Título original: La fée aux choux, ou la naissance des enfants
Producción: Société des Etablissements L. Gaumont
Dirección: Alice Guy
Guion: Alice Guy
Intérprete: Yvonne Mugnier-Serand
País: Francia
Año: 1900
Duración: 50 segundos
Son muchos los grandes pioneros del cine que, por desgracia, han caído en el olvido con el tiempo, pero pocos casos resultan tan sangrantes como el de Alice Guy Blaché. Más allá del hecho de que sea la primera mujer directora de la que tenemos constancia (un dato que de por sí ya justificaría que su nombre fuera más conocido), se trata de una de las cineastas más importantes de los primeros años del cine, y solo por ese hecho ninguna historiografía del cine tendría sentido sin incluirla a ella en el puesto que le corresponde.
Alice Guy era la secretaria de Léon Gaumont, que tenía una empresa de venta de aparatos fotográficos. Ambos acudieron a una de las primeras demostraciones privadas que hicieron los hermanos Lumière de su cinematógrafo el 22 de marzo de 1895, y Guy quedó maravillada con el invento. Lo interesante de esta primera sesión es que, así como los Lumière nunca se interesaron por las posibilidades artísticas de esta innovación, prefiriendo la parte más técnica y científica, ella instantáneamente pensó que podría usarse para filmar pequeñas escenas de ficción. Guy le pidió entonces permiso a Gaumont para utilizar una cámara adquirida por la compañía para grabar algunas escenas interpretadas por sus amigos, y este aceptó siempre que eso no repercutiera en sus funciones de secretaria.
Esta situación ha llevado a la idea muchas veces repetida de que Alice Guy dirigió la primera película de ficción de la historia, que sería la primera versión de El hada de las coles (La fée aux choux, 1896), pero eso no es cierto. Aunque en la sesión a la que ella y Gaumont acudieron no se había proyectado todavía, el corto cómico El regador regado (L’arroseur arrosé, 1895) es anterior al debut de Alice Guy. No obstante, eso no es tan importante como el hecho de que Guy puede considerarse como la primera cineasta en pensar en el cinematógrafo como un invento para ser usado de forma sistemática para filmar historias de ficción, y lo condujo al camino principal que seguiría ese medio hasta nuestros días.
La primera versión de El hada de las coles se filmó en una terraza que daba a un solar vacío utilizando como decorado un fondo elaborado por un pintor de abanicos. En dicha versión, aparentemente una pareja paseaba por el campo y recogía a un bebé de un campo de coles. La gracia estaba en que esto hacía referencia a una historia que se solía explicar en Francia según la cual los niños venían de las coles y las niñas de las rosas. En todo caso, este primer cortometraje, que sería el primer filme de Alice Guy, se encuentra perdido, y solo lo conocemos por la descripción que hizo ella décadas después.
En 1900 y 1902, Guy volvería a filmar un argumento muy similar y bajo el mismo título, lo cual era una práctica común en la época. La versión que conocemos y que comentamos aquí de El hada de las coles es la de 1900. En un plano estático de menos de un minuto vemos un campo de coles donde un hada mira sonriente a cámara y va sacando bebés que se encuentran ocultos entre los vegetales. Curiosamente, algunos de estos son niños reales, pero otros se nota claramente que son muñecos. Es una obra muy sencilla y que en principio no tiene nada especialmente destacable, pero constituye un magnífico ejemplo de las primeras ficciones que se realizaron en el cine. En estos primeros filmes, la acción debía condensarse en un plano general de menos de un minuto, lo cual implicaba que la acción debía ser rápida y fácil de entender (como es el caso, al partir de un mito conocido por el público). Del mismo modo, podemos ver cómo aquí no se aplicaba aún el concepto de la cuarta pared y los actores interpelaban al público, en lo que es una influencia directa del vodevil. Eso tardaría unos años en desaparecer.
El éxito de las primeras obras de Alice Guy fue fulgurante y animó a Gaumont a dar el salto a dedicarse a la producción de películas, y se convirtió en uno de los estudios más importantes de los primeros años del cine. La industria evolucionaría rápidamente y, en consecuencia, en solo unos pocos años Guy se encontraría realizando una obra tan ambiciosa como La vie du Christ (1906), formada por varios planos generales y con una duración de media hora.
A lo largo de su carrera dirigiría unos mil filmes, de los que ahora se conservan solo un centenar. Hasta 1905 produciría todas las películas que se realizaron en la Gaumont y dirigiría la mayoría, controlando todos los aspectos artísticos de sus propias creaciones (guion, escenografía, montaje, etc.). Por si fuera poco, introduciría en el cine a otros futuros grandes pioneros de la época como Ferdinand Zecca, Victorin-Hippolyte Jasset o Louis Feuillade, que aprendieron el oficio gracias a ella. Por último, a diferencia de la mayoría de los pioneros del cine contemporáneos de Guy, que dejaron de dirigir películas con los cambios que fue experimentando el cine en los años diez, esta siguió en activo hasta principios de los años veinte, desempeñando buena parte de su trayectoria en los Estados Unidos, lo cual hace que su carrera sea especialmente interesante por mostrarnos cómo fue evolucionando junto al medio. Por todos estos motivos, Alice Guy Blaché merece ser tenida en cuenta más allá de por ser la primera mujer directora. Ella fue ni más ni menos que una de las primeras grandes cineastas en general, sin distinción de sexos, de la historia del cine.