La situación se agrava y se desata el conflicto,
1936-1941
Después de la detallada información contenida en “informe especial” de septiembre de 1935, destinada a los departamentos competentes del Partido y del Estado, no pasó mucho tiempo antes de que la Policía Secreta apareciera en Schoenstatt, y por primera vez abiertamente. En febrero de 1936, funcionarios del cuartel de la Policía del Estado de Coblenza se presentaron en la Casa de Ejercicios de Schoenstatt a hacer una visita de inspección. Registraron las piezas de algunos padres que desarrollaban actividades en el Movimiento. Como el P. Kentenich estaba ausente –se encontraba en Speyer dando una tanda de ejercicios– no se registró la suya. Como medida de precaución, por cierto, ya en los meses de otoño, septiembre a diciembre de 1935, el P. Kentenich había enviado documentos y correspondencia a un lugar secreto en la Selva Negra.
Es muy posible que la Gestapo comenzara, en esa misma época, principios del 1936, a preparar expedientes sobre los dirigentes del movimiento de Schoenstatt. Estos documentos parecen haberse perdido para siempre. Sin embargo, en el Archivo del Servicio Internacional de Búsqueda (de personas) de la Cruz Roja de Arolsen-Waldeck, se conserva una cantidad de fichas en las cuales se mencionan los distintos expedientes con el título de sus carátulas.
El P. Albert Eise, colaborador del P. Kentenich desde la fundación de Schoenstatt en la Primera Guerra Mundial, fue uno de los primeros miembros de la dirección central de Schoenstatt cuyo nombre aparece en los expedientes de la Gestapo. La primera anotación ingresada sobre él en el cuartel de la Gestapo de Coblenza, con fecha 9 de marzo de 1936, menciona su “posición política” con las iniciales K.A., es decir, Acción Católica. El resto de la información es más bien inocua: “Contra E. no existen hechos (sic), ni desde el punto de vista moral ni político, de los cuales se infiera que no posee la confiabilidad necesaria para desempeñar una ocupación en el ámbito de la prensa alemana”. Esta acotación fue hecha en el contexto del nombramiento del P. Eise como director del periódico “Reina de los Apóstoles”, de las comunidades de la Liga Apostólica Schoenstattiana. El P. Eise había sido designado para esta tarea,que hasta entonces había desempeñado el P. Kentenich, porque se suponía que como soldado de una unidad de elite, varias veces condecorado en la primera Guerra Mundial, cumpliría mejor que nadie con los requisitos legales para directores de periódicos, según decreto del 4 de octubre de 1933. Pero este juicio favorable sufrió una drástica revisión el año siguiente. Una anotación de la Gestapo, del 23 de febrero de 1937, asevera que “Eise es director del periódico mensual “Reina de los Apóstoles”, cuya edición de diciembre debió ser incautada por contener expresiones conducentes a suscitar dudas en el lector y una falsa impresión acerca del equipamiento militar alemán. Otros contenidos pueden ser descritos como ataques odiosos contra el Partido y el Estado. El 11.2.1937, Eise recibió una seria advertencia de parte del Ministro de Ilustración Popular y Propaganda del Reich”.([42])
P. Albert Eise.
Dos años y medio después, el 26 de julio de 1939, en Stuttgart, la Gestapo sometió al padre Eise a un interrogatorio que duró más de cuatro horas. El motivo fue una serie de pláticas sobre el matrimonio y la familia que él había dado desde el 2 al 7 de mayo de ese año en la parroquia vienesa “Reina de la Paz”. Como era usual en la Gestapo, inmediatamente trataron de inculparlo acusándolo de haber realizado una “salvaje campaña difamatoria” en contra del Estado, con afirmaciones como éstas: que la Iglesia iba a ser asesinada en Alemania; que los matrimonios no cristianos no podían tener valor ni estabilidad; que en los jardines infantiles estaba prohibido rezar; que el derecho a la educación de los niños correspondía primeramente, más aun, exclusivamente, a los padres, etcétera. Las respuestas y rectificaciones del padre Eise fueron tildadas, por el funcionario que las recibió, de “artes jesuíticas de tergiversación”. En todo caso, las imputaciones de la Gestapo no tuvieron secuelas visibles, por el momento, para el P. Eise. En el expediente de la Gestapo del 13 de diciembre de 1936, sobre el Movimiento de Schoenstatt, su ficha individual menciona un proceso y un número de referencia, pero no dice nada sobre el contenido del mismo.
