
La irrupción de las nuevas tecnologías nos obligan a educar a los niños de forma distinta.
HOWARD GARDNER
Llevamos muchos años oyendo hablar de internet y de cómo nos ha cambiado la vida. Pero es que es verdad… ¿Concebimos hoy un mundo sin internet y tecnología? Usamos internet casi a diario: para comprar billetes de tren, reservar una habitación de hotel, comprar en Amazon, escuchar música en Spotify… Además, si quieres saber o buscar algo, ¿dónde acudes? ¿Es posible que hagas una búsqueda en Google?

Como puedes comprobar, internet forma parte de nuestras vidas. De hecho, el día que por el motivo que sea se «cae la conexión» y no tenemos acceso a internet, parece que se va a acabar mundo…
Pero, ¿sabemos realmente qué es internet? Como muy bien definen Pere Cervantes y Oliver Tauste:
«De un modo breve bastaría con tener claro que internet es “la red de redes”, entendida como el conjunto de todos los ordenadores del mun-do con conexión a internet, con capacidad de enviar y recibir datos, como por ejemplo un correo electrónico.
Para no confundirnos, es interesante hacer la siguiente matización: internet y lo que llamamos web no son lo mismo. Podemos definir la web como uno de los servicios que ofrece internet, en concreto todas aquellas páginas de información a las que accedemos desde el navegador de nuestro ordenador».
Internet puede resultar de gran ayuda para realizar algunas tareas escolares. No obstante, como en internet encontramos tantas distracciones como recursos educativos, y como uno de los principales problemas de los niños y jóvenes de hoy en día es que se distraen en exceso, debemos ir con mucho cuidado.
Como señala Leonardo Cervera, «lo de que nuestros hijos se conecten a internet mientras hacen los deberes puede ser muy útil en un momento dado, pero solo si es para un propósito concreto y por un tiempo limitado, pues de lo contrario la conexión puede acabar con la poca concentración que tenía el estudiante hasta ese momento».
Como siempre digo a los padres de mis alumnos: lo importante es dedicar tiempo a la supervisión. Si piden la tableta o el ordenador para buscar información porque tienen que hacer un trabajo, debemos supervisar que ciertamente están usando internet para buscar esa información. En caso contrario, el niño entrará en una espiral de búsquedas y sobre todo provocará que pierda el tiempo y la concentración en aquellas tareas que estaba realizando.
Esto me recuerda a la viñeta de humor que circula por la red con la Tabla de equivalencias del tiempo en internet:

¿Te sientes identificado?
Internet y las pantallas no pueden ocupar todo el tiempo libre de nuestros hijos. Por este motivo debemos establecer unas normas de uso que nuestros hijos deben cumplir. Aspectos a tener en cuenta para ello son: a) el tiempo de exposición diario (o semanal), b) los momentos para conectarse a internet y c) los espacios desde los que acceden.

Claves para navegar en la red
• Dedica tiempo a navegar con tus hijos. Conéctate con ellos y acompáñalos para conocer mejor sus intereses y preferencias.
• Establece tiempos de conexión. Comprueba y supervisa que estos se cumplen.
• Ubica el ordenador en un lugar común de la casa. Así facilitarás la supervisión.
• Comprueba que acceden a páginas adaptadas a su edad.
• Facilítales información sobre los posibles contenidos nocivos que se pueden encontrar.
• Controla el historial y supervisa los lugares que han visitado. Observa cuáles son sus favoritos para conocer sus intereses personales.
• Explícales las medidas de seguridad que deben tomar a la hora de conectarse.
• Haz uso de algún programa de filtrado o control parental para proteger a tus hijos de algunas páginas o contenidos nocivos.
Este es uno de los mensajes que debemos transmitir con mayor contundencia a nuestros hijos: internet no olvida. Y no es una exageración. ¿Pero qué significa esto? Muy sencillo, estamos cansados de escuchar a la policía decir que todo aquello que subimos a la red puede ser bajado, todo lo que compartimos puede ser compartido de manera indefinida y todo lo que publicamos en redes sociales puede llegar a cualquier sitio y ser usado de cualquier manera. Como señalan Pilar Guembe y Carlos Goñi, «en el momento en que algo es tuiteado o enviado por las aplicaciones de mensajería instantánea, pasa a pertenecer al universo digital, un abismo sin fondo con una memoria prodigiosa».

Elizabet Kilbey reflexiona sobre esto en su libro Niños desconectados:
«Me consta que niños de tan solo 10 y 11 años comparten habitualmente imágenes inapropiadas online, pero sé también que los padres generalmente prefieren enterrar la cabeza en la arena como los aves-truces cuando se trata de abordar este problema. Suelen pensar que es algo propio de adolescentes y que, a su edad, sus hijos no harían esas cosas; y sin embargo sí las hacen, y con frecuencia. Los niños de esas edades carecen de la madurez emocional necesaria para enviar o hacer circular imágenes explícitas de sí mismos, y conozco casos de preadolescentes de esas edades cuyas vidas se han visto devastadas como consecuencia de ello».
Yo también puedo afirmar que he conocido casos de primera mano con consecuencias devastadoras… Es muy triste que los niños tengan que llegar a vivir experiencias de este tipo para aprender la condición permanente de internet. Por eso debemos transmitirles este mensaje antes de llegar a esos casos extremos: internet no olvida.
Por este motivo, los expertos en seguridad tecnológica destacan la importancia de que padres e hijos menores de edad establezcan conjuntamente unas normas de uso de las nuevas tecnologías que incluyan el respeto a los demás siempre.
Recordemos a nuestros hijos los riesgos que comporta colgar una foto en internet, consignar los datos personales en una web o grabarse con el móvil en actitud erótica y mandárselo a los amigos.
No acabamos de ser conscientes de esto hasta que vemos aparecer en los medios noticias que nos sorprenden y llaman nuestra atención. Un ejemplo de ello es este*:

«Detenida una joven de 14 años por difundir un vídeo sexual de una compañera de instituto. La víctima, de 13 años, se grabó en actitud erótica con su propio teléfono móvil debido a la insistencia de un compañero, quien únicamente pretendía burlarse de ella».
Agentes de la Policía Nacional han detenido, como presunta responsable de delitos de pornografía infantil y contra la integridad moral, a una niña de 14 años por la difusión de un vídeo sexual de una compañera de instituto. La víctima, de 13 años de edad, se grabó en actitud erótica con su propio teléfono móvil debido a la insistencia de un compañero, quien únicamente pretendía burlarse de ella. El vídeo fue difundido rápidamente a través de aplicaciones de mensajería instantánea entre alumnos del centro escolar. La Policía recuerda a los menores que hacerse fotos o vídeos de carácter sexual siempre es un error.
El sexting o envío de imágenes de contenido sexual a través de internet y desde ordenadores portátiles, de sobremesa o dispositivos móviles como smartphones o tabletas, es una práctica peligrosa. Los menores que se planteen caer en esta conducta deben saber que mandar este tipo de imágenes puede conducir a situaciones de chantaje, ciberacoso sexual o acoso en el entorno escolar (grooming o bullying), y otras variedades que pueden ocasionar un grave perjuicio y trastorno de su vida personal.
En este caso, la menor se vio influida por un compañero por el que habría sentido cierta atracción y quien insistió para que llegara a grabar un vídeo de este tipo. La intención de este menor no era otra que ridiculizar a su compañera y de hecho él fue el primer difusor de las imágenes, aunque no ha sido detenido al tener menos de 14 años de edad y no ser imputable penalmente.
La propagación del vídeo fue muy rápida y llegó hasta numerosos alumnos y alumnas del centro escolar, principalmente a través de una conocida aplicación de mensajería instantánea para teléfonos móviles. Los agentes han conseguido frenar esta difusión y detener a una de las responsables de la misma, de 14 años de edad. Los investigadores también han trasladado a los alumnos implicados que cualquier conducta equivalente a poseer, difundir o exhibir material con contenido pornográfico de menores de edad es un delito y que el daño que se causa a las víctimas de casos de este tipo es muy importante.

Ya son varios los casos ocurridos en el último año de fotografías y vídeos de carácter sexual protagonizados por jóvenes que luego se propagaban de forma viral por venganza personal o se utilizaban para su vejación o chantaje sexual. La Brigada de Investigación Tecnológica de la Policía Nacional advierte de que si se realizan prácticas contra la intimidad o el honor se comete un delito, así como que compartir actos o imágenes íntimas puede ser un error con efectos casi irreversibles. Por ello, los expertos en seguridad tecnológica destacan la importancia de que padres e hijos menores de edad establezcan conjuntamente unas normas de uso de las nuevas tecnologías que incluyan el respeto siempre a los demás, y recuerdan una premisa básica: «a internet le cuesta olvidar».
Las fotografías se han convertido en el medio de expresión preferido por nuestros hijos. Por este motivo entre ellos triunfa una red social en la que una imagen vale más que mil palabras: Instagram. Es muy importante que hablemos con nuestros hijos del tiempo que conviene dedicar a esta red social, así como del correcto uso que deben hacer de sus herramientas para que no afecte a su reputación y privacidad.
Como se destaca en Kids and teens online, «lo que comenzó siendo una red centrada en la fotografía se ha convertido en un entorno en el que los adolescentes conversan, se envían mensajes y hablan de sus cosas, planes, inquietudes, grupos musicales, etc. Es para ellos un verdadero medio de comunicación, en el que se envían de forma cotidiana hasta fotografías con los ejercicios que ha puesto el profesor de matemáticas, de lengua o de cualquier otra asignatura. Muchos de ellos hacen un uso responsable, cuidando lo que dicen y las fotos que suben, y respetando la privacidad de los demás. Pero en otros casos no sucede así, y podemos encontrar a niños o niñas de 11 años subiendo fotografías que no deberían publicar o utilizando la herramienta de forma inadecuada».
Hablaremos con mayor detenimiento sobre el tema en el apartado «Principales redes sociales».
En muchas ocasiones los padres no tenemos ni idea o no comprendemos qué sentido tienen las fotos que publican nuestros hijos. Por este motivo es bueno y necesario que en algún momento hablemos con ellos sobre qué fotos pueden publicar, cuáles no son convenientes y cuáles pueden llegar a ser incluso peligrosas:

