L P. José Kentenich se refirió más de una vez al memorable “20 de enero y su entorno” como al “eje de la historia de Schoenstatt”, y lo decía con absoluta fe en que ese día una “irrupción de gracias” había enriquecido la Obra de Schoenstatt, tal como sucedió el 18 de octubre de 1914, día del Acta de Fundación. Se refería así a las fuerzas vitales sobrenaturales que han sostenido y configurado los destinos de Schoenstatt, particularmente en tiempos de duras pruebas.
Animado y fortalecido por estas gracias, el P. Kentenich decidió, después de haber sido arrestado por la Gestapo en enero de 1942, ofrecer a la divina Providencia asumir la cruz en aras de su Fundación y aceptar el sufrimiento de ser enviado como prisionero al campo de concentración de Dachau. Esta ofrenda fue aceptada por Dios, como puede verse claramente en los hechos que rodearon su vida y obra, durante su permanencia en el campo de concentración.
De suyo, un campo de concentración es el lugar menos apropiado para el crecimiento espiritual, y menos aun para desarrollar un proyecto sistemático de apostolado. En una carta escrita poco después de su ingreso, describe Dachau como una “ciudad de muerte, de paganos, esclavos y locos”. A pesar de estas circunstancias extremadamente difíciles, el P. Kentenich lograba reunir a su alrededor a sacerdotes y laicos que acudían regularmente a las reuniones que él organizaba. Su conducción sacerdotal, sus pláticas y meditaciones eran para ellos fuente de apoyo espiritual que los ayudaba a resistir, a partir de la fe, los diarios padecimientos del campo de concentración.
Con el tiempo, los prisioneros que pertenecían o habían pertenecido a Schoenstatt formaron grupos que trabajaban en la clandestinidad, de modo que, en medio del campo de concentración, la Obra de Schoenstatt siguió creciendo a partir de pequeñas células vivas. Fue aquí donde el P. José Kentenich dio comienzo a la fundación de la Obra Familiar y del Instituto de los Hermanos de María de Schoenstatt.
Todo esto sucedía a pesar de la estrecha vigilancia de la SS([1]), a pesar de la disentería y epidemias de tifus([2]) que arrebataron a cientos, más aún, a miles de prisioneros.
En circunstancias a veces propias de un relato de aventuras, el padre mantuvo contacto epistolar (que estaba prohibido) con la Familia de Schoenstatt que se encontraba fuera del campo de concentración. Sus extensos escritos la fortalecieron y orientaron en medio de los peligros de la persecución contra la Iglesia que desencadenó el Tercer Reich, y dirigieron el progresivo desarrollo del Movimiento por él fundado.
Las personas que participaron directamente en los sucesos que tuvieron lugar en el campo de concentración de Dachau o pudieron seguirlos de lejos, tienen la convicción de que durante ese tiempo el P. Kentenich estuvo siempre protegido por la Madre de Dios y asistido, en forma extraordinaria, por la gracia divina.
Un deber de gratitud nos insta a dar testimonio de ello. En consecuencia, el Dr. P. Engelbert Monnerjahn, historiador y colaborador de la Obra de Schoenstatt, asumió la tarea de levantar un monumento histórico a la acción de las gracias de la Madre y Reina tres veces Admirable de Schoenstatt y a la vida ejemplar y extraordinaria actividad del P. Kentenich en el campo de concentración de Dachau.
El presente libro está basado en fuentes confiables, que el autor encontró en gran cantidad, lo que le permitió exponer sin lagunas el desarrollo de los acontecimientos aquí narrados. Y lo hace en un lenguaje objetivo, claro y convincente. Sin embargo, su objetividad de historiador no le impide, junto a la búsqueda de fuentes y la cuidadosa evaluación de las mismas, hacer comentarios ocasionales sobre el trasfondo espiritual de los hechos, señalando los contextos profundos y causales del desarrollo histórico de los mismos y las dimensiones providenciales que éstos adquieren.
En la persona del P. Kentenich se encarna una espiritualidad drásticamente opuesta a la cosmovisión neopagana del nacionalsocialismo, lo que hizo inevitable el violento choque que se produjo entre ambos. En el estrecho espacio vital del campo de concentración, se desarrolló la dramática lucha entre los poderes contrarios a Dios y un hombre elegido por él, que logró vencerlos porque Dios hizo crecer a su alrededor el reino de Cristo y de la Madre tres veces Admirable de Schoenstatt.