CAPÍTULO I
La normativa educativa en España se basa en las directrices establecidas a nivel europeo para promover una transición digital inclusiva y transformadora en los sistemas educativos.
A nivel europeo, el Plan de Acción de Educación Digital 2021-2027 de la Comisión Europea establece un marco integral para fomentar ecosistemas educativos digitales resilientes y accesibles. Esta iniciativa subraya la importancia de la colaboración transnacional, la innovación educativa y el acceso inclusivo a las herramientas digitales, destacando la competencia digital como una habilidad transversal esencial para mejorar los resultados de aprendizaje y promover la participación activa en la sociedad digital.
En línea con este enfoque europeo, el modelo DigCompOrg, desarrollado por Kampylis, Punie y Devine (2015), ofrece un marco organizativo que guía a los centros educativos en su proceso de transición digital. Mediante la autoevaluación y la planificación estratégica, este modelo aborda aspectos clave, como la gobernanza institucional, las infraestructuras tecnológicas y las prácticas pedagógicas.
En España, la Ley Orgánica 3/2020, de 29 de diciembre, por la que se modifica la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOMLOE), incorpora entre sus principios la necesidad de integrar la competencia digital en el currículo y de impulsar la innovación metodológica mediante el uso de tecnologías. Asimismo, el Plan de Digitalización y Competencias Digitales del Sistema Educativo (Plan #DigEdu), promovido por el Ministerio de Educación y Formación Profesional, establece una hoja de ruta para fomentar la transformación digital de los centros educativos, el desarrollo profesional docente en competencias digitales y la equidad en el acceso a la tecnología. Este plan se articula en torno a actuaciones, como el programa Educa en Digital y la creación del Marco de Referencia de la Competencia Digital Docente a nivel estatal, en línea con el DigCompEdu europeo, y persigue garantizar una educación digital inclusiva, equitativa y de calidad en todo el territorio.
El sistema educativo catalán se ha alineado estrechamente con estas políticas europeas, reflejando las mismas prioridades en su Pla d’Educació Digital de Catalunya (PEDC) 2020-2023. Este plan estratégico tiene como objetivo situar a Cataluña a la vanguardia de la integración de tecnologías digitales en la educación, estructurándose en tres ejes fundamentales: el desarrollo de competencias digitales en el alumnado, la formación del profesorado y la transformación digital de los centros educativos. Estas áreas responden a desafíos, como la brecha digital, la adaptación a un mercado laboral cambiante y la necesidad de innovar en las metodologías pedagógicas.
El Marc de Referència de la Competència Digital Docent (2022), en consonancia con las directrices europeas, complementa el Pla d’Educació Digital al proporcionar un marco para el desarrollo profesional de los docentes, que abarca competencias clave, como la creación de contenidos digitales, la promoción del bienestar digital y la gestión ética de los datos. Este marco es esencial para garantizar que los docentes estén preparados para integrar las tecnologías en sus prácticas pedagógicas y liderar el cambio en sus centros educativos.
A pesar de los avances históricos y normativos, el sistema educativo catalán se enfrenta a retos, como la brecha digital entre regiones, la resistencia al cambio en algunos sectores educativos y la necesidad de garantizar un acceso equitativo a la tecnología. La implementación del Pla d’Educació Digital ha buscado abordar estos desafíos mediante inversiones en infraestructuras, formación docente y la creación de recursos digitales accesibles para todos.
En este contexto, el marco normativo catalán se posiciona como un modelo de referencia que combina la experiencia territorial con las directrices europeas. Este enfoque no solo permite responder a los retos inmediatos, sino que también establece las bases para una transición educativa sostenible y adaptada a las necesidades de una sociedad digital en constante evolución.
Este libro se enmarca dentro de este contexto normativo y conceptual. Sus objetivos son ofrecer a los futuros docentes y a la comunidad educativa una guía integral sobre cómo los centros educativos planifican y llevan a cabo su transformación digital, invitando a reflexionar sobre el papel de la tecnología en la educación, y contribuir al debate sobre cómo afrontar con éxito la digitalización educativa en los centros.
