Actualmente está muy de moda utilizar en cosmética este aceite bastante caro, pero con fama de ser muy rico.
La Argania spinosa, que es el árbol de donde se extrae este aceite, crece en el sur de Marruecos. El aceite se obtiene a partir de la almendra que se encuentra en el núcleo de su fruto. El aceite que se usa para la alimentación deriva de las almendras tostadas, que son las que le dan su bonito color oscuro y su sabor fuerte. Los bereberes de Marruecos usan este aceite para preparar una pasta mezclándolo con almendras tostadas y miel. Se trata de una pasta reconstituyente que se come para desayunar untada en pan y con queso blanco. También la utilizan para elaborar algunos postres.

Un puñado de antioxidantes: sus tocoferoles (vitamina E), polifenoles (taninos), escualenos, esteroles y carotenos lo convierten en un producto especialmente antioxidante.
Los omega: el aceite de argán rebosa de omega-9 y omega-6. Contiene una proporción elevada (80%) de ácidos grasos insaturados buenos para la salud de la piel, el cerebro y el corazón en particular.
Amigo de la belleza: combate los radicales libres y, por tanto, el envejecimiento prematuro. Es muy apreciado para la piel porque contribuye a atenuar la sequedad de la epidermis y las arrugas. Ayuda a regular el índice de colesterol, protege el sistema cardiovascular y previene la arteriosclerosis. Debido a sus virtudes regeneradoras, se utiliza también para el pelo dañado. Ayuda igualmente a luchar contra el reuma y calma los efectos de la menopausia.
Detalles sobre los estudios
Actualmente disponemos de pocos datos sobre el aceite de argán. Dos estudios marroquíes incitan, sin embargo, a considerar el beneficio real del consumo de este aceite para la salud. Estos estudios indican que los consumidores habituales del aceite de argán han conseguido reducir su índice de colesterol malo y enriquecer su sangre de vitamina E. Por el momento, algunos estudios han demostrado otros efectos interesantes en células testadas in vitro y en ratones.
¿Y el cáncer?: el aceite de argán es rico en antioxidantes, pero también en gamma tocoferol, una forma natural de vitamina E que le confiere la propiedad de detener la proliferación de células cancerosas. El aceite de argán también podría actuar en la prevención del cáncer de próstata.
Aunque este aceite contiene muchas grasas insaturadas, las mejores son las omega-3, que no tiene. Las omega-6, grasas buenas, afectan a las omega-3 presentes en las células y su proporción en el aceite de argán es del 37%, lo cual es mucho; las omega-9 representan el 46%, una proporción muy inferior a la del aceite de cacahuete (55%), colza (60%), oliva (73%) y avellana (80%).
¿Cómo elegirlo?
Hay que verificar la procedencia y la composición del aceite de argán antes de comprarlo para evitar falsificaciones, que son muchas debido a su precio y a su popularidad. Es preferible comprar el aceite biológico de primera prensada en frío. Su precio se debe a que para elaborar un litro de aceite se necesitan 38 kg de frutos. Su gusto, muy parecido al de la avellana, pero quizás un poco más fuerte, varía en función de su procedencia y de su fabricación. La botella es siempre una obra de arte.
¿Cómo consumirlo?
Combina bien con el tajín y el cuscús; y se añade en crudo una vez cocinados los platos. Tampoco podemos olvidarnos de las ensaladas, los pimientos y los tomates a la parrilla, y también al natural sobre el pan o con un carpacho de buey. Es mejor comerlo crudo que frito.
¿Cómo conservarlo?
Se tiene que guardar en un lugar fresco donde no le dé la luz para evitar su oxidación; si es artesanal dura unos 3 meses una vez abierto y, si no, mucho más tiempo.

El cacahuete y el maní son el mismo fruto. El cacahuete suele ser muy apreciado como aperitivo. Sirve también para fabricar mantequilla y aceite de cacahuete.

