En 1926, las zonas de influencia china, japonesa y rusa colisionaron en Manchuria, una extensa región de China situada al norte de Corea, por entonces una colonia japonesa. Fue un período caótico en el Lejano Oriente. China se estaba sumiendo en una guerra civil catastrófica que enfrentó al Partido Comunista con el Partido Nacionalista. Con China debilitada, tanto Japón como Rusia miraban codiciosamente el fértil territorio encajonado entre ellas, por el que los dos países ya se habían enfrentado en 1905. Este gran juego en el norte de Asia fue el contexto en el que surgió la falsificación de documentos más misteriosa y trascendental del siglo XX: el llamado Memorial Tanaka, más conocido en Estados Unidos después de Pearl Harbor como el Mein Kampf japonés.
El Japón imperial era un objetivo de alto nivel para las operaciones de espionaje rusas a principios del siglo XX; Félix «de Hierro» Dzerzhinski se jactó a mediados de los años veinte de contar con excelentes fuentes allí. El OGPU tenía residencias especialmente productivas en Seúl y Harbin, una ciudad manchú con una importante minoría rusa. En cierto momento, al parecer a finales de 1925, Dzerzhinski comunicó a los miembros del Politburó la llegada inminente desde Japón de un documento extremadamente importante. Le dijo «con gran euforia» a León Trotski, un camarada revolucionario, que el documento podría provocar crisis internacionales, posiblemente incluso una guerra entre Japón y Estados Unidos.
—Las guerras no las provocan los documentos —objetó Trotski.

Tanaka Giichi, primer ministro del Japón imperial desde 1927 hasta su dimisión el 2 de julio de 1929. El gran plan estratégico falso de Tanaka, que salió a la luz por primera vez en Nankín, China, predecía la invasión japonesa de Manchuria y el ataque contra Pearl Harbor. (Biblioteca Nacional de la Dieta)
—Usted no tiene ni idea de la importancia de este documento. Alude a la conquista de China, la destrucción de Estados Unidos, la dominación mundial —respondió Dzerzhinski.
Trotski no estaba convencido:
—¿No podrían haber engañado a su agente? —preguntó, mostrando su incredulidad ante la idea de que alguien pudiera poner semejante plan por escrito.
Trotski se dio cuenta de que Dzerzhinski no estaba totalmente seguro de que el documento fuera auténtico y de que, «como para disipar las dudas en su propia mente», Félix «de Hierro» empezaba a dar más detalles. Afirmó que el OGPU había pagado unos tres mil dólares por las copias fotográficas del documento original japonés. Sin embargo, los problemas con el equipo de cámara habían impedido fotografiar el memorial de guerra de una sola vez, por lo que la entrega del documento completo se había retrasado considerablemente al tener que viajar los negativos desde Japón en varios envíos diferentes.
—Ha llegado el documento —anunció un día Dzerzhinski.
El memorando fue traducido y analizado apresuradamente. Cuando el OGPU remitió el manuscrito e informes de inteligencia al Kremlin, los miembros del Politburó se quedaron «todos pasmados» por el contenido ya solo de las primeras páginas. Sin embargo, otros destacados bolcheviques compartían el escepticismo de Trotski respecto a las audaces afirmaciones de Dzerzhinski.
—¿No será un poema, una falsificación? —preguntó con un lenguaje florido Nikolái Bujarin, otro famoso escritor marxista, miembro del Politburó y director del Pravda.
Dzerzhinski estalló:
—Ya les he explicado que este documento lo envió nuestro agente, que ha demostrado ser totalmente digno de confianza —replicó Dzerzhinski, cuyo acento polaco se volvía cada vez más pronunciado debido a la agitación.
Dzerzhinski reiteró que el texto se había fotografiado por primera vez en Tokio, en los archivos del Ministerio Naval japonés:
—Nuestro agente introdujo a nuestro fotógrafo en el lugar. Él no sabía manejar una cámara —dijo el jefe de los espías del OGPU, y añadió a la defensiva—: ¿Opinan acaso ustedes que los propios almirantes japoneses colocaron un documento falsificado en sus archivos secretos?
