos, enviando mensajes a nuestros destinatarios con un contenido que debe ser la expresión genuina de lo que sentimos en ese momento.

El llanto como forma de comunicación

De recién nacidos, el vínculo se establece al principio a través del llanto que pone en alerta a la madre en cuanto a la necesidad básica de la alimentación, más allá de que ese sollozo pueda estar manifestando alguna otra situación de incomodidad o de enfermedad circunstancial. El bebé se hace presente a través de lo único que sabe hacer para que le presten atención: el llanto.

Pero a medida que va creciendo y va adquiriendo la capacidad de sostener su cabeza y luego de permanecer sentado, también lentamente aprende a balbucear sus primeras palabras que le permiten descubrir un mundo fascinante, que es el de la comunicación y el de escuchar también sonidos que luego interpretará y clasificará como timbres, movimientos, palabras y todo aquello que normalmente rodea la vida de los seres humanos.

De esa manera va incorporando cada vez más vocablos que, con el aprendizaje en la escuela primaria y luego en la secundaria, irá aumentando hasta perfeccionar su capacidad de comunicación, dominando un lenguaje fluido que le permita interactuar con sus semejantes

Hasta aquí una somera descripción de lo que sucede habitualmente con cualquier ser humano a medida que va atravesando las distintas etapas de la niñez, la pubertad y la adolescencia. Pero aquí comienzan a bifurcarse los caminos, porque una cosa es dominar el idioma o el lenguaje y otra bien diferente es cómo utilizamos ese conocimiento o cómo comunicamos aquello que necesitamos decir.

La importancia de la autoestima

Una vez que hemos acumulado ese bagaje intelectual que significa tener las herramientas para interactuar con otros individuos, importa, ahora sí, la forma en que lo hacemos.

E indudablemente la confianza y el respeto por nosotros mismos juegan un rol fundamental a la hora de trasmitir mensajes que reflejen con firmeza aquello que queremos que nos suceda, o lo que necesitamos que los demás sepan de nosotros.

Así como nuestra imagen corporal se convierte en una tarjeta de presentación, incluyendo la forma en que nos vestimos y nos mostramos ante los demás, el lenguaje que utilizamos y la manera en que nos expresamos acerca de nuestra persona nos identifica y nos caracteriza, haciéndonos seres únicos. Las creencias y los modelos o paradigmas de comportamiento que vamos adquiriendo nos van otorgando un determinado perfil que es el que exhibimos en nuestras relaciones interpersonales.

En ese sentido, podemos adoptar una actitud proactiva, que no es otra cosa que hacernos responsables de aquellas cosas que queremos que nos sucedan, o podemos adoptar una postura pasiva, quedando a merced de los sucesos y acontecimientos que van surgiendo a medida que nos internamos en el tránsito por la vida.

El libre albedrío nos permitirá optar ya sea por una actitud o por otra, sabiendo de antemano a qué nos vamos a enfrentar en la dura lucha por una existencia digna. Convengamos desde el comienzo que no estamos solos, sino que formamos parte de una familia, de una sociedad organizada y de un país, lo que nos otorga ciertos derechos y también ciertas obligaciones en lo referente a nuestras relaciones interpersonales.

Es un buen momento para preguntarnos en esta primera estación del presente libro cómo nos hemos venido comunicando en el último año, por ejemplo, y sobre todo ¿cómo nos hemos sentido en ese ir y venir de emitir y recibir mensajes constantemente?

Esta pregunta no está hecha al azar, tiene un fundamento de solidez y consistencia porque nos confronta con nuestra realidad con toda su crudeza, poniendo de manifiesto que quizá por primera vez nos estamos dando cuenta de que somos manipulados sutilmente en nuestra forma de relacionarnos cotidianamente.

También es posible que esta manipulación no tenga nada de sutil y que sea absolutamente manifiesta, y que esté denotando un problema importante en el manejo de nuestra propia autoestima, que nos hace claudicar una y otra vez, cediendo nuestros espacios para que otro u otros los tomen en su propio beneficio.

Asimismo puede suceder que en este análisis que estamos comenzando a realizar conjuntamente lleguemos a la conclusión de que somos nosotros los que ejercemos una cierta manipulación sobre los demás.

Enseguida pasaremos a definir lo que entendemos por manipulación y cuáles son los objetivos de quienes adoptan este tipo de comportamiento humano que tanto daño produce a quien lo sufre sin respiro posible.

