Introducción. La naturaleza del turista. De la turismofobia a la construcción social del espacio turístico
La aparición de la figura del turista es un hecho relativamente reciente en la historia de la humanidad. Si bien la curiosidad es una característica innata al ser humano, no hace más que unos pocos siglos que la satisfacción de esta necesidad adquiere carácter turístico gracias al desarrollo tecnológico de los medios de transporte y de la tercerización de la sociedad. Y tan sólo desde hace unas pocas décadas, la democratización del ocio y el turismo ha permitido aflorar esta práctica entre las clases medias de las sociedades occidentales y de los países en vías de desarrollo. En consonancia con los progresos tecnológicos, los progresos sociales han hecho posible extender el turismo a una parte significativa de la población mundial. Dicho de otro modo, los 800 millones de viajes turísticos internacionales que tuvieron lugar en 2006 son una muestra de que la población del mundo opta por el turismo. Sin embargo, a pesar de lo tangible que resulta esta impresionante cifra, se constata un recelo profundo hacia el turismo que con frecuencia se basa más en juicios de valor que en análisis rigurosos de la realidad social. El menosprecio hacia el turista implica minusvalorar los criterios y decisiones de millones de personas y despreciar su capacidad de decisión.
Por otro lado, los agentes sociales y económicos asocian el turismo a su territorio y patrimonio como estrategia de desarrollo. Aunque esta actividad no siempre es necesaria en todos los contextos, ni cuenta siempre con todo el respaldo social local, no sería menos cierto afirmar que numerosos territorios-destino ven siempre en el turismo destellos de desarrollo y perciben en la afluencia de turistas una garantía del éxito. Dada esta situación, resulta cuanto menos paradójico que a los esfuerzos por encontrar mecanismos de promoción eficaces para la llamada al turista vaya en paralelo con discursos caricaturizadores e incluso opuestos, a esta figura en los propios destinos. Tener en consideración al turista no es defender a ultranza el turismo ni volver la vista hacia sus efectos negativos, pero sí que es un primer paso para conocer desde dentro el turismo, sus lógicas simbólicas, sociales, económicas y territoriales específicas y contribuir a un análisis menos ideológico. Más de un siglo después de que Thomas Cook estableciera el primer paquete de turismo organizado del mundo quizás debamos recordar todavía que sin turistas no existe ni el turismo, ni el desarrollo turístico ni los destinos turísticos.
Plantear un recorrido académico que vaya desde la noción de turismo-fobia a la realidad de los espacios turísticos implica simplemente entender el turismo como un instrumento para el progreso social y como fundamento para el desarrollo territorial y económico, aunque sin perder de vista, por ello, su capacidad de afectación que pueda tener en diferentes contextos.
La persecución generalizada del turista no deja de ser algo inquietante dentro de los parámetros de la vida moderna, donde la mayor parte de la población de las sociedades ricas disfruta de períodos de ocio recurrentes, la movilidad se ha exacerbado y la globalización actúa en casi todos los campos. Encontrar grotesco o lamentable la actitud y pautas de comportamiento del turista, y ya no digamos mofarse de la pinta del turista o del guiricomo elemento exótico y externo (y que produce un efecto similar al que, no hace tantos años producía la mirada dirigida por los residentes hacia los primeros emigrantes laborales extracomunitarios) implica el riesgo de tener que autojustificarse tarde o temprano, o sorprenderse a uno mismo practicando la misma actividad que ha sido objeto de su burla.

La acusación de gregarismo, banalidad e irresponsabilidad al turista son reproducidos no sólo en conversaciones de café sino también, lo que resulta mucho más paradójico, en textos académicos escritos por autores especialistas en temas de turismo. Esta mirada acre sobre el turista casa tan poco con la vigencia del ocio en los periplos vitales de la población como con una realidad económica que plasma los ingentes esfuerzos para promocionarse que los destinos realizan tratando de captar un visitante más. Es necesario entonces buscar alguna explicación acerca de esta incongruencia. Pueden esgrimirse dos razones fundamentales contra el tópico: la idea de nostalgia y la de distinción social, ambas entrelazadas. El turista, ese fetichista de los lugares, pasivo, idiota y ciego (como ha sido calificado en numerosas ocasiones) atenta contra el buen quehacer del viajero, creando una tensión intelectual, que se complica especialmente cuando ambos coexisten en espacio y tiempo. Desde su atalaya de superioridad, el viajero afirmará que el turista no ve la realidad sino la ficción, que vive engañado y alienado y que es manipulado como una marioneta por la industria del ramo, a su capricho, y que, por su presencia ruidosa y visible, mancilla e interrumpe su visita sutil y armónica.
Para evitar caer bajo esa condición es preciso cambiar la terminología y por ello se recurre a la palabra viajero, en una clara reminiscencia del explorador o del visitante romántico de siglos anteriores. La elección semántica no es caprichosa y remite nostálgicamente a otros tiempos donde sólo les estaba permitido viajar a los afortunados que tenían el valor y el tiempo (léase dinero) para hacerlo. La separación de continentes permite jugar con una oposición de contenidos: aventura-comodidad; contemplación-actuación; intervención-participación; integración-alienación, gregarismo-individualismo, impacto-desarrollo, etc. La duda intelectual que se plantea es acerca de si existen realmente unas categorías sociales (viajero-turista) donde predominen unos aspectos sobre los otros o bien son indistinguibles. Por ejemplo ¿Un ecoturista que se traslada 5.000 km en avión para convivir con una tribu u observar mariposas durante una semana quedaría exento simplemente por pertenecer a la categoría de viajero del impacto sobre el calentamiento global derivado del consumo de combustible?
