Via Veneto, el restaurante excepcional al que irías a comer cada día
El Via Veneto es un restaurante de lujo cálido y tierno: en pocas casas de comidas del país (y del mundo) te hacen sentir tan bien acogido, halagado y sobre todo respetado. Desde el momento en que se traviesa el umbral de la puerta de madera, empieza una experiencia excepcional que querrías repetir cada día. ¿En dónde, si no, te hacen olvidar tus pesares cotidianos con tanta rapidez y te hacen sentir importante solo pronunciando tu nombre? Y, además, comes exquisitamente: los platos —digámoslo con sencillez poética— son flor de canela.
La hospitalidad, sentida como valor de familia (esfuerzo, rigor, orden) y de equipo, distingue el restaurante Via Veneto, actualmente dirigido por Pere Monje, hijo de Josep Monje, y con el chef David Andrés en la cocina. Pilares de gran fortaleza.
En la sala, el maître Javier Oliveira, el sumiller José Martínez y el mismo Pere Monje llevan las riendas del servicio, siendo tan atentos y discretos como eficaces. Son mensajeros del maná que proviene de la cocina, y además sirven el amor por el trabajo bien hecho, la pasión por el oficio, por el servicio atento, por la atención al cliente.
Junto a ellos, también están Lluís González y Javier Vidal, referentes de la sala, con muchos años de experiencia, que son ejemplos para el equipo joven que pronto liderará la sala. Estamos hablando de Miguel Ortega y Sergio Delgado, pues ambos simbolizan la nueva generación de la sala del Via Veneto.
Hay más personas en el equipo que hace falta nombrar, porque son indispensables para que toda la maquinaria del restaurante funcione a la perfección. Esther Santos, mano derecha de Pere Monje en Administración desde hace muchos años, con un trabajo impecable. Jaume Monje y Marc Cortada, segundos de cocina, que aseguran la continuidad de la línea gastronómica de la casa. Y muchas otras personas que son protagonistas de las páginas siguientes.
Jaume Monje y Marc Cortada, pilares referentes de la sala, con muchos años de experiencia.
Hay restaurantes excepcionales a los que solo se va una vez en la vida, y hay otros —también excepcionales— que te instan a ir cada día.
Un día, Pere Monje me explicó que su memoria olvida los elogios pero, en cambio, retiene las críticas, las cuales recuerda y analiza para extraer conclusiones, que se convierten en mejoras del servicio. Lo dice el hombre que es capaz de recordar los apellidos de todos sus clientes. Todos. En el acto que la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició dedicó al copropietario de El Bulli Juli Soler, en la Navidad de 2022, en el que el restaurante se encargó de la cena conmemorativa, tuve la oportunidad de comprobarlo. Pere Monje saludaba a periodistas, invitados, cocineros por sus apellidos. Sin dubitación. El buen servir del Via Veneto se encarna justamente en este detalle locuaz. Un nombre es solo un nombre, pero se trata de la grandeza de recordarlo.
El detalle es locuaz, repito. Explica la hospitalidad del Via Veneto, y también la calidez de su cocina, excepcional por su producto, su técnica, su creatividad, su presentación, y también porque es próxima, saludable, tradicional y, a la vez, muy moderna. Si hay restaurantes excepcionales a los que solo se va una vez en la vida, hay otros, también excepcionales, que te instan a ir cada día. Por eso, el menú degustación y la carta del Via Veneto conviven con tanta fuerza. Pere Monje recuerda los nombres de sus clientes, a quienes les explica la bondad de sus platos, que por lo general quieren volver a degustar.
Durante el tiempo compartido con los protagonistas de este libro, ninguno de ellos se regodeó en los hitos, los laureles que coronan su labor. Ajetreados por su trabajo, no se paran a pensar en lo que han conseguido, sino en el presente y en el futuro que quieren conquistar.
Pero yo sí que quiero recordarlo todo. El Via Veneto es el restaurante más antiguo del Estado español (junto al de Arzak, en el País Vasco) premiado año tras año por la guía Michelin con una estrella, que luce desde 1975. El restaurante ha sido Premio Nacional de Gastronomía, otorgado por la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició en tres años diferentes: 2005 (Premio Especial de l'Acadèmia a Josep Monje), 2010 (Premio al Profesional del Año a Pere Monje) y 2021 (Premio al Mejor Jefe de Sala, a Javier Oliveira i Onieva). También cuenta con premios de la Real Academia de Gastronomía por el Mejor Servicio de Sala, otorgado a Josep Monje (en 1994) y a Pere Monje (en 2012). La guía Macarfi, de restaurantes de Barcelona, impulsada por el barcelonés Manuel Carreras Fisas, lo ha clasificado en el top ten de su popular ranking desde su primera publicación. De hecho, el Via Veneto ostentó el número uno de la clasificación el mismo año en que se estrenó la lista, en 2015. Y en el 2022, obtuvo el tercer puesto de Barcelona.