La defensa de nuestro espacio vital

¿Cuál es el perfil de un manipulador? ¿Cómo podemos descubrir a este tipo de personas? ¿Cuál es su finalidad con este modo de actuar? Estas y otras tantas preguntas surgen espontáneamente cuando abordamos este delicado tema que involucra a las relaciones humanas.

El manipulador es un individuo que puede ser del sexo masculino o femenino indistintamente, que intenta imponernos su criterio y su forma de ver las cosas en la vida cotidiana. Hasta aquí no parece demasiado peligroso este comportamiento, pero cuando estas conductas se dan en relaciones de convivencia, o en relaciones laborales donde las jerarquías se imponen, cobran una dimensión que puede llegar a ser insoportable.

El manipulador busca siempre satisfacer sus necesidades e imponer su voluntad, no teniendo en cuenta para nada lo que la otra persona siente o precisa. Estoy seguro de que usted estará haciendo en este momento un repaso mental y ya está descubriendo en su entorno personas que tienen este tipo de comportamiento.

Quizá usted lo haya advertido hace mucho tiempo, o no, lo cierto es que ahora deberemos profundizar en la descripción de las estrategias tanto del manipulador como de sus víctimas, para poder liberarnos lo antes posible de este tipo de relación tan nociva.

Es probable que en forma inocente, y fundamentalmente en la niñez, todos hayamos utilizado este tipo de comportamiento para lograr algo que deseábamos con fervor, pero lo anormal es que a lo largo de la vida utilicemos este tipo de procedimientos para lograr aquello que queremos, siempre en detrimento de los deseos y necesidades de los demás.

El abuso como estilo de vida

El manipulador es claramente un ser abusivo. ¿Qué tipo de circunstancias deben darse para que esta modalidad anormal de comunicación y de relación pueda materializarse? En primer lugar una de las particularidades de este tipo de personajes es la enorme inseguridad personal que los caracteriza, que puede llevarlos al apremio emocional, cuando no a la violencia psicológica o física para lograr sus objetivos.

Por otro lado, la víctima o receptor de esta forma de vincularse tan invasora es una persona con serios problemas de autoestima, que en su desesperación por mantener la armonía de su relación de pareja, por ejemplo, o amenazado de perder su fuente de trabajo, adopta un rol pasivo, dejándose manejar y accediendo a todos los designios de quien controla a su voluntad todas las situaciones que se pueden dar en el tipo de relación que los une.

Pero vayamos por partes y de a poco, y tratemos de delinear el perfil del agresor, en este caso, el manipulador.

Como dijimos unos parágrafos más arriba, es un individuo que exterioriza una gran inseguridad personal, que tiene serias dificultades para utilizar habilidades de comunicación social, y que al comienzo presiona en forma sutil para lograr aquello que quiere, pudiendo llegar a todo tipo de violencia cuando no logra su objetivo en el tiempo y forma que él lo desea.

Tratemos de entender de qué modo se constituye una relación de manipulación. Para que ella exista debe haber una relación de desigualdad entre dos o más personas, desigualdad que se manifiesta en que una de ellas claramente da y cede en forma permanente, mientras que la otra o las otras reciben constantemente. Aquí vemos un ejemplo claro de lo que se da en el terreno de la negociación y que se conoce con el término de gano/pierdes.

El manipulador pretende siempre salir ganancioso en desmedro de la voluntad o de la necesidad de quien se quiere aprovechar o abusar, aunque no es infrecuente que este tipo de vínculo se dé en ambos sentidos, alternando la manipulación ambos integrantes de una pareja o un grupo de compañeros de trabajo, o en cualquier ámbito de las relaciones humanas.

¿Cuál es el plan que elabora el manipulador para entrar en acción cuando considera que es el momento adecuado? La táctica más frecuente y más difundida es la de amenazar, y en segundo lugar la de generar en la otra persona un sentimiento de minusvalía y destrucción de su autoestima.

En ese plan cuidadosamente preconcebido logra que en su víctima se genere miedo, vergüenza o, lo que es más grave, un sentimiento de culpa por no atender prestamente a las demandas a las que está siendo sometida. Esto se repite un día tras otro, y la costumbre hace que el ser atormentado ni siquiera tome conciencia de lo que está sufriendo porque llega a considerar normal la presión que soporta cotidianamente.

