CAPÍTULO 7

La naturaleza

Los sonidos de animales llenaron el bosque. Chirridos, aleteos y crujidos en la maleza. Y luego, desde los acantilados del mar, llegaron nuevos sonidos. Pasos pesados y crujientes. Los animales del bosque guardaron silencio, y desde sus escondites vieron que un monstruo resplandeciente pasaba pisando fuerte.

Pero el bosque no era un lugar cómodo para Roz. Rocas escarpadas, árboles caídos y maleza enmarañada le dificultaban caminar. Avanzó tambaleándose, luchando por mantener el equilibrio, hasta que su pie se enganchó y cayó como una tabla. No fue una mala caída. Sin golpes, sin abolladuras, sólo suciedad. Pero estaba programada para mantenerse en buen estado de funcionamiento, y una vez que se levantó, de inmediato comenzó a limpiarse. Movió las manos sobre su cuerpo rápidamente, sacudiendo y recogiendo cada mota de suciedad.

Sólo cuando volvió a quedar reluciente continuó caminando a través del bosque.

Roz siguió tropezando hasta que encontró un pedazo de terreno plano y abierto, alfombrado con agujas de pino. Parecía un lugar seguro, y eso era lo único que la robot quería, así que se quedó allí, inmóvil, con sus líneas y ángulos perfectos en contraste con las formas irregulares de la naturaleza salvaje.