El cerebro es la frágil morada del alma.
William Shakespeare
En diciembre de 2016, cuando estábamos en Nueva York de vacaciones, ambos nos hicimos una tomografía computarizada de emisión monofotónica (SPECT). No estábamos enfermos, sino que queríamos ver más de cerca cómo funciona el cerebro y decidimos empezar por el más disponible: el nuestro. Un escáner SPECT es una experiencia inusual. Uno se queda quieto, moviéndose lo menos posible, durante unos treinta minutos mientras tres cámaras giratorias de alta resolución rodean tu cabeza y toman imágenes de tu cerebro. Estas imágenes se combinan para realizar exploraciones tridimensionales en color. La SPECT no sólo muestra la estructura del cerebro, sino también su funcionamiento: qué zonas funcionan bien, qué zonas trabajan mucho (quizás demasiado) y qué zonas no trabajan lo suficiente. ¿Cómo lo hace? Cuanto mayor es el flujo sanguíneo, más rayos gamma capta la cámara. Las zonas con mayor flujo sanguíneo se muestran más coloridas. Las zonas con menos flujo sanguíneo tienen menos radiación y aparecen más oscuras en las exploraciones. Hicimos dos escaneos. Uno para el cerebro en estado de reposo. El otro, al día siguiente, mientras trabajábamos en una prueba informatizada que exigía atención y concentración. Los escaneos finales tienen un aspecto bastante espectacular, como una imagen de la tierra desde el espacio, donde las ciudades están muy iluminadas y destacan sobre las vastas franjas con poca o ninguna luz. Los escaneos muestran el patrón: cuanto más claro, más actividad; más oscuro para las partes no tan activas.
El contraste entre las exploraciones en estado de reposo y de concentración muestra qué áreas están trabajando y con qué intensidad.
¿Por qué lo hacemos? Por la misma razón por la que la gente se somete a pruebas de personalidad, tests de inteligencia o eneagramas: para descubrir más sobre nosotros mismos. Yo (Joseph) miré mis escaneos después con una sensación de asombro. Era una perspectiva que nunca había tenido, una nueva ventana a mi mundo: cómo mi cerebro impulsa mis pensamientos, estados de ánimo, sentimientos, sueños y pesadillas. Y los escáneres mostraron que mi cerebro estaba más activo en el estado de reposo que en el de concentración. (Eso no es tan malo como parece, el cerebro nunca descansa; siempre está tramando algo).
Estas exploraciones son sólo una parte de la historia. Hubo entrevistas y cuestionarios sobre el estilo de vida, los objetivos, la salud, los intereses espirituales, los patrones de sueño, la vida social y la dieta. El cerebro está implicado en todo esto, y todo esto afecta al cerebro. Por último, un médico nos ayudó a interpretar los resultados, poner los escáneres en perspectiva y hacer recomendaciones. Hablaremos más sobre esto pronto. Teníamos muchas preguntas. Si el coaching cambia a las personas, cambia su cerebro. ¿Cómo?
Habíamos iniciado un camino fascinante que nos llevó (entre otras cosas) a este libro.
Este libro está impulsado por dos cuestiones:
¿Cómo crea nuestro cerebro el mundo que experimentamos?
¿Cómo podemos utilizar ese conocimiento para ayudarnos a nosotros mismos y a nuestros clientes a aprender, cambiar y ser más felices?
No podemos responder a eso, pero en este libro echaremos un vistazo a los relucientes pasillos de nuestro cerebro para explorar cómo crea nuestros deseos, necesidades, hábitos, creencias, alegrías y miedos.
Exploraremos cuestiones como:
¿Cómo nos enfadamos con nosotros mismos, discutimos con nosotros mismos y nos engañamos? (¿Y exactamente quién engaña a quién?)
¿Cómo creamos y cambiamos los hábitos?
Frente a las innumerables posibilidades, ¿cómo decidimos qué hacer? ¿Qué significa confiar en alguien?
¿Cómo hace nuestro cerebro para entrelazar todas las piezas sueltas y crear una experiencia del mundo tan fluida?
