(Molins de Rei, 28 de agosto de 1913)
Capitán de 1941 a 1945
Nació en Molins de Rei, la localidad donde vivió toda su vida, si exceptuamos los difíciles momentos de exilio en Francia durante los años de la guerra civil. Empezó a dar sus primeros pasos futbolísticos en el Colegio de los Salesianos de Mataró, pese a que su familia, en absoluto amante al fútbol, no veía con buenos ojos esa afición del joven Josep, que, no obstante, empezó a jugar como amateur en el conocido como «La Penical», equipo vinculado a las juventudes católicas de su pueblo. Sus padres continuaron apostando por un futuro más serio y convencional, y lo prepararon para que estudiara y continuara con el negocio familiar de compra y venta de ganado. Josep fue compaginando su afición al balón con el estudio y las prácticas en la empresa familiar, que tenía cierto renombre en la comarca. En 1932, el club Júpiter le propuso participar en un amistoso contra el Badalona. Sus padres seguían oponiéndose a que su hijo siguiera esa dirección, así que, aunque no pudieron impedir que participara en el encuentro, sí se opusieron a que el Júpiter lo fichara, y él, complaciente, aceptó la decisión.
Pero el FC Barcelona ya le había echado el ojo, y fue intentando, en diversas ocasiones, convencer a la familia con diversas estrategias, incluyendo el envío de ramos de flores a la madre o contactar con el cura de la parroquia, mosén Colom, para hablar con los padres. Josep, sobra decirlo, ya estaba más que convencido. Fichar por el FC Barcelona era su sueño.
Los directivos del Barça hicieron un último intento y en 1932 organizaron un discreto partido en Les Corts entre el FC Barcelona y La Penical, pero la prensa lo publicita de tal modo que los padres de Josep se enteraron y le denegaron el permiso para jugar. Josep tenía ya diecinueve años, pero eran otros tiempos.
Un año más tarde, y sin que sus progenitores supieran que Josep había participado en algún amistoso con el Barcelona, tres directivos del club se desplazaron a Molins para hablar del fichaje con ellos, aprovechando que habían ido relajando su posición en los últimos tiempos, tal vez gracias a la intervención de mosén Colom y a que el padre, Lluís Raich, lo había visto jugar y sabía, por los comentarios de los entendidos, que su hijo jugaba mejor que la media. Así que finalmente, en 1934, Josep Raich firmó un contrato de dos años con el FC Barcelona. Sabemos de sus emociones esa jornada porque Josep empezó a redactar un diario ese mismo día, una rutina que no abandonaría hasta 1936, cuando tuvo que marcharse del país a raíz del inicio de la guerra civil. «Por fin he firmado por mi querido Barça. Después de muchas visitas al local social del club hemos llegado a un acuerdo con la Junta», escribió.
Debutó el 21 de mayo de ese año, en un amistoso contra el Wienner,1 como delantero centro, marcando tres goles, de los cuales uno fue anulado. En su dietario escribió que ese día empezó «muy nervioso», aunque marcó un tanto que lo tranquilizó, y un segundo que «me vino de perlas, porque el público no se cansó de animarme hasta el final». Esa temporada sirve para afianzar una dupla con Escolà, delantero centro, mientras Raich pasó a ser interior. En siete partidos, Raich hizo 14 goles.
Pese a ser ya profesional, Josep continuaba ayudando en la empresa familiar. Los jugadores profesionales parecían amateurs comparados con los actuales: no existían las concentraciones, se desplazaban al campo por separado, normalmente en transporte público, apenas eran conocidas sus caras, cobraban poco...
Al estallar la guerra civil, y debido a su filiación católica practicante, Raich se exilia en Francia, y el FC Barcelona lo declara en rebeldía por incumplimiento de contrato. Sin embargo, el país vecino le otorgó estatuto de refugiado de guerra y siguió jugando al fútbol, en el FC Setè y en el ES Troyes AC.
En 1939, una vez acabada la guerra con la victoria del bando sublevado, Raich regresa a España. En un primer momento, fue castigado con tres años de suspensión para jugar al fútbol, pero finalmente se redujeron a unos meses. El Barça necesitaba volver a la calidad de antaño y lo hizo de la mano de jugadores como Raich, ya veterano y consagrado centrocampista.
A finales de la temporada 1940-1941, Josep es nombrado capitán, por su veteranía, pero también por su carácter y orgullo de club. Esa misma temporada, el seleccionador nacional se fijó en él y lo convocó para jugar un partido contra Suiza.
Al curso siguiente, como capitán, levanta la copa —entonces llamada Copa del Generalísimo— tras un disputado partido contra el Athlétic de Bilbao que acabó 4-3. Dos años más tarde, en la temporada 1944-1945, por fin puede alzarse con la liga, gracias a la labor del exjugador y ahora entrenador José Samitier, que acompañó al club en un proceso de mayor profesionalización, cambiando y reestructurando los entrenamientos, las concentraciones y las convocatorias.
Tras esos tres trofeos, el capitán de Molins, con treinta y dos años, 190 partidos oficiales jugados con el Barça, ninguna lesión y muchas tardes triunfales, decide que es el momento de retirarse. Y así, el 16 de septiembre de 1945, el club le organiza un homenaje en un campo de Les Corts con lleno completo.
El club francés Troyes, al saber de su retirada, hizo una última tentativa y le ofreció un suculento contrato para lo que se cobraba esos años. Pero Josep se inclina, esta vez, por la familia y se incorpora al negocio familiar.
El capitán molinense falleció el 25 de julio de 1988. Querido y admirado por sus conciudadanos, además de los diversos homenajes recibidos tras su retirada —incluido el recibido en 1985, que reunió a algunos de sus excompañeros de equipo—, en 1991, el Ayuntamiento decide poner su nombre al campo municipal de fútbol, y en 1995, la Peña Barcelonista Azulgrana de Molins de Rei pasa a llamarse Penya Blaugrana Josep Raich.