LA HISTORIA DEL REIKI

No se sabe gran cosa acerca de la historia del reiki, ni sobre sus orígenes —sin duda remotos—, ni tampoco acerca de sus desarrollos más modernos. Todo lo que ha llegado hasta nuestros días se reduce a lo que ha explicado el tercer maestro, la señora Hawayo Takata, en el transcurso de algunas conversaciones con sus discípulos. Uno de ellos, Fran Brown, recogió estos testimonios en un libro titulado Living reiki. Takata’s Teachings.

Recientemente, han surgido varias dudas acerca de la autenticidad de la historia del reiki tal como la explicaba Hawayo Takata. Sin embargo, como veremos, el hecho de que sea más o menos exacta no le resta valor simbólico, ni, mucho menos, pone en entredicho su eficacia como sistema terapéutico.

El redescubrimiento del reiki

La historia del reiki moderno se inicia hacia 1870 en Kioto (Japón), de la mano de Mikao Usui, un monje cristiano japonés. Usui era, además de monje, también sacerdote y, en el transcurso de un sermón dominical a los estudiantes de una escuela católica, que le preguntaron si creía en la veracidad histórica de los milagros de Jesucristo narrados en el Nuevo Testamento, Usui respondió que sí. Inmediatamente después, al preguntarle si conocía el método con el que Jesucristo los había llevado a cabo, y si él, como seguidor suyo, podía también realizarlos, Usui se vio obligado a responder que no, aunque precisó que el creer o no en la autenticidad de los milagros de Jesucristo era una cuestión de fe y no de demostración material.

A pesar de todo, las preguntas de los estudiantes le provocaron una profunda crisis interior; y, como consecuencia de ella, Usui emprendió largos viajes, durante los cuales visitó numerosas escuelas y universidades cristianas, en busca de textos y documentos antiguos que le orientasen acerca de métodos curativos que la fe cristiana pudiera poner a disposición de los fieles.

Su búsqueda, tanto en Japón como en Estados Unidos, resultó infructuosa.

Sin embargo, tras regresar a Kioto, alguien le hizo notar que, según la tradición budista, también Buda había llevado a cabo curaciones de apariencia milagrosa. Así pues, Usui se consagró al estudio de esta tradición, visitando todos los monasterios que podía para examinar documentos relacionados con estos episodios. En un principio, parecía que esta senda también resultaría vana: los budistas, aun reconociendo que Buda había llevado a cabo curaciones físicas, preferían concentrar su atención en los métodos para curar y equilibrar la mente y el espíritu, convencidos de que de este equilibrio nacería también la salud del cuerpo físico.

Llegado a este punto, y tras siete años de estudio en Estados Unidos y Japón, Usui se disponía a abandonar su investigación, cuando en un monasterio próximo a Kioto descubrió, mientras estudiaba un antiguo texto sánscrito (probablemente un sutra de la tradición budista Mahayana), una serie de enseñanzas —y, según algunos, también de símbolos— terapéuticas.

Hawayo Takata relata el episodio de la siguiente forma: «Se sumergió en el estudio del sánscrito, y mientras estudiaba con empeño para aprenderlo, halló una fórmula. Clara como el día. Nada difícil, sino muy sencilla. Como dos y dos suman cuatro... Y entonces dijo: “Muy bien, la he encontrado. Pero ahora debo interpretarla, porque fue escrita hace 2.500 años y es antigua. Pero debo superar la prueba”».

Sin embargo, estas enseñanzas no eran completas, y el mero estudio del documento no le permitía a Usui comprender sus mecanismos de aplicación y funcionamiento. Decidió entonces pasar veintiún días retirado en la cima del monte Fukuyama, pidiéndole a Dios que le proporcionara la solución del problema que tenía delante. Al dirigirse hacia el monte, Usui recogió veintiuna piedras, de manera que al arrojar una cada día pudo contar el paso del tiempo, y dijo a los monjes que le hospedaban que, si no regresaba en el tiempo previsto, se encargasen de recoger su cuerpo.