Este libro aporta la neurociencia para ayudarnos a entender nuestros objetivos, valores y creencias tal y como los experimentamos. Así podremos comprendernos mejor a nosotros mismos y a los demás, y llevar una vida más rica y plena.
Tenemos la ilusión de que controlamos nuestras decisiones y de que somos los dueños de nuestro destino. Sin embargo, la mayoría de nuestros pensamientos, sentimientos, decisiones y acciones no están bajo nuestro control consciente. Nuestro cerebro es como un mago: nos oculta cosas y pone otras en primer plano. Es el maestro de la ilusión, que desvía nuestra atención para crear la realidad que creemos percibir. 1 A medida que avancemos en este libro, veremos lo que esto significa en la práctica.
Nunca debemos olvidar que nuestro cerebro viene con un cuerpo. No manda sobre este como un titiritero manda a una marioneta. Es parte integrante del cuerpo. 2 Tampoco tiene el monopolio del tejido nervioso. El corazón tiene más de cuarenta mil neuronas. El intestino tiene cien millones de neuronas y decenas de neurotransmisores, lo que le ha valido el título de segundo cerebro. 3 Y a menudo existe una rivalidad amistosa entre ambos.
Metáforas del cerebro
Todavía hay muchos mitos sobre el cerebro que deberían desaparecer. El principal ejemplo es que el cerebro es un ordenador con pretensiones. 4 Si el cerebro fuera un ordenador, funcionaría igual independientemente del tiempo, del estado de ánimo, del entorno y de quién lo encendiera. Lo recordaría todo perfectamente. (Y se bloquearía si intentara hacer dos cosas a la vez, y habría que reiniciar a la persona). Pero no lo hace. Se ve afectado por las emociones, por lo que hacen otras personas y se toma días libres. El cerebro no tiene una CPU, sino que funciona más bien como una colección de aplicaciones independientes apretujadas en el mismo lugar. A veces cooperan, a veces compiten y, a menudo, interfieren entre sí.
Otro mito muy extendido es que sólo utilizamos un pequeño porcentaje de nuestro cerebro. Utilizamos todo nuestro cerebro la mayor parte del tiempo y la mayor parte de nuestro cerebro todo el tiempo. Incluso cuando dormimos, el cerebro está activo, a menudo más activo que cuando estamos despiertos. El mito del diez por ciento es útil para recordarnos que tenemos más potencial del que pensamos y que probablemente podemos hacerlo mejor de lo que estamos haciendo, pero este es el campo de la psicología de la motivación, no de la neurociencia.
Por último, también existe el mito perdurable de que el lado izquierdo del cerebro es la sede de la racionalidad, como una biblioteca universitaria, construida sobre la lógica y el orden. El lado derecho del cerebro es alocado y artístico; una fiesta universitaria con mucha música y llena de gente pasándolo bien. Hay una pequeña parte de verdad en esto, que exploraremos más adelante. Cada hemisferio es bueno en algunas cosas y no tan bueno en otras, pero cooperan bien. (Por ejemplo, las partes que tienen que ver con el lenguaje tienden a estar principalmente en el hemisferio izquierdo). Hay jolgorio en la biblioteca y racionalidad en la fiesta.
Coaching y neurociencia
La neurociencia es el estudio de la estructura y el funcionamiento del sistema nervioso y el cerebro, y su relación con el comportamiento y el aprendizaje. La neurociencia cognitiva es la biología de la mente, la conexión entre nuestro sistema nervioso y nuestro pensamiento y comportamiento. El cerebro es la parte principal del sistema nervioso, y aquí nos centraremos en el funcionamiento del cerebro y sus aplicaciones para el coaching.
