Capítulo I

Aproximación conceptual

Una cosa sé: andando, mirando, meditando, observando, siguiendo la marcha, el mundo se presenta de un modo distinto de como se presenta en los periódicos.

[Handke, 2011: 600]

En efecto, es hora de acercarnos al concepto principal de este libro, que no es otro que caminar, un acto aparentemente inútil e improductivo en términos mercantilistas. Por este motivo, conviene aclarar que, en primer lugar, dejaremos constancia de su dimensión más conocida a partir del análisis etimológico, del significado que ofrece el diccionario de la lengua general y, al mismo tiempo, de las principales contribuciones planteadas por diferentes disciplinas científicas (antropología física, psicología del desarrollo y ciencias de la salud). Para finalizar, fijaremos nuestra visión conceptual para empezar a poner las bases que hagan posible construir una pedagogía desde el acto de poner un pie detrás del otro rítmicamente a partir de la secuencia vivencias, experiencia y prácticas formativas ya presentada. En relación con este último ejercicio, conviene destacar que ya existe literatura cuya voluntad es la de construir un corpus teórico a partir, desde disciplinas como la filosofía, la antropología o la historia del arte, de la acción de caminar (Le Breton, Careri, Demetrio, Delgado, Morey, Gros).

1. Análisis etimológico

Leyendo la obra del gran lingüista Joan Coromines (1905-1997),3 que siempre es un ejercicio muy revelador porque aporta una gran cantidad de datos que son de inestimable ayuda para entender la verdadera esencia de las palabras, descubriremos que caminar, la cual tiene un aspecto y un sonido simple y honesto, proviene del término camino, que es de origen céltico. Su forma temprana es la de camminus (céimm del irlandés y cam del galés) y fue extraña al latín arcaico y clásico, pero no podemos decir lo mismo en cuanto a su penetración en el latín vulgar. Prueba elocuente de ello es su descendencia en todas las lenguas románicas salvo el rumano (plimbáre): caminar (catalán), caminhar (portugués), cheminer (francés), camminare (italiano) y camiñar (gallego).

Otro dato muy significativo es que camminus, cuya aparición se documenta por primera vez en España en el siglo vii, se convirtió en sinónimo de calle (del latín callis). Por lo cual, cabe recordar que la «vía entre edificios o solares; camino entre dos hileras de árboles o de otras plantas»,4 que condiciona a sus principales derivados (caminar y caminante), tiene una gran diversidad de formas que se manifiesta en la riqueza del lenguaje popular para denominarlos. Como ejemplo destacamos algunos de ellos: senderos, trillados, de ronda o de cabras, senda, vereda, pista, cañada o trocha.

2. Perspectiva del diccionario de la lengua general

Tal y como sucede en la mayoría de estas obras, el Diccionario de la lengua española5 expresa, como idea principal, que la palabra caminar es una acción que sirve para trasladarse de un lugar a otro mediante estas cuatro importantes acepciones:

1. Andar determinada distancia. Hoy he caminado diez kilómetros

2. Ir de viaje.

3. Dicho de un hombre o de un animal: Ir andando de un lugar a otro.

4. Dirigirse a un lugar o meta, avanzar hacia él.

Después, y continuando con la misma publicación, se puede observar que también tiene el significado metafórico que se refiere al proceso que puede vivir cualquier acontecimiento. Cabe decir que este sentido es muy usado en nuestro contexto.

1. Dicho de una cosa inanimada: Seguir su curso. Caminar los ríos, los planetas.

Aunque es una palabra mucho más polisémica (tiene un total de 19 acepciones), vale la pena no olvidar la palabra andar (de una pronunciación descuidada del término latino ambulare)6 porque expresa el mismo significado (Ir de un lugar a otro dando pasos)7 e, incluso, puede tener más concurrencia en algunos sectores. De esta palabra derivan sustantivos tan bellos como andariego, andador, andarín y otros.

3. La contribución antropológica, psicológica y médica al estudio del movimiento humano

Abrimos este tercer apartado con una obviedad que se debe tener presente en todo momento: la ciencia, una de las ramas principales del conocimiento humano, concentra una rica tradición en el estudio de la cuestión del caminar. Decimos esto porque es evidente que existe una abundante producción bibliográfica de disciplinas como la antropología biológica, la psicología evolutiva o las ciencias de la salud que nos confirma lo que estamos comentando y, del mismo modo, que estamos ante un objeto de estudio claramente complejo, nada lineal y con diferentes teorías que a menudo se contradicen. Por esta razón, a continuación dejaremos constancia de que desde hace muchos años existen diferentes puntos de vista científicos que estudian una actividad tan importante como es el hecho de ir a pie.

