Capítulo I
Aprender en el siglo XXI
Si analizamos los cambios de todo tipo acaecidos en los países desarrollados durante la segunda mitad del siglo XX, veremos que en el espacio de una vida se acumula tal torrente de acontecimientos innovadores que no podemos encontrar otra etapa histórica que haya obligado a las personas a un esfuerzo semejante de acomodación y adaptación a nuevas formas de vida.
J.M. Esteve
La educación formal tiene asignada por la sociedad una serie de funciones que cambian con el tiempo. Las funciones adscritas en la actualidad no son las de hace cien años, ni tan siquiera las que estaban en plena vigencia hace sólo 30 años. Las causas de estos cambios vienen dadas porque la sociedad evoluciona y por tanto lo que demanda al sistema educativo también varía. Las funciones que son asignadas al sistema educativo vienen determinadas por el hecho cambiante del modelo social imperante, y por la circunstancia inherente a la educación de ser uno de los principales vehículos de socialización de los individuos en el mundo occidental.
Parra (2009) señala que uno de los fines más importantes de la educación y de la enseñanza del conocimiento social es «contribuir a formar personas con capacidad para intervenir, de forma reflexiva, crítica y con una relativa autonomía, en la comprensión de los problemas sociales de una sociedad compleja y cambiante (...) y a su posible solución mediante la actuación conjunta con los restantes miembros del grupo social.»
Es importante clarificar cuáles son los motivos por los que la mayoría de las culturas escolarizan a sus jóvenes. En esta clarificación se encuentra la base de cómo debe trabajarse con ellos, de qué contenidos han de incluirse en los programas, de cuáles deben ser los roles de los agentes del proceso, de qué materiales hay que manejar y con qué criterio hacerlo. Aun a riesgo de caer en una excesiva simplificación hemos de partir de qué objetivos debe conseguir el sistema escolar con aquellos que ingresan en su estructura porque en torno a ellos es como hay que diseñar las correspondientes actuaciones didácticas. En esencia, creemos que los objetivos básicos son dos: conseguir la socialización, es decir asumir los valores, usos, cultura, del entorno, y preparar a los jóvenes para el desempeño de responsabilidades en el futuro, tanto laborales, como de responsabilidad personal y de participación ciudadana.
Como el proceso no es teórico sino que va paralelo a las transformaciones sociales, resulta interesante y necesario hacer un acercamiento a algunas de las características del mundo actual (Esteve, 2004) para determinar las demandas que se hacen al sistema educativo.
– Hoy formamos parte de una sociedad en rápida transformación, inestable, frente a sociedades de otras épocas donde los cambios eran más lentos y menos profundos.
– En el mundo occidental vivimos, al menos sobre el papel, en una sociedad democrática donde a los ciudadanos se les exige unos compromisos en el ámbito de su responsabilidad, personal y social, y la defensa de ciertos valores considerados esenciales como la cooperación, tolerancia, convivencia pacífica, diálogo...
– Las últimas décadas han visto aparecer una nueva orientación económica, en la que se ha producido el paso de una sociedad industrial que produce mercancías a una sociedad postindustrial que produce servicios. Ello ha provocado importantes cambios en el mercado laboral que afectan a su vez a otros ámbitos de la vida de las personas.
– Hegemonía de los procesos globales que dan lugar a la interdependencia económica entre zonas cada vez más amplias. Esta globalización ha propiciado aún más el desequilibrio en el reparto de la riqueza.
– La idea de progreso como crecimiento continuo ha dado lugar a la sobreexplotación del medio, que pone en peligro a medio plazo la supervivencia del planeta, y como consecuencia de la no sostenibilidad del modelo, el crecimiento de una conciencia ecológica entre amplias capas de la población.
– En cuanto al conocimiento, nos encontramos en la sociedad de la información. Las nuevas tecnologías facilitan el acceso al conocimiento a sectores de población antes alejados del mismo, democratizándolo y permitiendo una mayor toma de conciencia de los problemas.
– Desde un punto de vista cultural, las sociedades son cada vez más heterogéneas por la movilidad de las personas, pero al mismo tiempo se produce cierta uniformización en hábitos, usos, costumbres, modos de ver el mundo, por el dominio de algunos modelos popularizados por los medios de información...
— Las relaciones sociales se ven afectadas por cambios en los medios de socialización, la sustitución de los modelos ofrecidos por el ámbito familiar por el que ofertan los medios de comunicación. Las relaciones sociales se ven afectadas por la denominada civilización del ocio, en la que la parte de la vida dedicada a esta actividad ha ido ganando progresivamente espacio en los intereses y necesidades de los ciudadanos (particularmente en el mundo occidental).