La planta del cacahuete, como la patata, esconde sus frutos bajo tierra, por ello hay quien llama al cacahuete «pistacho de tierra». Contrariamente a su leyenda, el cacahuete no engorda y aporta una cantidad muy importante de buenos nutrientes. Desde que se ha sabido esto, ha pasado a considerarse un alimento maravilloso. Pero cuidado porque hay mucha gente alérgica a los cacahuetes.
Proteico: el cacahuete es una leguminosa y no una nuez. Contiene como mínimo un 23% de proteínas, de las cuales cerca de un 7% de nitrógeno básico entra en la fabricación del ADN. Este porcentaje es muy elevado para una proteína vegetal. En cantidades iguales, el cacahuete contiene más proteínas que la carne. Además, sorprendentemente para una leguminosa, contiene más lípidos que glúcidos.
Las virtudes ignoradas: se utiliza en caso de fatiga y estrés. La medicina china lo emplea para combatir enfermedades pulmonares y para detener hemorragias.
Bueno para el corazón: contiene grasas buenas, minerales, oligoelementos, vitaminas, fitoesteroles y resveratrol, saludables también para combatir el cáncer.

Y para la vesícula biliar: el cacahuete ayuda a la vesícula biliar gracias a sus grasas buenas, su magnesio, sus fibras y sus fitoesteroles.
El aceite de cacahuete: este aceite de mesa barato se utiliza exclusivamente para freír. Es uno de los aceites comerciales más desnaturalizado que existe y, por lo tanto, no tiene otro interés nutritivo que para cocinar. Además, el punto crítico de cocción no ha de superar los 220 °C, lejos de los 170°-180 °C de los aceites de freír.

El cacahuete se utiliza mucho en la gastronomía de América Central. Tomando 100 g de cacahuetes se cubre el 50% de las necesidades diarias de proteínas. El cacahuete contiene mucho zinc, manganeso, cobre, fósforo, magnesio, potasio, hierro, selenio y calcio. Pero también vitaminas B1, B3, B5, B6, B9, E y fibra.
¿Cómo elegirlos?
Mejor elegir los cacahuetes enteros con su cáscara para que no tengan tanta sal. Antes de comprar mantequilla de cacahuete, hay que mirar bien la composición para evitar las que tienen azúcares y aceites de mala calidad.
¿Cómo consumirlos?
Los cacahuetes pueden añadirse a las ensaladas mixtas, combinarlos con verduras (triturados en un pisto) o comerlos con nata.
¿Cómo conservarlos?
La mantequilla de cacahuete se conserva dos meses en el frigorífico.

Detalles sobre los estudios
Un estudio clínico sobre el consumo regular de cacahuetes ha demostrado que resulta beneficioso para la salud cardiovascular y que mejora la concentración en la sangre de magnesio, cobre, vitaminas B9 y E, además de arginina. Se sabe también que las materias grasas de los cacahuetes son sobre todo grasas buenas (monoinsaturadas y poliinsaturadas) favorables para la salud cardiovascular. No contienen más que el 10% de grasas saturadas, lo cual es muy poco. Además, el cacahuete posee fitoesteroles, de una estructura similar al colesterol animal, pero se ha comprobado que son beneficiosos para la salud cardiovascular.
Estudios epidemiológicos destacan la relación entre el consumo regular de cacahuetes y la reducción de cálculos y del número de intervenciones para extraer la vesícula biliar.
Un estudio más general ha comprobado que el consumo de mantequilla de cacahuete reduce el riesgo de contraer diabetes tipo 2 y cáncer de colon.
Después del aceite de lino, es el aceite más interesante. Se puede consumir sin moderación por su gran contenido en omega-3, que reequilibra el exceso de otras grasas de nuestra alimentación cotidiana.

El cáñamo y la marihuana pertenecen a la familia de las cannabáceas, pero las variedades utilizadas para el aceite son muy pobres en THC, la sustancia activa del cannabis. El grano de cáñamo es apreciado por su riqueza y por la calidad de sus proteínas, así como por su proporción de vitamina B1, hierro y calcio, pero también por sus glúcidos y fibras. Además, no contiene gluten. El aceite es reconocido por su concentración de ácidos grasos esenciales, entre ellos el omega-3 (20%). Las grasas saturadas no representan más que el 10%, lo cual está bien.
El grano: las proteínas de los granos de cáñamo son de mejor calidad que la mayoría de los otros granos. Contienen cantidades importantes de aminoácidos azufrados (metionina y cistina), pero también arginina, un aminoácido que favorece la buena salud cardiovascular.