Dicho esto, Mikao Usui inició su retiro. Pasaba los días rezando y meditando, cantando y ayunando, con la esperanza de que Dios quisiera revelarle los elementos que aún le faltaban para completar cuanto había hallado en aquel antiguo texto. Al llegar al día vigesimoprimero sin que nada ocurriera, Usui se abandonó al desconsuelo; justo cuando se disponía a lanzar la última piedra y pensando «ahora o nunca», vio una esfera de luz que, desde lejos, se aproximaba hacia la cima de la montaña y se dirigía hacia él.

En lugar de apartarse, Usui dejó que la esfera de luz le golpeara en pleno rostro: el impacto le transportó (o, mejor, transportó su conciencia) a un mundo de luces fulgurantes y esferas luminosas que se movían en el espacio y que le parecían símbolos; como en una iluminación repentina, comprendió en el acto cuál era el método adecuado para su uso terapéutico.

Tras bajar de la montaña, Usui llevó a cabo lo que se conoce como los cuatro primeros «milagros» del reiki: tras un ayuno prolongado, pudo comer en abundancia sin resentirse; se curó el dedo de un pie, que se había roto al descender de la cima del Fukuyama; disipó el dolor de muelas que sufría la hija de un huésped de la fonda en la que se alojaba; y, por último, sanó al abad del monasterio, quien hacía tiempo que guardaba cama aquejado de una grave enfermedad.

De vuelta al mundo, Mikao Usui decidió aplicar sus conocimientos en favor de los pobres y los que sufrían: se estableció en los barrios más humildes de Tokio, en el distrito de los mendigos, prestando gratuitamente sus conocimientos a quienes los necesitaran, ayudando a los menesterosos no sólo a liberarse de sus enfermedades físicas, sino también a encontrar trabajo y mejorar sus hábitos de vida. Sin embargo, transcurrido cierto tiempo, comprobó que aquellos a los que había socorrido volvían a acudir a él para recabar de nuevo su ayuda: habían perdido su trabajo, o bien insistían en sus malos hábitos de vida, enfermando de nuevo. Comprendió entonces que ayudar simplemente a los pobres no era suficiente; por el contrario, era preciso que entendieran la importancia de mejorar las propias condiciones de vida y llevar una vida honesta y equilibrada. Se había concentrado exclusivamente en el aspecto físico de las curaciones que había llevado a cabo, pero había descuidado la curación del espíritu de las personas que se habían dirigido a él. Estas, ante el valioso don de la salud física que se les había ofrecido gratuitamente, no lo habían apreciado e incluso no reconocían la importancia que merecía.

Desalentado, Mikao Usui se entregó de nuevo al estudio y, tres años después, emprendió un singular viaje a través de Japón. Al entrar en un pueblo, se dirigía a la plaza principal y se quedaba de pie, inmóvil y en silencio, con una tea encendida en la mano. A quien le preguntaba qué hacía, le respondía que estaba buscando unas pocas personas deseosas realmente de mejorar sus vidas y a sí mismas. A quien se presentaba con tal fin, le impartía terapias y enseñanzas con la esperanza de que, esta vez, no cayeran en saco roto.

Durante uno de estos viajes, Mikao Usui entabló relación con quien sería su sucesor como maestro de reiki: el doctor Chujiro Hayashi, un oficial en la reserva de la Marina Imperial Japonesa. Hayashi tenía cuarenta y cinco años cuando conoció a Usui; quedó tan profundamente impresionado por las dotes terapéuticas y humanas del monje que, cuando este le pidió que le siguiera en sus viajes, aceptó entusiasmado. Ambos prosiguieron la obra que había iniciado Usui, viajando por los pueblos de Japón y difundiendo el sistema del reiki. Como ya se ha indicado, esta relación de íntima confianza entre ambos tuvo como resultado que, antes de morir, Usui nombrase como sucesor suyo, entre los dieciocho maestros que había formado, al doctor Hayashi. De vuelta a Tokio, Hayashi confirió a la práctica del reiki una forma sumamente precisa, inaugurando junto al Palacio Imperial una clínica, la Shina Nomachi, en la que los pacientes podían someterse a tratamiento para curar los trastornos más diversos y las enfermedades más variopintas. Además, contaba con un servicio de asistencia a domicilio para quienes no pudieran desplazarse a causa de la gravedad de sus patologías. En la Shina Nomachi, acaso por la mentalidad típicamente castrense de Hayashi, regía una disciplina férrea: el reiki se enseñaba únicamente a quienes se comprometían a utilizarlo de forma diaria y a prestar servicio voluntario en la clínica durante un número determinado de horas a la semana.

