18 MINUTOS ANTES
DE EMPEZAR DE CERO

89 MARLBOROUGH STREET, PISO DE KAITLYN DAY, BOSTON, MASSACHUSETTS

El reloj parece haberse parado. El tiempo avanza lentamente, colapsa y, justo cuando está convencida de que algo va mal, de que se ha formado un pliegue, el segundero vuelve a avanzar. Se acurruca en una esquina del sofá con una manta sobre las rodillas y un libro en la mano que ni siquiera recuerda haber agarrado, ignorado durante mucho tiempo en la pila de la mesa de café formada por revistas entrelazadas las unas entre las otras, como los escombros posteriores a un terremoto: la Atlantic, la New York Review of Books, la New Yorker.

Pero no está leyendo, está debatiendo: esto es mala idea, es una idea fantástica, es una locura. Esta es su mejor oportunidad, su última oportunidad. Son olas que se agitan, se estrellan y retroceden.

Olvídalo. Recuerda. Los pensamientos se rompen y se hacen añicos demasiado rápido como para poder aferrarse a ellos.

Mochila

Saco de dormir

Botas de montaña

Seis camisetas

Un par de pantalones extra

Anna Karenina

Respira, mujer, se dice a sí misma. Respira hondo. Recuerda quién eres.

—Soy Kaitlyn Day —susurra a modo de mantra—. Tengo treinta y tres años, mi cumpleaños es el veintiuno de septiembre, mi número de la seguridad social es el 029-12-2325.

Estos hechos son como un aceite curativo, un bálsamo, una rueda de plegaria, una cuerda a la que aferrarse hasta que por fin puede sentir el aire llenándole los pulmones, llegándole a la sangre.

Mapas de carreteras

Tienda de campaña

Cocina de gas

Olla

Mascarilla

Móvil K

Móvil J

Brújula

Comida enlatada

Cubiertos

Frutos secos

Abrelatas

Tampones

Jabón

Pasta de dientes

Linterna

Pilas

Botella de agua

Kaitlyn Elizabeth Day. Nacida y criada en Boston. Padres fallecidos. Dos hermanos con los que ha perdido en contacto. A ellos les gusta el deporte; a ella, los libros. Ellos trabajan en la construcción; ella es bibliotecaria. Ellos le gritan a la tele; ella escribe a los senadores. Ellos no tienen imaginación; Kaitlyn tiene mucha. De hecho, Kaitlyn tiene demasiada imaginación. A veces tiene tanta que el cerebro le da demasiadas vueltas y tiene que calmarlo con unas pastillas blancas.

Tiene un plan. Y tiene que funcionar. Tiene que hacerlo.

Será divertido, se dice a sí misma. También será aterrador.