[ 2 ]

Del juvenil rebelde al guerrillero vencido

Y aun cuando usted se hallara en una cárcel, cuyas paredes no dejasen trascender hasta sus sentidos ninguno de los ruidos del mundo, ¿no le quedaría todavía su infancia?

Rainer Maria Rilke, Cartas a un joven poeta, 1929

José Mujica Cordano, conocido como Pepe, llegó a sus ochenta y nueve años el 20 de mayo de 2023. (1) Su larga vida ha estado —y aún se mantiene así— llena de peripecias, luchas y desafíos: de su acercamiento juvenil a la política en un partido tradicional a ser uno de los principales líderes de la izquierda uruguaya; de la lucha por la liberación nacional a la convicción integracionista latinoamericana; de la guerrilla y el calabozo a la presidencia; de ser uno de los líderes más escuchados en las Naciones Unidas a la floricultura en su pequeña chacra en Rincón del Cerro. (2) Buena parte de su derrotero político y personal lo ha compartido con su compañera y esposa Lucía Topolansky, (3) desde la lucha armada y la prisión hasta la incorporación a la izquierda partidaria, el auge de su figura y la experiencia de gobierno, enmarcándose estas últimas experiencias en el cotidiano devenir hogareño de la vida en pareja.

Mujica comenzó a ser conocido en Uruguay en su calidad de integrante del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. (4) Posteriormente, su figura alcanzó difusión mundial cuando presidió Uruguay entre 2010 y 2015, siendo elegido como candidato presidencial para las elecciones del 2009 por el Frente Amplio (FA), la histórica coalición de izquierda uruguaya. (5) Este ascenso se dio en el marco de la confirmación de la izquierda como el actor más importante de la política uruguaya del siglo XXI, lo que en sí mismo constituye un fenómeno significativo en la historia nacional. Mujica fue quien tuvo mayor proyección mundial, mientras su popularidad en el país compitió con la del dos veces presidente Tabaré Vázquez. (6)

Mujica es uno de esos curiosos casos en que la fama y repercusión de una figura pública se fundamentan en la aceptación masiva de sus reflexiones, así como en la coherencia entre estas y su vida personal. Esto, entre otras cosas, se debe en buena medida al lugar destacado que lo internacional ha asumido en la propia praxis política de Mujica, en la que combina teoría y práctica, lectura y charla con la gente, pensamiento y acción. La aproximación sistemática a su pensamiento internacional que propone este libro, necesariamente debe partir de su biografía para comprender cómo ha acompañado las transformaciones del Uruguay y el mundo durante estas nueve décadas.

Mujica nace en 1934, hijo del Uruguay «feliz y próspero» de la primera mitad del siglo XX, muchas veces considerado como la Suiza de América. Aquel «país modelo» tenía a la estabilidad democrática y a un Estado fuerte (protector de los sectores débiles y mediador entre empresarios y trabajadores) como signos distintivos, sostenidos por la modernización impulsada por el primer batllismo (Caetano, 2019). (7) El Uruguay de aquella época era visto como un «laboratorio social» (Morás, 2000) en el cual el progreso científico permitía experimentar con nuevas técnicas y normativas que facilitaban una mejor calidad de vida a la población. (8) Esta situación diferenciaba al país del resto de Latinoamérica (una región usualmente caracterizada por la inestabilidad política, el autoritarismo, la desigualdad y el conservadurismo social), lo cual redundó en el arraigo social de ideas acerca de una supuesta «excepcionalidad uruguaya» y de una «insularidad» del país respecto a la región. (9)

Sin embargo, en la década de 1930 aquel país idílico acusó el impacto de la debacle económica de 1929, lo que entre otras cosas posibilitó la concreción de un golpe de Estado en marzo de 1933, liderado por el entonces presidente Gabriel Terra. (10) Esta situación continuó deteriorándose a partir de la posguerra (coincidiendo con la consolidación del cambio de la hegemonía mundial, que pasó del Reino Unido a Estados Unidos), cuando el agotamiento del modelo sustitutivo de importaciones y los inicios de la crisis del retornado Uruguay batllista acabaron sumergiendo al país en una larga depresión económica, social y política, que tuvo el corolario del triunfo nacionalista en los comicios de 1958 y 1962 y luego una deriva autoritaria y violentista, en un complejo proceso que terminó desembocando en la última dictadura civil-militar (1973-1985). (11) Esta situación implicó, también, el cuestionamiento de aquella pretenciosa narrativa de la excepcionalidad uruguaya en el marco de un movimiento crítico que permitió poner en tela de juicio la concepción de un país al margen de las angustias y los infortunios de Latinoamérica, comenzando a objetarse su identidad internacional asociada al accionar estadounidense y a percibirse lo insostenible que era aquel modelo de país en el largo plazo, a la luz de las transformaciones del sistema internacional de posguerra. Como parte de esta revisión crítica del relato de país, también comenzó a tomarse conciencia de que algunos de los progresos sociales y virtudes atribuidas al Uruguay en realidad se circunscribían a Montevideo y sus zonas adyacentes (donde el batllismo se hacía fuerte), o, a lo sumo, a las capitales departamentales del interior, subsistiendo realidades mucho más desoladoras en el medio rural.

«Eso de “como el Uruguay no hay”, que somos “la Suiza de América”, eso era un bolazo», explica justamente Mujica en una de las entrevistas realizadas para la elaboración de este libro. Debe recordarse que él vivió su juventud en este escenario, en el cual comenzaron a desplegarse el incipiente deterioro social y la creciente disconformidad popular. Como ha señalado Francisco Panizza (1991), el surgimiento de la guerrilla tupamara en la década de 1960 debe ser inscrito para su comprensión en el trasfondo de la crisis de la hegemonía política batllista, sin desmedro de que dicho fenómeno fue gradual en sus efectos y no interrumpió abruptamente la vigencia de muchas de las herramientas integradoras que el país y el Estado ofrecían, desde las leyes garantistas de las libertades individuales y sindicales, hasta un sistema educativo público de calidad. De algunas de ellas se valió el propio Mujica para su formación política y humana.

Mujica creció en Paso de la Arena, una zona de la periferia oeste de Montevideo, más rural que urbana. Hijo de Demetrio Mujica Terra y de Lucy Cordano, su ascendencia combina vertientes ibéricas e italianas, como sucede con muchos uruguayos. En términos políticos, por ambos lados su familia era predominantemente blanca. (12)

Por el lado paterno, los Mujica son descendientes de vascos, cuyos orígenes se encuentran en la ciudad de Múgica (provincia de Vizcaya), que llegaron a Uruguay en 1840. Esta rama de su familia tuvo considerable actividad política: su abuelo estuvo vinculado a la organización del levantamiento blanco liderado por Aparicio Saravia contra el gobierno de Batlle y Ordoñez en 1904 (última guerra civil uruguaya). Su padre era blanco herrerista. (13) No obstante, por el lado de su abuela paterna también es pariente de Gabriel Terra, vinculado al Partido Colorado. (14) Uno de los pocos recuerdos que Mujica mantiene de su padre, fallecido cuando él tenía apenas seis años, se remonta a 1939, cuando fueron juntos a la costa montevideana para ver al legendario buque alemán Graf Spee (Ferreiro y Pereyra, 2022), que había recalado en el puerto tras su derrota en la Batalla del Río de la Plata, uno de los primeros enfrentamientos navales de la Segunda Guerra Mundial. (15) De esta forma, los avatares de los conflictos internacionales en este lejano rincón sudamericano están presentes desde las reminiscencias más remotas del expresidente uruguayo.

Su madre, Lucy Cordano, fue el soporte fundamental para Mujica, incluso en los momentos más duros de su vida adulta, como cuando estuvo preso durante la última dictadura militar, siendo una de las pocas personas que lo visitaba en prisión. La familia materna estaba compuesta por inmigrantes italianos que se asentaron en el departamento de Colonia. (16) Durante su niñez, Mujica pasaba con ellos las vacaciones en Colonia Estrella, un paraje rural próximo a la ciudad de Carmelo, cerca de la desembocadura del río Uruguay en el Río de la Plata. El abuelo, Antonio Cordano, era originario del valle de Fontanabuona (provincia de Génova, región de Liguria). Mujica evoca los veranos felices que pasó allí durante su niñez, entre viñedos, disfrutando de la naturaleza. En una de las entrevistas realizadas para la elaboración de este libro recordó que en una de esas vacaciones fue cuando escuchó y vio un discurso político por primera vez a través de la televisión: quien hablaba era Juan Domingo Perón. «Era una cosa conmovedora. Yo tenía un tío, el hermano mayor de mi madre, que era fanático del peronismo, y ahí, en esa zona, impactaba mucho». Este recuerdo de la niñez resulta premonitorio de un rasgo relevante de su pensamiento internacional: la proximidad afectiva con Argentina y la capacidad para comprender al peronismo (algo muy raro en la élite política uruguaya).

Mujica aprendió de su madre y de su abuelo materno el oficio de cultivador de flores. Su gusto por la vida rural, desarrollado ya a temprana edad, se refleja —como se verá más adelante— en su forma de concebir la historia, la humanidad y la política. Como afirma Rainer Maria Rilke: «la patria es la infancia». En ese sentido, el estrecho contacto con la naturaleza fue determinante para la sensibilidad ambientalista de Mujica y su visión panteísta del mundo (desarrollada en el capítulo 9), que él mismo reconoce.