Pero como estas situaciones no pueden sostenerse por un lapso indefinido, en un momento determinado ese individuo comienza a sentirse mal, a experimentar alteraciones de las distintas funciones corporales, que no llegan a configurar una enfermedad en sí mismas, pero sí ponen de manifiesto que ha entrado en una etapa de crisis personal que debe resolver lo antes posible.

Además de estas molestias físicas que ya alteran su rutina, su equilibrio emocional sufre oscilaciones violentas que pueden manifestarse a través de conflictos que generan un llanto fácil, angustia, ansiedad sin límite, trastornos del sueño y otros tantos síntomas como las llamadas crisis de pánico.

Nuestra actitud

Estas variaciones le están advirtiendo que su problema está en la actitud que ha tomado hasta hoy de ceder frente a las demandas de quien le está manipulando, al intentar por todos los medios dar satisfacción a lo que la otra persona desea, sin tener en cuenta sus propias metas u objetivos en la vida.

Demás está decir que descubrir esto genera una conmoción interna muy significativa, la cual debemos orientar adecuadamente para no transformar nuestro malestar en una o más enfermedades orgánicas que deban someterse a un tratamiento médico estricto.

Con esto quiero significar que algo, que aparentemente se desarrolla en la esfera de nuestro cuerpo emocional, puede proyectarse a nuestro cuerpo físico y causarnos trastornos graves de no atender en tiempo y forma lo que nos está sucediendo.

Una forma práctica de autoevaluarnos respecto a la relación de manipulación con determinada persona es analizar cómo nos sentimos a través del tiempo en su presencia. ¿Qué sentimientos nos despierta el contacto diario con ella?

Evaluar las emociones negativas

Si de esa mirada en el espejo de nuestra alma surgen sentimientos de rechazo, de inseguridad, de miedo u otras emociones negativas, una señal de alerta se encenderá en nuestro interior que nos estará advirtiendo de que hay algo anormal en esa relación.

Las emociones negativas pueden existir circunstancialmente, pero lo lógico es que la neutralidad o incluso las emociones positivas primen en los vínculos de los cuales nosotros voluntariamente formamos parte. A continuación sigue quizá la parte más difícil: cómo manejar lo que estamos sintiendo una vez que hemos detectado dónde está la razón de nuestro malestar.

Las primeras preguntas a las cuales debemos responder son: ¿estamos conformes con nuestro estilo de vida?, ¿podemos seguir cediendo cada vez más espacios hasta perder definitivamente nuestra identidad?, ¿justifica alguna razón nuestra conducta?

Nos servimos un nuevo café para hablar con nosotros mismos y pausadamente comenzar a responder a estas preguntas, cuyas respuestas únicamente podrán surgir de un diálogo interno franco, leal y honesto con nuestras más genuinas ambiciones.

El propio instinto de conservación nos ayuda a que en determinado momento de la vida digamos: ¡Basta! Hasta aquí hemos llegado consintiendo y consintiendo todo lo que se nos pidió de las más diversas formas, desde el pedido amable hasta los episodios violentos, poniendo coto a nuestra infructuosa negativa de ceder a los designios de quien día tras día intenta, y logra, manipularnos despiadadamente.

Sometidos a presión

Es muy probable que usted se haya sentido obligado a actuar como lo hizo hasta el presente. Nadie se destruye voluntariamente si no está muy arrinconado y presionado por las circunstancias, o por el temor al abandono, o ante la amenaza de una violencia física o psicológica, tan extendida hoy a lo largo y ancho del mundo en el que vivimos.

Pero veamos esta situación tan triste desde un ángulo totalmente diferente. Es muy probable que el manipulador jamás cambie su actitud, porque él o ella tienen sus propios problemas y vaya si son importantes, ya que les han llevado a desarrollar esta forma tan anormal de vincularse y de comunicarse.

Aquí lo que más importa es cómo ha de enfrentar usted la situación que acaba de descubrir, pero yendo aun más a fondo la pregunta que debe hacerse es: ¿cuáles han sido los motivos que permitieron que esta asimetría en su relación pudiera llegar a límites tan insospechados?

Trabajar sobre nuestra conducta y sobre nuestra actitud es el único camino lógico y que puede redundar en beneficios de aquí en más, al cambiar radicalmente su actitud, reconociendo cuáles son las áreas de su autoestima donde deberá trabajar con firmeza para recuperar en el plazo más breve la confianza y el respeto por usted mismo.

