CAPÍTULO 8

Las piñas de los pinos

Si te paras en un bosque el tiempo suficiente, al final algo te caerá encima. Y Roz había estado parada en el bosque lo suficiente. Un viento suave susurró entre las copas de los árboles, y luego, ¡clonc!, una piña le rebotó en la cabeza. La robot bajó la vista y observó cómo rodaba la piña hasta detenerse. Parecía inofensiva, por lo que Roz regresó a su rutina de no hacer nada.

Unas horas más tarde, una ráfaga de viento atravesó las copas de los árboles y luego, ¡clinc!, la robot bajó la mirada al tiempo que otra piña rodaba.

Y unas pocas horas después, un viento aullador rasgó las copas de los árboles, doblando troncos y sacudiendo ramas y luego, ¡clinc!, ¡clonc!, ¡clanc!, comenzó a caer una lluvia de piñas. ¡Clinc!, ¡clonc! Roz sintió algo parecido a la molestia. ¡Clonc! Revisó el área rápidamente buscando un lugar seguro lejos de las piñas. Y encontró el lugar perfecto cuando levantó la vista hacia la gran forma rocosa que se alzaba sobre el bosque.