Quisiéramos comenzar este prólogo con un comentario sobre el propio título del libro. Los textos más conocidos en este campo suelen llevar el explícito título de Psicología Social de la Educación, aunque solo traten temas de educación escolar. Sin embargo, la educación va más allá de la escuela. La escuela educa, pero también educan la familia, los medios de comunicación, las iglesias, los sindicatos, los partidos políticos o el barrio. Como escribe Mariano Fernández Enguita (1998) en el Diccionario de Sociología (Giner; Lamo; Torres, 1998), la educación es «la socialización consciente», o sea, es «algo menos que todo proceso de socialización, pero mucho más que la simple escolaridad». Como hace unos años concluía uno de nosotros tras revisar diferentes diccionarios de lengua castellana, «nos encontramos enfrentados a dos acepciones del término educación: por un lado, un significado general que hace referencia al conjunto de reglas y prácticas sociales que cada sociedad exige a sus miembros, ya desde niños, para adaptarlos a las necesidades e intereses de tal sociedad, de forma que esta se reproduzca a sí misma. Por otro, más concretamente, la preparación de los niños, generalmente en una institución inventada ad hoc, que es la escuela, y bajo la guía de ciertos miembros adultos de esa misma sociedad a quienes se ha encomendado tal función de socialización, es decir, de reproducción social» (Ovejero, 2000, pág. 241). Pero, a pesar de que este libro no aborda esas otras instancias educativas, sino que solo pretende mostrar ciertas aportaciones de la psicología social al campo escolar, tratando algunas de las más importantes cuestiones psicosociales que tienen lugar dentro de la escuela, también nosotros hemos optado por el título de Psicología Social de la Educación.
Aunque la psicología social fue en gran medida aplicada, en especial en Estados Unidos, donde nació como un instrumento al servicio de la burocracia norteamericana, para mejorar la gestión de lo social (Jansz, van Drunen, 2005; Ovejero, 2011), las aplicaciones psicosociales al campo educativo fueron realmente escasas hasta 1970. Es más, a pesar de que el campo de la educación, junto con el clínico y el industrial, era desde hacía tiempo uno de los tres que más concitaban el interés de los psicólogos, sorprende constatar, como decía Getzels (1969), que los psicólogos sociales apenas se interesaron por los problemas de la educación antes de 1965, hasta el punto de que en la primera edición del Handbook of Social Psychology (Lindzey, 1954) prácticamente ni aparecen los términos educación, aprendizaje y escuela. Pese a que la conducta escolar debería ser importante para los psicólogos sociales, solo a partir de 1969 se interesaron por este tema (Bar-Tal; Saxe, 1981), y no mucho. En efecto, aunque ya existían algunas publicaciones sobre esta cuestión (Fleming, 1944; Charters, 1963; Charters, Gage, 1963; Schmuck, 1963, 1966; Withall, Lewis, 1963; Bany, Johnson, 1964; Hargreaves, 1967; Backman, Secord, 1968), fue a partir de 1969 cuando aumentaron exponencialmente (White, 1969; Deutsch, Hornstein, 1970; Guskin, Guskin, 1970; Johnson, 1970; Miles, Charters, 1970; Yee, 1970; Schmuck, 1971, 1978; Charters, 1973; Bany, Johnson, 1975; Johnson, Johnson, 1975; Bar-Tal, Saxe, 1978; McMillan, 1980; etc.), como consecuencia principalmente de dos hechos acaecidos ese año. En primer lugar, con carácter general, el discurso que dio George A. Miller (1969) como presidente de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA), donde exigía que la psicología sirviera para promover el bienestar humano, lo que influyó mucho en el incremento de las aplicaciones en psicología, entre ellas las educativas. En segundo lugar, y más en concreto, la inclusión de un capítulo dedicado explícitamente a la Psicología Social de la Educación (Getzels, 1969) en la segunda edición del prestigioso Handbook of Social Psychology (Lindzey; Aronson, 1968-1969).
Si el interés por la psicología social de la educación es relativamente reciente en Estados Unidos, en España aún lo es más, a pesar de que casi todos los Congresos Nacionales de Psicología Social han dedicado una mesa a este campo, como muestra Ovejero (2000) en una revisión de las aportaciones hechas por los psicólogos sociales a esas mesas en los cinco primeros congresos, llegando a estas tres conclusiones (pág. 249):
1) Pese a que la psicología social de la educación cuenta en nuestro país con muy pocos equipos de investigación sistemática, han sido muchos los que, en uno u otro momento, han buceado en sus agitadas aguas.