De niño también fue monaguillo, algo de lo que no guarda muchas añoranzas porque pronto lo ganó el espíritu laico, aun cuando en la actualidad no deja de valorar el importante rol de la Iglesia católica en la construcción de una visión de unión latinoamericana (Alvídrez, 2023: 122). Otra vivencia marcante de su infancia y adolescencia fue su afición al ciclismo y a la radio, que también es posible asociar respectivamente a su amor a la libertad y a su inclinación por lo popular. Sobre la primera, Mujica llegó a competir en este deporte entre los trece y los diecisiete años. Todavía conserva en el galpón de su chacra una bicicleta de carrera que llegó a utilizar en una caravana durante la campaña electoral de 2009. Sobre su segunda afición, Mujica estima que la fuerza y ductilidad de su discurso puede deberse, en parte, a esos contactos tempranos con el mundo radial: «Siempre tuve claro el rol de la radio, su papel en la difusión política», explicaba en una de las entrevistas. Consciente de la relevancia de la comunicación directa con la gente, desde la década de 1990 Mujica ha tenido sucesivas columnas radiales diarias de gran popularidad: Opinando en CX 36 y la más célebre Hablando al sur con José Mujica en M24 FM, rebautizada en 2010 como Habla el presidente.

Mujica recuerda particularmente cómo en su hogar se escuchaba a Benito Nardone, conocido como Chicotazo. (17) Este precursor de la audición política radial en el Uruguay, con un estilo muy peculiar que mezclaba información del mercado agropecuario con la prédica político-gremial, fue fundador de la Liga Federal de Acción Ruralista. (18) Su columna diaria tuvo gran ascendencia sobre chacreros y pequeños productores, sobre todo en el área rural circundante a la capital (tanto en el Montevideo rural en el que creció Mujica, como en el vecino departamento de Canelones). Desde la radio, Nardone generó una formidable audiencia que en la Liga devino en activa base militante y electoral. Si bien fue un personaje ideológicamente muy distante de Mujica, ambos compartieron la preocupación por el mundo rural, la inclinación por lo popular y trayectorias originadas por fuera del sistema de partidos.

En su niñez y adolescencia Mujica fue un alumno aplicado. Cursó la enseñanza secundaria en el liceo público de Rincón del Cerro, donde ganó un concurso literario sobre la figura de José Artigas. (19) El premio fue el libro Artigas de Jesualdo Sosa, (20) que brinda una perspectiva de la dimensión igualitarista y popular del artiguismo, aspecto que marcó a Mujica. Las referencias a Artigas han sido recurrentes en su trayectoria política, desde la utilización de la bandera artiguista como emblema del MLN-T hasta la reivindicación del ideario confederal rioplatense del prócer uruguayo, presente en la aproximación que haría en el siglo XXI al vínculo con Argentina y a la integración regional (ver capítulos 6 y 7, respectivamente).

Cursó el bachillerato en el liceo n.° 35, denominado Instituto Alfredo Vázquez Acevedo (IAVA), que prácticamente era la única institución pública que ofrecía a los jóvenes montevideanos la posibilidad de completar los estudios secundarios para poder acceder a la Universidad. Allí coincidían buena parte de las clases medias y populares con inquietudes intelectuales o expectativas de ascenso social, lo que a la postre lo convirtió en uno de los focos del efervescente movimiento estudiantil de la década de 1960. Por ejemplo, en el IAVA Mujica conoció a Renzo Pi Hugarte, antropólogo uruguayo que más tarde lo va a influenciar en su acercamiento a esta disciplina humanística (ver capítulo 9).

Posteriormente Mujica asistió de manera informal a la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad de la República, en su antiguo local del puerto de Montevideo, donde estudió composición literaria. Durante esos años frecuentó la biblioteca de esa facultad, leyendo los clásicos de historia del arte, de historia universal y del Río de la Plata. También asistió a clases de verdaderos maestros de una destacada generación de intelectuales, como Francisco Paco Espínola, (21) José Bergamín (22) y Carlos Real de Azúa. (23) La formación humanística, así como la mencionada práctica de radioescucha, fueron factores determinantes que le permitieron desarrollar lo que él mismo denomina como su «don de la palabra», que ha caracterizado su trayectoria política, dotándola de profundidad y sentido de universalidad.

La inclinación del joven Mujica por la lectura también abarcaba a las publicaciones periódicas políticas de la época, en cuyas páginas se expresaban críticamente el descontento y los cuestionamientos a la política hegemónica antes mencionados. Entre estas, él destaca dos publicaciones de gran influencia en el Río de la Plata: los Cuadernos de Forja y Marcha. La primera fue una publicación que apareció en Argentina irregularmente entre 1936 y 1942. Fue editada por la agrupación Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (Forja), surgida a mediados de 1935 como oposición interna a la conducción de la Unión Cívica Radical. Los Cuadernos de Forja se caracterizan por un estilo directo que generó mucho impacto en la época. Allí aparecieron trabajos de algunos referentes como Gabriel Del Mazo, Luis Dellepiane y Raúl Scalabrini Ortiz. Entre los temas abordados resaltan «el pensamiento de Yrigoyen, (24) la denuncia de las políticas conservadoras hacia los servicios públicos, la cuestión del petróleo, el análisis de la situación» (Romero en AHIRA, s/f). Durante las entrevistas realizadas para este libro, Mujica señala que en Cuadernos de Forja descubrió por primera vez la izquierda latinoamericanista, por ejemplo, a través de la experiencia de la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA). Allí también encontró una lectura crítica con la idea de modernización, pues en sus páginas «Facundo Quiroga ya no era la visión de Sarmiento». De modo que, si bien fueron publicados pocos números, esta publicación argentina jugó un papel central en la construcción de la visión de la política rioplatense del expresidente uruguayo.

Por otro lado, Mujica también era un lector asiduo del semanario Marcha, posiblemente la más influyente publicación periódica uruguaya de mediados del siglo XX, editada ininterrumpidamente en su «primera época» (primero como semanario) entre 1939 y 1974, cuando fue cerrada por la dictadura uruguaya. (25) Marcha era dirigida por Carlos Quijano, (26) una personalidad destacada entre aquellos que trazaron un recorrido independiente desde filas blancas hacia la izquierda, matizando con su visión nacional el predominio que hasta entonces tenían en ese espacio los dos partidos internacionalistas (Socialista y Comunista). En este sentido, Mujica señala en una de las entrevistas realizadas que si bien Marcha «era notoriamente de izquierda», también «era una publicación independiente», característica que le permitió sostener un espíritu crítico con respecto a la izquierda tradicional: «Me acuerdo bien, yo era estudiante y jovencito, llegaba, sí, todos los viernes. Marcha cumplió un papel, además, con esa visión más abierta, más independiente», lo que contrastaba con las publicaciones socialistas y comunistas, que calificó como «insoportables». También rememora que él era el único suscriptor del semanario en aquel rincón del Montevideo rural: «La única Marcha que venía al Paso de la Arena era para mí».

El IAVA y la Facultad de Humanidades, las largas horas de lectura en la biblioteca y las clases con docentes excelsos dan cuenta de una combinación de prácticas intelectuales característica de la clase media urbana de la época, que constituyen un factor explicativo de la politización y la irrupción de visiones revolucionarias en aquella sociedad de mediados del siglo XX, según propone Ángel Rama en La ciudad letrada (1998). En este sentido, el pensamiento internacional de Mujica fue permeado por los grandes debates intelectuales y políticos del Uruguay de comienzos de la segunda mitad del siglo XX, enmarcados en las mencionadas crisis del modelo de país y de la hegemonía batllista que, como fue explicado, ponían en cuestión la historiografía dominante y la visión sobre la excepcionalidad uruguaya. Uno de estos debates refiere a la distinción entre los gentilicios de «uruguayos» y «orientales» para referirse a los naturales del país, controversia en relación a la cual el expresidente dice que siempre prefirió la opción de «orientales», por reflejar mejor el origen rioplatense compartido con los argentinos. (27)

Otro debate de la época, asociado al anterior, remite al propio nacimiento del país como Estado nacional. ¿Cuándo surge efectivamente el Estado Oriental, más allá de la fecha de 1830? ¿Cuándo adquirió el país condiciones plenas de independencia y viabilidad? Para Mujica el Estado nació antes que la nación, es decir, precedió y construyó a la nación uruguaya: «Hay naciones que no crearon Estados, y hay Estados que no se pudieron resumir en una nación. El concepto de nación compone un nosotros subjetivo, que el Estado tiende a confirmar y a definir». Dicha concepción, muy extendida en la historiografía más moderna, da cuenta también de una forma de concebir los orígenes de la nacionalidad uruguaya. (28)

Para reafirmar esa noción, Mujica recupera a menudo el pensamiento de Bernardo Berro (29) y una de sus ideas emblemáticas: «Tuvimos nación, ahora hay que hacer el país». En diferentes momentos de las entrevistas, Mujica hizo referencia a Berro para argumentar una postura o explicar el porqué de una decisión política, pero en este caso lo rescató para pensar en la historia de la formación nacional. Las reflexiones sobre la independencia constituyen elementos recurrentes en él. En ese período, así como subraya el papel de «doctores» como Berro, también destaca el rol de «caudillos» como Fructuoso Rivera, (30) quien, en su opinión, también tuvo un desempeño central en el proceso de independencia de Uruguay. (31) Para Mujica, «Rivera es el más oriental de todos… Es un gaucho ladino que conoce todas las debilidades humanas y las practica».

