EL AUTOR

El doctor Indalecio Liévano Aguirre brilló como un eximio humanista, digno cultor del intelecto universal. Distinguido por su espíritu consagrado al exigente arte de la literatura. Erudito investigador y consumado catedrático que, con el privilegio propio de sus virtudes retóricas, exponía con absoluta lucidez la génesis histórica de nuestra patria.

Entre el acervo de valores que caracterizaron la vida y obra del doctor Liévano, se destacan, predominantemente, los ideales democráticos y la práctica constante de las disciplinas liberales, principios inconmovibles que profesó a lo largo de su existencia. En su anhelo por hacer respetar que las tesis se debatieran sobre el libre examen ideológico, sostenía que tal ejercicio era fundamento esencial para la existencia de la democracia. Ampliamente reconocido, por su sobresaliente estructura política y su dedicación al servicio de la República, como un eminente estadista.

Practicó en sus claras definiciones el equilibrio conceptual. Además de justo, se mostraba firme en sus apreciaciones. Dueño del aplomo propio de los grandes pensadores. Sobrio, tolerante por principio, respetando siempre las opiniones contrarias a su pensamiento. Discreto por naturaleza, prudente en sus expresiones, ejemplo de probidad, y dueño de singular carácter.

La dimensión de su intelecto como fiel exponente de su asombrosa ilustración, le permitió ser reconocido como un esclarecido humanista que dedicó grandes espacios de su existencia a la noble tarea de hallar mediante su consagración investigativa, la realidad histórica no exclusivamente en la complejidad de los antecedentes políticos colombianos, sino aplicando la misma sindéresis alrededor de la vida de las naciones hispanoamericanas, y también de las que hacen parte del tejido geográfico universal.

De factura impecable se ha calificado toda su ilustrada narrativa. Su talla literaria le condujo por selectos escenarios académicos, entre otros, La Pontificia Universidad Javeriana, la Universidad Libre, la Universidad de los Andes y la Universidad Nacional de Colombia, confirmando que era uno de los catedráticos más versados en elocuencia histórica. Su mente de amplios alcances universales y su medición racional, le permitieron presagiar tanto los acontecimientos políticos, económicos y sociales del país, así como los acontecimientos que se originaren en la mutación de las naciones.

Nació en Bogotá el 24 de julio —fecha análoga a la del nacimiento del Libertador— en el año de 1917, en el hogar de don Nicolás Liévano Danies, caballero bogotano, amante de su ciudad, dedicado íntegramente al civismo, ejecutando obras de grandes dimensiones sociales entre las que se destacó el trazo con visión futurista y no pocos detractores, de una amplia avenida que cruza la ciudad de Bogotá de sur a norte y que aún conserva el nombre de Avenida Caracas, y doña Emilia Aguirre Agudelo, dama antioqueña de refinadas maneras y ponderada cultura.

Inicia estudios de Literatura en el Colegio Nacional de San Bartolomé, obteniendo el grado de Bachiller en Filosofía y Letras en 1939. Luego, la Pontificia Universidad Javeriana le otorga el título de Doctor en Derecho, Ciencias Sociales y Económicas en 1944 con su tesis de grado, la biografía “Rafael Núñez”, calificada como una polémica y valerosa obra.

Ascendiendo a la cima de la historia, da a la luz del universo otras creaciones tales como Bolívar, una de las más reconocidas biografías de cuantas se hayan escrito sobre la existencia del Libertador; “Las Diferencias entre Bolívar y Santander”; “Razones Socio-económicas de la Conspiración de Septiembre contra el Libertador”; Significado de las ideas de Bolívar y San Martín en el mundo moderno; “El proceso de Mosquera ante el Senado”; su magna obra, “Los Grandes Conflictos Sociales y Económicos de Nuestra Historia”, considerada entre las diez mejores realizaciones históricas del siglo XX, y su inspirada y didáctica obra analítica “Bolivarismo y Monroísmo”.