Para ello es probable que tenga que retroceder en el tiempo para recordar cuál era el juicio que le merecía su propia persona, diez, veinte o treinta años atrás. Y a pesar de que el pasado ya fue vivido y no se puede cambiar, sí es posible que encuentre un sentimiento de dependencia emocional que le haya llevado a consentir todo tipo de agravios, o todo tipo de demandas, a cambio de una supuesta armonía, seguridad económica, o afecto y protección.

Reconstruir nuestra historia personal

Debemos hacer esta exploración lo más objetivamente posible. No estamos buscando culpables, estamos reconstruyendo nuestra historia personal para encontrar las razones que hoy nos convocan y que sentimos desde lo más profundo de nuestras entrañas que están clamando por un cambio al no querer seguir viviendo del modo que lo hemos hecho hasta el presente.

El panorama se va aclarando y comenzamos a percibir que la actitud de los demás hacia nosotros pasa por un angosto desfiladero cuya puerta abrimos únicamente desde adentro. Hay una responsabilidad implícita en esto de la manipulación, en lo que hemos permitido que hagan con nosotros, aunque podamos esgrimir razones de peso para explicar que ello haya sucedido.

Pero una vez que disfrutemos de haber tomado ese café con nosotros mismos, y hayamos descubierto cuáles fueron en cada caso las razones que pudieron haber existido y que sustentaron el ser víctimas de una manipulación, no hay tiempo para lamentarse sino para poner manos a la obra, para reconstruir un presente y un futuro digno para nosotros.

Ubicar las piezas en el tablero será el sinónimo de ver nuestra realidad sin deformaciones para poder detectar al día de hoy cuáles son nuestros puntos fuertes y cuáles los débiles.

Es obvio que se torna imprescindible sentir que queremos cambiar lo que estamos viviendo a partir de la elaboración de un proyecto de vida que nos ubique en el primer lugar del largo inventario de transformaciones que introduciremos en nuestra existencia.

Hagamos una lista con algunas de las razones más frecuentes de actitudes frente a la vida que culminan en la cesión de espacios, que son rápidamente tomados por quien ejerce la manipulación sobre nosotros.

Pueden existir una enorme cantidad de razones que sean las causantes de ese avance que efectúa el manipulador, que se suman a las características de la personalidad de quien se aprovecha maliciosamente de nuestra debilidad.

a) Carencia de un proyecto personal de vida

Esta razón es una de las principales derivaciones de una baja autoestima, que le impide al individuo sentir que puede ser eficaz ante los desafíos a los que la vida le expondrá en su futuro.

Deambula entonces a través de la existencia sin un rumbo fijo, sin una profesión o un oficio, o un empleo que le permita ser independiente, siendo presa fácil de quienes sí saben lo que quieren para su vida, aunque sea a costa de los demás y se lo hacen sentir en cada una de las palabras y de los actos que comparten en la cotidianidad.

Si por ventura esta fuera su situación —no importa cuál sea su edad, su sexo o su estado civil—, se impone ya, hoy mismo, comenzar a elaborar un plan de acción que estimule su motivación y le permita comenzar a creer en su capacidad para modelar su destino, sin presiones exteriores y volcando toda su creatividad a un proyecto de vida, quizá muchas veces postergado.

Aquí queda de manifiesto la malicia del manipulador, quien se ha cuidado muy bien durante largo tiempo de no despertar en su víctima la necesidad de ser autónoma o independiente para no perder su ascendencia sobre ella.

Le adelanto que esta transformación de su modo de pensar y de actuar no será bienvenida justamente por quienes ejercen la manipulación, ya sea en el ámbito familiar o laboral. Más adelante haremos una diferenciación entre la manipulación a nivel privado, o de la pareja, o de la familia, y la que sucede a nivel laboral, donde son otras las motivaciones que concurren para que se dé este tipo de interacción humana.

Saber de dónde partimos y adónde queremos llegar cambiará radicalmente el escenario en que se desarrolla nuestra vida, transformándolo en un espacio en el que sabremos con certeza cómo establecer límites para no aceptar nunca más que alguien intente manipularnos bajo cualquier tipo de amenaza.

Capacitarnos y desarrollar un proyecto de vida propio nos permitirá interactuar sanamente con los demás seres humanos, manteniendo nuestra independencia de pensamiento y de sentimiento, de modo de impedir que puedan aprovecharse de una debilidad que ya no volverá a estar presente en nuestra vida.

b) Temor al abandono

Este tipo de miedo aparece fundamentalmente en las relaciones afectivas, con una figura extremadamente fuerte enfrentada a una muy débil que, por temor a ser abandonada, cede todos sus espacios, permitiendo que la manipulen en la creencia errónea de que ese tipo de conducta mantendrá el amor y la armonía con su pareja.