El beneficioso omega-3: la gran mayoría de los alimentos modernos aporta demasiados ácidos grasos saturados o demasiado omega-6 y muy poco omega-3. Este desequilibrio, que ronda una proporción de 10-30 omega-6 por un omega-3, provoca con-diciones favorables para los problemas cardiovasculares e inflamatorios. En los granos del cáñamo, la proporción de omega-6/omega-3 es de 2/3, por lo que está mucho más cerca de la proporción ideal que es de 1/1. El aceite de cáñamo, cuya proporción de omega-6/omega-3 es de 3/1, aumenta la fluidez de la sangre, evitando así la formación de coágulos y las complicaciones que derivan de ello. El aceite también se utiliza para problemas de la piel, en especial para la sequedad, el envejecimiento y las arrugas.
Detalles sobre los estudios
No se trata de desterrar las grasas con el pretexto de que engordan. Su función es primordial para nuestra salud: son indispensables para el funcionamiento de nuestras células, aportan energía al organismo, aseguran una protección contra el frío…
¡Viva la mayonesa!: para asimilar mejor el omega-3 y el omega-6 de los aceites vegetales, hay que emulsionarlos con los alimentos ricos en proteínas como la yema de huevo: éste es el principio de la mayonesa…
Los granos de cáñamo no son inhibidores de la tripsina, una enzima que digiere las proteínas, por lo que las proteínas del cáñamo son bien digeridas por el organismo, algo que no ocurre con los granos de soja.
¿Cómo elegirlo?
Es mejor elegir aceites biológicos de primera presión en frío y en pequeñas cantidades.
¿Cómo consumirlo?
Su gusto a avellana encaja muchas veces mejor con la alimentación diaria que el aceite de lino, con un gusto más delicado.
Se utiliza fácilmente en las vinagretas o para aderezar los carpachos. Es conveniente emplearlo únicamente en crudo, porque la cocción destruye el omega-3. Lo mismo ocurre con el aceite de nuez, también recomendado por sus omega-3 y por su delicioso sabor. Los granos de cáñamo, muy crujientes, complementan muy bien las ensaladas variadas y las ensaladas de frutas. También se pueden moler en el último momento para añadirlos a los potajes, pestos e incluso a las crepes.

¿Cómo conservarlo?
El aceite y los granos se conservan en un lugar fresco. Una vez abierto, el aceite se tendrá que poner en el frigorífico y consumirse antes de 6 meses como máximo. Se puede añadir una gota de algún aceite esencial, de limón por ejemplo, para retrasar su oxidación.
Hipócrates o Plinio el Viejo ya recomendaban vivamente el aceite de lino (y el lino en todas sus formas), que está presente desde hace tiempo en nuestra alimentación.
El lino ha dado su nombre a los prefijos de los célebres: ácido linoleico (omega-6) y ácido alfa-linoleico (omega-3). ¡Imagínate si es importante para nuestro organismo! El grano, además de tener grasas buenas, es rico en fibras y en fitoestrógenos antioxidantes. Contiene también minerales como el cobre, hierro, calcio, fósforo y magnesio, pero también yodo y vitaminas E y K. No obstante, destaca sobre todo por su poder laxante y por que facilita la digestión.

El aceite de linaza es uno de los más ricos en omega-3 puesto que el 50% es ácido alfa-linolénico. Tiene una proporción excepcional de omega-3/omega-6: 18/50.
Los beneficios del aceite: combate los problemas de la piel: acné, eccemas, deshidratación, psoriasis, sabañones, quemaduras y picores. Cura las mucosas y las úlceras, fortalece el sistema inmunitario y ayuda a combatir ciertas enfermedades autoinmunes como la esclerosis en placas. El aceite de lino participa también en la regulación del sistema hormonal y ayuda a aliviar los problemas de la menopausia, así como los relacionados con la diabetes, los problemas hepáticos, la artritis reumatoide, las enfermedades cardíacas, el estreñimiento, los tumores y algunos cánceres, especialmente hormonales (mama, próstata). También ayuda a combatir el estrés, la depresión y el insomnio.
Una asociación perfecta: el aceite de lino, con una buena proporción de omega-3/omega-6, y el aceite de oliva, rico en omega-9.

