LA SEROTONINA ES UN NEUROTRANSMISOR que popularmente se ha conocido como la auténtica «hormona de la felicidad». Sin embargo, aunque tiene mucho que ver con nuestro bienestar, también se encarga de muchas otras funciones importantes, como por ejemplo regular el apetito (ya que decide cuándo estamos saciados), controlar la temperatura corporal o intervenir en el proceso del deseo sexual. Aun así, el título de «la hormona de la felicidad» se lo ha ganado a pulso y aquí no lo vamos a discutir.
A diferencia de otras hormonas o neurotransmisores, la serotonina tiene dos hábitats en los que trabaja, el cerebro y el intestino. De hecho, es nuestro sistema digestivo el que produce casi el 90% de la serotonina total. Esto puede llevar a hacernos pensar que esta es la clave de por qué sentimos mariposas en el estómago cuando nos ilusionamos con algo o estamos enamorados, pero no, no tiene nada que ver. Esa sensación está relacionada con el miedo a lo desconocido o ante un reto (que nuestro amor sea correspondido, por ejemplo). Ante el miedo, el cuerpo se pone en «modo lucha» y toda la sangre se concentra en piernas y brazos (para poder correr o defendernos) y el estómago se vacía y sus funciones pasan a un segundo plano. Y esto es precisamente lo que provoca ese cosquilleo que interpretamos como amor.
También hay otra expresión menos romántica, que asegura que los estreñidos siempre están de mal humor. Esto, que incluso se ha utilizado para bromear en anuncios de cereales ricos en fibra (la fibra ayuda al tránsito intestinal), sí está relacionado con la serotonina y la felicidad. Y es que la falta de serotonina puede derivar en problemas intestinales como el estreñimiento crónico, y una de las consecuencias es que nos sentiremos más pesimistas, decaídos y de peor humor.
También por este motivo se dice que el estómago es el segundo cerebro, o una frase que me encanta: «Por la panza entra la danza». Y es que ¿qué nos hace más felices que una buena comida?
Los hombres y las mujeres son distintos en muchísimos aspectos, incluida la forma de sentir. Aunque esto hoy en día pueda considerarse políticamente incorrecto, el hecho de que los hombres lloren menos no es un tema 100% cultural o social. Lloran menos no solo porque se les ha dicho que los hombres no lloran o frases similares, también por una explicación científica en el que la química y la biología coinciden. Los hombres tienen un 52% más de serotonina que las mujeres. Y esto tiene muchas implicaciones, y la más interesante es la mayor predisposición de las mujeres a sufrir ansiedad en comparación con los hombres. Ahora bien, esto no quiere decir que los hombres sean más felices porque sí. Pero no es una locura generalizar que suelen darles menos vueltas a las cosas y evitar caer en el círculo vicioso de las preocupaciones sin sentido.
En este punto, como mujer, tengo que destacar la falta de estudios que hay al respecto. Esto es debido a que, históricamente, los ensayos clínicos se han desarrollado con hombres, y muchas ideas y teorías se han elaborado con esta base. Ahora que sabemos la inmensa cantidad de diferencias que existen entre géneros, mucha información que se sigue dando por válida hoy debería estar en cuarentena hasta disponer de toda la información referente a las mujeres.
Querer más serotonina para ser más felices es algo totalmente lícito. De hecho, conseguirlo es relativamente fácil, incluso más que lograr aumentar los niveles de endorfinas.
El problema en casos de depresión, como veremos más adelante, no es la falta de serotonina o que nuestro cuerpo no sea capaz de producirla, sino que no se capta de forma correcta. Pero de esto ya hablaremos en el capítulo 11.
Ahora dejaremos la depresión de lado y vamos a centrarnos en períodos de tristeza o decaimiento. De hecho, la palabra depresión ha perdido su sentido verdadero de tanto usarla. Así, la expresión «estoy algo depre» se ha convertido en una excusa para no quedar cuando no te apetece, para justificar un atracón de una comida poco saludable o para no hacer nada en todo el día, de manera que la palabra depresión ha perdido su condición de trastorno.
