Una de las matanzas más célebres de la historia es la conocida como Matanza de los Inocentes, instigada por Herodes I el Grande (73 a.C.-4 a.C.), rey de Judea. Este episodio es conmemorado por la Iglesia católica el 28 de diciembre.
Herodes, nacido en Ascalón —al sur de la actual Tel Aviv— en el año 73 a.C., fue un gran líder político y militar. En el año 47 a.C. fue nombrado procurador de Judea por Julio César. Herodes se ganó la confianza de los romanos, obteniendo su apoyo para derrocar a la estirpe judía de los asmoneos. En el año 40 a.C., consiguió de Marco Antonio el título de rey de Judea.
Nunca contó con el favor popular; los propios judíos no lo consideraban como uno de los suyos, debido a su origen idumeo.[1] Además, su pensamiento y educación eran claramente griegos, por lo cual era considerado en cierto modo un rey extranjero. Intentó mejorar sin éxito su imagen ante el pueblo judío con una ambiciosa política de mejoras, entre las que destacó la reconstrucción del Templo de Jerusalén, como principal hito en su propósito de hacer de Jerusalén una capital digna de su grandeza. Además, acometió otras grandes obras públicas, como la construcción de la fortaleza de Masada o la fundación de la ciudad de Cesarea, una ciudad portuaria de carácter occidental bautizada así en honor a Julio César.
[1] Los idumeos o edomitas eran los descendientes de Esaú. Según la Biblia hebrea, Esaú era el hijo mayor del patriarca Isaac y de su prima Rebeca. Era, por tanto, hermano de Jacob, antepasado legendario de los israelitas. Los idumeos procedían de la llamada tierra de Edom, ubicada en la actual frontera meridional entre Israel y Jordania.