¿Hay que consumir los granos de lino o el aceite de lino?: el aceite se oxida rápidamente y su calidad es variable. No contiene ni fitoestrógenos ni fibra, a diferencia de los granos. En cambio, el ácido alfa-linolénico (omega-3) es mucho más abundante (50%).
Encontramos la misma cantidad de ácido alfa-linolénico (un ácido graso esencial que pertenece a la familia de los omega-3) en una cucharada de café de aceite de lino que en cuatro gramos de lino triturados.

¿Cómo elegirlo?
El gusto del aceite de lino no es del agrado de todos. Hay que comprarlo de muy buena calidad y de primera presión en frío, biológico y de fabricación reciente. Es importante también verificar su procedencia y sobre todo no consumirlo si tiene un gusto rancio. Sus granos se encuentran fácilmente en las tiendas de productos biológicos.
¿Cómo consumirlo?
En la cocina, el aceite de lino se utiliza siempre en frío, jamás caliente. Se puede emplear para condimentar las verduras. Existen en el mercado unas cápsulas de aceite de lino muy beneficiosas. Los granos se pueden moler en un molinillo de café o en una batidora, pero con cuidado de no convertirlo en pasta porque anularíamos una parte de sus beneficios. También se pueden comer crudos con alimentos dulces o salados: cereales, verduras cocidas o crudas, yogures o ensaladas de frutas.
¿Cómo conservarlo?
Una vez abierta la botella, el aceite de lino no se conserva más de dos semanas y siempre en el frigorífico. Se puede añadir una gota de aceite esencial (de limón, por ejemplo) para conservarlo mejor. Los granos deben guardarse en un lugar fresco y mejor dentro de un recipiente hermético, de esta forma se pueden conservar varios meses (su cáscara les protege de la oxidación).
Detalles sobre los estudios
La Comisión E (Alemania) y la ESCOP (Europa), dos organismos de evaluación de plantas, reconocen el interés de los granos de lino en caso de estreñimiento, síndrome del intestino irritable, inflamaciones intestinales, divertículos y gastritis. Los investigadores están particularmente interesados en los aceites vegetales ricos en ácido alfa-linolénico: el de lino, el de soja y el de colza. Un estudio que ha durado diez años y se ha realizado sobre cuatro mil enfermos de corazón ha permitido constatar un descenso importante de riesgo de infarto cuando se consumen estos aceites.
Podemos resumir así las recomendaciones, a veces contradictorias, de los expertos: hay que consumir aceite de oliva, de lino y pescados de mares fríos para obtener las raciones óptimas.
No es del todo un aceite de mesa, pero rebosa de vitaminas A, D y E, y de ácidos omega-3 y omega-9.