No obstante, Dzerzhinski y sus asesores estaban de acuerdo en una cosa: que se debía publicar el sensacional contenido y que el mejor lugar para hacerlo era Estados Unidos. Sin embargo, no era fácil inventar una versión creíble de cómo se había conseguido el documento en Tokio. Trotski recordó: «Cualquier referencia a la fuente real, es decir, al GPU, suscitaría mayor desconfianza». Corría el año 1926 y las probabilidades de que se volviera en contra eran considerables: «En Estados Unidos surgiría la sospecha de que el GPU simplemente había inventado el documento para envenenar las relaciones entre Estados Unidos y Japón». Sacar a la luz de manera encubierta el documento en Estados Unidos resultó aún más difícil de lo que esperaba el OGPU. Dzerzhinski murió en julio de 1926; Trotski fue expulsado del Partido Comunista en el otoño de 1927 y abandonó Rusia en 1929, todo ello antes de que el Memorial Tanaka fuera publicado por primera vez.
Solo existe una crónica de estos excepcionales diálogos entre Trotski y Dzerzhinski: las extraordinarias memorias que escribió Trotski unos diez años después de que tuviera lugar, supuestamente, la conversación. Trotski después vivió exiliado en México, donde escribió prolíficamente mientras vivía entre artistas. Un agente secreto soviético le asesinó en su casa de la ciudad de México clavándole un piolet en la cabeza. Uno de los últimos artículos en el que estaba trabajando, que no pudo terminar antes de que le atacara su asesino, se titulaba «El Memorial Tanaka». Sigue sin estar claro por qué Trotski tenía tanto interés en afirmar que esta falsificación en realidad no era tal.
Tanaka Giichi nació en el seno de una familia de samuráis y él mismo era un general muy condecorado. Llevaba un fino bigote gris, un corte de pelo militar incluso de civil, tenía una mirada penetrante y grave, y solía vestir formalmente de uniforme o con traje. Desde 1927 hasta mediados de 1929, fue el primer ministro de Japón. Había estado destacado en Moscú como agregado militar del Ejército Imperial Japonés durante tres años y posteriormente había participado en la planificación de la guerra ruso-japonesa de 1905; era famoso por sus políticas expansionistas hacia Manchuria y por detener a comunistas dentro de su país. Hay razones para creer que este dirigente marcial y militarista podría ser el autor del documento que no tardaría en ser conocido como el Mein Kampf japonés.
La primera versión (no soviética) del texto que posteriormente se conocería como el Memorial Tanaka data del 9 de septiembre de 1929. Ese día, un empleado de la Compañía de Ferrocarril de Manchuria envió, al parecer, una nota a las autoridades consulares japonesas en Mukden, más tarde Shenyang, la capital de Manchuria. Las líneas de ferrocarril eran un activo estratégico desde el punto de vista militar y económico, sobre todo en las vastas llanuras del nordeste de Asia. La nota decía que los delegados chinos habían comprado, mientras se dirigían a una conferencia en Kioto, un documento japonés sobre políticas incendiario «a un amigo en Tokio» y que habían pagado cincuenta mil yenes por él, un precio excesivo (aproximadamente veintitrés mil dólares en 1929).1 En otro informe separado, el gobernador de Manchuria le contó a una delegación estadounidense, que también estaba en Mukden de camino a la misma conferencia, que el documento se lo habían comprado a una fuente japonesa anónima.2 Tanaka, que acababa de jubilarse del cargo de primer ministro de Japón, murió más tarde ese mismo mes. Hasta ese momento, el misterioso memorando no era más que un rumor.
La primera copia impresa de la que se tiene constancia apareció en un semanario chino poco conocido de Nankín, la nueva capital del país y sede del Gobierno nacionalista chino, dos meses después de la muerte de Tanaka. La revista, Actualidad mensual, tenía vínculos con el Kuomintang, el partido nacionalista gobernante.3 «Hemos descubierto recientemente este documento en Tokio», señalaba el director. La revista imprimió en diciembre el documento, de cerca de veinte mil caracteres en chino tradicional. El Gobierno japonés intervino rápidamente y solicitó a las autoridades chinas solo algunas semanas después que impidiera que se siguiera difundiendo el documento, «alegando que se trataba de una falsificación», según recordaba un alto diplomático japonés. Las autoridades chinas accedieron. Posteriormente, en 1930, apareció en Tokio una retraducción japonesa (de la que, al fin y al cabo, era una supuesta «traducción» de un documento original japonés).4 La publicación inicial en Nankín y el contratiempo sinojaponés que esta causó fueron completamente ignorados en el mundo de habla inglesa.