Es normal sentirse triste. Hay momentos en los que la tristeza está totalmente justificada, como un duelo, un fracaso, una mala noticia, etc., y en otros momentos esa tristeza o apatía no estará directamente relacionada con un acontecimiento o será el conjunto de muchos, pero será igual de válida.
En esos momentos o períodos de tristeza, sí que es necesario ampliar las fuentes de serotonina y aumentar su producción, y esto se puede lograr de varias formas, como ahora se verá.
Una primera forma de activar la serotonina es comiendo alimentos ricos en triptófano (presente en el pescado o en los frutos secos), ya que es un aminoácido esencial que ayuda a nuestro organismo a producir serotonina y también melatonina, la conocida «hormona del sueño». Otra forma es, simplemente, tomando un poco el sol cada día: el sol es la mayor fuente de vitamina D para nuestro organismo y, a su vez, esta vitamina forma parte del proceso de producción de serotonina.
Realizar alguna actividad física (correr, pasear, hacer yoga) también genera su activación, y más si la llevamos a cabo rodeados de naturaleza. Por defecto, mantener alejado el estrés también ayuda a mantener unos buenos niveles de serotonina en el cuerpo.
En ocasiones, llevar a nuestro cuerpo y a nuestra mente al límite puede tener efectos positivos en nuestra salud. Eso sí, siempre que sepamos controlarnos y tengamos un alto grado de autoconocimiento.
Uno de los mejores ejemplos es el que encontramos en Wim Hof, un atleta holandés que ha puesto su nombre a un método un tanto extremo, pero al que nadie todavía ha encontrado la forma de rebatir. Todo comenzó cuando su mujer se suicidó por problemas psicológicos y se quedó a cargo de sus cuatro hijos. La meditación no era suficiente y Hof empezó a experimentar con su cuerpo, siempre con el objetivo de encontrar herramientas que le hiciesen más fuerte.
Su lema es «Eres más fuerte de lo que piensas», y bajo este paraguas comenzó con las pruebas más duras: los baños en hielo. Según él, con esta técnica logra fortalecer el sistema inmune, reduce el estrés y mejora la autoestima por el gran control de su fuerza de voluntad. ¡Y es que hay que estar muy seguro de lo que se persigue obtener para introducirse en agua helada en pleno invierno!
Esta técnica y su tremenda repercusión pronto llamó la atención de la comunidad científica. A falta de evidencias claras y precisas, son muchos los investigadores que se han puesto manos a la obra para comprobar qué hay de cierto en esto y qué puede ser contraproducente y, para sorpresa de muchos, de momento son más las voces que lo defienden, aunque de momento no hay un estudio que pueda servir de referencia.
¿Qué beneficios tiene sumergir nuestro cuerpo en agua helada? La teoría aquí sí es clara. Ese esfuerzo para nuestro organismo despierta el cortisol, la adrenalina y la noradrenalina. Es decir, el equipo responsable de las emociones fuertes. Tras este chute llega la serotonina para poner un poco de paz y esa chispa de felicidad que crea junto a la dopamina, la responsable de que nos dé ese subidón del «lo he conseguido».
Así, con un rápido chapuzón logramos mejorar la autoestima, liberar estrés y relajar el cuerpo para favorecer el descanso. En la parte física, algunos médicos aseguran que esto puede ayudar a fortalecer el sistema inmune y a desinflamar el organismo, siempre que hablemos de adultos sanos.
HORMONA |
FUNCIÓN |
PROPIEDADES |
¿CÓMO POTENCIARLA?* |
Serotonina |
Se encarga de regular el control de las emociones, el estado de ánimo y el apetito sexual. |
Aumenta la concentración y la autoestima. Su ausencia se asocia a trastornos como la depresión, la ansiedad, el estrés, el trastorno obsesivo compulsivo, etc. |
• Consume alimentos ricos en triptófano (pescado, frutos secos, semillas, plátanos, lácteos, huevos, etc.) • Agradece lo que tienes • Disfruta de la naturaleza • Realiza alguna actividad física • Evita el estrés • Toma el sol • Dúchate o hazte un baño en agua muy fría |
*En todos los casos, siempre hay que tener en cuenta que algunas actividades activan más de una hormona de la felicidad a la vez.