Urbain desgrana con claridad el proceso social que subyace en esta doble nomenclatura (1993). Según este autor, el turista interioriza el complejo de falsedad que le produce su incapacidad de comprender y observar el mundo real, a través de la creación de unos anticuerpos o castas internas. Surgen así diferentes estratos de calidad turística en función de la inteligencia, dignidad y autenticidad del viaje. Evidentemente, el viajero es la más alta figura de dicha escala puesto que se involucra en viajes verdaderos o auténticos, mientras que el turista desarrolla viajes falsos y tópicos. El buen turista (o viajero) viaja como explorador por un mundo auténtico que descubre por dentro, desde el interior. El mal turista visita lugares actuando como un observador superficial, que se desplaza apresurado y distraído por apariencias y decorados. La capacidad de discernir lo auténtico de lo falso sobre la mera contemplación pasiva, el itinerario por encima de la estancia, la integración ante la alienación.
Según el propio Urbain, plantear esta oposición supone limitar la capacidad de comprensión y discriminación de la realidad por parte de los turistas. Este hecho implica una exageración intencionada, puesto que el turista sabe cuando un decorado es falso, aunque, con fines recreativos, lo pueda interpretar voluntariamente como verdadero. En el juego del simulacro o de la hiperrealidad, la profundidad de la experiencia no es equivalente a la verdad. Como veremos más adelante al tratar el tema de la autenticidad, verdad y falsedad no son términos absolutos sino relativos. Para Urbain la experiencia turística debe ser re-definida como una travesía de realidades construidas socialmente que expresan todas ellas una verdad, en base al punto de partida y la experiencia personal de cada individuo. La necesidad de diferenciación y singularización es el argumento subyacente más que la capacidad de distinción inequívoca de lo auténtico. El precio a pagar por la experiencia turística juega aquí un papel fundamental en el proceso de distinción social entre el buen y el mal turista: el barato souvenir manufacturado que compra el turista se convierte en una compra cara de artesanía auténtica en manos del viajero; la visita a lugares exclusivos fuera de temporada a precio prohibitivo contrasta con la afición de las clases medias por los destinos concurridos estacionalmente mediante la compra de un asequible paquete turístico.

Si consideramos inválida esta distinción entre turistas y viajeros y los incluimos a todos en una única categoría podemos preguntarnos ¿qué es entonces un turista? Donaire da unas pistas al respecto al afirmar que:
«1.- Un turista es una persona que se desplaza temporalmente, con la clara voluntad de retorno. La relación entre turista y lugar es fugaz, instantánea. Ello no quiere decir necesariamente que sea banal: es transitoria
»2.- Los turistas se desplazan por una función recreativa […] No es un antropólogo, ni una ONG, ni un investigador social. Es un turista, es decir, la función última del acto de viajar siempre es lúdica.
»3.- El turismo implica un cierto grado de transgresión. El turista tiene una función carnavalesca: es una transgresión de los valores sociales, culturales e incluso sexuales […]Los turistas modifican (modificamos) sus códigos de conducta y con frecuencia los invierten.»
Fuente: Donaire, J.A. (2007) Kill a tourist. Post en un blog personal. Disponible en <http://don-aire.blogspot.com/2007/06/kill-tourist.html>
Visto desde la lógica del homo ludens al sambenito que cuelga del turista se le difuminan algunos tópicos. Un turista ataviado de turista que discurre por las Ramblas de Barcelona no es necesariamente un personaje estúpido que no tiene noción alguna de geografía sino mucho más probablemente una persona que relaja sus costumbres y transgrede con su vestimenta el comportamiento habitual del día a día. Un turista que se relaja en la playa no es necesariamente alguien pasivo con nulo interés intelectual, sino más probablemente alguien que decide disfrutar sin hacer nada como estrategia para compensar su estrés cotidiano. Un turista que regresa de un viaje al Líbano sin haber percibido o comprendido bien del todo las diferencias entre grupos sociales y religiosos no es necesariamente un ser banal sino más probablemente una persona que ha estado poco tiempo en un lugar como para comprender fenómenos complejos, o que simplemente lo ha dedicado a otros menesteres de su interés.
Caleidoscopio
Miradas cruzadas entre turistas y viajeros
1. El viajero nostálgico y elitista
«Existe un esnobismo relacionado con los viajes. Paul Bowles lo definió con una reflexión malvada y ya muy manida en la que, para conceder prestigio al viajero negándoselo al turista, invitaba a despreciar a cualquiera que saliera de casa con billete de vuelta. Hoy en día, el turismo se ha convertido en un fenómeno de masas si cabe aún más abrumador gracias a las posibilidades que ofrece el low cost. Las compañías aéreas y los hoteles de bajo coste han logrado que se pongan a viajar personas que antes jamás salían de su minifundio existencial, de su barrio, del bar de la esquina, y por tanto, han rebajado la aureola romántica y exclusiva de que antes gozaba quien pudiera mostrar sellos exóticos en las páginas de su pasaporte. Llega uno a los palacios de terracota de Tombuctú o a la sombra de las pirámides de Gizeh y, en vez de una aventura, lo que se encuentra es al frutero del barrio. Como hemos visto últimamente en Yemen, sólo el terrorismo interfiere con una nota de azar fatal que todavía puede frenar en algunos puntos del mapa a la horda con cinturón de calabazas y protector solar. Es por eso que la figura del corresponsal de guerra es casi la única que conserva la pátina de audacia y romanticismo que en tiempos menos globales tenía cualquier viajero que se aventurase en las sombras de la terra incognita de las que ya han sido privados los mapas.»
David Gistau
Fuente: Revista Chesterton<http://chesterton.es/?numero=7&articulo=turista>.