Nada más alejado de la realidad. Lo que se aprecia habitualmente es que este tipo de actitud solo sume a quien adopta el rol de víctima en un espiral descendente que con el tiempo le lleva a perder su identidad, permitiendo que quien se apodera de todos sus espacios determine qué, cómo y cuándo se llevarán a cabo sus designios.

Es indudable que una relación basada en tal desigualdad culmina en un conflicto de grandes proporciones, cuando quien ha cedido su territorio comienza a percibir la necesidad imperiosa de recuperarlo, enfrentándose entonces a la negativa de quien le manipuló durante tanto tiempo y que no está dispuesto a ceder el área que conquistó con la anuencia de su víctima.

Una vez desatada la confrontación, se torna muy difícil la negociación ya que ambas partes, ahora sí, defienden su espacio y se generan rupturas irreconciliables. A menos que quien ha manipulado durante tanto tiempo reflexione y esté dispuesto a modificar su conducta y su actitud, es poco probable que se llegue a un acuerdo de convivencia digno para ambos.

c) Sentimiento de culpa

He aquí una de las herramientas preferidas por el manipulador. Se trata de una sutileza más en su estrategia por desmerecer a su víctima. Le genera, suavemente y sin que quien recibe el mensaje pueda darse cuenta, un sentimiento de culpa por cosas que no ha hecho, o por circunstancias en las cuales no ha tenido participación alguna.

La propia inconsistencia de su autoestima es un terreno fértil donde este sentimiento de culpa crece y se desarrolla sin límite hasta llegar a ser insoportable el peso de la culpa que podemos arrastrar y cargar, sin razón alguna.

Por eso es tan importante periódicamente realizar los balances necesarios que nos permiten ver cómo están ubicadas las piezas en el tablero de nuestra vida, preguntarnos qué hechos del pasado son responsabilidad nuestra y por los cuales podemos sentir una culpa genuina —como errores cometidos, omisiones o decisiones erróneas del pasado— y cuáles no lo son, aliviando nuestra carga y nuestro inútil sufrir, definitivamente.

Liberarse de las falsas culpas quizá llegue a ser uno de los ejercicios más difíciles de ejecutar, pues quien manipula intenta por todos los medios mantener ese sentimiento lo más vivo posible, para hacernos sentir seres indeseables en toda la extensión de la palabra.

La autocrítica debe ser justa. Eso significa que tenemos que hacernos cargo de nuestros errores, por supuesto, pero de ningún modo tenemos por qué cargar con culpas que nos han sido depositadas a lo largo de los caminos de la vida en episodios en los que nuestra participación ha sido nula.

No debemos olvidar que quien manipula pasa de la solicitud amable a utilizar todas las formas de agresión posible, entre ellas también el proyectar e introducir el sentimiento de culpa en su víctima.

Nos sentiremos liberados cuando nos hagamos responsables de nuestros errores y podamos dejar a la vera del camino todo aquello de lo que no somos responsables y por lo cual se nos culpó durante años.

d) Mantener un estatus social

Aquí se da una situación muy particular. La víctima es absolutamente consciente de que es manipulada y de que ha entregado todos sus espacios a través del tiempo, renunciando a sus ideas y pensamientos.

La moneda de cambio es mantener un estatus social, que por diversas razones le conviene, al estar al lado del personaje que la somete, pero a su vez le permite acceder a niveles sociales que de otro modo le sería imposible alcanzar.

Desde ya debemos afirmar en forma contundente que son vínculos absolutamente enfermizos, en los que el sentimiento está ausente y solo media entre ambas personas un interés específico, lo que a la larga torna la vida en algo sencillamente intolerable.

Estaríamos tentados de preguntarnos ¿cómo es posible que esto suceda en el siglo XXI? Sin embargo, cuanto más conocemos y hurgamos en la profundidad del ser humano, más revelamos sus virtudes y sus miserias, y este vivir por conveniencia es una de las miserias más extendidas de la conducta de los llamados seres más inteligentes de la creación.

Una vez más una autoestima prácticamente inexistente está en la base de este comportamiento que puede llegar a destruir a quien lo sostiene, si por alguna razón quien mantiene ese estatus social lo pierde, quedando absolutamente desamparado por no haberse comprometido jamás con su propia existencia.