La digitalización en la educación catalana tiene sus raíces en iniciativas pioneras que han evolucionado de forma significativa a lo largo de las últimas décadas. Desde mediados de los años ochenta del siglo pasado, el sistema educativo de Cataluña ha integrado tecnologías como una herramienta esencial para modernizar los procesos educativos y preparar al estudiantado para un futuro cada vez más interconectado. Este proceso ha estado acompañado por la creación de marcos normativos que han consolidado su implementación de manera estratégica y sostenible.
La introducción de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) en Cataluña comenzó con el Programa d’Informàtica Educativa en los años ochenta, cuando las tecnologías digitales empezaron a considerarse un recurso clave en educación. Fue una unidad creada en el Departamento de Educación de la Generalitat de Cataluña con el objetivo de coordinar, promover y dar soporte a la integración educativa de la informática en las etapas no universitarias.
Posteriormente, en 1995, se implementó la Xarxa Telemàtica Educativa de Catalunya (XTEC) con el objetivo principal de fomentar la integración de las TIC en la educación. En un momento en que internet comenzaba a expandirse, la XTEC quería proporcionar a los centros educativos y al profesorado una red de servicios digitales para mejorar su labor docente y facilitar el acceso a recursos educativos en línea.
Sus objetivos iniciales incluían:
• Conectar las escuelas e institutos a una red educativa propia.
• Proporcionar materiales y recursos pedagógicos accesibles digitalmente.
• Impulsar la formación del profesorado en el uso de las TIC en el aula.
• Fomentar la colaboración entre docentes mediante espacios virtuales de comunicación e intercambio de experiencias.
• Apoyar la innovación educativa con proyectos e iniciativas relacionadas con las nuevas tecnologías.
Con el tiempo, la XTEC ha evolucionado y se ha adaptado a los cambios tecnológicos y pedagógicos, y sigue siendo un referente digital para el sistema educativo catalán.
A lo largo de la década a la que dio paso el año 2000 se implementaron proyectos, como el edu365.cat, un portal que ofrecía recursos educativos digitales a estudiantes y familias, y el Projecte Educat1x1, que introdujo dispositivos digitales y equipamientos avanzados en las aulas. Estas iniciativas no solo mejoraron el acceso a la tecnología, sino que también impulsaron cambios metodológicos en los procesos educativos, fomentando un aprendizaje más interactivo y personalizado.
El Decreto 119/2015, de Ordenación de los Ensayos de Educación Primaria, y el Decreto 187/2015, para la Educación Secundaria Obligatoria, que se basan en la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), modificada posteriormente por la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), integraron las competencias digitales como un componente esencial del currículo. Este enfoque reflejó un cambio significativo: las tecnologías dejaron de ser herramientas complementarias para convertirse en un eje transversal del aprendizaje en la educación obligatoria.
La competencia digital se introduce en el currículo educativo como una respuesta a los desafíos del mundo actual, en el que las tecnologías digitales son omnipresentes y desempeñan un papel crucial en la vida diaria, tanto en el ámbito personal como en el profesional. La introducción de esta competencia en el currículo tiene varios objetivos clave, todos orientados a preparar al estudiantado para un futuro en el que la habilidad para usar y gestionar la tecnología de manera ética y productiva es esencial.
Esta competencia, que implica el uso responsable y efectivo de las tecnologías para aprender, comunicarse y resolver problemas, ha pasado de ser una habilidad secundaria a convertirse en una de las competencias clave del currículo educativo.
En España, la competencia digital fue reconocida por primera vez de manera explícita en la Ley Orgánica 2/2006, de 3 de mayo, de Educación (LOE), aunque en un contexto más general de habilidades transversales. Sin embargo, no fue hasta la Ley Orgánica 8/2013, de 9 de diciembre, para la Mejora de la Calidad Educativa (LOMCE), cuando se empezó a dar mayor énfasis a la incorporación de las TIC como herramienta pedagógica, incluyendo la competencia digital como un eje fundamental para la formación integral del estudiantado. Como se menciona en el texto Tecnología educativa y competencias digitales en el aula, de Pérez-Sanagustín et al. (2015), «la LOMCE integra la competencia digital como una de las competencias clave, destacando su relevancia para el desarrollo personal y profesional del estudiantado en un contexto globalizado» (p. 214).