Ejerció el periodismo en diarios como El Liberal, del que fue su director, El Tiempo, El Espectador, La Calle, el semanario Sábado y las revistas Mito, Banco de la República, Cafetera de Colombia, Estrategia Económica y Financiera, Semana, La Nueva Prensa, Acción Liberal, Revista de Indias, América, Criterio Político y fue colaborador permanente en publicaciones en otros países.

Como Canciller de la República en el período 1974-1978, tuvo momentos de gran figuración: la firma de un nuevo Concordato con la Santa Sede; la propuesta conjunta con Venezuela y Costa Rica, para la conferencia de Quito en la cual se inició el proceso que culminó con el levantamiento de las sanciones impuestas a Cuba por la Organización de Estados Americanos, OEA. El restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba, dentro de las tesis de convivencia pacífica y pluralismo ideológico. La declaración de Panamá consagratoria de los derechos de tránsito de Colombia por el Canal. Los tratados de delimitación de aguas marinas y submarinas entre Colombia y Ecuador, Panamá, Costa Rica, República Dominicana y Haití. El señalamiento y demarcación de varias fronteras terrestres. La definición y defensa de la soberanía en el espacio ultraterrestre y de la órbita geoestacionaria para satélites en el espacio colombiano.

Notable desempeño tuvo en el servicio exterior: en Londres, inicia su destacada carrera diplomática como Primer Secretario y Encargado de Negocios de la Embajada de Colombia. En Annacy, Francia, representó al país como Secretario de la delegación colombiana a la Conferencia de Tarifas y Comercio —GATT—. Ministro Plenipotenciario ante el gobierno de Cuba. Asistió como Delegado a conferencias en Naciones Unidas, en la Habana y Quito. Participó como Consejero Económico y Social de la OEA. Ministro Consejero de la Delegación de Colombia ante la OEA. Posteriormente presidió la V Asamblea General de la OEA en Washington. En Nueva York, fue Embajador ante la XXV Asamblea de las Naciones Unidas; después Presidente de la delegación colombiana en el XXXII período de sesiones; Embajador de Colombia ante ese organismo internacional. Ejerciendo este cargo, fue elegido por unanimidad Presidente del XXXIII período de sesiones de la Asamblea de las Naciones Unidas.

Una de sus más relevantes realizaciones en esta última etapa de su vida, y de gran trascendencia hacia el futuro, es el establecimiento de relaciones diplomáticas de Colombia con la República Popular China que suscribió el 7 de febrero de 1980 con el embajador Chen Chu, ante la Organización de las Naciones Unidas en Nueva York.

Participó como Miembro de número de selectos centros académicos, entre ellos: Academia Colombiana de Historia, en la que ocupó la Vicepresidencia; Miembro Fundador de la Academia Bolivariana de Bucaramanga; Miembro Honorario del Instituto Caro y Cuervo y del Centro Literario Rafael Pombo, Bogotá; Miembro de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela en Caracas, y formó parte del cuerpo consultivo de la Fundación Vicente Lecuna en Caracas.

Siendo muy joven es llamado por el Presidente Alfonso López Pumarejo a ocupar el cargo de Secretario Privado de la Presidencia de la República; posteriormente es elegido Presidente de la Junta Directiva de la Beneficencia de Cundinamarca en Bogotá.

Su vida pública al servicio de la Nación y del Partido Liberal del que fue su Director Alterno, más su decisiva participación como Miembro Fundador del Movimiento Revolucionario Liberal, MRL, estuvo enmarcada dentro de la excelencia, la dignidad y el ético proceder. Como historiador, periodista, parlamentario, diplomático, Ministro de Estado, Designado a la Presidencia de la República, Presidente de la República Encargado y Presidente de las Naciones Unidas, legó para la posteridad una estela de sabiduría que obliga a rendir culto a su memoria y a exaltar su figura como paradigma ante la historia no solamente de América, sino de los pueblos cultos que le conocieron.

Falleció el doctor Liévano en la ciudad de Bogotá el día 29 de marzo de 1982.

HERNANDO ROSILLO TORRENTE