18 MINUTOS ANTES
DE EMPEZAR DE CERO
89 MARLBOROUGH STREET, PISO DE KAITLYN DAY, BOSTON, MASSACHUSETTS
Pero no está leyendo, está debatiendo: esto es mala idea, es una idea fantástica, es una locura. Esta es su mejor oportunidad, su última oportunidad. Son olas que se agitan, se estrellan y retroceden.
Olvídalo. Recuerda. Los pensamientos se rompen y se hacen añicos demasiado rápido como para poder aferrarse a ellos.
Mochila
Saco de dormir
Botas de montaña
Seis camisetas
Un par de pantalones extra
Anna Karenina
Respira, mujer, se dice a sí misma. Respira hondo. Recuerda quién eres.
—Soy Kaitlyn Day —susurra a modo de mantra—. Tengo treinta y tres años, mi cumpleaños es el veintiuno de septiembre, mi número de la seguridad social es el 029-12-2325.
Estos hechos son como un aceite curativo, un bálsamo, una rueda de plegaria, una cuerda a la que aferrarse hasta que por fin puede sentir el aire llenándole los pulmones, llegándole a la sangre.
Mapas de carreteras
Tienda de campaña
Cocina de gas
Olla
Mascarilla
Móvil K
Móvil J
Brújula
Comida enlatada
Cubiertos
Frutos secos
Abrelatas
Tampones
Jabón
Pasta de dientes
Linterna
Pilas
Botella de agua
Kaitlyn Elizabeth Day. Nacida y criada en Boston. Padres fallecidos. Dos hermanos con los que ha perdido en contacto. A ellos les gusta el deporte; a ella, los libros. Ellos trabajan en la construcción; ella es bibliotecaria. Ellos le gritan a la tele; ella escribe a los senadores. Ellos no tienen imaginación; Kaitlyn tiene mucha. De hecho, Kaitlyn tiene demasiada imaginación. A veces tiene tanta que el cerebro le da demasiadas vueltas y tiene que calmarlo con unas pastillas blancas.
Tiene un plan. Y tiene que funcionar. Tiene que hacerlo.
Será divertido, se dice a sí misma. También será aterrador.