(Iloílo, Filipinas, 7 de octubre de 1896)
Capitán de 1921 a 1924
El padre de Paulino Alcántara era un militar destinado a Filipinas cuando este país era aún una colonia española. Allí conoció a su esposa y allí nació Paulino, en 1896. Regresó a Barcelona en 1899, tras la pérdida de la colonia por parte del Estado español. Coincidió su llegada con el nacimiento del FC Barcelona, y en el año 1910, él mismo se acercó a Gamper, el fundador del club, para convencerle de que creara un equipo infantil, del que pasó a formar parte. Dio el salto al primer equipo solo dos años después, en 1912. Con apenas dieciséis años, ya desde el inicio fue uno de los jugadores más destacados de su generación por su técnica, velocidad, capacidad goleadora y carisma. Con sus 404 goles en 404 partidos, incluidos los amistosos, fue el goleador histórico del club hasta que el argentino Leo Messi le arrebató el trono.
Todo esto en unos años en los que aún no se había constituido el Campeonato Nacional de Liga (nació en 1929), pero sí la Copa de España, que el club ganó cinco veces con Alcántara como jugador, y otros campeonatos hoy desaparecidos, como el de Cataluña, que el Barcelona obtuvo en diez ocasiones con Paulino en sus filas.
En su biografía Mis memorias, escrito en 1924, donde incluye «consejos prácticos para el entrenamiento» (tal es el nombre completo de la obra), Alcántara desvela que su pasión por el fútbol nació en Barcelona, una tarde de 1908 en la que vio un partido de sus compañeros de clase. Desde ese momento, la pasión por el balompié dominó su vida y no cejó en el empeño hasta conseguir su primera pelota. A punto estuvo el fútbol de perder a una figura fundamental por problemas de salud, al sufrir un trastorno hemorrágico que le destruía las plaquetas necesarias para la normal coagulación de la sangre. Afortunadamente, logró superar la enfermedad.
En su debut con el primer equipo, el 25 de febrero de 1912, Paulino jugó contra el Català Sporting Club, en un partido del Campeonato de Catalunya. Nada que destacar, excepto que marcó tres goles de los nueve que dieron la victoria al Barça y que los pocos centenares de aficionados que acudieron ese día al campo de la calle Industria presenciaron, según afirmaron en dos biografías de Alcántara los periodistas Xavier Díez Serrat y Ángel Iturriaga y David Valero, el nacimiento de una leyenda, probablemente la primera en el mundo del fútbol, al menos dentro de nuestras fronteras. Además, las crónicas deportivas cuentan que en su segundo y tercer partido repitió el hat trick de su debut.
Se recuerda especialmente, también, un partido amistoso de la selección contra Francia (con compañeros azulgranas como Samitier o el mítico portero Zamora) en abril de 1922, en el que Alcántara marcó dos goles de los cuatro que se apuntó España. Pues bien, el primero lo lanzó con tal potencia que rompió la red. O eso ha quedado en la memoria. Sus virtudes como interior derecho y potente disparo —con la derecha, pero también en ocasiones con la izquierda—, así como su inteligencia en el juego, compensaba el hecho de que los defensas lo superasen físicamente y contribuyeron, junto a su fuerte y carismática personalidad, a que se convirtiera en el primer jugador verdaderamente popular de la entidad.
Otros episodios de su vida demuestran hasta qué punto Paulino Alcántara no fue un jugador cualquiera. En 1916, apenas cuatro años después de su debut en el primer equipo, marcha a Filipinas con su familia y allí empieza a estudiar medicina. Pero poco después el club le pide que regrese para ayudar a resolver los graves problemas deportivos que el equipo atravesaba. Tras convencer a su familia y dos meses de viaje por mar, el 28 de abril de 1918 Alcántara desembarcaba de nuevo en Barcelona dispuesto a competir y sin abandonar su sueño extradeportivo. Siguió estudiando la carrera de medicina, y para ello incluso renunció a acudir a los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920. A mediados de esa década empezó a ejercer como médico especializado en urología, pero sin dejar el balón, hasta su retirada en 1927, un año antes del inicio de la liga. En su despedida fue objeto de homenaje por parte del club —con los jugadores de la llamada Edad de Oro del Barça, como Plattkó, Samitier, Piera o Sastre— y de la selección, quienes jugaron un partido en su honor en el campo de Les Corts, con el aforo completo.
Tras su etapa como jugador, Paulino Alcántara regresó al club en calidad de directivo en dos ocasiones, en 1931 y en la temporada 1933-1934. Durante la guerra civil formó parte del bando sublevado como teniente médico y su relación con el Barça quedó interrumpida hasta 1959, momento en que regresó para ser presidente de la Agrupación de Antiguos Jugadores.
Falleció el 13 de febrero de 1964, con sesenta y siete años, de una anemia aplásica, infección sanguínea grave que imposibilita a la médula ósea producir el número suficiente de glóbulos para que el cuerpo funcione con normalidad, algo que parece relacionado con aquel primer episodio de su infancia y juventud. Su féretro fue transportado por diversas leyendas del club, entre ellas sus admirados Samitier y Ricardo Zamora.