No tiene demasiada buena reputación en cuanto a su gusto: a muchos niños se lo dan para beber por la cantidad de vitaminas que posee. No contiene ácido alfa-linolénico, un omega-3 esencial que no puede ser fabricado por el organismo, pero sí aporta otros ácidos omega-3 no esenciales como los EPA y los DHA.
Sus vitaminas A y D: el aceite de hígado de bacalao es útil en caso de carencia de vitamina A o D, también en caso de osteoporosis o fractura y durante el crecimiento. Contribuye también al desarrollo intelectual de los niños, combate el raquitismo y los problemas de desarrollo óseo o de fijación del calcio. Está presente en los pescados grasos y se puede consumir en invierno cuando el sol es escaso y se sintetiza menos la vitamina D por la piel (el sol aporta el 90% de esta famosa vitamina si uno expone sus manos, sus brazos y su rostro al sol 15 minutos, tres veces por semana). Esta vitamina es especialmente útil en caso de cáncer, diabetes o enfermedades cardiovasculares. Es vital para la salud de los huesos, ya que ayuda a la absorción del calcio. La vitamina A se presenta en el organismo bajo la forma de retinol, que no se encuentra más que en algunas fuentes alimentarias animales (despojos, foie) y en algunas fuentes vegetales que contienen betacaroteno (zanahoria) que puede ser transformado por el organismo en vitamina A. Desempeña un papel importante en la visión, sobre todo en la adaptación del ojo a la oscuridad y favorece la absorción del hierro.
Detalles sobre los estudios
Algunos investigadores afirman que el aceite de hígado de bacalao aumenta demasiado las vitaminas A y D presentes en nuestro organismo y que en dosis elevadas son nocivas.
El aceite de hígado de bacalao puede contribuir a disminuir la depresión según una encuesta realizada a unos 22.000 noruegos de más de 40 años.
Investigadores escoceses afirman que el aceite de hígado de bacalao ha ayudado al 30% de los pacientes artríticos a reducir sus medicamentos antiinflamatorios en un 40%.
El ácido docosahexaenoico (DHA): es un ácido omega-3 muy importante para el cerebro, la retina y los espermatozoides. Se le denomina tam-bién «ácido cerebral» porque es uno de los principales constituyentes del cerebro y de las neuronas. Se encuentra en los siguientes pescados (por orden descendente): bacalao, atún, salmón, caballa, sardina, arenque, anguila, trucha y fletán.
Se recomienda especialmente en otoño e invierno para reforzar el organismo y ayudarle a resistir el frío.
¿Cómo elegirlo?
Se encuentra en las tiendas dietéticas. Actualmente se le añaden aromas para que el sabor guste más a los niños.
¿Cómo consumirlo?
No es un aceite de mesa. Algunas cápsulas o cucharadas de aceite con el gusto «mejorado» pueden ayudar al crecimiento de los niños y a resistir mejor el frío en invierno.
¿Cómo conservarlo?
Como es rico en omega-3, que es un ácido que se oxida, conviene consumirlo rápidamente y conservarlo en el frigorífico.

El aceite de oliva, nutritivo y beneficioso, está catalogado como uno de los alimentos más sanos por excelencia. El 70% de las familias lo consume diariamente en Francia.
Las olivas negras son olivas verdes que se recogen cuando están maduras. Contienen más lípidos que las verdes. Combinan muy bien en ensaladas y verduras cocidas. La oliva negra contiene tres o cuatro veces más com-puestos fenólicos antioxidantes que las verdes. Estos compuestos disminuyen el estrés oxidativo de las células.

El aceite de oliva es el que más omega-9 aporta. Pertenece a los ácidos grasos «buenos» que son los constituyentes esenciales de nuestro organismo. Se fabrica a partir de las olivas negras y se puede consumir regularmente porque se digiere muy bien. Sin embargo, como apenas contiene un 1% de ácido alfa-linolénico (omega-3), hay que añadirle aceite de lino, cáñamo, nueces o colza, aunque su 73% de omega-9 sea de por sí bastante interesante.

Múltiples beneficios: rico en antioxidantes que combaten el envejecimiento celular, el aceite de oliva aumenta la secreción de la bilis, es purgativo y regula el tránsito intestinal. Pero además es sedativo, tranquilizante, calmante y refrescante. Da vigor a la piel y al cabello seco y estropeado.

Combate el colesterol: es uno de los aceites que rehabilita y tonifica mejor el hígado, el órgano predilecto en el metabolismo del colesterol. El consumo de omega-9 está asociado a una disminución del riesgo de problemas cardiovasculares (al mejorar la flexibilidad de las arterias), del colesterol total y del malo, sobre todo si se evitan al mismo tiempo las grasas saturadas.
Vitaminado: el aceite de oliva es una fuente de vitaminas E y K.
El aceite de oliva es neutro en términos de acidez o alcalinidad. Pero atención, tonificar el hígado desemboca en una alcalinización mayor. Los mediterráneos que utilizan normalmente el aceite de oliva consumen entre cuatro y cinco cucharadas soperas al día.

