Introducción

Ya casi no hay hombres buenos ni malos, ni traidores por vocación ni envenenadores por capricho.

Hemos descompuesto al hombre, al conjunto de mentiras y verdades que antes era el hombre y no sabemos recomponerlo.

Pío Baroja

Con el presente libro no pretendo escribir una antropología de la educación social (a pesar de que seguramente se trata de uno de los proyectos pendientes en el campo disciplinar de la Pedagogía Social), pero me serviré de algunos elementos clave de la antropología para interpretar y exponer qué entiendo por educar, acompañar y estar presente. No puedo pensar en la pedagogía, en una pedagogía, concreta y encarnada, sin partir de una determinada antropología. No es ninguna novedad plantearlo porque desde Herbart, toda pedagogía que se precie de serlo lleva incorporada una determinada visión del hombre. Ello me ha permitido situar algunas de las cuestiones esenciales que deben ayudarnos a estudiar al hombre y los procesos educativos que lo conducen hacia un determinado ideal de humanidad.

El presente libro no es un texto aislado sino que recoge toda una trayectoria de trabajos que a nivel temático han sido reinterpretados para el presente libro. Desde mi trabajo inicial, Subjetividad, disidencia y discapacidad, pasando por Cuerpo, cultura y educación y hasta llegar a Los hijos de Zotikos, podemos encontrar nexos y núcleos temáticos que se dan cita en esta obra.

En el sustrato de mis formas de entender la pedagogía, reconozco la influencia de las pedagogías humanistas (que desde hace años me ayudan a entender y pensar la pedagogía más allá de reduccionismos tecnocráticos). Me interesa la mirada humanista y los procesos de humanización de determinadas prácticas que se producen en el campo social. Y esa mirada tiene mucha influencia de algunas de las cosas que propone Nuccio Ordine en su libro L’utilité de l’inutile1, con una resistencia muy clara a los pragmatismos (a buscar únicamente cuestiones prácticas que nos permitan resolver determinados problemas que se presentan, por ejemplo, en el campo educativo) y con la pasión de transmitir el placer por la lectura, por la pregunta, por la búsqueda de la “verdad” a nuestros estudiantes. Para Ordine no es una cuestión azarosa que en los últimos decenios las disciplinas humanistas cada vez más han sido consideradas como inútiles y cada vez han sido más marginadas de diferentes contextos. Y es cierto que la mirada humanista a la educación (esa pedagogía sistemática que algunos estudiamos) ha desaparecido; en su lugar encontramos, no ya aquellas artes inútiles que por serlo se convertían en útiles, sino prácticas “verdaderamente útiles”, pero que a menudo no sirven para ayudar al sujeto a comprender e interpretar el mundo en el cual habita.

No tengo pudor en decirlo: ¡no todas las prácticas son “humanizadoras”! En muchas ocasiones la persona sigue alejada del centro de los procesos, de los proyectos, de las decisiones que afectan directamente a su vida y que habitualmente otros toman por ella. Es cansino hasta la saciedad tenerlo que repetir, pero creo (desgraciadamente) que todavía sigue siendo necesario hacerlo. Detrás de cada categoría (acuñada con modelos teóricos y argumentos científicos) se encuentra una persona (que gracias a dichas categorías ve, casi de por vida, su futuro estigmatizado) que debemos respetar como tal, casi como algo sagrado.

La idea de este libro surgió hace muchos años mientras releía un texto del profesor Josep Maria Via Taltavull: Home i naturalesa. Consideracions entorn de l’emergència de l’humà. Me impresionó una frase del autor: “Dejando de lado cualquier cuestión crítica o valorativa, se puede comprobar con facilidad que la antropología y lo antropológico, hoy no hacen referencia solo a la forma de aproximarse intelectualmente al hombre, sino de una forma más radical o una implantación e importación del hombre en todo” (1992)2. Durante años he dado vueltas a la cuestión de la “implantación del hombre en todo” y he buscado las respuestas (aunque a decir verdad siguen apareciendo nuevos interrogantes a medida que encuentro algunas respuestas) en los estudios históricos, en la filosofía, en la teología, en los estudios corporales, etc. Creo que el presente libro es una buena ocasión para contrastar el hombre con la educación desde el campo disciplinar de la pedagogía social. Todo ello implica no dejar de lado la idea de que el hombre necesita “ser educado”. La educandidad del ser humano está ahí convertida en un proceso de obligado proceder pero a la vez relevante y diferenciado (la minimización de los instintos hace necesaria y reclama la praxis educativa)3. Es a través de la educación que el hombre se convierte justamente en “hombre” y eso lo diferencia radicalmente del resto de los animales.