Además, la Academia Internacional de Gastronomía premió a Pere Monje, en el 2019, con el Grand Prix de l’Art de la Salle como jefe de sala del Via Veneto. Un premio europeo de reconocido mérito que en 2008 ganó el maître Juli Soler, y en 2022, Josep Roca, de El Celler de Can Roca.
El Via Veneto se inauguró en 1967, y es desde entonces referencia de la gastronomía barcelonesa, ciudad que lo escoge para las ocasiones más especiales, como la prestigiosa reapertura de la tienda Loewe de Paseo de Gràcia, en 2022, después de los años de cierre por culpa de la pandemia, y que reunió a importantes personalidades de la moda española y francesa. También sus platos más representativos fueron escogidos durante diversos veranos seguidos para el prestigioso Cap Roig Festival, en la Costa Brava, por donde han pasado artistas reconocidos mundialmente como Elton John, Lady Gaga o Rod Stewart.
Hagamos una pausa para recordar los orígenes. ¿Qué pasaba en el mundo en 1967, cuando se inauguró el Via Veneto?
En la década de los sesenta, en la película La dolce vita, Fellini había hecho famosa la Via Vittorio Veneto de la ciudad de Roma. La calle había sido bautizada en 1919 con el nombre de la batalla que había tenido lugar un año antes en la población italiana de Vittorio Veneto durante la Primera Guerra Mundial, concretamente entre el 23 de octubre y el 2 de noviembre de 1918, que se saldó con la victoria italiana y, por consiguiente, la derrota del Imperio austrohúngaro.
Durante una década —desde 1960, año de rodaje del film, hasta 1970—, la calle italiana atrajo cafés, restaurantes y tiendas de lujo, además de a los artistas más aclamados de la época, que deambulaban por el bulevar y entraban y salían de sus locales. Con el paso del tiempo, a falta de más historias míticas de celuloide, la vía de Roma se transformó en lo que es hoy: la sede de los mejores hoteles de la capital de Italia, algunos de los cuales han cerrado sus puertas después de la crisis provocada por la pandemia. En la actualidad, en la misma Via Vittorio Veneto, conocida popularmente como Via Veneto, se recuerda desde 1995 con una placa al director de cine con estas palabras: «A Federico Fellini che fece di via Veneto il teatro della Dolce Vita».
El mundo del cine, pues, inmortalizó una calle que fue el nombre escogido para un restaurante que adelantó el futuro en la ciudad de Barcelona. En 1967, el escritor Gabriel García Márquez «era ya conocido por Cien años de soledad; Vietnam se encontraba en plena guerra; el Che Guevara era asesinado en la localidad boliviana de La Higuera; Ava Gardner vivía su romance con el poeta y torero Mario Cabré; Vanessa Redgrave destacaba en Blow up, la magistral película de Michelangelo Antonioni; los Beatles lideraban el mercado discográfico mundial; Israel se adueñaba del Sinaí; al año siguiente llegó el mayo francés de “la imaginación al poder”, y en 1969 el hombre pisaba la Luna».
Mientras, en Barcelona, como en toda Catalunya y España, la dictadura sofocaba las ansias de cultura, de libertad, de modernidad. El restaurante Via Veneto nació en la época gris de la ciudad, pero quien atravesaba el umbral de la puerta de madera, maciza y noble, sabía rápidamente que entraba en un oasis perfilado con decoración modernista, moqueta roja, elipsis artística, manteles rosa claro y una cocina y un servicio que pronto recibieron los mayores premios y reconocimientos nacionales e internacionales. Por eso, escritores, pintores, artistas, arquitectos y demás miembros de todos los oficios liberales supieron con rapidez de su existencia. Eran conscientes de que en el Via Veneto podrían aislarse de la cotidianeidad, porque comerían y beberían como en ningún sitio de la ciudad, y siempre en un entorno de libertad.
