PRÓLOGO

Todos conocemos muy bien ese sentimiento agridulce que nos provoca el recuerdo de algo que ya no tenemos: la Nostalgia. Dejar que nos acaricie de vez en cuando con su aire tibio y acogedor no tiene precio. Nuestras vivencias van formando, con finísimos hilos que se entrelazan, un tejido que, al final, es lo que somos. Y cuando tiramos un poquito de estos hilos, experimentamos ese dulce sentimiento del recuerdo. Y de este tipo de sentimientos se compone este libro, que me sorprendió muy gratamente desde el momento en que Juan Pedro y Miguel me lo dejaron «hojear». Fue como si de repente se abrieran en mi mente una serie de compartimentos que ya tenía olvidados, pequeños cajones repletos de felices recuerdos de niñez. De un tiempo entrañable que no ha de volver, pero al que te garantizo que te vas a transportar muy pronto si sigues leyendo más allá de este humilde prólogo.

En esta obra encontrarás narraciones basadas en hechos reales, como se decía en alguna de esas películas que nos tragábamos los sábados por la tarde. Quizás reconozcas una parte de tu infancia, o puede que te sientas identificado con algunos de estos recuerdos de niñez, de una historia que transcurre a lo largo de aquellos años en los que el plástico irrumpió con fuerza como materia prima de las baratijas que se ponían a la venta en los kioscos, durante las décadas de los 60 y 70, e incluso parte de los años 80.

El protagonista de estas historias no es ni más ni menos que un niño que nos cuenta sus andanzas, en las que su amigo Miguelín (casualmente llamado igual que uno de los autores) y los demás miembros de esta entrañable y divertida pandilla, tienen mucho arte y parte. Los kioscos del barrio son los ejes alrededor de los cuales pivotan las correrías de los chavales, que los visitan casi a diario para obtener las cosas que puedes ver en los «¿Quieres verlo?» de este libro, a un coste muy económico, entre la peseta y el duro: Figuras de plástico, peonzas, canicas, coches de lata, cromos, golosinas… Un homenaje sincero y divertido al carrito o kiosco de chuches (chucherías) y baratijas de plástico inflado o inyectado que hicieron nuestras delicias en aquellos años sencillos.

Tienes entre tus manos una auténtica máquina del tiempo que te llevará, inevitablemente, de vuelta al kiosco, y a las aventuras y desventuras de la pandilla de un barrio del extrarradio de Alicante, escritas en clave de humor y cariño. Claro que podría ser perfectamente tu mismo barrio y tu mismo descampado, o el solar donde pasaste jugando tantas horas, como el resto de niños de tu generación.

Mis más sincero agradecimiento a Juan Pedro Ferrer «Akela», insigne creador del blog El kiosko de Akela, y protagonista infantil de estas aventuras que tanto me han hecho sonreír, por estas imágenes de su preciada colección (con bonitas aportaciones de algunos coleccionistas más) y a su compinche en las tareas nostálgicas, Miguel Fernández, creador del blog nostálgico Those Were the Days, y coautor de este magnífico libro. Entre los dos han construido una obra llena de sentimiento y bonitas imágenes.

Querido lector, ya no te digo más: decide por ti mismo lo que este libro te provoca. Yo, que soy de lagrimilla floja, te recomiendo que tengas cerca un pañuelo, más que nada porque al comenzar a leer y visualizar lo que vas a encontrar en estas páginas, te invadirán un cúmulo de emociones, sentimientos y recuerdos… La nostalgia debe servirnos para recordar lo que fuimos, lo que tuvimos y lo que vivimos, y este libro consigue eso y más.

Gracias, amigos Juan Pedro y Miguel, por concederme el privilegio de escribir el prólogo de vuestro libro.

Herme Alcázar, fundador y administrador de Yo también lo tuve! Nostalgia y Recuerdos de los años 60 - 70 - 80 - 90’s (página en Facebook).

A nuestras madres…

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…sin las cuales no hubieran sido posibles tantas cosas, incluyendo el que estuviéramos aquí contándoos todo esto que vais a leer. Ellas nos procuraron innumerables momentos de felicidad con su comprensión, sacrificio y amor.

Sin mencionar todas las cosas importantes de la vida en las que siempre han estado presentes y dispuestas a llevarnos de la mano, también nos dieron aquellos pequeños y asequibles caprichos que dibujaron tantas sonrisas en nuestras bocas infantiles. Aunque luego cayera algún (merecido, seguro) zapatillazo que otro…

Con todo nuestro reconocimiento y cariño… ¡Gracias, mamás!

 

Los carritos

Gracias al Archivo Histórico Municipal del Exmo. Ayuntamiento de Alicante, hemos podido contar con estas preciosas fotografías que nos ilustran acerca de la apariencia y ubicación de los entrañables carritos de golosinas, tabaco y baratijas que fueron los precursores de aquellos kioscos que frecuentamos y disfrutamos tanto en nuestra infancia, cuando dejaron de ser elementos ambulantes para convertirse definitivamente en parte del paisaje cotidiano de nuestras ciudades y barrios. Para aquellos sufridos piperos y quiosqueros, nuestro más sincero y agradecido homenaje.

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