nentemente finalista o teleológica y personal. La éti-
ca de la «vida buena» de Aristóteles es el ejemplo por
excelencia. Pero desde una concepción de «vida bue-
na» es difícil responder a los conflictos de la autono-
mía individual y del pluralismo social.
Tercero, el universalismo moral establece un prin-
cipio universal como instancia regulativa de los con-
flictos morales. El modelo kantiano quiere resolver
así el problema de la fundamentación y la racionali-
zación de la normatividad; el imperativo categórico
es una regla de procedimiento, que se puede aplicar a
toda situación y con relación a cualquier contenido.
Habermas pone de manifiesto que las distintas
perspectivas son relevantes, pero para llegar a la ac-
titud moral básica de la imparcialidad, la justicia y el
deber o la responsabilidad, hay que situarse y subsu-
mir los otros usos de la razón práctica dentro de la
moral universal y deontológica que propone.
La política deliberativa
Habermas piensa que la estructura y el hecho dis-
cursivos que dan lugar al principio ético universal jus-
tifican también el principio de la democracia y la con-
cepción de un modelo político que denomina políti-
ca deliberativa. Con sus teorías cree que resuelve las
relaciones y las interdependencias teóricas de la mo-