En 1937, se dedicó un expediente individual al P. Alex Menningen, expediente que, a juzgar por su ficha personal, con el tiempo llegó a ser bastante voluminoso. Un informe, ingresado el 22 de septiembre de 1937, advierte que el P, Menningen desarrolla una actividad potencialmente peligrosa para el Tercer Reich en lo concerniente al rearme: “Es asesor de los estudiantes de teología en asuntos que conciernen al Servicio del Trabajo y al Servicio Militar. Su correspondencia fue puesta bajo vigilancia, lo cual confirmó lo dicho anteriormente”.
Los problemas del P. Menningen aumentaron después de publicar una biografía de José Engling, el primer semestre de 1938, bajo el título de “Héroe de la Vida Diaria”. El 17 de octubre de 1939, se informa que: “Ha publicado el libro “Héroe de la vida diaria” a fin de promover la canonización y difusión de la figura de José Engling. El libro fue prohibido”. En la misma anotación se hace referencia, una vez más, a las actividades del P. Menningen como asesor espiritual de la juventud: “Es asesor espiritual de reclutas del Ejército y del Servicio del Trabajo del Reich”. Al día siguiente, el 18 de octubre de 1939 –a estas alturas la Gestapo parece muy interesada en Schoenstatt– se menciona nuevamente esta actividad, pero ahora se la interpreta como colaboración con quienes pretenden eximirse del servicio militar: “Menningen ha puesto especial empeño en que se eximan del Servicio Militar los jóvenes novicios palotinos” (sic). Pocos meses antes, basándose en el tristemente célebre “Decreto del presidente del Reich para la protección del pueblo y del Estado”, del 18 de febrero de 1933, en virtud del cual se dio a Hitler dominio sobre el pueblo alemán, aun antes de la ley de plenos poderes del 24 de marzo de 1934, se inició un proceso criminal contra el P. Menningen porque en el “Instituto de las señoritas inglesas” de Aschaffenburg había dado un día de retiro “sin autorización”. El proceso fue suspendido por el momento.
P. Alex Menningen.
El 27 de marzo de 1940, la Gestapo descubrió que el P. Menningen había escrito y publicado el libro “Fue hallado fiel”, título que sonaba inofensivo pero bajo el cual se ocultaba “una versión abreviada del libro prohibido ‘Héroe en la vida diaria’, que con el número 1066 está incluido en la lista de libros dañinos e indeseables”. La Gestapo de Coblenza, evidentemente, solicitó a la Dirección Superior de Seguridad de Reich en Berlín la prohibición del libro “Fue hallado fiel”, pues a continuación se lee: “Confiscado y retirado de circulación”. Exactamente catorce días después, la Dirección Superior de Seguridad pidió al cuartel de la Policía del Estado de Coblenza un informe sobre el P. Menningen, pues supieron que había dado cursos de formación en la capital yugoeslava. Desgraciadamente, del informe de la Gestapo de Coblenza que, según puede presumirse, ha de haber sido muy interesante, no se ha conservado copia. Después de esta comunicación, no hay más anotaciones de la Gestapo sobre el P. Menningen hasta el 28 de agosto de 1943. Entretanto, el P. Menningen fue designado secretario general, en Hamburgo, de la Asociación san Rafael, desempeñando así un puesto que aun lo puso más estrechamente bajo la vigilancia de la Gestapo, porque esa asociación gestionaba la emigración de los católicos llamados “no arios”, es decir, católicos de ascendencia judía.([43])
Su regreso al distrito de Coblenza parece importante para la Gestapo pues tomó nota de ello: “El 28.7.1943, viniendo de Hamburgo, Michaelstr, 7, dio aviso de su llegada en Lonning, distrito de Mayen”. De un informe del 27 de junio de 1944, se infiere que su correspondencia estaba siendo interceptada. Sin embargo, esta medida de la Gestapo no arrojó nada: “No se capturó material incriminatorio”. En esta época del Movimiento de Schoenstatt, las comunicaciones que pudieran constituir “material incriminatorio” ya no eran despachadas vía correo estatal sino a través de un sistema propio de información.