Consejo de experto (por «Empantallados.com»*)
• Fotografías tipo selfie. El autorretrato es una forma actual y espontánea de comunicarse, que además está de moda. No debe preocuparnos siempre y cuando no sea excesivo el narcisismo o postureo. Sin embargo, estate atento si solo publican selfies, muchas veces frente al espejo, y no incluyen en ellos el sentido del humor.
• Fotografías sobre la intimidad familiar o de los amigos. Parece obvio qué fotos no se deben enseñar fuera de la intimidad familiar, pero los adolescentes a veces no lo tienen claro. Cuando se hacen fotos en casa en cualquier momento, es bueno que se planteen qué cosas no es necesario enseñar a cualquiera. También con su grupo de amigos: hay cosas que se pueden compartir con el resto del mundo, pero algunas situaciones requieren un poco más de respeto.
• Fotos que puedan perjudicar el honor de terceras personas. Es habitual que reciban una foto de algún compañero o conocido que haya metido la pata en algo, o que sale realmente mal. A veces publicar este tipo de cosas puede hacer verdadero daño al protagonista. ¿Te gustaría que publicaran una foto tuya así?
• Fotos provocativas. Hay una moda entre los adolescentes, bautizada como sexting, que consiste en enviar fotografías íntimas, con contenido erótico e incluso sexual. Normalmente este contenido se envía a una sola persona, pero es muy común que antes o después esas fotos se reenvíen. Si las publican, las reenvían o las guardan, podrían ser cómplices de algo que puede llegar a ser delito. Hay fotos que es mejor no hacer.
• Fotos que ofrezcan datos personales. Por una cuestión de seguridad, no es bueno que los menores publiquen fotos que puedan identificar su domicilio o su colegio, ni muestren datos como la matrícula del coche u otros datos personales. Tampoco es bueno que su nombre de perfil sea su nombre completo o con su fecha de nacimiento. Y por último, es desaconsejable publicar la ubicación o información sobre dónde han sido tomadas las fotos.
En primer lugar deberíamos definir qué es una red social para entender mejor qué es lo que está ocurriendo y la relación que tienen nuestros hijos con las mismas. Según la Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid, podemos definir la red social como esencialmente una aplicación online que permite a los usuarios generar un perfil con sus datos en páginas personales y compartirlo con otras personas, haciendo pública esta información».* Según la Real Academia Española (2016), es una «plataforma digital de comunicación global que pone en contacto a un gran número de usuarios».
Según el estudio anual de redes sociales de IAB en 2016, un 86% de los internautas de entre 16 y 65 años utilizan redes sociales, lo que supone más de 19 millones de usuarios en nuestro país.
Las redes sociales son unos de los espacios más utilizados por nuestros hijos en la red y en el que son más vulnerables. Más adelante veremos con más detalle algunas pautas de uso que servirán para prevenir posibles problemas.

¿Qué requisitos debería cumplir una red social?
• Ser una red de contactos.
• Tener un perfil.
• Permitir interactuar.
• Ofrecer funcionalidades sociales para interactuar con contenidos (crear, compartir y/o participar).
En su blog Familia Actual, Pilar Guembe y Carlos Goñi han publicado un interesante post en el que cuentan la experiencia de «desconexión» narrada por el tecnólogo Steven Corona, que trabaja como director de la compañía Twitpic. Corona no decidió retirarse a un monasterio del Tíbet a meditar, ni tiró su smartphone a la basura; simplemente decidió estar treinta días sin conectarse a ninguna red social (Twitter, Facebook o Reddit), como venía haciendo diariamente desde los últimos cuatro años. Se trata de un testimonio muy valioso porque quien lo ha realizado es un joven nativo digital de 25 años inmerso de manera personal y profesional en las nuevas tecnologías.*
Cuenta que no solo sigue vivo después de esta experiencia, sino que ha sido totalmente enriquecedor por varios motivos:
• Ha tomado conciencia de lo enganchado que estaba a las redes sociales.
• Se ha hecho consciente del tiempo que perdía usando las redes sociales.
• Se ha dado cuenta de hasta qué punto había llegado a sustituir las relaciones personales del mundo real por las virtuales y de las diferencias notables que hay entre unas y otras.

Según cuenta sobre su experiencia, lo primero que sintió fue síntomas de un malestar que indicaban que estaba pasando por un auténtico síndrome de abstinencia. Por eso, lo más interesante es que tras su experiencia de desconexión ha aprendido a conectarse de otro modo totalmente diferente y enriquecedor.
En palabras de Carlos Goñi: «Miles de jóvenes y no tan jóvenes, quizá nuestros hijos, están atrapados en las redes sociales, como lo estaba Steven Corona. Continuamente conectados con un mundo virtual y desconectados del mundo real. Viven encerrados en el fondo de la caverna mediática, llenándose de datos y hablando con sombras. Los amigos reales los tienen al lado, pero no los ven porque no pueden desviar la mirada de sus pantallas. Sugerimos proponer a nuestros hijos un mes sin redes sociales, un mes de desconexión. Que este agosto, el mes de las vacaciones, lo sea de verdad, que nuestros hijos adolescentes prueben a estar, como lo estuvo Steven Corona, 30 días sin Facebook, sin Twitter, sin conexión. Seguro que, al salir a la luz y contemplar la realidad iluminada con luz natural, descubrirán que estaban atrapados en una red, y se sentirán liberados. ¡Feliz desconexión!».
Esto merece una seria y profunda reflexión por nuestra parte. ¿Seremos capaces de educarlos y ayudarles a «desconectarse» para que aprendan a conectar con ellos mismos? Empecemos por nosotros… Sigue leyendo, porque en este libro encontrarás las claves que te ayudarán a conseguirlo.
Más adelante hablaremos del gran problema que supone la adicción a la tecnología.

Te invito a que tomes conciencia de todo lo que nos perdemos por estar enganchados a la pantalla del móvil. No te quejes de la adicción de tus hijos a la tecnología si tú actúas de la misma manera. Nuestro ejemplo es clave y ayuda a que las relaciones fluyan.
Podemos afirmar que por culpa de este «enganche» y «adicción» al móvil o a las propias redes sociales nos perdemos mucho de la infancia de nuestros hijos. Dejamos de lado momentos inolvidables como jugar con ellos, contarles cuentos, el contacto físico a través de mimos, caricias y abrazos, o algo tan sencillo e importante como mirarles a los ojos mientras nos hablan.
Por este motivo te doy un consejo: apaga el móvil, desconecta tus redes sociales y conecta con tus hijos. Te lo agradecerán y te lo agradecerás a ti mismo…
Recuerda esto: no solo tenemos que controlar la relación de nuestros hijos con la tecnología, sino que debemos controlar también la nuestra.
A continuación trataremos las redes sociales preferidas por nuestros adolescentes (y digo «adolescentes» porque la edad legal de uso de las mismas la tenemos en esta etapa. No puedo entender que haya niños de 9 años que tienen una cuenta en Facebook o Instagram).
¿Tu hijo tiene menos de 12 años y está en alguna de estas redes sociales? Te hablaré de las limitaciones de edad un poquito más adelante, pero para empezar te invito a que reflexiones y medites si realmente son beneficiosas y los peligros que entraña usarlas a esas edades.
Comprobarás que no siempre coinciden las preferencias con las redes sociales que usamos los adultos, ya que ellos hacen un uso bastante diferente de las mismas, aunque en ocasiones algunos adultos hagan un uso semejante e incluso peor que los propios adolescentes.
Si los adolescentes se caracterizan por algo, es justamente por compartir sus pensamientos e ideas, sus pasatiempos y lo que les acontece en su día a día. Por este motivo las redes sociales que más utilizan son:

Se trata de la red social preferida por los adolescentes, donde suben fotos y vídeos de poca duración. Pueden encontrar perfiles sobre diferentes temáticas: humor, música, comida, ejercicio físico, etc. Permite compartir fotos de todo lo que nos interesa (desde el desayuno hasta las vacaciones), dejar likes y comentarios, y quizás lo más importante para algunos de ellos: curiosear en las vidas de las «celebridades» que tienen un perfil.
Es una red social muy variada que permite expresar y buscar consejos de mucha ayuda. El corte juvenil de Instagram se aprecia en las edades de las personas con más followers del mundo: Selena Gómez (22 años), Taylor Swift (26), Ariana Grande (25) o Kylie y Kendall Jenner (18 y 20 años), que copan el top 20 con más seguidores en esta red social.*