3.1 La hominización vista desde la locomoción bípeda (antropología física)

Antes de entrar en materia, conviene recordar que el bipedismo no es un comportamiento exclusivo del hombre, puesto que también está presente en algunos mamíferos primates como el gibón o el chimpancé común. De todos modos, no hay duda de que los humanos, además de tener unas manos manipulativas y una visión tridimensional, somos los únicos que tenemos la capacidad de caminar erguidos durante todo el rato y, por supuesto, de permanecer de pie totalmente inmóviles. Dicho esto, ahora es el momento de abordar la génesis de nuestro bipedismo más allá de aquella conocida ilustración en que aparece una serie de criaturas que representan la evolución humana.8 Por este motivo, empezamos este capítulo encaminándonos hacia la antropología física o biológica, dado que es la disciplina científica que estudia, entre otros objetos de investigación, el desarrollo del bipedismo humano.

Así pues, ahora es el momento de trasladarnos al periodo del paleolítico y comentar brevemente la cronofilogenia de la familia Hominidae, la cual está formada por Ardipithecus (4,4-5,8 millones de años), Orrorin (6 millones de años), Australopithecus (4-2,5 millones de años), Paranthropus (3,5-1,7 millones de años), Kenyanthropus (3,5-2,5 millones de años) y Homo (2,5-0,2 millones de años), porque en uno de sus géneros —el Australopithecus afarensis— encontramos nuestro primer antepasado claramente bípedo.9 Como es ampliamente conocido, existen dos hallazgos que corroboran este acontecimiento tan significativo para nuestra especie. He aquí el esqueleto de la conocida Lucy, que fue descubierta por un equipo franco-norteamericano dirigido por los paleoantropólogos Maurice Taieb y Donald Johanson en 1974 en Hadar (Etiopía),10 y las huellas solidificadas por del fango volcánico de Laetoli (Tanzania), que fueron encontradas por la arqueóloga Mary Leakey en 1978.

Dando un paso más en nuestra explicación, recordemos otros temas capitales que se desprenden de esta perspectiva biológica: su evolución mecánica y las diferentes hipótesis que pretenden explicar las causas principales que originaron nuestra forma de caminar.

En lo relativo al primer aspecto, diremos que la marcha humana se ha convertido en tal como la conocemos hoy en día gracias a una serie de adaptaciones morfomecánicas que han sucedido a lo largo de millones años. Por este motivo es el momento de destacar cuáles han sido las principales modificaciones que reorganizaron nuestro esqueleto para que estuviera diseñado para realizar la actividad mencionada: «La cabeza tiene que estar equilibrada sobre la columna vertebral en vez de echada hacia delante; la columna ha desarrollado curvas que aguantan la tensión y funcionan como un muelle; la cadera se ha abierto y ha rodeado los lados del cuerpo para ofrecer un mejor anclaje a los músculos que nos mantienen en la postura erguida; las piernas se han hecho más largas y se han inclinado hacia dentro para mantener el centro de gravedad en la línea del cuerpo, y los pies han desarrollado arcos, y el pulgar ha rotado para alienarse con el resto del pie con el fin de proporcionar apoyo adicional».11 Aun así, cabe decir que esta adaptación esquelética ha sido incompleta, puesto que frecuentemente se dan casos de artrosis en la columna vertebral o en las zonas más móviles, ptosis visceral, varices y diferentes patologías en las zonas del pie.

En cuanto a las explicaciones propuestas sobre por qué nos convertimos en bípedos, nos hacemos eco de la clasificación que elaboraron Tuttle y sus colaboradores durante una conferencia sobre este tema que se hizo en París el 1991. Se trata, pues, de la hipótesis schlepp, que explica el hecho de caminar como una adaptación para acarrear alimentos, niños y otras cosas; la hipótesis peek-a-boo, que implica levantarse para mirar por encima de la hierba de la sabana; la hipótesis del trench coat, que conecta el bipedismo con la exhibición del pene para impresionar a las hembras; la hipótesis tagalong, que comporta seguir a grandes grupos de migración que atravesaban la popularísima sabana; la hipótesis hot to trot, que expone que el bipedismo limitó la exposición solar en el sol del mediodía tropical y empujó a la especie a moverse hacia un hábitat cálido y abierto y, en último lugar, la hipótesis two feet are better than four, que propone que el bipedismo era más eficiente energéticamente que el cuadrupedismo, al menos para los primates que se iban a convertir en humanos.