La primera comunidad perteneciente a Schoenstatt que tuvo que vérselas con la Gestapo fue la del Apostolado de los Enfermos. Dado que sus miembros, a causa de sus dolencias, poco podían ir a Schoenstatt o asistir con frecuencia a reuniones de grupo, dependían especialmente del intercambio epistolar. Con este objeto, la dirección del Movimiento, entre otras cosas, editaba una circular que aparecía todos los meses. El 10 de diciembre de 1938, el primer informe tiene fecha 14 de diciembre de 1938, aparecieron dos hombres de la Gestapo en la casa de la directora del Apostolado de los Enfermos. Exigieron, antes que nada, un listado de sus miembros. Con presencia de ánimo y valor, la directora les pasó una lista de personas fallecidas. Dos días después tuvo que ir a un interrogatorio en la calle del Canto del Pájaro. Al día siguiente recibió una nueva citación por correo. Entretanto, en sus viajes desde y hacia Coblenza, se dio cuenta de que la seguían. Como resultado del interrogatorio, la Gestapo prohibió la edición de los boletines del Apostolado de los Enfermos bajo amenaza de una multa de 1.000 marcos o medio año de cárcel. El policía del pueblo donde vivía la directora y donde estaba también la secretaría, recibió el encargo de confiscar el rodillo de la máquina copiadora que se usaba para confeccionar los boletines. Como era un buen hombre, cumplió la orden pero no remitió el rodillo a Coblenza sino que lo conservó durante un tiempo en su casa, y cuando las cosas se aquietaron, lo devolvió a su dueña. Los boletines pudieron aparecer de nuevo, pero en adelante no fueron enviados por correo sino a través de los miembros y grupos de la juventud femenina de Schoen-statt en toda Alemania, y remitidos a sus direcciones.([44])
Miembros de la SS. Al frente, Heinrich Himmler, detrás, Reinhard Heydrich.
La estrecha vigilancia y creciente coacción contra el Movimiento de Schoenstatt que se inició en el año 1936, reflejan el incremento y agudización de la lucha contra la Iglesia en todos los ámbitos. La estructuración de las fuerzas policiales represivas estuvo a cargo de Himmler y Heydrich. El 17 de junio de 1936, Himmler fue nombrado Jefe de la Policía Alemana en el Ministerio del Interior del Reich; pocos días después, el 26 de junio, él nombró a Heydrich “Jefe de la Policía de Seguridad”. El término “en el Ministerio del Interior del Reich” no significaba que Himmler, ni Heydrich, estuvieran subordinados al Ministro del Interior. Tampoco los distintos departamentos menores de la administración interna podían dar órdenes a la Gestapo o al Servicio de Seguridad. Al respecto, es significativo que el 29 de abril de 1935, el Ministro del Interior del Reich y de Prusia aún tenía el poder necesario para dictar un decreto que hacía depender de la aprobación del Ministro toda orden de prisión preventiva([45]) de un clérigo, “excepto en casos en que el arresto inmediato sea absolutamente necesario para la protección del detenido o para la seguridad y el orden públicos”.([46])
El decreto fue reiterado, y no sin razón, el 1º de julio de 1935([47]), pero anulado sin más trámite por otro del 25 de enero de 1938([48]). Himmler y Heydrich podían actuar a su arbitrio, prácticamente sin limitaciones, por encima de la administración regular y de la delegación judicial([49]). Ellos tenían su Estado dentro del Estado, el “Estado SS”, como lo ha descrito Eugen Kogon.
