
Una noche, los Guisantes discutían entre ellos porque acababan de perder un partido de baloncesto. Afortunadamente, Buzz Lightyear tuvo una idea para calmarlos.
—¡A la cama, Guisantes! Os voy a contar un cuento —les dijo.
Y comenzó así—: «Érase una vez un malvado emperador llamado Zurg que, un día, robó un traje Turbo ultrasecreto de Guardián Espacial.
Y a mí me encomendaron la misión de recuperarlo».


Y Buzz continuó:
«Entonces, elegí una tripulación especial para que me acompañara: el teniente Woody y el teniente segundo Rex.
—¡No os despistéis, chicos! —les aconsejé—. El enemigo puede estar en cualquier parte.
¡Y había dado en el clavo! ¡De repente, apareció el ejército de robots leales a Zurg, los zurgbots! Había cientos de ellos y todos lanzaban terribles rugidos.
—¡Debo encontrar el traje a toda costa! —les dije a mis compañeros de equipo. Pero ¿dónde podría estar el centro de operaciones de Zurg?

Oí un nuevo rugido, pero esta vez parecía más bien una melodía.
Era muy extraño… Venía de un zurgbot, que gritaba:
—¡No disparéis! Me llamo Zenny. No quiero luchar, sino cantar, pero el emperador Zurg nunca me lo permitirá.
Entonces, Zenny me hizo una propuesta inesperada.
—Te llevaré hasta el traje Turbo —prometió.
Fiel a su palabra, Zenny nos condujo hasta el corazón de la guarida de mi enemigo. Pero, cuando por fin encontré el preciado traje, ¡un montón de zurgbots nos atacaron!
¡Mis tenientes y yo fuimos capturados!
De pronto, vimos como el emperador Zurg se acercaba y el ambiente se volvía brutalmente siniestro.
—¡Por fin nos volvemos a ver, Buzz Lightyear! —exclamó—. Este encuentro será el último.
—¡Eso es lo que tú te crees! —respondí. Pero, por mucho que fanfarroneara, mi última hora y la de mis compañeros parecía haber llegado.
—¡No tan rápido, Zurg ! —exclamó Zenny con valentía—. Puede que me parezca a los otros zurgbots, ¡pero no tengo que actuar como ellos!
Y Zenny se puso a cantar.


—¡Atrapad a ese traidor! —gritó el emperador.
No obstante, antes de que los zurgbots pudieran llegar hasta él, Zenny nos liberó. Aprovechando el momento, me metí dentro del traje Turbo, que multiplicó por diez mis fuerzas. Al mismo tiempo, mi tripulación también descubrió cómo usar sus poderes.
Uniendo nuestras fuerzas, ¡nos volvimos invencibles!
¡Habíamos recuperado el traje Turbo! Entonces, encerramos al malvado Zurg en la nave espacial, mientras nos gritaba:
—¡Me vengaré! ¡Lo prometo!
En el dormitorio, Buzz concluyó:
—¡Y colorín colorado, este cuento ha terminado!
—¿Habéis visto? Zenny supo ser fiel a sí mismo hasta el final —dijo Woody a los Guisantes—. Y vosotros tenéis que hacer lo mismo.
Sin embargo, los pequeños Guisantes ya no lo escuchaban: se habían quedado profundamente dormidos.
—Dulces sueños… —les susurró Buzz.