Cinco preguntas que suelen hacerse los padres sobre Instagram (por «Protégeles en Instagram»)
1. ¿Por qué a tus hijos les gusta tanto Instagram?: Porque disfrutan del contenido multimedia y les gusta compartirlo con sus amigos a través del móvil, algo que Instagram les permite hacer de un modo visual e intuitivo. Para ellos, los comentarios forman parte de un entramado de conversaciones en distintos medios. Se trata de una forma de relación social, igual que hacer clic en «Me gusta» o compartir enlaces.
2. ¿Cuál es la edad mínima para tener un perfil?: Las condiciones generales de Instagram establecen los 14 años como edad mínima para usar el servicio. Sin embargo, muchos menores crean una cuenta incluso antes—con frecuencia sin permiso de sus padres—porque Instagram no pregunta a los usuarios qué edad tienen. La seguridad de Instagram depende más de cómo se utilice que de la edad del usuario. Sin embargo, si se avisa a Instagram de que un usuario es menor de 14 años y es posible constatar que así es, se procederá a eliminar la cuenta.
3. ¿Qué riesgos supone utilizar Instagram?: Instagram no es peligroso de por sí. Lo que preocupa más a los padres son los problemas que podrían surgir en cualquier otra red social (por ejemplo, que alguien sea cruel con personas a quienes conoce o que se publiquen fotos o vídeos inapropiados que atenten contra la reputación de un menor o atraigan una atención indeseada). Otro motivo de inquietud es la posibilidad de que el menor entre en contacto con desconocidos que usen Instagram para acercarse a él. Con esta guía, queremos demostrar que no hay por qué alarmarse y que los menores pueden aprender a controlar estos riesgos.
4. ¿Cómo puede un menor protegerse en Instagram?: Al igual que en otras redes sociales, la mejor forma de no correr riesgos es respetarse a uno mismo y a los demás. Las fotos y los vídeos que comentamos y publicamos, por graciosos o serios que sean, quedan asociados a nuestra imagen pública y también pueden afectar a otras personas. Para reducir los riesgos, conviene ser lo más respetuosos posible a la hora de compartir, etiquetar y comentar contenidos. La mayoría de los menores lo saben, pero no está de más que los padres se aseguren de que sus hijos no publiquen imágenes provocadoras o tengan un trato inapropiado con desconocidos. Lo que nos lleva a la siguiente pregunta...

5. ¿Es preferible que el perfil de un menor sea privado?: Para muchos menores, uno de los atractivos de Instagram es conseguir un gran grupo de seguidores. Este es un aspecto importante si decides hablar con tu hijo. Cualquiera puede seguir una cuenta pública, mientras que los propietarios de las cuentas privadas tienen que aprobar primero quién les sigue. Muchos padres dejan que sus hijos empiecen a usar Instagram con una cuenta privada, pero como la gente publica fotos de otras personas, tu hijo podría aparecer igual en Instagram o en otros servicios para compartir fotos. Incluso un menor que no tenga cuenta en Instagram puede acabar apareciendo en imágenes publicadas en la plataforma. Tanto en Instagram como en otros servicios web, el usuario y sus amigos influyen tanto como la propia aplicación en la experiencia del menor, que será más o menos positiva según las circunstancias de cada uno.

Es la red social de la inmediatez por excelencia. Sus usuarios publican mensajes a través de 280 caracteres con los que expresan sus ideas. Además, pueden adjuntar imágenes, lo que hace que Twitter sea especialmente atractivo. Lo que más llama la atención son los hashtags, usados en todo el mundo y que vuelven interactiva la red social. A veces se usan hasta volverse tendencia (trending topic).

¿Cómo ayudar a tus hijos a hacer un uso saludable de esta red social? (por «Empantallados.com»)
• Enséñales la importancia de gestionar sus emociones en las redes sociales. La fluidez con la que se transmiten los mensajes en Twitter hace que sea fácil dejar una huella digital más evidente o incluso dañina.
• Es importante que aprendan a identificar las fake (contenido falso). No tienen que creerse todo lo que leen, ni aunque sea TT (trending topic), ni aunque aparezca como un contenido patrocinado o tenga miles de RT (retuits).
• Deben cuidar lo que dicen y cómo lo dicen. Twitter es un escenario público.
• Y, sobre todo, deben aprender la máxima Think before you post («piensa antes de publicarlo»): 280 caracteres pueden hacer mucho daño a alguien, incluso a ellos mismos en el futuro, cuando un tuit se les vuelva en contra a la hora de buscar trabajo, por ejemplo.

Snapchat es una de las redes sociales que más ha crecido en los últimos años, muy especialmente entre el público joven. Permite enviar mensajes en forma de vídeos cortos, que se pueden editar añadiendo texto o emojis, y que solamente pueden visualizarse una vez por la persona que los recibe; posteriormente son borrados del servidor de la app. Es decir, es un servicio de mensajería instantánea más creativo que los simples mensajes de texto, y es ahí donde apela la aplicación entre los teens. Los estudios recientes en el uso de redes sociales entre usuarios jóvenes suelen situar a Snapchat en el top 3 de las aplicaciones preferidas, independientemente de si también usan Facebook o si prefieren Instagram o Twitter como red social de preferencia.

¿Sabes quiénes son los youtubers? Unos jóvenes de perfiles muy variados que se han hecho un hueco entre la audiencia que los medios de comunicación tradicionales había dejado desatendida: los adolescentes. En muchos casos, los youtubers pueden llegar a tener grandísimas cifras de seguidores (El Rubius, uno de los más famosos en habla hispana, cuenta con más de 29 millones de suscriptores, más que el propio Andrés Iniesta en Twitter), visitas y por tanto beneficios económicos a través de su canal de vídeo. Los adolescentes suscritos a estos canales esperan a diario la publicación de nuevos contenidos de la misma manera que los adultos esperan que se emita su serie de televisión favorita.

Es la aplicación líder para comunicarse con los amigos, y eso a pesar de que, según los estudios, los adolescentes pueden llegar a tener presencias digitales «compuestas por entre seis y hasta diez perfiles», y son capaces de utilizarlos de diferente manera, cada uno con una finalidad específica. Por eso, aunque se comuniquen con WhatsApp, es también frecuente que utilicen Snapchat aunque sirvan para lo mismo. Alternativas de mensajería instantánea que también podemos encontrar en los teléfonos de los niños son Kik, Telegram, Facebook Messenger y Hangouts, la aplicación de mensajería de Google (muy usada por aquellos niños que todavía no tienen WhatsApp).

Qué deben saber los padres sobre WhatsApp…
Según los expertos, WhatsApp no es apto para menores y destacan una serie de ideas que debemos tener en cuenta:
1. WhatsApp es una red social. Según señalan desde Pantallas Amigas, no es un simple servicio de mensajería, como así creen algunos padres. Permite hacer grupos, enviar imágenes, vídeos, links... No está considerada como red social, esto hace que esté sometida a pocas presiones y que su seguridad no sea tan precisa.
2. La edad. Como señala Guillermo Cánovas, «según la legislación española, un niño de menos de 14 años no puede autorizar a que alguien obtenga sus datos personales, ni a que se obtengan fotografías suyas. Esto solo puede hacerse con la previa autorización de los padres. Es decir, las autorizaciones que conceden los niños menores de 14 años no son válidas… pero en WhatsApp, sí».
3. La cuestión de la inmediatez es extremadamente delicada. «En décimas de segundo, los chavales envían fotos estando borrachos o con gestos sugestivos... Personalmente, creo que es muy fácil que si se actúa con tanta celeridad se equivoquen y no tomen buenas decisiones. A lo mejor tienen suerte tres horas después, cuando se les ha pasado el “calentón”, de pensar en las consecuencias de lo que han hecho, pero ya es demasiado tarde.»
4. ¿Qué sucede con toda esa información? ¿Qué pasa con todos esos mensajes, más o menos privados, que los niños se intercambian entre sí? ¿Qué sucede con las fotografías que se hacen y se envían unos a otros? ¿Alguien puede acceder a ellas? «Pues lo cierto es que no lo sabemos… Una de las principales críticas sobre la seguridad de WhatsApp es, precisamente, el desconocimiento que se tiene sobre si la compañía guarda copias de la información enviada, dónde se alojan y qué nivel de seguridad se aplica a esa información.»
5. Puede facilitar el acoso. «Por el mero hecho de que un extraño tenga tu número, tu WhatsApp lo acepta y deja expuesta tu foto de perfil. El acosador, inmediatamente, puede tener demasiada información.»

Un estudio reciente puso de manifiesto que el 53% de los padres desconocen que redes sociales como Facebook exigen que sus usuarios tengan más de 13 años. Es preocupante que 1 de cada 5 padres piensen que no es necesario ningún tipo de requisito.*
Es importante recordar que las limitaciones de edad en internet tienen una razón de ser, como muestra un dato que destaca Elizabeth Kilbey: «Un informe de la Office of National Statistics británica sobre el bienestar infantil determinó que los niños que pasan más de 3 horas los días de colegio navegando por redes sociales están expuestos a una probabilidad más de dos veces mayor de sufrir alteraciones mentales que los que lo hacen durante menos tiempo». Preocupante, ¿no crees?

La Agencia Española de Protección de Datos está especialmente preocupada por la protección de los menores, dado que hay miles de ellos (menores de 14 años) con perfiles en las redes, lo que está prohibido por la legislación española. Por este motivo propone:
• Reclamar fórmulas de comprobación de la edad al darse de alta en las redes.
• No prohibirlas, pero sí advertir a los jóvenes de los riesgos que hay en las redes sociales.
• Comprobar el perfil de los jóvenes para verificar que no ofrecen datos sensibles ni otro tipo de datos que permitan localizarlos.
• Informarles de que no pueden subir fotos o vídeos de terceros sin su consentimiento, ni publicar fotos suyas sensibles.
• Insistir en que no admitan solicitudes de amistad de desconocidos ni establezcan nunca citas presenciales.