Cuando el 1º de septiembre de 1938 estalló la Segunda Guerra Mundial y el nacionalsocialismo pudo proceder con más dureza que nunca, la lucha contra la Iglesia entró también a una etapa más intensa. Las policías secretas de la Gestapo y del Servicio de Seguridad, hasta entonces separadas, fueron reunidas bajo una jefatura común recién creada: la Dirección Superior de Seguridad del Reich (RSHA), a cuya cabeza, en adelante y hasta su muerte, el 4 de junio de 1942, estuvo Reinhard Heydrich, y después Ernst Kaltenbrunner.
La guerra les dio suficientes pretextos para restringir las actividades de las iglesias y para proceder contra personas e instituciones catalogadas como “enemigas del Estado”. Esta presión aumentó especialmente durante la primera mitad de la guerra, cuando el ejército alemán logró victorias espectaculares cuyo brillo permitió a Hitler, Himmler y sus seguidores, poner en marcha siniestras medidas largamente planeadas, como la “solución final del problema judío”.
A raíz del comienzo de la guerra, las inspecciones a Schoenstatt se hicieron más frecuentes y más estrictas. En la primavera de 1940, se produjo un primer encarcelamiento: el P. Joseph Fischer, asesor espiritual de los peregrinos que visitaban el Santuario de la Madre tres veces Admirable, fue detenido el 1º de marzo y enviado a la cárcel en Frankfurt pero, siete semanas después fue dejado en libertad gracias a la amnistía decretada el 20 de abril para conmemorar el día del nacimiento de Hitler.
Casi medio año después, se produjo otra intervención de la Gestapo: la Dirección Superior de Seguridad del Reich prohibió al padre Franz Reinisch, quien desde noviembre de 1938 se desempeñaba como asesor espiritual en la central del Movimiento de Schoenstatt, disertar y predicar en el Reich alemán. Esto se debió a unas conferencias que había dado, el 3 de abril de 1940, a grupos de adultos y de juventud masculina del Movimiento, en Winzeln, Würtenburg.
El conflicto entre el nacionalsocialismo y Schoenstatt, sin embargo, no se limitó a los miembros y comunidades de la Obra de Schoen-statt sino que también se extendió al lugar, en la provincia palotina del norte de Alemania, en Limburgo junto al Lahn. Con el tiempo, la Gestapo se dio cuenta de que el lugar de Schoenstatt, con sus distintas casas dedicadas a asuntos religiosos, especialmente el santuario de la Madre tres veces Admirable, desempeñaba un papel único en la vida y fuerza vital del Movimiento.
El primer golpe contra las propiedades ubicadas en Schoenstatt ocurrió en los meses de otoño, septiembre a diciembre de 1938. El 9 de octubre, la dirección del colegio e internado de los Padres Palotinos fue notificada que, como dicho colegio no se consideraba necesario, a partir del 1º de abril de 1939 debía cerrar sus puertas. Esta medida respondía a una política de eliminación de colegios católicos privados en general y, especialmente, de los seminarios y noviciados([50]). Los últimos estudiantes abandonaron el colegio en marzo de 1939.
Si bien en un principio existió la esperanza de poder dedicar la casa a otro uso religioso, pronto, en la Semana Santa del mismo año, los Padres Palotinos recibieron una información diferente: cuando una comisión de la gobernación del distrito de Coblenza revisó la casa, la encontró adecuada para albergar un establecimiento nacionalsocialista de profesores, apreciación que envió a sus superiores en Berlín. Al poco tiempo recibió orden de arrendarla, y en caso de que los propietarios se negaran, iniciar un procedimiento de expropiación.
“Bundesheim”. Casa de ejercicios.