Estos debates sobre la nacionalidad, que dan cuenta del espíritu de época antes explicado, tienen entre otros actores protagónicos a una serie de intelectuales latinoamericanistas y revisionistas que Mujica leyó con pasión en su juventud y, en algunos casos, tuvo oportunidad de conocer. Entre muchos otros, el expresidente uruguayo destaca la fascinación que le causaron las obras de los peruanos Víctor Raúl Haya de la Torre (1895-1979) y José Carlos Mariátegui (1894-1930); los argentinos Leandro Alem (1842-1896), Manuel Ugarte (1875-1951) y Jorge Abelardo Ramos (1921-1994); y los uruguayos Luis Alberto de Herrera (1873-1959), Alberto Methol Ferré (1929-2009) y Vivian Trías (1922-1980).

Herrera (32) resulta muy significativo en la construcción del pensamiento internacional de Mujica, como se explica en los capítulos 4 y 5. El líder blanco fue un político nacionalista y conservador, pero también tuvo, sobre todo hacia el final de su vida, una inclinación hacia lo popular asentada en la reivindicación tradicionalista o telúrica de la identidad rural, hispánica y caudillista. Mujica destaca esta visión del líder blanco que, por ejemplo, lo lleva a acercarse a Perón, quien desde Uruguay era visto más bien como una amenaza en aquella época. En el mismo sentido, recuerda que «a Sandino el primero que lo defendió en el Parlamento fue el viejo Herrera», lo que contrasta con «la terrible desubicación que tuvo la izquierda» (representada por los partidos Socialista y Comunista), que más bien lo veían como un «caudillo feudal». (33) «Es la misma película que los va a desubicar frente al fenómeno peronista en Argentina», complementa. Además, Herrera poseía una aguda visión histórica e internacional, que derivaba en un férreo antiimperialismo. En relación a esto, Mujica valora la importancia de su figura, sin perjuicio de su conservadurismo:

Lo brillante que me dejó Herrera era el respeto a la soberanía, a la autodeterminación de los pueblos, a la no injerencia, al no aceptar imposiciones de afuera, ese sentido quisquilloso del nacionalismo que él tenía, y tener muy claro el tema de la interferencia imperialista. Punto. Ahora, un americanismo global, eso no es la mentalidad de Herrera. Tampoco era Bolívar. Herrera es un conservador nato. Pero tiene eso, que en un momento, cuando se viene de depender de Inglaterra y de EE. UU., tiene importancia.

Asimismo, valora su forma de concebir la política exterior, caracterizada como realista y resistente, cuyo énfasis en la defensa del interés nacional se opone a las orientaciones del Partido Colorado, idealistas y universalistas, lo cual en el plano continental implicaba sumarse al alineamiento panamericanista (Real de Azúa, 1959). (34) La neutralidad uruguaya reclamada por el herrerismo en la Segunda Guerra Mundial o en la guerra de Corea es postulada en una frase célebre de Herrera que a Mujica le gusta recordar:

No militar en las filas rojas del comunismo ni ser una estrella más en la bandera de EE. UU. No será con la sangre de nuestras juventudes americanas que defiendan sus intereses los grandes imperios. Allá ellos, los rubios y amarillos del norte, con sus problemas.

Su primer acercamiento al pensamiento de Herrera fue justamente en la biblioteca de la Facultad de Humanidades, cuando leyó un ejemplar de La clausura de los ríos (Herrera, 1920) que, según cuenta, había sido donado por la familia Oribe, (35) caudillo considerado fundador de la divisa blanca. (36) La obra contiene cartas de la guerra del Paraguay (1865-1870) y hace referencia a la política regional de ese período. (37) Mujica conoció personalmente a Herrera. Cuando era niño su madre lo llevó a la casa del líder nacionalista. Muchos años después lo encontró nuevamente durante la última campaña electoral de la que participó el líder blanco en 1958, antes de su fallecimiento al año siguiente, elección que a la postre, como se ha señalado, fue la que permitió a los blancos retornar al gobierno tras noventa y tres años de predominio colorado. (38) En relación a esta última ocasión, Mujica cuenta que en aquella campaña fundió el motor de su motocicleta militando por el Partido Nacional, lo que ilustra su temprano compromiso con la política. El triunfo blanco en las elecciones de 1958 —en alianza con la Liga Ruralista y con la reunificación partidaria— constituye un hito de la historia política uruguaya en torno al cual se condensó y expresó en las urnas el descontento social y el resquebrajamiento del Uruguay batllista:

En una perspectiva histórica que, a su modo, ponía cabeza abajo la versión colorada del mito «civilización o barbarie», la victoria blanca en 1958 representaba para otros la reivindicación histórica de una fuerza nacional-popular, con sus raíces en aquellos sectores donde la esencia de la nación se había preservado más puramente, es decir en el interior, sobre una coalición urbana que, con sus ojos en Europa y de espaldas al «país real» había vivido sistemáticamente a sus costillas. Esta interpretación de la historia tenía sus variantes de derecha y de izquierda. La de Methol Ferré corresponde a la última (Panizza, 1991: 103-104).

Justamente, el ensayista Alberto Methol Ferré, (39) a quien Mujica recuerda por su apodo Tucho, fue otra personalidad de la época que influyó mucho en el pensamiento internacional de Mujica. Originalmente herrerista, militó brevemente en el ruralismo para luego pasar a la izquierda —siguiendo el derrotero de Quijano y Mujica, con la diferencia de que tuvo un rol preponderante en la fundación del Frente Amplio en 1971— y posteriormente oscilar entre los blancos y la izquierda, hasta apoyar a Mujica en las elecciones de 2009 (año de su fallecimiento). En su clásico libro El Uruguay como problema (2015), profundizó parte del legado de Herrera para criticar al batllismo y ahondar en una visión revisionista del país, esbozada por aquel, la cual apuntaba a entender al Uruguay enmarcado en una idea más amplia de nación, con alcance regional. Durante el primer colegiado blanco (1959-1963), Mujica y Methol se conocieron a través de Enrique Erro y participaron en tertulias políticas en las que se debatía la coyuntura política de Uruguay y la región. De aquella época el expresidente recuerda una anécdota acontecida antes de la asunción del nuevo gobierno, que atribuye a Methol la situación que dio lugar a la famosa frase de Herrera contra Nardone: «Se nos metió una comadreja colorada en el rancho de los blancos».

Cuando gana Herrera —o, mejor dicho, cuando gana el herrerismo de la fórmula del colegiado, con Chicotazo Nardone y la alianza—, viene la famosa comida en la que el embajador de Estados Unidos dijo que estaba preocupado porque Herrera no era una figura amistosa con los yanquis. Y Chicotazo, de boca abierta, dijo: «Pero él no está en el gobierno». Y Tucho, que estaba allí, lo escuchó y pasó el chisme. A los dos días saltó que se había metido una comadreja colorada.

Luego ambos siguieron caminos separados, siendo —como recuerda Mujica— un poco más oscilante la trayectoria del primero: «Pasa que Tucho era un personaje, estaba a contrapelo con todo, con la derecha, con la izquierda, con el centro». Sin embargo, volverían a encontrarse durante la campaña electoral de 2009, cuando Methol se acercó a Mujica por intermediación de su amigo, el senador frenteamplista Alberto Couriel. En aquel reencuentro Methol se referiría a Mujica como «el Herrera de los pobres» (título que el expresidente asume con orgullo), al encarar la visión internacional realista, regionalista y antiimperialista del histórico líder blanco, pero superando su cariz conservador.

Finalmente, Vivian Trías (40) fue otra pluma muy influyente en el Uruguay de las décadas del 50 y 60, con una innovadora visión internacional. Sin haber militado nunca en filas blancas y proviniendo de una agrupación internacionalista como el Partido Socialista del Uruguay, Mujica reconoce como «Trías recoge el guante del revisionismo» (41) y eso en su opinión era importante. «Hace un aporte intelectual que es interesante para Uruguay». Con él, Mujica logra «en el contexto del torrente de ideas socializantes, no ver esas ideas con el esquemón mecanicista europeo». Uno de los aspectos que el expresidente destaca del dirigente socialista es la recuperación de Juan Manuel de Rosas (Trías, 1970), una figura histórica controvertida en el Río de la Plata, de quien, sin embargo, reconoce la relevancia de la práctica política caudillista en la lucha contra el imperialismo europeo del siglo XIX. (42) De allí Mujica llega a reivindicar a Rosas (aspecto retomado en el capítulo 5): «Hay personajes cuestionables, pero que son muy importantes para la historia de la región, como por ejemplo Rosas, que evitó la desintegración de Argentina». (43)

Este complejo y hasta contradictorio universo político intelectual en el que Mujica se movía se combina con los comienzos de su participación en la política partidaria. Si bien en la campaña electoral de 1958 militó en filas blancas, él quita trascendencia a la adhesión partidaria, atribuyendo su involucramiento a su vínculo con el herrerista Enrique Erro. (44) Su tío materno, Ángel Cordano, que era nacionalista, lo influyó en este sentido, y en 1956 José Mujica pudo conocer al entonces diputado nacionalista por intermedio de su madre, quien militaba en el mismo sector que Erro (lista 41). Al asumir el gobierno blanco, Erro fue designado ministro de Industria y Trabajo y propuso a Mujica para que lo acompañara en la tarea, algo que, si bien no se concretó, el expresidente recuerda como su primera oportunidad para trabajar en política, destacando la significación de que fuera en el primer colegiado blanco, con todas las expectativas de cambio que este generaba. Estuvo junto a Erro en filas blancas durante la campaña de 1958 y al inicio del gobierno blanco-ruralista, un período que juzga de muchísimo aprendizaje político. Finalmente, en 1962 abandonó el Partido Nacional junto con él, decepcionado con las pocas transformaciones introducidas por el gobierno, para sumarse a la conformación de la Unión Popular. (45)

En el 30.o aniversario del fallecimiento de Erro, en 2014, durante el último año de su presidencia, Mujica brindó un discurso cargado de palabras muy sentidas sobre quien fuera su primer mentor y compañero:

Era un hombre altamente progresista, con una veta hacia lo popular, hacia la distribución del ingreso y una enorme sensibilidad social. […]. Además de sembrar ideas, Erro tenía un nacionalismo de carácter popular, sensiblemente latinoamericano, justiciero, con un afán de equidad social y una preocupación central por la distribución del esfuerzo del trabajo (Uruguay Presidencia, 2014).