3.2 La evolución física y motora (psicología del desarrollo)

Pues bien, ahora es el turno de abordar la cuestión sobre de qué manera y cuándo aprendemos a caminar, la cual no hay duda que es una de las primeras acciones que un bebé desea hacer puesto que representa la materialización de todo aquello que está fuera de su alcance y, por supuesto, la declaración —más sencilla, pero más gloriosa— de su independencia humana. Resulta lógico, por lo tanto, que empecemos refiriéndonos a la psicología evolutiva, ya que es la disciplina que estudia los cambios que se dan a lo largo de la vida humana a partir de una serie de teorías como son la perspectiva psicoanalítica (la teoría psicosexual de Sigmund Freud o la teoría psicosocial de Erik Erikson); la teoría del aprendizaje (el conductismo representado por Watson y Skinner); el punto de vista del desarrollo cognitivo (Jean Piaget o la teoría sociocultural de Lev Vygotsky) o, en último término, los enfoques evolutivos y ecológicos (Urie Bronfenbrenner). Con este planteamiento, empezaremos diciendo que el desarrollo motor es uno de los acontecimientos más importantes de una persona y, concretamente, durante su primer año de vida.

En este sentido, destacamos que hay tres maneras de explicar este proceso.12 Por un lado, existe la explicación que defiende la tesis de que todo esto es el despliegue de una secuencia de acciones programadas genéticamente en las que los nervios y los músculos maduran siguiendo las direcciones cefalocaudal (de la cabeza a los pies) y proximodistal (de la médula espinal hacia afuera). En segundo lugar, es el turno de los psicólogos que defienden que la práctica de cada una de las habilidades motoras es capital para su adquisición. Y, finalmente, la teoría de los sistemas dinámicos, que sostiene que las nuevas habilidades motoras surgen a medida que la curiosidad del bebé reorganiza sus capacidades existentes con el objetivo de buscar formas más eficaces de explorar el entorno. Es decir, la acción del niño o de la niña tiene siempre la finalidad de transformar el otro y, cuando ya puede ejercer un cierto control sobre su cuerpo, es el momento de alterar el entorno a partir de su acción sobre él.

3.3 El análisis de la marcha normal y patológica (ciencias de la salud)

En último lugar, he aquí el acto de caminar —o la marcha bípeda— visto desde una perspectiva biomédica (fisiología, podología, fisioterapia y, por supuesto, la biomecánica). Es decir, como una actividad del aparato motor controlada por el sistema nervioso que se desarrolla a partir de parámetros específicos de la especie humana como son los componentes esqueléticos (columna vertebral, pelvis, caderas, rodilla, tibia, tobillo, pie) y las acciones musculares (cuádriceps, tibial anterior, glúteo medio, tensor de la fascia lata). Por este motivo, no nos puede extrañar el hecho de que estas disciplinas científicas utilicen métodos como por ejemplo los cinemáticos (inspección, fotografía, cinematografía, vídeo, cinerradiología, acelerómetros y otros) o cinéticos (plataforma de fuerzas, captores fijados al pie y baropodómetros) y, obviamente, todas aquellas técnicas que estudian cuantitativa y cualitativamente nuestro cuerpo para medir diferentes parámetros que constituyen nuestra forma de desplazarnos y estudiar la anatomía del pie mientras camina.

Siguiendo este planteamiento científico, destacamos que una de sus principales aportaciones es que el ciclo de la actividad mencionada en condiciones normales está desglosado en dos fases muy definidas: la de apoyo y la de balanceo. En cuanto a la primera, diremos que es «el intervalo transcurrido entre el apoyo de talón de un pie y el despliegue digital del mismo pie».13 Vale la pena mencionar que representa el 60% de la marcha y está dividido en tres periodos: contacto de talón, espaldarazo monopodal y, para acabar, propulsión. En cuanto al otro estadio que representa el resto de este movimiento, especificaremos —otra vez mediante el profesor de la Universidad Alfonso X Sabio— que es «el intervalo transcurrido entre el despegue digital una vez finalizado y el inicio del choque de talón del mismo pie».14