Luego, al año siguiente, Japón empezó a mostrar una actitud más agresiva hacia China. El 17 de septiembre de 1931, The China Critic, un periódico de Shanghái en lengua inglesa con redacciones en Nueva York y Londres, volvió a citar el misterioso memorando Tanaka que daba a conocer las ambiciones imperiales de Japón con una simplicidad tan seductora: «Para conquistar China, debemos conquistar en primer lugar Manchuria y Mongolia; y para conquistar el mundo, debemos conquistar primero China».5 La cita era sorprendente y se repetía muchas veces; y el momento lo era aún más. Al día siguiente comenzó la invasión japonesa de Manchuria.
De pronto, el misterioso documento parecía clarividente, cuando no profético. Seis días más tarde, The China Critic, en medio de un aluvión de artículos criticando la invasión japonesa en curso en Manchuria, publicó íntegramente las diecisiete mil palabras del que pronto sería el infame Memorial Tanaka. El texto era una traducción palabra por palabra de la versión original china que había aparecido publicada en Nankín con solo algunas pequeñas correcciones.6
Una vez publicado, los agentes del OGPU en China enviaron el documento a Moscú. Solo dos meses más tarde, en diciembre de 1931, el diario oficial de la Internacional Comunista, conocida como la Komintern y con sede en Moscú, reimprimió el memorando de Tanaka íntegramente y en cinco lenguas.
En marzo de 1932, la Komintern en Moscú, que desconocía que ya se había publicado el Memorial Tanaka en Japón, ordenó a la oficina en San Francisco de una organización fachada soviética, el Secretariado Sindical Panpacífico, que introdujera clandestinamente desde Estados Unidos el memorial en Japón e intentara publicarlo allí en el tercer número contra la guerra de Pan-Pacific Worker, una revista comunista. Los archivos de la Komintern muestran que hubo que traducir el Memorial Tanaka: «En vista del tiempo que se necesita», dice el protocolo, se decidió «empezar a traducir de inmediato el Memorando Tanaka (del inglés al japonés)».7 En los archivos de la Komintern no se menciona en ningún lugar que el documento sea una falsificación.

La Komintern publicó la falsificación de Tanaka en cinco idiomas en el número de diciembre de 1931 de Internacional Comunista, solo meses después de que apareciera por primera vez en inglés, suprimiendo, de forma reveladora, dos párrafos fundamentales.
La Komintern y las organizaciones predecesoras del KGB habían aprendido a construir una operación de desinformación de forma que los desmentidos por parte de las víctimas, aun cuando fueran creíbles, reforzaran el efecto de la operación en lugar de debilitarlo. El objetivo de la publicidad en Japón podría haber sido incitar a Tokio a hacer más desmentidos y más enérgicos.
A lo largo de los meses siguientes, el memorando «despertó un interés inusual en las capitales del mundo», informaba The New York Times en mayo de 1932. Un largo reportaje de investigación publicado en este medio seguía cuidadosamente el rastro de la aparición del documento y evaluaba las pruebas a favor y en contra de su autenticidad. El argumento principal a favor de la autenticidad del memorial era que había predicho con exactitud la agresión de Japón contra Manchuria, incluida la construcción de las dos líneas de ferrocarril estratégicas para conectar Manchuria y Mongolia en las que Japón estaba trabajando.