En el marco de este acercamiento a Erro, Mujica tuvo la oportunidad de viajar a la URSS, a China y dos veces a Cuba. Se trata evidentemente de tres destinos de gran importancia y simbolismo en aquella época. Mujica fue a la URSS invitado por el gobierno de Nikita Khrushchev, un viaje que le dejó un profundo sinsabor, dado que allí pudo ver contradicciones muy duras entre lo que el Gobierno soviético profesaba en el discurso y lo que verdaderamente hacía: «Ahí me convencí de que el camino no era por ahí», cuenta en una de las entrevistas. A partir de esa experiencia, descartó corresponder al acercamiento que el Partido Comunista estaba intentando explorar con el grupo de Erro en la búsqueda de avanzar hacia un «frente popular». En ese mismo viaje, Mujica y sus compañeros fueron invitados a China, donde percibió un gran potencial transformador en medio de una pobreza calamitosa. En la misma época, visitó a Cuba, país que lo sorprendió con su «calor revolucionario» y en donde tuvo oportunidad de asistir a un extenso discurso de Fidel Castro. De aquel periplo por tres experiencias socialistas tan diferentes retornó a Uruguay con muchos aprendizajes y renovadas convicciones (aspecto profundizado en el capítulo 8), que él resume de esta forma: «una gran afinidad con la Revolución cubana y una reticencia con la Unión Soviética. Y en alguna medida, cierto margen de expectativa con respecto a lo que estaba marcando China» (Mujica en Campodónico, 2005: 78).

La Revolución cubana generó un gran impacto en buena parte de la juventud uruguaya, inquieta por la crítica coyuntura política y el deterioro social del país. Entre otros muchos factores, ese impacto contribuye a comprender el surgimiento de varios grupos que apostaron por la lucha armada en el Uruguay de la década de 1960, la mayoría de los cuales terminó convergiendo en la conformación del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. En ese contexto, Mujica ingresó posteriormente al movimiento como parte de la denominada «tercera columna» en la que confluyeron un grupo de cristianos, un grupo de amigos de Mauricio Rosencof y un grupo de bancarios (Rosencof en entrevista con Clara Aldrighi en Israel, 2010). El libro Actas Tupamaras (MLN, 1982) narra la confluencia de ideas que llevó a la constitución de esta organización:

1) La negación de la posibilidad de acceder al poder por vías pacíficas; 2) Necesidad de la lucha armada y su preparación inmediata; 3) La acción como promotora de conciencia y unidad; 4) La necesidad de definir la línea política propia por la acción afirmativa y no por la negación sistematizada de las ajenas (MLN, 1982, en Campodónico, 2005: 97).

En estas ideas se evidencia el distanciamiento con respecto a la visión revolucionaria que en la época promovía el Partido Comunista. En una entrevista ofrecida en 1968, Raúl Sendic sintetiza esta diferencia al afirmar su rechazo a «la mezquina idea en boga de partido, que lo identifica con una sede de reuniones, un periódico y posiciones sobre todo lo que lo rodea», que contrasta con la consigna foquista de Ernesto Che Guevara de «crear muchos Vietnam» (Punto Final, 1968). (46)

Dentro del MLN-T, Mujica resalta las figuras de Eleuterio Fernández Huidobro (47), Rosencof (48) y Sendic como tres de sus compañeros más entrañables y lúcidos. Al primero, que luego sería ministro de Defensa en su gobierno, lo califica como «una fogata intelectual» y le atribuye la autoría de los cinco «librillos del MLN», editados entre 1967 y 1970. A Sendic, de quien aún hoy mantiene un retrato en la biblioteca de su chacra, lo recuerda como uno de los tupamaros con mayor visión internacional, además de tener «una cantidad de contactos internacionales impresionante». Sobre este punto relató en una de las entrevistas que:

Fue el único tipo que yo conocí que, mucho antes que se deshiciera la Unión Soviética, lo pronosticó. Nunca tuvo la más mínima duda de que eso ocurriría. La única explicación que puede tener eso con las relaciones que él tenía con gente de Europa.

En este sentido, desde el MLN-T mantenían estrechos vínculos de solidaridad con sus pares que integraban organizaciones similares en los países vecinos. En relación a Argentina, integrantes del Movimiento Nacionalista Tacuara (49) estuvieron exiliados en Uruguay y desde el MLN-T los ayudaron a conseguir lugares seguros para ocultarse. En la misma época también se cultivaron relaciones con los exiliados de la dictadura brasileña en Uruguay, de quienes, por ejemplo, Mujica recuerda que el MLN-T recibió la primera máquina que les permitió plastificar documentos. También en el plano internacional, Mujica tiene claro que si bien este no era un aspecto prioritario en el MLN-T:

[igual] no nos pasaba por la cabeza que fuera posible [una revolución en] un Uruguay aislado del resto, liberado, con autonomía, porque era imposible. Para nosotros, la cuestión de lo que pasaba con los vecinos y en América era de vida o muerte...

Hacia fines de la primera mitad de la década de 1960, una vez que el MLN-T ya estaba operando, la prensa y la sociedad uruguayas todavía demoraron algún tiempo en conocer acerca de su existencia. El secretismo y la compartimentación de la información, así como la génesis del movimiento a partir de varios grupos, hacen que no sea sencillo determinar el momento exacto en que Mujica adhirió. En 1964 el expresidente fue apresado por primera vez (aunque como preso común) en un asalto fallido a una remesa de la fábrica Sudamtex, que tenía como objetivo conseguir fondos para financiar la lucha armada. Luego sale en libertad, retoma sus actividades guerrilleras y algunos años después pasa a la clandestinidad. Así recuerda Mujica este episodio: estaba en su casa, sentado en el inodoro, escuchando la radio Monte Carlo, cuando de repente un periodista comenzó a relatar: «vamos para lo de Mujica Cordano». El expresidente había ocultado tres ametralladoras en la casa de su amigo Ruben Refreschini, pero una trabajadora doméstica las había descubierto accidentalmente y, asustada, alertó a la Policía, que tras registrar la casa de Refreschini ahora se dirigía a la suya (Israel, 2010).

En la clandestinidad, Mujica adoptó el alias de Facundo, aunque no está claro si lo escogió evocando al caudillo argentino y antihéroe sarmientino. Durante ese período participó en varios enfrentamientos armados y fue herido de seis balazos en una de las oportunidades en que fue capturado. Estuvo tres veces en prisión, escapando en dos ocasiones en fugas colectivas de la cárcel de Punta Carretas junto con otros integrantes del movimiento. (50) Sin embargo, su última prisión durante la dictadura duró un largo período de doce años, siendo uno de los nueve dirigentes del MLN-T que el régimen tomó como rehenes, sobre quienes pesaba la amenaza de ejecución por parte de las Fuerzas Armadas si la organización retomaba la acción armada. (51)

Este último fue el período más cruel: «Cada uno resistió como pudo», recuerda Mujica. «Cuando me quedé preso sin libros ―estuve siete años sin leer―, empecé a dar vueltas en la cabeza». «Rumiaba» lo que había leído en su vida anterior. «Siempre digo: “hay que hablar con el que llevamos dentro”, pero, claro, ahora estamos en la época de la informática, la gente se informa como puede y pin, pin, para afuera. No se hace viaje adentro, a ese “que me enseñó el secreto de la misantropía”, dice Machado. ¡Hay que hablar con el que está dentro!», reflexiona en una de las entrevistas. «Resistir» fue la palabra clave de esos duros años de soledad. Cuando ya estaba «medio chiflado, más de lo normal», los militares lo dejaron empezar a leer nuevamente, por recomendación médica, aunque solo libros de ciencias naturales. «Eso me salvó».

1- Mujica fue inscrito un año después de su nacimiento, habiendo nacido efectivamente el 20 de mayo de 1934 (Campodónico, 2005: 27).

2- José Mujica y Lucía Topolansky viven desde la segunda mitad de la década de 1980 en una pequeña chacra en Rincón del Cerro, en la periferia rural del oeste de Montevideo, cerca de la zona donde Mujica nació.

3- Lucía Topolansky Saavedra (1944) fue guerrillera del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, presa política (1972-1985) durante la última dictadura cívico militar de Uruguay (1973-1985), diputada (2000-2005), senadora (2005-2017 y 2020-2022) y vicepresidente de la República (2017-2020). Al igual que Mujica, su trayectoria política se enmarca en el Frente Amplio y, dentro de esta coalición, en el Movimiento de Participación Popular (MPP).