Muchos estudiosos, entre ellos Fran Brown, creen que fue esta coyuntura la que dio origen al hábito de pedir dinero a cambio de la terapia: el doctor Hayashi, además de afrontar los gastos para el funcionamiento de la clínica y del servicio de terapia a domicilio, tenía muy presente la lección de su maestro y de la frustración provocada por curar gratuitamente a personas que después se mostraban ingratas con él.

No tenía intención alguna de desaprovechar su saber y reconocía entristecido que, para lograr una mayor eficacia del tratamiento, era preciso que quien lo recibía fuese consciente de su valor.

Se cree también que en la Shina Nomachi se pusieron a punto procedimientos curativos sumamente especializados y sofisticados para cada patología. Estos métodos, que los actuales practicantes de reiki tratan de redescubrir experimentalmente, se habrían perdido durante la segunda guerra mundial, cuando los bombardeos estadounidenses destruyeron la sede de la Shina Nomachi donde se guardaban los archivos, y casi todos sus miembros habrían muerto durante el conflicto.

La difusión del reiki fuera de Japón

Hawayo Takata nació en Kauai (islas Hawai), en el seno de una familia de origen japonés, el 24 de diciembre de 1900. En 1935, mientras se hallaba en Japón visitando a unos familiares, su salud empeoró de forma repentina. Padecía un tumor en el útero que no podía operarse a causa de un enfisema pulmonar provocado por un asma, lo cual dificultaba la aplicación de la anestesia. No obstante, tuvo que someterse sin tardanza a una intervención quirúrgica.

Ingresada en el Hospital Maeda de Ahasaka, pocos días antes de la operación tuvo la intuición de que podía curarse sin pasar por el quirófano, de que había una alternativa. Consultó con uno de los doctores que la trataban y que tenía un pariente que había sido curado por Hayashi, quien le informó de la existencia del reiki.

Visitó entonces la Shina Nomachi y, tras un primer momento de perplejidad y escepticismo (durante el tratamiento inicial al que fue sometida, y al advertir una fuerte vibración que procedía de las manos que la trataban, creyó que se trataba de un truco y se levantó bruscamente de la cama en busca del mecanismo eléctrico que la provocaba), ingresó en la clínica y recuperó la salud tras cuatro meses de tratamientos intensivos, efectuados por varios especialistas. Una vez curada, Hawayo Takata decidió aprender la técnica a la que debía su propia salud. Con gran esfuerzo, logró vencer la resistencia inicial —dado que era mujer y de nacionalidad estadounidense— del doctor Hayashi, y en un año adquirió el primero de los dos grados de reiki, lo cual le permitía practicar todas las técnicas, pero no enseñarlas a otras personas.

De vuelta a Hawai, empezó a practicar el reiki con asiduidad y a experimentar las mismas frustraciones y los mismos problemas que habían azorado a Mikao Usui. Asimismo, comprendió la importancia para el buen funcionamiento del reiki de que el paciente fuera consciente del valor de aquello que recibía.

Posteriormente, durante la segunda mitad del decenio, el doctor Hayashi se reunió con ella para dar a conocer el reiki en un ciclo de conferencias. Durante este periodo, Hayashi le concedió el tercer grado, con lo que se convertía en lo que hoy se conoce como maestro de reiki o reiki master. Antes de regresar a Japón, el doctor Hayashi le dijo que se preparara para obtenerlo en el momento en que él la llamase.