Ante esta forzosa disyuntiva, los Padres Palotinos se decidieron por el arriendo, que se formalizó justamente en el día 19 de abril de 1939, vigésimo quinto aniversario de la fundación de la Congregación Mariana en el colegio e internado. La casa debía ser traspasada a sus nuevos usuarios el día 1º de mayo. El 19 de mayo ingresaron los primeros alumnos del nuevo establecimiento de formación de profesores. La apertura solemne se celebró el 25 de mayo. El jefe del NSDAP([51]) del distrito de Coblenza, Claussen, aprovechó la oportunidad para manifestar su satisfacción de que en los espacios de un colegio conventual con espíritu medieval “se hubiese introducido un nuevo espíritu, más sano… gracias a una juventud alemana vigorosa y optimista”([52]). A partir de esa fecha, la bandera con la svástica ondeó en un mástil ubicado al lado del patio del colegio que daba hacia el Santuario de la Madre tres veces Admirable. Otra bandera con la svástica cubría una imagen en relieve de la Santísima Virgen, sobre la entrada principal del lado este([53]). Era de temer que a este golpe siguieran otros destinados a restringir y neutralizar la vida y la labor escolar de Schoenstatt. En un principio, quisieron incluir en el arriendo el edificio del Wasserburg([54]), detrás del santuario, en el valle, para usarlo como casa habitación para los miembros del cuerpo docente, pero desistieron en vista de que requería demasiadas modificaciones. Mucho más que Wasserburg, la “Bundesheim”([55]), Casa de Ejercicios situada frente al colegio e internado, despertó la codicia de los nuevos dueños del poder. Su clausura habría restringido considerablemente las actividades del Movimiento de Schoenstatt, sobre todo porque los sacerdotes que allí vivían, incluido el P. Kentenich, también habrían tenido que abandonar la Casa.
Este peligro se descartó por un tiempo, pues al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la Casa de Ejercicios había sido destinada a servir de albergue al seminario diocesano en caso de que la ciudad de Treveris, cercana a la frontera, tuviera que ser evacuada. Si bien esto no sucedió, el vicariato general del obispado de Tréveris instaló allí un archivo con los registros de bautizos, matrimonios y defunciones de las parroquias de las diócesis situadas en la frontera con Francia. En sus recintos también se guardaron valiosos paramentos y objetos de arte provenientes de las zonas limítrofes directamente amenazadas por la guerra. Esta utilización de la Casa ofreció, por el momento, cierta protección.
La tregua terminó después de la campaña contra Francia y el armisticio de Compiègne, el 22 de junio de 1940. El archivo eclesiástico volvió a Trevéris en los días 17 y 18 de agosto y las parroquias evacuadas ya se habían llevado sus objetos artísticos a sus lugares de origen, en el interior de Alemania. El 24 de noviembre, funcionarios de la Gestapo se presentaron tres veces seguidas en la dirección de Movimiento de Schoenstatt, en la Casa de Ejercicios. Su interés principal pareció centrarse en la secretaría, cuyos libros hojearon una y otra vez, y finalmente se los llevaron a Coblenza. Que estaban tramando algo más, se hizo evidente poco después, cuando el 10 de diciembre llegó una orden prohibiendo dar cursos y jornadas para laicos, en el futuro. El peligro era muy grande. La casa no podía ser usada con eficiencia sólo para ejercicios y jornadas para sacerdotes. Si no se le daba otro uso, había que contar con una confiscación o expropiación. Primero surgió la idea de interesar a la administración de la ciudad de Vallendar, con la cual se mantenían muy buenas relaciones. En Navidad se conversó con el alcalde, quien propuso que fuera arrendada por la ciudad de Vallendar para convertirla en sanatorio. Se manifestó de acuerdo con que los sacerdotes de la Casa pudieran seguir viviendo allí y con que el manejo económico de ella permaneciera, como hasta ese momento, en manos de las Hermanas de María. Pero, por muy bien intencionada que hubiese sido esta propuesta, encontró poca aceptación entre los responsables de los asuntos de Schoenstatt.
Entretanto, pareció que las tensiones comenzaban a disminuir. El 8 de enero de 1941, llegó una comunicación que modificaba la prohibición total de dar cursos para laicos: se restablecían los ejercicios para mayores de 18 años, a condición de no interferir con los trabajos requeridos por la economía de guerra. No obstante, desde otro lado, llegó una señal de peligro.