4- El Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros (MLN-T) es un grupo político uruguayo de izquierda, que practicó la guerrilla urbana desde mediados de la década de 1960 hasta su derrota militar en 1972. Fue un movimiento revolucionario, socialista y foquista influenciado por la Revolución cubana de 1959. Se caracterizó por su diversidad en cuanto a fuentes y referencias ideológicas, incluyendo corrientes como el marxismo, el leninismo, el anarquismo, el liberalismo y el nacionalismo, entre otras. Además, luego de la dictadura, y en especial a partir de la consolidación del liderazgo de Mujica en la segunda mitad de la década de los 90, se destacó por su pragmatismo, flexibilidad y creatividad para idear estrategias no convencionales con el objetivo de alcanzar el poder. A pesar de que los documentos teóricos fundamentales del MLN-T en todas las etapas reflejan una clara influencia marxista (en ocasiones incluso leninista), en su praxis el movimiento se ha distanciado considerablemente del enfoque de los partidos comunistas clásicos. En cambio, ha evidenciado cierta proximidad a corrientes nacionalistas como el peronismo argentino, que se caracteriza por su enfoque pragmático y aceptación de la diversidad interna.

5- El Frente Amplio (FA) es un partido político uruguayo fundado en 1971, en un origen marcado por una dualidad entre coalición y movimiento político. Este partido ha conformado una alianza que aglutina variadas corrientes progresistas y de izquierda de Uruguay. Fue creado a partir de la confluencia del Partido Socialista, el Partido Comunista, el Partido Demócrata Cristiano y agrupaciones provenientes del Partido Nacional y el Partido Colorado, contando también con la incorporación de figuras independientes, entre las que se destaca su líder histórico, el Gral. Líber Seregni. Durante la dictadura, el FA fue proscrito. En 2005 accedió por primera vez al gobierno nacional, al ser electo Tabaré Vázquez como presidente. Posteriormente, el FA gobernó el país en otros dos períodos consecutivos: 2010-2015 (presidencia de Mujica) y 2015-2020 (segunda presidencia de Vázquez). Antes, en 1990, el FA había accedido por primera vez al gobierno municipal de Montevideo, iniciando un proceso de renovación que implicó el ascenso de la tríada Vázquez, Mujica y Danilo Astori, en reemplazo el anterior liderazgo individual de Seregni.

6- Tabaré Vázquez (1940-2020) fue presidente de la República en dos períodos (2005-2010 y 2015-2020) e intendente de Montevideo (1990-1995). De familia de extracción obrera, se formó como médico oncólogo, desarrolló una activa militancia social, ejerció la docencia en la Universidad de la República, fue directivo de la liga de fútbol profesional e integrante de la Gran Logia de la Masonería. Comenzó su carrera política a mediados de la década de 1980 en el Partido Socialista, del que se desafilió en 2008. Fue cuatro veces candidato presidencial por el Frente Amplio, obteniendo dos veces la victoria.

7- José Batlle y Ordoñez (1856-1929), considerado el padre del Uruguay moderno, dos veces electo presidente (1903-1907 y 1911-1915), en ambas al frente del Partido Colorado. Sus reformas de signo modernizador hicieron que el Estado uruguayo asumiera un rol más activo como mediador entre trabajadores y empresarios y como agente del bienestar social. Se considera que favoreció a los trabajadores urbanos frente a los inversores ingleses y los terratenientes. A nivel internacional, sus gobiernos se alinearon con Estados Unidos y mantuvieron una tensa relación con Argentina. Fue el gran líder histórico del Partido Colorado.

8- El término «laboratorio social» es recogido, entre otros, por el sociólogo Luis Eduardo Morás (2000) en su obra De la Tierra Purpúrea al laboratorio social: reformas y proceso civilizatorio en Uruguay (1870-1917), en la que examina el proceso histórico de cambios que configuraron la creación del «derecho a la asistencia» y establecieron los fundamentos del Estado social en Uruguay.

9- La noción de insularidad aparece en Quijano (1965). La crítica a la idea de excepcionalidad uruguaya puede encontrarse en varios textos de Methol (1959; 2015) y de otros autores. Caetano (1989) se ha referido al «culto a la excepcionalidad» asociado al batllismo de las primeras décadas del siglo XX. La idea de la excepcionalidad remite a la diferenciación respecto a los demás países y nacionalidades como un mito fundacional del imaginario social uruguayo (Rial, 1986).

10- Gabriel Terra (1873-1942), político uruguayo afiliado al Partido Colorado, fue presidente y luego dictador entre 1931 y 1938, siendo la persona que gobernó Uruguay durante más tiempo en forma ininterrumpida. Electo democráticamente en 1931, dio un autogolpe de Estado en 1933 e impuso en 1934 una reforma constitucional bajo cuyo régimen fue reelecto. Entre 1933 y 1942, Uruguay experimentó un sistema político semidemocrático denominado «terrismo», que incluyó una diversidad de respaldos políticos de varios partidos políticos e instituciones del Estado uruguayo, aunque con la oposición de otros que asumieron una postura abstencionista en las elecciones de esos años (Chasquetti y Buquet, 2004).

11- Si bien la dictadura civil-militar en Uruguay (1973-1985) tiene un proceso previo de degradación de la democracia con violencia política y crecimiento de la represión, dio inicio formal tras un autogolpe de Estado dado por el presidente Juan María Bordaberry (quien fue electo en 1971 y asumió el cargo en 1972), apoyándose en las Fuerzas Armadas para disolver el Parlamento. Aunque varias medidas represivas (como la adopción prolongada de «medidas prontas de seguridad» durante largos períodos, en un contexto de agravamiento de la violencia política y de la protesta social) ya habían sido impuestas en el anterior gobierno de Jorge Pacheco Areco (1967-1972), durante la dictadura se profundizó una represión sistemática de opositores políticos, estudiantes y sindicalistas, en el marco del despliegue de prácticas de terrorismo de Estado con violaciones generalizadas de los Derechos Humanos, incluyendo torturas y desapariciones forzadas. Desde fines de los años 70, la combinación de presiones nacionales e internacionales, junto con una crisis económica, condujo a un período de apertura y transición democrática que incluyó la derrota del gobierno dictatorial en un plebiscito celebrado en 1980 con el objetivo de reformar la constitución para implementar una democracia tutelada. A pesar de los desafíos y problemas que lo signaron, el proceso de transición permitió elecciones en 1984 (con varios candidatos proscritos y presos políticos), marcando el fin de la dictadura y el inicio de una nueva etapa democrática.

12- Se denomina «blancos» a quienes pertenecen a la actual comunidad política del Partido Nacional. Si bien blancos y nacionalistas comparten procesos políticos con lazos comunicantes, también tienen diferencias. Lo blanco se remonta a la «divisa», distintiva del protopartido surgido en Uruguay en la década de 1830 con un importante componente caudillesco, que se definió políticamente a través del antagonismo con los colorados. El nacionalismo aparece dentro de algunos grupos políticos de carácter «doctoral», marcados por liderazgos de perfil político intelectual, en la segunda mitad del siglo XIX. Lo blanco y lo nacionalista logran una síntesis y comienzan a formar parte de una tradición política elaborada en los albores del siglo XX por el propio Partido Nacional. En la primera década del siglo XX, por ejemplo, esta distinción entre blanco y nacionalista estuvo presente en las tensiones entre el caudillo Aparicio Saravia y el Directorio del Partido Nacional. En la década de 1920, esta distinción parece haber logrado una síntesis más consolidada, liderada por el primer herrerismo.

13- El herrerismo es una fracción del Partido Nacional surgida en torno a Luis Alberto de Herrera (1873-1959) a inicios del siglo XX. Es uno de los sectores políticos más significativos del «liberalismo conservador» uruguayo que se opuso al batllismo en las primeras décadas del siglo XX (Caetano, 2021) y, más ampliamente, a lo largo de los siglos XX y XXI, ha sido en general la facción predominante al interior del Partido Nacional. La perspectiva del herrerismo en materia internacional es desarrollada en los capítulos 5 y 6.

14- El Partido Colorado es el otro partido político tradicional uruguayo, históricamente antagónico al Partido Nacional o Blanco. Fue el hegemónico durante los siglos XIX y XX, muchas veces considerado «el partido del Estado». Desde su fundación en 1836 por Fructuoso Rivera (1789-1854), ha desempeñado un papel fundamental en la política uruguaya a menudo desde la condición de gobierno, asumiendo un perfil urbano y cosmopolita.

15- El Admiral Graf Spee fue un «acorazado de bolsillo» de la armada alemana que atacó a varios buques mercantes de bandera aliada en el Atlántico Sur al inicio de la Segunda Guerra Mundial. Derrotado en la Batalla del Río de la Plata (diciembre de 1939), buscó refugio en el puerto de Montevideo, dada la neutralidad del país en el conflicto. Evaluados los daños y sabiendo que una escuadra inglesa lo aguardaba en aguas internacionales, el capitán Hans Langsdorff finalmente decidió hundirlo frente a Montevideo, acontecimiento muy recordado por los uruguayos de aquella generación (Klein, 2018).

