... Me preguntaba cuáles podrían ser las razones que llevan a tantos hombres, clérigos y laicos, a vituperar a las mujeres, criticándolas bien de palabra bien en escritos y tratados. No es que sea cosa de un hombre o dos, ni siquiera se trata de ese Mateolo, que nunca gozará de consideración porque su opúsculo no va más allá de la mofa, sino que no hay texto que esté exento de misoginia. Al contrario, filósofos, poetas, moralistas, todos —y la lista sería demasiado larga— parecen hablar con la misma voz para llegar a la conclusión de que la mujer, mala por esencia y naturaleza, siempre se inclina hacia el vicio.

Christine de Pizan,

en La ciudad de las Damas, 1405

Emprenda, emprenda mucho,

elévese tu ingenio,

remóntese tu numen,

no aletee rastrero.

No tejas más laureles

a ese contrario sexo,

que sólo en nuestra ruina

fabrica sus trofeos...

Gertrudis de Hore Ley (Cádiz, 1742-1801)

Todo sentimiento que intimide me resulta antinatural y extraño.

Ottilie von Pogwisch a su marido,

August von Goethe, el 16 de febrero de 1817

De vez en cuando dejamos de crecer. Es de la lluvia, del frío, de esta humedad a la que están sujetos en el norte huesos y barcos, árboles y piedras. Es entonces grande la tentación de la pocilga.

Eugénio de Andrade (1923-2005)

A una mujer con la cabeza llena de griego, como madame Dacier, o que sostiene sobre mecánica discusiones fundamentales, como la marquesa de Chatelet, parece que no les hace falta más que una buena barba; con ella su rostro daría más plenamente la expresión de profundidad que pretenden.

Immanuel Kant, Observaciones

sobre lo bello y lo sublime, 1764