El 6 de enero, fiesta de la Epifanía del Señor, el gobernador de Coblenza preguntó a la sede provincial de los palotinos de Limburgo si habían sostenido conversaciones y con quién, respecto de una venta o arriendo de la Casa de Ejercicios de Schoenstatt. Es altamente probable que el gobernador hubiese husmeado algo sobre las conversaciones con el alcalde de Vallendar. En Schoenstatt se supo, a su vez, que la administración del distrito de Coblenza pensaba instalar en ella un gran establecimiento educacional. Algunos miembros del Partido de Vallendar, por su parte, esparcieron el rumor de que la organización dedicada a la asistencia social nacionalsocialista quería reclamar la Casa de Ejercicios para convertirla en casa de reposo para madres.
Pero el mismo 6 de enero, cuando la gobernación de Coblenza hacía averiguaciones en la sede provincial de los palotinos en Limburgo, una delegación del Comando XII del Ejército en Wiesbaden inspeccionó la casa de ejercicios para ver si podía ocuparla como hospital. El 2 de enero, unas Hermanas de María habían ido a Wiesbaden a conversar con el médico jefe a fin de recomendarle la casa de Schoenstatt para ese fin. Se sabía que en ese momento, medio año después del fin de la campaña en el frente occidental y medio antes del comienzo de la guerra contra la Unión Soviética, los militares necesitaban hospitales. Como el plan era osado pues las Hermanas esperaban ayuda contra la Gestapo y el Partido, inicialmente temieron que no resultara. Pero el 17 de enero, cuando fueron nuevamente a Wiesbaden, a visitar al médico jefe, se enteraron que de que éste aceptaba recibir la Casa de Ejercicios. A mediados de marzo llegó un comando de sanidad, y el 25 del mismo mes, en la fiesta de la Anunciación a María, llegaron los primeros pacientes, soldados que venían de Scharlach. De esa manera, la Casa quedó protegida contra su incautación por parte de la Gestapo y el Partido. La administración de sanidad del Ejército permitió que los sacerdotes y las Hermanas vivieran en los espacios que habían ocupado hasta entonces. Entre ellos se encontraba el P. Kentenich.([56])
A más tardar desde noviembre de 1939, la Gestapo estaba en posesión de un informe secreto bastante extenso que proporcionaba abundante información sobre el Movimiento de Schoenstatt. El informe, que llevaba un timbre que decía “Información secreta del Reich”, fue elaborado por la Gestapo de Fulda y enviado, el 17 de noviembre de 1939, a la Dirección Superior de Seguridad del Reich. Al analizar los datos de este informe, no es posible evitar la impresión de que éstos les fueron entregados por personas que conocían muy bien el Movimiento, tal vez estudiantes de teología que se pasaron a la Gestapo, que ciertamente los hubo. El informe tiene 17 páginas escritas a máquina y se titula: “El Movimiento de Schoenstatt y su influencia en la diócesis de Fulda”. Contiene los siguientes temas:
a) Historia.
b) La estructura externa.
c) Las fuerzas internas.
d) La situación actual.
e) El Movimiento de Schoenstatt en la diócesis de Fulda([57]).
No podemos entrar aquí en todo el informe y sus numerosos detalles; sólo destacaremos los puntos que tratan sus apartados.
La historia del Movimiento de Schoenstatt empieza con un análisis que el P. Kentenich hace de la época actual, según el cual “las manifestaciones de nuestra vida cultural” muestran “un descenso moral y una decadencia que va en constante aumento”. Sigue con una descripción de los esfuerzos de san Vicente Pallotti por fundar un “apostolado católico”, que constituye una suerte de preludio a la Acción Católica anunciada por Pío XI. Después se describe el proceso de fundación del Movimiento de Schoenstatt y se lo vincula, acertadamente, con el Santuario de la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt: desde allí, por intercesión de la Virgen María, brotaría una “corriente de gracias y la renovación religiosa y moral del mundo”, según la misión que anunció el P. Kentenich, como asesor espiritual de la Congregación Mariana de estudiantes del colegio e internado de Schoenstatt.
