acuerdos concretos según normas y principios gene-
rales.
La elección de normas se puede basar en el reco-
nocimiento intersubjetivo de las pretensiones de va-
lidez de los enunciados normativos, mediante un diá-
logo en el que se hagan patentes la argumentación
que justifica estas pretensiones, y también las formas
de cooperación necesaria para la solución de los con-
flictos de intereses. Así pues, la validez de las normas
puede conseguir una justificación racional en la me-
dida que los afectados puedan participar en un dis-
curso práctico y se logre la aceptación de todos los
afectados.
En su libro Conciencia moral y acción comunicativa Ha-
bermas afirma que «según la ética discursiva, una
norma solo puede aspirar a tener validez cuando to-
das las personas a las que afecta consiguen poner-
se de acuerdo (o pueden ponerse de acuerdo) como
participantes de un discurso práctico sobre la validez
de esta norma». La posibilidad de acuerdo depende
del respecto a los distintos intereses y de la conside-
ración igualitaria de los mismos. Por eso el principio
universal de la ética discursiva es definido de la si-
guiente forma:
«Toda norma válida tiene que satisfacer la condición que las conse-
cuencias y los efectos secundarios que se derivan, previsiblemen-
te, de su aceptación general para la satisfacción de los intereses de