Por otro lado, en Cataluña, la Ley 12/2009, de 10 de julio, de Educación de Cataluña (LEC) también aborda la necesidad de incluir las TIC en el currículo, aunque, de nuevo, de forma más difusa. A lo largo de los años, las políticas educativas catalanas han seguido las directrices nacionales, pero adaptándolas a la realidad territorial. Un ejemplo de ello son el Decreto 119/2015, de 23 de junio, y el Decreto 187/2015, de 25 de agosto, que establecen la regulación de la competencia digital como una de las competencias clave en el currículo de la educación primaria y secundaria en Cataluña. Este decreto subraya la necesidad de integrar las TIC en todas las áreas del conocimiento y de fomentar su uso no solo como herramienta de aprendizaje, sino como un medio para desarrollar el pensamiento crítico y creativo del estudiantado. Como señala Sánchez y Díaz (2017), «la LEC y el Decreto 187/2015 marcan el inicio de una estrategia coordinada para asegurar que todos los estudiantes catalanes desarrollen competencias digitales antes de finalizar la educación secundaria» (p. 134).
La LOMLOE establece que la competencia digital es una de las competencias clave que debe desarrollar el alumnado a lo largo de su educación. En su artículo 13, la ley establece que la competencia digital no se limita al uso de las TIC, sino que se refiere a la capacidad para utilizar, de manera crítica y segura, las tecnologías para acceder, procesar y comunicar información.
Para que las titulaciones tengan el mismo valor en toda España, el Estado fija los contenidos básicos del currículo, conocidos como enseñanzas mínimas. A partir de este marco común, cada comunidad autónoma puede adaptar y completar el currículo en su territorio, siempre respetando esas enseñanzas mínimas. Además, los centros educativos, gracias a su autonomía, pueden desarrollar y ampliar el currículo que marca su administración educativa.
El Real Decreto 157/2022, de 1 de marzo, y el Real Decreto 217/2022, de 29 de marzo, establecen la ordenación y las enseñanzas mínimas de la educación primaria y la educación secundaria obligatoria en el Estado español.
En Cataluña, el Decreto 175/2022, de 27 de septiembre, establece la ordenación curricular de la educación básica (etapas de primaria y secundaria obligatoria). Este decreto define la estructura del currículo, incluyendo las competencias clave y el perfil competencial de salida que el estudiantado debe alcanzar al finalizar estas etapas educativas. La competencia digital es una de las competencias clave que el currículo educativo promueve para asegurar que el estudiantado no solo adquiera conocimientos, sino también habilidades y valores esenciales para su participación activa en una sociedad digitalizada.
La competencia digital, por tanto, ha sido reconocida en las legislaciones educativas no solo como una habilidad técnica, sino como una capacidad fundamental para el aprendizaje autónomo y el desarrollo de habilidades cognitivas y sociales.
El currículo incorpora la competencia digital mediante el desarrollo de habilidades básicas, como el uso de herramientas digitales para la búsqueda, la evaluación y la creación de contenidos, además de su aplicación en la resolución de problemas. Se pone énfasis en el uso responsable y seguro de las tecnologías, algo que se refuerza con el concepto de alfabetización digital.
En la etapa de primaria, se introduce la competencia digital con un enfoque más exploratorio y guiado, mientras que en secundaria se busca que el alumnado integre, analice y utilice la tecnología con mayor autonomía y sentido crítico.
Las competencias digitales del alumnado se recogen en la LOMLOE como competencias clave, y se concretan en las siguientes:
1) Información y alfabetización digital. Esta competencia se centra en desarrollar la capacidad del alumnado para buscar, evaluar y gestionar información digital de manera eficiente. Deben ser capaces de encontrar información de manera efectiva mediante diferentes fuentes digitales, como bases de datos, motores de búsqueda y redes sociales. Además, deben ser críticos con la calidad y la fiabilidad de la información.
