Confucio (2010), película realizada por la directora china Hu Mei, contiene un diálogo entre el gran filósofo Confucio (Chow Yun-Fat) y la princesa Nan Zi (Zhou Xun), que goza de dudosa reputación y maneja los hilos del poder en el reino del rey Lu. Ella le insiste en volver a encontrarse. Confucio se niega y al preguntarle la princesa el porqué, él responde: «No conozco a nadie que anteponga sus principios a la pasión». Confucio muestra con esta afirmación una conciencia poco común sobre la fuerza de la pasión y la propia vulnerabilidad al enfrentarse a ella. Desactivarla a través de la distancia y de la huida puede ser un camino. En casi todas, sirve. Excepto ante la accedía, quizá la más fuerte de todas, ante la cual solo cabe la resistencia.
Ante la segunda edición de este libro y tras numerosos cursos y seminarios impartidos en diversos países, me reafirmo en la convicción de que sin captar a fondo la propia pasión dominante no es posible tener un conocimiento suficientemente profundo del propio eneatipo. Se confirma esta apreciación, junto con la validez del eneagrama como instrumento de análisis y de trabajo personal, en las diversas culturas, como he podido observar en algunos cursos dados en Italia a participantes de los cinco continentes. Cada pasión se alimenta de unos pensamientos distorsionados, que Evagrio Póntico llamaba logismoi y que se corresponden con las fijaciones o las ideas locas que explica Claudio Naranjo. Nutrida cada pasión dominante de esos constructos mentales, su dimensión emocional adquiere una complejidad caótica que hunde su urdimbre afectiva en los diversos fondos del instinto sexual, social o de conservación, generando las tres variantes subtipológicas. Los extractos de las entrevistas llevan aparejados un símbolo para indicar el subtipo correspondiente de cada autor: ◾ Conservación, ♦ Sexual, y ⚫ Social.
La decisión de Ediciones Urano de publicar la segunda edición de este libro me ha proporcionado una gran alegría por varios motivos. A medida que se iban agotando los ejemplares de la primera edición, crecía la demanda a la que me veía imposibilitado de atender. Ahora me siento aligerado porque los potenciales lectores y buscadores del autoconocimiento no solo dispondrán de ejemplares a su alcance, sino que, además, la proyección editorial del libro alcanzará a muchos más países de los que hasta ahora han tenido acceso por los reducidos mecanismos de distribución.
Etty Hillesum, en el cuaderno once de su Diario, escribe el 18 de septiembre de 1942: «Muchas personas siguen siendo jeroglíficos para mí, aunque poco a poco aprendo a descifrarlos. Es lo más hermoso que conozco: leer la vida de las personas» (Hillesum, 2020, p. 916). ¡Ojalá el eneagrama de las pasiones permita descifrar el jeroglífico de nuestra vida y de las personas con las que la compartimos!
Sin más, seguidamente, me remito al prólogo íntegro de la primera edición.
Todo itinerario personal comienza por un descenso. En 1993, participé en un campo de trabajo en Antananarivo, Madagascar. Aquellas vivencias dieron origen a un libro que vio la luz cuatro años después: El coratge navega mar endins [El coraje navega mar adentro]. Recuerdo las horas de una tarde pasada en el vertedero municipal de Tana, donde vi a niños hacer túneles en las montañas de basura, con riesgo de quedar sepultados en ellas, para extraer objetos de dudoso valor. Apocalíptico. Bajé a las entrañas de miseria y de horror de las estructuras de nuestra sociedad. Conocí allí el sueño de unos cuantos que intentan hacer posible un cambio. Esta vez, las cosas son distintas, pero tienen dos parecidos: el descenso y el coraje. Descenso, que consiste en bajar a las profundidades del corazón humano, al fondo de sus pasiones dominantes, y coraje, con riesgo de perder el contacto con la tierra firme y de ser engullido por las aguas. Se trata de una aventura personal (y colectiva), que acepta un itinerario sin garantías de llegar a la meta prefijada. Como Luiz Vaz de Camões (1980) en Os Lusíadas, el viaje transcurre «por mares nunca de antes navegados» (p. 30), porque para cada uno su itinerario es novedad. En mi caso, otros me han precedido en la búsqueda dejando estelas en el mar. El mapa del eneagrama facilita la tarea, siempre que se utilice con rigor y conocimiento. Su poder de fascinación no debe entorpecer el viaje y su destino. El empeño de compaginar mi búsqueda existencial con la realización de una tesis doctoral, pese a los riesgos y tensiones que pudiera entrañar, se me ha mostrado como fructífero y comprometido. Las reticencias iniciales del mundo universitario solo se podían superar con planteamientos fundamentados y con métodos consistentes. Ningún proyecto doctoral implica tanto como aquel que, al surgir de la propia vida y de las propias inquietudes, no se reduce a cumplir unos requisitos académicos.