No obstante, pese a sus méritos, las pruebas que revelaba el documento de que se trataba de una falsificación eran abrumadoras cuando se examinaba detenidamente. En primer lugar, no era posible encontrar el original japonés. Además, el memorando afirmaba que el emperador había convocado una conferencia siete años antes, cuando en realidad estaba inválido en ese momento y no podía haberlo hecho, y que un príncipe japonés había recibido instrucciones de oponerse a dicha conferencia cuando este príncipe estaba gravemente enfermo y ya había muerto antes de que se celebrara la supuesta conferencia. El memorando también incluía graves errores en una serie de hechos simples, como las inversiones japonesas en Manchuria o la zona geográfica de Mongolia. Un primer ministro del Japón imperial con un buen equipo de personal simplemente no haría llegar al emperador un borrador tan repleto de errores. The New York Times informaba asimismo de que también habían estado circulando en China en ese momento otros documentos de estrategia falsificados con nombres similares. En pocas palabras, The New York Times desmontaba por completo el engaño que era el Memorial Tanaka.
No sirvió de casi nada. El plan de guerra de Tanaka era demasiado simple, demasiado convincente y demasiado seductor como para que se interpusieran los datos y las pruebas. Cuanto más agresivo se volvía Japón, más carga emotiva adquiría el debate y más creíble se tornaba el falso plan de guerra. Japón ocupó Manchuria durante los años treinta, mientras la guerra civil china continuaba. Muchas editoriales comunistas, junto con otras independientes, volvieron a publicar el documento en formato de libro de bolsillo en todo el mundo, en unas cuatro decenas de ediciones, incluidas versiones en inglés, francés, alemán, español, portugués, ruso e incluso esperanto.8 Una versión, publicada en 1936 en el barrio de Chinatown de San Francisco, tenía una portada amarilla con un subtítulo agorero: A Prediction of a Japanese-American War (Predicción de una guerra nipona-estadounidense).9 Aún faltaban cinco años para Pearl Harbor.
En abril de 1940, Joseph Taussig, un contralmirante de la Armada de Estados Unidos y comandante del Quinto Distrito Naval en Norfolk, Virginia, fue citado a declarar ante el Congreso sobre la crisis permanente en el este de Asia y, más concretamente, sobre la política exterior japonesa. Taussig empezó citando el plan de guerra de Tanaka y dijo en el Senado que la Armada tenía un ejemplar del memorial en sus archivos. Algunos senadores ya estaban familiarizados con el documento e interrogaron al almirante sobre su contenido.
—Estoy convencido de que es un documento que fue escrito con la idea de ser puesto en práctica —respondió Taussig, rebosante de confianza, incluso redoblando la apuesta mientras le cuestionaban su valoración de que el texto era real.10
Mientras tanto, en la ciudad de México, León Trotski leyó la declaración del contralmirante y decidió intervenir en una controversia que contribuiría a determinar la manera en que muchos estadounidenses vieron la segunda guerra mundial. Trotski empezaba su artículo sobre Tanaka citando la declaración ante el Congreso de Taussig y a continuación acudía en apoyo del almirante de la Armada de Estados Unidos afirmando que podía verificar la autenticidad del polémico documento japonés, «exhaustiva e incuestionablemente».11 Sostenía que el misterioso panfleto había sido fotografiado por primera vez en Tokio, en el Ministerio de Asuntos Navales, y que se enviaron los negativos a Moscú. «Fui posiblemente la primera persona en conocer el documento en las traducciones al inglés y al ruso del texto japonés», escribió Trotski.12
Solo unos meses después de que se publicara el artículo de Trotski sobre Tanaka, la revista Click lanzó su número de noviembre de 1941. Click, publicada en Filadelfia, era una revista de moda y cotilleos que solía mostrar en sus portadas a mujeres en bañador. Ese mes de noviembre, en la portada aparecía Jane Russell vestida con un mono rojo corto, mirando aparentemente el anuncio en primera plana de lo que Click llamaba «el Mein Kampf japonés».13
El artículo iba directamente al grano: «¡Estados Unidos es el siguiente en la lista de víctimas de Japón!». Era noviembre. El domingo 7 de diciembre por la mañana, 350 bombarderos japoneses atacaron Pearl Harbor, matando a más de 2.400 estadounidenses y causando duras pérdidas militares en la base naval norteamericana en Hawái. Ese día quedaría grabado para siempre en la memoria colectiva de Estados Unidos.

