Ah, ahí estáis. Dijeron que vendríais pronto. Me abandonaron, y llevo todo este tiempo pudriéndome, arruinándome… muriéndome. Y ahora, aquí estáis. Una familia que está intentando reemplazarme. Borrarme. A nosotros.
Pero eso no ocurrirá jamás, porque esta es mi casa. Da igual cuántas capas de pintura nueva echen o cuántas veces cambien el suelo… Esta será siempre mi casa. Nunca me la quitaréis. Es mía. Está pagada con la sangre de mi familia. Siempre será mía. Mía, mía, mía. Toda mía. No me la pueden quitar.
Pronto os enteraréis: mi casa, mis normas. Todo lo que es vuestro ahora es mío. Y obedeceréis mis normas hasta el día en que os marchéis. Eso es, no os vais a quedar mucho tiempo por aquí. Me aseguraré de ello.
¡Anda, mirad! Me habéis traído a una amiguita.