2. LAS MIRADAS SEDUCTORAS

Si bien las miradas anteriores pueden aplicarse a los grupos o las conversaciones con varias personas, ha llegado el momento de dar un paso más y comprender las miradas que sirven para atraer a las personas de forma individual, aunque éstas formen parte de un grupo mayor.

LA MIRADA DE GOLOSINA

Es una mirada dulce, blandita y con azúcar. Pero no te equivoques: la utiliza hasta el más duro de los rockeros, ya que es poderosa y muy carismática. Se hace así: ponte delante de la persona que quieras atraer, mira hacia abajo y cierra sutilmente los ojos, espera tres segundos y, mientras subes la cabeza y recuerdas dónde estaban sus ojos, abre lentamente los tuyos mirando profundamente a sus pupilas, desplegando toda tu mirada, acompañando tu gesto con una leve sonrisa. Mantenla al menos tres segundos y vuelve a pestañear. ¿Qué ha pasado? Pues bien, mientras los ojos estaban cerrados, las pupilas se han dilatado por la oscuridad, y los párpados han limpiado y humedecido tus ojos. Al mirar a esa persona, tu mirada tiene un brillo reciente y la pupila está dilatada, algo que nos sucede de manera natural cuando nos sentimos excitados o atraídos por la otra persona. Quien recibe esta mirada se vuelve vulnerable y muy especial ante nuestros ojos.

LA MIRADA DE CARAMELO

Ésta es, sin duda, la mirada más intrusiva y seductora que existe. El caramelo —líquido en sus procesos de elaboración como la mantequilla, pegajoso como el queso y dulce como las golosinas— se solidifica atrapando la mirada de la persona que vamos a seducir. Es una mirada que se basa en crear un enlace sólido entre sus ojos y los nuestros. Debemos interrumpir el seguimiento natural de la conversación e incluso las distracciones. Sólo nos solidificamos ante esa mirada. Es una mirada que debe mantenerse hasta que la otra persona reaccione Y créeme, siempre hay reacción. Se puede utilizar para seducir y demostrar a alguien que sólo tienes ojos para él o ella, pero también para animar a que alguien participe en una conversación o para conseguir que se calle sin decir absolutamente nada. Siempre hay reacción, ya que todos somos vulnerables ante la mirada más poderosa que existe.

Recuerda: mantén una mirada firme, directa y sin distracciones hasta que la otra persona reaccione. Ésa es la mirada de caramelo.