2. El viajero mira al turista (y se avergüenza de lo que ve)
«Antes de responder, considera lo siguiente: ser etiquetado como un visitante forastero no deja de ser un inconveniente que hace que los locales te sobrecarguen al darte el cambio del taxi o que intenten venderte joyas falsas. Actualmente en algunos lugares eso te podría costar mucho dinero. Hace unos años, seis pistoleros disfrazados de oficiales de policía dispararon al azar a los turistas que visitaban el templo de Hatshepsut en Egipto, matando a 70 de ellos. Los turistas han sido atacados –y en ocasiones asesinados- en Guatemala, Rusia, Sudáfrica e incluso aquí en los Estados Unidos. “Tu no quieres ser un turista” afirma Sharon B. Wingler, azafata de avión y autora del libro “Travel Alone & Love It: A Flight Attendant’s Guide to Solo Travel”. “Los turistas son el objetivo de los rateros, mendigos, pedigüeños, ladrones, estafadores, gigolós, prostitutas y, peor aún: secuestradores y terroristas” afirma.
»Entonces, que eres tú, ¿viajero o turista? »¿Alguien respondió viajero? Buena respuesta »Pero, ¿cómo mezclarse con el resto si no hablas su lengua? ¿Cómo arreglárselas para no parecer que te encuentras perdido? Tanto si te encuentras en camino por negocios o por placer, tengo algunos consejos de viaje que pueden serte muy útiles.
»Primero una definición de turista:
»1. Ellos pueden ser señalados por la manera como visten »2. Ellos difícilmente se mezclan en los acontecimientos locales »3. Ellos actúan, algunas veces, como si estuvieran fuera de lugar.
» DE ACUERDO, sabemos ahora qué no debemos hacer cuando estamos en ruta. Pero ¿Cómo hacer para viajar como un auténtico viajero?
»1. No lleves la casa contigo […] Viaja ligero de equipaje. Cargar con pesadas maletas realmente te hace parecer un turista.
»2. Mantén una actitud adecuada. […]Intenta evitar las expresiones de asombro al mínimo (“¡Oh, rascacielos!”) y observar tu alrededor como si pertenecieras a él.
»3. Conoce tu destino[…]Evita los “lugares calientes” (lugares peligrosos que atraen tanto a los turistas como a los delincuentes o artistas de calle) y encontrarás más fácil mezclarte en armonía con él.
»4. Actúa correctamente¿Cómo se comportan los viajeros? Como si supieran lo que están haciendo.
»5. Al mismo tiempo, estate preparado para cualquier imprevisto y lleva contigo cosas de utilidad […]no dejes nada al azar mientras estés de viaje […]Los turistas tienden a olvidar que cuando están viajando no están en casa. Parece obvio, pero considerando lo que los turistas llevan consigo –y lo que no llevan- no es tan obvio.
Con un poco de conocimiento, esfuerzo y práctica, no es tan difícil parecer como alguien que sabe qué está haciendo. Esto podría hacer tu viaje mucho más seguro y confortable.»
Christopher Elliott
<http://www.microsoft.com/smallbusiness/resources/finance/business_travel/be_a_travel_pro_not_a_tourist_5_tips.mspx>. Traducción del original en inglés por los autores
3. Anatematización de los turistas que imitan a los viajeros
La relación conflictiva con el turismo de masas se fundamenta, no obstante, sobre una paradoja y asume el carácter de un “círculo vicioso” (Welk 2004: p 87), porque la finalidad de un viajero acaba, más pronto o más tarde, por ser absorbido por el circuito del turismo institucional. Además, el mochilero hoy tiene otro enemigo del que tomar distancia: el mochilero conformista. Ello puede ponerse en relación con la creciente popularidad del viaje desorganizado durante el último decenio, y con su transformación de fenómeno marginal y estilo de vida alternativo a fenómeno mainstreamy experiencia socialmente aceptada (y casi obligatoria para los jóvenes de ciertos países al finalizar su formación académica o universitaria, o después del servicio militar).
Fuente: <http://www.backpacker.it/backpackers.html>. Traducción del original en italiano por los autores
4. La furia del viajero
«Incluso desde una distancia de 12 yardas, era un ruido inconfundible; el zumbido furioso del inglés amante del arte, elevado a un tono de murmullo rabioso. “No, no, no – no pienso apartarme del camino, estoy CONTEMPLANDO EL ARTE y no tengo ninguna intención de moverme para que puedas tomar una foto de tu MUJER CULONA frente a Michelangelo, o sea que ¿por qué no TE VUELVES a Disneyland o a Iowa, o al MALDITO lugar de donde provienes? […]»
Hensher, P. «Tourism, the destroyer of hope» The Independent , 4 de Agosto de 2000. Londres
<http://findarticles.com/p/articles/mi_qn4158/is_20000804/ai_n14338412>. Traducción del original en inglés por los autores
5. El turista sale del armario
Autor: Spaguetti
«Cada día me dan más asco los horteras culturosos que te miran por encima del hombro porque te has ido de vacaciones a Fuengirola 15 días con tu cuñado o has logrado ahorrar lo suficiente para pagarte nueve días ocho noches en un todo incluido en Fuerteventura (o en el mejor de los casos en Punta Cana); mientras ellos se han ido un mes a pasarlas putas a la India, comiendo y bebiendo cosas que harían vomitar a un sapo y durmiendo en lugares, como poco, llenos de ladillas. Todo esto, eso sí, bajo un halo intercultural, de respeto hacia el diferente, de mezclarse con la población, ser uno con el cosmos, que te hace sentir, como poco, como un hijo puta o una mierda de tío que no sabe vivir la vida. Pues que quieres que te diga, prefiero vivir acomplejado con mi dry-martini (o mi cervecita) en mi tumbona en Gandia.»