Estos cambios traen consigo un cambio en el papel que ha de desempeñar la educación y por consiguiente deben traer también un cambio en la forma de concebir el trabajo en las instituciones escolares, tanto en lo referido a la organización como en los currículos y en las metodologías de las diferentes áreas.
Nuevos horizontes, organizativos e ideológicos, se abren camino —aún con grandes resistencias— en el mundo educativo:
— Ampliación del concepto de educación, que ya no se asocia únicamente al periodo de escolarización. Conceptos como educación permanente, educación no formal, educación informal, aprender a aprender. muestran un panorama de aprendizaje sin límites de edad y no circunscrito al ámbito exclusivamente académico. Un concepto más abierto, más dinámico, más moldeable a las nuevas necesidades.
– Pérdida de importancia de los contenidos. La explosión de conocimientos y la rapidez y facilidad de acceso a ellos hace que sea inabarcable por la institución escolar presentarlos todos en las aulas. Los contenidos no son sólo posesión del profesor y además se vuelven obsoletos con rapidez. Esta obsolescencia no sólo afecta «a la selección del contenido, sino, también, en la forma en que dichos contenidos son presentados al alumno» (Parra, 2009).
– Cambio en el sistema de valores con que el alumno accede al mundo escolar y valores que se desarrollan en la escuela. Frente a épocas donde los valores de orden, disciplina, jerarquía, homogeneidad... eran los más fomentados, surgen los de autonomía, creatividad, negociación, relativismo, responsabilidad personal y social, participación, reflexión. como nuevas metas actitudinales.
– Cambio metodológico aprovechando las nuevas tecnologías de la información y la comunicación. Este cambio permite la existencia de entornos de enseñanza-aprendizaje más abiertos, más activos, más colaboradores, más aplicables, más adaptables a las peculiaridades de cada alumno.
El cuadro 1 refleja los diferentes planteamientos de una educación para una sociedad industrial (incuestionables, válidos hasta hace apenas unas décadas) y una sociedad postindustrial (como la que se da en la actualidad en países occidentales)
Cuadro 1: Modelos educativos industrial y postindustrial

Si nos centramos en España, desde el último tercio del siglo XX, la sociedad española ha experimentado cambios importantes que la han transformado profundamente. Este proceso cuyo germen podemos localizar en el desarrollismo de los años 60 del pasado siglo, ha dado lugar a una sociedad muy renovada y en continuo proceso de transformación.
Entre estos cambios podemos señalar:
– Crecimiento económico importante, con periodos de crisis profunda.
– Cambio de una sociedad rural a una sociedad urbana. Migraciones interiores.
– Final de un periodo político autoritario y surgimiento y consolidación de una sociedad democrática. Pluralismo político.
– Descentralización de los centros de poder.
– Abandono del aislamiento internacional e ingreso en la Unión Europea y otros organismos multinacionales.
– Cambios en la estructura familiar y en las relaciones de género.
– Cambios en los hábitos de consumo. Cultura del ocio
– Precariedad laboral que afecta sobre todo a los jóvenes dificultando su independencia del ámbito familiar.
– España como país receptor de inmigrantes.
Algunos de estos cambios han tenido una repercusión directa sobre el mundo educativo.
Transformaciones en la sociedad con incidencia en la educación
– Existencia del Estado del bienestar, que va retrocediendo.
– Se dispara el consumo. Cultura del ocio.
– Abandono de las normas y valores tradicionales como la autoridad o la valoración del esfuerzo..
– Población escolar mucho más heterogénea, ampliación de la edad de escolarización.
– Cambios en el modelo familiar: incorporación masiva de la mujer al mundo laboral.
– Cambios tecnológicos que afectan a la información que se recibe y al conocimiento.
– Cambios en el sistema productivo (informatización, especialización, aprendizaje permanente, etc.).
– Cambios en el mercado laboral (inestabilidad, precariedad, bajos sueldos, etc.).
– Inmigración masiva.
Transformaciones en el alumnado
– Ampliación del periodo de escolaridad. Adaptaciones del sistema educativo: compensatoria, garantía social, diversificación, integración, etc.
– Alumnado mucho más heterogéneo.
– Mayor información no académica.
– Desestructuración de normas y valores como la autoridad del profesor, más derechos pero menos deberes, menos límites a su conducta.
– Juventud más consumista, más ocio, más dinero.
– Mayor proteccionismo familiar de los niños y jóvenes.
– Intereses más diversificados. Menor motivación escolar
– Percepción de un futuro incierto en lo laboral.
– Seguimiento de modelos de éxito rápido y fácil, etc.
Transformaciones referidas a la profesión docente
– Nuevas y mayores demandas a la escuela.
– Necesidad de trabajar en equipo (no hay mucha tradición).
– Necesidad de adaptar la metodología, las formas de trabajo a las nuevas situaciones educativas.
– Nueva posición ante las familias.