La neurociencia aporta una perspectiva vital adicional en el coaching. No explica directamente nuestro comportamiento, pero nos ayuda a desentrañar cómo construimos nuestro mundo subjetivo. Todo el mundo construye su realidad a partir de su experiencia, y la realidad de cada persona es única. Nuestra experiencia es procesada por nuestro cerebro. Nuestro mundo, tan rico, colorido, musical y diverso, se crea en la oscuridad en un lenguaje extraño de señales electroquímicas entre nuestras células cerebrales. Las redes de asociaciones y significados que creamos a partir de la experiencia son paralelas a las redes de conexiones nerviosas que establecemos en nuestro cerebro. Esto no disminuye la riqueza de nuestra experiencia, sino que nos permite mirar «debajo del capó» para ver cómo se crea. Sabiendo cómo se crea, podemos crear mejores realidades.
El coaching ayuda a las personas a cambiar. ¿Qué significa eso en la práctica? El cambio es un movimiento desde un estado actual a un estado deseado. En nuestras formaciones, nos gusta simplificar el coaching explorando tres cuestiones.
En primer lugar, ¿dónde estamos ahora?
Para salir de este lugar, necesitas entenderlo, especialmente las limitaciones y los hábitos que te mantienen ahí. Tienes que centrar tu atención. La neurociencia puede decirnos mucho sobre la atención y cómo utilizarla. ¿Has intentado alguna vez mantener tu atención centrada en una cosa? Un rápido experimento (pruébalo ahora) te mostrará lo voluble y fácil de distraer que es nuestra atención. Siéntate en una silla y respira profundamente diez veces, contando cada una de ellas.
Concéntrate sólo en tu respiración.
¿Hasta dónde has llegado sin que tu mente divague? Pasar la primera tanda de diez es bastante buen resultado.
El enfoque y la concentración son habilidades muy convenientes.
¿Cómo podemos centrar nuestra atención y evitar las distracciones?
¿Qué quieres crear? ¿En qué quieres que sea diferente tu vida? La neurociencia puede mostrarnos cómo formulamos objetivos, cómo la emoción nos ayuda a decidir qué hacer y cómo la memoria de trabajo sustenta todo el proceso.
En tercer lugar, ¿qué hay en el camino?
Si el cambio fuera fácil, nadie necesitaría un coach. Puede haber obstáculos externos, pero la mayoría de las veces lo que nos detiene son hábitos de pensamiento que no son suficientes para resolver el problema. Un hábito es algo que hacemos o pensamos que antes era gratificante pero que ya no lo es. Está impulsado por un estímulo externo, y la vía neuronal ya funciona por sí sola; el uso repetido la ha hecho rápida e inconsciente. Los hilos de la repetición se han convertido en una cadena de hierro. Los hábitos son nuestros amigos cuando queremos seguir igual, pero, cuando queremos cambiar, los hábitos se convierten en el enemigo. La facilidad irreflexiva del hábito dificulta el cambio. Los hábitos de pensamiento conducen a los hábitos de acción. Los hábitos de pensamiento son los caminos automáticos que seguimos sin ninguna reflexión. Comprender nuestro cerebro nos ayuda de dos maneras. En primer lugar, veremos que el pensamiento se ve influenciado muy fácilmente por nuestro entorno y por otras personas, mucho más de lo que pensamos. Saber cómo ocurre esto nos da la oportunidad de contrarrestarlo. En segundo lugar, entender cómo el cerebro crea hábitos nos muestra la mejor manera de desmantelarlos y crear otros nuevos.
¿Por qué cambiar ahora? ¿Cuándo es el momento adecuado para un cambio? A veces, un choque repentino ha sacado algo a la superficie, o un asunto se ha estado cocinando demasiado tiempo y ahora ya estamos oliendo a quemado. Cambiamos cuando es importante, por lo que nuestros valores están implicados. Mientras que los objetivos y la planificación pueden ser cognitivos y fríos, los valores son emocionales y cálidos; nos mueven a la acción. La neurociencia nos da muchas pistas sobre cómo los centros emocionales del cerebro (cognición caliente) trabajan junto con las partes más razonables (cognición fría) para planificar, decidir prioridades y actuar en consecuencia.