Consejo de experto (por Elizabeth Kilbey)
Es frecuente en mi trabajo atender a niños de 6, 7 u 8 años que tienen sus propias cuentas de Facebook e Instagram, siendo por lo demás habitual que la mayoría de los niños que se encuentran en el intervalo superior del período de latencia (10 y 11 años) utilicen algún tipo de redes sociales. Uno de los aspectos más preocupantes en este contexto es que, a través de las redes sociales, se dota de recursos para adolescentes a niños en edad de latencia, esperando de ellos que sepan manejarlos, cuando en realidad no han alcanzado el grado de madurez y desarrollo que solo se alcanza con la adolescencia.
Al final del libro, en el apartado Webs y direcciones de interés encontrarás cómo hacer uso de los «centros de seguridad» de las principales redes sociales, así como la dirección donde puedes consultar los vídeos explicativos de la Agencia Española de Protección de Datos y de la Oficina de Seguridad del Internauta (OSI), donde podrás obtener información detallada sobre las configuraciones de privacidad de cada aplicación.
La exposición a las redes sociales también afecta a la educación. La propia Kilbey afirma que «en una encuesta se estableció que, según el personal docente, los niños con peores notas eran los que dedicaban más tiempo a las redes sociales. La mitad de los 500 profesores entrevistados afirmaba que la fijación inherente al acceso a dichas redes sociales afectaba a la concentración de los niños y dos tercios de ellos consideraban que la calidad de sus trabajos para casa se resentía por la prisa por terminarlos para comunicarse con los amigos en la red».
Esto es consecuencia de la hiperconexión a la que estamos sometidos. Estar constantemente pendientes del móvil para ver si nos ha llegado una notificación, sentirnos intranquilos por no tener wifi en nuestro lugar de vacaciones, etc., son dinámicas cada vez más extendidas que generan malestar y estrés en niños y adultos.
De hecho, existe un término que se ha establecido para este tipo de situaciones cuando son extremas. Se trata del término FOMO (del inglés Fear of Missing Out, o lo que es lo mismo, «miedo a perderse algo»). Es la ansiedad que muestra una persona por estar preocupada por perderse lo que está sucediendo en sus grupos de WhatsApp, Facebook, etc.
Además, algo a tener muy en cuenta es que las redes sociales han modificado nuestro cerebro. Así lo afirman los expertos. Según se desprende de una nota de prensa* de la compañía biomédica Pfizer, el uso de las redes sociales tiene efectos tanto positivos como negativos sobre el cerebro. El desarrollo de nuevas conexiones neuronales y la creación de nuevos métodos de aprendizaje son algunas de sus ventajas, mientras que la adicción que pueden provocar es su mayor inconveniente.
Como muy bien señalan Pilar Guembe y Carlos Goñi, podemos y debemos contrarrestar el influjo de las redes sociales para que no moldeen el cerebro a su manera. Para ello nos dan una serie de recomendaciones:
• No adelantar la edad de acceso a las redes sociales para darle tiempo al cerebro a configurarse de manera natural.
• Despegar a nuestros hijos de las pantallas, fomentando el deporte, las salidas, los juegos, las visitas, las conversaciones…
• Enseñarles que un «te quiero» vale más que mil «me gusta».
• Poner, ponernos, límites al uso de pantallas y a las compras por internet.
• Reintroducir los juegos de mesa (ajedrez, puzles, dominó, cartas, parchís…) que favorecen la atención, la calma, saber esperar el turno, la cooperación, el control postural…
• Acostumbrarles a no usar emoticonos, sino a expresar los sentimientos con palabras, mejor dichas que escritas.
• Contagiarles la pasión por la lectura. En ella se concentra la atención y se ejercita la memoria.

La American Academy of Pediatrics ya ha advertido a los padres sobre la existencia de un cuadro al que llaman de «depresión por Facebook», que experimentan niños y adolescentes cuando ven una notificación de actualización, una publicación en el muro de Facebook o una foto que les hace sentirse impopulares.
Lo primero que debemos tener claro es que las redes sociales son medios destinados de manera específica a los adultos. Por este motivo ni son adecuadas ni están adaptadas para los niños o preadolescentes. La gran mayoría de las plataformas tienen limitaciones de edad que deben respetarse siempre. Veamos algunas normas que ayudarán a hacer un buen uso de las redes sociales:
• Si quieres que tu hijo tenga acceso a algún tipo de red social, debes realizar una supervisión de la misma. Para ello hemos de conocer las redes a las que pertenece nuestro hijo, así como sus condiciones de uso y su política de privacidad.

• Ayúdale a registrarse y realizar el perfil explicándole los datos que no deben ponerse y el motivo. Configura con él la privacidad de los contenidos. Usa perfiles privados.
• Comenta con él las aplicaciones que desea utilizar. Pruébalas con él y si no estás de acuerdo en que use alguna, explícale con claridad los motivos.
• Procura que tu comportamiento en las redes sociales le sirva como ejemplo.
• Establece un horario de uso.
• Habla con tu hijo. Establece una normas de uso acordándolas con él; ello hará que se sienta más implicado en la toma de decisiones.
• No añadir a la red a personas desconocidas.
• Evita indicar datos personales: dirección, colegio, teléfono…
• Utilizar seudónimo en lugar de nombre real cuando se crea un perfil.
• Tratar a los demás con respeto y sin mentiras: trata a los demás como te gustaría que te tratasen a ti.
• No están permitidos ni los insultos ni la invasión a la intimidad de otras personas.
• No instalar aplicaciones en el móvil sin el consentimiento nuestro.

• Si recibe un mensaje molesto, debe enseñarlo a padres o profesores y no contestar.
• Si recibe imágenes o vídeos de una agresión, debe ponerlo en conocimiento de padres o profesores.
• No enviar fotografías de terceros que les haga sentir mal por su carácter vejatorio o comprometedor.
Desde mi perspectiva y experiencia, tanto personal como profesional, considero que un menor que no cumple las condiciones de edad de acceso legal a las redes sociales no necesita estar presente en las mismas. Como ya he destacado antes, las limitaciones de edad en internet tienen una razón de ser.
Pero no basta con que limitemos o prohibamos el acceso. Es necesario un trabajo previo cuando nuestros hijos son pequeños manteniendo con ellos una comunicación fluida sobre su presencia en las redes sociales y el uso de las mismas en un lenguaje adaptado a su edad.
Es necesario que les dejemos claro desde un principio la edad que consideramos apropiada para que puedan tener sus propias cuentas en redes sociales. Siempre es mejor negociar y llegar a algún acuerdo de manera anticipada que limitar o prohibir su uso cuando ya han accedido a las mismas.
Cuando son pequeños, evidentemente debemos prohibir y restringir su uso, pero siempre preparándolos, educándolos y hablándoles sobre los motivos por los que lo hacemos y ayudándoles a adquirir las herramientas necesarias para cuando las utilicen en un futuro próximo. Se trata de un trabajo de preparación y prevención.
Esto ha de quedar claro. Nuestra función no es la de espiar, sino la de supervisar, que no es lo mismo. Como destaca Susana Quadrado en su interesante artículo «¿Espiarías a tu hijo?»*:
«Hay una importante discusión moral en este asunto, y en parte recorre el espinoso y conocido trecho que va de la libertad a la seguridad, del control a la fiscalización, de la responsabilidad a la vulneración de la intimidad de los hijos. ¿Tú les espiarías? A lo mejor no he caído todavía del guindo, pero mi respuesta es no. No, si no existe una sospecha clara de que algo no va bien. Ante los tres dilemas, escojo la libertad, el control y la responsabilidad. La fiscalización por vía remota ofrece una falsa seguridad.
No me gusta una sociedad convertida en un Gran Hermano, donde las criaturas que has parido están bajo sospecha. Rastrear su móvil no es como fisgar en su cajón o en su mochila. Es fisgar su vida entera.
Me gusta pensar que, si hay un problema, tus hijos acudirán a ti. Que serán sinceros. Si tienes que llegar al extremo de espiarles, quizá es que algo falla.
No me gusta que los padres sobrevuelen las vidas de sus vástagos como helicópteros de la policía. La sobreprotección infantiliza, hay que dejarles crecer.
Me gusta la palabra confianza. Casa bien con otra, en plural: límites.
No me gusta que el móvil me haga, a veces, invisible estando con mis hijas.
Me gusta que solo sea a veces y que el casi siempre sirva para conversar, reír, pelearnos o estar juntas aun sin decirnos nada».
Ahí tenemos la clave: en la confianza y la comunicación con nuestros hijos, algo que debemos educar desde los primeros años y más allá de las nuevas tecnologías…

