Cuéntame cuándo lo tuviste claro.
Fue bastante pronto. Estaba en la casa que tenía mi abuela en las montañas; me había quedado con ella porque mis padres estaban de viaje. Estábamos viendo la competición de gimnasia en los Juegos Olímpicos de Montreal, así que sería… ¿1976? Debía de tener unos cuatro años y medio. No dejaba de llamarlos «los Juegos Límpicos».
Mi abuela no paraba de hablar de lo impresionante que era Nadia Comăneci en las barras asimétricas.
«¿A que es guapa? —repetía mi abuela durante el famoso diez perfecto de Nadia—. Es muy guapa. Guapísima».
Yo estaba sentado en el suelo, al lado de su sillón, mirando una sección especial del periódico dedicada a los Juegos Olímpicos. Había fotografías de muchas gimnastas famosas: Nadia, Olga Korbut, Nelli Kim… Las favoritas de todo el mundo. Pero yo no dejaba de mirar una foto de Kurt Thomas en lo alto del caballo con arcos. Tenía las piernas extendidas, los músculos tensos y apretados contra la camiseta de tirantes en la que ponía «USA» y los pantalones blancos de gimnasia. Empecé a acariciarle el pelo, que llevaba como Shaun Cassidy, y a decirle: «Es muy guapo. Guapísimo», igual que mi abuela. Entonces la miré para ver si a ella también se lo parecía.
Pero la expresión de mi abuela era extraña. Inclinó la cabeza hacia un lado y tomó aliento con fuerza, como si hubiera recibido una visita poco grata o como si hubiera aparecido un animal salvaje en el jardín. Recuerdo que me sentí raro. Como si fuera diferente. Puede que sintiera pudor o vergüenza. No estoy seguro. Aún no conocía esos conceptos. No quería que mi abuela se enfadara conmigo, así que salí al jardín a jugar solo.
Más tarde, mientras mi abuela hablaba por teléfono con mi madre, la oí decir: «Es un niño muy sensible». Puso mucho énfasis en esa palabra: «sensible». Me sigo poniendo tenso cada vez que oigo esa palabra. Como cuando la gente dice: «Es muy original» o «Es muy creativo» o «Prefiere los deportes individuales». Todo viene a decir lo mismo; es como una especie de código.