Así pues, ambos se encontraron de nuevo al inicio mismo de la segunda guerra mundial: Hayashi era consciente de lo que iba a ocurrir y sabía que, en su calidad de oficial de la Marina Imperial, causaría la muerte a muchas personas. Anunció que moriría por la rotura de tres vasos sanguíneos, y el 10 de mayo de 1941, delante de Hawayo Takata y otros discípulos, provocó este fenómeno mediante la aplicación de su fuerza de voluntad. Antes de morir, designó a Hawayo Takata como nuevo maestro principal de reiki.

Hawayo Takata volvió entonces a Hawai y pasó el resto de su vida aplicando y difundiendo el reiki.

La elección de Chujiro Hayashi, aunque en un primer momento resultó extraña e inexplicable para los demás miembros de la comunidad del reiki, a la postre se reveló como sumamente acertada: de no ser por la existencia de un maestro en Estados Unidos, quizás el reiki habría desaparecido con la tragedia que asoló Japón entre 1941 y 1945.

Hasta 1970, Hawayo Takata no instruyó a ningún otro maestro, si bien durante toda la década de los setenta y hasta el año de su muerte (1980) formó a veintidós: entre ellos, a quien le sucedió como punto de referencia mundial del reiki, su sobrina Phyllis Lei Furumoto. Antes de morir, Hawayo Takata creó un organismo que agrupaba a los practicantes de reiki a quien ella había formado: la American Reiki Association.

 

LOS VEINTIDÓS MAESTROS FORMADOS POR HAWAYO TAKATA

 

George Araki

 

Dorothy Baba

 

Ursula Baylow

 

Rick Bockner

 

Patricia Bowling

 

Barbara Brown

 

Fran Brown

 

Phyllis Furumoto

 

Beth Gray

 

John Gray

 

Iris Ishikuro

 

Harru Kuboi

 

Ethel Kuboi

 

Barbara McCullough

 

Mary McFadyen

 

Paul Mitchell

 

Bethel Phaigh

 

Shinobu Saito

 

Virginia Samdahi

 

Wanja Twan

 

Barbara Weber Ray

 

Kay Yamashita

Tras su muerte, este organismo se escindió en dos tendencias: la Reiki Alliance, liderada por la propia Phyllis Lei Furumoto, y la AIRA (American International Reiki Association), a cuyo frente se situó Barbara A. Ray.

La diferencia fundamental entre ambos organismos es que la Reiki Alliance siguió transmitiendo el esquema tradicional dividido en dos grados, mientras que la AIRA desarrolló siete más de carácter complementario; su progresivo alejamiento del reiki tradicional se revela en el hecho de que adoptara una denominación distinta, Radiance Technique, para aludir a su sistema curativo.

En 1988, Phyllis Lei Furumoto reconoció la facultad de todo maestro de formar no sólo a practicantes de primer y segundo grado, sino también a nuevos maestros. Desde entonces, el reiki se extendió rápidamente, llegó en la práctica a todos los rincones del planeta y difundió por doquier su mensaje de amor, fraternidad y responsabilidad.

Obviamente, con esta «liberalización» de la enseñanza cayó el monopolio que Reiki Alliance y AIRA pretendían tener. Cada día que pasa se inician nuevos practicantes en esta disciplina y, presumiblemente, se forman nuevos maestros que no entran a formar parte de uno de estos dos organismos. Por lo tanto, queda claro que es imposible proporcionar una lista de los practicantes de reiki y, menos aún, de maestros. A pesar de todo, ocasionalmente aparecen publicaciones que pretenden aportar listas completas y actualizadas de los maestros de reiki; nuestra sospecha es que se trata de meras operaciones comerciales y publicitarias de personas que se proponen presentar su enseñanza como la única disponible. El propio gesto de Phyllis Lei Furumoto, quien abandonó la Reiki Alliance para adoptar una posición independiente, demuestra que la enseñanza del reiki no puede ser monopolizada por una única asociación; es más, pueden existir (y existen) maestros, como quien esto escribe, absolutamente independientes de cualquier organización. En la actualidad no hay ningún organismo que posea la lista completa de quién practica y quién enseña el reiki.