Es un tema en el que los padres nos sentimos bastante desorientados y perdidos. No sabemos qué hacer ni de qué forma actuar. Todo son interrogantes: ¿cuándo le compro el dichoso teléfono? ¿A qué edad deberían empezar a usarlo? ¿Cómo puedo ayudarle para que haga un buen uso? Vamos a despejar todas las dudas en este apartado.
Los estudios e investigaciones recientes nos indican que los niños suelen tener el primer móvil entre los 9 y los 12 años. Puedo corroborar este dato a través de mi experiencia, pues observo a diario que el móvil se ha convertido en el regalo estrella cuando van a sexto de primaria. A veces antes. Como puedes comprobar, estamos iniciando a nuestros hijos en el uso del móvil a edades muy tempranas sin tener ninguna necesidad ni la madurez para hacer un buen uso del mismo. Nosotros, los adultos, les estamos creando esa necesidad.
Compramos el teléfono con la justificación de que es para tenerlos localizados, pero ellos no tienen el mismo concepto y el uso que le dan al móvil es bastante distinto al del motivo por el que se lo hemos comprado. Además, en muchas ocasiones el único control que tenemos sobre el teléfono es el referido al gasto, desconociendo por completo lo que pueden llegar a hacer nuestros hijos con un móvil en el bolsillo.
No sé hasta qué punto muchos padres somos conscientes de lo que hacemos al poner un smartphone en manos de un niño de 9 años o incluso más pequeño. Porque los niños ya no se conforman con un simple teléfono que emita y reciba llamadas, sino que quieren un móvil de última generación con cámara de fotos y vídeo, juegos, aplicaciones, música, acceso a internet... ¡Cuántas veces he escuchado eso de: «Papá, quiero que me compres un iPhone»!
Estamos poniendo un ordenador en el bolsillo de nuestro hijo con el peligro que ello supone, ya que pueden acceder a internet desde cualquier lugar (si no tienen tarifa de datos, ya se encargarán de bus-car un punto de acceso wifi para poder hacerlo).
La evolución permanente de los teléfonos móviles nos obliga a estar actualizados continuamente. Los padres debemos conocer las funcionalidades de los móviles actuales y el uso que los niños les dan.
Debemos educar en el buen uso de los teléfonos móviles. Para ello acordaremos unas normas de uso que nos ayuden a evitar el máximo de riesgos. Es muy importante que los padres eduquemos también con nuestro ejemplo. No podemos decir al niño que mientras se come no puede estar conectado al WhatsApp y nosotros estar haciéndolo en cada comida: transmitamos coherencia en nuestro mensaje.
Estas normas que establezcamos deben incluir:
• Tiempo de exposición.
• Momentos de uso.
• Fijar una hora de desconexión del teléfono por la noche.
Cuando encendemos el móvil, apagamos la calle.
ZYGMUNT BAUMAN

¡A tener en cuenta en verano!
Los socorristas alemanes han advertido que el incremento de niños ahogados en verano está relacionado con la obsesión de los padres con el teléfono móvil. La asociación de socorristas alemanes (Dlrg), la mayor organización a nivel mundial de este tipo, con 40.000 voluntarios para vigilar playas, lagos y costas alemanas, emitió un comunicado en el que relacionaba directamente los ahogamientos de los niños con la atención de sus padres a los móviles. Recuerda: «Cuando tu hijo esté en el agua, olvídate del móvil».
• Tenemos que comprarles el móvil adecuado a su edad y grado de madurez, teniendo en cuenta también su entorno de amistades. No hay que ceder a la presión del grupo.
• Debemos dejar muy claro a nuestros hijos lo que pueden hacer y lo que no pueden hacer con el móvil.
• No hay que utilizar el móvil como castigo o recompensa.
• Si el teléfono es de contrato, se deben controlar las llamadas y el consumo, y compartir esta información con los hijos para que sean conscientes del coste.
• No deben responder llamadas con número oculto.
• No deben facilitar su número a extraños (tampoco el número de sus amigos).
• No deben guardar datos personales en el móvil.
• No deben compartir imágenes que les envían sus amigos con terceros, sobre todo si son de carácter personal o íntimo.
• Si son víctimas de ciberbullying, deben guardar los mensajes de texto y e-mail.
• Si reciben imágenes pornográficas o con agresiones, tienen que entregarlas a los adultos (sus padres o profesores).
Tu hijo acaba de cumplir 9 años. Prepárate, porque lo más seguro es no tarde en decir: «Mamá, papá: quiero un móvil». Entonces, el «pánico» se apodera de nosotros...
«No», es la primera respuesta. «¿Por qué no? Si todos mis amigos tienen móvil», contesta el menor. Empieza entonces una «batalla» que los progenitores alargarán todo lo que puedan en el tiempo sabiendo que no ganarán… ¿O sí?
Estamos dejando el teléfono móvil en manos de nuestros hijos excesivamente pronto. En un estudio que ha realizado Mobile Phone Checker, una encuesta dirigida a 23.000 personas, una de las conclusiones destacadas es que los niños reciben su primer teléfono móvil a los siete años de edad. Personalmente me parece un auténtico disparate. Les estamos creando una «necesidad innecesaria». Estamos acabando con la infancia y creando necesidades inútiles, adelantando y quemando etapas a una velocidad de vértigo. ¿Para qué necesita un niño de siete años un teléfono móvil?
¿Por qué los padres compran móviles a los niños a tan temprana edad? Según el citado estudio, «tres cuartas partes de ellos aseguraron que era por razones de seguridad, para estar más tranquilos». La verdad es que me sorprende que la tranquilidad y la seguridad vengan dadas porque nuestro hijo tenga un móvil en el bolsillo, no lo acabo de entender… Además, si es para estar en comunicación, es decir, para tenerlos controlados, siempre les digo lo mismo a los padres: ellos saben muy bien qué hacer para eludir ese control.
Otro de los aspectos que me llama mucho la atención del estudio es que destaca que «un 22% de los padres les compraron el teléfono porque sus compañeros de clase también lo tenían». Como vemos, la presión del grupo es muy fuerte y muchos padres acaban consintiendo la compra del aparato, simplemente, para que su hijo no sea el único que no lo tenga. No creo que sea la forma más acertada de proceder. Debemos establecer y mantener nuestro criterio y decisión sobre el tema como padres sin dejarnos influir por la opinión de otras familias y amigos de nuestros hijos.
El estudio revela, además, que la precocidad a la hora de recibir el primer móvil no es lo único que ha cambiado, sino también la moda y la facilidad por conseguirlo. Los niños de hoy no se conforman con cualquier teléfono, quieren un smartphone de última generación.
Nos queda mucho trabajo por hacer para evitar que las modas y el consumismo voraz arrastren a nuestros hijos a hacer uso de estos aparatos sin ningún tipo de preparación.
Insisto, es nuestra responsabilidad como padres dar ejemplo y educar en un uso responsable del teléfono. Además, debemos retrasar al máximo la compra del mismo, pues a un niño de 7-8 años no le hace ninguna falta un teléfono móvil. A partir de los 14 ya cambia la situación…

Razones por las que no deberías regalarle un móvil por su primera comunión (por Jorge Flores, «Pantallas Amigas»)
Regalarle un móvil en su primera comunión supone que:
• Al niño se le transmite que debe asumir una responsabilidad respecto a otras personas a las que puede ocasionar daño si manda fotos indebidas, realiza comentarios inadecuados...
• Se presupone que debe cumplir con una serie de obligaciones. Los hijos deben aceptar que sus padres entren en el terreno de su «privacidad» y supervisen el terminal cuando consideren para leer los contenidos y ver con quién se mensajea, o para que no entren virus.
• Los padres deben saber que aunque se le haya avisado con anterioridad, se encontrarán con dificultades cada vez que quieran acceder de forma consentida y ética a su terminal. Las discusiones están aseguradas.
• Que tenga un móvil a edad temprana implica que se le está facilitando el acceso a determinados hábitos y comportamientos que habrá que combatir, como es un uso abusivo. Aunque se le haya puesto límites y especificado qué días y el tiempo que puede usar su móvil, cuando un niño se conecta a un juego o entra en las redes sociales, el tiempo se le pasa muy rápido, por lo que hay que ser consciente de que será un asunto de conflicto porque siempre querrá estar más.
• Que utilice el móvil con frecuencia provocará que deje de aprender otras cosas, que reste tiempo a otro tipo de ocio más creativo y educativo, y a la realización de actividades físicas y deportivas, e incluso que reduzca su comunicación cara a cara con otros niños de su edad.
Recordemos brevemente aquí lo que he mencionado en los otros libros de la colección a cerca de las normas y los límites: son necesarios y aportan orientación y seguridad a nuestros hijos.
Las normas son pautas o reglas que establecemos los padres y que ayudan a nuestros hijos a funcionar en la vida y a distinguir lo que está bien de lo que está mal, lo que es peligroso y lo que no lo es. Y, aunque parezca contradictorio, las normas les ayudan a moverse con mayor libertad y sobre todo seguridad.
Es a los padres a quienes corresponde establecer estas normas, pero sin caer en el exceso (normativismo) ni en el defecto (permisividad). Los autores Pilar Guembe y Carlos Goñi destacan un principio básico que personalmente recomiendo: «Normas justas y las justas». Veamos el motivo:
1. Deben ser justas. Porque no se trata de imponer porque sí, sino de establecer unas reglas que les ayuden a crecer y desarrollarse de una manera integral.
2. Las justas. Más vale que pongamos pocas normas y que se cumplan, que un exceso de normas que no se cumplen porque es imposible hacerlo. Seamos realistas a la hora de ponerlas.
Además, muy importante: debemos ir adaptando las normas a la edad y periodo evolutivo del niño. Algunas se mantendrán pero otras irán cambiando. Algunas serán innegociables pero otras se podrán negociar y consensuar con nuestros hijos (sobre todo en determinadas etapas).
Así pues, somos los padres quienes establecemos estas normas y estos límites porque son necesarios para el buen funcionamiento del hogar, y los hemos de aplicar desde que son pequeños no solo con la tecnología.
Por este motivo, antes de que cualquier dispositivo digital entre en casa, los padres debemos preguntarnos: ¿Cuál es nuestro plan? Como señala Elizabeth Kilbey, «piensa en las reglas que debes establecer en relación con el tiempo de pantalla. ¿Se va a permitir el uso del dispositivo en la mesa a la hora de comer o cenar? ¿Es permisible su utilización cuando los niños están en la cama?». Es algo que no podemos improvisar y que debemos tener (y dejar) muy claro antes de comprar el aparato digital.