En el centro del cambio está el aprendizaje. ¿Cómo aprendemos? Aprendemos de nuestras experiencias, y cambiamos nuestras acciones y pensamientos en respuesta a nuestra experiencia. Cambiamos porque algo nuevo nos parece más valioso y retributivo. ¿Cómo atribuimos valor y recompensa a las experiencias? Este es un campo donde la neurociencia tiene mucho que decir; el cerebro tiene un sistema de recompensa alimentado por el neurotransmisor dopamina. Si queremos entender el valor, la recompensa y la experiencia del deseo, es mejor que comprendamos su funcionamiento. Querer algo no es lo mismo que te guste algo. Se puede desear algo pero no disfrutarlo, como ese trozo extra de tarta de queso que se funde en la boca tras el primer bocado culpable. Querer y gustar se rigen por sistemas cerebrales diferentes y no siempre coinciden.
El coaching termina con la acción: una estrategia para llevarnos del estado actual al estado deseado. Necesitamos secuenciar y alinear nuestras acciones. Tenemos que dejar de hacer algunas cosas y motivarnos para hacer otras. Tenemos que pensar a largo y a corto plazo, coordinar los recuerdos y mantener la concentración. Bienvenidos al mundo de la corteza prefrontal (CPF), situada detrás de la frente, la llamada directora general del cerebro. Sin embargo, la directora general no está completamente al mando. El miedo puede anular nuestro plan. Planeamos una buena presentación, pero estamos tan ansiosos que la estropeamos en el momento crucial. La CPF puede decirnos que no seamos estúpidos, pero a veces resulta impotente frente a la pequeña estructura con forma de almendra en lo más profundo del cerebro que gestiona el miedo: la amígdala. La amígdala es la principal protagonista de nuestro circuito emocional. Cuando cualquier emoción se impone a la acción inteligente, experimentamos la verdad de que no somos una sola persona, sino un conjunto atareado de partes diferentes, todas con su propia agenda. Entender cómo funciona el cerebro en la práctica nos ayudará a domar este equipo turbulento y a ser más congruentes y eficaces.
Vivimos en un mundo social. El coaching suele ser individual, pero el cliente aporta a la sesión las huellas de su familia, sus allegados, su cultura y su sociedad. El cerebro se estudia como si estuviera aislado, pero nacemos en un mundo social. La sociedad es anterior a nosotros y estará ahí cuando nos hayamos ido. Nacemos en una lengua y una cultura y en un mundo dinámico. Crecemos como individuos y olvidamos lo mucho que debemos a los demás. El cerebro no tiene vínculos materiales con otros cerebros, pero las conexiones materiales en el cerebro se forman a través de la experiencia con los demás y por la cultura que uno internaliza. El campo de la Neurociencia Social Cognitiva (NSC) 5 —cómo el cerebro es moldeado por otros— está creciendo. Ningún cerebro está aislado; otras personas estimulan y cambian constantemente nuestro pensamiento, nuestras emociones y nuestras decisiones. Los demás son el mayor misterio. Desde pequeños sabemos que son como nosotros, pero independientes. No podemos saber con certeza lo que están pensando y, sin embargo, realizamos milagros de lectura mental de forma rutinaria, prediciendo correctamente las intenciones de otras personas. ¿Cómo podemos conectar con los demás y empatizar con ellos si cada cerebro está aislado en un cráneo diferente? Esta es otra pregunta que la neurociencia puede ayudar a responder, de modo que los coaches puedan aplicar las respuestas a la práctica.
En resumen, el estudio del cerebro nos permite conocer la mente, el campo de juego de los coaches.
No necesitamos conocer la anatomía y la nomenclatura detalladas del cerebro. Queremos conocer a grandes rasgos el funcionamiento de este sistema increíblemente complejo con aplicaciones para los coaches (Figura 1.1).
Figura 1.1 El equipo en la sala cerrada.
Permítenos por un momento hacer un experimento mental. Imagínate que te llaman de una empresa multinacional para que hagas de coach de su equipo directivo. El director de Recursos Humanos (RRHH) se ha mostrado bastante reservado sobre el equipo y la naturaleza de tu tarea, pero está muy bien pagada; la empresa tiene fama de ser una de las más ricas, dominantes y herméticas del mundo. El equipo directivo es una especie de misterio; nadie sabe realmente quién dirige la empresa. Te hacen pasar a la sala de espera y te dicen que el equipo está en la sala de al lado, detrás de una puerta cerrada. Sin embargo, antes de que puedas empezar, te dicen que hay algunas condiciones inusuales en tu contrato como coach.