Post en un blog personal. Fecha: 07/09/2006 23:48. Fuente: <http://sergiodelmolino.blogia.com/2006/070401-turistas-vs.-viajeros.php>
Demasiado turismo matará al turismo. Esta frase, u otras metafóricas similares que introducen mágicas gallinas de de oro, resume perfectamente una contradicción en la que en apariencia se mueve la actividad turística. Parece que cuanto mejor funciona, más cerca se está del desequilibrio y del fin del negocio. En parte es lo que se desprende de las teorías evolutivas como la del ciclo de vida de los destinos turísticos. Nadie pone en tela de juicio que los destinos y los negocios turísticos sufren un desgaste con el paso del tiempo y que deben acomodarse constantemente a los cambios acaecidos en los mercados y en la manera de entender el tiempo de ocio. No obstante, resulta mucho más dudoso que la cantidad (por exceso) de visitantes sea un factor decisivo para explicar el declive de los destinos. La idea de saturación implica preguntar ¿Cuántos son demasiados? Y ello obliga a negociar con la física y otras ciencias una cuestión a aplicar en el campo social con los riesgos que este trasvase transdisciplinar supone. Por ejemplo, la noción de capacidad de carga, quizás irrebatible en el tubo de ensayo con moscas drosophilas, plantea muchos más matices en el laboratorio social humano. Las colas de turistas que impiden una visión privilegiada (a solas) de un monumento o de un cuadro son las que al mismo tiempo (previo pago de una entrada o compra de un artículo) contribuyen a su conservación y mantenimiento. Salvo en algunas excepciones donde la relación entre visita turística y degradación del recurso es directa (por ejemplo en la cueva de Altamira), el impacto físico que los turistas ocasionan en la mayoría de espacios patrimoniales es mucho menor que la capacidad que tienen de financiarlos (la degradación de las fachadas de algunas catedrales, murallas u otros monumentos no se debe a la presencia de turistas, sino al mal de la piedra provocada por la circulación de vehículos o por condiciones meteorológicas desfavorables. Es más, sin los ingresos proporcionados por los visitantes sería mucho más complicado el mantenimiento de buena parte del patrimonio).
La masificación en turismo se asocia con frecuencia a la presencia dominante de perfiles de poca capacidad adquisitiva. Es cierto que no por traer más turistas a un destino los ingresos obtenidos son mayores por unidad, pero el aumento de la calidad tampoco funciona de manera inversamente proporcional al número de visitantes. Por poner un ejemplo, se ha asociado la aparición de las compañías de vuelo low cost a un perfil de turista también de “bajo coste”. Sin embargo, y con tozudez estadística, aparece reflejado que parte del ahorro en el precio final del vuelo acaba transmitido al consumo en destino. Por no hablar de las numerosas ciudades, anteriormente fuera del mapa turístico, que han podido constituirse como destino por el hecho de conectar sus aeropuertos mediante las compañías de bajo coste.
Más allá de las estadísticas, se intuye una razón ideológica que acompaña, y en buena medida explica, la fobia a las masas en los destinos. La historia del turismo va unida a la consecución de hitos sociales. Las vacaciones pagadas, el Estado del Bienestar, la consolidación de las clases medias, la ampliación del tiempo del ocio sobre el de trabajo, o más recientemente, la mejora de las condiciones de salud de la tercera edad y su mayor presencia en la actividad turística. El derecho al turismo, su universalización y democratización, distan todavía de ser un fenómeno global puesto que hay grupos sociales y sociedades enteras excluidas. Se puede alegar que viajar no es una necesidad vital pero tampoco es obligatoria, por lo que la decisión de hacerlo por parte de millones de nuevos turistas cada año es otro indicador más de bienestar más que de desigualdad.
El problema parece enfocarse sobre todo en que quienes deciden viajar lo hacen al unísono y a los mismos lugares, denotando así, la falta de criterio y una canalización del viaje hacia determinados destinos. El viajero, como hemos visto anteriormente, inicia el viaje con criterio y de forma individual, con los menores intermediarios posibles (que no quiere decir con la ayuda de ninguno). Una lectura diferente es considerar el turismo de masas como fenómeno social y la cultura del viajero como un elemento más del individualismo de nuestros tiempos. La oposición entre el turista gregario (idiota sedentario que viaja en grupo) y el viajero independiente inteligente (explorador inquieto que viaja en solitario) resulta una explicación cómoda para esconder otro tipo de oposición, entre los que tienen medios económicos para escoger entre ofertas de viaje exclusivas (que les permite viajar a solas) y los que no.

Aún así podemos preguntarnos ¿y qué es lo que hace que todos los turistas tiendan a ir a los mismos lugares? Sin duda no es por falta de criterio ni de capacidad de libre elección. Más bien al contrario, por su capacidad de saber escoger perfectamente aquello que más les interesa o le conviene para finalidades de ocio en cada momento de su vida. Como elemento socializador, los destinos de masas cumplen su función perfectamente; como práctica que bebe de elementos simbólicos, el turismo tiende a focalizarse en recorridos y lugares must see. Tampoco la oferta es abundante y aunque pueda parecer que se expande por todo el planeta, hay muchos lugares aturísticos o vacíos, por lo que en realidad es insuficiente para poder escoger entre muchas oportunidades. Finalmente, el boca-oreja decide en muchos casos la elección de destinos similares, proceso en el cual, más que tratarse de dejarse llevar por la moda sin capacidad de decidir por si mismo se trata de considerar cuál podrá ser la experiencia más satisfactoria partiendo de la información más fidedigna posible de que se pueda disponer. Es decir, las decisiones de destinos y prácticas vacacionales por parte de los turistas representa una toma de decisiones racional, o cuanto menos, que conlleva una estrategia asociada de acuerdo, con unas motivaciones e intereses que responden a un momento vital concreto. Momento vital que, por lo demás, debe contextualizarse en dos características fundamentales de la actividad, como son —a pesar que a menudo no salga reflejado en la estadística oficial que sólo recoge los movimientos que traspasan fronteras— (1) que el turismo es una actividad que implica desplazamiento a corta y media distancia (los 1.000-1.500 km de alcance siguen siendo a pesar de los avances en los sistemas de transporte un umbral en el cual se produzca repetición, fidelización ,y por lo tanto, apropiación simbólica de los destinos por parte de sus visitantes-usuarios) y (2) que la dinámica se intensifica en unas cuencas receptoras específicas situadas a esa distancia desde los principales centros emisores del mundo desarrollado, entre los cuales está, como es conocido, el Mediterráneo.