El Via Veneto continúa fiel a sus orígenes, se adelantaron a la vanguardia en sus salones y la han elevado a un gran nivel de excelencia con una reconocida y reconocible cocina de producto, de temporada y con platos ya legendarios, algunos de los cuales se cocinan en frente de las mesas de los clientes. También ofrecen un servicio más que impecable, el cual hace sentir al comensal que está viviendo su mejor experiencia gastronómica. La excelencia, impulsada por la familia Monje, que cogió el mando del restaurante en 1978, es el emblema de una casa que hoy, y tras más de cincuenta años, continúa adelantando el futuro culinario en las inmutables y excelsas mesas vestidas de rosa claro.
Ahora bien, hay tantos Via Veneto como personas se han sentado en sus mesas. En números, la capacidad del restaurante es de cincuenta comensales en la sala principal y otros cincuenta en los salones privados. Así, los relatos son incontables.
Seleccionamos algunas de las mejores frases que han dicho clientes anónimos acerca del restaurante:
«El Via Veneto es cálido y cercano, nunca es frío ni sobrio.»
«Es el restaurante perfecto porque es coherente; desde que entras hasta que sales recibes lo que esperabas y aun más, porque la calidad de la cocina y el trato son excepcionales.»
«Notas tres cualidades que siempre son ejemplares: trabajo constante, espíritu de servicio y absoluta discreción, pase lo que pase.»
«¿Lo mejor del Via Veneto? Su sala. ¡Qué bien reivindican el oficio, qué gusto ver a los camareros disfrutar con su trabajo! La cocina es excepcional, brilla aún más por la manera en que sus camareros defienden los platos. Y todo esto sin olvidar la calidad de los vinos.»
«La familia Monje cambia constantemente el restaurante sin que te des cuenta; es la sutileza y la discreción marca de la casa. Las reformas son constantes para que todo parezca como siempre, nuevo como si fuera clásico. Incluso el icono del restaurante, las dos uves superpuestas, ha ido cambiando: ahora las letras son más estilizadas.»
«El Via Veneto ha conseguido que personas de ideologías dispares, muy diferentes, se sientan bien acogidas en sus salones. En pocos restaurantes pasa una cosa igual.»
«Via Veneto es un restaurante de lujo porque el cliente se siente como si estuviera en su casa en un entorno modernista. Eso es el lujo verdadero: la calidez del lugar.»
«Los servicios del mediodía y de la noche del Via Veneto cuentan con mucha reflexión. El cliente nota que todo pasa porque hay un orden, que ha estado muy pensado y reflexionado anteriormente.»
«El grado de fidelidad del cliente del Via Veneto es proporcional a la fidelidad de la familia Monje hacia sus clientes.»
«La autenticidad del Via Veneto es la que imprimen sus valores familiares. El sentido del deber, del rigor, del orden, de hacer lo que se tiene que hacer, siempre muy bien hecho. Josep Monje forjó estos valores en su pequeño pueblo de los Pirineos y los ha impreso en su hijo, y también en el restaurante.»
«Dos mundos conviven en el Via Veneto: el de los negocios del mediodía, quizás con un perfil medio/alto de edad, y el de la juventud de la noche, cuando las parejas jóvenes lo eligen para pasar la velada a la luz de una vela impecable, con una cocina moderna y de producto.»
«En el Via Veneto los platos son memorables. Y el adjetivo no es casual: hasta cien platos se pueden enumerar de forma seguida.»
«El Via Veneto es un restaurante de producto, que trabaja platos clásicos con técnicas modernas. Muy modernas. Y con un equipo joven, tanto en la cocina como en la sala.»
«A pesar de lo que podría parecer, el Via Veneto es un restaurante que no se puede etiquetar. No es el restaurante de los políticos, aunque ellos van. No es el restaurante de las directivas de fútbol, aunque ellas van. No es el restaurante de la burguesía, aunque los burgueses van. Es el restaurante que acoge a todo el mundo con un respeto absoluto. Solo hay que ir para que todos los prejuicios se caigan uno tras de otro.»
«La familia y sus valores: eso es lo que define al Via Veneto. Detrás de la marca no hay ninguna sociedad financiera, sino una familia con tres hijos que han trabajado juntos para levantar y hacer crecer el restaurante.»
«El Via Veneto es un Mercedes. Un motor excepcional, una marca clásica pero moderna, puesta al día, que sabes que nunca te fallará.»
Señoras y señores,
¡bienvenidos al Via Veneto!