2) Las aportaciones a la psicología social de la educación española, tal vez como consecuencia de la anterior conclusión, son muy dispersas, contando con pocas líneas de investigación consistentes.
3) Es llamativa la casi total ausencia de una perspectiva crítica en tales trabajos.
El primer libro español sobre psicología social de la educación apareció, concretamente, en 1986, publicado por el Instituto de Ciencias de la Educación (ICE) de la Universidad de Oviedo (Ovejero, 1986), y dos años después, una edición ligeramente revisada por la Editorial Herder (Ovejero, 1988). Un año antes, José Luis Sangrador había publicado un excelente capítulo sobre la misma temática (Sangrador, 1985). Muy poco después, Juan Mayor coordinó un libro titulado Sociología y psicología social de la educación (Mayor, 1986), en el que no se encuentran psicólogos sociales. Más tarde aparecieron algunos manuales más, aunque no llevaban el título de psicología social de la educación (Guil y otros, 1992; Marín, Grau, Yubero, 2002; Guil, 2003; Guil, 2004). Sí llevan ese título varios capítulos de Anastasio Ovejero en diferentes libros, sobresaliendo el texto que publicó en la obra que coordinaron en 1996 Álvaro, Garrido y Torregrosa (Ovejero, 1996) y el que apareció en otro libro coordinado por Miguel Ángel Aguilar y Anne Reid (2007) titulado Tratado de Psicología Social (Ovejero, 2007). Sin embargo, nosotros creemos que la psicología social tiene muchas aportaciones que hacer a la solución de los problemas de la educación escolar, sobre todo porque lo que hay dentro del aula son ante todo conductas psicosociales producidas por la interacción social (relaciones interpersonales y grupales, expectativas del profesor, etc.). Es indiscutible, por tanto, que cualquier persona que esté al frente de un grupo de alumnos en una clase necesita conocer el funcionamiento psicosocial del grupo y los aspectos psicosociales del comportamiento de sus estudiantes.
Ahora bien, ¿qué entendemos por psicología social de la educación? Habría que distinguir entre definición intencional y definición operacional, aunque las dos ofrecen muchas dificultades. Con respecto a la primera, no es fácil saber en qué consiste esta disciplina, más allá de decir, como Backman y Secord (1969, pág. 1) que es «una visión del proceso educacional a través de los ojos de un psicólogo social». Nosotros diríamos que se trata del estudio de la conducta de alumnos y profesores en su contexto general, organizacional y grupal, donde las relaciones interpersonales adquieren un protagonismo tan grande que la mayoría de los expertos en educación, sobre todo los psicólogos y los sociólogos de la educación, han tratado este tema con más o menos intensidad, a pesar de no ser psicólogos sociales. De ahí que la definición intencional tampoco aclare demasiado las cosas, pues buena parte de los temas centrales de la psicología social de la educación están incluidos también en los textos de psicología de la educación y de sociología de la educación (Ovejero, 2000), e incluso de otras disciplinas, como la pedagogía o la antropología de la educación.
En suma, podríamos definir la psicología social de la educación como el estudio de la interacción social dentro del aula y sus efectos, poniendo énfasis en temas como la influencia del grupo-clase en el rendimiento escolar, los conflictos escolares, el acoso escolar o el aprendizaje cooperativo. En este libro veremos algunos de esos temas, destacando uno de gran interés actualmente: el acoso escolar o bullying, al que dedicaremos dos capítulos, uno al tradicional y otro al cibernético. Al fin y al cabo, como señala Lighthall (1978, pág. 25), «la psicología social tiene una única contribución que hacer tanto a la teoría como a la práctica educativa, (pues) es la única rama de la psicología cuyos conceptos, teoría y datos abarcan los fenómenos y procesos interpersonales». Por ello es crucial, pues, como añade el propio Lighthall, «la educación —fundamentalmente un proceso interpersonal llevado a cabo a través de la cooperación interdependiente de dos roles, educador y educando— requiere para su aclaración precisamente el tipo de instrumentos y datos analíticos proporcionados por la psicología social». Y concluye con rotundidad (pág. 26): «La psicología educativa debe ser esencialmente no una psicología cognitiva o evolutiva o de la personalidad, sino una psicología social». Sin embargo, estando básicamente de acuerdo con Lighthall, creemos que debemos añadir tres aspectos fundamentales a lo dicho por él: primero, hay que poner un énfasis especial en la interacción social entre alumnos, que es la que explica la gran influencia que tiene el grupo-clase en la conducta escolar de sus miembros, la gran eficacia del aprendizaje cooperativo y la importancia del acoso escolar, temas todos ellos centrales en este libro. Segundo, se hace imprescindible tener en cuenta el contexto en que tiene lugar la conducta de los agentes escolares, en concreto el grupal y el organizacional, a los que dedicaremos los capítulos II y III. Y tercero, se necesita que tanto el profesorado como los propios psicólogos sociales de la educación mantengan un pensamiento crítico que facilite que el alumnado aprenda a pensar por su cuenta, conozca las estrechas relaciones existentes entre saber y poder, como muestra claramente Michel Foucault (1991), y se acostumbre a buscar los efectos de poder que busca todo el que afirma que lo que dice es científico.