Algo importante a tener en cuenta es que «no hay una respuesta correcta o incorrecta tajante para este tipo de preguntas». Así pues, los padres debemos pensar en ellas, valorarlas y decidir qué normas y reglas son las que mejor se ajustan a la familia y asegurarnos de que estas reglas se cumplen.
De hecho, la American Academy of Pediatrics (AAP) recomienda elaborar un plan de consumo mediático para la familia:
«El consumo mediático debe hacerse de acuerdo con los valores y el estilo de crianza de la familia. Cuando el consumo mediático se hace reflexivamente y de forma adecuada, puede mejorar la vida diaria. Pero cuando se hace sin pensarlo mucho y de forma inadecuada, puede reemplazar actividades importantes, tales como la interacción o las relaciones personales, el tiempo para la familia, el juego al aire libe, el ejercicio y el tiempo de inactividad para estar desconectado y para dormir.
Cuando tú creas un plan de consumo mediático individualizado para tu familia, puedes darte cuenta de cómo esta consume los medios digitales y así lograr sus objetivos. Esto requiere que los padres y los que consumen el contenido mediático decidan cuáles son los objetivos que quieren lograr».
La propia AAP pone a tu disposición una herramienta en la web que te ayudará a elaborar ese plan de consumo mediático*.
Por eso es tan importante que los padres conozcamos el funcionamiento del dispositivo que vamos a poner en manos de nuestros hijos antes de hacerlo. Existen casos de padres que compraron a los suyos lectores electrónicos y iPods sin saber que los niños podían acceder a internet (y por tanto a contenidos inapropiados) por medio de los mismos.
Te dejo aquí algunos ejemplos de normas de uso:
• El móvil tiene un horario de uso. No se utilizará después de la hora de ir a dormir.
• Los padres nos quedaremos con el móvil durante las horas de sueño y mientras hacen sus tareas escolares. Y si lo consideramos oportuno, también durante las comidas.
• Si los niños reciben mensajes o llamadas molestas o amenazantes, deberán avisar de manera inmediata a los padres.
• Deben aplicar el principio de «No hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti». Jamás deben utilizar el móvil para atacar, humillar o chantajear a nadie a través de cualquier red social.
• Los padres gestionaremos las aplicaciones, las descargas, etc. (esto debe quedar claro ya que usar un smartphone supone sumergirlos en un mundo de adultos para el que todavía no están preparados).
Comparto a continuación y a modo de ejemplo el contrato que Janell Burley Hofmann propuso a su hijo para comprarle un iPhone. Janell es escritora e impulsa un movimiento que pretende educar en el uso responsable de las nuevas tecnologías en la familia. Amante de la vida y de sus hijos, tiene un blog y es colaboradora habitual de The Huffington Post y de otros medios estadounidenses.

En sus artículos y posts, Janell expone sus reflexiones y los métodos educativos que aplica a sus propios hijos. En uno de ellos explica cómo su hijo mayor Gregory (de 13 años) llevaba suplicando casi un año por tener un iPhone. Consciente de que el uso de esta herramienta tecnológica exige responsabilidad y que existen unos riesgos, exigió a su hijo firmar un contrato* para tener su preciado iPhone. Se lo regaló por Navidad porque se lo merecía, cuenta la madre en su blog, pero a cambio, estas fueron las 18 reglas que Gregory tenía que cumplir; unas normas que, pensó, también le servirán para la vida:
1. Es mi teléfono. Yo lo compré. Yo lo pagué. Yo te lo presto. ¿A que soy genial?
2. Yo siempre sabré la contraseña.
3. Si suena, cógelo. Di «hola». Sé educado. Coge siempre, siempre, la llamada de mamá y papá.
4. Entregarás el teléfono a mamá o a papá a las 7:30 de la mañana cada día de colegio y a las 9:00 de la tarde durante el fin de semana. Estará apagado toda la noche y se volverá a encender a las 7:30 de la mañana. Si no llamarías al teléfono fijo de alguien porque pueden responder sus padres, tampoco llames o envíes mensajes al móvil. Respeta a las otras familias como nos gusta que nos respeten a nosotros.
5. No te llevarás el iPhone al colegio. Conversa y habla con la gente y con tus amigos en persona. Los días de media jornada, las excursiones y las actividades extraescolares requerirán consideraciones especiales.
6. Si el iPhone se cae, se golpea o se estropea, eres el responsable. Por tanto, asumirás los costes de la sustitución o de la reparación. Para ello ahorra dinero de tu cumpleaños o haz otros trabajos: corta el césped, haz de canguro... Si se rompe, tendrás que estar preparado.
7. No uses el iPhone para mentir, hacer tonterías o engañar a otro ser humano. No te involucres en conversaciones que sean dañinas para los demás. Sé un buen amigo.
8. No envíes mensajes ni correos electrónicos, ni digas nada a través del iPhone que no dirías en persona.
9. No envíes mensajes ni correos electrónicos, ni digas a alguien algo que no le dirías en voz alta y en presencia de sus padres. Autocensúrate.
10. Nada de pornografía. Busca en la web información que compartirías abiertamente conmigo. Si tienes alguna duda sobre algo, pregunta a una persona. Preferiblemente, a tu padre o a mí.
11. Apágalo o siléncialo cuando te encuentres en lugares públicos. Especialmente en restaurantes, en el cine o mientras hablas con otro ser humano. No eres una persona maleducada, no dejes que el iPhone cambie eso.
12. No envíes ni recibas imágenes íntimas tuyas ni de otras personas. No te rías. Algún día estarás tentado de hacerlo, a pesar de tu gran inteligencia. Es arriesgado y puede arruinar tu vida de adolescente, joven y adulto. Es siempre una mala idea. El ciberespacio es más poderoso que tú. Y es difícil hacer que algo de esa magnitud desaparezca, incluyendo una mala reputación.
13. No hagas millones de fotos o vídeos. No hay necesidad de documentar todo. Vive tus experiencias. Quedarán almacenas en tu memoria para toda la eternidad.
14. A veces conviene dejar el iPhone en casa. Siéntete seguro de esa decisión. No es un ser vivo ni una ninguna extensión de tu cuerpo. Aprende a vivir sin él. Tienes que vencer el miedo a perderte algo que está ocurriendo y a estar siempre conectado.
15. Bájate música que sea nueva o clásica o diferente de la que millones de chicos como tú escuchan, que es siempre lo mismo. Tu generación tiene un acceso a la música mayor que cualquier otra de la historia. Aprovecha ese don. Expande tus horizontes.
16. De vez en cuando puedes jugar a juegos de palabras, puzzles y rompecabezas.
17. Mantén tus ojos abiertos. Observa el mundo que te rodea. Mira por la ventana. Escucha los pájaros. Date un paseo. Habla con un desconocido. Pregúntate si es necesario buscar en Google.
18. Meterás la pata. Te quitaré el teléfono. Nos sentaremos y hablaremos sobre ello. Volveremos a empezar. Tú y yo siempre estamos aprendiendo. Somos un equipo. Estamos juntos en esto.
Espero que pueda aceptar estos términos. La mayoría de las lecciones enumeradas aquí no solo se aplican al iPhone, sino a la vida. Estás creciendo en un mundo rápido y cambiante. Es emocionante y tentador. Mantenlo simple cada vez que puedas. Confía en tu poderosa mente y corazón gigante por encima de cualquier máquina. Te quiero. Espero que disfrutes tu nuevo iPhone increíble. ¡Feliz Navidad!
Besos, Mamá