16- El departamento de Colonia, ubicado en el extremo suroeste uruguayo, se caracteriza en buena parte de su territorio por la organización de la propiedad de la tierra en pequeñas unidades dedicadas a la producción lechera y agropecuaria, lo cual lo diferencia de la situación mayoritaria en el interior rural uruguayo, donde ha predominado la ganadería extensiva practicada por estancias de mayores dimensiones. Esta organización de la propiedad rural, así como el influjo de inmigrantes de Suiza y el norte de Italia, determinan que Colonia haya tenido por momentos una estructura social más igualitaria que el resto del interior del país.

17- Benito Nardone (1906-1964), también conocido como Chicotazo (término que refiere al golpe seco, como un latigazo, que se da con un chicote), fue un político uruguayo que ganó popularidad con sus audiciones diarias en CX 4 Radio Rural, que inició en la década de 1940. Desde ese espacio supo interpelar a la insatisfacción de la campaña con el modelo de industrialización por sustitución de importaciones impulsado por los gobiernos colorados. Nardone se acercó a las clases populares rurales mediante su estilo verbal directo y resignificó el uso político de la figura de José Gervasio Artigas, prócer uruguayo. Jacob (1981) explica que Nardone reivindicaba a los estratos menos favorecidos de la sociedad rural uruguaya, «los botudos» (apelativo que los diferencia de los ricos terratenientes, llamados «galerudos»), con la intención de captar su apoyo político antagonizando no solo con la ciudad, sino también con la oligarquía rural (que en general no habita el campo). Por otra parte, hay bibliografía que señala que en 1958, coincidiendo con su acceso al gobierno, Nardone habría sido reclutado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) estadounidense (Agee, 1975; Bacchetta, 2010).

18- La Liga Federal de Acción Ruralista fue fundada en 1951. Liderada por Benito Nardone, luego de la muerte de Domingo Bordaberry (1952), esta organización se apoyó en la popularidad de su figura para darle expresión político-partidaria al «ruralismo», un fenómeno arraigado en la historia uruguaya, pero que hasta entonces se manifestaba principalmente en el ámbito gremial. En sus orígenes se alimentó de políticos de distintos espacios como el ya citado Domingo Bordaberry (colorado) y Faustino Harrison (blanco). En 1958 triunfó en las elecciones nacionales una alianza entre este movimiento y el herrerismo, bajo el lema Partido Nacional que compartían con la Unión Blanca Democrática (UBD). María Inés Moraes y Agustín Juncal, en el libro Historia de los conservadores y las derechas en Uruguay. Guerra fría, reacción y dictadura (2022), indagan sobre la génesis de la Liga, sus figuras centrales, su ideario político-ideológico y su trayectoria hasta las elecciones de 1962. El intelectual uruguayo Alberto Methol Ferré fue otro actor relevante de la Liga Ruralista, aunque luego abandonó el movimiento, desencantado como muchos otros con su accionar en el gobierno. Al respecto, explica: «Allí hablaba quien quería […] las clases medias rurales estaban haciendo el aprendizaje de la comunicación, del hablar, antes solo los congregaban para oír a los políticos, ahora tenían la sensación de ser ellos los actores» (Methol Ferré, 1958: 21).

19- José Gervasio Artigas (1764-1850) es el prócer máximo del Uruguay, aunque su causa y su gesta no se inscribieron directamente en la lucha por la independencia del país (1825-1830). Por el contrario, Artigas lideró la Revolución Oriental (1811-1820), una revuelta popular contra la dominación colonial española que tuvo lugar en la Banda Oriental (denominación dada en el período colonial español al territorio al oriente del río Uruguay que actualmente ocupan los territorios de Uruguay y parte del estado brasileño de Rio Grande do Sul), como expresión local del ciclo de Revoluciones Hispanoamericanas de comienzos del siglo XIX (1810-1824), que llevó a sitiar a las fuerzas coloniales españolas en Montevideo. De esa forma, la gesta artiguista fue parte de la revolución que dio lugar a la independencia de las Provincias Unidas del Río de la Plata (antecedente de la actual Argentina) en su lucha contra los españoles y las pretensiones de los Imperios portugués y brasileño, aunque en ese marco también combatió al centralismo de Buenos Aires al interior de dicha unión, lo que le valió la adhesión de las provincias de Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Misiones y Santa Fe, junto con las cuales la provincia Oriental conformó la Liga Federal (1814-1820) que nombró a Artigas como «protector de los pueblos libres». En 1820 terminó refugiado en Paraguay, donde falleció en 1850. Además de su liderazgo político y militar, habitualmente se destaca su ideario federalista, soberanista, republicano e igualitarista que lo llevó a proponer una temprana reforma agraria y un vínculo diferente y respetuoso con los indios. Fue muy influenciado por Jean Jacques Rousseau y Thomas Paine, así como por versiones del movimiento ilustrado español del siglo XVIII.

20- Seudónimo de Jesús Aldo Sosa Prieto (1905-1982), un maestro, escritor, pedagogo y periodista uruguayo. Entre sus publicaciones se destacan Artigas: del vasallaje a la revolución (1940) y José Artigas, el primer uruguayo ejemplo para los niños (1944).

21- Francisco Paco Espínola (1901-1973) fue un escritor, periodista y educador uruguayo, perteneciente a la Generación del Centenario. Participó en una revuelta armada contra la dictadura de Terra en 1934 (Revolución de Enero). Blanco desde siempre, adhirió en 1971 al Partido Comunista del Uruguay.

22- José Bergamín Gutiérrez (1895-1983), nacido en Madrid, fue un polifacético escritor que incursionó en diversos géneros literarios, entre ellos, el drama, el ensayo, el teatro y la poesía. Tras la victoria de Franco, se exilió en México y Venezuela hasta establecerse en Uruguay entre 1945 y 1954.

23- Carlos Real de Azúa (1916-1977) fue un destacado intelectual uruguayo que se desempeñó como abogado, profesor de literatura y estética, crítico literario, historiador y ensayista. Es considerado uno de los padres de la ciencia política en Uruguay. Sus principales obras analizan al batllismo desde una perspectiva crítica. En su juventud apoyó al movimiento falangista español, evolucionando luego hacia una izquierda nacional, reivindicando al tercerismo y al nacional-populismo.

24- Juan Hipólito del Sagrado Corazón de Jesús Yrigoyen (1852-1933), conocido como Hipólito Yrigoyen, fue un destacado político y estadista que ocupó la presidencia de Argentina en dos ocasiones (1916-1922 y 1928-1930). Desempeñó un papel crucial en la Unión Cívica Radical, siendo uno de sus fundadores. Se destacó como el primer presidente argentino elegido a través del voto secreto y obligatorio masculino, conforme a la Ley Sáenz Peña de 1912.

25- Marcha fue uno de los periódicos más influyentes del Uruguay de mediados del siglo XX, dirigido por Carlos Quijano (ver nota siguiente). En su número de origen, el principal editorial estuvo íntimamente ligado a la lucha contra el fascismo: «Marcha surge a la vida en momentos extraordinariamente graves. El fascismo, asesino y bestial, se cierne sobre toda la humanidad y amenaza ahogarla en la noche más espantosa. Vivimos días decisivos. En la medida de nuestras posibilidades, lo decimos sin ambages, Marcha será una trinchera contra el fascismo. Desde ella, al entrar en combate, enviamos el cordial saludo a todos los luchadores antifascistas». Sus páginas fueron, además, forjadoras de una sensibilidad antiimperialista y latinoamericanista desde Uruguay (ver capítulo 9), lo cual se contrapone con aquel espíritu de excepcionalidad e insularidad antes mencionado. A partir del impacto generado por la Revolución cubana, se movería a posiciones cada vez más hacia la izquierda, incluyendo el socialismo, el tercerismo y, en algunos de sus integrantes (pero no en Quijano), el foquismo. En relación a esto último, ofreció al público uruguayo una visión particular del tercerismo en el marco de la Guerra Fría, lo que no resultaba sencillo en un país acostumbrado durante toda la primera mitad del siglo XX al frecuente alineamiento (con excepciones) con Estados Unidos. Esto convirtió a Marcha en la principal fuente de información acerca del proceso de descolonización y la lucha de los pueblos de lugares alejados del mundo, como Argelia, Vietnam o Cabo Verde. Por otra parte, a lo largo de su trayectoria, el semanario también exploró una variedad de temas culturales, artísticos y literarios, estando asociado a la Generación del 45 y habiendo sido su histórico secretario de redacción el escritor Juan Carlos Onetti (1909-1994).

26- Carlos Quijano (1900-1984) fue un periodista y político uruguayo. Fundó y dirigió el semanario Marcha (1939-1974). En su juventud fue muy influenciado por el movimiento estudiantil latinoamericano ligado al Manifiesto de Córdoba (1918). Su actividad político-partidaria se inició en el Partido Nacional, por el cual fue electo diputado (1929-1932). Se definía como socialista y demócrata, con una fuerte perspectiva antiimperialista, latinoamericanista y social. Integró el conjunto de intelectuales de izquierda asociados a la fundación del Frente Amplio. Durante la dictadura se exilió en México, donde continuó su labor periodística y editorial con Cuadernos de Marcha hasta su muerte en 1984.