En primer lugar, no conocerás a ningún miembro del equipo cara a cara. En segundo lugar, sólo el director general se comunicará contigo directamente. Se llama Peter Bach y hablará en nombre de los demás. Todo el equipo debatirá de forma conjunta, pero tú no oirás su conversación, sólo el resultado. Te parece extraño, pero estás de acuerdo y pides información sobre los demás miembros del equipo, ya que no los verás ni los escucharás.
«¿Cómo son de buenos en su trabajo?», preguntas.
«Depende», responde la directora, «normalmente lo hacen bien, pero tienen sus días malos. Y debo advertirte», continúa, «que el equipo tiende a maquillarlo todo para quedar en buen lugar. Recuérdalo cuando escuches la traducción de John. No es que mienta exactamente, pero puede ser económico con la verdad».
Mientras digieres esto, te dice: «Luego está el director financiero, Victor Strickland; está muy centrado en si tu asesoramiento va a generar rendimiento».
«Una advertencia sobre Víctor», continúa el director. «Necesita ver un beneficio claro de la sesión. Tiende a descartar cualquier cosa que esté demasiado lejos en el futuro. Además, le gustan las ideas nuevas. Si ya las ha escuchado antes, no le impresionan, independientemente del mérito de la idea».
Frunces el ceño y te acomodas más en la silla frente a la puerta cerrada de la sala de juntas.
«¿Quién más hay?», preguntas.
«Della es la encargada del control de riesgos; no te metas con ella, pues detendrá la sesión en un santiamén si se siente amenazada. Trabaja en estrecha colaboración con el jefe de Seguridad y Vigilancia, Andrew Solo».
Empiezas a preguntarte si has tomado la decisión correcta al aceptar este trabajo. El director se detiene un momento y mira a lo lejos. «Mary Island es un miembro importante del equipo, consigue tener a la gente despierta y centrada en el asunto. Sin ella pueden ser un poco desorganizados. Y luego está Jan Sanctum, nuestro organizador y extraordinario solucionador. Todo tiene que pasar por él, sabe quién es la mejor persona para tratar cada asunto».
El director de RRHH continúa: «No hay que olvidar al director global de RRHH, Richard Border, que se lleva muy bien con todo el mundo; asegúrate de conectar con él. También tenemos a nuestra jefa de procesamiento de datos, Mary Steed, que lleva un registro de todas las reuniones. Si alguien se pierde, se remite a su registro».
«Unas palabras sobre Mary», dice el director inclinándose hacia ella. «Suele editar todo el tiempo y cada vez que saca un archivo, lo cambia antes de devolverlo a su sitio. Así que será mejor que también tomes tus propias notas».
«¿Son todos?», preguntas.
«Eso es todo lo que sé», dice el director, «puede que haya otros».
Primero, un rápido recorrido cerebral para orientarnos. Hay un glosario al final de este libro. El cerebro es un sistema increíblemente complejo; intentaremos mantener la descripción lo más sencilla posible, pero no más que eso. La neurociencia aún no puede proporcionar una descripción completa y ordenada del funcionamiento del cerebro y quizás nunca lo haga. Aunque es tentador asignar las facultades mentales a lugares del cerebro, no es posible. Algunas partes están especializadas, pero necesitan el apoyo de muchas otras para funcionar. Una parte del cerebro puede ser necesaria, pero no suficiente, para una función. Por ejemplo, necesitamos el hipocampo para recordar; si se eliminan partes del hipocampo, el resultado es una amnesia profunda. Pero la lesión de otras partes del cerebro también puede provocar alteraciones de la memoria, y las huellas de la memoria a largo plazo parecen almacenarse en la corteza frontal. Por lo tanto, cuando decimos que una parte del cerebro tiene una función, en realidad queremos decir que esa parte desempeña un papel importante y que no podemos prescindir de ella, pero que se necesitan otras partes para que funcione plenamente. La mayoría de las partes tienen varias funciones y contribuyen a diferentes sistemas. (Por ejemplo, el hipocampo también participa en la planificación, el aprendizaje y la expresión adecuada de las emociones). Hay mucho sistema redundante incorporado.