Al describir la organización del Movimiento de Schoenstatt, se recalca ante todo la “perspicaz adaptación” a las circunstancias externas y, en cuanto a la organización del Movimiento, el “sistema de grupos”. Destaca, además, la red de vinculaciones personales y los controles, y el compromiso de los miembros de la Federación Apostólica de practicar “un apostolado permanente en el ámbito de sus trabajos”.
En cuanto a la descripción de las “fuerzas internas” del Movimiento, en primer lugar se resumen diversos puntos que debieron parecerles especialmente significativos. Por ejemplo, en la página cinco, dice: “Lo fundamental de Schoenstatt es que con su libertad y elasticidad en materia de organización y su gran capacidad de adaptación a las circunstancias externas, el Movimiento de Schoenstatt pretende hacer realidad lo esencial de la antigua idea de las Órdenes religiosas católicas, pero sin aquello que, hasta ahora, ha constituido la forma de estas Órdenes. Quiere despertar su espíritu, aunque sin establecer vínculos por medio de votos. Por eso, Schoenstatt no se muestra como una organización, liga o asociación, sino… como un Movimiento educacional ascético que trata de realizar la exigencia total, histórica y dogmática del cristianismo con el más alto grado de compromiso”. Evidentemente, Schoenstatt aparece, ante los ojos de la Dirección Superior de Seguridad, como una empresa católica que competía con el NSDAP([58]). Otra frase del informe tiende a confirmar esta impresión: “Llama la atención en el Movimiento una fe francamente ciega en su vocación y una conciencia de misión desarrollada en forma extraordinariamente vigorosa…”.
El apartado sobre la situación actual empieza diciendo: “Parte de la esencia del Movimiento es llevar una existencia de catacumbas”. En las explicaciones sobre la Federación, se subrayan expresiones tales como “comunidad de dirigentes”, “selección,” “jamás un movimiento de masas“, “columnas del Movimiento”. Se enumeran ocho comunidades que lo integran:
1. Sacerdotes.
2. Teólogos([59]).
3. Estudiantes secundarios.
4. Juventud masculina.
5. Grupos de hombres adultos.
6. Grupos de profesores.
7. Juventud femenina.
8. Instituto de las Hermanas de María.
En este apartado se dedica también una página a los escritos de Schoenstatt. Nuevamente se destaca la disciplina de los schoenstatianos. El informe deja constancia de que, según una fuente confidencial, el P. Menningen estaba preparando una nueva biografía de José Engling con el título de “Fue hallado fiel”, que reemplazaría al libro prohibido “Héroe de la vida diaria”.([60])
En cuanto a los dirigentes del Movimiento, se nombra a las siguientes personas: El P. Kentenich, director de la central de Schoen-statt; el P. Menningen, entonces transitoriamente ocupado en Fulda; y (para la diócesis de Fulda) al Dr. P. Hermann Schmidt([61]). Se menciona especialmente al P. Hufman, de Olpe, Westfalia, encargado de la dirección de los grupos de teólogos([62]) schoenstatianos, quien “visita constantemente las distintas facultades de teología para activar el Movimiento entre sus estudiantes”([63]).
El informe muestra especial animosidad en contra del padre Menningen. Dice que es considerado “el verdadero táctico, el mejor y más perspicaz del Movimiento; que tiene especial habilidad para mantenerse, por principio, en segundo plano y dejar a otros los cargos oficiales”. Menciona también su pseudónimo de escritor: Hermann Löhrbach.
La relación de las actividades del Movimiento de Schoenstatt en la diócesis de Fulda consta de dos partes: 1) Intenta demostrar, cosa que no logra hacer la Gestapo, que el Movimiento de Schoenstatt “estaba a punto” de llevar a cabo las ideas de Schoenstatt en toda la diócesis como resultado de una política personal, extraordinariamente hábil del palotino Alexander Menningen. 2) Denuncia a un grupo de Hermanas de María, cuya actividad en una parroquia de la diócesis era, desde hacía años, “una piedra en el zapato” para los jefes del Partido de esa zona.