El mundo y la vida son extremadamente dinámicos, y las verdades cambian aceleradamente. Por ello hay que pensar muy bien antes de tomar decisiones que pueden provocarnos en el futuro profundas desazones, al comprobar que nos hemos equivocado sin derecho a protesta y sin posibilidad de restaurar heridas profundas del alma que duelen y dolerán durante mucho tiempo.

e) Seguridad económica

La seguridad económica es una preocupación constante de los seres humanos, como una forma de afirmarse en el presente y en el futuro, en una sociedad donde el dinero es lo que permite el acceso a establecer un estilo de vida digno y acorde a nuestras necesidades.

A esta certidumbre se puede llegar por diversos caminos: hay quienes parten de un proyecto personal con metas y objetivos concretos, que van logrando con esfuerzo y con perseverancia, y hay quien acierta en un juego de azar que le proporciona un dinero que no esperaba y a partir de ese momento cambia las coordenadas de su vida.

También en vínculos que se conforman desde los lados más oscuros de las personas puede establecerse la manipulación con respecto al dinero como un medio de presión, amenazando a la víctima y haciéndole saber que si no responde o respeta la voluntad de quien circunstancialmente ejerce el poder, quedará en la más absoluta indigencia. De ese modo obligan a su víctima a aceptar situaciones que destruyen su entereza.

En todas estas situaciones que he puesto de ejemplo, más otras que podríamos recrear, aparece la figura de la autoestima como un eje central alrededor del cual gira la impotencia de quien es el destinatario de estas conductas malévolas, de responder con firmeza a situaciones que le incomodan seriamente y que tienen como único objetivo el beneficio de quien las ejerce con un poder irrestricto.

Veamos ahora cómo los manipuladores actúan tanto a nivel de pareja, de la familia y cómo también se dan este tipo de actitudes a nivel laboral, en general en relaciones de dependencia, cuando los subordinados son sometidos a presiones de todo tipo y a amenazas que les generan disturbios físicos y emocionales que culminan en un ausentismo laboral creciente.

La manipulación afectiva

Recordemos una vez más que en la manipulación se da un vínculo anormal en el que aparece una figura que es la supuestamente fuerte que se erige ante la otra que no logra hacer valer sus derechos, y que, en situaciones extremas, llega a creer que lo que está viviendo se justifica por alguna conducta reprobable de su parte.

La voluntad de la figura manipuladora llega hasta tal punto que no solo provoca el sentimiento de culpa en su víctima, sino que solapadamente la induce a creer que tiene merecido su sufrimiento por incapacidad, por falta de aptitudes, o simplemente porque no está a la altura de quien se atribuye el derecho de adaptar la relación afectiva a su mal saber y entender.

Ante esta descripción es entendible que la víctima, una vez que comprende que de ese modo no puede ni debe seguir viviendo, intente salvaguardar el equilibrio de su vínculo afectivo y le haga ver a su verdugo lo que está sufriendo con su actitud, con la ilusión muy válida de que se produzca un cambio significativo en la conducta de esa persona.

La decepción será grande cuando compruebe que el destinatario de sus ruegos no está nada interesado en modificar los términos de la relación que hasta ese momento le ha dado jugosos dividendos, porque siempre logra que se haga lo que él decide, además de intimidar permanentemente al otro, profiriendo todo tipo de amenazas que van desde la pérdida de la seguridad económica hasta el abandono, atravesando otros caminos de desvalorización permanente.

Hasta aquí una descripción descarnada de algo que sucede diariamente de la puerta hacia adentro de una enorme cantidad de familias y de parejas, que a la luz pública lucen como modelos perfectos de relaciones afectivas cuando en realidad son relaciones sostenidas sobre pilares que no soportan el menor análisis.

En reiteradas ocasiones diferentes hombres y mujeres que han estado atravesando situaciones de esta naturaleza se han preguntado y me han preguntado cómo actuar, o cómo hacer para liberarse de este yugo que les aprisiona y que no les permite crecer ni desarrollarse de acuerdo a sus principios y a sus objetivos de vida. La respuesta está en el interior de cada ser que sufre la manipulación, como un estilo de vida al cual se adaptó quizá sin advertir en qué territorio estaba ingresando.