– Sensación de abandono por la Administración.
– Formación inicial y permanente deficiente.
– Padecer las disfunciones del sistema: promociones automáticas, limitación de la autoridad del profesor, exceso de funciones además de las docentes. El profesor siente que se le paga por «aguantar al alumnado».
1. Un nuevo enfoque educativo
Todas estas situaciones, relativamente nuevas, hacen que replantearse el enfoque metodológico en los niveles de la enseñanza obligatoria.
Los sistemas educativos están marcados por los cambios acelerados que sufren las sociedades occidentales y las ‘dudas’ sobre lo que la institución escolar debe transmitir. El dilema enseñar conocimientos o desarrollar capacidades para aprender no está aún resuelto en la práctica, pese a que es evidente la imposibilidad de abarcar los conocimientos que crecen de forma exponencial (se calcula que el conocimiento acumulado se duplica en menos de cinco años, cada día hay algunos millones nuevos de páginas en Internet, en la actualidad existen miles de revistas científicas que continuamente están difundiendo novedades). La expresión Sociedad de la Información cobra plenamente sentido ante un volumen tan alto de informaciones y cada vez al alcance de más personas.
El papel reservado a la institución educativa ha de cambiar para responder a esta nueva situación. En una sociedad cada vez más sobrecargada de información y acelerada en los cambios se hace más necesario que nunca enseñar aquellos mecanismos de conceptualización que permitan organizar la ingente información que nos llega y hacerse cargo, con más eficacia, del mundo que nos rodea.
Más que ser una institución transmisora de conocimientos, la escuela debe producir conocimiento; de dar una formación, a preparar para un aprendizaje continuado y activo. Los centros educativos han de servir a la sociedad del conocimiento, la cual considera que «su materia prima es el conocimiento (entendido como...) herramientas para aprender y seguir aprendiendo (...) potenciando mentes bien ordenadas y contenidos aplicados como formas de hacer» (Román, 2005).
Es en esta línea en la que se inscriben las tendencias en las reformas educativas más recientes, al establecer competencias que han de desarrollarse en los alumnos. Todo ello para formar un ciudadano flexible, preparado para adaptarse a nuevas situaciones, capaz de manejar la información, no entendida solo como el manejo de nuevas tecnologías, sino que desarrolla herramientas/habilidades mentales para aprender a aprender. Como bien observa Tedesco, «la educación ya no podrá estar dirigida a la transmisión de conocimientos o de informaciones, sino a desarrollar la capacidad de producirlos y utilizarlos» (Román 2002).
Dos características vinculadas al trabajo escolar deducimos de esta concepción de la sociedad del conocimiento:
– el aprendizaje sustituye a la enseñanza como centro del proceso educativo; un aprendizaje que compromete e implica al alumno, un aprendizaje permanente, global.
– la necesidad de desarrollar herramientas para aprender a aprender y seguir aprendiendo.
En el nuevo contexto social, la formación del ciudadano cambia. El alumno del siglo XXI precisa «una formación básica, relacionada con la vida activa, que le permita adquirir las destrezas tecnológicas y los recursos sociales necesarios para enfrentarse con un mundo globalizado, tecnificado y especializado, porque deben estar toda la vida formándose como personas y como profesionales» (López Domenech, 2005)
El papel socializador que jugaban la familia y la escuela lo desempeñan ahora los medios de comunicación, quedando para el sistema educativo los aspectos más relacionados con los conocimientos, un valor más informativo que formativo.
Sin embargo hoy las finalidades que el sistema educativo debiera asumir en la sociedad del conocimiento o sociedad de la información, habrían de estar más ligadas al conocimiento crítico y reflexivo que al acumulativo. El aumento del volumen de datos, que todavía sigue siendo observado por amplios sectores de la sociedad como objeto y producto del sistema, no es la solución a las demandas del mundo actual. «El sistema educativo, de la sociedad del conocimiento, debe facilitar la adquisición estructurada y trabajosa del conocimiento orientada a la construcción de autonomías individual y social plenamente significativas» (Román, 2002).
El problema es que el profesorado anclado, como subraya Souto (1999), en rutinas didácticas tradicionales, no siempre está preparado para estos planteamientos y carece de la preparación necesaria.
Estas circunstancias deberían impeler al profesor a buscar nuevas formas para crear esa escuela innovadora y creativa que desarrolle capacidades, más que conocimientos concretos y enseñe a tener curiosidad. A este profesor se le exigirán nuevas competencias docentes. Una nueva sociedad, una nueva cultura precisa de un nuevo modelo de profesor, que actúe como mediador del aprendizaje, en formación permanente y en continua reflexión sobre su práctica profesional.