Caleidoscopio
La ampliación del museo del Prado (Madrid)
El museo del Prado ha realizado una importante inversión (152 millones€) para su renovación y ampliación. Anualmente este museo recibe dos millones de visitantes que, con la ampliación, se pretende que alcancen los 2,5 millones. Miguel Zugaza, director del museo del Prado, reflexionaba en una entrevista en el diario La Vanguardia (28-12-2007) acerca del aumento de la afluencia de visitantes a los museos y las posibilidades de estos para satisfacer la experiencia de sus usuarios:
“(...) ¿Se puede abrir a todo el mundo sin caer en la masificación?En buena medida, ampliamos para gestionar una asistencia ya masiva, que está formada por personas que vienen al museo a disfrutar de una experiencia individual memorable. Debemos responsabilizarnos de que esa experiencia sea satisfactoria. (... )
Dos millones son muchas personas. Jean Clair afirma que los museos han sido entregados a las hordas de turistas.(...) No se puede menospreciar el esfuerzo de un japonés que viaja a Madrid para disfrutar de Las Meninas. Me asusta una afluencia descontrolada. Pero nuestra función es convertirla en razonable. La masificación es un hecho irreversible. (...) ¿No es partidario, por tanto, de limitar el acceso al público?No. Y me gustaria que el museo fuera de acceso gratuito, como los británicos. Aunque eso ahora no es sostenible estamos trabajando en esa dirección (...). ¿Cómo satisfacer’ al amante del arte que antes se plantaba una hora ante un cuadro? Inevitablemente, esa experiencia, en un gran museo, pertenece al pasado. Pero hay que evitar que la visita se convierta en un sprint”,
La Vanguardia, 28 de octubre de 2007, pg. 47
La reconstrucción social del turista culmina recientemente con la incorporación de un ingrediente novedoso: la ética del turista y su capacidad de actuar y favorecer el cambio social a través de la práctica del turismo. En realidad, la distinción dicotómica clásica entre turista nuevo y turista viejo ya apunta esta tendencia (Poon, 1993). El turista nuevo reúne las condiciones óptimas (reflexivo, inconformista e incapaz de producir impactos negativos) mientras que el turista viejo (irreflexivo, conformista y depredador) simboliza el peor perfil. Las nuevas tendencias de la demanda, que todavía no son mayoritarias, enlazan con una consideración hacia la sostenibilidad y la responsabilidad ética de los turistas. Ciertamente, tiene gran valor que se impulsen nuevos formatos de turismo responsable y se organicen proyectos de desarrollo local en regiones empobrecidas. No obstante, el debate se enfoca de tal manera que parece que todo turista que no entre dentro de estos nuevos parámetros (viejos turistas) resulta un ser degradado y degradante. Quizás sería más realista afirmar que los nuevos turistas se alejan de las prácticas recreativas para adentrarse en otros contextos donde se mezcla (o incluso desaparece) ocio y otros aspectos, tomando el turista un papel más similar al de un guerrillero, un cooperante, un educador, un explorador o un observador político. El mismo criterio aplicado desde el punto de vista de la oferta justificaría la aparición de las denominadas modalidades de turismo alternativo.
Caleidoscopio
Nuevas temáticas en turismo sostenible. Extracto del programa del Seminario Turismo y decrecimiento de la Universidad de Grénoble, 2007
«¿El decrecimiento como una nueva matriz de lectura para reconstruir el mito turístico? Desde hace unas cinco décadas el turismo de masas contribuye a la generalización de las prácticas, de los valores y de las ideologías de la movilidad, dentro del contexto de un amplio consenso sobre la virtud del acceso a los “Otros lugares”. El hecho de que este “derecho al turismo” concierna sólo al 5% de la población mundial pero que modifique profundamente las sociedades y ambientes visitados incita a un número creciente de actores y observadores a formular juicios críticos, de los que surgen modelos reformistas o alternativos que pretenden transformar el turismo en “sostenible”, “responsable”, “justo”, “solidario”, e incluso “humanitario”. De manera transversal a estos movimientos, pero frecuentemente sobrepasándolos mediante una radicalización de las exigencias éticas, sociales, culturales y ambientales, la perspectiva del decrecimiento sostenible renueva y pone el acento del debate sobre el estado y prácticas del turismo. Este proceso opera a través de una interpelación de « evidencias » constitutivas del hecho turístico contemporáneo como son la movilidad, el exotismo, el trabajo, el ocio, el consumo, la publicidad, la mercantilización, la tecnología… Pero se actúa también motivados por una utopía basada en la inversión de los códigos dominantes del turismo : a la proximidad, lo cotidiano, la autonomía cultural, la frugalidad, la autoproducción recreativa, la reducción del gasto, la ralentización de los desplazamientos y el compromiso con el tiempo se les atribuyen un sentido y unos valores positivos. Más que como un acto puramente individual el turismo se percibe desde un contexto político, como una inmersión en las problemáticas locales, como una revisión de las políticas de ordenación del territorio, de transporte, de desarrollo económico […]
Algunos de los temas abordados en el seminario:
¿Cuáles son los indicadores, experiencias, y prácticas que anuncian el decrecimiento del turismo y la confirmación de un turismo o viaje de decrecimiento ?
