Capítulo I

Introducción a la psicolingüística

1. Introducción a la psicolingüística

La psicolingüística nos ofrece las bases y los modelos funcionales a través de los cuales la neuropsicología ha estudiado los trastornos adquiridos del lenguaje. Este estudio ha permitido obtener información sobre los procesos cognitivos subyacentes al lenguaje, y ha servido de guía para la comprensión del complejo funcionamiento de la función lingüística y de sus alteraciones.
La utilización de alguna forma de lenguaje articulado es una característica común que se ha podido observar en todas las culturas humanas conocidas. Asimismo, podemos observar que el aprendizaje de la lengua por parte de los niños se realiza de forma espontánea, en ausencia de un entrenamiento formal y específico. Estos hechos, junto con las adaptaciones morfológicas patentes en la estructura de la laringe humana, el desarrollo temprano de la función lingüística pese a la pobreza del estímulo recibido, o la universalidad de la estructura del lenguaje en los distintos idiomas, sugieren una predisposición biológica específica para el lenguaje por parte de la raza humana.
Podríamos definir el lenguaje como el sistema simbólico que utiliza el ser humano para representar y comunicar ideas. Este concepto se diferencia del de habla, que sería la forma de comunicación audible utilizada en la transmisión del lenguaje.

1.1. Estructura y características del lenguaje

La arquitectura funcional del lenguaje está compuesta por varios mecanismos que funcionan de modo cooperativo: el sistema fonológico, el ortográfico, el léxico y el discursivo.
La lingüística nos dice que las palabras están compuestas por sonidos, los cuales se identifican como fonemas, y cuya agrupación forma una sílaba. A través de la fonética podemos estudiar la variación articulatoria de los sonidos de cualquier lengua humana (por ejemplo, distinguir el sonido [p] de la palabra rampa y de la palabra ropa), mientras que a través de la fonología prestaríamos atención a la organización lingüística de los sonidos, tomando a los fonemas como unidad principal.
Del mismo modo que hacemos referencia a los sonidos, podemos hacer una descripción similar de la escritura, equiparando las letras (en los sistemas alfabéticos) a los sonidos. La abstracción de las letras la identificamos como grafemas, que equivale al fonema del lenguaje oral y que, al igual que este, forma sílabas en su unión. Según describía Crystal (1987), la grafética estudia las propiedades físicas de los símbolos que forman los sistemas de escritura (letras, distribución de la escritura o los instrumentos utilizados), mientras que la grafémica es la encargada del estudio de los grafemas.
De estas estructuras carentes de significado pasamos a la unidad lingüística mínima dotada de significado, que es el lexema, o de valor gramatical, que es el morfema (que complementa al lexema en género o número, actuando como aumentativo o diminutivo, etc.). Los procesos morfológicos poseen una importancia especial para la identificación y el análisis de determinada sintomatología lingüística, ya que los errores morfológicos son frecuentes en muchos cuadros afásicos.

Ejemplos

El lexema de la palabra «soleado» sería sol-. Sin embargo, también podemos encontrar palabras que en su totalidad se corresponden con su lexema, como la palabra «sol» o la palabra «mano», cuyos lexema serían sol y mano respectivamente.
El morfema de la palabra «sillita» sería -ita (que complementa el lexema sill- actuando como diminutivo).
El significado de dichas palabras será estudiado por la semántica-léxica. Dentro de este ámbito tenemos algunos aspectos de interés que pueden ayudarnos a detectar y delimitar las dificultades observadas en la patología lingüística. Por una parte, podemos distinguir dos tipos de categorías semánticas según el grado de imaginabilidad del concepto, las palabras de alta imaginabilidad, que son aquellas que hacen referencia a un objeto real y concreto (ejemplo casa, coche, brazo) y aquellas de baja imaginabilidad, que hacen referencia a conceptos más abstractos (ej.: felicidad, orgullo, advertir). Estas dos categorías, pese a tener una característica que las diferencia, tienen un denominativo común, que es la significatividad (es decir, que tienen significado). Sin embargo, existen palabras carentes de significado, que son lo que se conoce como pseudopalabras o logotomos, las cuales pueden ser «cercanas» a palabras, y que presenten la modificación de algún fonema, o «lejanas», si no presentan similitud alguna con una palabra real. En caso de que la secuencia de sonidos sea de difícil pronunciación, estaríamos hablando entonces de una no-palabra.

