Teutoburgo, 9 d.C.: Las legiones romanas, aniquiladas

La legión romana era la fuerza militar más poderosa de la Antigüedad. Nada ni nadie podía hacerles frente. Los legionarios, bien entrenados, conocían de memoria todos los movimientos a realizar, que ejecutaban en cualquier momento de la batalla tras una señal convenida. El soldado romano era además extraordinariamente resistente; cargado con todo el equipo, un legionario era capaz de caminar cerca de cuarenta kilómetros en cinco horas. La disciplina, basada en crueles castigos —se podía llegar a diezmar una legión en caso de cobardía—, convertía a la legión en una máquina de guerra invencible.

En los primeros años de nuestra era, a los romanos no se les pasaba por la cabeza que sus legiones pudieran ser derrotadas alguna vez. Y lo que no podían imaginar, ni en sus peores pesadillas, era que pudieran ser aniquiladas en un remoto bosque, a manos de una tribu de bárbaros. Pero eso es exactamente lo que ocurriría.