Otro detalle que no debemos olvidar: la descripción de la marcha normal también tiene la finalidad secundaria de estudiar la marcha llamada patológica desde el punto de vista de la clínica. Mejor dicho: aquel aparato locomotor que presenta deficiencias leves o graves como pueden ser lesiones y malformaciones articulares o esqueléticas. En cualquier caso, hay que recordar que estas imperfecciones corporales habitualmente son tratadas más bien por la cirugía ortopédica y la traumatología, dado que tienen la tarea primordial de suprimir el dolor y la incapacidad funcional procurando posibilidades para restaurar la función motora perdida. Evidentemente, nos estamos refiriendo a las ayudas para una mejor deambulación, prótesis, fijaciones externas, ayudas mecánicas o amputaciones. De aquí surge la marcha humana después de una reparación.15

4. Reseñar de otro modo la palabra caminar

Con la intención de hallar otros lenguajes (capítulo III) y explorar juntos la posibilidad de una educación a partir del acto de caminar (capítulo IV), consideramos que ahora es bien oportuno describir la palabra caminar desde otros puntos de vista. Para ello, enunciamos los siguientes apuntes que al mismo tiempo también tienen el propósito de reivindicar su legitimidad e importancia:

5. Bibliografía

Careri, F. (2002) Walkscapes. El andar como práctica estética. Barcelona, Gustavo Gili.

Coromines, J. (1980) Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Vol. I. Madrid, Editorial Gredos SA.

Delgado, M. (2007) Sociedades movedizas. Pasos hacia una antropología de las calles. Barcelona, Anagrama.

Demetrio, D. (2005) Filosofia del camminare. Esercizi di meditazione mediterranea. Milano, Raffaelo Cortina Editore.

Diccionario de la lengua española (vigésima segunda edición, 2001). Madrid, Real Academia Española.

Gros, F. (2009) Marcher, une philosophie. París, Carnets Nord.

Handke, P. (2011) Ayer de camino. Madrid, Alianza editorial.

Le Breton, D. (2000) Eloge de la marche. París, Éditions Métailie.

Moreno de la Fuente, J. L. (2003) Podología general y biomecánica. Barcelona, Masson SA.

Prat, J. (coord.) (1993) Biomecánica de la marcha humana normal y patológica. Valencia, Institut de Biomecànica de València.

Schaffer, D. R. (2000) Psicología del desarrollo. Infancia y adolescencia. México DF, International Thomson Editores SA.

Stringer, C. y Andrews, P. (2005) La evolución humana. Madrid, Akal.

3 Coromines, J. (1980) Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Vol. I. Madrid, Editorial Gredos SA, p. 787.

4 Diccionario de la lengua española (vigésima segunda edición, 2001). Madrid, Real Academia Española, p. 403.

5 Id., ibid., p. 413.

6 Coromines, J. (1980) Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico. Op. cit., pp. 256-258.

7 Id., ibid., p. 149.

8 Recordemos: en el extremo izquierdo se halla un ancestro común simio y, en el opuesto, un Homo sapiens desnudo con una lanza que ya tiene un aspecto más humano tal como lo entendemos hoy día.

9 No obstante, es oportuno recordar que un equipo internacional de investigadores ha descubierto recientemente ocho huesos de un pie fosilizado más antiguo que Lucy que no responde a los homínidos que vivían en África en aquella época, los Australopithecus afarensis. Para más información: <http://www.nature.com/nature/journal/v483/n7391/full/nature10922.html> [fecha de consulta: 23/01/2014].

10 Aunque más adelante lo abordaremos de forma más concisa, no podemos evitar mencionar que el poeta francés Rimbaud fue uno de los primeros europeos que transitó por aquellas tierras africanas conocidas como la «cuna de la Humanidad».

11 Stringer, C. y Andrews, P. (2005) La evolución humana. Madrid, Akal, p. 185.

12 Schaffer, D. R. (2000) Psicología del desarrollo. Infancia y adolescencia. México DF, International Thomson Editores SA, pp. 160-163.

13 Moreno de la Fuente, J. L. (2003) Podología general y biomecánica. Barcelona, Masson SA, p. 269.

14 Id., ibid., p. 270.

15 Prat, J. (coord.) Biomecánica de la marcha humana normal y patológica.lencia, 1993, Institut de Biomecànica de València, pp. 193-320.