La liberalización de la enseñanza también ha provocado una diversificación extrema de los contenidos en el seno de las diversas tendencias de reiki. De hecho, numerosos maestros han personalizado sus enseñanzas, la estructura del primer y el segundo grado, e incluso el contenido de la propia enseñanza. De este modo, han surgido auténticas corrientes de reiki que divergen, en ocasiones de modo muy acusado, de la tradición primigenia de Mikao Usui: por citar sólo algunas, recordemos el karuna reiki de William Lee Rand, el osho neo-reiki o el reiki plus.

No deseamos expresar juicios sobre esta apropiación del término por parte de personas que han creado una disciplina propia; la única recomendación que nos atrevemos a dar a quienes se aproximen a la práctica del reiki es la siguiente: tratar de comprobar que el maestro en cuestión, aunque no pertenezca a ningún organismo, esté en disposición de remontar su iniciación en el tercer grado, de maestro en maestro, hasta por lo menos Phyllis Lei Furumoto.

Aun así, como hemos señalado al principio del capítulo, la veracidad de esta versión de la historia del reiki moderno ha sido puesta en duda recientemente desde varias instancias. En concreto, se discute la existencia histórica de la figura de Mikao Usui. En 1991, el maestro estadounidense William Lee Rand aventuró que los orígenes del reiki podían rastrearse en técnicas terapéuticas de origen tibetano, compiladas bajo el término globalizador de medicina de Buda, mediante las cuales se podría contactar con una energía curativa que recibe el nombre de bodhisattva supremo sanador: meditación, purificación y mantra.

Según Rand, la cadena de los maestros de esta disciplina se habría truncado en un momento indeterminado del pasado, y la enseñanza habría sido redescubierta por Mikao Usui, quien es probable que fuera maestro en una vida anterior. Por último, Rand afirma que la historia que atribuye a un monje cristiano el redescubrimiento del reiki habría sido creada expresamente para facilitar la difusión del reiki en los ambientes cristianos, caso de Estados Unidos. Sin embargo, el problema de esta teoría es que, aun cuando resulta sugerente, atribuye al reiki una auténtica connotación de carácter casi religioso, en este caso budista y reencarnacionista, que le resulta del todo extraña.

Distinta es la hipótesis propuesta por el maestro Paolo Manzini, quien, tras haber realizado investigaciones infructuosas en Japón acerca de la existencia real de Mikao Usui, creyó descubrir el origen del reiki en una forma terapéutica de qi gong (un sistema de manipulación de la energía de origen chino) llamada waiqi.

De hecho, a partir de las investigaciones realizadas en la Universidad de Doshisha,[1] Manzini realizó pesquisas académicas y bibliográficas que le han permitido descubrir cómo, en la propia forma de escribir la palabra reiki, aparece un indicio que nos conduce hasta la cultura china.

De hecho, el término reiki se expresa gráficamente de tres formas distintas (figs. 1, 2 y 3). Mientras que la parte inferior del símbolo, que significa ki, es prácticamente idéntica en las tres, la parte superior presenta diferencias entre la primera versión y las otras dos; precisamente esta última (fig. 4), según Manzini, proporciona la clave interpretativa del problema. Y es que se trataría del ideograma ling, parte del símbolo ling shu, que indica la segunda parte de un texto chino de acupuntura (Nei Ching) donde se dice que «antiguamente, el tratamiento de las enfermedades consistía principalmente en transmitir la esencia y en la transformación del principio vital».

Por lo tanto, este sería, según Manzini, el origen primero del reiki. Recientemente, y siguiendo este acuerdo, se ha identificado el seiki-jutsu, una técnica japonesa de curación de tintes casi chamánicos y cuyas técnicas se parecen extraordinariamente a las del segundo grado de reiki, como un antecedente de esta terapia.