Ejemplos

Pseudopalabra o logotomo «cercano»: ordenudor o estordudo.
Pseudopalabra o logotomo «lejano»: pirtumbo o climunsaco.
No-palabra: jogfortdnil.
La combinación de palabras, con sus sonidos y significados, en aquellas estructuras más complejas llamadas oración, es el objeto de estudio de la sintaxis.
Tanto las palabras aisladas como la combinación de estas pueden corresponder a lo que Chomsky (1957) denominó como lenguaje voluntario, por su capacidad de expresión de ideas. Sin embargo, existen expresiones no proposicionales que poseen un carácter más mecánico, que es lo que se conoce como automatismos. Los procesos automáticos estarían ubicados en regiones subcorticales del cerebro, mientras que el lenguaje voluntario se restringiría a zonas corticales.
Diéguez-Vide y Sanz (2011) clasifican los automatismos en:
 
1) Lenguaje automático. Expresiones relacionadas con la memoria implícita, adquiridas temprana e inconscientemente. Participan de la disociación automático-voluntaria.
2) Lenguaje no literal. Expresiones aprendidas relacionadas con la memoria explícita, en las que se debe extraer un significado diferente al literal.
Los principios que regularán el uso de cualquier oración en una situación comunicativa concreta serán el objeto de estudio de la pragmática. Calsamiglia y Tusón (1999) plantean cuatro tipos de función que puede desempeñar un discurso, que a su vez implican cuatro estilos diversos en la organización de este. Así, un discurso puede cumplir la función de:
 
1) Describir algún aspecto del mundo real o imaginario, o de la forma en que este se percibe.
2) Argumentar, con la persuasión como objetivo principal.
3) Explicar objetivamente y de forma neutra alguna información.
4) Narrar hechos o situaciones.
 
La descripción de cualquier tipo de discurso se puede realizar a través de lo que Yorkston y Beukelman (1980) definieron como unidades de contenido, haciendo referencia a todo grupo de información que siempre era expresado como una unidad.

2. Etapas del desarrollo lingüístico

El estudio de los procesos de adquisición del lenguaje oral en la infancia temprana nos proporciona datos sobre los aspectos innatos y ambientales del lenguaje, acerca del funcionamiento del sistema de procesamiento lingüístico y sobre los requisitos cognitivos específicos de cada lengua.
En cambio, el estudio del desarrollo de habilidades secundarias como la escritura y la lectura, que requieren de un proceso de aprendizaje explícito en contextos educativos, nos darán información sobre las diferentes demandas cognitivas presentes en el aprendizaje de los sistemas ortográficos y en las dificultades del aprendizaje, así como las diferencias individuales en la adquisición de la lectura.

2.1. Evolución de la adquisición lingüística oral

Vega y Cuetos (1999) diferencian tres etapas en la adquisición de los aspectos morfosintácticos del lenguaje en la infancia. Existe un primer periodo pregramatical que va desde el nacimiento del bebé hasta aproximadamente los veinticuatro meses, seguido de un periodo gramatical temprano hasta los tres años y medio, en el que se adquieren las estructuras gramaticales básicas de la lengua, y un tercer periodo de adquisición tardía que se prolonga hasta la adolescencia, donde se produce una maduración y un dominio de las operaciones lingüísticas propias de una lengua. No obstante, las edades de adquisición de las distintas capacidades lingüísticas pueden variar ligeramente según el individuo.