En noviembre de 1941, la revista Click informó del plan Tanaka, apodado «el Mein Kampf japonés», y anunció un ataque inminente contra Estados Unidos. El ataque de Pearl Harbor se produjo el 7 de diciembre.
El domingo siguiente por la noche, la NBC informó de que «el famoso Memorial Tanaka» era «ampliamente citado hoy en Washington» como explicación de la agresión militar de Tokio.14 Una semana más tarde, el autor del artículo de Click estuvo en la Radio Pública de Nueva York. «Ese reportaje fue una asombrosa profecía», dijo el presentador.15 Un mes después de Pearl Harbor, un importante16 corresponsal en China reflexionaba en The Washington Post sobre «esos planes extraordinariamente ambiciosos de la camarilla militar japonesa» expuestos de manera tan precisa en el Memorial Tanaka doce años antes.17 «La furia con la que los japoneses denunciaron que este memorial era una falsificación parecía ser en ese momento una buena confirmación de su autenticidad», concluía el Post, interpretando en la práctica un desmentido como una confirmación. El traicionero ataque contra Hawái había disipado cualquier duda que aún pudiera quedar; «las palabras del barón se han puesto en práctica», afirmaba el Post. Los representantes electos de Estados Unidos tomaron nota. Tres días más tarde, el 13 de enero, la Cámara de Representantes aprobó una resolución de cinco líneas para asegurarse de que los planes secretos de expansión militar japonesa, un documento que ya había sido desacreditado de manera convincente como una falsificación, se pusieran a disposición de un público estadounidense más amplio. La resolución exigía que el panfleto titulado «El memorial del primer ministro Tanaka», un plan secreto japonés para conquistar China y también Estados Unidos y el mundo, publicado por el World Peace Movement, 108 Park Row, Nueva York, en 1932, fuera impreso como documento público.18
De entre las decenas de ediciones disponibles, el Congreso mencionaba en su resolución un opúsculo encuadernado del World Peace Movement de Nueva York. Una década más tarde, aproximadamente, la CIA identificó a este grupo como una de las primeras organizaciones fachada internacionales de la Unión Soviética.19
Poco después, en 1942, Harper and Brothers publicó la edición del documento que se convertiría en la más conocida, titulada «Japón’s Dream of World Empire» («El sueño japonés de un imperio mundial») y calificada como el Mein Kampf japonés en la sobrecubierta. Hitler estaba en el poder, el Tercer Reich era un aliado del Japón imperial y ahora estaba en guerra con Estados Unidos. El sentimiento antijaponés estaba en pleno apogeo en Estados Unidos, con más de cien mil japoneses estadounidenses internados en campos de concentración. En 1944, Frank Capra, un director de Hollywood muy influyente, utilizó el documento de Tanaka para explicar las agresivas acciones de Japón contra Manchuria y Pearl Harbor en una serie de siete documentales muy popular, financiada por el Departamento de Guerra y titulada Por qué luchamos.20
La guerra terminó con dos explosiones nucleares, en Hiroshima y Nagasaki, que definieron una época. El ejército imperial de Japón fue aplastado y las ambiciones imperiales de Tokio quedaron desbaratadas. Al mismo tiempo, en un extraño giro histórico, se encontró una copia muy quemada del Memorial Tanaka en una carpeta de documentos militares en la bombardeada y humeante Embajada de Japón en el Tiergarten de Berlín. Inexplicablemente, el documento estaba en alemán.21 La segunda guerra mundial había convertido el Memorial Tanaka en tal vez la falsificación más icónica del siglo XX.
La trayectoria del Memorial Tanaka había alcanzado su cima, pero, durante las décadas siguientes, el texto tuvo otra oscura vida en las operaciones de desinformación de la guerra fría. En febrero de 1960, Nikita Jruschov visitó Indonesia. El KGB acababa de crear su propia unidad organizativa de desinformación el año anterior. En una conferencia de prensa en Yakarta, Jruschov condenó la cooperación en materia de seguridad entre Estados Unidos y Japón, y advirtió de que las clases dirigentes japonesas estaban volviendo a reactivar el proyecto Tanaka para subyugar al resto de Asia, con ayuda de Estados Unidos.22 El último uso operativo del Memorial Tanaka fue una doble página sobre «armas étnicas» que publicó el diario kuwaití Al-Qabas en 1987. El reportaje acusaba a Estados Unidos de estar desarrollando una «bomba de gérmenes» que solo afectaría a las personas de piel oscura. El reportaje en árabe ocupaba dos páginas y estaba ilustrado con imágenes de unidades militares con máscaras de gas y placas de Petri esquemáticas.23 El artículo de Al-Qabas afirmaba que Estados Unidos se había hecho cargo de la investigación sobre armas biológicas de los japoneses, quienes simplemente estaban llevando a cabo los siniestros planes imperiales de Tanaka para dominar el mundo.