Mi investigación toma como punto de partida el concepto de las pasiones dominantes tal como lo desarrolla Claudio Naranjo (1994a, 1997, 2000, 2004) y apunta a generar una teoría sobre las repercusiones que se producen en una persona cuando se deja guiar por su pasión dominante en el ámbito de las relaciones consigo misma, con los otros (en sus vertientes de amor-pareja y amistad y trabajo), con las cosas (por una parte, dinero y propiedad, y por otra, naturaleza y ecología) y con Dios, lo divino, lo trascendente, acotando en algunos casos el terreno a determinados aspectos significativos. Gallen y Neidhardt (1997) publicaron un libro que contiene una reflexión sobre diversos aspectos referidos a las relaciones. Palmer (1995) estudió las características de la interacción entre todos los eneatipos en el ámbito del amor y del trabajo, tema este sobre el que Lapid-Bogda (2006) dedicó un libro. Mi aportación aborda las relaciones desde otros parámetros distintos, como son las pasiones dominantes, afronta la tarea propuesta de manera sistemática, aplica una metodología hermenéutica (la Grounded Theory) y se basa en el análisis cualitativo de los textos de 27 entrevistas en lengua castellana y 27 más en lengua italiana, seleccionadas unas y otras en función de los 27 subtipos existentes en el eneagrama, concentrándose fundamentalmente en cada tipo. El promedio de edad de las personas que respondieron a los cuestionarios en el momento de hacerlo era de 43 años, casi el 60 % de las cuales pertenecen al sexo femenino.
Mi objetivo trata de abordar el substrato psicológico de los pecados capitales, llamados aquí pasiones dominantes, aplicado en el campo de las relaciones y tender puentes que favorezcan el diálogo interdisciplinar, con ayuda del mapa de la psicología de los eneatipos, comúnmente llamado eneagrama. Las personas que se dedicaron intensamente a vivir procesos espirituales, ya desde épocas precristianas hasta los eremitas, los padres del desierto y los monjes después (Grün, 2003a), libraron agudas batallas interiores contra el propio ego que amenazaba su libertad. No partieron tanto de la norma establecida sino de los fondos de la propia personalidad. Fueron conscientes de sus sentimientos y de los diversos mecanismos psicológicos que podían impedir una vida espiritual y el acceso a Dios. Desde el fondo de la persona, construyeron o descubrieron una espiritualidad que Anselm Grün llama una espiritualidad desde abajo y que Evagrio Póntico logró definir con una formulación ya clásica: «si deseas conocer a Dios aprende primero a conocerte a ti mismo» (Grün, 2000, p. 8). Santa Teresa de Jesús (1986) lo expuso con claridad: «Tengo por mayor merced del Señor un día de propio y humilde conocimiento, aunque nos haya costado muchas aflicciones y trabajos, que muchos de oración» (Fundaciones 5, 16, p. 692). Autoconocimiento necesario, pero no suficiente. La psicología es clave en este tipo de espiritualidad y en estos procesos personales las pasiones juegan un papel decisivo, tal como puede observarse en san Juan de la Cruz (1955) en su obra Noche oscura de la subida al Monte Carmelo. La concreción de los llamados pecados capitales fue el resultado del proceso espiritual de quienes llegaron a la conclusión de que había unas ideas, sentimientos y actuaciones que eran capitales, que generaban actitudes dependientes de ellas y que bloqueaban todo progreso espiritual. Ir a la raíz garantiza un proceso más riguroso y profundo.
Se ha efectuado tradicionalmente la distinción entre conciencia psicológica y conciencia moral. Por la primera, me reconozco autor de mis actos. Por la segunda, realizo su valoración moral. Es decir, si lo que he hecho está bien o mal. Sin la primera, la moral se convierte en algo impuesto, externo a la persona, que está constreñida a permanecer en el tabú o la prohibición. Ahondar en la conciencia psicológica, un objetivo colateral de este libro, significa prestar un servicio insustituible a la persona y a la vez proporcionar los fundamentos para el ejercicio de una moral desde la libertad, sin la cual aquella no tendría ningún sentido. Garrido (1996) afirma: «Las ciencias humanas, especialmente la psicología, han analizado el funcionamiento de la conciencia en toda su complejidad: estructuras, tendencias, evolución, etc.» (p. 544). Por este motivo, el diálogo entre psicología y moral resulta profundamente enriquecedor e indispensable. No obstante, no existe otra pretensión que la de proporcionar datos desde la psicología de modo que el moralista pueda utilizarlos para su reflexión. No deseo traspasar aquí los límites de la propia investigación, aunque soy consciente de que la terapia tiene un techo, pero la espiritualidad, no.