2.1.1. Desarrollo pregramatical (0-24 meses)

Los recién nacidos discriminan el input lingüístico de otro tipo de inputs auditivos, y a partir de los dos meses pueden discriminar si la señal auditiva corresponde a la lengua del entorno o no. Empiezan a producir también sonidos cercanos a una lengua, aunque esta sea inespecífica.
Aproximadamente alrededor de los cuatro meses identifican la correspondencia entre los movimientos labiales y los sonidos lingüísticos, mientras van ampliando su conducta gestual en función del conocimiento pragmático, hasta que a los seis meses empiezan a distinguir al hablante.
Entre los seis y siete meses, la emisión de sonidos se acerca a los fonemas de la lengua de su entorno, integrándolos en sílabas (balbuceo). A los nueve meses acaban definiendo esos sonidos, acercándolos a los propios de la lengua de su entorno.
A los diez meses, dicho balbuceo se va transformando en una jerga expresiva con un componente fono-prosódico cercano al del lenguaje de un adulto, iniciándose en las protopalabras. A esta edad también se inicia el proceso de comprensión del lenguaje. Para ello deben segmentar el habla a través de un proceso conocido como bootstraping fono-prosódico, integrando la información de forma multimodal, y llevando a cabo correlaciones sobre la repetición de claves semánticas, prosódicas, sintácticas y sociales.

Bootstraping fono-prosódico

Son claves fonéticas y prosódicas que ayudan al niño a segmentar el habla en las distintas palabras que lo forman, y que resulta de gran importancia en la adquisición gramatical y morfológica, ya que:
Alrededor de los doce meses, dicha jerga se convierte en las primeras palabras. Según describe López Ornat (1996, 1997), la adquisición léxica parece basarse en la extracción de aquellas palabras que para ellos son relevantes del input discursivo, sin necesidad de que haya una comprensión gramatical de la relación de las palabras. Es también cerca del primer año el momento en el que se empieza a perder la capacidad de discriminación de contrastes acústicos de lenguas ajenas a las del entorno del bebé.
Entre los 15 y 17 meses, hay un nuevo avance articulatorio que consistiría en la adición de prefijos a las palabras, para demostrar la variedad de determinantes que pueden preceder a esta.

Ejemplo

Si un niño de aproximadamente quince meses reconoce y dice «nene», independientemente de que sea «un nene», «el nene», «otro nene» o «este nene», lo más probable es que ese niño pueda pasar a intercalar «enene», «onene» o «unene» como variantes de la producción de «nene» (López Ornat, 1997).
Entre los 18 y los 24 meses entraríamos en la fase de explosión léxica, en la que se observa un incremento muy rápido del léxico, debido al descubrimiento por parte del niño de que los objetos y las acciones se pueden denominar. Y hacia el final de dicha fase se iniciaría la combinación de palabras.

2.1.2. Gramaticalización temprana (24 meses – 3:6 años)

La integración y la sistematización del conocimiento lingüístico adquirido hasta el momento es lo que permite que, a partir de esta etapa, se creen infinitas posibilidades de expresión lingüística. Sin embargo, estamos aún en una etapa de productividad parcial, donde la morfología y la sintaxis están aún en desarrollo.
El desarrollo léxico varía notablemente entre diferentes sujetos, pero en general podemos afirmar que entre los 2 y 2:6 años, los niños manejan unas quinientas palabras.
Es a partir aproximadamente de los dos años cuando el niño utiliza la negación sintáctica. Si bien la negación en forma de «no» ya se utiliza desde la etapa de una palabra, es a partir de este momento cuando se crea una oración negativa, situando el «no» detrás del sujeto.
Y lo mismo ocurre con las oraciones interrogativas; si bien el niño ha utilizado la entonación desde un inicio para formular preguntas, es alrededor de los dos años cuando se empiezan a utilizar partículas interrogativas, proceso que se alargará más allá de los tres años.
A partir aproximadamente de los 2:6 años, los niños utilizan los conocimientos fonológicos, prosódicos y articulatorios para segmentar el input auditivo que reciben entre lo que sería el sintagma nominal y el sintagma verbal, y a partir de aquí se desarrollan unos mecanismos inductivos de categorización y se empiezan a definir distribuciones regulares, como, por ejemplo, la concordancia de género.
Entre los 2:6 y los 3 años, el niño ya tiene consolidada la estructura de las oraciones simples y se inicia en el uso de oraciones compuestas (de más de un verbo). Y a partir aproximadamente de los tres años, ya podríamos empezar a hablar de competencia adulta en el ámbito de las construcciones morfosintácticas.