Sin embargo, para entonces cada vez eran más los historiadores que habían desmontado por completo el eterno bulo.24 Tras cuarenta años de búsqueda en los archivos nipones, no se había encontrado ni un solo original japonés.25 No obstante, muchos historiadores que centraron sus estudios en el Memorial Tanaka limitaron sus investigaciones a evaluar la autenticidad del documento e ignoraron la cuestión de la autoría.
Después, en 1989, Stanislav Levchenko, un desertor del KGB que había sido agente de medidas activas en Tokio, escribió en colaboración con un eminente especialista en desinformación de la Agencia de Información de Estados Unidos una ambiciosa historia de las operaciones encubiertas de Rusia contra Estados Unidos. Levchenko sostenía que el Memorial Tanaka era, en realidad, una falsificación soviética, aunque él y su coautor no aportaban nuevas pruebas documentales.26
Sin embargo, tras el cambio de milenio, apareció en Moscú una curiosa serie de datos nuevos. En 2003, Sergei Kondrashev, el exjefe del departamento de desinformación del KGB, el Servicio «A», acudió a un periódico oficial en Moscú27 para conceder una entrevista sobre su suegro, un legendario agente del KGB que había estado destacado en Harbin, China. Kondrashev explicó que el principal objetivo de los servicios de inteligencia rusos en China a finales de los años veinte era revelar los planes belicistas de Japón. «Y en eso nuestros espías han logrado un tremendo éxito», dijo Kondrashev. «Y ahora —le dijo con una sonrisa a su entrevistador— prepárese para oír algo sensacional.» Kondrashev empezó a recapitular elementos conocidos de la historia.28 Pero el anciano no iba al grano lo suficientemente rápido, por lo que su ansioso e impaciente entrevistador le interrumpió con otra pregunta. Sigue sin estar claro cuál era la noticia sensacional que Kondrashev tenía en mente. Murió en 2007.
Finalmente, en 2006, sucedió algo extraordinario: el SVR, la organización sucesora del Primer Alto Directorio del KGB, concluyó su primera historia oficial de la inteligencia exterior rusa, publicada en seis volúmenes. Los nueve autores eran un equipo formado por veteranos de los servicios de inteligencia y agentes en activo del SVR que describían diversas operaciones a partir de material de archivo.29 Los nueve miembros del equipo habían trabajado en la historia oficial «verdadera» durante catorce años. El director del SVR no solo les concedió un premio en reconocimiento a su labor por Rusia, sino que también publicó la historia con su nombre, Yevgueni Primakov.30
El volumen 2 dedica un capítulo entero al Memorial Tanaka.31 La historia oficial cuenta que, en 1927, agentes soviéticos de dos residencias, una en Seúl y otra en Harbin, China, lograron obtener el Memorial Tanaka. Un joven soviético que estaba clandestinamente en Seúl consiguió reclutar a un agente de la policía política japonesa y «el resultado de una de las operaciones, brillantemente ejecutada por el espía, fue la recepción de un documento secreto titulado “Memorando Tanaka”».32 Se elogiaba la obtención del documento, al que en la historia oficial se sigue considerando auténtico y veraz, como uno de los «mayores logros» alcanzados por la inteligencia exterior soviética en el Lejano Oriente. En ningún momento en los seis volúmenes la historia aborda las investigaciones archivísticas acreditadas que se habían realizado mientras tanto, especialmente en Japón; sus autores incluso ignoraban que, durante décadas, el Memorial Tanaka había desempeñado un papel destacado en las medidas activas.
