¡Crac!
¡Tunk!
¡Clang!
Roz estaba teniendo problemas para escalar los acantilados. Tenía una nueva abolladura en la parte posterior y un rasguño largo en el costado. Estaba a punto de recibir otro golpe cuando un cangrejo salió de debajo de un trozo de madera que flotaba.
El cangrejo levantó la vista e inmediatamente mostró sus tenazas gigantes. Todos tenían miedo de sus tenazas. Pero no la robot que se limitó a mirarlo y se presentó.
—Hola, cangrejo, me llamo Roz.
Después de un breve enfrentamiento, el cangrejo retrocedió cauteloso. Y fue entonces cuando Roz notó cuán fácilmente se movía sobre las rocas. Con su postura amplia y sus patas adherentes, el cangrejo podía arrastrarse en cualquier roca. Entonces decidió probar su técnica para escalar. Extendió los brazos y colocó las manos en el acantilado. Metió un pie en una grieta y levantó el otro en una saliente angosta, y de pronto ya estaba escalando.
Se movió con torpeza al principio. Un trozo de roca se desprendió bajo su mano, y tuvo problemas para encontrar puntos de apoyo. Pero a medida que subía más y más, comenzó a dominarlo.
Las gaviotas graznaron desde sus nidos en el acantilado y se dispersaron cuando la robot se acercó demasiado, pero no les hizo caso. Estaba concentrada en llegar a la cima: subía y subía y subía, introduciéndose metódicamente entre nidos, salientes y pequeños árboles enraizados en las grietas, y en poco tiempo nuestra robot sintió la suave tierra de la isla bajo sus pies.