Temporalidad de las adquisiciones

Aproximadamente a los 28 meses se adquieren las normas relativas al género.
Alrededor de los 30 meses se adquiere la marca del plural. Sin embargo, los plurales acabados en -es se adquieren más tarde (Pérez-Pereira y Singer, 1984).
Entre los 30 y 36 meses se adquiere el artículo, aunque los indefinidos (uno, una) pueden ser más tardíos.
Antes de los 3 años se adquieren los pronombres posesivos. Los pronombres personales se alcanzan algo más tardíamente. Y también en ese momento se adquieren preposiciones como «con, a, para» (Aparici y cols., 1996), para lograr el resto más tardíamente. En este momento, se empiezan a adquirir también las formas verbales, alcanzando primero el infinitivo, seguido del presente de indicativo y el pretérito perfecto (Aparici y cols., 1996).

2.1.3. Adquisición tardía (3:6 - 6 años)

En esta etapa, aunque la fono-articulación está muy avanzada, se pueden seguir observando dificultades con fonemas de articulación vibrante múltiple (rr), algunas fricativas (s, z, x) y la oclusiva sonora (d), que pueden no consolidarse hasta los 6 o 7 años.
En esta etapa se llevan a cabo avances morfosintácticos como la creación de subordinadas complejas, condicionales, relación entre condicionales y subordinadas, voz pasiva o inclusiones de más de una oración.
A partir de los 4 años, uno de los avances más significativos es el desarrollo del discurso; la composición de narraciones es el primer género discursivo que adquieren (aparte de la conversación). El perfeccionamiento de este género requiere una serie de capacidades que se irán desarrollando hasta aproximadamente los 12 años.

2.1.4. Y a partir de los 6 años…

Entre los 6 y 10 años se perfeccionarán las herramientas pragmáticas necesarias para la conversación, y serán más capaces de elegir la respuesta adecuada, interpretar las producciones del interlocutor, abrir nuevos temas, ligar producciones, equilibrar la cantidad de información según el contexto, referirse a producciones previas o tener en cuenta el conocimiento previo compartido con el interlocutor.
Los elementos cohesivos necesarios para la creación de narraciones se alcanzan alrededor de los 9 años, aunque, como decíamos, estos seguirán desarrollándose hasta los 12.

2.2. Desarrollo de la lecto-escritura

Tal y como planteaba Vygotski (1931/1995), el aprendizaje del lenguaje escrito está basado en la adquisición de un sistema determinado de símbolos y signos, cuyo dominio contribuye al desarrollo cultural del niño y, como también apuntaba Luria (1987), permite restablecer en la memoria imágenes, conceptos o frases.

2.2.1. Adquisición de la lecto-escritura

La lecto-escritura es un proceso complejo en el que la competencia lingüística previa desempeña un papel primordial, entendiendo esta competencia como la capacidad de expresión fonoarticulatoria y la conciencia fonológica, semántica y sintáctica. Walley, Metsala y Garlock (2003) proponen un modelo de reestructuración léxica, el cual plantea que el crecimiento del lenguaje hablado es un elemento básico para la creación de representaciones segmentadas de información léxica, ya que esta reestructuración promueve la conciencia fonológica.
Por otra parte, Kamii y Maning (2002) demostraron la importancia de una buena habilidad para segmentar palabras en la capacidad de escritura.
 