27- La distinción entre los gentilicios «orientales» y «uruguayos» ha sido objeto de disputas políticas y debates académicos. Ambos se utilizan para referir a los naturales de Uruguay, pero el primero se remonta a los habitantes de la Banda Oriental en la época colonial, mientras el segundo surge tras la independencia de la República Oriental del Uruguay. En los fundamentos de ese debate se reconoce el antagonismo entre quienes privilegiaban la relevancia de la tradición y el pasado histórico hispánico en la configuración de los referentes identitarios, partidarios de la denominación «orientales», y aquellos que postulan ciertos principios de validez «universal» o «cosmopolita», asociados a la realización de un proyecto de país, que sostenían la expresión «uruguayos» (Frega, 2010).

28- La perspectiva historiográfica que propone que la nación uruguaya surgió después de la instauración del Estado presenta una visión del desarrollo de Uruguay como entidad política e identitaria, resaltando la idea de que la formación del Estado y la construcción de la identidad nacional no estuvieron inherentemente conectadas. Barrán y Nahum (1986) sostienen que Uruguay se constituyó inicialmente como Estado y luego como nación. Esto implica que, durante la época de la independencia, el Estado habría sido establecido sin una nación previa asociada a un imaginario que respaldara y legitimara sus fundamentos ideológicos.

29- Bernardo Prudencio Berro Larrañaga (1803-1868) fue un político y escritor uruguayo, miembro del Partido Nacional y presidente de Uruguay (1860-1864). En 1863 sufrió una revuelta colorada asociada a una invasión desde el exterior, liderada por el expresidente colorado Venancio Flores (1808-1868) que, a la postre, se impondría con un gobierno de facto. Al dejar la presidencia en 1864, Berro pronunció una proclama dirigida a la Guardia Nacional: «Defendéis el orden y los principios; defendéis los intereses más vitales para el país contra las pretensiones inicuas de ese caudillo funesto» (Proclama, 28 de febrero de 1864, en Caetano, 2004: 49).

30- Fructuoso Rivera (1789-1854) fue un militar y político considerado figura clave en la independencia del país y en los primeros años de la historia de Uruguay como Estado independiente. Fue el primer presidente de Uruguay (1830-1834), se alzó luego contra su sucesor Oribe y volvió a encabezar —en guerra contra los blancos— el liderazgo del «país colorado» hasta su destierro al Imperio del Brasil. Tras la Guerra Grande (primera gran guerra civil que siguió a la independencia, 1839-1851), fue designado para integrar un triunvirato de gobierno con Juan Antonio Lavalleja y Venancio Flores (1853-1854), pero murió en su viaje de retorno. Además, fue el fundador del Partido Colorado. Su figura ha sido objeto de controversia debido a sus frecuentes oscilaciones entre bandos en disputa. En el contexto de la Revolución Oriental, luchó como capitán del ejército artiguista, destacándose como líder militar. Sin embargo, sus tropas fueron derrotadas en la batalla de India Muerta (1816), al inicio de la invasión portuguesa de la Banda Oriental. Luego de la derrota final del artiguismo en 1820, pactó con Lecor y se unió a la postre a las fuerzas portuguesas. Posteriormente, en 1825, rompió con los brasileños y se unió a Juan Antonio Lavalleja (1784-1853) y su ejército libertador, que había liderado la causa de los llamados «treinta y tres orientales» en abril de 1825, cruzando desde Buenos Aires para iniciar una nueva lucha contra la ocupación brasileña. Desde ese nuevo rol, Rivera expulsó a los brasileños de las Misiones Orientales (actualmente territorio de Rio Grande do Sul), cuya conquista fue fundamental para poner fin a la guerra y generar las condiciones para una independencia pactada y mediatizada de Uruguay, tras la Convención Preliminar de Paz entre Brasil y las Provincias Unidas (1828). Luego, durante la Guerra Grande, se alió en varias ocasiones a los Imperios brasileño, francés e inglés, así como a las fuerzas unitarias argentinas. Fue el principal responsable del muy debatido episodio de Salsipuedes, con la matanza de indígenas. Pese a las controversias persistentes, sigue siendo reconocido como una de las figuras más importantes del proceso de independencia y como fundador del Partido Colorado.

31- En 1920 Alberto Zum Felde publicó su obra Proceso histórico del Uruguay, en la que identifica la existencia de dos actores claves de la política uruguaya en el siglo XIX, en el período de consolidación del Estado nacional: los caudillos y los doctores. En la misma línea interpretativa Juan E. Pivel Devoto, en su Historia de los partidos en el Uruguay (1942), analiza la formación de las tradiciones partidarias de blancos y colorados asociadas a una disputa por determinar cuál de estos dos partidos ostenta el linaje más adecuado para autodefinirse como el configurador primordial de la nación.

32- Luis Alberto de Herrera (1873-1959) es una de las figuras más relevantes de la historia política del Uruguay, siendo un histórico líder del Partido Nacional, en el que ocupó durante mucho tiempo un lugar central y hasta hegemónico. Su fracción, y posteriormente la de sus seguidores, lleva hasta hoy la denominación de «herrerismo». Además de su actividad política tuvo destaque su labor periodística desde el diario El Debate, fundado en 1931. Su trabajo diplomático se entrelazó con su vocación por la historia, que desarrolló en clave revisionista. Fue candidato a la Presidencia de la República por primera vez en 1922. En 1925 fue presidente del Consejo Nacional de Administración, un órgano ejecutivo colegiado que compartía atribuciones con el presidente. Entre 1955 y 1959 integró, como miembro del segundo partido más votado, el Consejo Nacional de Gobierno, órgano ejecutivo colegiado. En alianza con la Liga Federal de Acción Ruralista, liderada por Benito Nardone, Herrera llevó al Partido Nacional a la victoria electoral en 1958, poco antes de su muerte, acaecida en abril de 1959.

33- Augusto César Sandino (1898-1934) encabezó la lucha nicaragüense contra la ocupación militar estadounidense en 1927. El mencionado Carlos Quijano también fue un defensor de la causa nicaragüense en aquella ocasión, habiendo escrito por entonces su libro Nicaragua, un ensayo sobre el imperialismo de los Estados Unidos (1987).

34- En «Política Internacional e Ideologías en el Uruguay» (Real de Azúa, 1959) se plantea que existen dos grandes visiones de política exterior en Uruguay: una universalista, de carácter liberal-democrática, fundada en ideas abstractas, que se alinea con Estados Unidos y asocia al Partido Colorado (aunque también se encuentran blancos independientes entre sus principales exponentes); y otra resistente, asociada a los blancos (en particular a Herrera), que privilegia la vocación regionalista, reivindica la tradición hispánica y se fundamenta en elementos como la afinidad de raza, cultura e historia, resaltando posiciones neutrales en las luchas entre las potencias mundiales y posturas antiimperialistas en la política regional. La distinción entre las tradiciones ideológicas universalista y resistente en la política externa uruguaya ha sido asimilada a la distinción entre corrientes idealistas y realistas en las relaciones internacionales (López y Hernández, 2021).

35- Manuel Oribe (1792-1857) fue un caudillo, militar y figura política de la Banda Oriental y el Uruguay independiente a inicios del siglo XIX. Fue el segundo presidente del Estado Oriental del Uruguay (1835-1838). También fue el fundador del Partido Nacional.

36- Las divisas blancas y coloradas se definieron política e ideológicamente en la primera mitad del siglo XIX. Uno de los eventos históricos reconocidos por la historiografía como fundamental fue la Batalla de Carpintería el 19 de setiembre de 1836 (Barrios Pintos, 1976). Este episodio, que sin duda forma parte de un proceso más extenso y gradual, no solo marcó un momento crucial en las definiciones ideológicas entre los grupos en conflicto, identificados con las divisas blanca y colorada en Uruguay, sino que también representó un antes y un después en la reorganización de las alianzas políticas y militares en la región. Esas divisas son vistas como las precursoras o el punto inicial de los partidos Blanco y Colorado.

37- La guerra de la Triple Alianza o del Paraguay (1864-1870) —denominada por los paraguayos como Guerra Grande, «guerra contra la Triple Alianza» o «guerra Guasú», y por los brasileños como la «guerra do Paraguai»— fue un conflicto bélico en el que una alianza conformada por el Imperio del Brasil, Uruguay y Argentina invadió Paraguay. Considerada como uno de los conflictos más sangrientos y destructivos en la historia de América del Sur, tuvo consecuencias catastróficas para Paraguay, dejándolo con una economía arruinada y una considerable deuda externa, además de importantes pérdidas de territorio. También alteró el equilibrio de poder en América del Sur, permitiendo que Brasil surgiera como la principal potencia regional tras el conflicto. Se estima que más de la mitad de la población masculina paraguaya pereció durante el enfrentamiento.

38- En las elecciones de 1958, el Partido Nacional accedió al gobierno después de una hegemonía colorada de noventa y tres años. Los blancos lograron una mayoría en ambas cámaras: diecisiete de treinta asientos en el Senado y cincuenta y uno de noventa y nueve en Diputados. Además, dominaron en las intendencias, quedando todos los departamentos —excepto Artigas— bajo control del Partido Nacional. El Partido Colorado obtuvo el 37,7 % de los votos (su mayor derrota hasta esa época), mientras que el Partido Nacional recibió el 49,7 %. El Partido Nacional estuvo liderado por la alianza herrero-ruralista.

