ceso de diálogo, de consenso o de disenso. Por eso
la perspectiva estratégica es insuficiente. El autor no
cree que sea posible explicar el mundo humano a par-
tir del uso meramente instrumental del lenguaje; la
dimensión simbólica y comprensiva es básica. «Las
estructuras simbólicas de cualquier ámbito de la vida
se reproducen mediante formas de la tradición cultu-
ral, de la integración social y de la socialización y es-
tos procesos solo pueden realizarse por la mediación
de la acción orientada al entendimiento». La coordi-
nación de las conductas individuales característica del
mundo social obliga a los sujetos que quieren comu-
nicarse a satisfacer determinados requerimientos: el
uso de expresiones lingüísticas comprensibles para
los interlocutores; la adecuación a las exigencias de
verdad, rectitud o veracidad, y el acuerdo entre los
interlocutores sobre las garantías de las pretensiones
de validez.
La «significación mínima» de la comprensión o del
entendimiento radica en el hecho de que al menos
dos sujetos capaces de acción y de lenguaje identifi-
quen del mismo modo una expresión lingüística. Para
ello es preciso que el oyente conozca las condiciones
que permiten aceptar el acto lingüístico de quien ha-
bla. «Comprendemos un acto de habla cuando cono-
cemos lo que lo hace aceptable. La aceptabilidad no
se define en un sentido objetivista desde la perspec-
tiva de un observador, sino desde la perspectiva de la
actitud realizativa de quien participa en la comunica-
ción». «Solo las acciones lingüísticas vinculadas por