© Editorial UOC Capítulo VI. Inteligencia comunicacional: principios y vidas ejemplares
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El creador de las greguerías se definía a sí mismo como
un orador ideal para el espectáculo. Como él se presentaba,
era un improvisador, un nadador en las aguas peligrosas, un
hablador diferente que desplegaba el divertimiento verbal
sobre un fondo melancólico y reflexivo. La fascinación de
las frases ingeniosas de Gómez de la Serna se debe a que
ofrecen muchas interpretaciones. No es de extrañar ese
efecto tan sugestivo, pues se trata de perlas literarias. En la
siguiente muestra vemos una escena curiosa. Asocia la bana-
na al erudito, el intelectual dedicado a sus estudios. «Abrió
la banana como un libro y se la comió como un erudito». El
fruto es como un libro; se abre por los costados como si su
recubrimiento fueran las cubiertas con que se encuaderna. Su
comensal tiene el miramiento de manejar la banana como lo
haría un humanista con un libro valioso.
Con la labor de un orador superlativo como el presenta-
do, reconocemos las características de la comunicación sexy.
Ese principio trata o se refiere a la comunicación atractiva.
Es la expresión del entretenimiento. Destaca por una fór-
mula simple de decir y más difícil de conseguir: claridad y
emoción. Hay claridad cuando se tiene la clarividencia de
observar la realidad y de exponerla con orden, razones,
ejemplos y conclusiones. Hay emoción al usar las imágenes
y analogías, como en las greguerías. También se excita los
sentimientos con las narraciones, las anécdotas o los pasajes
biográficos. Se invita a la emoción citando las palabras y el
ejemplo de autores admirables, como sucede con Ramón
Gómez de la Serna.