2 MINUTOS ANTES DE EMPEZAR DE CERO

CENTRAL DE FUSION, WASHINGTON D.C.

—Permitidme terminar con una reflexión. Una última reflexión.

Cy se toma una pausa para observar a su público. Qué bien se le da esto, lo tiene todo controlado, piensa Justin. Es algo torpe, pero de un modo encantador. Todavía se notan las secuelas de una infancia sin amigos, de haberse pasado demasiado tiempo codificando sin prestar atención a los gritos alegres del patio y de verse luego, unos años después, con cien de los grandes ya en el banco, pero sin pareja para el baile de graduación.

—Lo de hoy no se trata solo de probar un concepto, ni siquiera de tener la oportunidad de demostrar a nuestros compañeros —dice, y se gira para señalar con la cabeza a los dos doctores de la CIA con los que comparte escenario— lo que podemos hacer cuando unimos nuestros recursos y trabajamos juntos… Aunque eso también lo haremos. En realidad, hoy damos la bienvenida a una colaboración que lleva años gestándose y para la cual hemos combinado los recursos de las fuerzas del orden, el ejército y la industria de la seguridad (la Agencia de Seguridad Nacional, la CIA, el FBI, el Departamento de Seguridad Nacional de los Estados Unidos) y los hemos integrado por primera vez con las comunidades de hackers y de las redes sociales, todos coordinados por los brillantes intelectos del equipo de WorldShare.

Se oyen aplausos provenientes del sector empresarial.

—¡Aquí está la empresa matriz de Fusion! Todo esto se combina para formar una matriz de intercambio de datos de inteligencia de vanguardia de trescientos sesenta grados, como nunca se había visto. Está bastante guay. —Vuelve a mirar a sus pagadores de la CIA con una sonrisa amable que demuestra lo increíblemente bien que ha ido todo hasta ahora—. Así que, en conclusión, nuestro objetivo casi ridículo ha sido bastante simple: ponerles las cosas mucho más difíciles a los malos y mucho más fáciles a los buenos, usando la mejor tecnología que tenemos para ello.

»Por supuesto, nos importa la privacidad. La mitad de lo que hacemos aquí en WorldShare consiste en proteger la privacidad de la gente. Pero, si no has hecho nada malo, lo que incluye al noventa y nueve por ciento de las personas, puede que estés más dispuesto a sacrificar un poco de ese derecho sagrado a cambio de obtener mayor seguridad, paz, ley y orden. Permitid que os diga a quién preocupa más la protección de la privacidad: a los malhechores. La necesitan para esconderse. El 11S nos obligó a replantearnos el delicado equilibrio existente entre la seguridad privada y la seguridad pública. Por aquel entonces, teníamos todos los datos necesarios para prevenir esa catástrofe, pero carecíamos de voluntad y de los medios para agregar esa inteligencia. Hoy, en este edificio, reunimos como nunca antes la voluntad y los medios. —Como si se estuviera postulando para un cargo político, añade—: ¡Que Dios bendiga a los Estados Unidos de América! Y ahora… vamos al lío.

Tras eso, señala una representación digital de un reloj analógico proyectado en la pared de detrás él. Los últimos segundos que quedan para el mediodía expiran con el movimiento de un segundero que sube para unirse a las manecillas que indican los minutos y las horas, como si quisiera aplaudir.

En el instante que da el mediodía, Cy pronuncia las palabras «De Cero» y, al mismo tiempo, un ratón hace clic en algún lugar de las entrañas del edificio y envía un mensaje a diez teléfonos móviles por todo el país: una frase compuesta por dos palabras. Los que deben esconderse tienen dos horas hasta que los que deben encontrarlos empiecen a buscar.