La fantástica saga del Memorial Tanaka ilustra el poder de los acontecimientos y la emoción. La credibilidad del desacreditado plan de guerra japonés se disparó, una y otra vez, debido a las emociones a flor de piel desencadenadas por las operaciones militares japonesas, primero la invasión de Manchuria y después el ataque contra Pearl Harbor. En 2015, una comisión de investigación sino-japonesa, formada por diez historiadores de cada país, fue incapaz de acordar que el Memorial Tanaka era una falsificación,33 ya que los investigadores chinos temían admitir que un documento clave sobre la invasión japonesa no era auténtico. Esta potente resonancia psicológica convirtió el Memorial Tanaka en una de las medidas activas más espectaculares del siglo pasado.
El desenmascaramiento de una falsificación mediante un análisis serio y basado en hechos tiene un efecto limitado si su atractivo emocional es elevado. El episodio de Tanaka, por tanto, fue un valioso ejemplo para los especialistas en desinformación de la guerra fría: la falsificación mostraba cómo elaborar una mentira organizada de forma que ni los desmentidos ni los datos pudieran hacer mella en su impulso. La receta probada con tanto éxito en Nankín consistía en proteger una falsificación bajo la armadura de una verdad mayor: el militarismo de Japón y la agresiva política exterior de Tokio.
Por último, y más importante, este episodio muestra cómo el KGB y sus organismos sucesores también se desinformaban a sí mismos (sus propios archivos, sus propios agentes, sus propios dirigentes, su propia historia, y su propia opinión pública), desdibujando para siempre, de facto, la línea entre los hechos históricos y la ficción. Es probable que siga siendo imposible identificar con un alto grado de certeza a los falsificadores del Memorial Tanaka. Las mejores explicaciones disponibles, de historiadores japoneses, concluyen que la falsificación fue confeccionada por grupos locales de chinos nacionalistas.34 Un curioso desliz de la Komintern parece confirmar que la falsificación fue en realidad china y no rusa. Cuando el Memorial apareció por primera vez en inglés en 1931 en Shanghái, Moscú se apresuró a encargar la traducción del documento y su publicación en cinco lenguas (ruso, francés, alemán, chino e inglés), todas ellas en la revista internacional de la Komintern, Comunista Internacional.35 Pero durante esta primera iniciativa, los editores de Moscú eliminaron dos párrafos fundamentales.
«Aunque el poder de la Rusia soviética se debilita, su ambición en Manchuria y Mongolia no ha disminuido ni por un instante», decía el texto cortado. El falso Tanaka, en suma, acusaba a la Rusia soviética de imperialismo y después sugería que Japón debía «trabar amistad en secreto con Rusia para obstaculizar el crecimiento de la influencia china». Es sumamente improbable que los falsificadores de la Checa hubieran incluido una declaración como esa solo para eliminarla después; sin embargo, hay muchas probabilidades de que los falsificadores chinos locales hubieran puesto en boca de Tanaka el plan de una conspiración ruso-japonesa contra Manchuria. Pocas semanas antes de que la falsificación china original saliera a la luz en Nankín, los opositores de Mukden acusaron a Japón y la Unión Soviética de confabularse para separar a Manchuria de China (aunque esta preocupación era infundada).36
Así pues, la cuestión es cuándo se había apropiado el OGPU del documento para sus propios fines. La descripción de Trotski da una idea de cómo podían haber sido aquellas discusiones. Sin embargo, puede que Dzerzhinski, sagaz y astuto hasta el extremo, simplemente hubiera empezado a construir su estrategia de mentiras superpuestas engañando primero al Politburó. Es probable que Trotski, al igual que los historiadores del SVR, trabajaran con las escasas pruebas de que disponían. No obstante, los archivos de los servicios de inteligencia del bloque oriental están corrompidos por su largo historial de desinformación. Cuanto más participa un organismo de inteligencia en operaciones de desinformación organizadas y persistentes, más probabilidades hay de que se haya depositado desinformación en los archivos oficiales y en la memoria de los antiguos agentes. La única manera de intentar distinguir entre ambas es estudiando toda la historia de la desinformación.