Y reitero que las respuestas residen en el interior de cada uno porque solamente detectando cuáles son las áreas de la autoestima que no están acordes con nuestras expectativas es que lograremos desarrollarlas para poder aplicar estrategias adecuadas que nos conduzcan a la autonomía y a la independencia, palabras utilizadas en este caso en el mejor sentido.

Autonomía e independencia en este caso significarán aprender a poner límites para no ser invadidos por quienes usurpan todos los espacios, creyéndose los dueños de la verdad y, lo que es más grave aun, con la convicción de que los demás están para servirles y para atender todas sus peticiones.

Poder enfrentar con éxito este tipo de relación tan lamentable llevará un tiempo, a fin de liberar nuestros pensamientos y ganar día a día en confianza en nuestros actos, lo que nos dará la fuerza para ir limitando ese abuso que se manifiesta en todos los ámbitos de la relación afectiva.

Unos parágrafos más arriba decíamos que este tipo de situaciones anormales ocurre de la puerta hacia adentro, pero no solamente allí. Es probable que todos hayamos sido espectadores también de cómo públicamente los manipuladores dejan en ridículo a su pareja, resaltando supuestas carencias que en la enorme mayoría de los casos son inexistentes.

Pero a ellos les gusta ser el centro de la reunión, hacer ver a quienes circunstancialmente les rodean el valor de su personalidad, sin la cual su pareja no podría ni siquiera pensar en subsistir. Y, como siempre, tienen sus adeptos, crédulos que por congraciarse con ellos aplauden estas conductas absolutamente reprobables.

Proponerse poner fin a este sufrimiento inútil es el primer paso. Trasmitir la voluntad de no permitir más que las decisiones sean tomadas unilateralmente será el paso siguiente. De aquí en más se dan dos opciones muy claras:

No es fácil liberarse de algo que se ha venido sufriendo durante décadas. No solo porque quien desarrolla este tipo de conductas tiene la certeza de estar en el punto vital que responde a sus intereses y por lo tanto no está dispuesto a perder su lugar, sino porque se debe tener una actitud muy firme para no protestar hoy pero ceder mañana, en un juego muy destructivo donde el manipulador siempre termina ganando.

La manipulación a nivel laboral

Esta es un área absolutamente diferente, donde juegan otros intereses que en las relaciones afectivas. Sin embargo, podemos observar las mismas características de quien practica la manipulación en lo referente a la presión que se ejerce sobre sus subordinados.

La amenaza de la pérdida del salario, del ingreso económico que permite la subsistencia de un núcleo familiar, se destaca sobre otros tantos aspectos donde se puede amedrentar a un ser humano que mantiene una relación de dependencia laboral.

En ámbitos donde la pérdida de un empleo a determinada edad, por ejemplo luego de los 35 o 40 años, genera un serio problema de reinserción laboral por la exigencia del mercado en cuanto a la edad de las personas a contratar, la manipulación se da con extremada frecuencia al utilizar el argumento de que difícilmente esa persona pueda volver a encontrar un trabajo que le permita vivir con dignidad.

La cesión de espacios comienza a hacerse lenta pero firmemente, hasta que la persona es dominada en todos los aspectos, impidiéndole por distintos motivos reclamar sus derechos, porque la amenaza pende sobre su cabeza en forma permanente.

El acoso puede llegar a ser de tal magnitud que genera cuadros de angustia muy graves, que requieren de la atención especializada, porque quien se encuentra en esa situación no logra hacer valer sus derechos debido a que siempre está en una relación de desventaja frente a quien ejerce el poder, ya sea económico o de manejo de los recursos humanos de una empresa.

En las últimas décadas se ha denunciado públicamente este tipo de relación laboral que deshumaniza al individuo, lo lleva a su mínima expresión y le quita toda iniciativa que apunte a la excelencia, así como inhibe todo intento de innovación en la tarea que realiza.

Al manipulador no le importa, o no reconoce, el daño inferido a su víctima, como tampoco advierte que con una conducta diferente podría extraer de esa persona lo mejor y no convertirle en un ser que no se expresa libremente y que no consigue ubicarse adecuadamente en el esquema de su empresa o de su trabajo.

Es doloroso reconocer que se está en este tipo de situación, sobre todo por parte de quien se siente víctima de una manipulación, pero es necesario admitir que la única vía para cambiar es aceptar esa realidad.

A continuación observaremos el perfil de acción del manipulador y una de sus armas preferidas: la agresión.

Descansemos unos minutos y nos encontramos en la próxima página. Gracias por estar a mi lado.