Quisiéramos señalar que este libro persigue básicamente dos objetivos: indagar en algunas aportaciones que la psicología social puede hacer al campo de la educación, sobre todo en el de la violencia escolar; y poner tales aportaciones al alcance del profesorado de todos los niveles (primaria, secundaria, instituto y universidad). Lo que pasa dentro del aula, la conducta individual de alumnos y de profesores, así como sus relaciones interpersonales, está muy influido, en primer lugar, por el contexto ideológico, económico y sociopolítico general, que no analizaremos en este libro; en segundo lugar, por el entorno organizacional de la escuela en la que se inserta el aula, que veremos en el capítulo II; y en tercer lugar, por el clima del grupo-clase, es decir, por la interacción que tiene lugar dentro del aula, que trataremos en el capítulo III. Pensamos que para entender cabalmente el comportamiento escolar del alumnado –e incluso del profesorado–, es indispensable una contextualización adecuada tanto de su conducta como de la propia escuela. De ahí que, tras dedicar un primer capítulo a analizar algo tan crucial para entender la conducta humana como es el propio yo y su identidad («El yo y la identidad en el contexto escolar», Yolanda Pastor Ruiz), dediquemos un capítulo al contexto organizacional («La escuela como organización», Marco Depolo, Dina Guglielmi, Ira Vannini) y otro al análisis del clima del grupo-clase y la interacción social que se da en él («La interacción en el aula», Cristina García-Ael, José Francisco Morales Domínguez). Por otra parte, y habida cuenta de que el fenómeno de la violencia escolar es actualmente uno de los que más preocupan a padres y profesores, dedicamos dos capítulos al acoso escolar («Violencia y escuela: el acoso escolar», Anastasio Ovejero Bernal; «Relaciones interpersonales y cyberbullying: aspectos psicosociales y educativos», Elisa Larrañaga Rubio, Raúl Navarro Olivas, Santiago Yubero Jiménez). Finalmente, el último capítulo lo dedicamos a la que muy posiblemente sea la vía más eficaz para resolver los problemas escolares («Aprendizaje cooperativo: Un instrumento eficaz para solucionar los principales problemas escolares», Anastasio Ovejero Bernal).
Por último, añadamos que este libro va dirigido a todos aquellos que están interesados en las cuestiones escolares, y más en concreto a quienes trabajan como educadores en los diferentes ámbitos sociales. A las profesoras y profesores de todos los niveles, particularmente de la enseñanza infantil, primaria y secundaria, así como a los profesionales que trabajan en el campo de lo social (trabajadores sociales, educadores sociales, etc.). También, y de una forma especial, a los estudiantes de dichas profesiones (los diferentes magisterios, educación social, trabajo social, etc.). Y, por supuesto, esperamos que sea de interés especial para todos los profesionales que trabajan en el ámbito de la psicología de la educación (orientadores, etc.). Por ello, esperamos que sea de utilidad y provecho a cuantos, desde su rol de profesora o profesor, desde su puesto de trabajadora o trabajador social, y desde su papel como psicóloga o psicólogo de la educación, batallan día a día con los problemas, cada vez más acuciantes, que les plantea su quehacer cotidiano.
Anastasio Ovejero Bernal
José Francisco Morales Domínguez
Santiago Yubero Jiménez
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