2) Creación de contenidos digitales. El desarrollo de las habilidades del estudiantado para crear, modificar y compartir contenidos utilizando diversas herramientas tecnológicas, abarca la creación de textos, presentaciones, imágenes, vídeos y otros tipos de contenido digital. La creatividad es clave en este aspecto, al igual que la capacidad de adaptar el contenido a diferentes formatos y necesidades.
3) Comunicación y colaboración digital. El alumnado debe desarrollar sus capacidades para interactuar, comunicarse y colaborar con otros mediante plataformas digitales. Estas competencias se desarrollan mediante el uso de herramientas como el correo electrónico, foros y entornos colaborativos, que permiten compartir información, trabajar en equipo y resolver problemas de forma conjunta. También es fundamental desarrollar una etiqueta digital adecuada, promoviendo un uso respetuoso, responsable y ético de las tecnologías digitales en todos los contextos.
4) Seguridad digital. El desarrollo de esta competencia se relaciona con la capacidad del alumnado para protegerse a sí mismo y a sus dispositivos mientras navega en el entorno digital. Engloba la ciberseguridad, la gestión de la privacidad y la seguridad de los dispositivos. Es necesario que el alumnado conozca los riesgos asociados al uso de internet y desarrollen hábitos seguros, como la protección de contraseñas y la gestión adecuada de los datos personales.
5) Resolución de problemas digitales. La competencia en la resolución de problemas digitales implica el uso de herramientas y de recursos digitales para afrontar diversos retos y situaciones. Esto puede incluir la solución de problemas técnicos básicos, como la resolución de fallos en dispositivos o en aplicaciones, así como la utilización de herramientas digitales para abordar problemas en proyectos educativos o de investigación.
Estas cinco áreas de competencia digital ofrecen una base sólida y estructurada sobre los aprendizajes que el alumnado necesita para desenvolverse con autonomía y responsabilidad en entornos digitales. Para que este desarrollo sea real y significativo, es fundamental integrarlas de forma transversal en el aula y en la práctica educativa cotidiana.
En un contexto donde el estudiantado tiene acceso a una vasta cantidad de recursos en línea, es necesario que aprenda a discernir la validez y la fiabilidad de la información que consume. Este aspecto favorece un aprendizaje más autónomo y prepara al estudiantado para enfrentar el desafío de un mundo saturado de información.
La competencia digital también se manifiesta en la capacidad de comunicar y colaborar en entornos digitales, un área cada vez más importante en un contexto de aula digitalizada. Las plataformas educativas, como Google Classroom, y las herramientas colaborativas, como Google Drive o Microsoft Teams, permiten que el estudiantado no solo interactúe entre sí, sino también que desarrolle habilidades de trabajo en equipo en el espacio digital. Esto fomenta el aprendizaje activo y participativo, que promueve la cooperación y la creación de soluciones conjuntas.
La creación de contenidos digitales forma parte integral en el desarrollo de muchas áreas y materias. El alumnado debe ser capaz de crear, modificar y compartir contenido digital de forma ética y responsable. Herramientas como blogs, pódcast, vídeos y presentaciones digitales permiten que el estudiantado no solo consuma información, sino que la cree, reforzando, así, su autonomía y su creatividad. Este enfoque, basado en la creación de contenido, ayuda a consolidar los aprendizajes y favorece que sean más dinámicos y significativos.
Por último, la seguridad digital es otra competencia clave que debe desarrollarse en un entorno de aula digital. El estudiantado debe ser capaz de gestionar su identidad digital y utilizar las tecnologías de forma responsable y segura. Este aspecto es esencial en un contexto donde la juventud está cada vez más expuesta a riesgos cibernéticos. La digitalización de las aulas debe incorporar este aprendizaje en su currículo para garantizar no solo el acceso a tecnologías, sino también su uso de forma ética y segura (Sangrà y González-Sanmamed, 2016).
Al incorporar estas prácticas, los centros educativos permiten que el estudiantado adquiera habilidades clave para desenvolverse en la sociedad digitalizada actual y prepararse para asumir con garantías los desafíos tecnológicos futuros.