Antes de meterme de lleno en el estudio de las relaciones, dibujé el escenario de la investigación a través de preguntas sobre el origen y significado del símbolo del eneagrama y sobre el número de las pasiones, ya que vulgarmente el cristianismo habla de siete pecados capitales y el eneagrama se centra en nueve. El hecho de que el eneagrama no tenga una paternidad clara y que durante años se haya transmitido de manera oral, le ha proporcionado un cierto carácter esotérico y misterioso (Vollmar, 1998). Desestimo como infundados sus orígenes sufíes. Las tres personas clave, son Gurdjieff, Ichazo y Naranjo. George Ivanovich Gurdjieff, primera persona que habla del eneagrama, murió en 1949 y sus aportaciones son estudiadas por grupos del Cuarto Camino, que se encuentran diseminados en muchas ciudades del mundo. Óscar Ichazo, creador del Instituto Arica, transmitió a Claudio Naranjo en 1970 unos elementos básicos del eneagrama. Naranjo, creador del programa SAT («Seekers After Truth», buscadores de la verdad), los ha desarrollado con fundamento de modo que, según Palmer (1996), ha establecido el puente hacia la psicología contemporánea. Su obra fundamental en este terreno es Carácter y neurosis. Una visión integradora (1994a), complementada por Autoconocimiento transformador. Los eneatipos en la vida, en la literatura y la clínica (Naranjo, 1998). El proceso de la implantación del eneagrama ha sido complejo y su conocimiento ha sido utilizado a veces para finalidades confusas, que han dañado su credibilidad, sea porque algunas corrientes poco consistentes lo han incorporado parcialmente a su bagaje, sea porque al tratarse de una tipología novedosa ha propiciado una reducción que ha trivializado sus contenidos. El eneagrama enumera nueve pasiones, una para cada tipo, de las cuales siete coinciden con la lista tradicional de los pecados capitales. Se añaden dos más: la vanidad y el miedo. En todas las listas de los primeros autores que formulan una enumeración cerrada, comenzando por el monje Evagrio Póntico, se incluyen ocho pasiones, entre las que está la vanidad. El miedo, la única que no se recoge en la lista, pudiera confundirse con el santo temor de Dios y, acaso por este motivo, fue excluida de la relación.
Esta investigación va a permitir la publicación de dos libros. El primero, El eneagrama de las pasiones, este que tienes en las manos o quizás en la pantalla de un lector electrónico, ofrece una anatomía psicológica de las pasiones dominantes. El segundo, El eneagrama de las relaciones, que refleja la conclusión de mi búsqueda, presenta la constelación de rasgos de cada pasión dominante en cada uno de los cuatro ámbitos estudiados.
Ambos libros se sitúan en un segundo nivel de lectura. No ofrecen los conceptos básicos del eneagrama, que se dan por supuestos, y que fundamentalmente se encuadran en las aportaciones de Claudio Naranjo. Un lector que los desconozca también puede sacar provecho, aunque se le escaparán algunos detalles. El análisis de cada pasión aquí sigue un mismo esquema, inspirado en la relación entre ser, consciencia y obras. La consciencia que cada persona tenga sobre su propio ser afectará, normalmente, a su manera de comportarse. La falta de consciencia, característica del ego, oscurece el ser y perturba la conducta. El capítulo final del libro lo dedico a la interrelación entre las pasiones dominantes, que puede servir para ver con mayor claridad semejanzas y diferencias entre eneatipos. En las referencias, sigo las normas de la APA (American Psychological Association). Intento evitar una redacción sexista, aunque no siempre ocurre así, pero soslayo expresiones perifrásticas o estilos determinados que pudieran dificultar una lectura ágil del texto.
El mapa de la persona según el eneagrama establece tres centros. El centro mental que genera pensamientos, que reciben el nombre de fijaciones en su versión egoica. El centro emocional que genera sentimientos, denominados pasiones cuando actúan por la fuerza del ego. El centro visceral o instintivo, ocupado en la acción, agrupa los instintos sexual, social y conservación, que influyen decisivamente en la forma de vivir la pasión dominante y que originan sus tres variantes subtipológicas. Por tanto, el eneagrama presenta los entresijos y las consecuencias de pensar, sentir y actuar conforme a las pasiones. Cabe decir que la psicología de los eneatipos integra tres visiones de la persona en un esquema común: las psicologías de la mente o cognitivas, que privilegian el pensar en la configuración de la personalidad; las psicologías de la emoción, que privilegian el sentir; y las psicologías del comportamiento que acentúan el papel de la conducta. La tarea, siguiendo a Gurdjieff, trata de integrar estas tres visiones en lo que él concretó como su propuesta del cuarto camino (Ouspensky, 1968; Reyner, 1985).
Si una persona conoce su pasión dominante, irá directamente en la mayoría de los casos al capítulo que trata sobre ella. Ningún problema. No obstante, el conocimiento completo del eneagrama añade profundidad y matices a la comprensión de sí mismo. Por ello, es recomendable la lectura completa del libro, sin necesidad de seguir un orden concreto. Cabe indicar que todas las pasiones pueden seducirnos con mayor o menor fuerza.
¿Quién no ha sentido envidia alguna vez, quién no ha caído en la gula, quién no se ha visto tocado por la vanidad, quién no se ha enfadado, quién no ha experimentado deseos lujuriosos…? El elemento clave de la pasión dominante es su vínculo con el carácter. No solo reacciona ante un hecho, como hacen las demás pasiones, sino que se activa antes de la experiencia. Estas realidades pertenecen al corazón humano, por ello gozan de constante actualidad.
Lluís Serra Llansana