1) Adquisición de la habilidad lectora. El desarrollo psicolingüístico y cognitivo de los niños, por la importante implicación de la percepción, la memoria, la metacognición y la capacidad inferencial, entre otras funciones, es uno de los elementos principales en la adquisición de la lectura.
Sawyer (1992) refiere la importancia del lenguaje preescolar en la adquisición temprana de la lectura, y destaca habilidades como la conciencia alfabética y fonológica (que facilitará el reconocimiento de los grafemas como equivalente gráfico de los fonemas), la capacidad para nombrar números e identificar palabras (conciencia semántica), o más adelante la capacidad para segmentar una oración en las distintas palabras (conciencia sintáctica), como unos de los factores implicados en un aprendizaje óptimo de la lectura (Compton, 2000).
 
2) Adquisición de la escritura. Luria diferenciaba una serie de fases en el desarrollo de la adquisición de la escritura que se van sucediendo entre los 3 y los 5 años:
 
a) Fase preinstrumental. La escritura es concebida como un juego. Imitan las acciones adultas conscientes de que dicha acción tiene un significado, aunque ellos todavía no se lo puedan dar.
b) Fase de escritura mnemotécnica indiferenciada (sin sentido). El niño realiza trazos con significado subjetivo para él, con la finalidad de recordar algo que se intentó registrar. Dichos trazos muestran que hay una frase para recordar, aunque no reseñan lo que dice la frase.
c) Fase de conversión del signo subjetivo en signo cultural con significado objetivo. Esta es la última fase previa a la adquisición final del lenguaje escrito, en la que se convierte el signo con significación subjetiva en algo objetivo, diferenciado y con estabilidad en el tiempo.
Cuando se llega a la percepción de la escritura como signo auxiliar, se dan las bases necesarias para el uso del lenguaje escrito como instrumento de adquisición de nuevos conocimientos.

2.2.2. Dominio de la lecto-escritura

1) Habilidad lectora. Cuetos (1991) nos presenta el desarrollo de la habilidad lectora como una actividad compleja que empieza con la decodificación de los signos escritos, para llegar al significado de los textos, atravesando cuatro procesos:
 
a) Procesos perceptivos. Permiten la extracción de información de la forma de las letras y de las palabras.
 
b) Procesos léxicos. Permiten el reconocimiento de palabras. El acceso a su significado se lleva a cabo a través de dos rutas:
c) Procesos sintácticos. Permiten la identificación de las partes de la oración y su valor relativo, y se encuentra el significado de la oración, distinguiendo las distintas estructuras (interrogativa, enunciativa, pasiva, etc.).
 
d) Procesos semánticos. Permiten la comprensión de textos a través de la extracción de significados y de la integración de dichos conceptos en la memoria, incorporándolo a los conocimientos previos sobre el tema. Este es un proceso que, al requerir de la utilización de estructuras cognitivas complejas, constituye una de las principales dificultades en edad escolar.
 
McGinitie y cols. (1986) destacan dos procesos diferenciados en la comprensión de textos:
 
a) Procesos de orden superior o procesos de arriba-abajo, en los cuales la búsqueda de significados se realiza a partir de los objetivos del lector, de su visión del mundo, su experiencia, etc.
b) Procesos de orden inferior o procesos abajo-arriba, basados en la percepción de letras, búsqueda de significados y análisis sintáctico, que se origina de forma paralela al proceso de orden superior.
 
Partiendo de esta idea, vemos que las dificultades en la comprensión pueden deberse a la excesiva confianza en la información contextual y conocimientos previos, descuidando así los detalles y construyendo una idea equivocada de la información ofrecida por el texto, que sería la llamada estrategia no-acomodativa; o debidas a la excesiva atención a los detalles, descuidando la información que nos sitúa en contexto, y creando hipótesis de las primeras oraciones, a través de la cual intentan interpretar el texto, que sería la llamada estrategia de la hipótesis fija, a través de la cual se encontrarían graves problemas en textos de contenido inductivo.
 
2) Producción escrita. Cuetos (1990) subraya la importancia de cuatro procesos cognitivos en la automatización de la producción escrita:

Bibliografía

Bibliografía básica

 

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