Los caribes, como veremos más adelante, eran aborígenes corajudos y valientes que habitaban el litoral atlántico y muchas regiones interiores de tierra caliente. Pero los chibchas los consideraban lobísimos. Más de una vez en el Muequetá Country Club les echaron bola negra a caciques y cacicas caribes muy distinguidos, como Matarap, que arrastró al navegante español Juan de la Cosa y luego le cortó la cabeza, aunque según algunas versiones el orden fue el opuesto; Tiripí, que derrotó al conquistador español Alonso de Ojeda; y Tamalameque, que se enfrentó a conquistadores alemanes, sin hablar el idioma3.
—Muy valientes y distinguidos —dicen que dijo Saguanmanchica, a la sazón presidente del club—: pero caribes.
Los chibchas tenían una palabra para designar al extranjero: atarvaán. Eso eran para ellos los caribes. Y es porque no se sabe bien de dónde salieron los caribes. En cambio, los chibchas tenían muy claro su árbol genealógico. Todos decían descender de Nemqueteba (los mayores lo llamaban «taita» y los más jóvenes «tatarataita», como si fuera una canción militar); todos eran primos segundos de Bochica y Bachué; y todos sabían que Saguanmanchica había sido el más antiguo de los zipas; que Nemequene, su sobrino, había sucedido a Saguanmanchica en el poder, y que Tisquesusa era el sucesor de Nemequene4. No era extraño que dos chibchas se encontraran cuando iban a comprar sal a Zipaquirá y se produjera entre ellos un diálogo como este:
—¿Tú de cuáles Tisquesusas eres?
—De los Tisquesusas de Nemequene.
—Pues yo soy de los Tisquesusas de Saguanmanchica.
—A ver: si tú eres de los Tisquesusas de Saguanmanchica y yo soy de los Tisquesusas de Nemequene, ¿entonces tú y yo qué vendríamos siendo?
Como se indicó atrás, los chibchas que habitaban lo que hoy es Cundinamarca estaban gobernados por el zipa; y los de Boyacá por el zaque. El zaque se caracterizaba porque tenía himno propio, que le había compuesto uno de los Vargas Rubiano. El último de los zaques fue Quemuenchatocha y el penúltimo de los zipas fue Nemequene. Sus curiosos nombres se han prestado para que poetas sin imaginación hagan con ellos coplas soeces y ordinarias. Para que vean ustedes las ironías de la vida, uno de esos poetastros era de apellido Angulo!
3 Tal vez por eso Tamalameque fue estrepitosamente derrotado en 1531 por el alemán Ambrosio Alfinger. Algunos historiadores locales dicen que logró sacarle un empate. Otros hablan de una victoria moral. La verdad pura es que ganó Alfinger. Dos años después mataron a Alfinger de un flechazo en Chinácota. Ya había empezado la violencia en el deporte.
4 Desde tan lejana época proviene la colombianísima costumbre de que los políticos dejen un heredero de su familia en el gobierno. Si Nemequene no tuvo noticiero de televisión fue porque en tiempos de los chibchas no había televisión.