¿El turismo de decrecimiento se considera como un turismo de crisis y de repliegue? ¿O se trata, por el contrario, de una gestión voluntaria y positiva?
¿El turismo de decrecimiento corresponde a un nicho contracultural, investido por las fracciones minoritarias de las clases medias culpabilizadas e inquietas ?
¿Es deseable, oportuno, posible… imaginar las aplicaciones del turismo de decrecimiento dentro del campo del turismo de masas ? O, por el contrario ¿el decrecimiento aplicado al turismo no es sólo pertinente en términos de oposición o alternativa al turismo masificado?
¿Se puede todavía denominar turismo a esta forma voluntaria de viaje de decrecimiento?¿No anuncia la transición hacia un posturismo, hacia un transturismo inscrito en un proyecto transmoderno (Dussel, R. Rodríguez-Magda, M. y Mignolo, W.), es decir focalizado sobre cuestiones éticas y de liberación?
Fuente: <http://www.degrowth.net/Seminaire-Tourisme-et-Decroissance>
Traducción del original en francés por los autores
El turismo responsable como movimiento social. Reacción vs recreación
« […] el Turismo Responsableno aparece como un tipo o modelo de turismo específico, sino como un movimiento:
a) Que busca establecer modelos de desarrollo turístico sostenibles y específicos para cada zona de destino, para lo que se han de tener en cuenta sus variables sociales, económicas y medioambientales.»
b) Que denuncia los impactos negativos que el turismo conlleva o puede conllevar en las sociedades anfitrionas, así como la imagen distorsionada que los visitantes pueden hacerse de la realidad que han ido a conocer.
c) Que valora y reclama la responsabilidad de turistas, tour-operadores, anfitriones e instituciones públicas a la hora de favorecer modelos turísticos sostenibles.
»Desde esta forma de entender el Turismo Responsable, el problema no consiste, solamente, en considerar que el turismo pueda ser un motor de desarrollo al que hay que ponerle algunos mecanismos correctores ante los riesgos que entraña. Se trata de una cuestión de perspectiva previa: el turismo, como cualquier otro nuevo recurso que genera beneficios, se convierte en un espacio de confrontación social. Un recurso en el que los distintos sectores sociales implicados no necesariamente tienen los mismos intereses, sino que muchas veces, al contrario, tienen posiciones claramente opuestas. De esta forma, a pesar de que el turismo internacional en los países del Sur generalmente supone un aumento de los problemas para la mayor parte de la población, también puede implicar un potencial de desarrollo de sectores marginados de esas mismas zonas. La cuestión es entender esta dinámica de confrontación y tener claro al lado de quien queremos estar.»
Fuente: Gascón, Jordi & Cañada, Ernest <http://es.oneworld.net/article/archive/5712/>.
Sea como sea aparecen varios motivos de fondo relacionados entre si, más allá de las simples modas, que permiten aproximarse a una explicación de estos cambios hacia una nueva tendencia. En primer lugar el sentimiento de culpa. No hay que olvidar que los neoturistas (o turistas-cooperantes) proceden mayoritariamente del primer mundo y que frecuentemente su profesión, modo de vida y prácticas de consumo habituales son los propios de las clases medias de los países ricos. Dedicar el tiempo de ocio al turismo ético no deja de ser una compensación personal, una autosatisfacción, pero no una solución a los problemas globales. El concepto de solidaridad engarza con esta tendencia hacia el turismo justo pero probablemente su triunfo real requiera una mayor ampliación del campo de batalla (y no solo tomarse unas vacaciones “responsables” antes de volver a la realidad cotidiana). De producirse el salto el turista ocasional se convierte en activista permanente con lo que su experiencia pierde el carácter lúdico.

El segundo argumento es la capacidad de empatía y el respeto intercultural. El turista nuevo parece ser capaz de acercarse desde dentro a las sociedades y culturas que visita, incluyendo una participación activa (y/o transformadora en la misma) mientras que el turista viejo es un simple elemento externo e incapaz de comprender lo que ve, cuando no se comporta de forma intolerante ante la diferencia cultural. El Equipo MIT realiza una interesante reflexión, que resumimos, acerca de la idea de virginidad cultural y las máculas que el turismo supuestamente introduce en las sociedades receptoras (Équipe MIT, 2002). La dicotomía museificación/transformación esconde en ocasiones una voluntad de mantener un status quo o de preservar intactos (museificados) algunos privilegios sociales. El control de la población local puede ser más fácil sin la intervención de agentes externos (turistas entrometidos) y, de paso, la reserva de espacios y su frecuentación limitada permite encarecer los precios de acceso justificando su apertura a precio elevado, y por tanto restringiendo su acceso a las elites. Allí donde el turismo se ha introducido de lleno y genera cambios culturales el discurso es diferente. En esos contextos, se afirma que el turismo desvirtúa la cultura tradicional y la pervierte por contacto exterior. La idea de preservación de la cultura respecto al turismo es poco convincente por tres motivos: 1) se da por sentado que la cultura está en un equilibrio estable y que sin la influencia externa no se modificaría; 2) se parte de la creencia en la pureza y la singularidad de las culturas; 3) se perciben los procesos de aculturación como excesivamente negativos. Se ignora con demasiada frecuencia que las culturas no son inmutables y que es bueno que así sea. Los turistas pueden acelerar los cambios pero no los imponen puesto que es la sociedad local quien acaba metabolizándolos o descartándolos. Los procesos de aculturación son permanentes pero no engendran uniformidad cultural, ya que son apropiados y reformulados por cada cultura, que no por ello dejará de ser singular y diferente al resto.