¿Cómo elegirlo?
Es bueno seleccionar al productor. El aceite debe ser biológico, virgen extra y de primera presión en frío. Su origen tiene que estar indicado en la etiqueta.
¿Cómo consumirlo?
El aceite de oliva se come sobre todo crudo, en los crudités, las verduras cocidas o los cereales. También se puede freír (pero no es conveniente). En la elaboración de los pasteles y galletas, se puede sustituir la mantequilla por aceite de oliva. En los fritos, mejor optar por un aceite de oliva refinado que soporta una temperatura de calentamiento máxima de 210 °C, o un aceite de cacahuete refinado, cuya temperatura máxima es de 220 °C.
¿Cómo conservarlo?
Se conserva en un lugar protegido de la luz, en un envase opaco y a temperatura ambiente.
Detalles sobre los estudios
Los aceites biológicos son siempre preferibles a los no biológicos. Los aceites biológicos de oliva virgen extra de primera prensada en frío son los buenos aceites alimentarios.
Hay estudios que demuestran una reducción del riesgo de infarto y de la mortalidad por enfermedades coronarias en personas habituadas a la dieta mediterránea, incluyendo el aceite de oliva. Otros investigadores de Lyon, sirvieron a sus pacientes una dieta cretense a base de aceites de oliva y de nuez combinados con la verdolaga. El riesgo de infarto de estos pacientes se redujo un 70%. ¡Es mucho!
Algunos estudios establecen un vínculo entre el aporte de ácidos grasos monoinsaturados procedentes, entre otros, del aceite de oliva y la prevención del cáncer de colon y de mama. Científicos americanos han descubierto también que el aceite de oliva debilita un gen que transforma las células normales en células tumorales.
El aceite de soja, fabricado a partir del prensado de las semillas de la soja, es el segundo aceite más consumido en el mundo después del aceite de palma.
Los granos jóvenes que están en las vainas ligeramente peludas son ricos en proteínas y en glúcidos.
Sus omega-3: su interés está en su contenido de ácidos grasos esenciales, sobre todo el ácido alfa-linolénico (ALA) que pertenece a la familia de los omega-3. Los otros omega-3, en especial, el ácido eicosapentaenico (EPA) y el ácido docosahexaenoico (DHA), son fabricados por nuestro organismo a partir de este ácido alfa-linolénico. Las vitaminas y los minerales transforman estos dos ácidos grasos indispensables en otros ácidos grasos.

Vitaminas y otros componentes: el aceite de soja contiene vitaminas A, D, E y lecitina, esencial para el buen funcionamiento del cerebro, del sistema cardiovascular y del sistema nervioso, y contribuye a reducir el colesterol.
Beneficioso para la piel: la composición del aceite de soja hace que sea beneficioso para la piel que lo absorbe bien: la suaviza, la protege, mejora su aspecto y reduce los eccemas. Además se utiliza en la fabricación de los aceites de masaje y de muchos cosméticos.
Uso externo: el aceite de soja se puede aplicar sobre el cabello seco o castigado para fortalecerlo.
El aporte de vitamina E que protege los glóbulos rojos se ve reforzado por la acción antioxidante de las lecitinas.

¿Cómo elegirlo?
Escoge un aceite de calidad. Las industrias agroalimentarias intentan extraer el máximo aceite posible de los granos. Por esto, lo calientan y le añaden productos químicos. Por desgracia, lo que consiguen con esto es que los ácidos grasos esenciales se conviertan en «trans», que tienen las mismas propiedades que los saturados. Por esto es mejor elegir siempre un aceite que no haya sido calentado y no contenga aditivos químicos. Ha de ser biológico y de primera presión en frío.
Para asimilar mejor los omega de los aceites vegetales, hay que mezclarlos con alimentos ricos en proteínas: queso blanco, yema de huevo…, ¡como la mayonesa!
Algunos aceites son demasiado ricos en omega-6: girasol (64%), nuez (64%), cáñamo (58%), niguela (58%), soja (55%), cacahuete (35%), colza (22%). Otros tienen un buen nivel de omega-3: cáñamo, nuez, colza y soja.
Según un estudio realizado en 2008, el consumo regular de aceite de soja tiene un efecto beneficioso sobre el cáncer de mama. Otro estudio ha demostrado que reduce el riesgo de crisis cardíacas.
Estos datos se tienen que acabar de comprobar, porque algunos se contradicen. Los aceites ricos en ácidos grasos polisaturados se oxidan y se ponen rancios más rápidamente, con lo que pasan a tener más radicales libres que crean desgaste arterial, cáncer, inflamaciones y envejecimiento prematuro de las células y de los tejidos. Los aceites ricos en ácidos grasos poliinsaturados no deben calentarse.
En la medicina tradicional china, el aceite en general sirve para reforzar el yin (estructura).
¿Cómo consumirlo?
Se consume crudo y no frito porque así se conservan mejor sus omega-3 y también porque al calentarlo adquiere un olor desagradable. En crudo, su gusto, es relativamente neutro, lo que le permite ser un buen condimento para los crudités, las verduras cocidas, los cereales…
¿Cómo conservarlo?
Hay que conservarlo en el frigorífico y consumirlo lo más rápidamente posible una vez abierto. Los granos jóvenes, que se encuentran en las vainas ligeramente peludas, son ricos en proteínas y en glúcidos.