A continuación comparto la propuesta de la Policía Nacional para establecer normas y límites en el uso del móvil. Se trata del contrato para que padres e hijos menores de 13 años establezcan por escrito unas normas para un uso responsable del teléfono móvil.
Esta es una propuesta del Grupo de Redes Sociales de la Policía Nacional para que padres de hijos menores de 13 años fijen con ellos por escrito unas normas de buen (seguro, privado, respetuoso) uso de su móvil, tableta, ordenador o dispositivo conectado a internet, a pactar entre todos cuando se vaya a comprar o estrenar un nuevo gadget para el chico. Estas normas, pactadas de común acuerdo, se relajarán o cancelarán con mayor edad.
1. Los padres y el menor harán la compra conjuntamente, de forma racional, evitarán ser víctimas del fraude ni comprar posible material robado. Guardarán la garantía, factura del móvil o aparato electrónico a comprar y cualquier dato de interés (como el PUK o IMEI), así como los accesorios que incluya, por si luego hicieran falta.
2. […] empezará a usar el nuevo terminal con alguno de los padres y lo configurarán conjuntamente, además de hacer la instalación de apps y/o programas o juegos, tratando de tener las que se vayan a usar o pueden ser útiles, no más. Ambas partes conocerán qué utilidades y riesgos tienen cada una, para así evitar sorpresas.
3. Si el nuevo propietario del gadget es aún pequeño, se instalarán filtros parentales, de común acuerdo. En cualquier caso, instalará antivirus […] y siempre se tendrá cuidado al abrir links extraños o instalar programas o archivos de fuentes no fiables, para evitar que le cuelen malware. Padres y el nuevo usuario instalarán apps rastreadoras de móvil y tableta y que permitan gestionar y recuperar su contenido en caso de extravío; parches, tiritas o mero celo para tapar la webcam y así prevenir el uso ajeno de la webcam en ordenadores y portátiles...
4. El nuevo usuario se compromete ante sus padres desde un principio a usar el móvil cumpliendo siempre las normas legales y las normas del centro escolar (si lo permite), así como de cualquier otro recinto o entidad que las marque en su tiempo libre.
5. El nuevo usuario se compromete a también a cumplir desde el principio unas normas de uso responsable, inteligente y respetuoso/educado hacia los demás en casa. El nuevo usuario demostrará que es lo bastante mayor como para respetar el horario, espacios y momentos en los que se puede utilizar el nuevo aparato (posible acceso a él en la mesa o no, ruidos en espacios comunes, distracción con él en ocasiones especiales escolares o familiares, normas de educación y saber estar...).
6. El nuevo usuario asume que, hasta que no sea un poco más mayor, sus padres o mayores de confianza conocerán siempre los códigos de acceso y contraseñas de su nuevo gadget y de mail, páginas, juegos, fotos y vídeos, apps... para su posible supervisión en seguridad, privacidad e imagen adecuada y respetuosa del contenido y acciones que este realiza. Además, el nuevo usuario de gadgets y ordenadores los utilizará en espacios comunes o fácilmente accesibles a los adultos.
7. Los padres se comprometen a no leer o supervisar más que la estricta comprobación, respetar la intimidad del nuevo usuario con sus amigos reales y entender que tiene su propio espacio para hablar de sus temas con sus contactos, siempre que se respeten las normas y a los demás.
8. El nuevo usuario y sus padres entenderán que este acompañamiento y control inicial se irá relajando según este vaya creciendo y mostrando su responsabilidad y prudencia en el buen uso de la tecnología e internet. A cada edad le corresponde una seguridad.
9. Las redes sociales (Facebook, Twitter, Instagram...), como otras plataformas online, tienen una edad mínima (13 o 14) por algo: o te esperas a tenerla o deberías compartir ese perfil con alguno de tus padres.
10. En sus relaciones online (redes sociales, webs, foros, juegos en red...), el nuevo usuario no agregará a nadie que no conozca en su vida real... Desconfiará de todo lo que le cuenten y evitará facilitar datos personales a cualquiera.
11. En caso de tener problemas, dudas o ser acosado por cualquiera a través de internet, el usuario se lo dirá a sus padres, para buscar una solución a la situación. Si fuera en el ámbito escolar, se hablará con los responsables docentes. Y si fuera una situación grave, los padres podrán consultarlo o denunciarlo ante la Policía.
12. El nuevo usuario del móvil se compromete a no tomar ni compartir ninguna foto íntima o que a sus familiares no le fuera a parecer apropiada […] En caso de que le llegue alguna ofensiva o dañina para alguien, la borrará y exigirá que no se reenvíe.
13. El nuevo usuario dejará por las noches cargando el móvil, tableta y demás aparatos en una zona común de la casa y no se los llevará a la cama.
14. El nuevo usuario se compromete a no utilizar internet o móvil para acosar, humillar, ofender o molestar a ningún compañero de clase, vecino o conocido. Y no será cómplice de esas acciones de ciberacoso, ni por reenviar ni con su silencio: pedirá a sus contactos ese mismo respeto para todos.
15. El nuevo usuario evitará compartir material ofensivo, contra la intimidad o inapropiado en los grupos de WhatsApp: si es mayor para usarlo, también para respetar a la gente.
16. El nuevo usuario conocerá cómo funciona, qué riesgos y qué condiciones de uso tiene cada app, juego, programa y posibles costes añadidos, para evitar sorpresas.
17. El nuevo usuario ha leído detenidamente este manual de uso/acuerdo con los padres y entiende todas las responsabilidades que conlleva, no solo las ventajas. Al firmarlo, las asume y se compromete a cumplirlas.
18. El nuevo usuario atenderá siempre las llamadas de sus padres para saber que está bien.
19. El nuevo usuario será el que domine la tecnología y no al revés: evitará adicciones y la conexión permanente o adictiva a un chat, foro, juego... ¡Conéctate a la vida real!
20. La utilidad, respeto y uso inteligente, legal, responsable, seguro, privado y racional de la tecnología priorizarán cualquier decisión respecto al nuevo gadget ¡Disfrútalo!
Firmado:
… |
… |
El padre, la madre o ambos |
El nuevo usuario |
A continuación, trataremos un nuevo concepto: la mediación parental. Así lo señalan desde is4K (internet Segura For Kids). En general, hablar de mediación parental es hablar de dos tipos de estrategias, que son complementarias y deben ponerse en práctica simultáneamente:
• Mediación activa: supervisión, acompañamiento y orientación. Supone una implicación de los adultos, antes, durante y después de que los menores utilicen las tecnologías digitales. Dar ejemplo al utilizar las nuevas tecnologías, hablarles sobre los riesgos reales de internet e interesarnos sobre su comportamiento online son actitudes educativas que requieren ser parte activa de su desarrollo.
• Mediación restrictiva: establecer reglas y límites. Para que los menores aprendan progresivamente a navegar con seguridad, sin la compañía de un adulto, es necesario establecer unas normas que irán adaptándose a su edad y madurez. A la hora de poner en práctica estas normas, pueden ser de ayuda las herramientas de control parental, las cuentas de usuario limitado para los menores y las aplicaciones diseñadas específicamente para ellos, como los buscadores infantiles.
La principal herramienta con la que contamos en la mediación parental es la comunicación. Hacer que la tecnología, internet y sus riesgos formen parte de las conversaciones familiares está en nuestras manos, y será nuestro mejor instrumento para trasladar al menor mensajes positivos sobre el uso responsable, como también será fundamental a la hora de detectar problemas y reaccionar a tiempo.
• Disponibilidad. Para construir una relación de confianza, el menor debe saber que los adultos siempre estarán a su disposición para resolver cualquier problema que pueda encontrar o las dudas que le puedan surgir. Evitar reacciones exageradas o culpabilizarle generará más confianza.
• Fomentar las habilidades sociales y el pensamiento crítico. Un aspecto clave en la comunicación con los menores es la interiorización de un espíritu crítico que les ayude a sopesar todas sus actuaciones y decisiones. La autoestima, la asertividad y la empatía son habilidades sociales positivas que le ayudarán a enfrentarse de manera adecuada a los conflictos.
• Supervisión y diálogo. La supervisión de su actividad en internet no implica el uso de «técnicas de espionaje»: el menor puede compartir con nosotros su experiencia en internet si fomentamos el diálogo y la confianza. Si optamos por el uso de herramientas de control parental, entendiéndolas como un complemento a nuestra labor educativa y comunicativa, conviene hablar con el menor de la instalación de estas herramientas y las razones de utilizarlas.
• La comunicación en la adolescencia. Hay edades y etapas en las que el diálogo y la comunicación pueden verse resentidos, pero si existe un clima de confianza en la familia, el menor sabrá que puede acudir a sus padres o a otra persona de confianza en busca de ayuda si hay problemas, sin temer las posibles represalias.
• Escuchar y orientar. La comunicación es un canal que debe mantenerse abierto en las dos direcciones; por ello es necesario escuchar al menor, saber lo que piensa, lo que hace y cómo se relacionan en internet. Para escuchar es necesario no prejuzgar y centrarse en las actitudes que se considera necesario mejorar.
El videojuego es uno de los entretenimientos predilectos de los niños, que juegan no solo a través de las videoconsolas y ordenadores, sino también desde los móviles o tabletas. Además, muchos de estos videojuegos se juegan online. La edad de mayor uso está en torno a los 11-14 años. Veamos algunos efectos negativos de los videojuegos en vuestros hijos:
• Disminución de la actividad física y aumento del sedentarismo.
• Aislamiento social.
• Estados de ansiedad e, incluso, depresión.
• Dolor muscular, vista cansada, dolores de cabeza…
La gran preocupación de los padres con respecto a los videojuegos es la adicción o abuso, ya que les quitan tiempo de otras actividades como estudiar, leer, estar con la familia o con amigos... Además, muchos de estos juegos se realizan «en línea» y mantienen contacto con desconocidos con los que juegan, de los que desconocen su edad y procedencia.


La adicción a los videojuegos, ¿cuándo supone un problema? Te recomiendo la visualización del siguiente vídeo. En esta entrevista, el Dr. Daniel Rama nos explica algunos conceptos en torno a las adicciones para que podamos valorar cómo acompañar y ayudar a nuestros hijos en este contexto.*
Dos recomendaciones a tener en cuenta:
• Procura que juegue en un espacio común. De este modo puedes supervisar a qué juega y con quién juega.
• Establece un horario pactado para usar la videoconsola, no cuando tiene un momento libre.

Me gusta una idea que destaca Santiago Moll en su libro Empantallados*:
«Comprad la consola no para vuestros hijos, sino para toda la familia. Así la consola no se concibe como una propiedad exclusiva de vuestros hijos, sino de todos los miembros de la familia».
Aquí tengo que señalar que hay familias donde se compra la videoconsola no porque la pida el niño sino porque el papá o la mamá tienen más interés que los propios hijos en la misma. Si es tu caso, te debería llevar a una profunda reflexión. Algunos de los síntomas para detectar si tu hijo está enganchado a la videoconsola son:
• Sufre si está fuera porque quiere volver para jugar a la consola.
• Evita ir a casa de amigos que no tengan la «Play».
• Prefiere estar con la consola que salir por ahí a hacer otras actividades.
• Está al día de todo lo que ocurre en el mundo de las consolas.
• De regalos solo quiere juegos para la consola.
• Se siente nervioso si deja de jugar.
• Mientras está realizando otra actividad piensa en los videojuegos.
• No come, no hace los deberes, olvida compromisos, deja a sus amigos por estar jugando...
Antes de comprar un videojuego, comprueba cuál es su clasificación y a qué edad se recomienda jugar. Existe una enorme oferta de videojuegos en el mercado, todos ellos clasificados por las normas del código de autorregulación por edades PEGI (Pan European Game Information). La clasificación por edad es un sistema destinado a garantizar que el contenido de los productos de entretenimiento, como son las películas, los vídeos, los DVD y los juegos de ordenador, sea etiquetado por edades en función de su contenido. Las clasificaciones por edades orientan a los consumidores (especialmente a los padres) y les ayudan a tomar la decisión sobre si deben comprar o no un producto concreto. Por este motivo no puedo entender cómo niños de 9 y 10 años tienen en sus manos juegos clasificados para mayores de 18 años.
Las etiquetas PEGI se colocan en el anverso y el reverso de los estuches e indican uno de los siguientes niveles de edad: 3, 7, 12, 16 y 18 años. Indican de manera fiable la idoneidad del contenido del juego en términos de protección de los menores. La clasificación por edades no tiene en cuenta el nivel de dificultad ni las habilidades necesarias para jugar.