Caleidoscopio
Turismo y neocolonialismo
Se tiende a menospreciar las aportaciones que la propia actividad turística convencional puede realizar como reacción al neocolonialismo. La organización Save Tibet hace la siguiente propuesta en uno de sus documentos: «La principal razón por la que no ha tenido lugar una campaña para desmotivar a la gente a visitar el Tibet ha sido (contrariamente a lo que sucedió, por ejemplo, durante el appartheid en Sudáfrica) porque el Dalai Lama, el líder religioso y temporal del Tibet, ha animado a los turistas a aportar su testimonio acerca de lo que estaba sucediendo en el Tibet.»
Fuente: Paradox lost: how not to be a tourist in Tibet. A report by the International Campaign for Tibet <http:// www.savetibet.org>.
Turismo de experiencias y patrones consumistas. El caso del ecoturismo
Algunos impactos habituales des???? de la ????? del ecoturismo:
Consumo de combustibles fósiles durante el traslado, uso de vehículos a motor durante la observación de la vida salvaje y consumo de comida y otros productos durante la experiencia ecoturística.
Compra de recuerdos que requieren un determinado grado de consumo de recursos.
Deterioro gradual e imperceptible del medio mediante la erosión, pisoteo de vegetación y otros efectos derivados de la observación de la vida salvaje y la instalción de equipamientos.
Las listas de especies animales como un marcador de consumo, es decir una vez se ha observado una especie esta pierde su interés y ya no se busca más, es decir se ha consumido.
Fuente: Weaver, D. B. The Enciclopedia of Ecotourism. CABI Publishing. Wallingford,2003.
Un último argumento gira sobre la alternativa entre consumo y no consumo. No puede obviarse, en este sentido, que en la sociedad occidental los individuos y los grupos han aprendido a construir su identidad a través de los valores que imputan a sus opciones de consumo, entre las cuales está el consumo turístico o, dicho de otro modo, sus decisiones tomadas acerca de los lugares donde van a pasar las vacaciones. Como consecuencia, se está observando un proceso de generalización de diferentes tipos de destinos, con actividades, programas e instalaciones específicas, que, con la finalidad de satisfacer las expectativas de sus visitantes mediante el consumo de lugares, de una u otra manera, empaquetan y comercializan el ocio (Ritzer, 1999).
Desde esta perspectiva, el turismo se fundamenta en la satisfacción de experiencias mediante el consumo de lugares. Ello implica que el consumidor debe desplazarse hacia el lugar de producción para que tenga lugar dicha experiencia, y que ha de regresar posteriormente a su lugar de origen. Durante la estancia es frecuente la movilidad para aprovechar la visita viajando a lugares cercanos en forma de ruta o itinerario, con lo que se produce un segundo nivel de movilidad en destino.
Un destino turístico es, desde está perspectiva, un sistema territorial de características específicas en cuanto a su finalidad social —la gestión de las expectativas de los turistas— que cuenta como componentes fundamentales con unos elementos primarios que configuran su posicionamiento (recursos y atracciones) y unos elementos secundarios que facilitan su consumo (establecimientos de alojamiento, locales para el entretenimiento, comercios, etc.) y que le otorgan también singularidad material. Sus características específicas están condicionadas, en primer lugar y globalmente, por factores como la legislación vigente, los agentes que han intervenido en su desarrollo o la tecnología disponible en el lugar donde se localiza. Ahora bien, su naturaleza como destino viene dada por su accesibilidad física, por la percepción que de él tienen los propios visitantes, por su estrategia de promoción y comercialización y por las expectativas que los turistas depositan sobre él. Y, en algunos casos, ello se traduce en la creación de espacios específicos para turistas, que funcionan a causa de su especialización y que, más allá de prejuicios ideológicos y sociales asociados a la condición de uso del espacio y del tiempo que hacen tales visitantes se convierten en nuevos espacios de competitividad territorial a partir, precisamente, de la presencia de turistas.
En profundidad
El turismo de montaña en Europa
El desarrollo turístico en áreas de montaña se ha fundamentado en la explotación de recursos naturales y paisajísticos de diverso tipo. Tradicionalmente ha coexistido un turismo extensivo de valoración de lo natural y de contacto con la naturaleza con formas turísticas intensivas de frente y enclave basadas en la explotación del recurso nieve y en una generalmente escasa consideración por aspectos ambientales. En este sentido, debe indicarse que la distribución de la nieve en Europa viene determinada por la localización de los grandes sistemas montañosos y de las altas latitudes, si bien su aprovechamiento turístico (estaciones de esquí y montaña) se produce en las zonas próximas a los centros emisores y países cuyos sistemas social, económico y técnico lo posibilitan. De hecho, la mayor parte de las actividades turísticas y recreativas en áreas de montaña en Europa se concentran en los 190.000 km2/240.000 km2, según los autores, de los Alpes.
Los comienzos del esquí se produce en los Alpes y su generalización está ligada a los intereses de importantes compañías de ferrocarriles, que promovieron y financiaron el equipamiento hotelero de las primeras estaciones en los años treinta. Francia, por ejemplo, cuenta en los Alpes con 30 estaciones de más de 20 remontes cada una y un total de casi 1.450 remontes mecánicos, destacando La Plagne (112 remontes) y Alpe d’Huez (87), entre otras estaciones. La zona de los Tres Valles en Francia representa el área esquiable más importante del mundo. Italia cuenta en el macizo alpino con casi 50 estaciones de esquí, que suman 1.100 remontes. Sus centros son más pequeños que los franceses, y entre ellos destaca Cortina d’Ampezzo (55 remontes). Menor es el papel del esquí en los Pirineos, que a diferencia de los Alpes han posibilitado el desarrollo de un mercado turístico de nieve de carácter estrictamente regional. Por otra parte, el desarrollo de instalaciones turísticas para deportes de invierno en Europa central y oriental ha sido, hasta el momento, considerablemente menor. Ello no obsta, sin embargo, para que se pueda considerar que algunos de los desarrollos más inapropiados desde un punto de vista ambiental están localizados en estas áreas (caso de los Altos Tatras en Eslovaquia o de los resorts de los Cárpatos cercanos a Brasov). El desarrollo del esquí se ha traducido en la generación de procesos de urbanización turística de carácter residencial. Ahora bien, mientras que en Suiza, Alemania y Austria el desarrollo de resorts turísticos de invierno se ha realizado a partir de la expansión de núcleos rurales pre-existentes, en el caso de Francia, el desarrollo se ha realizado fundamentalmente a partir de la creación de resorts ex-nihiloa gran altura. En cualquier caso, si bien la mayoría de las inversiones, ayudas y publicidad se suele referir a los productos turísticos de invierno, no puede olvidarse que los espacios de alta montaña son también destinos turísticos para la época estival. Así, los Alpes reciben anualmente cerca de 50 millones de turistas y 150 millones de visitantes de día o de fin de semana que se distribuyen en un 40% durante el verano y en un 60% en viajes de fin de semana.