Creo que ya he dejado suficientemente clara mi filiación con la mirada antropológica a la educación social; y en ello me siento muy cercano a Lluís Duch –antropólogo y monje de la abadía benedictina de Montserrat– cuando explica su periplo por las diferentes antropologías (anglosajona, francófona y finalmente germánica). Algo de mi propio proceso veo reflejado en las formas de buscar (y en alguna ocasión de encontrar) los caminos que le llevan a uno a descubrir, a enriquecerse con determinados saberes. Y todo lo dicho hasta ahora tiene sentido porqué me permite pensar la pedagogía social y sostenerla desde otras disciplinas. A esta forma de entender y enfocar la pedagogía social me han conducido diferentes procesos:

El trayecto creativo/investigador y de estudio seguido durante el proceso de redacción del proyecto docente e investigador para la plaza de catedrático de Pedagogía Social. Ello me ha llevado a analizar determinadas posiciones topográficas en relación con la pedagogía social misma (actualmente dominada por los discursos oficiales). El recorrido realizado intenta mostrar y proponer otras sendas, otros recorridos posibles.

El trabajo realizado durante unos cuantos años como educador social, y en algunos de ellos combinándolo con mi trabajo de profesor en la universidad. Teoría y praxis unidas, amor por la acción y pasión por el saber y por el estudio fueron, durante años, un idilio perfecto.

La pasión por el saber que me han transmitido algunos de mis maestros y amigos, y muy especialmente Conrad Vilanou de la Universidad de Barcelona, con quién me he formado y crecido a nivel académico.

La convivencia cotidiana con mis colegas del grado en Educación Social y del Laboratorio de Educación Social (profesores, tutores, consultores, estudiantes). El proyecto del grado pasó de ser un sueño a ser una realidad concreta y especial, que cuidamos y hacemos crecer día a día. Ello ha supuesto movilizar una cantidad voluminosa de saberes y praxis para incorporarlos, casi orgánicamente, en los diferentes procesos de transmisión pedagógica.

Todo ello me ha conducido a activar mis formas de escritura y a trabajar en el resultado del proceso de investigación seguido en los últimos dos años. Es así que el texto que presento pretende ser una reflexión radical sobre la formación del hombre, entendido como homo educandus (que a través de diferentes periodos históricos toma formas como paideía, humanitas, studium, sapientia o bildung). Este libro es en parte autobiográfico porque recoge algunas de las cosas que personalmente he vivido en los años que ejercí como educador social, y en muchos otros como formador de educadores en la universidad. Su eje principal es la educación y de forma más concreta mi pasión por el oficio de educar. Durante algún tiempo (más o menos amplio) me he ocupado y preocupado por la educación. La educación en sentido amplio, de forma abierta y entendida como algo vinculado inherentemente a la humanidad misma.

1 Nuccio Ordine da inicio a su libro con una maravillosa cita del filósofo francés Pierre Hadot: “Et c’est précisement le rôle de la philosophie de révéler aux hommes l’utilité de l’inutile ou, si l’on veut, de leur apprendre à distinguer entre deux sens du mot utile”, N. ORDINE (2013). L’utilité de l’inutile. París: Les Belles Lettres.

2 Y finaliza su texto de la forma siguiente: “Entre el Homo erectus y el Homo sapiens se ha manifestado algo que no es ni físico ni biológico. El hombre emerge, pero el espíritu que lo lleva es más que una simple emergencia. El salto de la comprensión y de la creatividad posibles evidencian una ruptura: el hombre no está hecho únicamente del binomio materia-energía, a pesar de estar inmerso en ello. Herramientas, signos, sistemas, violencias, trampas, ilusiones, todo esto y muchas cosas más es el hombre ahora y siempre mientras ejerza como Sapiens”, Josep Maria TALTAVULL (1992). Home i naturalesa. Consideracions entorn de l’emergència i aparició de l’humà. Lliçó inaugural del curs acadèmic 1992-1993. Barcelona: Facultat de Teologia de Catalunya, p. 51.

3 Esta cuestión puede interpretarse a la luz de la neotenia. En palabras de Prieto: “El modo de vida neotécnico conllevará una prolongación del estado de la infancia y un retraso considerable de la madurez sexual, todo lo cual abrió la posibilidad de un amplísimo espacio de tiempo reservado al aprendizaje. Mientras tanto, sus padres, cosa que no hace ningún otro animal, le enseñan técnicas, le transmiten conocimientos, lo educan. De este modo, su debilidad física en el periodo adulto, comparado con los grandes cazadores, es ampliamente compensada por su ilimitada capacidad de aprendizaje y de invención”, L. PRIETO (2008). El hombre y el animal. Nuevas fronteras de la antropología. Madrid: BAC, p. 10. Para una visión contrastada de este tema me remito a Hans BLUMENBERG (2011). Descripción del ser humano. México: FCE.