El aceite de girasol es el tercer aceite más consumido en Francia después del de colza y del de soja.
¿La razón de su éxito? Esta planta, cuya maravillosa flor está siempre mirando al sol, tiene un poder de seducción indiscutible que ha sido fomentado por un marketing muy poderoso. Sus ácidos grasos esenciales son muy desequilibrados: 64% de omega-6, 24% de omega-9, 0,2% de omega-3 (casi nulo), 12% de ácidos grasos saturados. No contiene ácido alfa-linolénico, por lo que es inútil para cubrir las carencias de omega-3, su concentración de omega-6 es además desmesurada. Sin embargo, es un aceite que se vende y se utiliza mucho, pero no es un aceite de mesa recomendable.

El ácido linoleico: es el único ácido graso esencial de los omega-6. A partir de él, el organismo puede fabricar otros ácidos grasos. Se encuentra en los aceites de alimentación habituales.
Antioxidante: el aceite y los granos son ricos en vitamina E, un antioxidante importante. El contenido de esta vitamina varía de un aceite a otro en función de sus granos, lugar, condiciones de cultivo, extracción, almacenamiento… En general, cuanto más elevado sea el contenido de ácidos grasos poliinsaturados de los aceites, más vitamina E contienen.
Detalles sobre los estudios
El ácido linoleico omega-6 está omnipresente en nuestra alimentación moderna y el aceite de girasol es un gran proveedor: 60 ml contienen 12 g. Esta grasa poliinsaturada disminuye el colesterol, especialmente el malo LDL, con una protección cardiovascular asociada, pero un exceso de ácido linoleico oxida el colesterol LDL, lo cual es un factor de riesgo de arterioesclerosis. Los ácidos grasos monoinsaturados omega-9 hacen bajar el índice de colesterol total y del malo, sobre todo si se eligen como sustitutos de las grasas saturadas.
Se ha comprobado que añadiendo aceite de girasol en la alimentación de las ratas ha aumentado la capacidad antioxidante en su sangre. Un estudio ha demostrado que la capacidad antioxidante del aceite de girasol es parecida a la del aceite de oliva virgen y cinco veces superior a la del aceite de oliva tradicional.
Información general: el aceite de girasol nutre la piel, la hace más flexible, es útil contra el colesterol malo (fitoesteroles), la esterilidad y la impotencia, protege el sistema nervioso y actúa contra el dolor de cabeza y la hipertensión.
El grano germinado: es muy fácil hacer germinar el grano de girasol, incluso para los que se inician en ello. Hay que quitar la cascarilla externa (tegumento), ya que no es digestiva. Los granos germinados no se conservan demasiado tiempo, por lo que hay que consumirlos enseguida. Estos granos germinados aportan vitaminas y minerales en abundancia, los mismos que el aceite, así como una gran cantidad de proteínas.
El aceite de girasol, de un amarillo muy bonito, tiene un sabor neutro, por lo que puede sustituir fácilmente a la mantequilla de origen animal para aportar más minerales y vitaminas.
¿Cómo elegirlo?
Es preferible comprar un aceite de girasol virgen de primera presión en frío, biológico.
¿Cómo consumirlo?
Se puede utilizar para condimentar los platos fríos. Es mejor no calentarlo. También se emplea como aceite de masaje. Los granos germinados quedan muy bien en las ensaladas mixtas, pero también se pueden comer solos, por ejemplo, como aperitivo.
¿Cómo conservarlo?
Una vez abierto, es recomendable guardar el aceite en el frigorífico.