La afirmación básica de la primera parte, que Schoenstatt, por así decirlo, estaba a punto de apoderarse de la diócesis de Fulda, es un montaje sumamente impreciso que deja la impresión de ser fruto de una cierta invidia clericalis. Era cierto que el P. Menningen, después de ser designado a Fulda, mantuvo vínculos con sacerdotes de la diócesis y que estos lazos eran obviamente más fuertes con los sacerdotes schoenstatianos, como el P. Hermann Schmidt, que entonces se desempeñaba como canónigo de la catedral y trabajaba en la sede episcopal. Pero no había ni un ápice de verdad en los planes que se le imputaban. Por lo demás, de haber existido, difícilmente hubiese podido llevarlos a cabo.
Hermanas de María y niños del Jardín Infantil.
La relación que el informe hace sobre las actividades de las Hermanas de María era muy concreta y acertada en lo esencial. En realidad, más bien parece un catálogo de las más graves acusaciones, evidentemente recopiladas durante años. Se les reprocha ejercer gran influencia en las familias y de haber producido discordias y desavenencias “en varias familias en las que el marido es fiel al NSDAP”([64]). Que un jardín infantil abierto por la Asistencia Social Nacionalsocialista (NSU) en 1934, un año después no pudo abrir en la época de las cosechas porque, en ese lapso, las Hermanas habían abierto su propio jardín infantil católico, y lograron convencer a la mayoría de las madres de que “la salud espiritual de los niños católicos quedaba extremadamente amenazada bajo el cuidado de una asistente de la NSU”. Además, a través del jardín infantil, las Hermanas realizaban un “trabajo planificado entre los habitantes de la vecindad”.
“A los niños –siguen las acusaciones contra ellas– les cambiaron el saludo ‘Heil Hitler’ por ‘Grüß Gott’([65]). Debido a su tenaz actividad, la vida de los grupos católicos se había fortalecido de tal manera que ya no se puede hablar de una participación popular generalizada en los actos del Partido o en la Asociación de Mujeres nacionalsocialistas”. “Una de las Hermanas, que fue designada a un lugar vecino como ayudante de la parroquia, desarrolló allí una actividad similar contra el Partido. Las recolecciones para las “obras de los trabajos de invierno” (WHW) del Partido se habían visto seriamente perjudicadas por culpa de las Hermanas. Ellas, en cambio, recibieron donaciones mucho más generosas”.
Debido a su influencia, las integrantes de la Asociación de Mujeres y de la Juventud Femenina, es decir, casi todas las señoras y niñas de la parroquia, se mantuvieron alejadas de la celebración nacional del “retorno a casa” de Austria, el 18 de abril de 1938.
A raíz de las extensas denuncias, en sus dos últimas páginas el informe propone un plan para reorganizar todas las instituciones que prestaban asistencia espiritual en la diócesis de Fulda. Se habla, entre otras cosas, de instituir nuevos comités y oficinas centrales. Un comité diocesano general de asistencia espiritual, y distintos comités para los diferentes grupos de edad y estado civil de las personas. La última noticia que la Gestapo incluye en su informe para Berlín dice que el P. Menningen tiene intenciones de “transferir a Fulda la central de la dirección del Movimiento y el así llamado Santuario de la Federación de la ‘Mater ter admirabilis’ en caso de decretarse una prohibición que afectara a Schoenstatt”. Puede que se haya conversado la posibilidad de dirigir la Obra desde Fulda en caso de no poder hacerlo desde Schoenstatt. Pero cabe decir, con plena seguridad, que ningún dirigente del Movimiento de Schoenstatt pensó en trasladar el Santuario de la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt a otro lugar.
A las autoridades de Seguridad del Reich no les importaba si el informe proveniente de Fulda era o no fidedigno en todos sus puntos. Para ellos era importante desde un doble punto de vista: ponía de manifiesto la peligrosidad fundamental de Schoenstatt para el Partido y el Estado y aportaba información sobre actividades de las Hermanas de María, las cuales constituían pruebas concretas de esta peligrosidad.