Tras esta advertencia, continuemos con el recorrido. 7 El cerebro ocupa la parte superior del cráneo y está dividido en dos mitades, o hemisferios, que son imágenes espejo la una de la otra. Están conectados por un gran haz de fibras nerviosas conocido como cuerpo calloso. La parte más grande (el ochenta por ciento del peso total del cerebro) es el cerebrum o corteza cerebral. 8 Llena la parte delantera y superior del cráneo, como la carcasa de espuma de un casco de bicicleta, y está dividida en cuatro partes. La primera es el lóbulo frontal (detrás de la frente y los ojos). Se encarga de la planificación, las decisiones ejecutivas y el pensamiento racional. También controla nuestros impulsos caprichosos, para que nunca se traduzcan en acciones. Como es de esperar, está muy bien conectado con otras áreas del cerebro (Figura 1.2).
Figura 1.2 Corteza cerebral.
Imagina tu cerebro como un puño cerrado con los nudillos apuntando hacia delante. Mirando hacia abajo, los lóbulos frontales son los nudillos, los lóbulos temporales son los lados carnosos de la mano, el lóbulo parietal es el dorso de la mano cerca de los nudillos y el lóbulo occipital es el dorso de la mano cerca de la muñeca. 9
Las estructuras situadas bajo la corteza se denominan subcorticales y se encargan de los procesos básicos que nos mantienen vivos, así como de las emociones, el dolor y el placer. El tálamo es una estructura pequeña pero importante. Hay uno en cada hemisferio y actúa como estación de transmisión, coordinando las señales y transmitiéndolas a otras partes del cerebro. En la parte inferior de la corteza cerebral sobresale el cerebelo (cerebro pequeño). El cerebelo también tiene dos hemisferios y coordina el movimiento, la postura y el equilibrio. A partir del cerebelo, y conectando el cerebro con la médula espinal, se encuentran las partes que dirigen nuestros sistemas vitales básicos como la respiración, la regulación de la temperatura y la circulación sanguínea (Figura 1.3).
Figura 1.3 Cerebelo.
Figura 1.4 Estructuras subcorticales.
¿Cómo se comunica el cerebro consigo mismo y con el resto del cuerpo? El cerebro está formado por células nerviosas (o neuronas) que transmiten información en forma de señales electroquímicas. 10 Toman la información de otras neuronas y luego la transmiten (o impiden que se transmita). Las neuronas tienen un cuerpo celular, con muchas proyecciones en forma de pelo que se vuelven más finas y delicadas a medida que se extienden. Se llaman dendritas y reciben información de otras neuronas. Las neuronas también tienen un largo filamento que se extiende, llamado axón, que transmite la información a la siguiente neurona a velocidades de hasta trescientos veinte kilómetros por hora. Entre el axón de una célula y las dendritas de la siguiente hay unos pequeños huecos llamados sinapsis. Una señal debe saltar la sinapsis para continuar. El proceso es como usar un teléfono. La señal (la voz de tu amigo) baja por el teléfono y salta el hueco hasta tu oído a través del aire. En las células nerviosas, la señal se transmite a través de la sinapsis principalmente mediante unas sustancias químicas llamadas neurotransmisores que se fabrican en la sinapsis. Los neurotransmisores permiten que la señal fluya hasta la siguiente neurona. Si no hay neurotransmisores, no hay señal. Hay más de cien neurotransmisores. La dopamina, la serotonina y el ácido gamma-aminobutírico (GABA) son los más importantes, y los conoceremos, a ellos y a sus efectos, más adelante. Ahora, ya estamos más familiarizados con el equipo de la sala cerrada. El siguiente paso es ver cómo se modifica.