Fuente: Anton Clavé, 2000.
Así, por ejemplo, el desplazamiento en el destino y el consumo de lugares y de productos puede generar un sentimiento de frustración y contradicción entre turistas concienciados por el agotamiento de los recursos no renovables. De ahí, por lo tanto, que el turismo alternativo y sostenible plantee nuevos productos y formatos, aunque en realidad en muchas ocasiones sus impactos no difieran demasiado de otras formas turísticas convencionales. Por el contrario, otros segmentos de demanda obvian tales problemas cuando deciden acceder a destinos de turismo de masas como puede ser Benidorm.
En términos sintéticos, desde la perspectiva de la demanda, podría considerarse, por lo tanto, que un destino turístico es un lugar de consumo que goza de una imagen que le otorga un determinado simbolismo social. En él se pueden adquirir productos comercializados de contenido fundamentalmente recreativo en el marco de una concreta combinación de componentes que, según y cómo esté organizada, dota de mayor o menor calidad el conjunto. Otra cosa es, en este sentido, la percepción que de sus visitantes tienen sus residentes en función de los procesos sociales que desencadenan y que han sido tradicionalmente analizados por la sociología de las relaciones entre huéspedes y anfitriones en términos de creciente hostilidad en la medida que se producen tensiones por el abuso en el uso y la especialización de un espacio común que es considerado propio por los residentes.

Caleidoscopio
Dos decálogos para una mejor comprensión acerca del turista y del turismo
El turismo ni es bueno ni es malo. Depende.
La gestión pública del turismo puede corregir los errores o los puede amplificar. En todo caso, si bien es cierto que la gestión pública no garantiza un buen turismo la no gestión pública asegura un mal turismo.
El derecho al turismo debe ser un derecho universal. No una obligación, por supuesto.
Todas las personas que se desplazan por motivos de ocio son turistas. Los viajeros, los exploradores, los trotamundos o los alternativos son tan turistas como la familia Ulises en Benidorm.
Ninguna forma turística es a priori menos nociva que otra. Hay formas de turismo rural, urbano, natural o etnológico que hacen más estragos que el turismo litoral bien gestionado. Las laderas del Everest están saturadas de desechos y las playas de la Melanesia reciben los despojos de los yates de lujo.
El sector económico del turismo tiene la misma dignidad que la alta costura o la industria aeronáutica. Es cierto que hay chiringuitos infectos, pero España posee 20 cadenas hoteleras entre las 100 primeras del mundo y es líder en MICE, marketing turístico, en restauración o en gestión de mega eventos.
La mayoría de la gente detesta a los turistas, pero no renuncia a ser un turista. Cuando visita un parque natural y se encuentra con varias docenas de visitantes se pregunta «¿Y qué hacen éstos aquí?», pero no es capaz de responder: «Pues lo mismo que tú».
Es cierto que los espacios turísticos pueden ser burbujas aisladas de la identidad del lugar. Pero ha llegado el momento de debatir sobre qué es identidad, como se relaciona esa identidad con el turismo y por qué no se considera que el turismo también es identidad.
El turismo no es construcción. El 94% de la oferta de la Comunidad Valenciana no son ni hoteles ni campings. Si cartografiamos la incidencia espacial de los hoteles en la costa mediterránea, con la excepción de las Baleares, el impacto es ínfimo.
No hay plan de pueblo, comarca o región (incluso de un continente), que no apueste por la vía turística como la estrategia preferente de futuro. Aunque en el contexto contemporáneo, es cierto que cualquier lugar puede ser turístico, eso no quiere decir que todos los lugares serán turísticos. La vía turística no es obligatoria y, en muchos casos, es rotundamente desaconsejable.
Fuente: Donaire, 2007. Post en un blog personal. <http://donaire.blogspot.com/2007/07/turismofobia.html>
Los preceptos del MIT:
No considerarás al turista como una oveja ni a un grupo de turistas como un rebaño.
Diferenciarás entre un grupo de coches de turistas y una división panzer.
No venderás dos veces la misma habitación de hotel o la misma plaza de avión. Evitarás vender esta última al señor Fulanito al doble de precio que a su compañero de viaje.
Te alojarás al menos una noche en el hotel que has recomendado en tu guía, que has ubicado en tu catálogo de ventas, o que has construido.
Degustarás los platos que describes en tu guía.
No pintarás de tinta violeta un cristal de roca para convertirlo en una amatista.
No intentarás hacer pasar el flamenco por una danza mallorquina.
No criticarás a aquellos que se molestan en venir a llevarte ingresos a domicilio.
No insultarás en tahitiano a los turistas llegados para admirar la danza tamoure.
Si un turista comete un delito –incluido el sexual- no incriminarás la categoría a la que pueda momentáneamente pertenecer, como así tampoco a la de su edad, religión, nacionalidad o color de su piel.
Fuente: Équipe MIT, 2002.