Llegados a este punto, creemos que podemos dar nuestra pequeña aportación a esta cuestión: fuentes procedentes directamente de Japón nos han permitido confirmar en un primer momento la veracidad de la existencia de Mikao Usui, como si se tratase de una especie de reacción convencional para desviar las pesquisas occidentales; más tarde, y tras discusiones más profundas, admitieron que en Japón este nombre resulta desconocido, como también el propio reiki,[2] al menos con esta denominación. Por otro lado, nos dieron a entender, en caso de que tuviéramos ocasión de profundizar la investigación durante un viaje a Asia, que sería de gran utilidad indagar en el campo de las nuevas religiones japonesas, especialmente de las diversas iglesias (quién sabe, incluso de derivación cristiana) surgidas a finales del siglo xix y principios del xx. Por último, nos aconsejaron ahondar en las técnicas terapéuticas japonesas englobadas bajo el nombre de jorei.

Por lo tanto, las dudas parecían ser mucho más numerosas que las certezas. Pero nos preguntamos: ¿realmente tiene tanta importancia? ¿Acaso posee alguna relevancia que el reiki haya sido redescubierto de manera fascinante y misteriosa por un monje de un monasterio próximo a Kioto, y no a través de una tradición de sabiduría transmitida de maestro a discípulo a lo largo de los siglos? ¿O no es más correcto aceptar el reiki tal cual (que no es poco) y todo cuanto puede darnos (que es muchísimo)? Que la historia de Mikao Usui sea verdadera o falsa no cambia las cosas: si es una invención, habrá que reconocer que se trata de una buena parábola, capaz de transmitir y difundir ideas y contenidos (la independencia y la responsabilidad de la persona, el amor por los demás, por uno mismo y por las creencias de cada cual), y su importancia nunca será enfatizada lo bastante. ¿Y si luego se comprueba que las cosas ocurrieron como relata Hawayo Takata, y simplemente el fundador del reiki moderno hubiera elegido borrar las huellas y refugiarse en el anonimato, asumiendo un seudónimo y proporcionando voluntariamente informaciones contradictorias? Los hombres realmente grandes, que no instauran un culto a su personalidad y no se afanan por la gloria que pueda cosechar su nombre, sino que prefieren ser recordados por los efectos de su obra, con frecuencia se han comportado así.

 

TABLA CRONOLÓGICA

Finales del siglo XIX

Investigaciones, peregrinaje e iluminación de Mikao Usui

1900

24 de diciembre: nacimiento de Hawayo Kawamuru

1917

10 de marzo: Hawayo Kawamuru se casa con Saichi Takata

1925

Mikao Usui nombra a Chujiro Hayashi maestro de reiki

1930

Muerte de Mikao Usui. El número de maestros que formó varía, según las fuentes, de 16 a 18

1935

Hawayo Takata vuelve a Japón. Ingresa primero en el Hospital Maeda y después en la Shina Nomachi de Tokio, la clínica de Chujiro Hayashi

1936

Hawayo Takata recibe de Chujiro Hayashi el primer grado de reiki

1937

Hawayo Takata recibe de Chujiro Hayashi el segundo grado de reiki. Vuelve a Hawai y continúa la práctica del reiki

1938

Hawayo Takata recibe de Chujiro Hayashi el grado de maestro. El 22 de febrero Hayashi le comunica que será la persona que le suceda al frente de la comunidad del reiki

1941

10 de mayo: muerte de Chujiro Hayashi. Formó, según las fuentes, a 13 o 16 maestros, incluidas las dos primeras mujeres de la historia del reiki moderno: su esposa, Chie Hayashi, y Hawayo Takata

1980

11 de diciembre: muerte de Hawayo Takata (según algunas fuentes, el 12 de diciembre). Formó a 22 maestros y designó a su sobrina Phyllis Lei Furumoto como su sucesora