PEGI 3: El contenido de los juegos con esta clasificación se considera apto para todos los grupos de edades. Se acepta cierto grado de violencia dentro de un contexto cómico (por lo general, formas de violencia típicas de dibujos animados como Bugs Bunny o Tom y Jerry). El niño no debería poder relacionar los personajes de la pantalla con personajes de la vida real, sino que los personajes del juego deben formar parte exclusivamente del ámbito de la fantasía. El juego no debe contener sonidos ni imágenes que puedan asustar o amedrentar a los niños pequeños. No debe oírse lenguaje soez.

PEGI 7: Pueden considerarse aptos para esta categoría los juegos que normalmente se clasificarían dentro de 3, pero que contengan escenas o sonidos que puedan asustar.

PEGI 12: En esta categoría pueden incluirse los videojuegos que muestren violencia de una naturaleza algo más gráfica hacia personajes de fantasía y/o violencia no gráfica hacia personajes de aspecto humano o hacia animales reconocibles, así como los videojuegos que muestren desnudos de naturaleza algo más gráfica. El lenguaje soez debe ser suave y no debe contener palabrotas sexuales.

PEGI 16: Esta categoría se aplica cuando la representación de la violencia (o actividad sexual) alcanza un nivel similar al que cabría esperar en la vida real. Los jóvenes de este grupo de edad también deben ser capaces de manejar un lenguaje más soez, el concepto del uso del tabaco y drogas, y la representación de actividades delictivas.

PEGI 18: La clasificación de adulto se aplica cuando el nivel de violencia alcanza tal grado que se convierte en representación de violencia brutal o incluye elementos de tipos específicos de violencia. La violencia brutal es el concepto más difícil de definir, ya que en muchos casos puede ser muy subjetiva, pero por lo general puede definirse como la representación de violencia que produce repugnancia en el espectador.

Los iconos que aparecen en el reverso de los estuches indican los motivos principales por los que un juego ha obtenido una categoría de edad concreta.
Existen ocho descriptores:
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Lenguaje soez. El juego contiene palabrotas. |
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Discriminación. El juego contiene representaciones discriminatorias o material que puede favorecer la discriminación. |
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Drogas. El juego hace referencia o muestra el uso de drogas. |
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Miedo. El juego puede asustar o dar miedo a los niños. |
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Juego. Juegos que fomentan el juego de azar y apuestas o enseñan a jugar. |
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Sexo. El juego contiene representaciones de desnudez y/o comportamientos sexuales o referencias sexuales. |
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Violencia. El juego contiene representaciones violentas. |
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En línea. El juego puede jugarse en línea. |
No cabe ninguna duda de que una de las cosas que más preocupa a los padres de hoy día es qué tipo de programas ven sus hijos en la televisión. Teniendo en cuenta las enormes dificultades que encuentran las familias para conciliar su vida familiar y laboral, es lógica esta preocupación, pues muchísimos niños pasan largas tardes solos en el hogar, como se desprende del estudio «Encuesta de Infancia en España» de la Fundación SM.
Pero, ¿a qué dedican el tiempo los niños cuando están solos en casa? Según indican las encuestas, fundamentalmente a navegar por internet, a ver la televisión y a hacer uso de sus teléfonos móviles, lo cual puede ser preocupante si no hay una supervisión por parte de los adultos.
Somos los padres quienes tenemos que educar a nuestros hijos para que hagan un uso responsable de la televisión y eviten lo que irresponsablemente emiten algunas cadenas de televisión dentro del llamado «horario de protección infantil», que tan poco se respeta. Además, los responsables últimos del consumo que se hace de la televisión cada día somos las familias.
El horario protegido es el que se encuentra en la franja de las 6:00 a las 22:00 horas, durante el cual no se pueden emitir programas clasificados como «no recomendados para menores de 18 años». Existe también un horario reforzado, que es el que está en la franja de las 8:00 a las 9:00 y de las 17:00 a las 20:00 horas de lunes a viernes y de 9:00 a 12:00 horas los sábados, domingos y festivos de ámbito nacional, donde no se pueden emitir programas clasificados como «no recomendados para menores de 13 años».
Ahora bien, hemos de tener en cuenta que desde la aparición de la televisión digital hay una gran diversidad de canales que se dedican a emitir una programación destinada a los niños casi las 24 horas, como Disney Channel, Clan, Boing… De todos modos, ahí también hay mucho que comentar.
La pregunta es: ¿está la televisión pensada para los niños? O, mejor aún, ¿la mayoría de los programas que se emiten en la actualidad están pensados para un público infantil o adulto? Fíjate y comprobarás que dentro de ese «tramo protegido» están presentando:
1. Debates donde lo que prima es el insulto, la descalificación y las faltas de respeto continuadas.
2. Estereotipos de diversa clase, presentando a la mujer como reclamo sexual, el culto al cuerpo...
3. Contenidos violentos donde no solo aparece violencia física, sino también verbal y psicológica. Aquí incluiría algunos informativos que muestran contenidos violentos y explícitos innecesarios. Es peligroso presentar la violencia como un modo sencillo de resolver los conflictos.
4. La sexualidad como algo completamente banal y de una manera muy superficial.
5. Un uso del lenguaje desagradable y, en muchas ocasiones, inadecuado.

• Tenemos que evitar que el niño tenga un televisor en su habitación. Este deberá estar en la sala principal de la casa, donde nos permita el diálogo con nuestros hijos mientras están viendo la tele.
• Hay que evitar que estén continuamente haciendo zapping, ya que provoca que no vean nada y «salten» de un programa a otro perdiendo el tiempo.
• Predica con tu ejemplo. No podemos educar en el buen uso de la televisión si como padres no hacemos un buen uso de la misma.
• En la medida de lo posible, tenemos que acompañar a nuestros hijos mientras ven la televisión, comentando aquellas imágenes o expresiones que no son apropiadas.
• Tenemos que aprovechar y convertir la televisión en una herramienta educativa para el diálogo y el debate.
• Se debe establecer un horario razonable que se ha de cumplir y revisar la programación seleccionando los programas adaptados a su edad.
• No tenemos que utilizar la televisión como única forma de recompensa.
• No hay que tener el televisor todo el día encendido y se debe evitar que se convierta en el centro del hogar o el único lugar de encuentro en el espacio familiar. Por este motivo sería interesante no encenderlo mientras comemos o cenamos. Aprovechemos la oportunidad para conversar en familia.
• Hay que potenciar en nuestros hijos una actitud crítica que les ayude a adquirir una mayor autonomía. Enseñémosles a ser críticos; para ello debemos ver la televisión con ellos y reinterpretar lo que ven.
• Vacunemos a nuestros hijos de la avalancha publicitaria (especialmente de la sexista).
En definitiva, tenemos que educar en cómo ver la televisión, tanto desde la familia como desde la escuela, pues si sabemos aprovecharla, tenemos una herramienta muy poderosa y útil a nuestro favor.

Los programas que nuestros hijos pueden ver deben ser:
• Adecuados a su edad.
• Coherentes con los valores que deseamos transmitirles.
• Útiles para su aprendizaje emocional, académico...
Los padres ya pasamos muchas horas separados de nuestros hijos por el trabajo y por la escuela. Hemos de intentar que la televisión no devore la mayor parte del tiempo que nos queda para estar con ellos.
CARLOS GONZÁLEZ
• Niños menores de 5 años. Controlar el acceso a la televisión y «otras pantallas». En cualquier caso debemos seleccionar programas muy específicos y siempre bajo la supervisión de un adulto.
• A partir de los 5 años. El tiempo máximo de «exposición a pantallas» (cualquier tipo de pantalla) recomendado no debe superar los 90 minutos diarios.

Dedica tiempo a navegar con tus hijos: conéctate con ellos y acompáñalos para conocer mejor sus intereses y preferencias.
* https://www.lavanguardia.com/sucesos/20130604/54375350728/detenida-joven-14-anos-difundir-video-sexual-companera-instituto.html
* Empantallados.com es una iniciativa de Fomento de Centros de Enseñanza, en colaboración de numerosos expertos de la educación y tecnología.
* VV.AA., «Memoria del IV Premio a las Mejores Prácticas Europeas en Materia de Protección de Datos», Agencia de Protección de Datos de la Comunidad de Madrid, 2007.
* Puedes leer el artículo original de Steve Corona aquí: https://lifehacker.com/5918784/how-30-days-without-social-media-changed-my-life?utm_campaign=socialflow_lifehacker_facebook&utm_source=lifehacker_facebook&
* Puedes descargar aquí la «Guía para padres sobre Instagram»: https://www.facebook.com/help/instagram/299484113584685?helpref=hc_fnav
* http://www.nspcc.org.uk/what-we-do/news-opinion/social-media-age-limit/
* https://www.pfizer.es/noticia/redes_sociales_ya_han_modificado_nuestro_cerebro.html
* https://www.lavanguardia.com/vida/20161015/411013991899/espiarias-a-tu-hijo.html
* https://www.healthychildren.org/spanish/media/Paginas/default.aspx#wizard
* http://www.janellburleyhofmann.com/the-contract
* https://www.YouTube.com/watch?time_continue=7&v=8NfPal2zSzk
* Moll, S., Empantallados. Cómo convivir con hijos digitales, Larousse, 2017