Haciendo un esfuerzo de síntesis, con finalidades de operatividad podíamos concretar algunos de los cambios que deben operarse en el trabajo en la educación obligatoria subrayando algunos ejes de actuación de la práctica docente para adaptarla a las nuevas necesidades (Cuadro 2). Las actividades educativas deberían inscribirse en el contexto de las demandas sociales, o sea:
Nuevas demandas sociales ⇒ Nueva educación
Cuadro 2: Ejes para repensar las situaciones de aprendizaje

Habría que intentar salvar los desajustes entre lo que la sociedad pretende y la forma que el sistema educativo intenta conseguirlo, es decir, cambiar los procesos que llevan al aprendizaje, ajustándolos a los tiempos actuales.
Cuadro 3: Cuestiones para repensar el aprendizaje en el siglo XXI
Algunas características vinculadas con el aprendizaje en el siglo XXI que nos deben hacer repensar nuestra labor didáctica
– Periodos de aprendizaje /formación cada vez más amplios
• Un logro (escolarización hasta los 16 años) provoca algunas disfunciones en el sistema (niños que no quieren estar y se ven obligados a seguir sin motivación ninguna).
• Necesidad de formación permanente. Reciclaje profesional.
• La riqueza de un país es su capital humano.
– Se han multiplicado los contextos de aprendizaje, y por ello debería tenerse en cuenta algún factor como...
• No todos aprendemos igual (Inteligencias Múltiples).
• Necesidad de aprender a aprender. Trabajar estrategias diferentes según los diferentes contextos de aprendizaje o los diferentes sujetos que aprenden.
• Adquirir recursos y saber utilizarlos en diferentes contextos (competencias: conocimientos integrados y aplicables).
• Más que reforzar la memoria es el momento de potenciar la razón; como planteó Montaigne de formar cabezas bien hechas en lugar de cabezas bien llenas.
– Hay un exceso de información
• El Sistema Educativo ha perdido el monopolio de la información. Hay una democratización del saber, lo cual lleva a veces a una banalización del mismo.
• El Sistema Educativo sigue funcionando como si la sociedad de la información no existiera, basándose en una serie de conocimientos de dudosa aplicabilidad a la realidad y centrándose en conceptos.
• «Una información desorganizada suele conducir a formas de aprendizaje repetitivo, sin apenas comprensión de la misma». En los libros esa organización existe, pero en Internet, no, por ello es necesario enseñar/aprender a seleccionar y organizar las informaciones.
• Es necesario pasar de enseñar el dato a enseñar redes conceptuales, saberes integrados, un sistema donde el proceso sea tan importante como el producto y que desarrolle capacidades más allá de la memoria.
Nos encontramos en un momento de encrucijada donde es necesario repensar para qué la escuela. Este replanteamientos, que algunos autores identifican con una refundación de la misma hay que hacerlo con un sustento teórico sólido, basado en ver en qué tipo de sociedad se van a integrar nuestros alumnos. Nuestra conclusión es que tras un análisis de la realidad social, cada docente repiense los elementos clave del proceso de aprendizaje/enseñanza y sea capaz, luego, de bajar a la práctica dichas reflexiones, porque, «si lo que ha de aprenderse evoluciona, y nadie duda de que evoluciona y cada vez a más velocidad, la forma en que ha de aprenderse y enseñarse también debería evolucionar, y esto quizá no suele asumirse con la misma facilidad» (Pozo, 2001).
2. Bibliografía
Benejam, P. (1997). Enseñar y aprender Ciencias sociales, Geografía e Historia en la educación secundaria. Barcelona: ICE/HORSORI.
Esteve, J. M. (2004). La tercera revolución educativa. La educación en la sociedad del conocimiento. Barcelona: Paidós.
López Domenech, R. (2005). «Enseñar a estudiar geografía en la escuela del siglo XXI», en Ensinar Geografia na sociedade do conhecimento, págs. 13-19. Lisboa: APG/AGE.
Monereo, C. (2005). «La enseñanza estratégica Enseñar para la autonomía», en VVAA Aprender autónomamente. Barcelona: Graó.
Parra, J. M. (2009). Un modelo didáctico para la enseñanza de las Ciencias Sociales. Granada: GEU.
Perrenoud, P. (2012). Cuando la escuela pretende preparar para la vida.Barcelona: Graó.
Pozo, J. I. (2001). Aprendices y maestros. La nueva cultura del aprendizaje.Madrid: Alianza Editorial.
Román Pérez, M.; Diez López, E. (2002). Sociedad del conocimiento, reformas educativas y refundación de la escuela. Magíster en Currículum, Evaluación e Innovación Educativa. UCM.
Román Pérez, M.; Díez López, E. (2005). Diseños curriculares de aula en el marco de la sociedad del conocimiento. Madrid: EOS.
Souto, X. M. (1999). Didáctica de la Geografía. Barcelona: Ed del Serbal.