39- Alberto Methol Ferré (1829-2009) fue un influyente intelectual, ensayista y teólogo uruguayo. «En sus textos abordó temas variados como: la historia latinoamericana, la concepción de un nacionalismo popular y de una izquierda nacional rioplatense, los procesos de integración en clave geopolítica y el catolicismo como atributo histórico cultural» (Caetano y Hernández, 2019). Su trayectoria política es frecuentemente caracterizada como oscilante: cercano a Herrera en su juventud, luego militó en el ruralismo, posteriormente se movió hacia la izquierda (adhirió a la Unión Popular en 1962, y fue una figura destacada en el círculo que rodeó a Seregni durante la fundación del Frente Amplio en 1971), para después apoyar las candidaturas presidenciales de Alberto Volonté en el Partido Nacional (1994) y de Mujica en el Frente Amplio (2009). También tuvo un rol destacado en la Conferencia Episcopal de Puebla (1979), siendo una figura influyente sobre el papa Francisco y en la denominada Teología del Pueblo o Teología Popular (Cuda, 2019).

40- Vivian Trías (1922-1980) fue un político y periodista perteneciente al Partido Socialista del Uruguay (PSU), por el que fue electo diputado en varias ocasiones (1956-1963 y nuevamente en 1972, hasta el golpe de Estado). Perseguido, arrestado y preso político durante la dictadura, tras el retorno de la democracia prosiguió su trayectoria política. En términos de reflexión y dirigencia política, Trías se destaca por impulsar un giro nacionalista en el PSU hacia un «socialismo nacional», que sustituyó la línea histórica internacionalista promovida por Emilio Frugoni. También fue muy influyente en la reflexión política del MLN-T. En los últimos años se ha conocido documentación que prueba su colaboración con la embajada checoslovaca en Uruguay (López D’Alesandro, 2019).

41- Según el historiador uruguayo José Rilla: «Revisionismo es un nombre perturbador para designar al menos tres cosas: una disposición sistemática y general para dar vuelta sobre los pasos (propios o ajenos) cumplidos en relación a la reconstrucción del pasado; una corriente concreta de la historiografía, datada, situada, institucionalizada; y una perspectiva radicalmente politizada de la historia, usuaria de ella para el enfoque de las exigencias del presente. De la disposición a revisar da cuenta la historia de la historiografía del último siglo, entendida como consecuencia de la desnaturalización del conocimiento del pasado o su equivalente, la conciencia historiográfica que devela la historicidad de la historia. Del revisionismo como “corriente” alterna, el Río de la Plata conoce empeños intelectuales que retoman los tópicos de la colonia, la revolución y la guerra, las injerencias imperiales, los procesos de “modernización” del siglo XIX y de construcción nacional estatal o del Estado de bienestar de la segunda posguerra» (Rilla, 2010: 69).

42- Juan Manuel de Rosas (1793-1877) fue un caudillo, militar y político argentino que gobernó la provincia de Buenos Aires en dos ocasiones (1829-1832 y 1835-1852), lo que en la época implicaba un rol preponderante en el gobierno de la Confederación Argentina. Asociado al bando federal, su segundo período, conocido como la «era de Rosas» (1835-1852), es una época caracterizada por el autoritarismo y las guerras civiles y regionales. Su figura ha sido objeto de cuestionamientos, reivindicaciones y polémicas en la disputa política y el debate histórico rioplatense, en particular en el marco de la crítica revisionista a las visiones historiográficas nacionalistas predominantes durante el siglo XX.

43- Mujica evitó referirse a las investigaciones recientes que revelan que Vivian Trías —con el seudónimo «compañero Ríos»— se convirtió en informante de la dirección de espionaje checa. Existen varios libros sobre este asunto, entre los que se destacan dos: Vivian Trías, el hombre que fue Ríos: la inteligencia checoslovaca y la izquierda nacional (1956-1977) (Fernando López D’Alesandro, 2019) y Checoslovaquia y el Cono Sur 1945-1989. Relaciones políticas, económicas y culturales durante la Guerra Fría (Michal Zourek, 2014). Este último constituye un análisis centrado en las relaciones políticas, económicas y culturales entre Checoslovaquia y los tres países que componen la región conocida como el Cono Sur americano (Argentina, Chile y Uruguay) durante la Guerra Fría. Una de sus contribuciones fundamentales radica en la utilización de fuentes primarias de gran relevancia, provenientes de archivos checos, rusos y estadounidenses. Esto no solo destaca por su novedad, ya que una gran proporción de estas fuentes no estaba accesible al público, sino también por la abundancia de información proporcionada, enriqueciendo así la comprensión del proceso histórico examinado (Cienfuegos, 2020).

44- Enrique Erro (1912-1984) fue un político uruguayo que inicialmente formó parte del Partido Nacional, por el cual fue electo diputado nacional y designado ministro de Industria en 1959 (cargo al que renunció por discrepar con el gobierno en la firma de una carta intención con el FMI). Posteriormente participó en la fundación de la Unión Popular y luego en el Frente Amplio (al que integró con un sector propio denominado Patria Grande), partido por el que retornó al Parlamento como senador en 1971, hasta que en 1973, previo al golpe de Estado, pero con un gobierno ya embarcado en plena deriva autoritaria, buscaron quitarle los fueros al acusarlo de colaborar con la guerrilla. Este último episodio fue el detonante de la crisis institucional que devino en el golpe de Estado del 27 de junio de 1973.

45- En las elecciones de noviembre de 1962 Erro se incorporó a la Unión Popular (UP), en conjunto con el Partido Socialista (en un movimiento impulsado por Trías), un grupo denominado Nuevas Bases y otras agrupaciones independientes. Si bien en términos electorales la experiencia fue un fracaso (obtuvo solo un 2,3 % de los votos), fue un mojón importante en el acercamiento entre nacionalismo e izquierda, y en tal sentido es considerado un antecedente del Frente Amplio.

46- Punto Final fue una publicación política y cultural de izquierda que tuvo una importante presencia en la década de 1960 en Chile, bajo la dirección de Manuel Cabieses, un periodista afiliado al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) de Chile. La revista facilitó un espacio para el debate sobre diversas teorías y corrientes políticas, y promovió la difusión de entrevistas, reseñas y ensayos de destacados intelectuales y pensadores de ese período.

47- Eleuterio Fernández Huidobro (1946-2016), apodado el Ñato, participó del proceso de fundación del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, de cuya dirección formó parte. En 1969 fue preso en un operativo del MLN (la toma de la ciudad de Pando) y en 1971 se fugó del penal de Punta Carretas, junto a más de una centena de tupamaros. En 1972 volvió a ser capturado y en 1973 pasó a estar en condición de rehén, siendo torturado y encarcelado en condiciones infrahumanas. Recuperó su libertad en 1985 luego de la amnistía a los presos políticos. En 1989 fue elegido senador de la República por el Movimiento de Participación Popular (MPP). A partir de una escisión del MPP fundó, en 2007, la Corriente de Acción y Pensamiento-Libertad (CAP-L). Volvió a ser electo senador durante el gobierno de José Mujica (2010-2015). En 2011, tras discrepar con un proyecto de ley interpretativo de la Ley de la Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado renunció al Senado. Desde ese año asumió como ministro de Defensa Nacional, cargo que ocupó durante el segundo gobierno de Tabaré Vázquez hasta su fallecimiento (Urruzola, 2017).

48- Mauricio Rosencof (1933), de origen comunista, fue uno de los dirigentes históricos del Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros. Fue preso en 1972, y estuvo en condición de rehén desde 1973 hasta 1985, cuando recuperó la libertad junto al resto de los presos políticos amnistiados. Periodista y escritor de amplio reconocimiento, fue director del Departamento de Cultura de la Intendencia de Montevideo (2005-2010).

49- En Argentina, en un contexto de radicalización política y la persecución del peronismo, entre los años 1955-1976 emergió una agrupación política de jóvenes nacionalistas denominada Movimiento Nacionalista Tacuara. Es considerado uno de los primeros grupos guerrilleros argentinos y tiene la particularidad de incluir sectores conservadores de derecha.

50- Uno de los eventos más recordados de esos años fue la primera fuga del penal de Punta Carretas. En 1971, un grupo de ciento seis tupamaros y cinco presos comunes escaparon a través de un túnel que los llevó a una casa de las inmediaciones. Algunos meses después, Mujica fue recapturado, pero luego se volvió a escapar junto a catorce tupamaros y diez presos comunes (Israel, 2010).

51- Los nueves rehenes (Eleuterio Fernández Huidobro, Raúl Sendic, Adolfo Wasem, José Mujica, Jorge Manera, Julio Marenales, Henry Engler, Jorge Zabalza y Mauricio Rosencof) fueron mantenidos aislados y rotados permanentemente por los cuarteles del interior del país durante varios años, soportando condiciones deplorables, en celdas individuales, sin baños ni luz eléctrica (Martínez, 2005). Edgardo Carvalho, uno de sus abogados defensores, denunció «que las condiciones de reclusión estaban destinadas a exterminar a los dirigentes de la organización guerrillera, llevándolos a la locura o al suicidio» (Martínez, 2005: 13). Además, entre junio de 1973 y setiembre de 1976, la dictadura uruguaya retuvo a once tupamaras también como «rehenas» durante la represión contra la insurgencia. Alba Antúnez, Cristina Cabrera, Elisa Michelini, Flavia Schilling, Gracia Dri, Yessie Macchi, Lía Maciel, María Elena Curbelo, Miriam Montero, Raquel Dupont y Stella Sánchez fueron sometidas a un régimen de vida diseñado para causar sufrimiento constante, sin más propósito que infligir daño y desincentivar todo inicio de réplica del MLN (Ruiz y Sanseviero, 2012).